Archivos de la categoría ‘Absurdo’

¿Dónde escondes la libertad para que el hijo de puta no te la arranque?
En el culo no, porque te lo petarán con hierros ardientes.
En la cabeza tampoco, te la abrirán a martillazos.
En los dientes menos, porque te colocarán electrodos en los genitales y se romperán cuando los aprietes por el dolor.
Bajo las uñas ni lo sueñes, tienen alicates oxidados.
No metas la libertad en la mochila del colegio de tu hijo. Olvídalo, hay pequeñas cabezas decapitadas clavadas en picas justo al lado de las banderas de los hijos de puta, a la entrada de los colegios.
Podrías haber escogido traficar con drogas, los hijos de puta te la quitan, se la quedan y te dejan tranquilo.
Hubiera sido mejor que traficar o usar la libertad.
Has cometido delito de anatema.
Podrías meter la libertad en una bala y disparar al hijo de puta por la espalda antes de que sepa que piensas libre y salvaje, sin escrúpulos concebidos, con las palabras exactas y precisas. Y a ver si luego es capaz de extraerse la bala de la cabeza y confiscar tu libertad si tiene cojones.
O coño.
O compra símbolos religiosos y los contaminas con tu semen libre y espárcelos por la calle, cuando algo es gratis la gente te lo quita de las manos huela como huela, o se agacha si es menester. Y se untarán los dedos y tal vez los labios con tu láctea libertad. Usa trocitos de banderas como pañuelos desechables…
Lo cierto es que si hubieras escogido cualquier delito material tendrías posibilidades de sobrevivir; pero ¿escribiendo ideas libres con palabras descatalogadas y prohibidas por la moral de mierda?
No sabes lo que has hecho, mano.
Nunca debiste cometer esa herejía, por muy libre que te creas, por la verdad que sea.
Si hubieras contado alguna superstición, como la religión o algo ideológico como política de ganadería de rebaños humanos o cháchara pseudo filosófica de magnates aburridos; tu vida no correría peligro.
Desde el mismo momento que escribiste “El ojete del culo no es un órgano genital como una polla o un coño”…
Que dios, si existiera semejante burro, se apiade de tu alma.
¡Huye!

Iconoclasta

¿Y si solo soy el argumento de un mal guionista?
Un libreto negado.
Unas horas perdidas.
Algo que no vende.
¿Existirá semejante ser capaz de imaginar un hastío tan monumental?
Deberían pegarle un tiro en la cabeza para acabar con su sufrimiento.
Sobre todo con el mío.
Y se cree un carismático atormentado.

Ocurre que a veces me encuentro desprevenido, indefenso ante el drama de un pasaje literario o una escena cinematográfica.
Con la guardia baja.
Es muy embarazoso cuando el llanto se agolpa al borde mismo de los párpados.
Jamás parpadees.
Cualquier movimiento volcará las lágrimas y costará dios y ayuda de parar.
Da gracias a la soledad, a la intimidad.
De que nadie sepa.
De que nadie vea.
Me siento invadido de lástima hacia esos personajes que sufren aquí y ahora ante mis ojos; las coordenadas del presente y el ánimo: la realidad.
La mía.
Es vergonzoso llorar por tamaña banalidad.
Me siento idiota.
No es por el drama exactamente. Quisiera que existieran los que sufren.
Son buena gente.
Y quedo abandonado, perdido en esas coordenadas ilocalizables en ningún mapa.
Perdido en mi realidad, no los encuentro.
El llanto es por su inexistencia, no han nacido.
Pobres míos…
Que la aflicción se derrame secretamente.

Iconoclasta

Pedir deseos y que se cumplan, aunque sea a costa del sacrificio de otro ser…
Hay que ser mezquino.
Bien, froto la lámpara y deseo ser super mega billonario en euros de curso legal.
Es importante especificar bien lo que quieres, los genios son unos hijos de puta muy irónicos y guasones. Si no eres cuidadoso te podrías ver cubierto con “euros” del Monopoly.
Es el problema con estos genios volubles y endiosados, se creen muy listos.

