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Spirit in the Sky es la cancioncilla marchosa que suena en la última escena e inicio de los créditos finales de la película de ciencia ficción y terror LIFE, 2017. Es curioso que en un final tan tétrico donde triunfa el invasor extraterrestre, suene semejante canción roquera, alegre, rítmica y esperanzadora.
Se trata de inducir optimismo y paz al público que pudiera haberse visto afectado por el final terrorífico y desesperanzador de la película, una especie de edificante esperanza musical: “¡Vamos, niños, es sólo una película, no os asustéis, no lloréis!”.
El Estado Nazi Mundial Sanitario, implantado en todas las naciones occidentales consumistas y degradadas sus ciudadanías a una decadencia de cobardía, indolencia, servilismo y comodidad con el covid 19; a través de sus filiales de control como la prensa, televisión, internet y cine, vela por el buen talante de sus grandes rebaños de cerdos y borregos humanos que son las castas bajas o trabajadoras. De tal forma, que no se asusten por una película de miedo y conserven su devoción, obediencia y mansedumbre, para que su explotación por parte del Estado, sea eficiente y cómoda. Que, con pocos gastos y recursos, se puedan pastorear y sacrificar sin complicaciones dichas reses, como ocurrió con los grandes decretos de encarcelación multitudinaria y destrucciones de libertades durante la pandemia del covid 19, que increíblemente, la masa ganadera humana defendió y aplaudió casi al cien por cien ese nuevo nazismo surgido.
Es lo que ha visto y comprobado Asia: la degradación de una civilización en su estado más puro. Es el momento de iniciar una gran guerra planetaria para acabar con el degradado Occidente.
Está tan absolutamente arrasada la libertad, la determinación, la ética y el valor de los rebaños humanos y sus gobiernos en las naciones occidentales consumistas, que caerá Occidente (primero la vieja y gastada Europa de líderes blandos y cobardes) bajo las armas de las feroces naciones asiáticas (como las de Oriente Medio), China como la gran apisonadora sobre la que se apoya todo Oriente, a excepción de Japón, de momento… Occidente será invadido por combatientes fieros y violentos de asesinas doctrinas políticas y religiones como actos de fe de paraísos y santidades en sus batallones.
Asia, donde nació el conocimiento que se expandiría por todo el planeta, ansía de nuevo tomar el mando del planeta.
Y mientras China observa con ojos cazadores lo que ocurre en Oriente medio y Ucrania, un almuédano grita impúdicamente a pleno pulmón desde su alminar, el violento y avaricioso deseo de dominar el mundo con su fe.
Está ocurriendo aquí y ahora. Toda dictadura conlleva oscurantismo e ignorancia, y una inopinada y estúpida vanidad que se extienden desde el Estado hacia las castas bajas o trabajadoras; es la razón de que no vean o alcancen a vislumbrar lo obvio, ni los jerarcas nazis sanitarios occidentales, ni su ganado que rigen con mano que no tiembla.
Me parece bien, de justicia, que los cobardes e indolentes paguen su indecente degradación moral con muerte, humillación, hambre y esclavitud. Sobre todo, en naciones como España, que se vislumbra como la Judas de Europa, aquella que favorecerá el paso y el trato de favor a los invasores.
Y volvemos a lo mismo: un gobierno o Estado es el reflejo aumentado del carácter de las reses que gobierna. La traición que cometa el Estado Español en nombre de la paz en el mundo, la tolerancia y convivencia, favoreciendo la invasión de Europa por las tropas asiáticas a través de sus fronteras, es puro arribismo.
Y el arribismo es pura y alta traición, degradación de la nobleza para cualquier persona que no haya caído en la decadencia total y para cualquier enemigo con un mínimo de inteligencia; los asiáticos van en cabeza en este tema. El invasor no confiará en un traidor profesional más allá del tiempo estrictamente necesario para ejecutar su plan, caerán las cabezas de los arribistas o traidores que forman el Estado por los filos de los cuchillos invasores. Si algo han demostrado los asiáticos, es que sólo con una gran y aparatosa crueldad sobre unos pocos, basta para instaurar la parálisis del terror, el servilismo y el respeto religioso en los millones de reses de las viejas, gastadas, cobardes e infantilizadas sociedades occidentales consumistas. Los traidores con los que han pactado servirán (sus cabezas) para demostrar que no hay piedad.
Obsérvese con fría atención la paranoia de las reses pobres o trabajadoras de las naciones occidentales consumistas y su orgía de simpatías hacia los asesinos de israelíes en este momento: tienen miedo de que si no los alaban, acabar degollados por terroristas o escuadrones de la muerte camuflados en sus ciudades.
Es a Asia (en su conciencia) a la que le toca llevar ahora las riendas del planeta y gestionar el ganado humano a su manera, con la avanzadilla de las naciones de feroces rezos y ritos tribales que, han convencido a sus propios borregos de morir santamente mediante el fanatismo religioso.
Ahora mismo están pensando los degolladores de Oriente Medio: “Pronto seréis eso: espíritus en el cielo. Cantad, reíd y aplaudid, que os queda poco.”.
Y China sonríe astuta.
Cualquiera piensa en este instante que está muy cerca una nueva guerra mundial, lo que no sabe es el grado de crueldad que se vivirá cuando acabe la última batalla y se inicie la educación, adoctrinamiento o conversión de los invadidos, por muy pacíficos y lameculos que hayan sido.
Sólo hay que leer un poco de historia, la que los Estados Nazis Sanitarios aún no hayan podido corromper y manipular, para imaginar a grandes rasgos lo que se avecina.
Y las edificantes canciones suenan sin cesar en los oídos de los decadentes, como himnos de paz y concordia en un mundo con todos los colores del arcoíris bien ordenados.
Qué lelos…
Pase lo que pase, da igual como se resuelva; todo será consecuencia de la degradación de la naturaleza humana, de la decadencia de las sociedades occidentales consumistas, que creyeron con auténtica fe, ser ángeles y portadores de la bondad en el mundo con su cobardía disfrazada de empatía y tolerancias hacia los locos y asesinos.

