Archivos de la categoría ‘Maldito romanticismo’

Las libretitas más pequeñas suelen guardar las ideas más grandes.
Es una cuestión de logística y eficiencia: algo pequeño es fácil de llevar y por tanto, de usar frecuentemente. Se pueden escribir al instante las ideas antes de que se olviden o queden sepultadas en la mente por otros cientos que van saliendo (quien sea capaz de producirlas, tampoco hemos de sobrevalorar con banal optimismo el intelecto de la masa humana; hay carencias, serias carencias).
Así que no se te olvide nunca tu procesador de texto analógico o perderás tus genialidades si las tuvieras. Teniendo en cuenta que las libretitas se deben llenar antes de que se deshagan en los bolsillos.
Y además, se debe escribir tonta y suavemente con un boli en ellas, y no con un lápiz de punta gorda; debido a la pequeñez de las páginas, seamos lógicos y congruentes.

Una vez te escuché, y te amé.
Otra vez reíste, y te amé.
Otra te besé y te amé con la boca abierta como si fueras aire.
Una vez jadeaste cuando estaba dentro de ti, y te amé con la furia atávica del celo animal.
¿Te acuerdas cuando estornudaste? Pues te amé.
Una vez me acariciaste y te rogué que no pararas. Y definitivamente te amé.
Aquel día tardaste demasiado en llegar a casa y añorándote te amé.
Hiciste un plato de lentejas del carajo, no sabían a nada. Te amé más que a mi puta vida.
Y aquella vez que me rompí, mis trozos te amaban.
Las paredes estaban podridas y los grandes gusanos corrían horizontalmente por su interior, abultaban la pared en ráfagas veloces y temía que salieran. Me despertaste: ¡Pablo… Despierta! Y te amé con el corazón desbocado.
Cada gesto, acto o palabra que realizas, es una razón para amarte. Descubrir algo nuevo de ti, es una nueva razón para amarte.
Y todo parece indicar que irá a peor, que me faltará vida para amarte en la totalidad de ti.
Una vez concluí que eras inabarcable y te amé.
Hace unos segundos escribí de ti, y te amé.

Iconoclasta

A todo presidente o jerarca nazi, a todo periodista nazi, a todo analfabeto funcional nazi, a todo ciego nazi, y los que nacen sin cerebro y una cruz gamada en el vientre.
A la UE-SS y a la OMS-SS.
Los odio por la cantidad de basura que ordenan publicar todos los días sin descanso.
Si Hitler hubiera tenido los medios de hoy para acobardar y educar en la fe del fascismo el mundo entero sería un estado nazi. Así de maleable es esta sociedad que ha alcanzado el mayor grado de decadencia.
Ahora toca destruir y empezar de nuevo sin cimientos podridos.

Por poco que te acerques y estés lejos, el cormorán huye. La garza, sin embargo, no es temerosa del ser humano; necesitas ir hacia ella y acercarte bastante (30 o 40 m.) para que huya.
Son cosas de poca utilidad que uno aprende en la naturaleza.
¡Qué triste!

Aparte de la pésima calidad de impresión de las revistas o postales pornográficas de por aquel entonces; es normal que mejor el porno.😋
Al fin y al cabo los que iban a morir a la guerra eran todos obreros y estaban hasta los putos huevos de más de lo mismo.😬
Ser obrero no es nada de lo que sentirse orgulloso, es una desgracia como otra cualquiera. A mí me pasa.😤
Y las pajas alivian una barbaridad esa frustración, donde vas a parar…😍

