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Es un día de sol otoñal, de los que hacen sudar al caminar largo rato y al detenerse, la piel se enfría más rápidamente de lo que se consume el hálito del moribundo atiborrado de morfina.
Si te detienes estás muerto, desconfía de dios si existiera.
Pienso en las infecciones pulmonares y la penicilina.
Y extrañamente, en el soleado camino, se encuentra orando al sol una mantis en lugar de estar fundida con la hierba.
Cuando me he acercado a fotografiarla no se ha movido de su lugar, simplemente ha girado su predadora e impía cabeza y me ha observado con su mirada gélida a pesar del sol que la baña.
¡Qué valiente!
Me emociona ese ingenuo coraje de los animales pequeños. No temen, no huyen y protegen su tiempo y lugar que ocupan.
–No eres más que yo –dice con su mirada mecánica y las mandíbulas mordiendo las palabras apenas han salido.
Lo mata todo… Qué envidia.
Y no lo soy, no soy más que nadie. No necesito que una mocosa mantis me lo diga. Sólo nos parecemos en el verde de los ojos, si se le puede llamar “parecido” a su verde intenso y vital contra mi verde irritado por el sudor, el acumulado exceso de luz y desgastado por un hartazgo vital.
Todas sus patas son perfectas, yo tengo sólo 1,2.
Ella es perfecta, eficaz, una cazadora nata. Yo un cerdo que se alimenta plácida y cómodamente.
Ella es estilizada, la cima de una evolución perfecta. Yo un gorila a medio hacer, torpe y asqueado de mi especie.
– ¿Por qué estás en el camino y no oculta en la fronda?
–Porque soy alérgica al diente de león y hay mucho por aquí.
– ¿Cómo va la caza?
–No tengo hambre, sólo quiero secar la humedad de mi coraza.
–Como se dice que eres tan voraz…
–Yo no viviré tanto como tú, me he de apresurar en cazar y matar cuanto pueda, no es una cuestión de hambre, si no de trabajo. Disciplina, disciplina… –divaga ella olvidando mi presencia.
–Pues ahora mismo estás muy tranquila, relajada.
–Estoy pensando en cómo sería devorarte, no seas frívolo.
–Te podría haber pisado.
–Claro… Lo que no ocurre, no importa. No soy humana y mi tiempo es breve.
Ninguna parte de su cuerpo se ha movido en todo este tiempo, y su mirada ha adquirido la frialdad de la luna muerta. Parece haber eclipsado el sol. Tan pequeña…
Pienso que está neurótica, nada es perfecto.
Le digo adiós, como se saludan los caminantes en alta voz, sin que sea necesario, antes de alejarme cojeando de su camino. Me responde con un adiós rascado, triturado.
Las comparaciones entre ella y yo no son odiosas, son tristes. Aunque muerdo con fuerza el cigarro por una rabia que arde en mi cerebro, la tristeza me arrastra siempre a la ira, tal vez por hacerme sentir avergonzado.
No puedo entender cómo, en algún momento, mis padres llegaron a sentirse orgullosos de su hijo. Madre me quería tanto que me hace sentir ser un fraude, aún que está muerta. Incluso en la adultez vi en sus ojos el brillo del cariño. A veces pillaba a mi padre mirándome con orgullo. Agradezco a sus amados cadáveres aquellos halagos.
No sé… Los padres se equivocan tanto como los hijos, incluso más porque abusan de su tamaño y fuerza.
La mantis mira al sol pensando en cómo devorarlo. Sus espinosas garras se agitan en un tic constante intentando desplegarse y cazar.
Y agradezco al día el encuentro con la señorita mantis, agradeciendo también no ser el señor mantis atraído por esos ojazos suyos.
Aunque morir no es bueno ni malo, simplemente sucede.
Así que le deseo sin dramatismo o teatralidad alguna, larga vida (más que la mía) a miss mantis, ella sabe disfrutar del planeta con su orgullosa mirada y estilizada perfección letal.
Dios es un mierda, es imposible que la creara.

Foto de Iconoclasta.