La melancolía es una tristeza secreta para mí mismo. La pena de lo que nunca experimentaré. Un sentimiento que jamás conoceré.
La decepción de saber que existe una alta emoción que no gozaré jamás.
Me ha sido negada la gracia, cuando casi la rozaba. Estuve a punto de elevarme a ella.
Esta melancolía me lo dice como una conciencia cuchicheando en mi oído, en mi estómago. Reverberando en el tuétano de los huesos.
Estuviste cerca, estuviste muy cerca.
Pobre cosa, pobre hombre ciego.
Tal vez, sea no haber podido escapar de este lugar y tiempo atroces que impiden que la razón se expanda haciendo de mí una ola más en el mar, yo rompiéndome en un hermoso final en la tierra.
Creando una espuma de mí mismo y los mudos coros del universo muerto susurrando: ¡Así se hace!
Y dan ganas de llorar por una abstracción imposible.
Podría haber sido un hálito que agita íntima y tímidamente las hojas de un árbol cuyo rumor agradecería mi sencilla aunque útil existencia.
Me he cansado y hastiado de dolores, decepciones, amores, ternuras y cariños sin espuma; sin el secreto rumor de unas hojas que nadie presta atención.
Nadie más que yo.
No es por trascender, sólo aspiro a ser invisible, un ente ignoto. La belleza sin reflejos de una existencia malograda y malformada desde el inicio de los tiempos que es mi nacimiento.
Sólo lloro con ira por lo que mi vida no ha encontrado, no ha sentido.
Que nadie sepa más de mí, desaparecer como una ilusión. A veces sueño con volatilizarme en el aire sin dejar rastro y todos aquellos que supieron de mi existencia, parpadearan: Me ha parecido ver algo… Parecía tan real…
Ser una alucinación en el planeta.
Que nadie me recuerde.
Porque mi existencia me avergüenza.
Que no me entierren o quemen en tierra podrida.
Esta melancolía que guardo en secreto no es tristeza, si no hastío y decepción de no alcanzar otra cosa más que, un mundo mal hecho por millones y millones y millones de seres humanos muertos y apilados en podridos estratos cuya misión, fue construir y crear la humana mezquindad para el instante en el que yo naciera. Como si supieran de mi futura vida y la decepción que sufriría.
Riendo mezquinos…
Sus dioses inventados son ratas sarnosas que devoran sus pies y los de sus hijos lentamente, y son adoradas como servil pago de gratitud a la miseria concebida.
Sólo así puedo entender el origen de esta melancolía aterciopelada que se derrama bajo la piel y por dentro de los ojos, un llanto secreto también. Adentro…, donde sólo el cálido humo de un cigarrillo templa el frío de mi ánimo.
Fumar siempre fue bueno…
Saber que existe algo hermoso o extraordinario más allá de la mediocridad del aire, es mejor que ignorarlo y me ha regalado la gracia de la decepción y su melancolía.
No nací para sentir lo extraordinario, sólo para observar con mirada terrible y soportar la incapacidad de los que ahora son cadáveres y los que lo serán pronto.
No es tristeza, sino rabia y su llanto quedo y consecuencia de una ola que no consigue hacer espuma, porque una fría y poderosa corriente de mierda la devuelve al monstruoso mar inmóvil sin horizontes y sin fin. Sin esperanza a la vista.
Yo quería algo más que no cabe en este mundo.
Hay una belleza oculta que mi pensamiento añora y no sabe qué es.
No nací para algo elevado, sino para rellenar los huecos de los muros deformes que no sirven para nada. Que los muertos construyeron, que los vivos idiotas hacen más altos.
Son los susurros de mi secreta melancolía.
Me dice que nací por mis huesos, que soy material de relleno de un tiempo y lugar mezquinos.
Podría haber sido maravilloso cuando veo y escucho el rumor de las hojas, las olas romper en la costa con un orgulloso bramido de vida y lucha; pero nací en un excremento habitado por gusanos agitándose inquietos y paranoides, alimentándose con voracidad unos de otros. No puedo salir de la mierda, ni limpiarme siquiera.
Nací en un repugnante lugar donde los seres humanos comen sobre las inmundicias y miasmas que corren bajo sus pies.
Todos los humanos y sus civilizaciones lo construyeron todo mal y podrido, para luego ser enterrados como el gato cubre su mierda. O quemados como neumáticos viejos o basura que apesta.
Y como un aire que no mueve las hojas y la ola que no llega a la arena, nací ciego y con esta melancolía que hace invisibles los horizontes elevados que algo dentro de mí dice que existen, que es todo un error mi nacimiento en este infecto lugar y tiempo.
Un asco.