Para que el 2022 sea un gran año (al igual que no ocurrió en el 2020 y 2021) sería necesario que murieran todos los políticos españoles que han pedido con gritos desaforados y puñetazos en sus púlpitos de cortes y parlamentos, la prisión, acoso, ruina y asfixia para todos los españoles; a los que han considerado delincuentes de poderse infectar de coronavirus. Ni uno solo de los políticos hijos de puta españoles ha levantado una ceja preguntándose lo muy nazistas que son.
En los casi dos años que han pasado desde que el fascismo español dio un golpe de estado a la “democracia” no ha muerto ni uno de estos hijos de puta.
Para cagarse en dios…
Y nada me hace pensar que el 2022 pueda ser mejor y que mueran.
Ojalá fuera así, que mueran por sus crímenes a mi libertad, soy pesimista por sistema; pero nunca derrotista. Mantendré una contenida esperanza.
El político fascista hijoputa, en resumidas cuentas, tiene la longevidad de las putas tortugas; pero sin intelecto alguno.
Cada uva que me tragué (después de quitarle la piel y las semillas, yo no como desperdicios como los cerdos de los políticos europeos y españoles) era el deseo de que murieran mil politicastros, jerarcas o burócratas. Ahora espero una señal de la diosa fortuna y que doce mil cerdos sean incinerados en lo que queda de año.
Si fueran más (nunca son suficientes muertos), tomaré seis uvas más para aprovechar mi buena racha de suerte.
A ver si hay generosidad en el universo y para el año que viene, han muerto todos.
No soy un ingenuo, pero como no tengo otra cosa que hacer, deseo y sueño cosas buenas y gratificantes.
Para mí y la humanidad, aunque la humanidad mimportaunamierda.

Es sorprendente su ímpetu y entusiasmo al recibir el nuevo día hablando, cantando, riendo…
Amanece cuando ella abre los ojos, aunque el sol lleve horas calcinando las pieles.
Amanece cuando inunda con su voz mi mundo, que está en ella.
Literalmente, cuando ella amanece se rasgan mis tinieblas.
Y el sol siente que no ha hecho bien su trabajo.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Soy el verso inverso
que rima lo que no sintió
y esconde lo que no fue.
Soy un verso inmerso
en un frustrado universo
el eructo de un festín inapetente.

Se puede escribir del orgullo de ser,
la vanidad de lo logrado.
Del sudor bien empleado.
Del tiempo acelerado.
O se puede esconder lo que hice,
lo que no supe, lo que no pude.

O se puede no escribir y dejar que la presión provoque un aneurisma cerebral y morir.
No soy orgulloso, soy un fracasado y si no escribo, no existo.
Seguiré escondiendo mi fracaso con cierta malicia, porque de morir no me libro.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

No me luzco meramente por el hecho de ser hermoso. Lo realmente extraordinario o prodigioso es que es uno de esos raros momentos en los que no me encuentro asilvestrado.
Mi peluquero ha exclamado asustado “vade retro Satanás” cuando he aparecido ante él para que hiciera lo que pudiera conmigo.
Ha jadeado, ha blasfemado, incluso ha escupido con desdén (yo miraba muy cínico mis uñas con atención). Y al final el artista, ha conseguido que tuviera una apariencia humana.
Así que me muestro como muy pocas veces soy, y sin que sirva de precedente.
No es que sea un dejado, es que la cuestión de cabello y afeitado, son cosas secundarias; nací para marcar territorio constantemente, meando de puntillas (he de mear alto para que se den cuenta todos los animalitos del bosque de quién manda y mi majestuosidad) en todos los árboles que veo.
De vez en cuando escribo algún vómito que me viene a la cabeza y el resto del día, si no fumo, duermo. Bueno, también hago cosas más cremosas y lácteas, que no soy un beato y mucho menos San Francisco de Asís enamorado de una oveja.
Corto y cierro.
¡Bye!

