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El genocidio académico
Publicado: 27 julio, 2024 en Absurdo, Chusma, Conclusiones, fotografía, Histéricas, Lecturas, Maldito romanticismo, Manuscritos, ReflexionesEtiquetas:adolescencia, amaestramiento, castración, Crítica social, dios, estado, exterminio humano, fe, Iconoclasta, infancia, manuscritos, mental, Reflexiones, sarcasmo, Ultrajant

Ilocalizable
Publicado: 15 julio, 2024 en Absurdo, Lecturas, TerrorEtiquetas:absurdo, alma, diablo, dios, enfermeras, Iconoclasta, locura, psiquiatras, relato, Terror

Pasan raudos los minutos, sin embargo las horas quedan flotando en la constelación de la muerte, donde no llega la luz y el pensamiento es ceniza en suspensión.
Donde ni siquiera hay oscuridad, la esperanza es innecesaria y el terror no necesita monstruos para hacer su trabajo.
No hay nada y soy nada.
El reloj marca el minuto cincuenta y nueve minutos de una hora que no se indica. Se rasga repentinamente el pensamiento como una tela vieja ¿con un dolor? No sé… Y los minutos retroceden para comenzar de nuevo a contar sin cumplir las horas.
Mis horas perdidas y abandonadas…
El reloj es mi primer recuerdo tras nacer antimateria.
Si no hay más cosas que yo ¿quién reparará el reloj?
O mi mente.
¿Dónde está el psiquiatra de lo ilocalizable? ¿Por dónde camina con sus electrodos fríos para activar mis horas y el cerebro?
¿Dónde hay un minuto de la alegría?
Sin espejo no sé si sonrío, no tengo conexión con mi rostro y las manos están desintegradas en algún vacío, ilocalizables también.
Quisiera que el diablo me llevara al infierno y su luz ardiente.
Y gritar, necesito gritar.
¿Y mi rostro? ¿Dónde está?
Me quiero morir. ¿Y cómo ocurrirá si no existo? ¿Se puede matar lo muerto otra vez?
Si esto fuera un útero oiría el sonido de las tripas de madre.
Si fuera un ataúd arañaría sus paredes.
Pero soy algo ilocalizable en el vacío. Y vacío.
No siento fatiga al respirar. Hubo un tiempo y un lugar que sí, aunque no sé cuándo ni dónde.
Tampoco siento la temperatura de la vida.
¿Y si estoy encerrado en la carcasa inútil de un imbécil catatónico?
—–
Un hombre con un maletín y un sobre en la mano apareció en el vestíbulo del hospital mental Los Santos y se acercó al mostrador de recepción.
–Buenos días, soy el doctor Luciano Ferrero, psiquiatra. El doctor Vega, me ha solicitado un informe de contraste como segunda opinión para la familia del paciente Marcos Tirado, un adulto de treinta y cinco años con Síndrome de Down que ha entrado en trance catatónico, parece ser que irreversible –explicó a la enfermera ofreciéndole el sobre.
–Sí, pobre chico… –suspiró leyendo rápidamente la autorización del Dr. Vega.
Con la carta en la mano tomó el teléfono y se puso en contacto con la jefa de enfermería.
–Enseguida, la jefa de enfermeras Isabel Molinero, le conducirá a la habitación de Marcos y le atenderá en todo cuanto necesite. Si le apetece, mientras llega, en el pasillo de la izquierda encontrará expendedoras de café y refrescos –le explicó solícita la enfermera.
–Muchas gracias, estoy bien.
Durante los cinco minutos que tardó en llegar la enfermera jefa, el doctor Luciano evocó la cabeza del doctor Vega bajo el escritorio de su consulta domiciliaria, separada dos metros de su cuerpo y el hacha clavada entre los omóplatos del cuerpo descabezado sin ser necesario. Si hubiera llegado unos minutos antes de que la esposa saliera con su hijo para llevarlo al colegio, habría tres cabezas en aquella casa de una urbanización de lujo. Deslizó el dedo índice sobre el cristal arañándolo.
Cuando el doctor Vega escribió de puño y letra la carta y la firmó, lo decapitó.
Observaba con disgusto el mediocre exterior del hospital a través de la mampara acristalada del vestíbulo, un pequeño estacionamiento y dos parterres escuálidos adornados con malas hierbas que lo delimitaban, cuando la enfermera jefa lo interrumpió para presentarse y ofrecerse de guía y ayuda.
Los locos no prestan atención al paisajismo y la decoración, siguió pensando entre las palabras de la enfermera.
–No va a ser necesario demasiado tiempo ni medios, señora Molinero. Con los informes del paciente que han realizado aquí hay más que suficiente para una segunda opinión. Realizaré la prueba habitual de daño neuronal y ausencia de actividad motora. De hecho, no podría hacer un informe mejor que ustedes, es simplemente un trámite para que la familia solicite la ayuda al estado. Dos psiquiatras diciendo lo mismo, es premio seguro.
