Las estadísticas meticulosamente ocultas lo confirman con toda probabilidad. Se enferman y/o mueren los humanos sedentarios, cuyos pulmones no respiran el suficiente aire para oxigenar bien la sangre. En el colegio te lo enseñaban antes de que lo importante fuera conocer las ventajas de ser borrego, aplaudidor, votante, homosexual y transexual. Te decían que el oxígeno es comburente, que un buen aire tiene más posibilidad de quemar bacterias y microbios. Por eso el ansia y afán de tantos respiradores, porque respirar bien cura y protege. Es la razón de tanta mortandad en los hospitales y en los asilos. Ambientes con un aire pobre, enrarecido por hacinamiento. Un aire que es caldo de cultivo. Hay que abrir las ventanas, por decir poco, lo mínimo. Los viejos, su cansancio y sus pulmones atrofiados… Los adultos y jóvenes de culos desidiosos que solo se levantan del sillón para ir a la mesa a comer y durante horas teclean y observan videos aburridos y vulgares que insultan la inteligencia. Unos pulmones que no aspiran habitualmente una buena cantidad de aire no pueden oxigenar la sangre y la hacen pobre. Pobre para combatir enfermedades y débil para que el miedo colapse el pensamiento. La sangre que pobre llega al cerebro, débiles pensamientos crea. Hay que realizar cierto tiempo de esfuerzo para que los pulmones hagan lo que deben. Y no está nada mal una bocanada de ardiente humo de tabaco para quemar cosas también. Te mata el cáncer, te mata todo lo que hay en el planeta; incluso lo que llega de fuera si estás en el lugar oportuno. En la era de las redes sociales, el pacifismo y el “todo el mundo merece ser respetado” aunque sea un puerco hijo de puta; todo esfuerzo es pecado. Pecado de cobardía, desidia y decadencia. Han castrado el pensamiento y sus pulmones. Y metódicamente, con férreo acoso, la prisión en las casas sigue vigente con las gestapos obligando a que la sangre se empobrezca cada día más y el coronavirus así, pueda anidar sin problemas en el organismo. Se adoctrina e induce a los aplausos que no oxigenan nada. Como un niño, así de humillante: aplaude a tus carceleros y otros funcionarios. La inmovilidad es muerte por decreto. El coronavirus hace lo que los gobiernos: arruinar más al pobre. Son hermanos paridos por la misma madre.
Una vez consiguieron la infraestructura necesaria para la localización y control de la población por medio de las nuevas redes 5G, los gobiernos de las naciones del planeta ya disponían por fin de una potente herramienta de control humano para crear una gran ola de terror planetario por medio de peste coronavirus, represión y ruina. Una vez conseguido el encierro del ganado humano y su exhaustiva represión y clasificación según su estado viral, se procede a la implantación del uso de mascarilla bajo pena de costosas sanciones y presidio en campos de concentración en caso de no seguir la norma dictada por las nuevas “repúblicas” del coronavirus. Hay realidades que divertidamente concuerdan, cuadran con hipótesis mucho más apasionantes que la vulgar y decepcionante realidad. Y da gusto vivir una película de ciencia ficción distópica, es emocionante. La red 5G ya en funcionamiento. Las manifestaciones por cualquier cosa por banal que fuera, se convirtieron en una cotidiana celebración festiva en todo el planeta y ahora han cesado de una puta vez, por fin… Cesado no, prohibidas. La implantación a nivel genital de los ordenadores, teléfonos y relojes inteligentes. La cobardía que se ha hecho tumoral en el cerebro de las reses humanas viciadas y, esperanza ciega en el retórico y falso paternalismo de sus líderes políticos y religiosos. Centenares de falsas amistades y sexo de mentira en las redes sociales. La solidaridad y tolerancia facilonas sin criterio como formas de hipócrita educación en lugar del pensamiento crítico. La fe ciega en los científicos ambiciosos con ansias de notoriedad. Creer con vergonzosa ingenuidad que es primero la salud que el dinero cuando en una sociedad capitalista, no hay salud sin dinero o trabajo que lo proporcione. El exceso de viejos y sus pensiones de jubilación… La tan cacareada insostenibilidad de las pensiones en la envejecida sociedad occidental, sobre todo en la decadente, vieja y pequeña Europa; se resuelve con un virus muy certero que mata a viejos en un rango de edad muy determinado, con gran precisión y eficacia. La decadente, inmadura y vergonzosa ingenuidad de la chusma adulta hacia la fe en las medidas de protección de su gobierno, como una