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Cuando el día está nublado me oculto de mí mismo en la zona más oscura y llego a sentir, al ver la escasa luz, que me encuentro en otra dimensión. Que la luz es peligrosa porque muestra lo que soy.
Como si fuera alienígena y no una mediocridad cojeante.
Vivir oculto… vivir a salvo.

 

Relaciones integrales o trigonométricas

Hay peña que dice tener una relación sentimental «compleja» o «es complicado». Y yo muy ingenioso, pienso que para meterla o que se la metan, precisan de sofisticados cálculos integrales o trigonométricos.
No me planteo muchas opciones sobre las «es complicado», conozco al ser humano como si lo hubiera excretado por mi propio ojo del culo: homosexualismo, cobardía, economía o simplemente follar con gran variedad de individuos manteniendo el estatus de «persona noble que va con la verdad por delante».
Sea cual sea la razón (están todas enumeradas y es algo breve y nada complejo), de «es complicado», nace de la cobardía y la indecisión de una mente un tanto retrasada. No tienen ni puta idea (a pesar de su avanzada edad) de lo que son y quieren. Carne de psiquiatra o psicólogo.
Nadie vale lo suficiente como para vivir con «es complicado» en estos tiempos de libertad sexual y afectiva, donde un divorcio o el cese de la relación son opciones más sencillas que una pelota.
Así que si el macho o hembra en cuestión sufre complicaciones, bien podría ser por prostitución: permanecer en pareja por comodidad e interés económico. Homosexualismo o simplemente por follar variadamente y casi al azar. Quien quiera añadir alcoholismo o drogadicción que lo haga; pero el resultado de cobardía e hipocresía no varía.
La expresión «compleja» o «es complicado», nace simplemente de una vanidad injustificada, que clama al mundo que es un ser excepcional muy por encima de la media. Alguien que ha venido a este mundo a sufrir y que precisa de toda clase de atenciones. Por supuesto, aderezado con una hipocresía que ellos no aceptarían tener jamás.
O sea, ármate de paciencia si te encuentras con un tipo o tipa que dice tener una relación compleja, porque te va a vender una bicicleta de mierda al precio de un rolls royce.
Es que cuando llevas cierto tiempo viviendo (con un cerebro operativo, que no es habitual), lo sabes todo de una forma espontánea. Sin pretenderlo siquiera.
Yo no he tenido relaciones complejas, cuando algo se acompleja me lo paso por el culo. O sea, que no me siento preocupado por ello; simplemente soy afortunado y tengo mucho tiempo, habilidad, sarcasmo y gracia para divagar y pasármelo bien con inteligencia.
No soy complicado, solo soy sabio; para complicación ya tengo suficiente con una pierna podrida.

 

La verdad de las cosas hermosas

La verdad de las cosas hermosas se muere entre los embates de mil imágenes y sonidos vulgares, entre ingenuas, indignas e imposibles ambiciones.

La nobleza y el valor sucumben ante ídolos de plástico sin mérito, marcados con muchos logos.

Y el vuelo de un águila apenas llama la atención cuando se mira con ojos idiotas la pantalla de un teléfono. Un animal bebe en el arrollo y provoca una ternura que es todo lo contrario (de una forma muy tóxica) de lo que siento por la humanidad.

Se crean de la nada, como malos hongos, los malos escritores de una frase y aparecen acomodados e indignados defensores de la libertad y la justicia, que teclean sentados sobre sus gordos y fofos culos.

Las cosas bellas son arrolladas por aludes de mierda que bajan veloces por un vertedero.

Y los que no deberían haber nacido babean por el coño de una puta de revista que no pueden pagar. Sufren por el coche que no tendrán jamás sin vender el ojo del culo a un banco.

Yo vomito en la intimidad del bosque, me purgo todos los días de tanta mierda que me hicieron tragar y cuido e hidrato el ano que tantas veces me rasgaron.