Hay una serie de adeptos que forman las mayorías sociales votantes de las actuales falsas democracias convertidas en repúblicas nazis con el coronavirus y sus respectivos Führers.
Los adeptos se hacen llamar a sí mismos ciudadanos integrados, responsables y de rancia tolerancia ejemplar.
Hablan bajito para no provocar contaminación acústica sonora o como ellos piensan: para demostrar una exquisita cultura del civismo democrático sectario.
Semejantes cabestros tienen un pavor absoluto de te cagas moragas, a afirmar algo o dar su opinión y que ésta, pueda diferir del resto del rebaño de mansurrones al que pertenecen. Son ya todo un clásico los líderes nazis políticos que hablan en un susurro, como auténticos beatos para dar paz espiritual a sus esclavos. E incluso, como el inolvidable embajador de narco dictadores hispanoamericanos, el españolo Zapatero; se dirigen a su feligreses silabeando, como un profesora enseñando a leer a sus escolares de cinco años.
Así, estos adeptos, en el absurdo caso de que se atrevieran a opinar; lo harán disculpándose por mostrar un asomo de determinación que podría pecar de poca tolerancia o una inexistente cultura progre democrática (en su imaginario sectario creen fervientemente vivir en una democracia tan real como su ambiguo sexual Führer): “Pues yo creo…”, “A mi forma personal de ver”, “¡Ey! esto es sólo mi opinión”, “Respetando las demás opiniones, pienso…”, “No es por contradecir”. Y luego, los más peliculeros y con la mente más castrada en la obediencia, también comenzarán su exposición con “Con el debido respeto a todas las opiniones”.
Han asumido la cobardía, la pusilanimidad y la indecisión como grandes virtudes cívicas. Tales como colocarse el bozal, vacunarse en fila india, quedarse en casa haciendo dibujitos infantiles para conjurar su terror, inducido por el líder de su secta y perder los nervios para ir a votar cuando su Führer así lo decreta en sus miserables voluntades y beatas vidas.
¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Tí!🥰😊😷💉😰🥶🏳️‍🌈
¡Jajajajajajajajajajajajajajajaja!

Si la humanidad fuera un organismo, un cuerpo; yo estoy alojado en su ponzoñoso corazón.
Un corazón que hace lo que debe; pero es infeliz y bombea la sangre enfadado, con presión excesiva por ser envidioso e ignorante. Y hace la sangre espesa como el engrudo.
Yo soy su infarto, el infarto de toda la humanidad; a la espera de hacer mi trabajo con rápida y entusiasta diligencia.

Pensó demasiado tiempo en el enigma del amor, sus consecuencias e imposibilidades.
Un día prestó atención al espejo y se vio viejo y débil. Humillado con un pañal.
Todo aquel desgaste para al final morir y dejar de importar…
Abrió el mando del gas de la cocina y aceleró el proceso de la agonía.
Pasados unos segundos nadie sabía que un día existió.
Yo lo sé porque soy Dios.
Y como él millones; pero muy pocos encuentran la solución al enigma, el suicidio, y mueren rabiando como ratas con el espinazo partido en una sucia calle.
Se siguen meando encima durante años y años, gastando indignamente sus ahorros en pañales.
No los creé a mi imagen y semejanza, el meteorito que mató a los dinosaurios provocó una nube radiactiva, mutó una manada de titís y el resultado fue la pérdida del pelo y un tumor en el cerebro con el que nace todo ejemplar de la raza humana. Con el tiempo algún figura afirmó que los animales humanos tienen el cerebro más desarrollado de todas las especies.
Y como no había gas, también murió babeando, como la gran mayoría votante.
Son como aquellos monos de mar que se vendían por correo en los setenta, simples amebas.
Han pasado tan solo mil millones de año y ya me aburro.

Si acudes a un puesto ambulante de mercado, por ejemplo a comprar queso, y vas acompañado de tu hijo (o un amigo sin interés sexual alguno por tu culo), el quesero simpaticote y cordial os saludará efusivamente:
¡Hola guapos!
Da por supuesto que sois una pareja de maricas.
A mí me importa una mierda lo que piense y tampoco lo voy a desengañar. Y menos tan cruelmente ante la alegría con la que nos saluda, no quisiera que se pusiera a llorar por una tontería.
Sin embargo, es muy llamativo que un padre y un hijo o dos amigos, sean ya por norma un par de maricas (o transexuales) en la conciencia infantil, cortita y accesible de la chusma, en ese pensamiento tan sectario y limitado del cabestro tipo de esta sociedad homosexual.
Por lo tanto, si una mujer compra sola, se la supone tortillera.
Si un hombre compra solo, es maricón.
Si compra una pareja de mujeres, o son tortilleras o transexuales.
Y si compra un menor de edad, el quesero sarasa se verá en un aprieto para no parecer pederasta o poco sensible a la sexualidad indefinida (porque por mucho que parezca hembra o macho, nunca se sabe) del joven cabestro que le pide los doscientos gramos de tierno cortado fino.
Tiene la chusma votante tal conciencia de homosexualidad, que no cabe otra opción más que ser maricón, tortillera o transexual. No existe ninguna otra relación social desde que definitivamente se implantó la dictadura nazi homosexual carcelaria española, mediante la infección por coronavirus o covid 19.
Han asimilado del catecismo nazi homosexual que entre dos hombres, dos mujeres o padres e hijos adultos, amistad es darse por culo o meterse cosas.
Sí, definitivamente en esta sociedad nazi homosexual, no está bien visto ser biológica y sexualmente sano o heterosexual, es una falta de educación imperdonable.
Cuando nos vendió el queso a precio de diamante puro, sí que comentamos lo muy pintoresco y frívolo que era el cordial y julandrón quesero; a pesar de la desinhibida estocada en el precio de las cuñas de queso.
Luego, caminando entre los diversos puestos no dejamos de oír el “holaguapos” como si fuera una canción de Rosalía por lo repetido. Y definitivamente nos sentimos transportados a Mariconiland City, ciudad feliz y julandrona donde las haya.
Hay que nacer para ello, a mí no me sale saludar a un par de tíos con un “holaguapos”. Me sentiría incómodo, me picarían las palmas de las manos nerviosamente.
No consigo sentirme maricón por muchos dogmas que me venda el Estado Fascista Maricón Carcelero Clima-sanitario Español.
Soy así de hermético. Llamadme puerco si queréis, que me suda la polla.

