Archivos de la categoría ‘Maldito romanticismo’

Es lo que dice el diablo de El Exorcista. Es una genialidad. No ser nadie lleva implícita la exclusividad, la excepcionalidad de una existencia inclasificable.
No soy nadie, no soy nadie, no soy nadie.

Los amores llegan, se instalan, desprenden sus esporas de fantasía y luego, se marchan.
Sin embargo, las esporas siguen actuando en el córtex hasta que te das cuenta, ya demasiado tarde, de que no tienes a quien amar.
Es lo que se conoce como narcosis de amor y se cura extirpando el cerebro.

Soy un roto

Si para obtener el don de la invisibilidad la humanidad debe quedarse ciega, que así sea.
Me fascina ese poder y la impunidad que conlleva.
Uno ha de luchar ilusionado para hacer realidad sus sueños.
Los políticos, jueces, sacerdotes, militares y policías son infinitamente más crueles que yo: a la ceguera le suman ruina, tortura y esclavitud.

No existe nada tan fervorosamente religioso como soy yo ante ti.
Y dentro de ti.
Soy monoteísta y ti me debo. Eres mi tótem, mi cruz, mi aire y el fuego donde ardo en sacrificio a tu coño bendito por los siglos de los siglos.
Ni quiero ni me apetece adorar ídolos, porque cualquier dios es una figurita amasada con mentiras e ignominias.
Soy absolutamente ajeno a los Diez Excrementos.
Ningún dios ha prometido jamás en la vida un paraíso como tú lo eres.
Diosa y paraíso…
Se podría decir que pagas por adelantado y comulgo con el miembro henchido de sangre.
No es sacrificio cruento, es cremoso y cálido. En tu cuerpo no hay un solo rincón de infierno.
Llevo la condenación, el estigma del obsceno amor a mi divinidad; mi semen brota sorpresivamente, como una meada que no se puede retener, sin tocarme. Solo con pensarte se me escapa un gemido imposible de contener y en mis calzoncillos la hirviente leche se enfriará lentamente hasta la siguiente e incontenida lefa.
Metértela es mi bucle temporal, soy un moderno y cremoso condenado eterno.
Todas estas venas palpitantes aquí abajo…
Duelen, cielo.
Mi Diosa, mi Paraíso.

Iconoclasta

Si estás lejos de todo y eres capaz de mantener la entereza en la oscuridad hasta dudar de tu existencia, sin que importen los sonidos que como acechos te llegan cercanos de lo oscuro; adquieres la dimensión de lo irreal.
Y nada te impide ya imaginar cómo es la muerte y serlo; aunque sea para ti mismo, pero si no existes ya, qué más da.
Un jabalí con sus movimientos nerviosos agita ruidosamente la vegetación en algún lugar, oscuridad arriba. ¿Cree que soy la muerte? ¿O teme que la oscuridad que me ha comido lo devore a él?
¿Qué ocurrirá cuando llegue a la luz? ¿Tendré una guadaña en mis manos y haré el trabajo que me corresponde? Aunque temo que seré la misma mediocridad que la luz desenmascara todos los amaneceres.
Me quedaré aquí no existiendo, que el jabalí me tema. No tengo otra cosa que hacer.
Me siento irrealmente poderoso.
Bye, vida.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Pareciera que la luna tiene sus días buenos y malos.
Un día aparece serena, flotando suavemente, iluminando las cosas inanimadas fría y tétricamente.
Y otro día parece desgarrarse en una lucha contra las nubes que la quieren asesinar en un desgarro tormentoso por pura maldad.
Y ahí abajo, invisible para el universo, un poca cosa como yo observa con un cigarro y cierto cinismo la gloria y el drama nocturno.
La luna no puede explicarme nada que no sepa yo.
Ni las nubes.
Ni siquiera el universo.
Ni siquiera dios.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Mientras temes niegas las pequeñas ternuras que suceden.
Con el miedo desvaneces las ilusiones.
Y el miedo te roba la fuerza.
El miedo da oídos a charlatanes y mientras mueres, te pudren con promesas y mentiras la vida que te queda.
Por miedo rezas cuando nunca lo haces, el miedo te hace hipócrita.
Y te hace idiota, porque si lo pretendes encuentras mil razones al día para sufrir por miedo.
Si por miedo no vives, no respiras, cavas tu tumba con más rapidez que el sepulturero.
Si no sabes vivir, la muerte la llevas montada en los hombros; morir está a un paso.
Si te apartas por miedo, te apalean por gusto. Porque el miedo te hace mezquino y despreciable a otros ojos.
Si naciste cobarde, cobarde morirás. Simplemente, alguien tenía que decirte las consecuencias de lo que eres, no por aconsejar, solo por meter un dedo en tu llaga y ver como te mortifica.
No puedes morir, no puedes irte sin ser plenamente consciente de tu indignidad.
No es por ti que escribo esto; es por mí, que despreciándote, siento que hago algo de justicia en este error de mundo en el que me escupieron.
Una cosa más, cabestro; si caminas en naturaleza con el bozal en el hocico, ten la decencia y dignidad de suicidarte, o morir lo más pronto posible. Y mientras alguna de esas dos cosas ocurre, no te reproduzcas, no dejes que tu genética y su cobardía trascienda más allá de ti; no más de lo que lo hayas hecho hasta ahora ensuciando generaciones.
Y ahora sigue, ve y teme.
Y muere pronto.

Iconoclasta

Dicen con cierto orgullo (los que llevan uno) que lo mismo da la hora un reloj de veinte euros que uno de miles. Pero no es una cuestión de tiempo, es el eczema que me provoca el de veinte.
Y su tristeza.
Ocurre como con la sórdida experiencia de verse obligado a escribir con un bolígrafo bic.

Hay algo obsceno como pocas cosas en esta sociedad. Obsceno en cuanto a que denigra a los humanos de corral que exhiben frente a él sin pudor su estulticia e indignidad.
Es el televisor.
Y las familias reunidas frente a él durante la comidas y cenas atendiendo sus decretos y abusos son una vergüenza; algo que produce el súbito deseo de incinerarlos con napalm y lanzallamas mientras respiran con la boca abierta.
Son millones de familias masticando vorazmente junto con su pienso, las mentiras y pánicos que les introducen en su mente meramente funcional a través de sus ojos fijos en la pantalla. Son auténticos chimpancés en una jaula cuyo domador los adiestra a través de una cámara de circuito cerrado.
Es fascinante en su obscenidad y repugnancia observar de qué manera el fascismo gobernante, les inculca sus órdenes y decretos de prisión y sumisión bovina sin ninguna resistencia por parte de los monos.
El televisor es el consolador del gobierno, un consolador remoto que se mete en los anos y vaginas de los chimpancés que jadean, sin saber por qué, escupiendo trocitos de comida. Luego confundidos, algunos padres harán madres a sus hijas.
Y así siempre.
Y así amén.
Una buena ración diaria de mentiras con sabor a mierda y de postre endogamia incestuosa exprés es la programación diaria, un menú para miles de millones de reses humanas.
Una vez les dijeron que la libertad era enfermedad (“la libertad es covid 19”). Una mentira que les secó el cerebro; ahora solo pueden obedecer como monos vestidos de hombres y mujeres en la pista del Gran Circo Fascista.