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¿En serio Jesucristo era culturista? Sus abdominales en la cruz lo delatan.
Un narcisista… Es por ello que se empeñó en lucir torso con la cruz a cuestas.
Me recuerda su estudiada crucifixión a la sonrisa de tiburón de Charlot.
¿Fueron los anabolizantes los que lo tornaron “mesiánico” (gilipollas) al nazareno?
Nadie tiene un abdomen como el crucificado si no pasa horas en el gimnasio.
Muchas…
Si dedicas al gimnasio tanto tiempo, no trabajas, las cuentas no salen. Naciste en un buen lugar y en buen momento, pues. La aleatoriedad no es mérito. Simplemente eres hijo de ¿un burócrata nazi? Por decir algo.
Eso o a algún escultor o pintor se le fue la olla idealizando al crucificado.
¿Una inspirada, ferviente y efervescente homosexualidad, tal vez?
No sé, cada vez que indago sobre el misticismo, acaba todo en parafilia.
Es natural que sea tan popular a pesar de ser un héroe Marvel (para que el gallinero entienda el concepto de mito), típico de todo oscurantismo medieval. Como un bozal y una vacuna sin utilidad, solo es el negocio del paraíso que solo te lo dan cuando mueres.

Me gustan esos repentinos silencios que me hacen creer por unos segundos que el planeta y lo que contiene se ha detenido. Un breve espejismo de paz en la granja humana.
Un regalo al azar.
El silencio es soledad y serenidad.
No precisas decir u oír nada.
Es el perfecto ser.
Solo te diferencias de una estatua por la respiración.
Y los ojos cansados, cerrados.
La diferencia entre un budista y yo en el silencio está en que no busco nada.
No necesito mejorar, trascender o encontrarme conmigo mismo.
Ni controlar emoción alguna, porque estoy íntimamente fundido con el planeta.
Hay aves que me siguen piando durante breves trechos saltando de rama en rama.
Tal vez quieren arrancarme un sonido. No pueden creer que una bestia que respira sea tan hermética.
Y yo no me explico como he llegado a tener tantos años acumulados en mis huesos. Por qué la vida no me dejó tiempo atrás.
Le hablo demasiado al universo y no le daré tiempo a darme las respuestas que no quiero escuchar. Yo hablo y él que escuche. Cuando pretenda responder no existiré.
Sé jugar bien mi brevedad.
El universo es un vertedero de luz vieja, de algo que sucedió. Una luz innecesaria y falta de energía.
Y quien lo mira demasiado un día no sabrá siquiera que ha muerto. Y el infeliz esperará el próximo amanecer con ansiedad.
Nunca llegará.
Lo único que me fascina del universo es su sepulcral silencio que dicen que tiene.
Más que silencio es simple muerte, eso es trampa.
Estoy seguro de que si el sonido se propagara por el cosmos, no habría vida alguna, no sería posible la vida en ningún lugar con todo ese fragor de destrucción y desintegración.
¿Cuál sería el sonido de las galaxias y planetas venenosos?
No importa, es solo un pensamiento silencioso entre caladas de tabaco que no requiere respuesta.
A veces pienso que soy cruel con mi desdén hacia el universo, arrasando atávicas ilusiones.
No puedo evitar una sonrisa taimada y vanidosa por ello.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

No es grande, no llega a tocar el cielo; pero al final logró ser dios y ahora rige solitario, en una bola de cristal invisible, su eterno y exclusivo mundo donde luce majestuoso, entre cielo y rocas. Y a su espalda, los miles de adocenados árboles del bosque hacinados, lo observan con desdén lucir su fronda de miles de pequeñas flores radiantes.

Si dios no ha castigado su vanidad partiéndolo con un rayo, se debe a que tenía razón en su vanidad: es tan bello como un dios.