A la enfermera le pareció desagradable ese sarcasmo; pero supo fingir una sonrisa de agradecimiento por la cortesía profesional respecto a la valía de los informes.
Ambos se dirigieron al ascensor para subir a planta.
—–
Una sonrisa burlona que parece rasgar la negritud desde algún lugar del vacío insondable lo inquieta.
Y golpea la nada para escapar, o cree golpear. Algo va peor que hace unos segundos.
Incluso cree existir en algún lugar, en algún momento.
Sentir terror es mejor que sentir nada. ¿Veredad?
Hay una presencia en algún lugar que antes no presentía.
¿Huele a putrefacción?
—–
–Buenos días, Marcos. ¿Cómo te encuentras hoy? -saludó con familiaridad la enfermera al paciente al entrar en la habitación seguida por el doctor Luciano.
Marcos Tirado era un hombre pequeño y rechoncho de manos obesas y dedos cortos, se encontraba de pie, inmóvil frente a la cama de cara a la puerta. La bata le cubría hasta las rodillas dejando a la vista unas piernas pálidas y átonas. Sus hombros tenían una acusada forma de capilla inclinada que provocaba tristeza.
Los ojos no se movían, nada en él se movía.
Estaba absolutamente vacío.
El doctor Luciano cerró la puerta tras de sí sacó una navaja de un bolsillo de la americana, amordazó con la mano la boca de Isabel y le cortó el cuello de izquierda a derecha sin apresurarse, manteniendo el cuello hacia atrás, manteniendo el tajo abierto. La sangre salpicó la cara y el pecho de Marcos que no manifestó reacción alguna, Tras unos segundos la enfermera dejó de zarandearse y luchar contra la mano que la amordazaba y se le doblaron las rodillas. La dejó caer y la cabeza al golpear el suelo produjo el apagado y anodino sonido de un melón.
Abrió el maletín y extrajo un par de ampollas inyectables de suxametonio con las que llenó una jeringuilla sobre dosificándola.
–Te llevaré a la “luz ardiente”, poeta. ¡Qué suerte has tenido de que anduviera cerca y te sacara rápido! Hay tiempos de espera de hasta tres meses pars reparar una mala encarnación. Ocurren fallos en la ejecución del destino de las almas… No es una disculpa, sólo una explicación. Te llevaré al infierno tal y como has deseado. La cuestión es que ya no te podemos usar para llenar otro cuerpo, estás manchado por la experiencia y jugarías con ventaja. Ese dios idiota… Siempre tengo que arreglar lo que él no sabe hacer.
Le clavó en el cuello la jeringuilla y presionó el émbolo hasta vaciarla.
Marcos no pestañeó, simplemente se derrumbó con el cuerpo rígido y dejó de respirar con los ojos abiertos, sólo una lágrima espontánea producto de la asfixia se deslizó de un ojo que rodó por la sien hasta caer al suelo. Murió asfixiado en un minuto y medio por la parálisis de los pulmones causada por la sobredosis de anestésico.
El doctor se arrodilló, tiró de la barbilla para abrirle la boca y acercándose al rostro, aspiró la última exhalación. Cuando se aspira un alma es mejor que se realice con cierta higiene, si surge entre bocanadas de sangre, por ejemplo, requiere más tiempo para captarla completa.
–Gracias por su inestimable ayuda, doctor Luciano Ferrero –dijo a nadie el doctor Luciano antes de cortarse el cuello con la navaja.
–Podría hacerse con menos muertes el mismo trabajo ¬-le decía inmaterialmente al alma ilocalizable que inmovilizaba envolviéndola con su sustancia –, pero ¿por qué negarse un placer? Y no debo dejar prueba de la existencia del diablo, sería un conocimiento demasiado trascendente para los monos humanos y no lo necesitan; le restaría naturalidad a sus estupideces viviendo en una constante angustia y precaución atisbando siempre a su alrededor, incluso sería malo para el correcto descanso del sueño. Es mejor que sólo crean en dios y se sientan a salvo, ¿verdad, mi ilocalizable amigo?
–Gritarás cuanto necesites en “el infierno y su luz ardiente”.
–Y unas disculpas de ese Dios marica. Siente mucho las molestias de tu encarnación truncada. Aunque… ¡Bah! No nos engañemos, ni siquiera sabe que existes.
Por otro lado cuesta demasiado trabajo fingir cordialidad con un nuevo condenado, las buenas formas siempre dan elegancia a un trabajo.