Viendo una película de terror recapacito sobre las cosas horrorosas de verdad.
Y llego a la conclusión de que por muy terrorífica que quiera ser una película, no puede ser peor que te taladren una uña sin cariño alguno o anestesia para drenar la sangre acumulada por un golpe o que la reparación de una persiana tarde ocho meses en realizarse.
Eso sí que es desgarrador.
En fin, lo que me encanta de las películas de terror superficial, son las protagonistas. Siempre son tetonas que al respirar agitadamente, sus tetas suben y bajan con hipnótica lascivia.
Pretenden darles un aspecto juvenil de apenas dieciocho años; y al ser tan voluptuosas y carnales, parecen auténticas macizas treintonas (mature en idioma porno) y claro, dejan a sus compañeros machos de reparto como niños con pañal.
Es pura masturbación desencadenada para los que inician la dramática y estúpida metamorfosis hacia la adolescencia.
(YO, como soy viejo, necesito ver el pezón para cascármela)
También es habitual que entre las pandillas de machos jóvenes en estas películas, haya uno tan feo y contrahecho que en lugar de aparentar diecisiete años o dieciocho, aparenta sesenta.
Suele ser de los primeros en morir. Un castigo bíblico a su fealdad, y un recurso cinematográfico para no prolongar más tiempo del necesario su aparición ya que me deprime al público en caso de que le hiciera caso a la película y no anduviera haciéndose porros de maría.
Este feo, además, es el que te lleva a esperar con impaciencia otra escena con la tetona corriendo aterrorizada con una camiseta de tirantes, o bien directamente con un sujetador que parece pegado con superglú a las tetas, porque por mucho que corra, salte o respire agitadamente, no asoma ni un trozo de la areola del pezón.
Otra cosa a destacar es la situación idiota que muchos guiones proponen: intentar matar a un ser sobrenatural, semitransparente e inmortal con balas.
Como si las balas USA fueran agua bendita que a chorros queman a los diablos vaporosos.
Es en realidad, un mensaje subliminal de la Asociación del Rifle.
Así que esto funciona inevitablemente, siempre así: un macho joven (el promedio de edad de los personajes en las películas de terror superficial) americano observa aproximarse a un espíritu maligno vaporoso (la tetona respira a su lado subiendo y bajando hipnóticamente sus lascivas tetas). Y de repente, el muchacho echa a correr al recordar aquel rifle que se le cayó en la poza séptica que usan en la casa de campo como retrete. Pretende asar a tiros a la maligna nube de gas o diablo cambiante.
Muere el muchacho; pero con heroicidad.
Y las tetas de la prota, suben y bajan, suben y bajan, suben y bajan, suben y bajan…
No sé lo que pasa al final, tengo trabajo.

Iconoclasta

¿Cómo quieres que no te grite si te amo tanto?
Soy tu super amante y mi super pensamiento surge de mí rompiendo la barrera del sonido y tu ropa interior.
Lo siento.
No lo siento, luzco con vanidad mi super erección.
Estás hermosa con el sujetador desgarrado colgando de los hombros.
Con las bragas rotas que dejan desnudo parte del monte de Venus.
Y tu cabello alborotado, como cuando te corres.
Sucede a menudo que, no sé si te escribo o te super follo. Se me pone tan dura que me duele amarte, en el pijo y el corazón.
No puedo evitar esta desesperante y húmeda super dureza cuando te super pienso.
Es orgánico amarte.
¿Cómo evitar lanzarte mi super amor cuando mantienes mi cabeza sujeta entre tus muslos y jadeas y no me permites respirar y solo beberte? ¿Eh?
¿Cómo no gritarte mi pensamiento cuando manejas mi rabo sin cuidado y lo maltratas y te lo comes y te lo metes y haces de mí una cosa?
No puedo evitar la potencia de amarte y enviarte una super ráfaga de deseo.
Soy tu super amante…
Se me escapa un super pensamiento de demanda de piedad cuando tus dedos gotean mi láctea alma que me has extraído, exprimido.
Mis huevos se contraen con espasmos, vacíos entre tus dedos.
Y me conviertes en tu obsceno super trofeo.

Iconoclasta

Mientras no se lo trague todo como hacen las diosas del porno, posiblemente no engordará, solo sudará.
Deberé buscar ese gimnasio con final feliz por internet. Igual sale más barato el follar (sí lo sé, soy un cándido iluso) y las mamadas que en una agencia de putas de lujo o escorts.
Es época de predicadores bocazas vendiendo sus follalotodo, aprovechando el tirón de un sociedad infantilizada y con su bozal bien prieto en el hocico que, ha vuelto a creer en salvadores de la humanidad, profetas, curanderos y gurús de internet.
Y no sé qué tiene de secreto follar, no hay más que ver la cantidad desmesurada de chinos que hay en China y en todas partes porque no caben ya. Y porque su gobierno los mata de encarcelamiento, hambre y asco.