Juro que no estoy triste, es un poco de hastío lo que comba mis labios con las comisuras hacia abajo. Un rictus que me hace interesante, atormentado y bohemio.
La tristeza es una patada en el estómago sin un solo ápice de gracia. No es este el caso, porque soy gracioso; quiero decir que no soy un payaso, sino que aún tengo humor.
¡Bah! A ver, que levante el dedo quien no ha recibido una puñalada en el corazón y ha salido al exterior con una sonrisa ensangrentada.
No os riais, que sé que os mueve esa especie de alegría moderada de ver que otro las está pasando canutas; sé que no es burla, es reconocimiento.
Yo he sonreído alguna vez así ante un amigo, con un amigo.
Bueno, no es para tanto, ocurre que cuando se escribe, las emociones parecen tener su escape por los dedos y todas las palabras se pringan de ellas. Como tener los dedos manchados de tinta y pretender no dejar huellas. No puedes ir con guantes de látex siempre, sería exagerado ese celo por no manchar y ser aséptico. Los asépticos sólo funcionan en hospitales y funerarias.
Soy un palurdo escritor de metáfora fácil, me gustaría tener cerebro y ser elegante; llegar de nuevo a su corazón con la fuerza de los grandes genios de la literatura. Ojalá que sienta que lo que escribo es ella y por ella.
Seguro que se ha curado en su partida, nadie se va sin saber lo que ocurre. No sería justo pensar que es sólo una especie de sueño, la muerte es trágica porque acaba con lo más preciado. Si le quitamos todo ese drama a la muerte, nos queda una vida sin importancia.
No me jodáis con valentías de las vuestras. Si tuviera que morir ahora mismo para ser un gran autor capaz de hacerla sentir orgullosa de haberme amado, invocaría a ese dios cobarde e idiota en el que algunos creen para que me parta con un rayo. Que me fulmine como al Coyote que persigue eternamente al Correcaminos.
A dios le queda poco tiempo para acabar conmigo.
Porque morir así, con los dedos manchados de nicotina, sangre y mierda; es humillante. No acierto ni a limpiarme bien el culo.
Es importante ser gracioso, muy gracioso; remover el intelecto forzando sinapsis que destellen en rojos, verdes y azules, ser explosivo e impredecible.
Su ojos eran tan verdes, que pensaba al besárselos que eran esperanza pura; teniendo sus ojos tatuados en mi cerebro sería imposible sentirse como me siento ahora. Abandonado.
Reconozco que me siento un poco deprimido, es lógica esa sensación de pérdida que duele como si te creciera un bulto en las entrañas. Uno piensa que tiene cáncer además. Y claro, te meten en el escáner y descubren que no es nada, que sólo es que ella ha muerto y el organismo, ante el trauma, se rebela.
— Yo quiero tener un cáncer del tamaño de un pomelo en el hígado y encontrarme con ella en el cielo. — le digo al médico rascándome los cojones, dicen que los escáneres provocan esterilidad.
El médico ríe y me dice que si hacen implantes de silicona, bien podrían meterme un pomelo.
— Escritor tenía que ser… — responde dándome una palmada en el hombro.
Ríe porque es buena persona y pretende inyectarme optimismo y amor por la vida. Es médico, ellos adoran salvar vidas, aunque no pudieron salvar la de mi amada. Sé que hay más de un médico triste en algún hospital.
A ver, que levante el dedo quien no sea capaz de reírse con mis ocurrencias. No me podéis negar que lo de limpiarme el culo ha sido un efecto chabacano y directo que ha causado un punto de ruptura en el devenir de una reflexión un tanto dolorosa, en lo que parecía ser un descenso veloz y suicida al más patético ridículo.
No voy a quejarme, yo no me quejo y menos delante de un papel en blanco, los escritores no lloran, crean mundos imaginarios donde el dolor campa a sus anchas y hace héroes de quienes son cobardes. Sólo cuando todo esto de aquí dentro, entre el ombligo y los pectorales se hace viscoso y caliente me agacho y vomito. Las arcadas, además, fuerzan los lacrimales y uno llora sin ser necesario. Sin estar triste.
No puede hacer daño, parece un drenaje linfático visto desde mi ignorancia.
Ahora no voy a buscar en diccionarios o enciclopedias lo que es un drenaje linfático, no es el momento de ser instructivo; en todo caso, destructivo. Y tampoco tengo tiempo.
Que levante el dedo quien no ha sentido la necesidad de que vuelva y nos susurre con un beso en la frente que esto escrito en tinta sepia, es una pesadilla.