Iconoclasta
El peso de un bolígrafo
Publicado: 13 julio, 2024 en Absurdo, Chusma, Conclusiones, fotografía, Histéricas, Lecturas, Manuscritos, ReflexionesEtiquetas:bolígrafos, cobardía, Crítica social, decadencia, degradación, democracia, ensayo, escritura, Iconoclasta, inmovilidad, pereza, peso, plumas, reflexión, sarcasmo, social, Ultrajant

Es muy ilustrativo y esclarecedor para entender la sociedad actual, el asunto del peso de los objetos de escritura. Hay mucho afeminamiento en machos y hembras juzgando el “peso” de una pluma, bolígrafo o lápiz.
¿Cómo es posible que sientan fatiga por algo que pesa unos gramos y además se apoya en el papel? ¿Cómo es posible cansarse con una pluma “pesada”?
Las sociedades del coronavirus obedientes del encarcelamiento (“yo me quedo en casa”), el bozal nazi (mascarilla) y la vacuna que no vacuna; se ha degradado tanto y le tiene tanto horror al mínimo esfuerzo, que no se debe escribir de ella sin insultarla u ofenderla con todas las palabras posibles.
Esta sociedad es un monstruo deforme construido con millones de cuerpos humanos grapados entre sí que, enfermo y con el cerebro podrido, se arrastra mezquino a los pies de su amo, el telepredicador más publicitado. Siguiendo con ciega devoción los miedos y consignas del psicópata pervertido que ha votado.
Y todo ocurre en “democracia”, donde enfermos mentales dementes como Hitler son mayoritariamente votados secularmente.
Los cobardes exhiben con orgullo su mezquindad y así hacen de la cobardía, inmovilidad e infantilismo, virtudes cívicas como el votar.
Esta degradación es la que lleva a las mayorías a votar a alguien tan infame y degradado como ellas. Necesitan un amo igual para seguir haciendo virtud de sus indignidades.
Se quejan de que el bolígrafo pesa y ni siquiera saben sujetarlo. Algunos llevan al extremo del plumín las puntas de los dedos y no ven una mierda de lo que escriben, otros rodean con el pulgar el bolígrafo como cuando la profesora les enseñaba a escribir las primeras letras, otros doblan la muñeca tanto que parecen sufrir parálisis cerebral. Pareciera que quieren demostrar con orgullo que padecen alguna enfermedad cerebral o una tara intelectual que les impide la coordinación motriz instintiva y lógica para tomar un objeto de escritura y escribir de una forma sencilla y natural.
La incapacidad intelectual y su incultura es otra de esas indignidades transmutadas en orgullosa virtud.
Forman una reata de asnos con el rabo enhiesto de una injustificada vanidad.
Socialmente, por mucho que cacareen los politicastros contra la violencia, yo afirmo que nunca ha sido tan necesaria en las ciudades como en esta tercera década del siglo XXI.

Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.
Las plañideras de las pseudodemocracias estalinistas-coronavirus
Publicado: 10 julio, 2024 en Absurdo, Chusma, Conclusiones, Histéricas, Lecturas, Reflexiones, TerrorEtiquetas:cobardía, corrupción, Crítica social, decadencia, dictadura, ensayo, estalinismo, Iconoclasta, infantilismo, ingenuidad, pseudodemocracias, reflexión, religiosidad, sectarismo, Ultrajant, votantes

