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Para que el 2022 sea un gran año (al igual que no ocurrió en el 2020 y 2021) sería necesario que murieran todos los políticos españoles que han pedido con gritos desaforados y puñetazos en sus púlpitos de cortes y parlamentos, la prisión, acoso, ruina y asfixia para todos los españoles; a los que han considerado delincuentes de poderse infectar de coronavirus. Ni uno solo de los políticos hijos de puta españoles ha levantado una ceja preguntándose lo muy nazistas que son.
En los casi dos años que han pasado desde que el fascismo español dio un golpe de estado a la “democracia” no ha muerto ni uno de estos hijos de puta.
Para cagarse en dios…
Y nada me hace pensar que el 2022 pueda ser mejor y que mueran.
Ojalá fuera así, que mueran por sus crímenes a mi libertad, soy pesimista por sistema; pero nunca derrotista. Mantendré una contenida esperanza.
El político fascista hijoputa, en resumidas cuentas, tiene la longevidad de las putas tortugas; pero sin intelecto alguno.
Cada uva que me tragué (después de quitarle la piel y las semillas, yo no como desperdicios como los cerdos de los políticos europeos y españoles) era el deseo de que murieran mil politicastros, jerarcas o burócratas. Ahora espero una señal de la diosa fortuna y que doce mil cerdos sean incinerados en lo que queda de año.
Si fueran más (nunca son suficientes muertos), tomaré seis uvas más para aprovechar mi buena racha de suerte.
A ver si hay generosidad en el universo y para el año que viene, han muerto todos.
No soy un ingenuo, pero como no tengo otra cosa que hacer, deseo y sueño cosas buenas y gratificantes.
Para mí y la humanidad, aunque la humanidad mimportaunamierda.

Es sorprendente su ímpetu y entusiasmo al recibir el nuevo día hablando, cantando, riendo…
Amanece cuando ella abre los ojos, aunque el sol lleve horas calcinando las pieles.
Amanece cuando inunda con su voz mi mundo, que está en ella.
Literalmente, cuando ella amanece se rasgan mis tinieblas.
Y el sol siente que no ha hecho bien su trabajo.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Soy el verso inverso
que rima lo que no sintió
y esconde lo que no fue.
Soy un verso inmerso
en un frustrado universo
el eructo de un festín inapetente.

Se puede escribir del orgullo de ser,
la vanidad de lo logrado.
Del sudor bien empleado.
Del tiempo acelerado.
O se puede esconder lo que hice,
lo que no supe, lo que no pude.

O se puede no escribir y dejar que la presión provoque un aneurisma cerebral y morir.
No soy orgulloso, soy un fracasado y si no escribo, no existo.
Seguiré escondiendo mi fracaso con cierta malicia, porque de morir no me libro.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

No me luzco meramente por el hecho de ser hermoso. Lo realmente extraordinario o prodigioso es que es uno de esos raros momentos en los que no me encuentro asilvestrado.
Mi peluquero ha exclamado asustado “vade retro Satanás” cuando he aparecido ante él para que hiciera lo que pudiera conmigo.
Ha jadeado, ha blasfemado, incluso ha escupido con desdén (yo miraba muy cínico mis uñas con atención). Y al final el artista, ha conseguido que tuviera una apariencia humana.
Así que me muestro como muy pocas veces soy, y sin que sirva de precedente.
No es que sea un dejado, es que la cuestión de cabello y afeitado, son cosas secundarias; nací para marcar territorio constantemente, meando de puntillas (he de mear alto para que se den cuenta todos los animalitos del bosque de quién manda y mi majestuosidad) en todos los árboles que veo.
De vez en cuando escribo algún vómito que me viene a la cabeza y el resto del día, si no fumo, duermo. Bueno, también hago cosas más cremosas y lácteas, que no soy un beato y mucho menos San Francisco de Asís enamorado de una oveja.
Corto y cierro.
¡Bye!