Solo que no aprendí, yo no aprendo, no lo necesito. Nací sabiéndolo todo y deseaba buenos días con una sonrisa a quien quería ver muerto.

Pido y deseo la guerra, el hambre y la enfermedad en todos los rincones del planeta.

Que los muertos bajen como troncos río abajo, a centenares por minuto.

Que todos los humanos sufran como la verdad de las cosas hermosas agoniza entre la hipocresía, la cobardía y la estupidez.

Si Dios existiera, sería YO. Y no estaríais leyendo esto, bajaríais putrefactos río abajo, con los ojos comidos por los cangrejos.

La verdad de las cosa bellas no da serenidad a mi ánimo; no aplaca la ira, el odio y el asco. Los magnifica hasta crear una apasionante literatura misántropa.

Y me gusta, ya hay demasiados filántropos en el mundo, hay que equilibrar tanta bondad de mierda.

 

 

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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta

Rincones ocultos

Hay rincones ocultos que no tienen interés arqueológico, paleontológico o antropológico.
Se trata de intimidades y deseos que a la humanidad y su aburrida y repetitiva historia no le importa.
Tu coño es mío, solo mío. Y tuyo…. Tú lo haces resbaladizo.
Que se joda la humanidad y sus anales.
Tu ano es más fascinante que los anales de la historia.
Hay rincones ocultos, como tesoros que los idiotas sueñan y buscan sin encontrar, como cerdos frustrados que no encuentran la trufa.
Yo soy un sabio respirando entre tus muslos.

El peso del aire

¿De verdad crees que se puede vivir con cordura con el peso del aire aplastando los hombros?
Que seas consciente de esa columna de aire sobre ti. De la que jamás te has podido librar.
¿Es posible no relajarse jamás sin sufrir alguna consecuencia mental seria?
¿Es posible tener tanta voluntad para ser consciente de cada paso que das y a la vez, que los otros seres que te rodean y te infectan, crean que caminas relajado e indiferente a todo?
Cualquiera que observe con atención tus hombros, sabrá de tu tensión continua y agotadora. Cualquiera que cruce su mirada con la tuya, no entenderá esa profunda hostilidad.
Consiguen ofender tu inteligencia y libertad. ¿Se trata de eso?
Siempre ha sido por eso. Desde pequeño necesitabas intimidad y soledad para evadir el peso del aire que te sofoca la respiración.
Tenías cinco años cuando Pinpin, el periquito que papá amaestró, se posó en tu mano. Y te estremecías cerrando el puño con fuerza ahogándolo y aplastándolo. Observaste fascinado la muerte en sus asustados negros ojos circulares y su graznido fue perdiendo fuerza hasta que su cabeza cayó inerte a un lado.
En otra ocasión, mamá bajó presurosa a la panadería, te dijo que no tardaba nada en volver, que estuvieras tranquilo y vieras los dibujos de la tele.
Y en el silencio que se introdujo en la casa, los aflautados chillidos de dolor y asfixia de Gordito el hámster, crearon un momento de relax en tu mente.