paga por su inmovilidad y prisión domiciliaria y por la que perderán su trabajo definitivamente; ingenuidad muy parecida a la de los judíos de la Segunda Guerra Mundial que afrontaban su encierro en los campos de exterminio sin apenas resistencia. La misma ingenuidad que lleva a los más lerdos (la aplastante mayoría) a aplaudir desde sus casas-prisión a sus policías carceleros. Delatores colaboradores voluntarios de las fuerzas de represión, tarados mezquinos que creen llevar a cabo una misión religiosa, sin mencionar el miedo que los convierte en gusanos agitándose en sus casas; denunciando a los que caminan por la calle, a los que pudieran entrar en su segunda residencia. A los fracasados la envidia se los come, con la voracidad que sus madres lamen sus genitales, orgullosas de haber parido a tan preciosos hijos de puta delatores de la Gestapo. Como aquellos buenos tiempos en los que los vecinos denunciaban a otros vecinos más agraciados de brujería, de judaísmo, de rojos comunistas o de capitalistas traidores corruptos para que los mataran y conseguir trato de favor, una parte del expolio o simplemente para dar de beber a su repugnante envidia. Toda esa cobardía eficazmente programada e inducida en las reses sin cerebro, ha hecho posible que se les obligue, sin rechistar siquiera, a llevar mascarilla por los siguientes objetivos: robarles dinero, obligarlos a ser un bulto de carne irreconocible convirtiéndolos simplemente en cosas productoras con baja autoestima y sobre todo, para que desconfíen entre ellos y se sientan enfermos y amenazados a todas horas del día, tristes como los perros con bozal. Se crearán dos nuevas clases sociales: infectados e inmunes. Debido a la miseria generalizada, los gobiernos y las grandes corporaciones serán los que digan qué, cuando y como debe consumirse y que alimentos serán mejores para la salud de los productores de la colmena. Los estados y sus filiales, las grandes corporaciones, serán los Grandes Hermanos que velarán por la salud de su chusma racionándoles todo. Es casi perfecto, solo que los mandatarios de los países no son personas inteligentes, son tan idiotas como sus votantes, solo juegan con la suerte y tienen más dinero para apostar más tiempo. La suerte dura poco y la destrucción no tardará en llegar. Eso espero ferviente e impacientemente. Ahora que me voy a morir, empieza lo divertido, coño. Gracias a la informática y sus redes, la historia real que se leería en los libros dentro de cincuenta años, se puede documentar hoy a tiempo real. Me jode como a Cristo no poder rascarse los cojones crucificado que, los perros policía acosen a cada momento; pero estoy disfrutando del momento histórico. Esta sociedad, merece desaparecer, extinguirse. Y me gustaría de verdad asistir a ello, aunque me joda. Es una buena y genial novela en la que participar. Mientras se hace toda la mierda realidad, yo me entretengo en soñar con mundos mejores, más violentos, ergo más intensos. Si algunos pequeños detalles, no ocurren, mala suerte. El miedo que se lo metan ellos con un supositorio por el culo. Además, tener un cáncer te inmuniza contra el miedo a una mierda de coronavirus. Cada uno es como la vida lo hace, si tiene cojones, claro. De lo contrario, eres un mierda como esos que miran con sus infectos ojos delatores a los que se mueven por la calle. Sí, ya era hora de que sufrieran y temieran millones y millones de humanos acomodados y decadentes hasta el vómito. Como Nerón hizo arder Roma. Que adrenalínico… Justicia pura y dura. Buen sexo.
A ver si me entienden y pillan el concepto de científico y de líder, las tareas que cada cual tiene. Vamos a ver, presidente o ministro; o lo que cojones quiera que seas. Si tú te has comprado un científico, es para que te explique lo que es el coronavirus, qué hace y cómo se puede combatir. Tú no has comprado o mantienes un científico para que te diga lo que debes hacer ¿lo entiendes? ¿correcto? A menos que seas un perfecto inepto y desconozcas lo que es iniciativa, análisis y autoridad. Digo que si desconoces cualquiera de esas aptitudes de liderazgo, dimite. Deja la política de una puta vez y vete a una granja a cultivar tu propia marihuana. Ese axioma de que la salud es lo primero, es precioso y lo recitan los niños de teta entre mamada y mamada. Es tan vulgar como innecesario para un tipo que debe administrar un país. El científico es una cosa que no tiene puta idea de economía ni sociología. Vive en su privilegiada burbuja de bienestar: tiene