Y bueno, aunque pedantes, ciertas perfecciones se agradecen en este sórdido mundo de fealdades banales e intrascendentes, a duras penas vivas.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Una sociedad que habla de reinventarse es infantil y ridícula.
Adoctrinada cada una de las reses que la componen, se han de inventar en algo que el estado dicta. Y comer su mierda. Si han de hacerse rumiantes que lo hagan y pronto. Obedecer a los amos que las reses ingenuamente han creído elegir es el mandamiento primero.
Me ha llevado toda la vida ser lo que soy en la actualidad. Y no voy a reinventarme o transformarme.
No hay nada mejor que yo y estoy absolutamente satisfecho de mí mismo sin vivir en mí. ¡Ja!
Lo que sí haré: considerar leyes, decretos, usos y tradiciones para eludir o usar lo que me convenga; pero ¿reinventarme? Eso no pasará soy lo más, no necesito reinvención y no obedezco a amo ni dios.
Conforme pasan los años gano en adaptabilidad con mi intelecto íntegro.
Reinventarse se ha convertido en un mantra tan cotidiano que, cualquiera diría que en sus entrañas la chusma lleva baterías recargables y se enchufa cada noche a la corriente. Es la razón de que el estado matara a viejos y enfermos en nombre del coronavirus, era tarde para que se reinventaran.
Ser creador, original, autor… Eso está prohibido en cualquier nazismo o dictadura. De ahí el verbo “reinventar” tan de moda y mucho más acorde con la dictadura homosexual penitenciaria sanitaria climática, en este caso española. Lo de ser creativo, solo es para gente que sabe, la del estado. “Tú no pienses y calla”.
Ni sé ni me importa quién es el tipo de la propaganda nazi; pero se reinventa porque algo salió mal en su concepción. Es solo un muñeco propagandístico de las dictaduras fascistas poscoronavirus, una lección moral de cómo ha de expresarse y actuar el ciudadano ideal y dispuesto a ser lo que sus amos decreten.
“Reinventarse” es un precepto religioso del actual nazismo que arrastra el homosexualismo, la sanidad represiva y la religiosidad usurera del cambio climático como las grandes virtudes para medrar en sociedad. Si no eres como el absolutismo decreta, debes hacer algo por reinventarte ¿no?
Y así el muñeco sonriente de la prensa trabaja en convencer a los cerebros vacíos de las grandes ventajas de ser como te ordenen.
Porque de esto va el actual nazismo español: la mansedumbre, la obediencia, la fe, el aplauso a los jerarcas, el homosexualismo y la religiosidad climática.
Nací perfecto (bueno, un rabo más largo no estaría de más; pero estoy muy contento con lo juguetón que es, definitivamente no lo reinventaré), nunca he tenido esas inquietudes de reinvención, solo amplío y mejoro lo que soy. Cuanto más lejos esté del prototipo de ciudadano o votante mediocre, más orgulloso estoy.
Las cosas empeoran por momentos en esta sociedad nazi del miedo y la obediencia suprema, del aplauso y la reinvención y los transformers. A cada instante surgen más “reinventados” que arden en deseos de meterse la copa menstrual de silicona por el agujero que tengan más a mano. Les dice el estado que así ganarán más dinero, escalarán a puestos importantes en esta sociedad piojosa o incluso, al morir, les meterán en la boca una placa conmemorativa por lo buenos cabestros que fueron. Gratificaciones en una sociedad ganadera sin concepto alguno de la dignidad.
Las “reinvenciones” que ha cometido el gobierno nazi penitenciario español homosexual sanitario climático, no son tal, solo son degeneraciones y corrupciones de la ética, la libertad y el conocimiento.
La perversión o degeneración nunca ha sido reinvención. Y en el caso más amable, reinvención es plagio.
Podría ser que quisieran decir otra cosa por reinventarse, en tal caso harían bien en volver a la escuela (no a una pública) y aprender cosas útiles como usar las palabras, el idioma.
Es curioso que entre la palabra “idioma” e “idiota”, haya una sola letra de diferencia.
Son muy cansinos con la reinvención.
Ocurre que en una sociedad decadente, el esfuerzo para adquirir conocimientos y no dejarse avasallar por el oscurantismo del poder, es agotador para los acomodados que se permiten dejar su subsistencia en manos de los amos sin rechistar.
Es lógico que el rito sexual haya evolucionado masivamente al homosexualismo: es más fácil tener sexo cuando las hormonas hacen hervir la sangre con el amigo, que empezar un cortejo con el sexo contrario del que puedes salir rechazado; y la narcosis ayuda a meter cosas extrañas en el cuerpo, es otra religiosidad de los nuevos fascismos.
Es importante no ser un Juan Salvador Gaviota, sino todo lo contrario; debes reinventarte en una oveja que no tiene por qué hacer otra cosa que comer hierba, una bestia sin necesidades intelectuales que salte la valla cuando alguien tenga insomnio.
Los animales que nacen en cautividad viven indignamente y al final, mueren igual. Si al menos no reconoces que naciste y vives en cautividad en una sucia granja humana, morirás con esa ignorancia infantil, tristemente tras haber vivido tantos años.
Esta es la humanidad al filo de la extinción. Los monos poderosos carecen de la suficiente inteligencia para sobrevivir sin dinero, y morirán al mismo tiempo que sus esclavos cuando la civilización se derrumbe.
Las muertes serán tantas que la gente morirá por contagio. Ver tanta muerte los convencerá de que están muertos y sus corazones cesarán su trabajo. Se reinventarán en cadáveres.
Y los carroñeros durante los primeros meses de la reinvención en cadáveres, triplicarán su población. Un final ecológico.

