Archivos de la categoría ‘Maldito romanticismo’

No soy un correcto y medido amante de esta época de maricones con voz meliflua respetando libertades. No contigo.
Eres mía.
Tu libertad no me interesa. Todo lo contrario, quisiera tenerte esposada a mí.
Es que quiero poseerte (lo deseo secretamente, sueño…), que seas mía a cada instante; como se expresaban aquellos románticos trágicos que escribían de vampiros y monstruos entre láudano, alcohol y opio.
No me enseñó nadie a desearte así de impune e impíamente, no copio; es innato en mí. Con el tiempo supe que no estaba en el tiempo correcto.
Existe este deseo de encadenarte porque existes.
Eres la causa de que exhiba abiertamente mi incorrección.
No te amo para que seas libre y lejos de mí.
El amor es posesivo, follarte es agresivo; entrar en ti sin cuidado, desesperado, desatado.
Lo paradójico, mi amor, es que amar esclaviza.
Y no quiero morir como el soldadito de plomo.
Ergo soy tu esclavo, el que sueña en la oscuridad de un rincón secreto poseerte incivilizadamente, con el semen que se derrama gélidamente solitario por mis testículos.
Tú eres diosa y ama, y soy feliz (no tengo opción) ardiendo en tu infierno, el que creaste para mí con esa pagana vanidad de je ne sais pas.

Iconoclasta

Cuando veo cielos tan enormes siento un deseo suicida de hacerme un punto, desaparecer en el horizonte, aunque fuera para siempre.
Tal vez por eso soy un tullido, para que el dolor me frene, me detenga. El cuerpo se protegió de mi mente en algún momento, cuando supo que no habría final feliz.
Es tan grande el mundo y mi pierna tan mierda…
Es tan bello el cielo y mi pierna tan negra…

El pacifismo es una filosofía y práctica derivada de la ganadería, adaptada meliflua y bucólicamente (sin mencionar los mataderos) al ganado humano.

Un lugar distinto, un firmamento extraño. Una luz suave, una tierra púrpura y la serenidad de los caballos.

Si yo hubiera nacido antes que Dios, hubiera creado un mundo más bello.

Estoy aparentemente relajado; pero no dejo de pensarte.
No amarte sería la solución a esta paranoia.
Pero… ¿Cómo lo hago?
¡Dime! ¿Cómo lo hago para no amarte?
¿Cómo cojones puedo dejar de pensar en ti, cielo?
Por favor…

Iconoclasta


Fotos de Iconoclasta.

El invierno es ya un viejo que se apaga en una vertiginosa agonía. Muere cada día unos minutos, los que la luz le roba de vida para calentar más la tierra y las cosas que contiene.
Otro invierno que muere y otra primavera que está ya inquieta en el útero planetario para ser parida y ocupar así el lugar de su hermana muerta el año pasado.
Es menos triste y dramática la historia de los equinoccios, sus razonamientos, cálculos y efectos; pero infinitamente más aburrida.
Y con toda su ciencia se equivocan. El invierno muere mucho antes de lo que calculan. Lo noto en los árboles y sus ramas que se estiran y arrancan ávidas ya el calor al aire para recuperar sus hojas queridas. Lo noto en el hielo del camino que ha perdido su dureza y apenas cruje, pareciera que al pisarlo llora quedamente. En las voces del bosque.
Lo noto en mi sudor que había olvidado estos meses fríos. Y el hueso duele menos…
El invierno no espera un equinoccio, muere cuando debe, cuando está agotado. Tal vez en su agonía aún pueda dar un frío zarpazo; pero está acabado.
El invierno ya alimenta a los buitres.
Y así, palabra a palabra he empezado a cavar su fosa. Alguien tiene hacer los honores. Tal vez, por eso estoy aquí: como sepulturero de las estaciones.
Porque si no ¿qué hago?
Hay una belleza de infinita melancolía en la muerte de las estaciones.
Dan ganas de morir con ellas.
La belleza con tristeza se paga… Son cosas que aprendes con un dulce dolor.
No tardaré mucho en cavar dos tumbas, no soy tonto ni ingenuo.
Y si ves las barbas de tu vecino pelar…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