una potente paga y un cargo vitalicio. Para él la salud es lo primero porque le sobra la pasta. No piensa en el dinero de la misma forma que no piensas en los ojos cuando ves unas buenas tetas. En Etiopía la salud se puede encontrar en un charco de agua sucia y en un trozo de carne podrida que se la ha caído a una hiena de la boca. No debes hacer, presidente o ministro, lo que el estrecho cerebro de un científico dicta. A ti no te dicta nadie nada. Debes p-e-n-s-a-r qué es lo posible y lo que menos daño cause. ¿Para qué quiere nadie un líder si tenemos científicos acomodados en su poltrona, muy lejos de cualquier necesidad? Así que dimite y le das tu cargo al científico o biólogo que compraste en unas rebajas. Porque, por ejemplo en España, la salud se encuentra en el dinero, no hay otra forma de comprarla o adquirirla. La salud se encuentra en la comida, en el agua y en la vivienda. Y si no eres idiota la salud, en definitiva, se consigue en esta sociedad trabajando. Así que no te creas que tu científico es el puto oráculo de los dioses griegos. Piensa de una puta vez que para eso cobras una pasta y te han votado millones de idiotas. Si no estamos en Etiopía, el dinero es la fuente de salud. Y la inacción, resguardar la cabeza en el suelo como los avestruces, es destrucción y violencia. Y será entonces, pusilánime líder sin coraje, cuando de verdad se desatará una gran crisis de salud. Y no será tan relajante como la del carajo virus o coronavirus. Te lo repito para que me entiendas, y si hay alguien tras de ti, que te lo recuerde antes de ir a cagar: el científico te dice lo que hay, y tú has de hacer lo que se debe según las necesidades de la sociedad que en teoría deberías liderar. ¡Hala, miedoso! Haz tu trabajo de una puta vez y ponte a demostrar el movimiento, porque cagando demasiado tiempo en el váter, no se soluciona nada. La inmovilidad, la inacción y le represión ciudadana es lo que acabará con la salud, tanto que la extinguirá. De jarrones y otros floreros hay hasta en los hoteles de putas, no necesitamos más. Es que hay que explicarlo todo, coño…
Dale a un idiota un poco de autoridad y se convertirá en el puto Idi Amin Dada. Los celosos perros corruptos se dedican a revisar compras de los ciudadanos. Y dejan pasar toneladas de droga cuando no hay alarma por coronavirus. Incluso el ministro ha pedido que dejen de ser tan hijoputas. España es un mal lugar cuando te has de topar con la «autoridá competente» (competente es retórico). Por lo visto los corruptos policías envidiosos no pueden soportar que alguien compre cerveza o refrescos y multan. Esto ya es México.
Padre… Mírame: la tengo dura por los muertos y los enfermos, por los pobres y los hambrientos.
¿Es legal? El televisor habla de coronavirus y parece de carne, orgánico… En la pantalla bajan lefas escurriéndose como cera caliente que humea un poco antes de enfriarse. Padre: cuando camino el movimiento masajea mi glande y me desespero; el semen hirviendo presiona y no sé como gestionar lo caliente que estoy. Solo acierto a meter la mano en la bragueta. Estoy tan encelado… Encelado de tanta miseria y cobardía que veo y escucho, padre. No sabía de mi mórbida obscenidad. ¿Tuviste algo que ver con esto que está tan dolorosamente duro entre mis piernas y mi degeneración? Mis huevos están contraídos, parecen de cuero, padre. Es también una clara cuestión de mortificación. No me importa el dolor, la muerte y el miedo; solo pienso en correrme. Dime que no estoy enfermo, padre. Padre: ¿Qué hago? Los policías me dicen que tengo la obligación de mostrarles mi erecto y palpitante pene para que me hagan un test con sus bocas ávidas. Agentes de la indecencia… Les digo que tengo prisa, pero me acarician los huevos y una agente fea, se acaricia retorcidamente entre las piernas con la porra. Como yo hago sin poder evitarlo apretando mis cojones con el puño. ¿Qué hago, padre? ¿Les dejo beber de mí? ¿Sabes, padre? Me hubiera gustado que no hubieras muerto y supieras de la excepcionalidad del cerebro podrido de tu hijo. Moriste sin conocerme… Me parece injusto. Padre, hay una epidemia y no consigo enfermar, no mis pulmones. Es mi pene que se expande y llena todas las bocas y todos los coños de los que viven y los que se pudren. ¿Soy yo la infección? ¿O son ellos los que me infectan con su cobardía y mediocridad?
Estoy sucio. ¿Estás orgulloso de mí, padre? ¿Los muertos sentís orgullo? Padre, tengo el cerebro podrido y mi pensamiento supura un blanco lácteo y cremoso.