Iconoclasta

La prensa española es cada día más terrorífica y sectaria.
Milagro, cuerpo, alma… No jodas qué miedo.
Qué religiosidad y sentimiento con la muñeca.
El único milagro que conozco y es real, de 1998; es el magnífico y famoso El milagro de P. Tinto, ingenioso y divertidamente absurdo.
Ese sí que vale para pasar un buen rato.

«Papito, papito» 😀😀😀

No cuesta nada ser absurdo y esnob como el pato, que con la gran extensión de río y ribera que tiene, va y se sube a la piedra como el Principito en su asteroide.
Rascándose con el pico como si yo no lo viera con ojos inyectados en envidia.
Sí, es cochina envidia. Si yo tuviera una piedra como él en la misma proporción, haría lo mismo. Y en lugar de rascarme lo que me tuviera que rascar, fumaría y fumaría y fumaría y fumaría contaminando kilómetros de río con mis colillas castigadoras y portadoras de furias ecológicas… Y Dios me castigaría convirtiéndome en un ángel caído y…
Joder, me he dejado llevar por la pasión.
En fin, luego me bajaría de la puta piedra a comer que ya he fumado bastante.
Incluso si tuviera hambre me comería como él la boa, yo el elefante.
Y si me diera la gana, montaría una película con un guion que superaría a las del sobrevalorado y cansino Charles Chaplin de sonrisa de sátiro asaltacunas.

El planeta ya no es La Tierra.
Es la Taquilla C-18 de la película Hombres de Negro II.
La especie humana se ha convertido en algo parecido a esos pequeñitos alienígenas peludos, con ojeras como pandas y antenas con bolas luminosas, como estaban tan de moda en las discos de los ochenta del siglo pasado.
Solo que ellos tienen gracia, los humanos de La Tierra, también la tenían.
Pero estos humanos actuales de la Taquilla C-18 sucios del nazismo del coronavirus, la sanidad y el homosexualismo ideológico. De miedo, fe ciega, obediencia religiosa, infantilismo, aplausos a los dictadores…
Todos pensando igual, diciendo lo mismo que les emiten por televisión e internet. Repitiendo con el rostro convencido las mismas consignas que sus amos ganaderos les transmiten las veinticuatro horas al día sin cuestionar nada, asumiendo el lema nazi de que la libertad es enfermedad y acatando serviles las prohibiciones de todo tipo y los dogmas eclesiásticos de mansedumbre, homosexualismo, nutrición, sexo, ocio y cambio climático…
Estos no son humanos reales u operativos para la especie. Ya no quedan seres humanos de La Tierra, son los habitantes de la Taquilla C-18.
Sin gracia, todos haciendo colas en los mismos lugares para pincharse con el rostro compungido de miedo, silenciosos… Comprar las mismas cosas de oferta, las mismas películas de super héroes repetidas hasta el hastío profundo.
Tristes, átonos, amorfos…
Asomados a las ventanas para espiar a los que pudieran salir a la calle cuando los encarcelamientos por coronavirus, calzando bozal en el hocico como si en ello les fuera la vida, aplaudiendo al régimen.
Con sus “yo me quedo en casa”, “yo me vacuno”, “yo confío en mi dictador”, “el estado me protegerá y dará de comer”, escuchando con esperanza palurda la tonta canción de “Resistiré”…
No son seres humanos, definitivamente.
Al menos los habitantes de la C-18 de la película tenían gracia, hablaban como catetos pueblerinos con las miradas idiotas, en un acertado sarcasmo y caricatura cinematográfica de lo que sería la especie humana en el 2020. Me meo de risa al ver la escena, es mi clásico desde el primer día que la disfruté.
En lo demás, los habitantes actuales de la Taquilla C-18 dan pena en su infantilismo y temor conejil, su fe en los salvadores de sus vidas y ladrones que les roban el sustento y la respiración. Y a sus hijos la identidad, la cultura, su naturaleza y biología; y la determinación y creatividad.
Recordad que es de bien educados rebobinar las cintas antes de entregarlas al video club. Y ahora, corred que las entradas son dos por uno.
Y no os olvidéis de cantar a vuestros dioses y amos, cabestros.
Es que me parto el rabo con los ciudadanos de la C-18, los peludos con cara de panolis… ¡Qué risa!