Dicen que las sociedades occidentales están polarizadas por la guerra de Israel y Palestina.
Es mentira no hay polarización. Los únicos que gritan, sobre todo en España, son los cobardes pro terroristas. Así quieren demostrar a los asesinos admiración y lealtad, para que cuando entren en España, invitados por el rey Sánchez I el Arribista en nombre de la convivencia y cultura mundiales y, con la ayuda y amistad de Marruecos, no los degüellen como hicieron con los ciudadanos israelíes a decenas de cientos hace unos días.
Porque si de algo adolece el habitante de la península ibérica, es de olvidar y perdonar al asesino beatamente, incluso al de su propia familia: “Tranquilo, entiendo por qué lo hiciste, fueron otros tiempos y vosotros tenéis vuestra propia cultura, es lógico. Así que a mí no me pases el cuchillo por el cuello ¿eh? Aquinoapasaoná”.
La empatía española por los asesinos terroristas es solo una pose cobarde y mezquina, tan típica y endogámicamente asentada por siglos de dictaduras. Y ahora con otra nueva dictadura, la del Arribismo Ilustrado Español, vuelve a lucir en todo su esplendor esa dichosa “empatía española”. Y bueno, es fácil ver que esa mezquindad también se ha solidarizado con la de otras naciones decadentes, cobardes e infantilizadas; como si fuera una infección, otro coronavirus.

Si pudiera no amarte, no podría vivir con la angustia de haber perdido la parte más importante de mi vida.
Como la niebla de las montañas es desgarrada por los primeros rayos de sol.
La solución al problema es no ser.
No es nuevo, soy mi propia evidencia.
Soy inexistencia a pesar de mi conciencia que cotorrea constantemente conmigo mismo.
Mi pensamiento está desgajado del planeta, soy ajeno a él.
Yo, mi pensamiento cruel y frío, soy como el cosmos que congela toda vida, toda sonrisa, toda lágrima y toda esperanza.
Tal vez sea que la gélida temperatura de mi conciencia me permite inexistir en este lugar de nada o muerte total.
No me parece mal, no me siento especialmente triste o turbado.
A veces divago que amé; pero es sólo un sueño. No es posible, nací tan frío que murió madre al parirme.
Acepto mi naturaleza, incluso con orgullo desmedido.
Aquí donde las almas que atraviesan la atmósfera terráquea, al entrar en el espacio se cristalizan. Desintegrándose en una muerte muda y desesperanzadora cuando se estrellan contra piedras nómadas o los planetas muertos que llenan el universo de nada y veneno.
Es un fenómeno cósmico de una bellísima tragedia.
Hermoso.
Tal vez soy Dios…

