
Sólo se trata de necesidades.
El amor murió cuando al follar no se vieron en el cielo.
Y sumaron mediocridades que pagan la hipoteca.
No hay ningún misticismo.

Sólo se trata de necesidades.
El amor murió cuando al follar no se vieron en el cielo.
Y sumaron mediocridades que pagan la hipoteca.
No hay ningún misticismo.

El alma desciende a los pies para alejarse cuanto pueda de la destructora ira, tiene miedo a ser desgarrada.
Es por ello que dicen de los violentos que son desalmados.
El forense no les examinó bien los pies.
En el alma tradicionalmente habitan las actitudes altas y nobles, las emociones amables. Sin embargo el alma es un velo sutil que se deshilacha fácilmente cuando los puños se cierran o la boca saliva abundantemente por una ira. Se desliza hacia abajo, hacia las patas; porque sabe que moriría si se interpusiera en el camino de la violencia o del odio extático, irracional.
La superchería o religiosidad de rebaño, cómo no, educa a mantener el alma bien alta para que aceptes todo mandamiento y castigo con resignación. Que el alma te proporcione una beatitud digna de morir con un homenaje y liturgia que se pueden meter en el culo.
El alma quiere hacer de ti un mártir.
No existe el bien y el mal.
Existe la ira, el miedo y la obediencia servil. Es el único bagaje humano para vivir y sobrevivir. Las tres actitudes que mantienen una lucha dogmática en la mente de los seres humanos civilizados, castrados ya de su naturaleza.
Jade Negro se ríe y dice “yo tengo el alma en el chocho”. Arriba le da dolor de cabeza y náuseas. Y como el alma es suave, los rabos le resbalan mejor.
–Quiero tu alma amarga, como los hígados que desgarro y devoro –cuando Jade habla parece que lo hace con los ojos, con sus grandes ojos.
–Soy un agujero negro, no tengo alma, soy de metal corrupto -le respondo con un sarcasmo poco convincente.
Pienso que la misantropía pudiera haber devorado mi alma si alguna vez existió.
Me escucha con el ademán de quien ha oído algo lejano e ininteligible, con expresión de “me ha parecido oír algo y no sé qué”, aleteando sus maquilladas pestañas rápidamente.
Tal vez sea ella mi alma porque me ha provocado una sonora carcajada. ¡Qué cabrona! En un segundo ha hecho mierda mi hastío vital, donde dormita la ira.
También le gustaría probar mi sangre; pero le da miedo beber demasiada y que no “te quede la suficiente para poner la polla bien dura”.
Sopeso contestarle que tampoco tengo polla, no una que se merezca.
–Te romperías los dientes –me arriesgo a no ser humilde.
Y ríe estruendosamente.
Continuamos charlando de almas, iras y alegrías; mientras sorbe ruidosamente un Bloody Mary que por sugestión le calma la sed. Y yo fumo como si la besara.
Jade es una hermosa criatura. Y todas las cosas bellas exhiben un cultivado descaro y desenfado que las hace ingenuas e irresistibles, una trampa para atraer a sus víctimas.
Porque es sabia y ancestral como un dios. Su ingenuidad es solo un arte cinegético.
Hace maravillosa la vida cuando aparece iluminando mi oscuridad.
Sin ella no podría sonreír.
No amarla calladamente con el pesar de la imposibilidad, es imposible.
Y lo lee en los jirones de mi alma que parecen colapsar el corazón. Lo sabe…

Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

Que el fin del mundo fuera una colosal nube de muerte y desolación.
Sería un final precioso para una civilización de mierda.
Margaritas a los cerdos, lo sé. No puedo evitar esta vena de romanticismo infantil; pero ya puestos a morir, que fuera con una bonita estampa no podría hacer daño. No más, al menos.
La verdad es que el final será simplemente sórdido, como el de aquellos pobres en las duchas nazis de Zyklon B. Gris sobre gris y la resurrección como botones y peines.
Ni siquiera buitres danzando la alegría de la carroña volando alto sobre los cadáveres.
Sin mierdas de cielo, infierno, dioses o juicios prometidos.
Masticando un colorido cardo.
YO por si acaso, haciendo tiempo me he fumado un par de cigarros mientras avanzaba el monstruo, esperando recibir un par de tablas de piedra con los diez consejos para disfrutar de la muerte sin dañar sensibilidades sexuales o ecológicas.
Los hay que follar les lleva veinticinco o treinta segundos y la dejan preñada. Quiero decir que siempre hay tiempo para un final feliz, al menos para uno de los dos.