Un niño de ocho años con genitales masculinos sintió curiosidad por ver el mundo que dejaba tras de sí. Observar cómo se alejaba todo cuando caminaba.

Algo maravilloso ocurrió en su cerebro, porque no existían las enfermedades mentales. Se detuvo frente a papá y mamá biológicos, como era ley llamarlos en la escuela; en la asignatura de Catecismo de Familia Inclusiva: madre y padre biológicos o bien madre y padre del amor, lo que correspondiera.

Y dobló la espalda hacia atrás rompiendo con un terrorífico crujido la columna vertebral, hasta que la nuca descansó contra las pantorrillas. Ahora veía del revés a su padre biológico avanzar hacia él y le pareció mágico.

Papá biológico gritaba alarmado su nombre: Julia. Ya no había nombres de niño o niña. Mamá biológica en su niñez fue lesbiana y papá biológico dejó el travestismo cuando la conoció en el instituto.

Papá biológico hablaba por teléfono solicitando con gratas palabras una ambulancia para su hijo biológico con el terminal frente a los labios para que identificaran si estaba infectado de coronavirus. Mamá biológica se había detenido y gritaba afectada, porque estaba prohibida la palabra enloquecida, le enseñaron que se derivaba de loca y no existían locos y locas por decreto.

Julia caminaba alrededor de su padre, que seguía suplicando con todo el respeto que es debido a la Autoridad Sanitaria ayuda médica para su hijo.

El pequeño Julia trotaba feliz con la cabeza colgando entre las piernas, fue algo hediondo de ver cuando se cayó y se rompió los incisivos y los labios se partieron. Se agitaba como una lombriz aplastada por la mitad luchando por recuperar una verticalidad instintiva. Sus intestinos dejaron escapar excrementos que contaminaron el aire. Un policía hombre con genitales masculinos les amenazó con multarles climáticamente.

Una mujer con cabeza de hombre y genitales femeninos que pasaba por allí, aplaudió al agente.

El papá biológico elevó al pequeño Julia por la cintura y le aconsejó con voz serena, para evitar denuncias de maltrato, que apoyara las manos en el suelo para mantenerse en pie. Una joven mujer con genitales de mujer, con el móvil grabó un video hasta que llegó la ambulancia. Y lo colgó en Yutup como Niño Bisagra, al instante se hizo viral (“famoso” estaba en desuso y casi prohibido). Y se convirtió en tres minutos, Dana Ortiz, en influencer millonaria (bustos parlantes de internet que por alguna inexplicable razón captaban la atención de millones de mujeres con genitales masculinos o femeninos y millones de hombres con genitales femeninos o masculinos).

Fue muy comentado por los seguidores el plano del rostro amoratado de Julia, congestionado por la bajada de sangre a la cabeza y las escleróticas de sus ojos teñidas de sangre dándole un aspecto fiero, demoníaco. De sus labios partidos caía una baba semi coagulada, muy espesa y rosada que inundaba las fosas nasales.

A pesar de todo, Julia sonreía divertido como cualquier niño jugando, y se convirtió aún sin saberlo, en el amado fundador de los Caballetes Humanos.

La Excelentísima Doctora que acudió a la llamada de papá biológico, felicitó a Julia por tan feliz y valiente idea, lo plegó bien para que no desestabilizara la camilla y lo trasladaron al hospital.

Por alguna razón que no pudieron explicar los médicos, el niño seguía vivo y con las piernas y brazos operativos tras partirse la columna vertebral; pero su nueva condición, libremente elegida por Julia, tuvo consecuencias: las piernas quedaron rígidas como estacas, es decir sin articulación en las rodillas. Nunca más podría ponerse derecho, los intestinos se vieron afectados neurológica y posturalmente (los excrementos encontraban una gran dificultad para ser evacuados), se le hizo una colostomía permanente. El pene, era funcional, aunque debido a la antinatural morfología, orinar era difícil y antihigiénico, lo sondaron. Pronosticaron su ceguera en no más de tres años. A los seis meses los ojos colapsaron por la presión sanguínea y le trepanaron el cráneo para instalar una válvula de purga de sangre. Nunca más volvió a experimentar como quedaba atrás el mundo cuando caminaba.

