Sufro un problema dimensional. Mi vida resultó fallida, me di cuenta en el momento en el que me materialicé en esta dimensión de estructuras moleculares imbéciles, chocan unas moléculas con otras, se hacen sangre y sonríen entrecortadamente con los dientes ensangrentados. Hay un sinfín de dimensiones decentes y tuve la mala suerte de que me tocara nacer en ésta, en el que todo está mal hecho, incluso una gran multitud de seres humanos que la habitan están mal construidos y les salen bultos de todo tipo o se mueren porque algo se les pudre dentro; cuando era niño pensé que mis huevos eran tumores, me llevé un gran susto hasta que el pediatra díjole a mi madre que sólo eran unos cojones enormes y que sería un buen semental si dios quiere. Esto es una gran mierda. Por lo que he aprendido y experimentado a lo largo de los años de encarcelamiento en este lugar idiota, lo estropea todo el hecho de que cuatro subnormales inventaran unos dioses a su imagen y semejanza cerduna y unos cuantos mandamientos que luego los convirtieron en “leyes”; y para mayor inri, pregonaron que eran ellos la creación de dios, ergo son divinos. Y aquellos pobladores idiotas que apenas eran capaces de caminar erguidos sin arrastrar las manos por el suelo, repitieron la palabra fetiche que comparten todos los ritos y mitos religiosos en todos los idiomas, tiempos y lugares del planeta: amén. Los primeros hechiceros que luego evolucionaron a religiosos o sacerdotes, luego a emperadores, reyes y por fin a políticos que pomposamente en la actualidad gustan de alardear de “jefes de estado”, cuando sus monos aprendieron a decir amén con soltura, naturalidad e irritante iteración, se dijeron que como el pueblo ya estaba amaestrado a todo lo que el hechicero predicaba: “¿Por qué no inventamos unos pecados o delitos y las leyes para condenarlos y castigar a estos gilis? Cometerán sus pecados, los condenaremos y nos quedaremos con lo que tienen, incluidas sus crías, sean hembras o machos”. Así es la dimensión imbécil que me ha tocado. No puedes moverte por el planeta sin dar con un subnormal (feligrés votante o contribuyente) que diga “amén”, “reciclo” o “me quedo en casa”. Es como una grotesca pesadilla de la que no se puede despertar. No hay forma de escapar de esta dimensión de la deficiencia mental molecular. Cuando se nace en una mierda, en una mierda te mueres. Sería imposible que un idiota de esta dimensión sobreviviera en una dimensión decente, lo usarían de combustible. Tras miles y miles de años, no se han enterado aún del cuento: las divinidades son alegorías infantilizadas de los hechiceros, sacerdotes, reyes, ministros, jueces y tiranos; del estado en definitiva. En el instante en el que me materialicé, noté como la vida se me pudría en este cuerpo cárnico. Es toda una experiencia que le deseo a mis hijoputas enemigos. Hay un paralelismo tan obvio entre el estado y los dioses de las “sagradas escrituras” (de toda secta religiosa), que requiere de una gran voluntad ser tan sumamente imbécil para no ver esta escandalosa y llamativa semejanza. Es obvio que estado y dios son igual de puercos. Y en esta dimensión no se enteran aunque los muelas a palos, de que las “sagradas escrituras” son burdas fábulas infantiles del estado escritas con un gusto y arte del nabo. En esta dimensión son ciegos, sordos a la frecuencia de la razón y deficientes mentales para llegar a una conclusión, a la más sencilla. Cuando te has habituado a esta imbecilidad que te oprime el resorte del odio y la violencia, observas ya sin asombro que en esta dimensión pútrida la imbecilidad es la gran virtud humana. Y cuanto más idiotas y mezquinos son los votantes o contribuyentes, más oportunidades tienen de medrar en su sociedad. O sea, viven en una eterna olimpiada de la estupidez; no existe ninguna otra actividad con tantos récords como esta competición idiota de la dimensión imbécil. Estoy abandonado… Y si el estado les envuelve un excremento con papel infantil de colorines y un lacito; y además da un sermón sobre sus propiedades terapéuticas y jocosas, se comerán el trozo de mierda con glotonería y se chuparán los dedos. Y dirán amén con una sonrisa pletórica de mierda entre los intersticios dentales.