Bueno, algo deben tener para que puedan morir ¿no?
Es anecdótico tener algo en común con los árboles.
Las anécdotas sórdidas siempre son sorprendentes.
Me alegro de que el mío esté dentro. No soy amigo de llamar la atención sobre mí sin vivir en mí.
Si el árbol tuviera que caminar como yo, me gustaría ver si se mantiene tan estoico.
Nunca he sentido una tristeza de esas de enmarcar en el cuarto de las lágrimas.
Yo soy más de blasfemar, es cultural, no es una cuestión religiosa.
Cuando algo duele, simplemente me encabrono.
Asaz…
Y menos mal que la procesión va por dentro y no tengo que pasar horas lijando el tumor.
Dale que te pego sangrando…
Aunque el cáncer no duele, duele aquella carne a la que no le llega la sangre.
Una carne negra que parece, precisamente, el tronco de un árbol con cáncer.
¡Vaya, menuda reflexión! Soy la alegría de la huerta.
Los hay que escriben cosas edificantes. Está visto que yo estaba destinado a ser el contrapeso del himno a la alegría.
Los hay que se comen el bistec y yo la carroña.
No es casual, es algo que me propuse en algún momento, no sé cuál.
Fue mucho antes de que pensara que el árbol y yo teníamos algo malo en común.
Mucho antes.
Siempre fui precoz para lo sórdido.
Podría ser peor: que alguien no dejara de cotorrear a mi lado y me distrajera de las maravillas y grandes ventajas de los cánceres de los árboles y los hermosos nudos que dejan a la posteridad para la producción de muebles lujosos.
Porque del de mi pata no me puedo distraer, no soy un indolente, desgraciadamente.
De cualquier forma, yo y yo mantenemos suficientes charlas para hacer amenas las caminatas dolientes, cancerígenas.
Espero que el ladrillo de Tolkien, hiciera a sus Hobbits libres de cáncer, bastante tienen con las plantas de los pies peludas y las uñas como las de las águilas…
Se me escapa la risa…
No sé quién inventó aquello de que el dolor te hace piadoso. Algún mártir con serios problemas de humildad.
Tal vez algún trastorno neurológico que les da esa apariencia imbécil.
Y desconocimiento absoluto del dolor.
Yo no padezco ninguna parafilia respecto al dolor, si me duele, no follo y punto.
Hay más días que subnormales y entre ellos los días que duele poco.
Vas a meterla precisamente cuando te duele con solo correrte…
Idiotas.
Otra vez… ¿No estaba yo hablando del cáncer de los árboles?
Lo de ser absurdo e inestable no tiene que ver con los bultos, siempre he sido así. Lo sé porque cuando hablaba demasiado, mi padre miraba al cielo buscando no sé qué.
Cuando me hice un poco adolescente, llegué a pensar que cuando le daban esos pasmos, debía ser que su cigarrillo estaba contaminado y se quedaba en animación suspendida escuchándome embelesado.
Resulta que el muy querido (grrr…) buscaba paciencia.
Maldita sea…
Me largo, me duelen los dedos de escribir.

Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.
Siempre que camines por grandes espacios, vigila el cielo.
Ocurren cosas allá arriba, algunas de ellas escalofriantes.
¡Buuuu!
Yo desearía algo más sexual; pero así también me lo paso bien.


Como se puede observar, las grandes nubes han configurado una formación de acantilado, con la natural congoja que produce imaginar realizar el salto del ángel desde la cima.

Esta nube iba rumbo al este y de repente ha girado al norte ¡Ar! Sin avisar previamente al resto de sí misma. Fenómeno que se conoce como nube-escuadra.
Hay esnobs en todas partes.

Esta anguila celestial es para cagarse… Además, se la ve con hambre.

Ya estaba mareado de mirar tanto al cielo, cansado concretamente.
Y antes de emprender el camino a casa, se me ocurre mirar gallarda y épicamente hacia el oeste ¡y me encuentro con la Enterprise de Star-Trek! “námenos”. La típica silueta de plato de sopa de la famosa nave, antes de deformarse en sus saltos de hiperespacio y esas cosas de friquis (la nube de la izquierda, lelos).
Ha sido un paseo agotador, aún no sé cómo he conseguido sobrevivir.
¡Mierda! Solo me ha faltado que dios me entregara unas tablas con algunos consejos que seguir entre zarzas ardiendo.