Dana la influencer documentó con el permiso de la familia y pagándole un porcentaje de sus ganancias, el día a día del niño Julia que se convirtió en el símbolo de la libertad de cada cual a ser lo que deseara a costa de los demás.

Uno de los momentos más emocionantes que recuerdan millones de seguidores, fue la primera masturbación asistida de Julia, cuando llegó a la adolescencia, un año y medio después de convertirse libremente en aquella cosa. Tenía doce años.

La madre biológica retiró la sonda, tomó en sus manos aquel pene tierno y pálido y escupió en el prepucio. En principio fueron caricias sosegadas, delicadas, hasta que el falo se inflamó y se puso rígido; a partir de ese momento la masturbación fue frenética y el niño lloraba de placer y emoción. Balanceaba con paroxismo la cabeza entre las piernas ante la proximidad de la eyaculación, ante la millonaria audiencia que lo seguía. José Luís, la madre biológica, mostró su mano goteando semen ante la cámara, Julia aún gemía excitado, con los pulmones colapsados por la prolongada y agitada posición en V invertida y el rostro congestionado de sangre. Abrió la válvula instalada en la sien derecha para purgar el exceso de sangre. Sus ojos opacos, saltones y ensangrentados, miraban a un lugar donde no se encontraba la cámara para dar más dramatismo a la escena. La transmisión finalizó con la boca del adolescente en un rictus obsceno, jadeaba con la lengua colgando por encima de la nariz.

Dana contaría en una emisión por Yutup dos días más tarde, que Julia exigió a su madre que le hiciera un par de felaciones cada día.

En las redes sociales había un tráfico demencial. Se pagaban pequeñas fortunas por ver las mamadas en directo por webcam, entre los seguidores se encontraba el Caudillo de la Nación, que manifestó en una entrevista televisiva: “Ha sido lo más hermoso que una madre y un hijo habían llevado a cabo jamás”.

Un consejo de ministros decretó la condecoración a José Luís como madre biológica excepcional de aquel estado democrático de pleno derecho.

A los trece años Julia perdió la capacidad de hablar. Solo salían gruñidos de su boca debido a que órganos como la laringe, cuerdas vocales y úvula, se lesionaron o degradaron. Un transductor implantado en el cuello escribía en la pantalla de un smartphone lo que el pequeño Julia pretendía decir. A esa misma edad sus riñones dejaron de funcionar y no había posibilidad de trasplante debido a que la zona lumbar era inaccesible. Los riñones estaban ocultos en el ángulo interior que formaba su cuerpo, entre las nalgas y la espalda. Romper la columna vertebral de nuevo para dejar su torso erecto, lo mataría.

Cada dos días se conectaba a una costosa máquina de diálisis para depurar la sangre.

En una de las emisiones de Yutup, se pudo ver como la madre de Julia, dejaba en la meseta que formaba el vientre una toalla para secar tras el aseo el rostro de su hijo.

Alguien escribió en los comentarios, que no era un ser humano, sino un caballete.

Y aunque muchos seguidores le afearon e incluso le insultaron por ello, no pudieron evitar referirse a Julia, como el caballete.

Aprovechando el tirón viral, la madre, el padre y la influencer, impulsaron una plataforma social para la protección de los Caballetes Humanos que pronto tuvo una masiva cooperación con fondos y actos de voluntariado. Julia se convirtió en el primer niño caballete activista por los derechos a la libertad de transformar el cuerpo y por una vida digna.

Un día, eyaculó ante la webcam semen ensangrentado, los testículos se habían infectado y lo castraron; pero tarde, la infección se extendió y murió a los catorce años.

En todo el mundo, más de quince mil niños, alentados por sus madres y padres biológicos o bien del amor, hicieron el rito de conversión en caballetes humanos para ver el mundo alejarse cuando caminaban.

Diez mil dieciséis murieron en el acto de quebrar la columna vertebral y sus padres recibieron cuantiosas ayudas económicas a costa de los presupuestos sociales por la trágica pérdida sufrida en nombre de la libertad de elección.

La OMS creó un protocolo de tratamiento para evitar el deterioro físico de los caballetes humanos. Las afecciones del habla y la visión consiguieron ser contenidas con cirugías ortopédicas y medicación para la hipertensión así como licuación de la sangre para hacerla menos densa.