Juro que no estoy triste, es un poco de hastío lo que comba mis labios con las comisuras hacia abajo. Un rictus que me hace interesante, atormentado y bohemio.
La tristeza es una patada en el estómago sin un solo ápice de gracia. No es este el caso, porque soy gracioso; quiero decir que no soy un payaso, sino que aún tengo humor.
¡Bah! A ver, que levante el dedo quien no ha recibido una puñalada en el corazón y ha salido al exterior con una sonrisa ensangrentada.
No os riais, que sé que os mueve esa especie de alegría moderada de ver que otro las está pasando canutas; sé que no es burla, es reconocimiento.
Yo he sonreído alguna vez así ante un amigo, con un amigo.
Bueno, no es para tanto, ocurre que cuando se escribe, las emociones parecen tener su escape por los dedos y todas las palabras se pringan de ellas. Como tener los dedos manchados de tinta y pretender no dejar huellas. No puedes ir con guantes de látex siempre, sería exagerado ese celo por no manchar y ser aséptico. Los asépticos sólo funcionan en hospitales y funerarias.
Soy un palurdo escritor de metáfora fácil, me gustaría tener cerebro y ser elegante; llegar de nuevo a su corazón con la fuerza de los grandes genios de la literatura. Ojalá que sienta que lo que escribo es ella y por ella.
Seguro que se ha curado en su partida, nadie se va sin saber lo que ocurre. No sería justo pensar que es sólo una especie de sueño, la muerte es trágica porque acaba con lo más preciado. Si le quitamos todo ese drama a la muerte, nos queda una vida sin importancia.
No me jodáis con valentías de las vuestras. Si tuviera que morir ahora mismo para ser un gran autor capaz de hacerla sentir orgullosa de haberme amado, invocaría a ese dios cobarde e idiota en el que algunos creen para que me parta con un rayo. Que me fulmine como al Coyote que persigue eternamente al Correcaminos.
A dios le queda poco tiempo para acabar conmigo.
Porque morir así, con los dedos manchados de nicotina, sangre y mierda; es humillante. No acierto ni a limpiarme bien el culo.
Es importante ser gracioso, muy gracioso; remover el intelecto forzando sinapsis que destellen en rojos, verdes y azules, ser explosivo e impredecible.
Su ojos eran tan verdes, que pensaba al besárselos que eran esperanza pura; teniendo sus ojos tatuados en mi cerebro sería imposible sentirse como me siento ahora. Abandonado.
Reconozco que me siento un poco deprimido, es lógica esa sensación de pérdida que duele como si te creciera un bulto en las entrañas. Uno piensa que tiene cáncer además. Y claro, te meten en el escáner y descubren que no es nada, que sólo es que ella ha muerto y el organismo, ante el trauma, se rebela.
— Yo quiero tener un cáncer del tamaño de un pomelo en el hígado y encontrarme con ella en el cielo. — le digo al médico rascándome los cojones, dicen que los escáneres provocan esterilidad.
El médico ríe y me dice que si hacen implantes de silicona, bien podrían meterme un pomelo.
— Escritor tenía que ser… — responde dándome una palmada en el hombro.
Ríe porque es buena persona y pretende inyectarme optimismo y amor por la vida. Es médico, ellos adoran salvar vidas, aunque no pudieron salvar la de mi amada. Sé que hay más de un médico triste en algún hospital.
A ver, que levante el dedo quien no sea capaz de reírse con mis ocurrencias. No me podéis negar que lo de limpiarme el culo ha sido un efecto chabacano y directo que ha causado un punto de ruptura en el devenir de una reflexión un tanto dolorosa, en lo que parecía ser un descenso veloz y suicida al más patético ridículo.
No voy a quejarme, yo no me quejo y menos delante de un papel en blanco, los escritores no lloran, crean mundos imaginarios donde el dolor campa a sus anchas y hace héroes de quienes son cobardes. Sólo cuando todo esto de aquí dentro, entre el ombligo y los pectorales se hace viscoso y caliente me agacho y vomito. Las arcadas, además, fuerzan los lacrimales y uno llora sin ser necesario. Sin estar triste.
No puede hacer daño, parece un drenaje linfático visto desde mi ignorancia.
Ahora no voy a buscar en diccionarios o enciclopedias lo que es un drenaje linfático, no es el momento de ser instructivo; en todo caso, destructivo. Y tampoco tengo tiempo.
Que levante el dedo quien no ha sentido la necesidad de que vuelva y nos susurre con un beso en la frente que esto escrito en tinta sepia, es una pesadilla.
No es tristeza, no. Es este dolor, por favor…
No me refiero al dolor del tajo en el cuello. Si me hubiera cortado las venas de las muñecas, no podría escribir.
Vale, sí que podría (que manía tenéis de contradecirlo todo); pero sería como los pájaros Uyuyuy que tienen los huevos tan gordos que al aterrizar cantan su nombre.
No es elegante escribir quejándose como esas aves de ostentosos cojones. Claro que el chiste no es mío, soy un mierda, no sirvo ni para inventar chistes.
