Esto es una puta mierda, antes a los leprosos se les colocaba un cascabel y no hacía falta joder trabajos y economías que se cobrarán más muertos que el coronavirus. Los que dan positivo que caminen con una campanilla y ya está. Que cada cual guarde la distancia de profilaxis que sus genitales le dicten. Además de un relajante ambiente musical, se evitará la ruina económica y con ello el hambre y la violencia que necesaria e indudablemente matará a más gente que el virus. Ya lo dice el refrán: más cornadas da el hambre; pero no son cornadas, son cuchilladas, hachazos y tiros. Y bueno, habiendo caza, la que sea y como sea, morir de hambre no es una opción ¿verdad?
Yo no quiero, no busco que veas bondad alguna en mí, cielo. No pretendo que te enamores de mi humana generosidad. Ni la tengo, ni la quiero. Te amo. Y amarte, no me hace bueno. No sé a quien se le ocurrió pensar que amar te hace más piadoso. Amarte no puede refrenar, en modo alguno, mi repulsión hacia la humanidad. Todo lo contrario, amarte hace más horrible la faz humana. Todo lo que no eres tú… Cosa que te convierte en el ser más amado del mundo. ¿Sabes un secreto, cielo? Quiero ser una bestia feroz aplacada entre tus brazos. Una bestia cansada y herida. Penetrarte ante la mirada del dolor humano. Lamer tu coño ante los agonizantes y los hambrientos. Y fumar el primer cigarrillo de la íntima mañana frente a ti, con un cráneo humano de cenicero y un café tan dulce como tú. Lo más hermoso de estas palabras, es el atroz amor que destilan por ti. Y lo más implacable de mi amor es que desconoce el concepto de literatura. Aunque no me ames, estás condenada, maldita… Seré tu enamorada sombra impía.
Sin consideración alguna o supuestos de bondad hacia emociones humanas: Te amo, cielo.
¿Oyes reptar con sus mil patas a la muerte por las paredes, las de tus pulmones? No te fíes si está todo bien ahora, pasa como con los ataques de corazón. Son sorpresivos y no dan tiempo a despedirte de todos esos hijos de puta que has ido conociendo a lo largo de una vida de mierda. Haz lo que debas, lo que quieras; con la condición de que tu vida sea cómoda entre los puercos que te rodean y te han rodeado. Di lo que conviene, sé oculto y secreto. Miente, y sé muy selectivo con quien dices las verdades con esa persona o dos que pueden oírlas, de entre los millones que viven sin que sea necesario. Ante todo piensa libre, sin respeto, con ferocidad, con crueldad, sin condolencias. Sonríe por dentro. Di que lamentas los muertos. Imita la empatía ajena, con la que no naciste. Nunca digas que tu libertad es más importante que todos los que mueren o puedan morir tarde o temprano. Solo piénsalo. Es liberador, valga la redundancia. Nadie merece ninguna sinceridad. Que parezca que respetas la repugnante sociedad a la que emergiste del coño de tu madre. Sin pedirlo, sin responsabilidad alguna de toda la mierda que te culpan. De todas las putas responsabilidades y deberes que te quieren colgar de la polla. Muere libre, sin alegría, sin sentir que has sido feliz y que tu vida ha sido plena. Muere con ira, mordiendo el cigarrillo con fuerza. Evoca e imagina todos los que han muerto antes que tú y pensaste: “Bueno… ¿Y a mí que cojones me importan?”. Los que aún viven (desgraciadamente), si supieran de tu muerte ni pestañearían. No eres querido, nunca lo has sido. Comprende bien el concepto. Morir es un trámite, el último de esta piojosa vida. No te preocupe el alma. Se descompondrá a la vez que el cuerpo. Alégrate así, de haber muerto mucho después de otros. Ellos solo sirven ahora de colchón a tus huesos. Ya sabes, quien ríe el último… Pero tú no rías, sé feroz hasta el último hálito de vida que te quede. Que nadie pudiera llegar pensar por un segundo que en esta repugnante sociedad fuiste feliz. Deséales una corta vida y lárgate cuanto antes. Llévate un virus en tus huesos y el día que por un terremoto o una excavación aflore la miseria que de ti queda, también se desentierre un bendito virus que haga el trabajo que nadie se atreve o puede hacer en un futuro que será necesario si aún existe la especie humana. No es por justicia o ecología, es solo una maldad que trascendería más allá de la muerte.