Su cuerpo aplastándose por el peso de tu mano en el serrín de su jaula, te daba su calor. Como si la muerte fuera un intercambiador de temperatura.
Y entonces tuviste una revelación, cuanto más grande y más siente la presa, mejor te sientes. Más ligero se hace el aire.
Lo que te come la paz interior es que hay tantos seres que torturar y matar, que cualquier distracción que no sea el acoso, captura y muerte, te crea conflictos.
La predación, el asesinato y el abuso como forma de vida, requieren intimidad y ocultación para que se puedan prolongar a lo largo de toda la vida.
La pesadilla es que nacen más que mueren.
Ni siquiera la muerte puede estar satisfecha en este mundo.
Un niño de diez años yace en la espesura del bosque con la garganta obscenamente abierta, como si tuviera otra boca silenciosa que lanza un alarido de dolor y miedo.
Sus padres gritan su nombre por la senda, veinte metros montaña arriba.
Y observas tranquilo como algunos insectos se agolpan en la raja del cuello, la boca y la nariz. Un escarabajo brillante entra y sale por una de las fosas de la nariz, como si no supiera qué hacer, adonde ir.
Has cazado presas más grandes, piensas un poco decepcionado mientras cortas los dedos índice y meñique de la mano izquierda con unos alicates de cortar alambre.
Cuando los gritos de los padres del niño se hacen lejanos, emprendes de nuevo el camino hacia la carretera del pueblo entre la espesura del bosque.
No te sientes loco, es una necesidad cazar y matar. Cuando matas, durante unos segundos ves tu propio poder reflejado en los ojos de la presa.
Y entiendes que alguien pudiera creerse dios en algún momento de la historia.
Tú no estás loco, porque sabes que eres tan solo un hombre.
Ahora el aire no pesa tanto ¿verdad, asesino? Te mueves más relajado, más aliviado jugueteando con los dos pequeños dedos que le has cortado como trofeo.
¿Cuántos dedos tienes ya en tu cajón de recuerdos que huele a descomposición y aún así aspiras con delectación?
Dentro de unos días el peso de la vida, de la vida ajena volverá a hacerse insoportable y volverás a cazar.
Hasta que mueras, hasta que otro te cace.
Morir no es malo ¿verdad, asesino? Muerte con muerte se paga.
En el café de la plaza Grande, una mujer te espera sentada bajo la sombrilla y sonríe al verte.
La besas y le dices al oído, en un susurro: «Te la quiero meter, ya».
Y todo es perfecto cuando ella en un movimiento instintivo, separa sus piernas nerviosamente mientras el susurro de tus labios aún resuena en su oído.
No estás loco ¿verdad, asesino? Aún distingues entre la muerte y el placer del sexo. Son indispensables.
El peso del aire… La única forma de que no se aplasten tus pulmones por este aire, por esta vida.
Tú no matas y te masturbas, matas y creces. Follas y sonríes.
Y aspiras durante un tiempo un aire fresco y liviano.
Poco tiempo es mejor que ninguno.
Vivir, matar, morir… No es degeneración, no es locura.
Es supervivencia no dejar que te aplaste el peso de la mediocridad que impregna el aire y los pulmones.

