Posts etiquetados ‘envidia’

Todos los seres mueren, la cuestión es si lo saben. No sé si un animal es consciente de que ha de morir. Si lo fuera, sería demasiado parecido a los humanos.

(He visto animales con el cuerpo destrozado lamerse sin gemir, un perro con la pierna colgando que busca comida, como si la muerte no fuera con él.)

Es un drama, hay gente con muy poco valor para enfrentarse a la muerte.

(Me siento joven, a pesar de mi edad, me siento como un niño, dicen.)

¿Cómo gestionar o combatir ese miedo?

(El miedo a la muerte no se gestiona, se padece. No se puede educar el terror. Es una cuestión genética.)

Lo cierto es que no se debería gestionar, si un cerebro funciona bien, la cosa va rodada.

(Hay quien ha tenido una suerte inaudita en su vida y el miedo le resta valor a su final. La proximidad de la muerte le quita la dignidad si algún día la tuvo.)

La propia vida, la experiencia y la progresiva degeneración del cuerpo (envejecimiento) llevan a la compresión, aceptación y asimilación de la muerte; a una tranquila espera de lo inevitable. Porque a medida que el cuerpo se debilita, la mente busca descanso también. El cuerpo es una pesada carga cuando hay enfermedad, y la mente responde de igual forma.

(Los testículos cuelgan herniados en el reflejo del espejo, los pechos son odres vacíos.)

No es dramático, llegados a cierta edad, la vida es demasiado ruidosa, veloz y luminosa.

(Los ojos se han opacado, los oídos han perdido sensibilidad y donde había sonido ahora hay un murmullo caótico. La rapidez difumina los bordes de las cosas.)

Es lo que debería ser; así es como deberían funcionar los cuerpos y los cerebros sanos.

¿Sanos? Tal vez no sea correcto, tal vez lo cierto es que llegar a la muerte con serenidad es una rara afección que padecen algunos humanos.

(Un control obsesivo del cuerpo y una ingesta masiva de fármacos roban tiempo de vida, de disfrutar de lo que queda. Es un prematuro contacto con el fin.)

Lo más habitual entre los humanos, es que sufran una lenta depresión, una necesidad de hacer todo aquello que no se pudo realizar cuando la muerte se vislumbra cercana. Y la frustración parasita el alma.

(Caminan bajo el sol, como lagartos buscando el calor. Un calor que les es molesto porque resulta excesivo; pero su cerebro no es capaz de asimilar o gestionar. La muerte es fría y la vida es calor, es su simple conclusión.)

Pierden la calma y la alegría. La vejez se convierte en una constante envidia hacia los jóvenes. Los ancianos cobardes se sienten molestos y agredidos por los gritos y la música, por las películas que no son de su tiempo… Son incapaces de seguir el ritmo de la vida por una debilidad nacida de su degeneración y depresión.

Tal vez por ello, se hacen más religiosos y llegan a la conclusión de que el mundo ha empeorado.

Recuerdan tiempos de respeto y cuasi castidad, donde no había más que mediocridad y vulgaridad. En secreto buscan el perdón a sus pecados y acceder a una resurrección.

(Muchos de ellos recuerdan con vergüenza sus coitos grises y borrachos con putas viejas y feas.)

Llegar con dignidad a la muerte no es cosa de vulgares ni cobardes. La dignidad se encuentra en asimilar el proceso sin verse víctima y concluir, que en verdad ha hecho uno lo que le ha dado la gana. Que ha vivido según su ideal, según sus intereses.

¿Y por qué será que los que más quieren vivir, son los más molestos y odiosos? Justo los que quiero que mueran pronto.

Yo estoy en camino, he de morir pronto.

He recorrido el 80 % de la vida, y lo único que siento es curiosidad de como pasará, como será dejar de ser algo.

La vida no es para tanto si te has cansado de trabajar, luchar y despreciar la mierda que crearon nuestros antepasados.

