De pronto padecí una teofanía, Jesucristo se apareció ante mí con un bozal en el hocico y preguntome:
–¿Tienes vinagre para mojar mis resecos labios? Estoy sediento.
De verdad que es tonto, tonto del culo.
–¡Claro, hombre! ¿Lo quieres sorber por la nariz o te lo inyecto en la vena? No me des por culo tú también, coño. Lárgate y dile al todopoderoso de tu padre, que le voy a partir la cara –le respondí con afabilidad.
Entonces elevó sus manos ante mí, mostrándome las palmas y sangró por sus estigmas.
¡Qué embarazoso!
Un poco asqueado le pregunté.
–¿Eres transformer? ¿Menstruas y algo salió mal con la operación y sus hormonas?
Y apagué el cigarrillo en su bozal.
Quiso decir algo, pero no le hice caso.
–¿Quién soy? –le pregunté con aire divertido.
No respondía, así que se lo dije:
–La cochina reencarnación de Vlad Tepes. No te enteras de nada ¿eh, nazareno sediento? Y quítate la mascarilla, so lerdo. ¿O también te vas a contagiar como estos monos?
Jesucristo no acierta ni por casualidad, lleva ya setecientas ochenta y tres resurrecciones y ni con bozal sabe pasar desapercibido, no me extraña que su padre lo haga bajar tan a menudo, para que aprenda de una vez. Que ya es mayorcito el andoba.
Tengo prisa, voy a empalar a mi madre y violar a mi hija.
Bye, lelos.

El día furioso herido de muerte, observa la tierra hostilmente, con el color de la ira. Si tuviera boca, asomarían sus dientes apretados.
Nada muere en paz.
Los atardeceres rojos son la eterna y diaria ejecución de los días, de la luz. Ostentan la belleza y la majestuosidad del apocalipsis.
La destrucción augura renovación, una tabla de salvamento en el centro del manso y desesperante océano Vulgar.
Los ocasos sangrientos auguran el resurgimiento de la animalidad perdida, de la dignidad de los cazadores que se mueven libres por el planeta.
Donde el dinero encenderá hogueras nocturnas y el oro raspará trozos de carne ensangrentada de las pieles arrancadas a presas y enemigos.
Ocasos rojos de bebés muertos que quedan atrás en las sendas de los bosques y niños que crecen follando y viviendo entre árboles, espinas, sangre y huesos. Huesos rotos que son muerte…
Una oración violenta al cielo furibundo, por la salvación de mi dignidad.
Porque estoy abandonado.

(en la antigüedad, a lo platónico)

Si fueras humana te abrazaría y besaría, o tendría la posibilidad de hacerlo; pero eres un ser etéreo del que no tengo prueba palpable de su existencia.
El semen jamás se enfría dulcemente en tu piel que amo, si la tuvieras.
La leche cae al suelo desconsoladamente en el lugar donde deberías estar y se enfría como un cadáver abandonado.
Eres una fascinante frecuencia, un conglomerado de bits que vibran anómala y maravillosamente, tan exótica que me lleva a amar desesperadamente lo que no existe, lo impalpable, lo infollable.
Lo que no es aquí y ahora…
Porque tengo que creer para preservar la cordura, que no existes; porque si existieras mi existencia estaría dedicada exclusivamente a tu búsqueda.
Si me desintegrara, si un rayo me hiciera ceniza y mis moléculas se convirtieran en una frecuencia, tal vez tendría una oportunidad de abrazarte, amor.
Pero temo perder la conciencia, todo lo que soy lo que odio y amo. Si no eres capaz de odiar, tampoco puedes amar. Ambas cosas necesitan coraje y determinación.
Y no serviría de nada.
Tú eres una frecuencia y yo solo un trozo de carne aislante.
Sé que en otra dimensión eres carne y coño.
Mi vocabulario es duro porque estoy resentido con la vida y si tengo alguna frecuencia activa, es la ira, cielo.
No eres coño, eres la piel deseada.
Tu dimensión me está vedada.
Eres la película y yo el insignificante público.
No sé si serás capaz de escanear estas líneas y codificarlas en tu lenguaje binario.
Pretendo hacer palpable el amor ahora que la vida me oprime las sienes sin piedad para que mire al frente y no a la fantasía. No hay manos de amor que den consuelo al ansia que la frecuencia provoca, la que hace virtual la piel y su humedad.
Estoy en el límite de la vida, pronto desapareceré. Cuando uno muere, muere todo con él; siento que sea así, que mueras también.
Lo siento infinito.
No puedo decir nada más, no me arrepiento de nada y no hay alegría alguna a la que aferrarme, para alegar a mi propio juicio final.
Moriré como he vivido, insignificantemente atrapado en una insalvable frecuencia.

Iconoclasta

Imagen  —  Publicado: 5 abril, 2021 en Absurdo, Chusma, Citas, Conclusiones, Histéricas, Humor, Lecturas, Reflexiones
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Lo de “30 casos de coágulos de sangre entre los 18,1 millones de personas vacunadas.” apesta a mentira de la buena. De esos embustes que cuentas y te dan palmadas en la espalda entre carcajadas.

Porque cualquiera que tenga dos dedos de frente se preguntará de qué cojones de democracia habla. Porque el Nuevo y Normal Gobierno Fascista Español, se ha convertido en un monstruo devorador de cualquier derecho y libertad.
Un régimen que lleva ya casi seis meses con la prisión nocturna impuesta convirtiendo a España y sus taifas en un auténtico campo de concentración.
Y una mierda “25 democracias plenas del mundo”. Que se limpie la nariz y deje la maría. Putas 25 democracias… No jodas, mamón.
Los dos dedos de frente, simplemente dan para pensar que El Caudillo del Nuevo Régimen miente más que habla y sus decretos de prisión son algo a lo que el pueblo español y sus sucedáneos ya se ha habituado por pródigos, como se habituó en el pasado a un franquismo y sus fusilamientos.
Algo fuma El Caudillo, que eso sí que está jodiendo el más mínimo asomo de libertad.
Costo del bueno, rica farlopa para esnifar entre decreto y decreto de prisión y acoso.

“yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse.”

(Cantares de Antonio Machado).

Yo quisiera eso, ser sutil para quebrarme bellamente en un temblor del ojo azul del cielo que no juzga. Como esas flores pequeñitas que viven tan solo un poema.
Sin embargo, mi muerte será tosca, levantaré una nube de polvo en el camino.
Sé que no puede haber belleza en la muerte si la vida ha sido… No sé, me avergüenza escribirlo.
La vida no debería durar lo que dura, que fuera solo suficiente.
No es necesario todo esto…
Compraría un alma para vendérsela al diablo por ser efímero y súbitamente romperme.
Ser un breve poema rasgado que en dos palabras describa la vida y la muerte con una frágil belleza.
Y bajo el azul cielo, no descomponerme.
Solo deshacerme y ya…
Sin decrepitud, sin más decrepitud.

Iconoclasta

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Tal vez es una campaña de mentalización del fascismo para que no se te olvide usar el bozal en el campo, donde el aire es sano y así puedas seguir las normas de castración psicológica mediante bozal en todo momento y seguir con tu respiración podrida. Ni se te ocurra respirar aire limpio, porque al igual que la libertad, es dañino.
Pero lo primero que se debe pensar es que la cobardía es sucia y los cabestros, antihigiénicos. Vamos que son plaga, y ahora con bozales, dejan su rastro como las vacas su mierda en su deambular por los prados.
Bien podrían haberla guardado para limpiarse el culo en lugar de dejar la obscenidad ahí colgada. ¿O tal vez esperaban un premio de su amo fascista estalinista o capitalista por el uso del bozal en tan peligroso espacio natural?
Todo lo que está relacionado con el fascismo, es sucio y sórdido, merece ser fotografiado con arte para la posteridad. A cien mil millones de putos megapíxeles de definición.

Las cosas muertas no siempre nacieron muertas.
Incluso las hay que aún respiran. Aunque no sé porque.
Y ellas tampoco.
Son tiempos difíciles, tan extraños y sin embargo, tan previsibles.
No sé si he perdido la capacidad de sorprenderme o es que ya lo sé todo. Temo que sea lo último porque no hay cura para la sabiduría.

Un gueto cualquiera en el estado fascista español, en cualquiera de sus taifas autonómicas gobernadas por severos caciques.
Son las 21:30 y la calle está desierta, silenciosa, muerta.
Las viviendas nunca han guardado tanto silencio por el temor a la policía y al coronavirus, se diría que alzar demasiado la voz les podría llevar a entrar en tu casa derribando la puerta, a ambos.
En los campos de concentración y en los guetos, el silencio absoluto es cuestión de supervivencia.
Tan solo las amenazantes y tenebrosas patrullas de la policía política del nuevo y normal régimen fascista español del coronavirus, rompen el silencio momentáneamente al pulular a la caza de aquellos quienes intentan salir de la prisión en la que han convertido las viviendas del gueto.
Sin embargo, las calles lucen más brillantes que nunca: han mejorado la iluminación nocturna para evitar sombras que puedan ocultar a los que intentan conseguir unos minutos de libertad. Joderlos como sea es su única misión.
Hay mucha luz para que la policía política del régimen ejecute sus sentencias apoyada por una maligna red de delatores, como en todo régimen oscuro; negro como cruces de la SS.
Los campos de concentración de la España Fascista y sus Taifas Autonómicas gobernadas por feroces caciques, son obscenamente eficaces en quebrantar libertades y derechos.
Aunque las fuerzas fascistas lo tienen fácil para realizar sus acosos, represiones y encarcelamientos; mucho más que en los guetos de Varsovia en la Segunda Guerra Mundial. Los habitantes de un gueto español, con total seguridad respiran con un bozal en el hocico dentro de su propia casa (como en el campo, lejos de cualquier control) y les han educado en el lema: “la libertad es enfermedad”.
Los han amaestrado bien: se sienten protegidos como antaño en aquel longevo fascismo de Franco con el que vivían mejor.
Tras las nueve horas largas (se encierran ellos solos antes de la hora) de prisión nocturna, los habitantes de los campos de concentración españoles volverán a sus trabajos (quienes tengan), encenderán los receptores de televisión o atenderán el teléfono móvil para escuchar los bandos matinales del Nuevo y Normal Régimen Fascista Español del Coronavirus que, como cada mañana les anunciará que durante la noche (a pesar de las calles desiertas y muertas de todos los guetos del reino fascista) el número de contagios ha subido pavorosamente, por lo cual continuarán vigentes las leyes marciales de prisión nocturna y anulado todo derecho fundamental. El bando diario del fascismo se despedirá hasta una nueva emisión con su lema de estado: “La libertad es veneno. Fascismo forever).
Y el adoctrinamiento del miedo en las escuelas de los guetos proseguirá de la mano de maestros afectos al régimen, de esos que creen con fe ciega que podrían morir si al caminar por la calle, se les desprende del morro el bozal (aunque en su ingenuidad, le llaman mascarilla).
Maquiavelo debería leer esto, eyacularía en el tercer párrafo.
–¡Shh…! ¡Silencio, la bofia se aproxima!
(Extracto de “Las noches en el gueto”, diario de Iconoclasta Frank)

Iconoclasta

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