Pienso en las malas cosas que nos rodean y que los ajenos, los otros no ven: la cautividad, el control penitenciario, el robo de nuestro trabajo y esfuerzo, la intervención del pensamiento, de la biología y la creatividad, la negación del individuo y la exaltación del adocenamiento. Es el lote que el estado/dios incluye en el nacimiento cautivo de cada uno los bebés contribuyentes. Es escalofriante escribirlo con esta serenidad, es decepcionante meditar sobre la sociedad del estado/dios y concluir que somos orondos insectos que ninguna otra especie caza y devora. No nos quieren ni como alimento, ni para ensuciarse los colmillos o las garras. Los nacidos en cautividad, los ciudadanos o contribuyentes nada tienen que ver con las leyes de la naturaleza. La especie humana social contemporánea a este escrito es una especie invasora surgida de una aciaga mutación. En algún momento los primeros primates usaron utensilios artesanales fabricados con piedras y metales contaminados con elementos radiactivos y se llevaron a la boca aquellos instrumentos toscos envenenados, cortaron alimentos con ellos o bebieron agua. Y así se pudrió su ADN primordial. Y al igual que Gregorio Samsa, la especie humana un día despertó como insecto en una mezquina mañana de credos, mandamientos, leyes, fe en el estado/dios y servilismo paranoico. Por ello, el resto de las especies animales nos rechazan como alimento, detectan que somos carne emponzoñada. No hay otra explicación para esto a lo que se ha llegado y que los idiotas (líneas genéticas degradadas respecto a los humanos originales) llaman globalidad. En el fondo reconocen, como un instinto primigenio residual, que no somos merecedores de llamarnos humanidad. La población de homínidos parlantes en el planeta es una globalidad cuyos especímenes sin identidad se confunden unos con otros, nada tienen de humanidad. Sólo nacen con el don de la obediencia y fe en el estado/dios, inconscientes de que han nacido para sacrificarse por esas reinas gordas como cerdos que expelen como excrementos sus leyes, mandamientos, decretos, dogmas y condenas. Sólo cuando les queda unos días de vida se les permite descansar para evitar el gasto y molestia de retirar los cadáveres en sus puestos de trabajo y centros de explotación. El estado/dios espera con avidez que las próximas generaciones desnaturalizadas, nazcan con antenas para controlarlas con el pensamiento y no con el teléfono móvil que se les implanta apenas pasan la infancia. Pienso en todas las cosas malas que podría ocurrirle a la globalidad y desespero porque no le ocurre ninguna. Por muchas catástrofes, guerras y epidemias que sufra la globalidad, apenas se resentirá porque es lo mismo que se dice de las cucarachas: será una especie superviviente que se alimentará de la descomposición de sus cadáveres si es necesario. Nacen en cautividad, son explotados y sacrificados por el estado/dios y son incapaces de tener un instante de lucidez para reconocerse en el reflejo del espejo la monstruosa mutación que son. Es lógico que exista cierto recelo en la colonia globalidad respecto a una hipotética visita de extraterrestres, porque cualquier especie inteligente del universo identificaría como plaga a esta mutación de la humanidad que es la globalidad de los sin rostro, sin pensamiento, sin libertad. En el momento que nazca un bebé con antenas de queratina, ya sería inconfundible la degradación de la especie y ningún ser de otro planeta dudará en limpiar el planeta de la plaga global; aquí radica mi único asomo de esperanza para que el planeta y sus especies se vean libres de una plaga de idiotas.