Te pienso y te necesito. Te ansío más concretamente. Te ansío y deseo besarte los cuatro labios. Te deseo y se me pone dura, intento estrangular el flujo de sangre con el puño; pero sigo irremediablemente erecto. Me hechizaste en algún momento de los siglos. Te adoro como diosa y me masturbo en un sacrificio de leche y carne. Sin pudor, sin recato. Sin vergüenza… Mis pornógrafas obscenidades son mi orgullo; mi privilegio de amarte. Te amo y lloro por el semen que se enfría muriendo desamparado en mis pies. Te sueño y deseo decirte todo esto al oído, como un susurro, como un roce de la pluma en el papel que erice tus pezones y haga dura la perla de tu divino coño. Te sueño y no consigo emerger a la realidad. Te necesito y es locura que anida en tu sexo rutilante.
La certera muerte, la relajante muerte, la necesaria muerte… Pero sobre todo, la sincera muerte. Dicen todos los políticos de la era de la peste del coronavirus, que la sociedad vencerá esta batalla, que la superará. La muerte dice que ya hay miles que no la han superado. Y otros miles agonizan. La muerte dice que mienten como bellacos. Los que han muerto son esta sociedad, eran… La muerte y su sinceridad humilla a los políticos, poderosos y supermillonarios. Se ríe de sus hipócritas arengas; de su banal oratoria de piedad. Hay un tiempo para vivir y otro para admirar y meditar sobre las propiedades terapéuticas de la muerte. Sobre todo si es ajena. La muerte dice: lo que mal nació, mal morirá. En los peores momentos no sale lo mejor del ser humano, solo cobardía y traición. Y la muerte no es un viaje, morirán todos…
Si una palabra no es concreta se derrumba el pensamiento.
Mi pensamiento no es un gran rasgo, es una cuchilla que eviscera todo; es preciso hasta el dolor y la humillación.
La palabra existe para que defina la idea exacta, clara y sólidamente.
No hay grandes rasgos, solo grandes oscuridades, grandes ignorancias, grandes estupideces que pretenden esconderse tras la negligencia del supuesto de ambigüedad.
Si no tienes puta idea de lo que hablas, métete tus grandes rasgos por el culo.
Calientes seres que se desean desde sus soledades. Sexos hambrientos, amores trágicos. Orgasmos silenciosos, esperma aguado con lágrimas, un monte de Venus que se contrae solo, cuasi abandonado a un orgasmo agotador. La obscenidad es el camino. Y no uno de putas rosas.
Me ha sorprendido hasta la náusea y escupir el café, esa mierda de virtudes que algunos políticos enumeran para vencer la peste, como la determinación, la tranquilidad, la solidaridad, el valor, la obediencia (cómo no) y: ¡LA HUMILDAD! ¿Para qué cojones meter a la humildad en un asunto de enfermedad, hijoputas? ¿Han descendido a tal grado de imbecilidad que ya no controlan lo que pregonan y su significado? Pues ya pueden meterse en el culo la humildad contra la peste coronavirus; porque no le voy a rendir pleitesía de mierda. Gilipollas… Políticos y otras bestias institucionales fuman demasiada marihuana. O simplemente, en los malos momentos, es cuando se hace absolutamente evidente la imbecilidad y analfabetismo.
Muchos de los vecinos y ciudadanos de las ciudades y pueblos en cuarentena por la peste del coronavirus se convierten en los mismos miserables policías civiles voluntarios que, en otro tiempo delataban a sus paisanos amigos o no; para obtener un trato de favor, como una caricia de su amo en la cabeza, como ocurría en toda España durante el régimen franquista o cualquier otra dictadura de la historia humana elegida al azar Gente repugnante a la que no les importa que encierren, arruinen o fusilen a inocentes que hacen y dicen lo que ellos no tienen valor. El coronavirus es un perfecto marcador de puercos que desean recibir un hueso de su amo el presidente, el futuro presidente o el futuro dictador de turno. La presencia de estos colaboracionistas del fascismo y el asesinato institucional, al igual que el bíblico judío errante, está siempre presente en todas las eras y sociedades. Son junto con las ratas, lo más numeroso en todos los núcleos urbanos. Si el coronaviurs consigue extinguir a todos estos hijos de puta colaboracionistas con complejo de ciudadano ejemplar; bienvenido sea y que siga infectando hasta que todos mueran. Hasta que no quede ni uno de esos ciudadanos ejemplares que sujetan con obscena envidia y deseos de ser felicitados, su teléfono móvil de mierda para grabar, delatar y denunciar a gente que es mucho más valiosa que ellos y sus hijos, mezquinos ciudadanos ejemplares. Y por otra parte, me encanta follar (con mujeres. Que nadie se crea que todo lo que ve o lee hoy día, es maricón) haya o no cuarentena de mierda.
¿Qué harías con una libreta llena de ideas en la que ya no caben más? Pues si no tienes ni una miserable caja o un cajón en casa para guardarla, te la puedes meter por el culo. ¡Qué ganas de buscar problemas a todo!