No es tristeza, no. Es este dolor, por favor…
No me refiero al dolor del tajo en el cuello. Si me hubiera cortado las venas de las muñecas, no podría escribir.
Vale, sí que podría (que manía tenéis de contradecirlo todo); pero sería como los pájaros Uyuyuy que tienen los huevos tan gordos que al aterrizar cantan su nombre.
No es elegante escribir quejándose como esas aves de ostentosos cojones. Claro que el chiste no es mío, soy un mierda, no sirvo ni para inventar chistes.
Esta seguridad de que todo parece acabado y que vivir es una estupidez, es el espejismo resultante de un trallazo doloroso, como una patada en los testículos que deforma la cara de tu agresor convirtiéndolo en una especie de macho cabrío al que le venderías tu alma por un encendedor desechable, si eso te ofreciera en esos momentos. Es decir, que ningún hombre tiene tantos huevos y tan gordos como para absorber otra segunda patada.
No sé si me explico. Quiero decir que el espejismo es atrozmente real. Quiero decir que no quiero otra puñalada más.
A ver, que alguien me ayude levantando el dedo y reconociendo que duele tanto no tenerla, que a uno sólo le quedan ganas para tirarse en el suelo y dejar que le caiga encima lo que sea. Y que caiga pronto, por el amor de dios.
Siempre decimos algo de dios cuando sin estar tristes (porque no estoy triste), buceamos en nuestros dolores con gasas y yodo intentando restañar la hemorragia.
Nos hacemos pequeñitos, y nos metemos en nuestro propio sistema vascular buscando la puta vena rota, porque algo se rompe cuando se queda uno solo.
No es lógico que se doblen así las comisuras de los labios sino hay una fuerte fractura o algo ha reventado.
Lo importante es no sentirse triste.
El dolor es heroico, la tristeza humilla la vida. Eso sí, menos mal que los ojos están brillantes y dan un aspecto vivaz. Están brillantes porque había un exceso de sangre y agua en el cuerpo. Será la retención de líquidos del abandono; así que se arregla con un pequeño corte en la yugular.
Más que dolor sientes la molestia de ese ruidito de la sangre saliendo a presión; pero es muchísimo peor, que el exceso de presión acabe reventándome, más que nada porque sería demasiado largo el proceso. Y tengo prisa por sacarme de encima este asunto. Es lógico que cuando uno escribe, se abstraiga y tienda a rascarse el corte distraídamente, siempre hay algo de comezón aunque la herida sea indolora.
La sangre es incómoda cuando coagula, adquiere un tacto resbaladizo para luego encostrarse pegando los dedos entre si. Y vuelta a limpiarse, no voy a ganar para pañuelitos de papel.
A ver, que levante el dedo quien no piense: “pues si tenías retención de líquidos, haberte hecho una paja, animal”.
Es que adoro vuestra fuerza y valentía, vuestra vida forjada en dolores que os ha hecho tan fuertes y a mí me ha hecho puré.
Os adoro porque sois de los que prometéis al herido, sin miedo a la sangre y sin miedo al dolor, que no es nada esa herida, que las tripas se meten dentro, se cose la barriga y en dos días a dar por culo de nuevo.
El ruidito de la sangre ha cesado, quiere decir que poca cosa queda por salir, no soy tan tonto. Pica…
Os he mentido. Estoy triste, estoy tan triste que tengo prisa por morir. Estoy tan triste sin ella, que quisiera olvidar que un día nací, la conocí, la amé y murió sin saber quien era yo. Murió sin querer besarme porque creía ser una niña y yo un hombre mayor y desconocido.
Sé que si naciera, si me reencarnara, nacería como un niño triste, un niño de ojos siempre húmedos y piel blanca. De manos trémulas.
Es imposible que todo este dolor pueda quedar en el limbo y así nacer sin recordar, sin sentirme triturado por dentro.
Es imposible nacer de nuevo sin toda esta pena que me unge las tripas.
Me froto las manos desesperado porque no sé como enjugar esta marea de aceite. Tengo un miedo atroz a que sean mis entrañas licuándose; parece que una bacteria me deshace el interior.
No puedo vivir así ni un segundo más.
A ver, que levante el dedo quien piense que no me voy a encontrar con ella.
No lo levantéis, por lo que más queráis, por favor, sólo necesito que aguantéis vuestra sinceridad unos segundos más.
Gracias.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.