Es tal la corrupción del narco estado español que, los crímenes o delitos cometidos por los políticos se justifican porque otro los cometió en el pasado o actualmente los está cometiendo. Y así actúan los periodistas, economistas, jueces, inventados y pagados “expertos” del espectáculo, etc… Las redes suciales son un nicho de pornografía de la ética y la verdad. En definitiva aduladores en nómina de cada partido político que no debaten lo tremendo del crimen lo corrupto, obsceno y sus consecuencias. Se limitan a hacer búsquedas en internet para encontrar crímenes parecidos para justificar los de sus amos. Ocurre que éticamente no hay excusa o explicación para el jerarca criminal y corrupto, por eso un debate es una efemérides de crímenes políticos. Es la cima de lo corrupto, no hay nada más enfermo que perdonar un crimen porque otro lo cometió. Son una panda de hijos de puta todos, y deberían ser víctimas de un criminal que quedara impune porque otro ya lo cometió. Es la prueba definitiva de que los españoles respiran las heces de los jerarcas de una narco dictadura tan corrupta que es imposible ser inteligente en España sin asfixiarse. Lo aparatoso es que la población no ve toda esta mierdosa corrupción de la ética, honestidad y libertad; está mentalmente imposibilitada para comprender lo que oye y sacar conclusiones, la endogamia de la población española de los fascismos es prácticamente una subnormalidad congénita a todos los niveles sociales. Comen frente al televisor o ante su móvil leyendo la basura de sus telepredicadores o sacerdotes, respirando con agrado el que otro político en el pasado hubiera cometido un crimen para defender a su amo/dios, al que ha votado con la misma merma mental con la que escucha los programas de debate o las noticias mismas, sin arquear siquiera una ceja por el olor a podrido. Nadie puede justificar un crimen de esta forma, sin ser un hijo de puta. Y mucho menos justificar el crimen de un político o funcionario: no es un crimen cualquiera porque afecta a millones de personas durante largos periodos de tiempo, incluso mueren sin que el crimen haya sido juzgado, ni siquiera investigado. Pues sí, el narco estado español, ha hecho del crimen otra Amnistía Corrupta Española 2024 del “porque hay precedente, otro lo hizo”. Lo mejor, insisto, es que la corrupción ha penetrado en el pueblo bajo como una meningitis y los ha vuelto a todos ciegos y sordos a la podredumbre, la estafa, el crimen y la vergüenza. Los españoles no tienen el gobierno que se merecen, tienen lo único que entienden: una panda de delincuentes pregonando su corrupción como una santidad, de la misma forma que los obispos con autoridad y rigor doctrinal quemaban mujeres por ser “brujas”. Esto es una gran mierda que sólo una gran destrucción, por medio de la violencia puede frenar y volver desde las ruinas y los cadáveres a un estadio razonable de honestidad y responsabilidad para cada cual que cometa su mierda. Los hijos de puta han de pagar por lo que son, por lo que hacen y por lo que mienten. Si no pagan, que mueran. No hay otra forma de entender la dignidad porque los contribuyentes/votantes reciben del estado tiempos de referencia geológica para resolver ofensas, daños, demandas o crímenes sufridos. Se mueren arruinados y humillados por los delitos cometidos por los jerarcas justificados porque se cometieron en el pasado. España además de ser absolutamente corrupta, es congénitamente retrasada mental.
GENPHOCS: Gobierno Español Nazi Penitenciario Homosexual Clima-sanitario CENPHOCS: Caudillo Español Nazi Penitenciario Homosexual Clima-sanitario NEPHCS: Nazismo Español Penitenciario Homosexual Clima-sanitario
–Cuéntame una tristeza. –Un amor clavando las uñas en la tierra para no caer al infierno. –Otra. –Una sangre fuera de las venas. –Otra. –El bebé que no ha conseguido llorar frente a la madre que lo acaba de parir. –Otra… –Un gato se esconde bajo la cama para morir solo; pero su compañero lo acuna en el pecho. Sólo es un gato… –Otra. –Los párpados lívidos de padre, la inmovilidad de su pecho. –Otra… –Tú tan lejos de mí y tan sola aunque te tome la mano. –Una más. –Tu llanto. –Por lo que más quieras. Niégate a contar penas, cuenta esperanzas. –No puedo… –Es imposible, me niego a vivir con tu tristeza. Eres un monumento a la pena. ¿Qué ocurrió? –Viví demasiado tiempo aquí en el mundo. – ¿No queda un ápice de alegría en ti? –No la conocí. Y lo cómico no es alegría, es una tos. –Me condenas a la prisión de tu tristeza. –No. Me condeno a vivir sin ti. – ¿Soy yo el amor que clava los dedos en la tierra para que la muerte no lo arrastre? –Sabes que soy yo. –Y haces de mí la sangre fuera de las venas. –No. –Estás matando el amor como el bebé que no lloró. –Soy yo quien no debió nacer. Soy todas las alegorías de un muerte con retraso, tardía perezosa… No hace lo que debe. Soy una tristeza que respira, una masa de melancolía que se agita ante una luz oscura como una tumba. Una gelatina negra que solloza. Un miasma pulsante que exhala vapores en el hielo de la vida. Un puré amasado con lágrimas saladas y pestañas carbonizadas. Soy el barro que dios se quitó de las manos tras modelar a Adán. Y yo no recibí un soplo de vida, sólo aspiré el polvo del hastío de una tierra muerta. La orina de aquel primer hombre me dio un informe volumen. Quiero morir solo, como el gato. –Estás loco. –Lo sé, a cada hora me encuentro más lejos de mí mismo. El mal está hecho. Soy el animal nacido en cautividad que se muere de melancolía ante los visitantes alegres del zoo. No queda nada dentro de mí que me haga viable para la vida. La locura ha llegado, no tardará una muerte enajenada. Ya no soy aquél, hablas con un extraño.