Esta seguridad de que todo parece acabado y que vivir es una estupidez, es el espejismo resultante de un trallazo doloroso, como una patada en los testículos que deforma la cara de tu agresor convirtiéndolo en una especie de macho cabrío al que le venderías tu alma por un encendedor desechable, si eso te ofreciera en esos momentos. Es decir, que ningún hombre tiene tantos huevos y tan gordos como para absorber otra segunda patada.
No sé si me explico. Quiero decir que el espejismo es atrozmente real. Quiero decir que no quiero otra puñalada más.
A ver, que alguien me ayude levantando el dedo y reconociendo que duele tanto no tenerla, que a uno sólo le quedan ganas para tirarse en el suelo y dejar que le caiga encima lo que sea. Y que caiga pronto, por el amor de dios.
Siempre decimos algo de dios cuando sin estar tristes (porque no estoy triste), buceamos en nuestros dolores con gasas y yodo intentando restañar la hemorragia.
Nos hacemos pequeñitos, y nos metemos en nuestro propio sistema vascular buscando la puta vena rota, porque algo se rompe cuando se queda uno solo.
No es lógico que se doblen así las comisuras de los labios sino hay una fuerte fractura o algo ha reventado.
Lo importante es no sentirse triste.
El dolor es heroico, la tristeza humilla la vida. Eso sí, menos mal que los ojos están brillantes y dan un aspecto vivaz. Están brillantes porque había un exceso de sangre y agua en el cuerpo. Será la retención de líquidos del abandono; así que se arregla con un pequeño corte en la yugular.
Más que dolor sientes la molestia de ese ruidito de la sangre saliendo a presión; pero es muchísimo peor, que el exceso de presión acabe reventándome, más que nada porque sería demasiado largo el proceso. Y tengo prisa por sacarme de encima este asunto. Es lógico que cuando uno escribe, se abstraiga y tienda a rascarse el corte distraídamente, siempre hay algo de comezón aunque la herida sea indolora.
La sangre es incómoda cuando coagula, adquiere un tacto resbaladizo para luego encostrarse pegando los dedos entre si. Y vuelta a limpiarse, no voy a ganar para pañuelitos de papel.
A ver, que levante el dedo quien no piense: “pues si tenías retención de líquidos, haberte hecho una paja, animal”.
Es que adoro vuestra fuerza y valentía, vuestra vida forjada en dolores que os ha hecho tan fuertes y a mí me ha hecho puré.
Os adoro porque sois de los que prometéis al herido, sin miedo a la sangre y sin miedo al dolor, que no es nada esa herida, que las tripas se meten dentro, se cose la barriga y en dos días a dar por culo de nuevo.
El ruidito de la sangre ha cesado, quiere decir que poca cosa queda por salir, no soy tan tonto. Pica…
Os he mentido. Estoy triste, estoy tan triste que tengo prisa por morir. Estoy tan triste sin ella, que quisiera olvidar que un día nací, la conocí, la amé y murió sin saber quien era yo. Murió sin querer besarme porque creía ser una niña y yo un hombre mayor y desconocido.
Sé que si naciera, si me reencarnara, nacería como un niño triste, un niño de ojos siempre húmedos y piel blanca. De manos trémulas.
Es imposible que todo este dolor pueda quedar en el limbo y así nacer sin recordar, sin sentirme triturado por dentro.
Es imposible nacer de nuevo sin toda esta pena que me unge las tripas.
Me froto las manos desesperado porque no sé como enjugar esta marea de aceite. Tengo un miedo atroz a que sean mis entrañas licuándose; parece que una bacteria me deshace el interior.
No puedo vivir así ni un segundo más.
A ver, que levante el dedo quien piense que no me voy a encontrar con ella.
No lo levantéis, por lo que más queráis, por favor, sólo necesito que aguantéis vuestra sinceridad unos segundos más.
Gracias.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Su piel se aseda con el tenue frescor de una brisa marina, los pies cubiertos por la blanca arena forman el sagrado pedestal a sus piernas infinitas. En una nalga la arena se aferra y la hace deseable hasta la paranoia.
La mía…
Sus pechos pesan en el sujetador del bikini que apenas los cubre y las ingles lucen poderosamente seductoras limitadas por la braguita.
La luna hace foco en ella y unos rumores de tambores tierra adentro evocan tiempos de magia antigua, como las olas mismas que la llaman, que la anhelan…
Lanza su mirada a la luna y se adivinan milenarias en su belleza, ambas, la diosa y el astro.
Y siento que mi mente me arrastra hacia la deidad, que el pene tira de mí y la piel me arde.
La de mi puto pijo.
Es lo que debo hacer para seguir vivo: desgarrarme y arder.
No hay elección.
El quebranto más bello de la mente.
Correrme en ella, en su arena, en su piel, en su mirada… Que la luna mire excitada, con su color de semen encendido, la violenta y lasciva comunión del mortal y la diosa.
Como un cuento con final feliz… No puede hacer daño.