Nunca he sentido miedo ni mi pensamiento invadido sea cual sea el régimen político del lugar donde me encuentro en el planeta.
He pensado siempre acertada y correctamente, sin asomo de simpatía por ninguno de los personajillos del mundo de la política y economía, que forman una casta caracterizada por la ambición y la codicia, sin importar su retórica son víboras muy peligrosas para la inteligencia y la honestidad. Ni me alegra ni me aterra quien gane o pierda las elecciones, no me preocupan los mezquinos que toman posesión de un cargo en el estado, les podrían descerrajar un tiro en la cabeza y yo miraría mis uñas con más atención que la noticia.
No obedezco a ninguna ideología y soy inmune a cualquiera de ellas y sus religiones.
Hago, digo y escribo lo que quiero, unas veces con más cuidado que otras, porque tengo sabiduría e inteligencia para identificar hasta qué punto los políticos se convierten en asesinos. Y las leyes existen para ignorarlas cuantas veces sea posible, porque la ley se ha inventado para favorecer al estado y agredirme a mí.
Y ante todo, hay una máxima que no me abandonó desde el momento en que tomé conciencia de mi pensamiento: Nadie es más que yo y nadie importa más que yo y mis deseos y placeres.
Por ello, siento vergüenza ajena y rechazo gástrico cuando los infelices esclavos votantes lloran por miedo o entran en una crisis de euforia dependiendo del asqueroso ambicioso y codicioso que sienta sus nalgas idiotas en el trono del estado y se convierte en un puto dictador corrupto en menos de tres horas. Le ocurre como al hombre lobo en luna llena; pero en puta.
Las sociedades actuales son mezquinas como aquellas de la antigüedad que inspiraron las patrañas del antiguo testamento y posterior nuevo. De hecho, los esclavos de hoy son los descendientes directos de aquellos desgraciados que adoraban vellocinos de oro o bien, votaron por los diez mandamientos y su fascista jerarca que las sacó de entre zarzas ardiendo.
Se ha visto hace muy poco en Inglaterra, hemos visto llorar de pena y alegría a francesitos y España, va más allá y ha constitucionalizado la corrupción y la prevaricación, creando una aristocracia política que declara a todo jerarca y burócrata impune a toda ley si forma parte del régimen actual.
Y en la apoteosis de la miseria humana, exhibe el estado/dios español toda esa podredumbre con orgullo festivo y maricón ante sus votantes y estabulados y pastoreados asalariados.
Esto está ocurriendo ahora mismo en España, pero el resto de los gobiernos del planeta siguen esa estela nazi-estalinista corrupta y asesina de libertad y vida, surgida como un parásito del coronavirus o lacovid19.
Así que:
El peor error que puede cometer y comete con alevosía y fe religiosa el ciudadano, es votar.
Porque ese sacrificio de tiempo de libertad para ir a un local electoral a votar a su andoba preferido, con el escaso tiempo libre que le queda al asalariado; es pura e indigna servidumbre de esclavo o de labriego condal. Que además, crea en la utilidad de su voto no sólo es un acto de ingenuidad, sino de ignorancia punible, una vergüenza para sus hijos si los tuviera. Incluso votar en blanco deja fe de la humillación del votante hacia su dios/estado que usará ese voto como argumento y ley para extorsionar, arruinar, juzgar y condenar siempre culpable al “buen ciudadano, votante profesional”.
El estado no es más que la caricatura de un dios corrupto cuyos decretos a ojos del votante mezquino, ingenuo y aparatosamente ignorante, son designios inescrutables que sólo ese buen y puto dios/estado puede entender y justificar mediante decretos que devorarán a los hijos de los votantes tarde o temprano.
La humanidad está interpretando de nuevo un antiguo testamento; sólo que en esta versión, Yahvé es un dios maricón y genocida nazi-estalinista con retórica de sacerdote folla-niños.
Hay algo repugnante, mezquino, humillante, decadente, cobarde, innoble y de obsceno infantilismo en los votantes que lloran porque el partido o jerarca votado no ha conseguido escalar al poder.
En las elecciones de cualquier país seudodemocrático se les puede ver abrazados llorando de alegría, llorando de pena, llorando de miedo, llorando y bailando con euforia narcótica. Son las imágenes sucias y repugnantes que aparecen en todo telediario o prensa mezquina tras unas elecciones. Muestran, aunque las reses lloronas o felices no lo vean, la pornográfica sublimación de la mezquindad y cobardía humana junto al uso del bozal nazi (mascarilla) y los aplausos a la autoridad penitenciaria que los encarceló, arruinó, mató y enfermó por un resfriado llamado lacovid19.
Lo peor del ser humano degradado sale en las elecciones y en el coronavirus y sus fascismos.