No sólo es ético, sino perentorio devolver el mal que se me ha hecho sufrir. Si hubiese inocentes que tuvieran que pagar la ira de la venganza, bueno… Yo también fui inocente.
Me he equivocado y llevado la pluma a los labios en lugar del cigarrillo. Me doy cuenta porque al aspirar no entra humo en la boca y pienso con distraída ingenuidad que se ha apagado. Al ser consciente de lo que he chupado y a pesar de estar solo en la casa, miro a mi alrededor con temor a que alguien hubiera visto semejante estupidez. Temo más al ridículo que a la enfermedad que pudre mi cerebro. Sé que este es un hecho banal y hace bostezar desesperadamente a las ovejas de puro aburrimiento; tienen razón. Sin embargo, para mí ha sido el suceso más importante del día y no me interesa particularmente la literatura. No me parece triste, todo lo contrario, lo encuentro cómico. Aunque me temo que la comicidad es una situación triste de quien está acabado. Los personajes cómicos siempre han sido mendigos con un ingenio tramposo para que los obreros se sientan bien en su condición de esclavitud. Lo que me preocupa es el resultado de la biopsia que me hicieron en el cerebro. Se llevaron un trozo pequeñito de mis sesos, no dolió la extracción; pero sí el agujero que me hicieron en la calavera con una simple sedación local. No puedo conciliar el sueño evocando el chirrido del taladro y ese dolor venenoso de lo que quiere invadir lo más sagrado del ser humano. Me dejaré morir si me dicen de hacer otra biopsia. Y ahora espero el diagnóstico de la máquina que me leerá el médico como un notario la puta hipoteca. Hace años que los médicos ya no saben diagnosticar, sólo son administrativos tramitando citas con las máquinas de analíticas e imagen. ¡Vaya, parece que la tontería de la pluma se ha complicado! No me apetecía escribir de ello en este diario de Nadie. Nadie soy yo, lo vuelvo a escribir porque a veces me olvido de qué o quién soy. ¿Sabes qué te digo? Para morir con angustia tras conocer el veredicto del diagnóstico, prefiero una muerte despreocupada y coloquial con la infeliz ignorancia de morir sin el estrés de saber lo inevitable. No voy a acudir al administrativo sanitario que no sabe explicar o teorizar entre ignorancia y desidia mi mal. Además, estoy seguro de que me cantará el diagnóstico de un cerdo enfermo por algún error en el análisis de la muestra. Se parecen más a hechiceros que a médicos. Lo peor es que no les importa el dolor ajeno. Si les importara te dirían que mejor no pasar por ello. Es innecesario. La premisa es que no es bueno sumar más dolor a la enfermedad. Si estás condenado a una muerte pronta ¿para qué tanta mierda? Los cuerdos son cobardes por mucho que duela. Y de ellos se aprovechan los fabricantes de diagnósticos. No asistiré a la cita con el neurólogo, punto. Me voy a fumar otra pluma y esperar que dejen de sangrarme los oídos. ¡Cómo ha crecido mi hijo en estos siete años que lleva muerto! Me sonríe desde el umbral de la puerta de la habitación. Nunca llegué a conocerlo como adulto, murió cuando apenas alcanzó la adolescencia. ¡Qué guapo es! Si su madre no se hubiera suicidado sería histéricamente feliz de verlo. ¡Qué bonita es la soledad compartida! Ojalá hubiera estado tan podrido cuando murieron. No habría llegado a escribir estas cosas en el diario de Nadie, no hubieran sido tan dolorosos estos últimos tres años que Sari me dejó sólo. Mis compañeros de trabajo me envían mensajes de ánimo y pronta recuperación de mi depresión; no tienen por qué saber más. Los más amigos bromean diciéndome que disfrute de mi baja. Al principio respondía