Para no herir sensibilidades racistas o nacionalistas, por raza española léase también raza ibérica, en referencia a la península geográfica como hábitat o ecosistema.
Con solo leer un par de comentarios en las redes “suciales” sobre los políticos amados y odiados de cada cual (tras los dos primeros te aburres), basta para atisbar el nivel de vacío cerebral y la dependencia de los cabestros hacia sus amos. La España de hoy es la misma que describe Miguel Delibes en Los santos inocentes, a excepción de que los “santos inocentes” de la novela no usaban teléfono móvil.
En todo el mundo es más o menos es igual; pero yo tuve la mala suerte de nacer en España donde estas cosas son mucho más acentuadas.
La chusma vive volcada a sus líderes fascistas de izquierdas, derechas y a los nacionalistas o racistas. Porque de eso se trata, de elegir tu facha preferido.
En las pasadas elecciones de julio del 2023, se ha podido ver a cabestros tremendamente estresados porque su Caudillo en funciones les ha ordenado votar, tanto que han perdido su propio tiempo, humor y dinero, incluso en votar por correo.
En un momento de inocencia pueril, pensé que harían como yo: “Va a ir a votar la puta de tu madre”; pero no. Se puede decir que votaron todos los españoles y muchos más, porque el Caudillo logrará sacar votos del PSOE ocultos, ya que ha caído oportunamente en la cuenta de que a los presidentes de las mesas electorales y a los carteros se les pasó por alto contabilizar “sus” votos.
Se pelea la chusma en las redes “suciales” por sus fascistas preferidos (aquellos que con más gracia y paternalismo los confina y prohíbe respirar), chupándole la polla a su líder y denigrando al amo del otro; pero ambos adoran y esperan tener un amo que los humille, “confine” y arruine.
La política se desarrolla en función de la ambición y la codicia del político, es básico saber de esta constante universal para reconocer que el andoba que más amas y deseas te asfixiará; su función es robar tu tiempo y los beneficios de tu esclavitud para engordar su cuenta bancaria. Para ello, te meterá sus genitales en la boca y el culo si pudiera.
El arribismo del actual Caudillo (ahora en funciones) Español Nazi Penitenciario Homosexual Clima-sanitario, es un ejemplo de esencia política española llevada al extremo de la ambición y la codicia. Y en ese extremo, la mitad de las reses españolas o ibéricas jalea con devoción a su Caudillo y la otra media, quiere otro Caudillo igual de “confinador”; pero con otra forma, otra cara y gafas en lugar de guayabera, el típico atavío de los dictadores hispanoamericanos.
La ciudadanía española o ibérica no quiere libertad, quiere que le dé por culo, arruine, “confine” y humille el tiparraco fascista y delincuente favorito de su colección de cromos. La española es una raza especialmente buena para soportar largas dictaduras y ostentar marcas de longevidad nazi imbatibles en la historia. Ella misma se autoafirma en su imbecilidad, no es nada raro aún hoy en día, que exprese su simpleza con: “¿Para qué quiero yo libertad? Lo importante es que no falte un plato en la mesa”. Es el pensamiento español vacuno y ovino por excelencia desde tiempos inmemoriales. Mientras puedan comer paja, todo lo demás es secundario, sobre todo la cultura y el conocimiento.
Respecto a la libertad, tienen razón, no sabrían que hacer con ella. La libertad es la del pensamiento propio y está desligada de todo líder y sus ideologías. Un concepto para el que la raza española o ibérica no tiene suficientes aptitudes intelectuales para comprender; por ello es tan fácilmente “confinable” por cualquier gitano que les regale cuentas o abalorios dorados.
La raza española o ibérica es ideal para las dictaduras si no hay dos hijoputas peleándose por el poder; el pueblo llano sólo quiere verse libre de esa molesta libertad de elegir entre un nazi u otro. Con uno solo, ya sin dolores de cabeza, se mete en la boca la polla de Franco (por generalizar) y a mamar como angelicales bebés de cerebro en blanco durante medio siglo o lo que haga falta.
El único que los sodomiza, se lleva la admiración, festejos y aplausos y aparece en la televisión todos los días, o en el viejo NO-DO de los cines de Franco.
España es un pueblo de millones de cabras fácilmente “confinables” y un único cabrero. Dos cabreros irritan tanto a las bestias que se olvidan, incluso, de dar leche. El estrés las lleva a confundir los agujeros y se la meten o las meten en sitios por los que únicamente (salvo perversiones) son solo de salida (¡Para cagar, lelos!).
Y así podría seguir rajando sin parar de las virtudes de la raza humana española o ibérica; pero tengo que ir a fumar y no me gusta teclear con el humo empañando mis precisos y preciosos ojos verdes.