Me provoca asco y sus náuseas observarlos en las noticias, en las calles cabizbajos, tristes como si su dios se hubiera derrumbado, tristes porque temen no sentir las caricias y justos latigazos de su telepredicador, amo y líder; aquel que les salvará del mal y les robará la libertad y la naturaleza misma del ser humano para salvarlos de la ultra iniquidad que escupe fuego desde el cielo.
La política y su ganado humano es otra superstición, otra religión más que agrupa a decenas de sectas que hacen exactamente lo mismo, enriquecerse. Y en las que sólo varía la retórica, un punto muy importante dada la incultura y degeneración mental de las razas humanas urbanas; que representan la mayoría mundial votante o simpatizante de los dictadores y el paradigma de una evolución que las ha llevado a la degradación de su idiosincrasia humana primigenia.
La ingenuidad e infantilismo son los fundamentos donde se sientan las bases de las decadentes pseudodemocracias occidentales, como las de la vieja, desgastada y corrupta Europa; donde las naciones se han convertido en estados sectarios dictatoriales con el aplauso y satisfacción de una masa trabajadora votante cobarde e idólatra. Una especie humana que precisa como ninguna otra un largo de periodo de guerra, violencia y muchas muertes para recuperar su perdida humanidad. Ahora son como aquellos homosexuales patricios romanos de la Roma de Nerón, aplaudidores de los leones que devoran esclavos y del puto césar que dice ser un dios. Y llorarían y se suicidarían grupalmente ante la muerte de su emperador.
Las sociedades de las pseudodemocracias estalinistas están creando una nueva era bíblica, a gran velocidad gracias a la informática para pervertir la historia y la realidad. Cientos de miles de veces más veloces se crean las mentiras y los mártires hoy día, que cuando se escribían los “libros sagrados” de cuentos, leyes, condenas y mitologías que formaron el primer “antiguo testamento” con el que nació la biblia. Y de esa colección de mentiras y degradaciones éticas, derivaron las tres peores religiones y más venenosas del mundo: judaísmo, cristianismo e islam. Y por supuesto, sus miles de sectas que leen lo que les interesa de cada libro del antiguo testamento.
Las dictaduras que hoy día se llaman “democracias”, han heredado la retórica de los fascismos de Hitler, Mussolini, Stalin y Franco, solo que amplificadas y difundidas con mayor velocidad. El legado y sabiduría de la dictadura que dejaron aquellos genocidas burócratas y militares de medio pelo es el que ahora disfrutan los líderes más votados de las pseudodemocracias.
Algo que corre por todo el planeta a la velocidad de la luz.
Los vellocinos de oro, en el siglo XXI, visten traje, se perdonan a sí mismos los crímenes, esnifan cocaína sin rubor, vaticinan el fin del mundo con los “ultras” de toda ralea y predican el homosexualismo como paradigma de civismo; de servil, obediente y pacífico civismo. El homosexualismo es barato de controlar policialmente.
La población de las pseudodemocracias, tan cobardes como decadentes, se abrazan a las rodillas de sus dioses/líderes rogándoles que les proteja del “niño malo” que le quiere hacer pupa. Incluso algunos, con orgullo maricón, alardean de padecer el síndrome de Peter Pan.
Y el mesías nazi-estalinista les responde: “La protección requiere más impuestos”.
Y el cobarde responde: “Amén” y se aplica un lubricante en el esfínter que fabrica casualmente su líder elegido “democráticamente”. Su mesías, por el que ha llorado, aplaudido, sonreído y follado celebrando la salvación.
La ignorancia y la degradación intelectual de la raza humana “democrática”, no puede verse a sí misma, como tampoco el camello su giba.
Están reescribiendo los líderes de las naciones seudodemocráticas un nuevo y renovado antiguo testamento con todos sus excesos y esclavismos. Con todo el oscurantismo de los nazismos, estalinismos o cualquier totalitarismo que ya ha sido instaurado en cualquier parte del mundo muchas veces a lo largo de la historia mísera de la humanidad.
Y esperan los votantes llorones que surja de entre todos esos genocidas líderes “democráticos”, otro rey de locos y enfermos al que obedecer en el “amor al prójimo”. Y el prójimo es el estado asesino de la especie humana que se frota las manos con usura.
Ahora mismo, la inteligencia artificial está procesando velozmente una nueva esclavitud y humillación global a la que llamarán “nuevo y normal estado de derecho de la bondad del líder”.
Hacen bien en llorar, aunque no saben la causa real de sus lágrimas o risas.
Idiotas de culos peludos que se creen dulces niñitas lego o playmobil…
Los votantes son las plañideras de un fascismo con retórica paternalista que no se irá jamás sino es con una violencia planetaria que deje al borde de la extinción a una especie humana demasiado degradada y ya endogámica y sin futuro e interés genético alguno.