¿En serio Jesucristo era culturista? Sus abdominales en la cruz lo delatan.
Un narcisista… Es por ello que se empeñó en lucir torso con la cruz a cuestas.
Me recuerda su estudiada crucifixión a la sonrisa de tiburón de Charlot.
¿Fueron los anabolizantes los que lo tornaron “mesiánico” (gilipollas) al nazareno?
Nadie tiene un abdomen como el crucificado si no pasa horas en el gimnasio.
Muchas…
Si dedicas al gimnasio tanto tiempo, no trabajas, las cuentas no salen. Naciste en un buen lugar y en buen momento, pues. La aleatoriedad no es mérito. Simplemente eres hijo de ¿un burócrata nazi? Por decir algo.
Eso o a algún escultor o pintor se le fue la olla idealizando al crucificado.
¿Una inspirada, ferviente y efervescente homosexualidad, tal vez?
No sé, cada vez que indago sobre el misticismo, acaba todo en parafilia.
Es natural que sea tan popular a pesar de ser un héroe Marvel (para que el gallinero entienda el concepto de mito), típico de todo oscurantismo medieval. Como un bozal y una vacuna sin utilidad, solo es el negocio del paraíso que solo te lo dan cuando mueres.

Me gustan esos repentinos silencios que me hacen creer por unos segundos que el planeta y lo que contiene se ha detenido. Un breve espejismo de paz en la granja humana.
Un regalo al azar.
El silencio es soledad y serenidad.
No precisas decir u oír nada.
Es el perfecto ser.
Solo te diferencias de una estatua por la respiración.
Y los ojos cansados, cerrados.
La diferencia entre un budista y yo en el silencio está en que no busco nada.
No necesito mejorar, trascender o encontrarme conmigo mismo.
Ni controlar emoción alguna, porque estoy íntimamente fundido con el planeta.
Hay aves que me siguen piando durante breves trechos saltando de rama en rama.
Tal vez quieren arrancarme un sonido. No pueden creer que una bestia que respira sea tan hermética.
Y yo no me explico como he llegado a tener tantos años acumulados en mis huesos. Por qué la vida no me dejó tiempo atrás.
Le hablo demasiado al universo y no le daré tiempo a darme las respuestas que no quiero escuchar. Yo hablo y él que escuche. Cuando pretenda responder no existiré.
Sé jugar bien mi brevedad.
El universo es un vertedero de luz vieja, de algo que sucedió. Una luz innecesaria y falta de energía.
Y quien lo mira demasiado un día no sabrá siquiera que ha muerto. Y el infeliz esperará el próximo amanecer con ansiedad.
Nunca llegará.
Lo único que me fascina del universo es su sepulcral silencio que dicen que tiene.
Más que silencio es simple muerte, eso es trampa.
Estoy seguro de que si el sonido se propagara por el cosmos, no habría vida alguna, no sería posible la vida en ningún lugar con todo ese fragor de destrucción y desintegración.
¿Cuál sería el sonido de las galaxias y planetas venenosos?
No importa, es solo un pensamiento silencioso entre caladas de tabaco que no requiere respuesta.
A veces pienso que soy cruel con mi desdén hacia el universo, arrasando atávicas ilusiones.
No puedo evitar una sonrisa taimada y vanidosa por ello.

Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

No es grande, no llega a tocar el cielo; pero al final logró ser dios y ahora rige solitario, en una bola de cristal invisible, su eterno y exclusivo mundo donde luce majestuoso, entre cielo y rocas. Y a su espalda, los miles de adocenados árboles del bosque hacinados, lo observan con desdén lucir su fronda de miles de pequeñas flores radiantes.
Si dios no ha castigado su vanidad partiéndolo con un rayo, se debe a que tenía razón en su vanidad: es tan bello como un dios.
Y bueno, aunque pedantes, ciertas perfecciones se agradecen en este sórdido mundo de fealdades banales e intrascendentes, a duras penas vivas.

Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

Una sociedad que habla de reinventarse es infantil y ridícula.
Adoctrinada cada una de las reses que la componen, se han de inventar en algo que el estado dicta. Y comer su mierda. Si han de hacerse rumiantes que lo hagan y pronto. Obedecer a los amos que las reses ingenuamente han creído elegir es el mandamiento primero.
Me ha llevado toda la vida ser lo que soy en la actualidad. Y no voy a reinventarme o transformarme.
No hay nada mejor que yo y estoy absolutamente satisfecho de mí mismo sin vivir en mí. ¡Ja!
Lo que sí haré: considerar leyes, decretos, usos y tradiciones para eludir o usar lo que me convenga; pero ¿reinventarme? Eso no pasará soy lo más, no necesito reinvención y no obedezco a amo ni dios.
Conforme pasan los años gano en adaptabilidad con mi intelecto íntegro.
Reinventarse se ha convertido en un mantra tan cotidiano que, cualquiera diría que en sus entrañas la chusma lleva baterías recargables y se enchufa cada noche a la corriente. Es la razón de que el estado matara a viejos y enfermos en nombre del coronavirus, era tarde para que se reinventaran.
Ser creador, original, autor… Eso está prohibido en cualquier nazismo o dictadura. De ahí el verbo “reinventar” tan de moda y mucho más acorde con la dictadura homosexual penitenciaria sanitaria climática, en este caso española. Lo de ser creativo, solo es para gente que sabe, la del estado. “Tú no pienses y calla”.
Ni sé ni me importa quién es el tipo de la propaganda nazi; pero se reinventa porque algo salió mal en su concepción. Es solo un muñeco propagandístico de las dictaduras fascistas poscoronavirus, una lección moral de cómo ha de expresarse y actuar el ciudadano ideal y dispuesto a ser lo que sus amos decreten.
“Reinventarse” es un precepto religioso del actual nazismo que arrastra el homosexualismo, la sanidad represiva y la religiosidad usurera del cambio climático como las grandes virtudes para medrar en sociedad. Si no eres como el absolutismo decreta, debes hacer algo por reinventarte ¿no?
Y así el muñeco sonriente de la prensa trabaja en convencer a los cerebros vacíos de las grandes ventajas de ser como te ordenen.
Porque de esto va el actual nazismo español: la mansedumbre, la obediencia, la fe, el aplauso a los jerarcas, el homosexualismo y la religiosidad climática.
Nací perfecto (bueno, un rabo más largo no estaría de más; pero estoy muy contento con lo juguetón que es, definitivamente no lo reinventaré), nunca he tenido esas inquietudes de reinvención, solo amplío y mejoro lo que soy. Cuanto más lejos esté del prototipo de ciudadano o votante mediocre, más orgulloso estoy.
Las cosas empeoran por momentos en esta sociedad nazi del miedo y la obediencia suprema, del aplauso y la reinvención y los transformers. A cada instante surgen más “reinventados” que arden en deseos de meterse la copa menstrual de silicona por el agujero que tengan más a mano. Les dice el estado que así ganarán más dinero, escalarán a puestos importantes en esta sociedad piojosa o incluso, al morir, les meterán en la boca una placa conmemorativa por lo buenos cabestros que fueron. Gratificaciones en una sociedad ganadera sin concepto alguno de la dignidad.
Las “reinvenciones” que ha cometido el gobierno nazi penitenciario español homosexual sanitario climático, no son tal, solo son degeneraciones y corrupciones de la ética, la libertad y el conocimiento.
La perversión o degeneración nunca ha sido reinvención. Y en el caso más amable, reinvención es plagio.
Podría ser que quisieran decir otra cosa por reinventarse, en tal caso harían bien en volver a la escuela (no a una pública) y aprender cosas útiles como usar las palabras, el idioma.
Es curioso que entre la palabra “idioma” e “idiota”, haya una sola letra de diferencia.
Son muy cansinos con la reinvención.
Ocurre que en una sociedad decadente, el esfuerzo para adquirir conocimientos y no dejarse avasallar por el oscurantismo del poder, es agotador para los acomodados que se permiten dejar su subsistencia en manos de los amos sin rechistar.
Es lógico que el rito sexual haya evolucionado masivamente al homosexualismo: es más fácil tener sexo cuando las hormonas hacen hervir la sangre con el amigo, que empezar un cortejo con el sexo contrario del que puedes salir rechazado; y la narcosis ayuda a meter cosas extrañas en el cuerpo, es otra religiosidad de los nuevos fascismos.
Es importante no ser un Juan Salvador Gaviota, sino todo lo contrario; debes reinventarte en una oveja que no tiene por qué hacer otra cosa que comer hierba, una bestia sin necesidades intelectuales que salte la valla cuando alguien tenga insomnio.
Los animales que nacen en cautividad viven indignamente y al final, mueren igual. Si al menos no reconoces que naciste y vives en cautividad en una sucia granja humana, morirás con esa ignorancia infantil, tristemente tras haber vivido tantos años.
Esta es la humanidad al filo de la extinción. Los monos poderosos carecen de la suficiente inteligencia para sobrevivir sin dinero, y morirán al mismo tiempo que sus esclavos cuando la civilización se derrumbe.
Las muertes serán tantas que la gente morirá por contagio. Ver tanta muerte los convencerá de que están muertos y sus corazones cesarán su trabajo. Se reinventarán en cadáveres.
Y los carroñeros durante los primeros meses de la reinvención en cadáveres, triplicarán su población. Un final ecológico.

Iconoclasta