 

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Iconoclasta

Elizabeth Berkley

En Telegramas de Iconoclasta.

Donde Dios habita

Hay quien se pregunta donde está Dios.
En que lugar o dimensión reside.
Yo lo sé: está en tu coño. Está tan dentro de ti, que la única forma que tengo para ser perdonado por mis pecados y bendecido, es follarte.
Follarte duro.
Aunque me importa nada ser bienaventurado.
Tal vez seas tú misma Dios.
Bien, no quiero tu perdón en tal caso.
Solo quiero metértela y que Dios gima tan alto como una puta fingiendo.
Tu coño es un santuario, la entrada al paraíso.
Nadie me adoctrinó, lo supe la primera vez que te vi.
Palpé la divinidad la primera vez que te jodí.
Como si fuera mi primera y única comunión.
He vivido ateo toda mi vida y tú, en un instante has hecho de mí tu apóstol.
Y predico la verdad de tu Coño.
Y seré tu Lucifer, tu ángel caído cuando muera y no te tenga.
Sin tu coño, seré el mal absoluto.
Tienes que hacer algo por evitar que me separe de ti. Eres Dios, eres diosa.
Soy tu responsabilidad.
Quiero follarte el pensamiento entero y fundirme definitivamente contigo, teologías aparte.

 

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Iconoclasta

Una palabra imposible

No existe una palabra amable para lo que a veces ansío y necesito.
No puede existir una palabra para algo que no existe.
Busco, quiero una palabra que signifique con rotundidad y sin ambigüedades: morir un rato.
Desaparecer sin más y volver a aparecer de nuevo sorprendentemente. Aunque sea con un poco de dolor de cabeza.
Es para dejar de pensar por un tiempo.
Pensar o soñar no es ningún descanso.
El coma no es muerte. Siempre que llega sangre al cerebro, hay actividad.
Me pregunto porque no deseo simplemente morir sin más, para siempre, de una vez por todas.
Tal vez sea porque mi imaginación se niega a ser mediocre y está asqueada de tantos tópicos: un trabajo para toda la vida, un amor eterno, una felicidad duradera, una muerte eterna…
Todo lo que se desea es popularmente largo. Y lo largo se hace monótono, se transforma en hastío, el hastío lleva a la desesperación.
Y la desesperación es un expreso directo a la podredumbre del ánimo.
Por eso escribo de una muerte corta, lo que llevará inevitablemente a una vida corta. Así, muriendo solo un rato, despiertas con la mente reiniciada. Se borran los recuerdos, las experiencias, las intuiciones.
La sabiduría, la deprimente sabiduría, deja de existir.
De hecho, no recordaré si padecí una corta muerte o una corta vida; pero la retórica absurda es un recurso divertido en este mundo aburrido y predecible
Eso es morir un rato.
Y si ocurre, es que has vivido brevemente.
Lo imposible puede tener posibilidades realmente ingeniosas y jocosas.
Así que solo me conformaría con morir un instante.
Y ese instante de «x» tiempo, que me lleve a resucitar en un tiempo distinto, mejor o peor. Donde no conozca nada ni a nadie.
La gracia de morir un rato, podría confundirse con la reencarnación o metempsicosis, pues no.
Morir un rato es no volver a pasar por las desagradables infancia y adolescencia.
Quiero morir un rato y despertar adulto, potente y con los huesos endurecidos.
Deslumbrado por la vida y comenzar a sentirla y sintetizarla desde el primer instante, aunque despierte con un coágulo en el cerebro.
Aunque sea tan solo para vivir un rato.

 

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Iconoclasta

Democracias

¿De verdad puede creer alguien con un mínimo de criterio y amor propio que la democracia es la más justa y libre forma de gobierno?
Porque no hay ningún tipo de libertad y garantía de bienestar cuando vale lo mismo el voto de un cabrón que el de una buena persona (de las pocas que hay). No vale lo mismo el voto de un analfabeto integrado en la pequeña celda que le han proporcionado que el de alguien con criterio y una mente sin condicionar.
No vale lo mismo el voto de un moralista de mierda, que el de alguien libre y sin prejuicios.
Valen más los votos del analfabetismo, la estulticia y la envidia que los votos de la justicia y la libertad.
Ahí está el gran acierto de políticos y empresarios que gobiernan el mundo: la estupidez del pueblo les asegura su permanencia en el poder.
En las democracias no hay represiones tan cruentas como en las dictaduras, usan armas mucho más sutiles como la crisis y la alarma social (epidemia de asesinatos y robos, niños maltratados por otros, asesinos de juegos de rol, famosos con cáncer).
Si el político grita que viene el lobo, todas las reses querrán resguardarse bajo sus faldas.
Y la crisis es el arma más mortífera para la libertad. Periódicamente los gobiernos inventan una crisis para acaparar más impuestos, anular libertades y derechos de bienestar que gozaba el pueblo.
Y por supuesto, promulgar leyes más austeras para los pobres.
Así que al ciudadano medio se le infunde pavor a la crisis, y con ello la probabilidad de no poder pagar sus vacaciones de diez días a otro continente. Y tolera todo abuso, mientras se unta vaselina en el ano todas las noches.
Luego, en reuniones familiares hablan de que los hay peores, que aún tienen suerte.
Cuando un gobierno se inventa una crisis, acobarda al pueblo y lo somete sin policías ni grandes gastos militares.
Así que la democracia es el poder de los políticos y millonarios elegidos con total confianza y seguridad con votos de incultura, cerrazón y estupidez.
Todo perfectamente calculado.

Con premeditación y alvosía