Iconoclasta
Las pobrecitas hojas
Publicado: 6 julio, 2024 en Absurdo, fotografía, Lecturas, Maldito romanticismo, Manuscritos, ReflexionesEtiquetas:absurdo, dolor, Iconoclasta, indefensión, literatura, locura, papel, pasión, pluma, prosa dramática, tristeza, Ultrajant

Las hojas de fino papel, pobrecitas, al escribir se abarquillan. Se rizan las esquinas cerrándose sobre sí mismas para impedir el daño y su conclusión: el dolor que desencadena la hiriente pluma y mi inexcusable e irracional ira.
Soy malo.
E impío.
La pluma escarifica el papel que no puede soportar la mortificación y la hoja agita sus hombros mermados de brazos como los bebés fajados.
Y crujen.
Misericordia…
Qué lástima de lamento.
Un humano que nació sin manos en los brazos intenta defenderse de la puñalada en el pecho y el puñal, irremediablemente, hace lo que debe.
Como yo.
Soy un hijoputa.
La pasión es violenta y doliente sobre todas las cosas, les salgan brazos de los hombros o no.
Como si no supieran que los brazos no formados que se cierran sobre el pecho indefenso no pueden evitar la agresión del arrebato.
Todos esperamos actos sagrados de salvación.
Pobres hojas crujientes de pensamientos tallados sin cuidado.
No hay nada sagrado.
Y la salvación es un aciago azar.
Soy un criminal.
Siento pesar en el corazón, lo siento de verdad…
Pero no puedo parar o me estallará la cabeza.

Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.
La sonrisa loca
Publicado: 6 julio, 2024 en Absurdo, fotografía, Lecturas, Maldito romanticismo, ReflexionesEtiquetas:cine, Citas, Humor, Iconoclasta, manuscritos, Música, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, sarcasmo, Ultrajant

La locura no tiene que ser divertida, sólo interesante. Sonreír es un acto reflejo e inevitable de liberación de no ser lo mismo que nació, así de simple.
Y algo íntimo como un morir.
Haber nacido tarde no es razón para callar
Publicado: 27 junio, 2024 en Absurdo, Chusma, Citas, Conclusiones, fotografía, Histéricas, Humor, Lecturas, Maldito romanticismo, Manuscritos, ReflexionesEtiquetas:escribir, experiencia, filosofía, fracaso, Humor, Iconoclasta, ironía, literatura, reflexión, sabiduría, sarcasmo, Ultrajant

Detrás de todo fracaso está mi firme voluntad. Muchas veces el fracaso no se debe a un azar, sino a mi ansia de experimentar aunque me joda.
No me bastan las experiencias ajenas relatadas como parábolas evangélicas de ilustres próceres o de mi madre o padre.
¡Pst, no sé…! Que hubiera nacido más tarde que todos ellos, no significa que deba vegetar dándole vueltas al espetón de los Sapientísimos Salmos de la Experiencia.
Pasa lo mismo con lo que afirmo, escribo y describo; siempre hay alguien que suelta muy ilustrado: “Eso ya lo dijo Pitágoras” o el incomprensible y cargante Aristóteles, del que he leído su ladrillo Metafísica, y me doy gracias a mí mismo por escribir como lo hago. Qué vergüenza debe pasar el alma/sustancia del arqueo-filósofo cada vez que le dé un repaso a lo que escribió.
Bueno, “pues ahora lo digo yo” respondo o pienso, aunque tuviese a Pitágoras redivivo frente a mis napias. Yo no tenía el control de cuándo nacer, y si así fuera, si me muerdo la lengua me enveneno.
El mundo de las citas y proverbios es muy decorativo; pero la gracia está en ser ingenioso en el momento y lugar adecuado, lo que es garantía de un excitante, aunque inservible fracaso; lo que yo creo que es el momento oportuno, está visto que para otros no lo es.
Qué asco de mundo imperfecto…
Dijéramos que los muertos y los vivos, puedo asegurarlo ante un cochino juez, no usaron o usan mis ojos para observar la vida y lo que contiene.
Por muy electricista que haya sido, no tengo por qué escribir de cómo cortar y pelar cables. Me place más explicar de lo muy eficaz que soy follando. Y cuando no, de mis apoteósicas pajas de esas que uno acaba pensando y jadeando con el semen aún ardiente entre los dedos y los huevos: Si quieres un buen trabajo, hazlo tú mismo.
No sé si es comprensible mi concepto del fracaso e ignorar a los “ilustres sabios”, porque no confío en la capacidad del votante tipo actual. Y sobre todo porque hay una constante universal que dice: el escritor sabe lo que escribe; pero no lo que el lector lee.
Sea como sea, me lo paso genial conmigo mismo sin vivir en mí (parafraseando a la mística y alienada Teresa de Jesús de un acusado fetichismo sexual).