Y que me muera ahora mismo si no tengo razón.

Buen sexo y semen rancio.

Iconoclasta

El amor no se busca

Publicado: 21 abril, 2012 en Amor cabrón
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No hay forma alguna de encontrar el amor. No se debe buscar, es un animal astuto que huye cuando se da cuenta de que es perseguido.

Es una bestia tímida con un poder desmesurado que no controla. Es oro envuelto en brea. Una cosa oculta que explota radiando y arrasando los corazones sin ninguna piedad.

El amor es azar de desesperados. Aleatoriamente agresivo.

Solo hay que sentarse en un banco en el páramo y ser solitario. Aparentar estar bien, no necesitar nada; será entonces cuando el amor llegará huyendo de una jauría de cazadores porcinos que lo persiguen con cuchillos y ratas con collares de diamantes. Marranos envidiosos que destruyen todo aquello que no tienen y ambicionan. Son religiosos y usureros, son millonarios y son políticos.

El amor no se busca, te encuentra, te invade, te enferma.

El amor se metió en mis huesos huyendo de esos podridos cerebros llenos de leyes, tradiciones y oraciones. Fue como un fuerte dolor de cabeza y un vacío que me contraía el estómago provocando una arcada.

Estaba perdido. Los cerdos nos perseguirían para apresarnos, arrancarnos el corazón y robarnos el amor. Así que intentaba ser ciego a su belleza, a su voz de una cadencia desesperante de deseo y sensualidad. Y callé. Me negué a reconocer que la amaba y encerré todas las ilusiones en el desván herrumbroso de mi mente. Amar es peligroso y te esclaviza; pero fui cobarde de vivir y morir sin ella y el amor me infectó completamente.

Por otra parte duró poco mi resistencia a sus anticuerpos y además de dejarme enfermar decidí amarla con voluntad suicida. Y estuvo bien.

No puedo decir que fue lo mejor que ocurrió en mi vida, porque ellos, los envidiosos y frustrados nos acosan a los que tenemos contacto con lo sublime. He de ser discreto y secreto.

¡Shhh…! No corráis la voz.

La repito cada día hasta casi convencerme, la dedico a los marranos que rigen con sus leyes y oraciones los países y los colegios:

ORACIÓN FALSA PARA ENGAÑAR A LOS FARISEOS.

No la amo, no estoy enamorado.

Solo deseo que me haga una buena mamada sin pagar.

Correrme en sus tetas.

Escupir en su coño y sorber lo que se desliza de su vulva.

Quiero que se folle a otro mientras me masturbo. La quiero para joder sus agujeros, para anular su pensamiento y despreciar su mirada. Ella es solo un recipiente de mi esperma. Un desahogo a mi instinto sexual. A mi erección dura y mojada.

Le tiro dos billetes de veinte pesos a la cara cuando me levanto de la cama, para que sepa lo que vale para mí.

Y cuando siento que el asco y el vómito me doblan ante esta brutal y blasfema plegaria contra mi diosa; en un cuarto a oscuras o asfixiándome en un pantano de arenas movedizas musito con un dolor inmenso en mi corazón:

ORACIÓN DE CONTRICCIÓN ENTRE MI AMADA Y YO.

Te quiero más que a mi puta vida.

Follarte no es mi placer, mi placer solo se alimenta de tus gemidos. Mi semen se derrama solo ante tu violenta contracción del orgasmo. Si escupo mi blanca alma, es por ti.

Podría pasar mi vida sin eyacular una sola vez si no estás tú.

No puedo vivir sin ti.

Mi polla es un monumento erigido a ti.

Mi leche solo adquiere importancia sobre tu piel; en lo profundo de tu coño.

Mi pensamiento es absolutamente tuyo.

Hay cosas peores…

Hay quien no conoce el amor, aunque no estoy seguro de que pueda ser peor. Mi dependencia de ti me roba el libre albedrío, no puedo elegir.