a todos los mensajes con un adiós. Hace ya dos semanas, ni eso. De hecho, el móvil está apagado. No es locura o un tumor cerebral lo peor. Lo peor es el hastío. Ocurre muy a menudo que el corazón parece cansado, se detiene un segundo y luego arranca con un doble latido tan fuerte que me quita el aire del pecho y marea. Creo que es lógico. Hacia donde voy sólo hay quietud y el corazón lo presiente, quiere parar de una puta vez de puro cansancio y de que un cerebro enfermo le dé órdenes. Estamos nerviosos porque esto dura demasiado. No he sido tan valiente como mi esposa, quiero decir que he sido pornográficamente cobarde y me dejo morir pasivamente en lugar de trabajar en ello de forma activa. No voy a perder más tiempo aquí, a la mierda el tratamiento. El fantasma de mi hijo, mi elaborada alucinación se ha esfumado. Supongo que a ningún hijo le apetece ver morir a su padre; pero es mucho más obsceno y turbador que el padre sobreviva al hijo. Soy un hijoputa. Sólo quedo yo de todo lo que importa, soy un ganador de mierda. Ya por poco tiempo. No. Realmente hay días en los que no estoy seguro de estar vivo. Siento que soy un sueño, el vapor que desprenden los durmientes. Fumar la pluma ha sido una dosis de realidad. No es cualquier cosa, me recuerda que todo está mal. Yo sólo quiero que esto se acabe, largarme. Ahora, dos hombres de rostros deformes e indescriptibles reptan por el suelo con rapidez usando sus brazos y manos de dedos rotos y me muerden las piernas en silencio, como insectos. De cintura para abajo no tienen cuerpo y han dejado un rastro de brillante humedad en las baldosa como una estela de baba tras de sí; mi hijo asoma de nuevo sonriente en el umbral. Tengo tanto miedo a ser devorado indolora y horriblemente que mi mente se ha fragmentado y veo el mundo a través de los añicos de un espejo. Me levanto asustado de la silla y me dirijo al salón sin más razón que el olor a podrido. Arrastro a los semi caníbales que no dejan de devorar mi carne a cada paso, el pasillo parece hacerse infinito y temo no llegar. Es un tópico surrealista, carezco de originalidad alguna. En el salón, el cadáver de Sari se descompone relajadamente tendido en el sofá y el cuchillo que le clavé en el pecho sigue firme como un hito de altitud en el pico Esquizo a un millón de metros sobre el nivel de la humanidad y su realidad de mierda. La dejé en el salón porque el hedor en la habitación no me dejaba dormir. No se suicidó, no puedo mentirme en momentos de lúcido terror. Le clavé el cuchillo en el pecho mientras la follaba tristemente, como todo lo que hacíamos juntos desde que murió nuestro hijo. Estaba tan cansado de una tristeza que no se curaba jamás… La maté porque abonaba su tristeza con afán de martirologio, su voluntad era llorar eternamente la muerte del hijo. No cesaba nunca en sus suspiros y lamentos a cada momento. Esa tristeza se hizo tumor dentro de mi cráneo. En caso de que existiera mi neurólogo, estaría de acuerdo conmigo. Sin mi diario se me escapa mi historia reciente y ni yo mismo sé quién soy. Y no se corría cuando la follaba, parecía carne muerta caliente. La llegué a odiar tanto por esa tristeza cultivada durante años minuto a minuto, pudriendo toda alegría incluso antes de que surgiera la esperanza… Mi hijo me sonríe tan adulto y guapote dejando caer otro medio hombre que sostiene entre los brazos. La cosa, con la velocidad y afán neurótico de una cucaracha, se arrastra hacia a mí y con sus brazos y dientes se aferra a una de mis piernas pasando por encima del otro. Y roe la carne y el hueso demasiado cerca de los