Iconoclasta

La Nueva Normalidad Nazi del Coronavirus, sus gobiernos Neo Nazistas, con sus decretos han arremetido contra la misma supervivencia humana. Han prohibido la respiración libre con un bozal (vulgarmente mascarilla) para acobardar, humillar, callar y debilitar física y psicológicamente a la población. Han negado durante meses el acceso al sustento vital: movilidad para ir al trabajo y ganar dinero para comer, y cerrado sus puestos de trabajo. Han negado el necesario esparcimiento para cualquier ser humano. Se ha llevado a cabo una extorsión, un chantaje que es pura segregación racial contra personas no vacunadas, se les ha prohibido el derecho al trabajo y por tanto a la vida. Y los medios de comunicación de la Nueva Normalidad Nazi del Coronavirus (sus gobiernos) han emprendido una campaña publicitaria y periodística de signo doctrinal o dogmático, para hacer de los no vacunados enemigos de la humanidad; durante meses todos los días, han hecho de los no vacunados criminales y de los vacunados santos y beatos. Ha sido la maniobra más indigna, sucia e imbécil (por tosca y evidente) desde que Hitler hizo de los judíos una especie a la que exterminar por ser auténticos diablos.
En todo el mundo, especialmente en Europa y países cuyos gobiernos han asesinado la democracia para implantar un Neo Nazismo como España, Francia, Italia, Austria, Bélgica, Grecia, etc…; han prohibido y atacado a la mismísima supervivencia, la biología humana.
Y un ataque tan grave que afecta a la propia vida y salud no puede ni debe frenarse con palabras o protestas pacíficas, es necesaria la violencia para rescatar las mínimas libertades biológicas y salvar así la propia vida.
Es más digno morir luchando contra el enemigo que te mata despiadadamente, que de hambre.