Foto de Iconoclasta

Hay una serie de adeptos que forman las mayorías sociales votantes de las actuales falsas democracias convertidas en repúblicas nazis con el coronavirus y sus respectivos Führers.
Los adeptos se hacen llamar a sí mismos ciudadanos integrados, responsables y de rancia tolerancia ejemplar.
Hablan bajito para no provocar contaminación acústica sonora o como ellos piensan: para demostrar una exquisita cultura del civismo democrático sectario.
Semejantes cabestros tienen un pavor absoluto de te cagas moragas, a afirmar algo o dar su opinión y que ésta, pueda diferir del resto del rebaño de mansurrones al que pertenecen. Son ya todo un clásico los líderes nazis políticos que hablan en un susurro, como auténticos beatos para dar paz espiritual a sus esclavos. E incluso, como el inolvidable embajador de narco dictadores hispanoamericanos, el españolo Zapatero; se dirigen a su feligreses silabeando, como un profesora enseñando a leer a sus escolares de cinco años.
Así, estos adeptos, en el absurdo caso de que se atrevieran a opinar; lo harán disculpándose por mostrar un asomo de determinación que podría pecar de poca tolerancia o una inexistente cultura progre democrática (en su imaginario sectario creen fervientemente vivir en una democracia tan real como su ambiguo sexual Führer): “Pues yo creo…”, “A mi forma personal de ver”, “¡Ey! esto es sólo mi opinión”, “Respetando las demás opiniones, pienso…”, “No es por contradecir”. Y luego, los más peliculeros y con la mente más castrada en la obediencia, también comenzarán su exposición con “Con el debido respeto a todas las opiniones”.
Han asumido la cobardía, la pusilanimidad y la indecisión como grandes virtudes cívicas. Tales como colocarse el bozal, vacunarse en fila india, quedarse en casa haciendo dibujitos infantiles para conjurar su terror, inducido por el líder de su secta y perder los nervios para ir a votar cuando su Führer así lo decreta en sus miserables voluntades y beatas vidas.
¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Tí!🥰😊😷💉😰🥶🏳️‍🌈
¡Jajajajajajajajajajajajajajajaja!

Si la humanidad fuera un organismo, un cuerpo; yo estoy alojado en su ponzoñoso corazón.
Un corazón que hace lo que debe; pero es infeliz y bombea la sangre enfadado, con presión excesiva por ser envidioso e ignorante. Y hace la sangre espesa como el engrudo.
Yo soy su infarto, el infarto de toda la humanidad; a la espera de hacer mi trabajo con rápida y entusiasta diligencia.

Pensó demasiado tiempo en el enigma del amor, sus consecuencias e imposibilidades.
Un día prestó atención al espejo y se vio viejo y débil. Humillado con un pañal.
Todo aquel desgaste para al final morir y dejar de importar…
Abrió el mando del gas de la cocina y aceleró el proceso de la agonía.
Pasados unos segundos nadie sabía que un día existió.
Yo lo sé porque soy Dios.
Y como él millones; pero muy pocos encuentran la solución al enigma, el suicidio, y mueren rabiando como ratas con el espinazo partido en una sucia calle.
Se siguen meando encima durante años y años, gastando indignamente sus ahorros en pañales.
No los creé a mi imagen y semejanza, el meteorito que mató a los dinosaurios provocó una nube radiactiva, mutó una manada de titís y el resultado fue la pérdida del pelo y un tumor en el cerebro con el que nace todo ejemplar de la raza humana. Con el tiempo algún figura afirmó que los animales humanos tienen el cerebro más desarrollado de todas las especies.
Y como no había gas, también murió babeando, como la gran mayoría votante.
Son como aquellos monos de mar que se vendían por correo en los setenta, simples amebas.
Han pasado tan solo mil millones de año y ya me aburro.