No soporto a ningún político sea de la secta que sea, aunque al final todos son fariseos.
No importa si están libres, encarcelados, torturados o ejecutados. Los odio de una forma vehemente, con saña.
En este momento no podría mencionar un político muerto; me es indiferente la muerte de cualquier individuo de esta especie. Sinceramente, cuando uno muere si me lleva a algo es al optimismo: uno menos.
No me voy a arrodillar para hacerle una mamada al hijoputa que me ha jodido toda la vida, al que me ha querido hundir aún más cuando he estado mal y al que piensa dañarme y robarme próximamente.
Mira, el mejor político es el muerto, porque se escriben numerosas hagiografías de él (mentiras glorificantes, literatura para subnormales) y así pasa a ser una especie de santo o mártir en el imaginario de la chusma.
Un político que sufre o muere, jamás compensará el daño y el robo cometidos desde que nací (porque me importa el rabo de la vaca lo que ocurrió antes de mi existencia).
Han intentado acabar conmigo desde que nací (políticos y sus instrumentos de poder): exijo que mueran a cientos, incluso su descendencia.
El político va contra mi libertad, mi trabajo e insulta de una forma continua mi inteligencia: que muera será motivo para que yo pueda aspirar una bocanada de aire más sano.
Pero la verdad es que cuando uno muere, me importa tan poco que ni siquiera me acuerdo de sonreír.
La peña que se manifiesta por ellos y los aprecia, padece de ese taedium vitae tan propio de los indolentes de la clase alta de la Roma clásica. El rebaño bosteza y se asusta al ritmo de sus amos, los políticos.
El político se merece la muerte como pago al mal que me ha hecho, la libertad robada y la humillación de haber nacido en el repugnante momento y lugar que han creado y perpetúan.
Si Kennedy (el que se follaba a la Marilyn Monroe) hubiera sido asesinado en este tiempo, con toda la mediática comunicación y redes sociales que hoy existen, hubiera escrito: “Joder… ¿Por qué coño no mataron antes de nacer al putañero? Me duele la cabeza, callad ya hijos de puta”.
¿Políticos muertos? Sí gracias.
Es un sueño (no puede hacer daño) y un buen, justo y honrado lema.
Los hay que aman y los hay como yo: odiadores profesionales.
¿Verdad que es hermosa esta diversidad social de mierda?
Si yo tengo que tragar, que traguen otros también. La democracia es muy puta.
Mierda para dios y para ellos (políticos).

Iconoclasta

Es un privilegio caminar bajo la luna, a veces a su lado.
Sin apenas darme cuenta, la magia, la dulce magia lunar da tregua a mi ánimo.
Como si vertiera en mi rostro una poción de paz.

A veces ocurren cosas raras en mi vida que me llevan de una banalidad como pedalear, a repentinamente vivir una experiencia mística. Casi como una epifanía.
Iba yo soltando babas por el esfuerzo, subiendo con la bici la montaña. Bien, pues al pasar bruscamente por encima de una raíz, he perdido los pedales de los pies por el salto y uno me ha golpeado sin piedad ni miramientos la tibia izquierda. El dolor ha sido sublime, me ha elevado a una dimensión superior por encima de todos los seres del planeta. Y he podido ver las estrellas. Entre ellas, muy sonrientes los subnormales, se encontraba el Gran Manitú, Orus, Zeus, Júpiter, Jesucristo y su madre borracha, Yahvé, Buda y un lama flotando con las patas cruzadas, Shiva, Alá de la mano de Mahoma y la Venus del Coño.
Ha sido un instante mágico a pesar del puto dolor que me mataba.
Les he saludado y les he aconsejado que fueran a dar un paseo por el bosque con sus putas madres, follárselas y coger una buena enfermedad venérea mientras yo sigo rabiando. Hijo putas…
Luego, me he encendido un cigarro, han desaparecido las estrellas y los cochinos dioses. Solo ha quedado la sangre en la piel de la tibia y mis sienes latiendo furiosas.
Un pájaro carpintero ha hecho el ruido que debía y una ardilla tonta, casi se cae de una rama.
Y todo estaba bien de nuevo.
Me monto unas fiestas yo solito…
Si me emborrachara o narcotizara, no tendría tan buenos viajes.
Y la suerte de tener intimidad en estos grandes momentos de misticismo…
Precioso todo.
Mierda.

Cuando la noche se cierra siento que estoy a salvo de la luz. Y es cuando ella asoma rotunda con sus potentes palabras, su boca diosa y su rostro deseado entre la penumbra; como una poderosa luna que transforma toda la mediocridad que hay en la luz en el misterio trascendental del amor.
Ella me da existencia. Ella conmueve mis fríos cimientos clavados en la tierra donde yacen los muertos.
Es razonable no querer que amanezca. Es razonable pensar que tal vez la muerte sea una noche eterna con ella.
Es razonable la locura…