cojones. – ¡Úsalo, papá! –exclama mi hijo señalando el cuchillo en el pecho de su podrida madre. Claro que lo uso… Para que mi hijo se sienta orgulloso de su padre. Estas mitades de hombres… ¿Son sus semi amigos? ¿De dónde saca estas cosas? Son tan irritantes que le quitan solemnidad al acto. ¿Por qué morderme si ya apenas existo? – Estarán contigo siempre, papá –responde a mi delirio. Está sonriendo, siempre sonríe. No es razonable que tras la muerte y sus amigos cucaracha se pueda sentir feliz. Bueno… Ninguna sonrisa por sórdida que sea puede hacer daño tras tantos años de elaborada y forjada tristeza. Ha envejecido rápidamente, está más viejo ¿O es descomposición? Se abalanza con una sonrisa demente y maliciosa, no tiene piernas ni brazos, se ondula como una oruga para avanzar. Y es rápido… Siempre supe que mi hijo hubiera destacado en muchas cosas si le hubieran dado tiempo. Al entrar el acero en el cuello, todo se hace oscuro y está bien. No hay dolor porque la certeza de morir lo solapa. No sé cómo ni en qué momento ha ocurrido. Será que un brazo por un instinto reflejo y sin el control de la locura ha hecho lo que debía por pura piedad y no como mi médico si existiera. No tengo piernas ni cojones, intento arrastrarme hacia la estela viscosa que ha dejado mi hijo en el suelo para ir con él, donde él; pero resbalo en mi propia sangre. Sari sonríe por primera vez en muchos años, también se ha desprendido de las piernas como una lagartija de la cola. Cae pesadamente del sillón rompiéndose los dientes contra el suelo. Acercándose a mi rostro, me devora los labios… ¿Cuándo llegará la muerte del cerebro?
La locura es un universo exclusivo para el loco, a su medida. Tan real como el universo en el que primero fue parido. No hay más realidad que la experimentada. Es innegable la frecuencia de la luz que cada cual codifica con su cerebro. Los locos son viajeros que vagan entre dos dimensiones lumínicas sufriendo en ambas. Nadie, loco o cuerdo, puede negar que lo que ve no existe. ¿Qué importa lo que eras y conocías si ahora habitas otro mundo con otra visión, con otro pensamiento? Sólo tienes la certeza de que aquel no eras tú. No eras Nadie. Encontraste el portal a otra dimensión que los cuerdos invidentes llaman locura. Las resurrecciones no son lo que prometieron ¿eh? Y la medicación intenta engañar al mundo, no al paciente. Cuando estés loco no lo sabrás.
Soy una bestia que una vez ha comido, piensa en follar y dormita con la polla dura. No es alarde, sólo un hecho ordinario escrito con deliberada y estudiada obscenidad. Lo único anómalo es la palabra tosca y la indecente imagen que suscita. Si no puedes con ellos, no te unas. Incomódalos, por decir poco, por decir lo mínimo.
No sé por qué; pero me resulta más fácil pronunciar malevolencia que benevolencia. Será que benevolencia ya está en desuso y no tiene sentido pronunciarla, ni siquiera como ejercicio de logopedia. Además, el narco estado español le ha decretado a la Real Academia Española que borre eso de benevolencia y a servilismo le añada la definición que se ha quedado huérfana de voz. A mí me parecía la extinta benevolencia, la más escalofriante palabra porque con suma facilidad se puede articular la b como una p (por error o malicia); cosa que me haría escupir aterrorizado ante la inefable posibilidad de semejante cosa en mi boca. Sí, servilismo es más fácil de articular que benevolencia. Y en este momento, servilismo surge por los labios suave e inevitablemente a cada instante. Aun así, insisto: la reina sigue siendo malevolencia, su primera sílaba es tan voluptuosa y refrescante…