Y ahora que se ha demostrado que encarcelar, acosar, segregar, asfixiar, humillar y debilitar a la población con bozales (mascarillas) a cielo abierto; y arruinar a la población no sirve para detener una epidemia, como ha hecho España copiando a China. ¿Qué le sigue?
¿Campos de concentración? ¿Cartillas de racionamiento para los elegidos por el poder?
¿Ejecuciones policiales y militares in situ?
¿Más cárcel y más censura de los medios informativos? ¿Más catequesis del Neonazismo del Coronavirus, obediencia y fe al tirano? ¿Aniquilar absolutamente el trabajo de los jueces para que los políticos fascistas españoles, que como narcotraficantes, dicten sus decretos contra las mínimas necesidades biológicas de la población sin necesidad de avales judiciales que son papel de limpiarse el culo?
El Neonazismo en España ha triunfado ante una población volcada hacia sus dictadores. España no es solo religiosa, tiene un fanatismo filipino hacia sus dictadores. Es pura genética, como la italiana.
España junto con otros muchos países europeos y del planeta es un cadáver de democracia, se ha constituido en una auténtica dictadura, tan tóxica como la franquista.
Es una democracia cadáver, gobernada por un Caudillo que delega en los poderosos Caciques Autonómicos que gobernando como narcotraficantes con absoluta frivolidad, encarcelan, segregan y asfixian a la población escudados en el marketing falso de que defienden la vida de su plebe.
Tal vez sea mejor la guerra, que estalle la guerra contra Rusia y China; por lo menos constituirá un desahogo tener a alguien que matar para sosegar la ira asesina hacia quien nos ha robado nuestra biología y necesidades; la mismísima respiración y el sustento; para absolutamente nada. Apuntas y disparas visualizando a quien te ha robado durante tanto tiempo la más mínima libertad, no fallarás.
Y si has de morir ¿qué más da? Al final es lo de siempre, si te joden, jodes o al menos lo has de intentar y no morir mansa y obedientemente.

El pato nada despreocupadamente en el río, el agua debe estar a unos 2º C. De vez en cuando, hace el pino sumerge la cabeza y sus patas miran al cielo más tiempo de lo necesario, sin prisas. Y así cuantas veces le apetece, alardeando vanidosamente de esas franjas de un verde metálico y su elegante cinta blanca en el cuello que el agua resalta.
Pinche pato… Como me gusta verle hacer lo que quiere, lo que debe.
Estoy por avisarle que hay policías cerca, que con el otro cuento de la gripe aviar, lo podrían encarcelar (confinar en el argot político-policial) por ser sospechoso de portar la enfermedad. Incluso por el hecho ejercer su libertad, podrían detenerlo a pesar de estar sano como una manzana.
Recuerdo que vuela (me gustan los cuerpos rechonchos de los patos volando, parecen bombas de dibujos animados) y la poli no.
Así que si al pato lo quisieran encarcelar, al igual que Supermán saldría volando (sin los calzoncillos por fuera) graznando: ¡Cua-cua! ¡Tengo la gripe! ¡Cua-cua! ¡Estoy infectado de la gripe aviar!
Y allá va Superpato volando gallardo y orondo con sus pequeñas alas a mil por hora, en pos de la libertad.
Durante la revisión previa a la publicación de esta obra literaria de prosa dramática, me pregunto si será probable que entre el tabaco mezclen algo narcótico para dar alegría (más) al placer y buen hábito de fumar.
Porque además de mis literarios desvaríos, no tengo escrúpulo alguno en publicarlo, como no lo tendría a la hora de escribir una oda a la magnificencia de mi polla.
¡Mirad! El pato ha carbonizado a una gallina con bozal con su poderosa visión de rayos láser. Pinche pato… Y se ríe y se caga… ¿Mean los patos?
Me voy a fumar otro de estos, es apasionante.
Me siento como Mary Shelley con el láudano y el opio escribiendo Frankenstein… Qué jodío el romanticismo.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.