Video de la escena: https://youtu.be/WFF6BEM_7ng

Iconoclasta

Soy pura numerología nihilista; sumas y restas de cantidades y cosas indefinibles, incorpóreas. Y ya sabemos que sin cuerpo no vales una mierda.
Tal vez soy cadáver y por ello las cuentas no salen.
La puta verdad es que solo estoy compuesto de quebrados y raíces que se clavan en mi cerebro. Y resto más que sumo.
Puta mierda…
Una ecuación de segundo grado que malo el positivo, malo el negativo. Una parábola estúpida, sin sentido.
Como las de Jesucristo.
Nunca me ha angustiado elegir el resultado de una aburrida y árida ecuación, ni de cualquier otra operación matemática o no. No odio las matemáticas, simplemente no me sirven para nada.
Solo es mala hierba para los imprevisibles sueños y deseos.
Hay quien ve en ellas un universo, yo veo la eternidad del tedio y la esclavitud.
Cuando faltan palabras usan los números para llenar los espacios en blanco de su imaginación con indeterminaciones y ambigüedades.
Cuando he de elegir lo hago rápido. Siempre elijo mal porque siempre te dan malas elecciones. Así que digo mierda y señalo una.
Y en un acto final de inocua rebeldía, me quedo con la otra; con la sabiduría final de que no importa. No razono las estupideces.
Otros a mi sabiduría la llaman destino o la voluntad de dios; pero sé que tras las elecciones hay un imbécil más de tantos que es quien las propone.
Hicieron de la vida una galería de feria de idioteces monstruosas y elijas la puerta que elijas, tendrás un mal positivo, un peor negativo o una fracción de tu vida tirada a la basura.
Si te amputan media pierna, solo queda desangrarse. A descansar de una vez por todas…
¿O vas a arrastrarte como un gusano a los pies de otros?
La metafísica matemática tiene consuelos desconsoladores.
Es el nihilismo consecuente, el pensamiento estropeado de una matemática estéril.
No preguntes para que no te den elecciones.
Haz lo que debas.
Cuenta absurdos que siempre serán más graciosos que unos algoritmos que miden el papel que usas para limpiarte el culo en días de lluvia, de sol o de mierda; según con quien, según donde…
El error está en el acierto.
Y un acierto y otro más son dos aciertos, dos errores. Nada por lo que dar saltos maricones de alegría.
Un error y otro error son dos errores (ídem de la parte final del párrafo anterior).
Dos putas no suman dos placeres, solo un robo seguro. Un negativo que en la parábola de la ecuación de un enfermo mental, podría ser también un positivo. Porque si las cosas ocurren es por algo ¿verdad, idiota? Y el viento arrastra una rama que te abre la cabeza por alguna razón que no habías resuelto.
Que te den por culo y por la boca mierda, listillo.
Y a las derribadas o como cojones quiera que se llamen.
Dicen los nihilistas que el conocimiento no existe. Qué sabrán ellos…
Yo digo que la humanidad son los electrones estúpidos de un átomo y que de tanto orbitar, han ocurrido azares sin mediar inteligencia alguna.

Iconoclasta