El amor es una soga de seda que estrangula el ánimo, y quiero morir asfixiado entre tus brazos.

Y así, engañando con esta oración al mundo, afirmando que el amor es pura prostitución, voy amando indecente y clandestinamente sin que los envidiosos me jodan demasiado. Y sobre todo, que no la jodan a ella. Su coño es mío y es mío su pensamiento y es mi esclava y yo soy un mierda que enloquece cuando no está.

Es importante no alardear de estar enamorado, es importante saber que vivimos en un mundo hostil a nuestro bienestar y que cuando mejor estamos, más fuertes son los ataques de los cochinos de dos patas.

SALMO DEL ABANDONADO (conjuro-escudo contra los envidiosos):

No amo ni a dios, no quiero la compañía de nadie. Deseo morirme.

Soy infeliz y pobre, no follo ni se me pone dura.

Vivo odiando, temiendo y recelando.

Hijos de puta, no os fijéis en mí, no tengo nada que envidiéis, salvo mi valor. Y esto último es algo que no os interesa demasiado.

Porque no tenéis la más mínima clase. Os conozco, os identifico y sé exactamente que haréis a cada momento, sois económicamente potentes, influyentes; pero vuestro cerebro es de la calidad de mis excrementos. Sois previsibles como el movimiento de un peluche barato. Vuestros hijos no tienen más valor que un condón usado que se engancha a la suela del zapato.

SALMO DE ABSOLUTA RENDICIÓN AL MORIR EL DÍA (cuando la noche profunda ha cerrado los ojos de todos esos que deseo ver muertos):

Te he amado a cada segundo, y aunque duermo a tu lado cada día, no basta.

Entendería la vida completa y feliz si fuéramos fusión, si viviera y pensara dentro de ti, en ti, contigo.

Amarte es la indecencia de abusar de cada abertura de tu cuerpo, de llenarte toda con todos mis recursos.

Si ellos murieran, si el amor no fuera perseguido y castigado, el día sería nuestra noche eterna. Te amo a cada momento, tan secretamente por el día, como obscenamente intenso por la noche cuando la luz no delata el amor.

Iconoclasta

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Los colibríes no tienen alas

Publicado: 2 febrero, 2012 en Reflexiones
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Si fuera tan fácil no infectarse del pensamiento ajeno…

Ojalá fuera sordo para no oír los sonidos de los labios secos de la chusma que pretende saber, que cree ser inteligente. Que todo lo sabe de mierda.

Hay que esforzarse mucho para luchar contra la razón. Y aún así la razón a veces me salva y la uso contra la amorfa y estéril realidad.

Hay un colibrí quieto en el aire, flotando ingrávido; aparece en mi ventana ostentando su gracia. Con rápidos movimientos de su cuerpo sin alas aparece y desaparece asegurándome que no es una ilusión. Se mueve por la magia, porque tiene el poder de flotar. No tiene un retrocohete en su espalda, no hay sonido de reacción, ni olor de queroseno quemado. No tiene casco ni gafas de piloto. Solo pía.

Dicen esos, los ajenos a mí, que tiene alas.

No me lo creo.

El pensamiento de los otros alega una velocidad tan alta en su batir de alas, que las hace invisibles. Tienen alas, repiten.

No les creo, no les hago caso.

Hay que ser más listo y explicar lo invisible. Joder la gracia.

Y la gracia no está en el vientre de una virgen infectada por un semen divino. Los dioses no nacen de un vientre humano, por una vagina impoluta de himen cerrado.

La gracia está en que los colibríes no tienen alas.

Yo solo veo que flota.

Lo racional me da la razón: lo que no veo no existe. Y sus alas no existen.

No vuela: flota frente a mí y mi gata lo observa fijamente. Mi gata no se cuestiona la razón, solo observa y se maravilla con sus pupilas amarillas fijas en esa posible presa que flota. Como yo.

Puedo ser tan racional como todos esos capullos encargados de elevar la gracia de una penetración divina y joder mi sueño de un colibrí flotando. No me sale de los cojones hacerlo.