Iconoclasta
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Soy la embarazosa prueba de la inexistencia de dios
Publicado: 22 junio, 2024 en Absurdo, Chusma, Conclusiones, Lecturas, Maldito romanticismo, ReflexionesEtiquetas:absurdo, ateísmo, condena, dios, engaño, estado, fraude, Iconoclasta, inexistencia, infancia, ley, misantropías, pecado indiferencia, prosa dramática, Reflexiones, religión, Ultrajant

Soy la cosa sucia y molesta que las divinidades maldicen.
Quieren esconderme porque soy la comprometida prueba de su torpeza y falibilidad. Soy una sólida y opaca constatación de la inexistencia de los seres superiores como los dioses y otros carroñeros.
Me pisan la cabeza con sus pies idiotas para aplastarme, para eliminar su negligencia que mi existencia avala y también su sagrada y divina incapacidad.
Dios vomita borracho en las esquinas del universo.
Yo lo he visto, aunque no exista.
A veces mea sangre.
Los lugares más hermosos de la Tierra los estropean sus gentes amontonadas que no mueren nunca en la cantidad y frecuencia adecuada para preservar la belleza que surgió por sí misma en un azar.
No deberían estar ahí, hay lugares más idóneos para esos humanos creados a imagen y semejanza de dios.
Eriales… Páramos…
El cosmos.
Dios es un prevaricador sin escrúpulos y por ello, reconocido corrupto.
Y es penosa y venenosa su pseudo existencia para la ilusión que, se pudre en algún rincón de mi pensamiento hostil y entre la piel de toda esa masa animal de sangre caliente a imagen y semejanza de los divinos fraudes.
Soy un hombre sin afabilidad y los dioses piden misericordia.
Una mierda.
Temo que si viviera suficiente, no sería el buen abuelo.
Dios no me infundió virtudes decorativas morales.
Cuando un equipo cualquiera juega a la pelota y gana, soy incapaz de sentir júbilo alguno y escupo displicentemente pensando que hay algo sucio atorado en mi garganta.
Luego fumo porque es pecado de dios, como el dinero de mi bolsillo; que debería tenerlo el estado con los hijos que también le pertenecen. Si no practicas la imbecilidad todos los días, te darás cuenta de que el estado es tan sagrado como dios.
Tan podrido y prevaricador.
Tan divino como el humo de mi orina en el invierno.
Soy un hombre sin alma porque dios no tiene nada que insuflar a cada bebé que nace para vivir sometido a los mandamientos y leyes de su fraude.
Las almas suben a dios, pero yo sólo veo que se deshacen ante el sol como un vapor más, humillantemente impersonal. No queda nada de lo vivido, no hay destellos de emociones en las almas que suben tontamente a dios. Se sacrificaron y comieron hostias rancias para ni siquiera llover.
Cuando los ajenos son felices y bailan siento la absoluta indiferencia que me hace hombre, la misma que hacia la muerte de los muertos y de los vivos.
Soy un hombre sin creador.
Cuando alguien se hace rico por un azar pienso “que lo jodan”.
Soy un hombre sin alma y sin dinero.
Y dios rentabiliza para sus arcas mi pobreza.
Dios pide humildad.
Una mierda.
Soy un hombre apócrifo.
Un evangelio molesto.
Deseo la muerte de algunos seres humanos desconocidos y conocidos de la forma natural y coloquial con la que me place un cruasán relleno de chocolate.
La indiferencia es la única semejanza que pudiera tener con un ser superior o creador de basura cosmogónica.
Dios exige una piedad que no me supo incrustar en el pensamiento.
Pues yo no puedo sacar de donde no hay.
No necesito dios y exijo que no salve a quien debe morir.
No amo los hijos, sino el placer de su creación; así pues su nacimiento es producto de mi hedonismo y un error cuando nos corrimos. Los nacimientos son accidentales como algunas muertes que no son por cáncer o vejez.
Cuando follo no amo, es una lucha por arrancar placer del coño en un mundo desesperadamente mezquino, aséptico hasta quitar el hambre.
El placer es el cebo de la reproducción en una chapucera creación. Dios quiere contribuyentes. Yo eyaculo en el cagadero para que eso no ocurra.
Nadie nace del amor y dios es el cero absoluto. La ausencia de.
Soy el arquetipo de la vacuidad funcional.
Dios no es amor, si fuera algo, sería simple esclavitud o humillación como el follar breve y fallido del adolescente.
Amar está en la luz y en la mirada. Un láser incruento.
No en una paleonto-sábana sucia de milenios de mentiras.
Doy fe de ello, hija mía de poderoso coño, ven con tu dios.
Porque Yo soy díos, ante su inexistencia total y tranquilizadora.
Soy la prueba palpitante del fraude cometido por los autores criminales de los pecados y las leyes, de las condenas y sanciones que no existieron jamás hasta que una puta ya enferma y apenas fértil los parió para que escribieran cosas así.
Y mi pene palpita con cada pecado enumerado con cada ley escrita codiciosamente.
Soy un fetichista tan impúdico… Una polla atea.
¿Desde cuándo odiar es malo? Es mi don más preciado y acoraza mi dignidad y seguridad.
Si no odias, estás muerto para amar.
Los ecos de las mentiras durante la infancia es una mitología que se debe desempolvar de vez en cuando para no olvidar lo que quisieron hacer contigo cuando estabas indefenso a ellos, a esos dioses modelados con mierda; el tiempo que te robaron para hacerte cosa y destruirte como humano; debías ser otro lelo que se sacrificaría bondadosamente por el grupo y por el estado porque vales una mierda.
No jodas…
Faltan guerras y las cabezas de los dioses, pinchadas en bayonetas.
Añoro lo que no podrá ser, porque nunca fue.
Si quieres dios, paga generosamente a la puta, ella sabrá…