Ahora que dicen que baja el número de contagios y muertos por coronavirus, también alguien le dice a los lelos del planeta que, el virus puede mantenerse en el aire hasta ¡tres horas! Se me ha puesto dura con solo imaginar que es Supervirus en persona. O tal vez es un virus que viaja en un nano globito aerostático. El negocio de la mentira consiste en vender mascarillas hasta para el culo. Si puede mantenerse en el aire tres horas, es muy posible que tenga una toma USB para recargar. Es lógico imaginar también que viaje en los coches gracias a sus patas con garras afiladas que se clavan en la chapa y evitar así que la velocidad lo pueda arrastrar. Además de los coches, las bicis, las moscas y los putos ángeles serán medios de contagio para, los que sobrevivimos cuando el virus viajaba una distancia de metro y poco subido en un moco de estornudo, en el escupitajo de una tos o en la eyaculación en la boca de una puta o sexo servidora que estaba de rebajas por falta de clientes. Esto no es un virus, es un auténtico dron… Así que antes de que el virus se dedique a contagiar por guasap, o mesenyer, más os vale comprar una careta con un buen antivirus Norton o Mcfee. Los que tengáis dinero, invertid en acciones de fabricantes de mascarillas, que pronto serán obscenamente mucho más carillas aún para acabar de joder el dinero del trabajador. No entiendo como con estos virus voladores, ha conseguido siquiera evolucionar la especie humana lo suficiente como para perder el rabo trasero. Es angustioso el futuro que nos espera. Lo cierto, es que la extinción de la humanidad no puede ser más jocosa (carita riente 😁). No puedo creer que alguien no esté contagiado. Ni siquiera Snoopy el dos rabos debería estar a salvo. La suerte es que soy un fumador empedernido y el coronavirus, por mucho que esté detenido en el aire como un helicóptero, no me puede localizar gracias a la nube de humo que me rodea siempre (hasta que la próxima versión del coronavirus incorpore visión infrarroja). Y otra cosa, ni se os ocurra soplar para alejarlo de vuestra nariz o boca, porque es pesado como el plomo. Es con toda probabilidad radiactivo. Ser humano es ser (salvo alguna rareza o excepción) un gusano sin cerebro. Va a ser divertido el asunto de las mascarillas y sus muertes cuando el coronavirus use un taladro para entrar por ellas. Parafraseando el célebre diccionario del gato Jinks: Coronavirus “volaó”: Eso no existe y si existiera, valdría una fortuna. Idiotas. Tres horas volando, flotando. No mames, wey… El reservorio del coronavirus no es el pobre pangolín, son las películas de Harry Potter.
La empresa encuestadora ha contactado con 150000 idiotas… Deben tener censados a todos los deficientes mentales del país (25 millones) para que salgan las encuestas que el gobierno español exige.
Donde vivo, hay una calle: El Carrer Perdut (la calle perdida, en catalán). Durante una epidemia de peste en el siglo XVII, se tapiaron los dos extremos de la calle para matar de hambre y peste a los enfermos y evitar más contagios. Y así estuvo cerrada por mucho tiempo, con los cadáveres pudriéndose hasta que se dieron cuenta de que aquella calle y los que vivieron en ella, se perdieron en la memoria. Alardean de que Ripoll es el bressòl de Cataluña (España), o sea la cuna; donde se fundó. No es de extrañar por su tradición que, el presidente de Cataluña (un tal Torra) y otros “valientes” y aguerridos catalanes de pura casta y sangre más pura y privilegiada aún, intente hacer lo mismo con algunas ciudades catalanas especialmente castigadas por la epidemia, y con sus propios paisanos para evitar más contagios de coronavirus. Porque ya se sabe que, muerto el perro se acabó la rabia. Es solo un ejemplo de vileza y ruindad humana, porque en el otro extremo de España, en el sur, Cádiz más concretamente; están dispuestos, y lo han intentado de corazón, matar a pedradas a los enfermos. Da igual que seas catalán, andaluz, belga, inglés, alemán, mexicano, judío o moro. La vileza es la marca de la raza humana, se extiende por todo el planeta en todas las direcciones. Junto con las estafas y mentiras del poder, la ruindad y la envidia es lo más global que existe. Esa basura que predican los seres celestiales que están de incógnito en la tierra (de ahí que no veamos sus putas alas) de la solidaridad como virtud del ser humano en malos tiempos; es una falacia populista y repugnantemente sensiblera. Un insulto a mi inteligencia y sabiduría. Los hijoputas que asesinaron hace siglos a sus vecinos en Ripoll y los actuales hijoputas que intentan matar a pedradas a los enfermos en Cádiz; son solo una pequeña y anecdótica muestra de toda la podredumbre que hay en las granjas humanas, en las ciudades y pueblos del planeta. Yo apuesto por que el coronavirus se convierta en una herramienta de extinción y el virus mate lo que deba morir de una vez por todas. Que use el tiempo que sea necesario y que llegue también a exterminar a gente muy importante del mundo de la política, la economía y sociedad. Eso ayudaría a pasar con mejor humor la puta cuarentena de mierda. Porque al igual que pasa con los perros y la rabia; muertos los cerdos, se acabó la peste porcina.