Algún imbécil de ponzoñosa envidia perdió el tiempo buscando sus alas. Tal vez, mató a varios colibríes para dar explicación lo que él no podía hacer. A lo que él no podía flotar.

Y extendió frente al público las pequeñas alas muertas del colibrí que no volaba.

Sé que no hay mucha magia; pero no tengo prisa alguna en descubrirlo.

El hombre que está muriendo no quiere más información del cuando, no le apetece, no le estimula saber que muere. Ni cuando.

Un colibrí que se mantiene en el aire es un espejismo hermoso, es una verdad absoluta. Nadie tiene que matarlo, nadie tiene que estrangularlo para exhibir sus alas a la razón, a la verdad. A una verdad infame de irisados colores de mediocridad.

El amor es como el vuelo de un colibrí: si se racionaliza se mata.

Lo real es la podredumbre de los envidiosos que buscan la razón y la verdad por encima de todo. Por su frustración. Sus cerebros con alas y su amor de tarjeta de crédito es lo que tienen, es lo que son.

No hay alas de colibrí, solo mi fantasía poderosa y racional.

Si no veo sus alas, es que no existen. Que se metan este supositorio de racionalidad.

Iconoclasta

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Oda a los listillos

Publicado: 14 junio, 2011 en Reflexiones
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No me digas que eres feliz,

 

ni quiero saber que has triunfado.

 

No me importa.

 

No quiero que seas mejor que yo,

 

odio tu inteligencia

 

que pretende hacerme idiota.

 

Odio la belleza de las medusas

 

la resistencia de las mariposas

 

y la sábana santa del cristo que huele mal.

 

(otro triunfador como tú)

 

No me gustan las creaciones de los triunfadores

 

huelen mal: a vanidad y piel vulgar.

 

Odio tu suerte, no te creas inteligente.

 

Siento asco de tu sonrisa de triunfo

 

que se ceba en mis fracasos

 

y en mi pútrido cuerpo de alma negra.

 

Eres una anémona que solo decora

 

un mar oscuro lleno de dientes y violación,

 

de atropello y abuso.

 

Me da asco tu nariz blanca de coca

 

que crees merecer por tanto estrés.

 

Me revuelven las tripas vuestros progresos

 

me da asco saber que sois queridos y admirados.

 

No importa confesar mi envidia, no importan celos,

 

importa resaltar mi odio hacia vuestra suerte,

 

vuestra tonta suerte.

 

Cultivo mi desprecio y mi odio

 

como vosotros avanzáis bajo un arco de triunfo.

 

Un arco idiota.

 

Solo es el arco de mi entrepierna, triunfadores.

 

Importa que arrastro mi pierna tullida

 

como el fantasma la bola de hierro.

 

Y quisiera meterte mi negra y enferma carne

 

molida con vidrio y espinas

 

en vena o por la nariz,

 

como quieras, triunfador.

 

Para que te jodas, para que os jodáis, listillos.

 

No pude aprender a ser servil

 

y no conozco más inteligencia que la mía.

 

A nadie adoro más que a mí mismo.

 

Es un acto sincero.

 

No tengo un buen perder

 

y vuestra sonrisa de ganadores

 

es mi cáncer más nocivo.

 

Me duelen los huesos de tanto respirar

 

aires de triunfo ajeno.

 

Aires de excremento ajeno.

 

No me pidas admiración, listillo,

 

pídeme si quieres un poco de enfermedad;

 

tengo tanta para vosotros…

 

Soy tan fuerte como malo y envidioso,

 

es un hecho.

 

Mi sudario nunca será santo,

 

Miles de idiotas querrán que arda

 

por borrar mi odio feroz.

 

mi cuidado desprecio.

 

Estoy cansado de exquisiteces,

 

ya queda poco para morir

 

y la paciencia, la mía

 

ya está pudriendo malvas.

Iconoclasta

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