Seiscientos murieron con hemorragias internas entre los ocho y diez años de edad.

Se crearon jardines infantiles de uso exclusivo para estos niños, a los que llevaban sus progenitores biológicos o del amor, con una correa ceñida a la bisagra o vértice (la cintura de los que eligieron libremente no ser caballetes) para guiarlos y evitar las frecuentes caídas que provocaban humillantes y jocosos comentarios entre seguidores y público.

La sociedad parecía perder su capacidad de emotiva tolerancia hacia los monstruosos caballetes humanos.

Se prohibió la práctica del contorsionismo porque podía ser una forma de falsificar el estatus social y se consideraba ofensivo para la dignidad de los caballetes.

Los progenitores de los caballetes humanos que sobrevivieron al rito de transformación exigieron al estado que las pizarras en las escuelas se colocaran al revés, así como semáforos a nivel de suelo y prohibir la presencia de perros en las calles. También se sacrificaron los perros de los hogares para evitar que en algún momento escaparan e invadieran la calle que se haría prioritaria para los caballetes.

Les fueron concedidas semejantes demandas por los corruptos gobernantes del planeta, ávidos de votos fáciles. Pretendían ser gobiernos de la bondad y la piedad. A pesar de ser solo cuatro mil el número de caballetes vivos, los gobiernos pensaron que podrían ser con el tiempo muchos más, y se adaptaron escuelas, semáforos y señales viarias para los caballetes, los hubiera o no en todas las ciudades del mundo.

El papa de Roma beatificó en una gran gala a los pocos más de cuatro mil caballetes humanos de entre siete y trece años de edad.

El primer caballete humano que llegó a la mayoría de edad, fue designado presidenta honoraria de los Caballetes Humanos. Se trataba de una mujer con genitales masculinos llamada Feodor. Su secretario se hacía cargo de su movilidad y saciaba su deseo sexual, a los cuales tenía un derecho innegable.

Recibía a niños en su despacho para informarlos y demostrar con ella (a pesar de sus genitales masculinos, así quiso ser tratada) como ejemplo, la importancia de ser un caballete y los grandes beneficios sociales y económicos que reportaba semejante estatus.

Muy pronto se exigió una cuota de presencia de caballetes humanos en todas las instituciones mundiales. Se prepararon y organizaron espacios en las empresas y la administración del estado para la inclusión de caballetes adultos.

Debido a sus dificultades respiratorias, decretaron los caballetes humanos, como ministros de sanidad, los cierres de las tabacaleras y el consumo de tabaco en todo lugar, incluidos los hogares. Si ellos no podían fumar, nadie debía hacerlo. La sanidad pública celebró a sus nuevos ministros aplaudiéndolos en grandes concentraciones y promocionando con cortometrajes emotivos su gran capacidad para salvar a la humanidad de sí misma.

Consiguieron grandes sueldos y se elevaron a una casta superior a la de los seres humanos que habían elegido ser como nacieron.

Se fabricaron camas verticales con bisagra, se doblaban formando ángulo, bien podían dormir sobre el vértice o dentro del ángulo formado.

A medida que los caballetes llegaban a la mayoría de edad, eran situados exclusivamente en puestos del gobierno. Y exigieron secretarias y funcionarios caballetes, como ellos. Los gobiernos ofrecían grandes cantidades de dinero a funcionarios para que se partieran la columna vertebral mediante cirugía y así trabajar para los mandos caballetes.

Los momentos de actividad sexual estaban incluidos en la jornada laboral de los caballetes con altos cargos en el gobierno. Precisaban de especialistas sanitarios que los alzaran o movieran adecuadamente para realizar el coito, las estimulaciones orales o masturbarlos. Para las actividades anales disponían de largos vibradores articulados y flexibles para acceder al ano. Con el tiempo, en los despachos se colgaron columpios ortopédicos del techo para facilitar las penetraciones; pero siempre necesitaron la ayuda de humanos erectos.

Cuando los caballetes humanos sobrepasaban los veinticinco años de media, sus testículos se secaban y pudrían debido a la malformación del sistema circulatorio, por lo cual debían ser castrados e indemnizados millonariamente.