Si acudes a un puesto ambulante de mercado, por ejemplo a comprar queso, y vas acompañado de tu hijo (o un amigo sin interés sexual alguno por tu culo), el quesero simpaticote y cordial os saludará efusivamente:
¡Hola guapos!
Da por supuesto que sois una pareja de maricas.
A mí me importa una mierda lo que piense y tampoco lo voy a desengañar. Y menos tan cruelmente ante la alegría con la que nos saluda, no quisiera que se pusiera a llorar por una tontería.
Sin embargo, es muy llamativo que un padre y un hijo o dos amigos, sean ya por norma un par de maricas (o transexuales) en la conciencia infantil, cortita y accesible de la chusma, en ese pensamiento tan sectario y limitado del cabestro tipo de esta sociedad homosexual.
Por lo tanto, si una mujer compra sola, se la supone tortillera.
Si un hombre compra solo, es maricón.
Si compra una pareja de mujeres, o son tortilleras o transexuales.
Y si compra un menor de edad, el quesero sarasa se verá en un aprieto para no parecer pederasta o poco sensible a la sexualidad indefinida (porque por mucho que parezca hembra o macho, nunca se sabe) del joven cabestro que le pide los doscientos gramos de tierno cortado fino.
Tiene la chusma votante tal conciencia de homosexualidad, que no cabe otra opción más que ser maricón, tortillera o transexual. No existe ninguna otra relación social desde que definitivamente se implantó la dictadura nazi homosexual carcelaria española, mediante la infección por coronavirus o covid 19.
Han asimilado del catecismo nazi homosexual que entre dos hombres, dos mujeres o padres e hijos adultos, amistad es darse por culo o meterse cosas.
Sí, definitivamente en esta sociedad nazi homosexual, no está bien visto ser biológica y sexualmente sano o heterosexual, es una falta de educación imperdonable.
Cuando nos vendió el queso a precio de diamante puro, sí que comentamos lo muy pintoresco y frívolo que era el cordial y julandrón quesero; a pesar de la desinhibida estocada en el precio de las cuñas de queso.
Luego, caminando entre los diversos puestos no dejamos de oír el “holaguapos” como si fuera una canción de Rosalía por lo repetido. Y definitivamente nos sentimos transportados a Mariconiland City, ciudad feliz y julandrona donde las haya.
Hay que nacer para ello, a mí no me sale saludar a un par de tíos con un “holaguapos”. Me sentiría incómodo, me picarían las palmas de las manos nerviosamente.
No consigo sentirme maricón por muchos dogmas que me venda el Estado Fascista Maricón Carcelero Clima-sanitario Español.
Soy así de hermético. Llamadme puerco si queréis, que me suda la polla.

Vivo en un mundo feroz que sacia su voracidad nutriéndose de carroña y cosas podridas con pornográfica glotonería.
Lo que indica que la humanidad es un ecosistema para buitres y hienas de dos patas y sin alas.
Y el hedor con el que impregnan el aire es insoportable y hace en la noche los sueños enfermos y febriles.
Los malos, mediocres y esclavos amaestrados, hacen un ruido repugnante al alimentarse de los huesos y las vísceras podridas de los cadáveres que temían sobre los que ríen, cagan y follan. Los sonidos masticatorios son obscenos y rituales.
Nací sin la esperanza de ser libre y limpio.
Encontré y acepté lo menos malo, lo sabía; pero para sobrevivir te has de camuflar con la mierda que te rodea.
Lo sufrí en silencio, esperando un brillo cualquiera en el ataúd donde habitaba.
No siento haber perdido el tiempo porque he aprendido cosas, he luchado para no adaptarme. Ha sido un buen tiempo invertido el de mis fracasos.
No lloro y mucho menos por el esfuerzo, como es habitual para medrar en el mundo de los buitres y las hienas.
Y el dolor me hace animal impío. Siempre he pensado que es más fácil matar que follar.
Guardo rencores como tesoros, quiero morir feliz de dejar toda esta mierda y miseria que me ahoga. Que nadie haga olas, por favor.
Soy incapaz de besar al amo, de suplicar o rogar.
No me prostituyo, aunque me luzco haciéndome pajas ante ella, corriéndome y salpicando el móvil. También me gusta meterle la lengua en el coño y un dedo en el culo para que se corra salvaje. Me gusta cuando me la mama con los cojones entre sus dedos. Y me gusta lamer los dedos que saben a su coño, los suyos y los míos. Cuando me monta me gusta alzarla en las alturas con la pelvis, cuando me arqueo corriéndome profundamente en su viscosidad impía que me atenaza el rabo.
No nací libre; pero sí bestia indecorosa. Nada ni nadie ha podido impedir mi salvajismo e indomabilidad. Y moriré así, tan salvaje e incrédulo como nací.
A la mierda el puto epitafio.

Foto de Iconoclasta.