Iconoclasta
El sagrado embuste
Publicado: 20 junio, 2024 en Absurdo, Conclusiones, Lecturas, Maldito romanticismo, ReflexionesEtiquetas:cine, Citas, Humor, Iconoclasta, manuscritos, Música, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, sarcasmo, Ultrajant

La definitiva y gran mentira de Dios es su hijo que, fue parido por una virgen (aberrante) y luego lo entregó u ofreció en holocausto a una caterva de hijos de puta para que lo torturaran y asesinaran, todo muy gracioso, bizarro y kitsch.
Si existiera el Diablo, sin duda alguna hubiera sido el creador de Dios.
La figura de dios es demasiado absurda e inverosímil entre la mierdosa y estúpida humanidad que, es más de adorar a los cerdos y acatar con servilismo paranoico sus mandamientos y decretos.
Así pues, ante una vida indigna se impone una acción violenta y decididamente cruenta.
Quien la pega la paga es una sentencia que no se debe obviar para mantener cierta y mínima dignidad.
Doce hombres sin piedad: un sórdido tratado de las mayorías
Publicado: 18 junio, 2024 en Absurdo, Chusma, Conclusiones, Lecturas, Reflexiones, TerrorEtiquetas:adocenamiento, ambición, asesinos, cobardía, corruptos, Crítica social, democracia, elección, ensayo, Iconoclasta, idiocia, incapacidad, jurado, mayoría, poder, política, reflexión, Ultrajant

Doce hombres sin piedad (obra de teatro y películas) no trata de la cruel indiferencia, injusticia, ignorancia y la fe ciega e imbécil en la autoridad del estado.
Trata de la mezquindad de las mayorías, de cómo un rebaño humano se deslumbra adoctrinado por un charlatán, un funcionario del estado; un fiscal. Y a ese rebaño le importa una mierda la vida del juzgado, sólo quiere declararlo culpable porque así los ha amaestrado el estado. Porque de la forma más aberrante, el jurado cree ciegamente en la infalibilidad del charlatán; así como en los testigos y las pruebas que ha aportado la policía.
Asesinarán al juzgado y creerán elevarse a putos jueces justicieros.
Como si el estado, su cochino dios y ellos mismos estuvieran en posesión de la sagrada verdad revelada.
Allá donde hay una mayoría sólo hay adocenamiento, cobardía, idiocia y su pensamiento insectil.
La mayoría son las reses que pacen en la sabana plácidamente cuando el león devora a escasos metros a una de las suyas.
La mayoría es el mayor insulto a la imaginación, inteligencia, dignidad, honestidad y libertad.
La mayoría elige al asesino psicópata como líder de su nación, al torturador como maestro de sus hijos y al negligente y corrupto vago como juez.
La mayoría tiene un cerebro tan enfermo que, ni a nivel instintivo, es capaz de distinguir los ademanes de un peligroso loco psicópata, ni siquiera en sus palabras tiene suficiente capacidad intelectual para captar la ambición patológica y su peligro para ella misma.
La mayoría muere indignamente como ganado de matadero y hambrienta de la mano del caudillo o líder que votó. Es por ello que en las democracias los líderes votados tienen un tiempo limitado en el poder, porque al ser elegidos por esa masa amorfa mono pensante, es previsible que los jerarcas se convertirán más temprano que tarde en corruptos y asesinos dictadores.
Las mayorías, junto a la envidia, son las características más infames e infectas que definen a la especie humana.
La mayoría es un monumento y refugio de cobardes e incapaces.
Si un líder político se eligiera por su capacidad de trabajo, conocimientos e integridad ética, los dictadores no existirían.
Son las democracias y sus infectas mayorías las que elevan a un criminal al gobierno de su nación y lo mantienen a pesar de su podredumbre.
Las mayorías, en definitiva, son lo mejor que le puede pasar a un ignorante enfermo de ambición cuando se presenta a unas elecciones: al poder y la riqueza.

Iconoclasta