Un par de ellos se balancearon en las ventanas de sus despachos para precipitarse al vacío gritando que no podían correrse y “mi puta polla está muerta” o “mis cojones se han podrido”.

Gran cantidad de ellos se deprimían o sufrían graves alteraciones psicológicas que los llevaban a la violencia y mal trato de su servicio personal y humanos erectos en general, a los cuales discriminaban desde sus puestos de poder.

Entre la población se puso de moda llamarlos bisagras, cangrejos o rotos de mierda.

Y pronto se pasó de las palabras a la violencia.

El primer brote se dio en un colegio de primaria. Un niño erecto durante la ausencia de un profesor hombre con genitales masculinos, empujó al caballete humano diciéndole: “Me das asco. Tú no eres mejor que yo, cosa mierdosa.”.

El caballete humano se retorcía en el suelo entre una fila de pupitres intentando de algún modo incorporarse a cuatro patas. Los niños erectos del aula hicieron un corro en torno a él riéndose e insultándolo. Le llenaron la boca y la nariz con tizas hasta asfixiarlo.

Los treinta escolares de entre nueve y diez años fueron acusados de crimen contra la humanidad y la decencia. Los condenaron a cadena perpetua.

Un influencer secuestró a un caballete funcionario de baja categoría y en un almacén en ruinas e inidentificable lo decapitó ante la webcam, demostrando que por el tratamiento médico al que eran sometidos para prolongar la vida, sus cabezas cortadas seguían vivas durante diez minutos.

Feodor, la presidenta de los Caballetes Humanos, en un comunicado de prensa dijo haber tramitado un suplicatorio al tribunal para que los treinta escolares fueran condenados a muerte por decapitación. Tres días más tarde el palacio que le había sido asignado como vivienda oficial estalló con sus secretarios y cuidadores dentro. Murieron con ella, cincuenta y seis erectos y diez caballetes auxiliares.

Respecto al influencer que decapitó al funcionario caballete, los medios anunciaron que lo habían capturado, le partieron la columna vertebral con un martillo y luego fue decapitado a los pies de la Torre Eiffel como ejemplo para la humanidad.

Había rumores de que los servicios secretos del estado escogieron un influencer al azar y el verdadero asesino nunca fue descubierto.

Los humanos erectos en grandes multitudes organizaron manifestaciones y huelgas violentas exigiendo igualdad de trato. Era una atrocidad cometida por el estado el someter a los humanos erectos a la dictadura de los bisagras o caballetes que tan solo eran tres mil a esas alturas los que vivían.

Los gobiernos del planeta viendo peligrar sus votos eliminaron los privilegios de los caballetes. A partir de aquel momento fueron cazados sistemáticamente hasta su extinción. Al igual que los progenitores y los hijos adoptados por ellos.

No quedó nadie que hubiera sentido la más mínima simpatía hacia ellos.

En las escuelas anularon los sistemas de giro de las pizarras para los niños caballete y se destruyeron los semáforos y señales viarias para ellos.

Los últimos doscientos caballetes en el poder fueron eliminados en sus despachos en una operación mundial sincronizada por grupos de humanos erectos voluntarios. Los asfixiaban obstruyéndoles las vías respiratorias con colillas de cigarrillos y segundos antes de morir, tomando sus piernas y brazos, los enderezaban con un fuerte tirón. Luego los arrojaban por la ventana al vacío.

Los caballetes humanos cayeron en el olvido gracias a la eficaz revisión de la memoria histórica por parte de los gobiernos del mundo.

La ciencia avanzó. La gente podía cambiar su cabeza por la de sus animales preferidos o mascotas.

Y por ello surgieron miles y miles de cazadores de humanos-bestias.

Debido a aquellos trasplantes terribles y dada la baja calidad higiénica de los hospitales que ofertaban tales servicios, se desarrolló una potente bacteria que extinguió a la humanidad en cuatro meses. No quedó rastro alguno de la genética humana en el planeta, al menos, ninguna viva.

El resto de especies animales, tras milenios de evolución, aprendieron a hablar y elaboraron un lenguaje claro y preciso; pero siguieron viviendo como lo hicieron durante millones de años desde que surgieron en La Tierra.

Ningún meteorito cayó del cielo.

Simplemente, La Tierra se agotó y dejó de girar. Se convirtió en un astro sin vida. Abrasador de día, gélido de noche.

Tanta mierda para nada…

Iconoclasta