No quiero ver la lluvia tras la ventana, soy parte del paisaje.
Un accidente más.
Mejor fuera que dentro.
(No aplicable a su coño)
Fuera también puedo alardear de melancolía observando a las nubes devorar las lejanas cimas. Y cuando el cielo se despeje ¿seguirán allí? Temo con cierta tristeza pueril.
El toro se ha acercado a la alambrada y muge: quiere estar tras la ventana.
Lo entiendo, el agua me corre por la espalda.
No todas las bestias compartimos los mismos gustos.
Me da paz que no estemos condenadas a tener un único y mierdoso pensamiento global.
Ha descendido asaz la temperatura, me emociona sosegadamente, sin dramas. Es un saludo lejano del otoño, somos viejos conocidos y me pregunta con guasa:
– ¿Estarás por aquí dentro de un mes?
–No seas astuto –le respondo–. Morir no es banal, solo habitual.
Escucho el rumor de un trueno lejano, no me ha oído.
Observo las gotas bombardear los charcos y pienso en las bombas e Hiroshima.
Una idea no del todo incruenta.
Supongo que el temporal crea interferencias y no puedo imaginar qué hace ella en este instante.
Más que solo, estoy aislado.
Otra vez…
Bueno, soy un elefante viejo en el oficio que con la trompa se tapa el orificio.
Es lo único que puedo hacer, errar con una serena desesperanza.
Así que aprovechando que tengo los pies mojados y el alma gélida, me detengo en un charco a fumar. No me puedo mojar más, no son necesarios los remilgos.
Soy un paisaje desde lejos, desde el interior de las ventanas. Un tronco melancólico de ramas quedas.
La melancolía que otros miran tras el vidrio perlado de gotas.
Es una cuestión de elección.
La libertad tiene estas cosas.
El ala del sombrero gotea, observo con innecesaria y pedante poética; reflexionando en lo rápido que se consume el cigarrillo a pesar del agua.
¿Por qué insiste la chusma en que deje de fumar? A mí me importa una mierda si viven o mueren.
La banalidad es también una compañera guasona con sus sorprendentes sinsentidos.

Foto de Iconoclasta.

Una vez hayas descubierto tu vida antes de conocer el amor; porque el amor quieras que no, te da cierta perspectiva de tu vida anterior de la que carecías. Y si tenías alguna, estaba equivocada.
Pues eso, cuando sepas como eras antes de conocer el amor, echarás de menos aquella inocencia de sentirte felizmente ignorado. Y no habrá vuelta atrás, el oráculo habrá profetizado y mejor no pienses demasiado en los tiempos felices.
Os pasa a casi todos.

Alguien divagó que bien podría (la humanidad) ser el sueño de un gigante.
Está bien, es original; pero prefiero ser más preciso, ya puestos a rajar tonterías.
En esta vida de mierda, mi lugar y tiempo; llena de prejuicios, censuras, prohibiciones, y admiración por el trabajo adocenado o en equipo; yo soy el sueño de un loco, de un tipo que tiene el cerebro enfermo, podrido. Y se pasa el día en su celda dando cabezazos contra la bisagra de la puerta que es lo único que no está acolchado.
O tal vez sea un retrasado mental al que se le cae la baba haciendo rayas con una tiza en el suelo.
Incluso, también un gigante; pero además, con mongolismo.
Conviene proponer varias opciones por si un ignorante copia y pega alguna ocurrencia freudiana o jungiana.
Sólo algo así explicaría esta mierda de vida cuyo caudal ya me ensucia los cojones.
Un tarado soñando…