Archivos de la categoría ‘Amor cabrón’

Hay afanes perversos y los hay obscenos.
Lo mío es la obscenidad.
No puedo soportar la perversidad de los cobardes, los que creen toda la mierda que leen y oyen. No puedo soportar a los pervertidos arribistas y los políticos.
Porque esos perversos son infames y huelen a mierda. Siempre a mierda.
Soy obsceno, sin amo ni dios.
Y siempre he tenido una buena habilidad para la hipocresía y mentir a los pervertidos o perversos para mantener mi comodidad y supervivencia en esta sociedad puta.
Si en algo soy bueno, es mintiendo a los idiotas.
Luego, cuando no he de soportar a los pervertidos; ya en mi reino, en mi casa le ordeno que separe las piernas, sabe que me ha de esperar con falda o una bata sutil. O con lencería de puta.
Con la navaja corto las bragas y las dejo despedazadas entre las piernas, o sobre los muslos. Que le molesten.
Y acaricio su coño, haciendo chapotear los dedos en su precioso y hambriento chocho. Está caliente como una perra y sus pezones le duelen de duros.
No la jodo porque quiero ver su rostro mortificado por el placer, sus ojos casi en blanco cuando mis dedos se agitan violentos dentro de su coño elástico, mojado, fragante. El aroma que impulsa mi instinto de posesión y reproducción.
Necesito ver su obscenidad, sentirla en mis dedos. Esa pornografía que la transporta a otra dimensión con los continuos espasmos de la vagina y el vientre. De su monte de Venus que asemeja elevarse y hundirse en movimientos telúricos.
Soy decididamente obsceno y saco mi rabo frente a ella cuando empieza la convulsión del clímax. Lo masajeo con tanta violencia que temo proferir por mi boca dolores más que placer; aunque se confunden las frecuencias entre ambas cosas.
Y eso, a mi puta la catapulta al paroxismo. Y se abofetea el coño que la hace desvariar cuando escupo mi leche en su vientre, en el monte de Venus, entre los dedos que ahora intentan sujetar el coño que parece expandirse como una supernova.
La bragas hechas jirones, se balancean próximas a las rodillas. Es la imagen más excitante del mundo…
Y nos corremos cada cual sumido en nuestras obscenidades.
Extiendo todo ese semen por su coño que aún tiembla agitado, entre sus labios dilatados y tiernos que no puedo evitar morder suavemente.
Gime mi puta y conduce, guía mis dedos brillantes y resbaladizos de leche hacia los rincones que ella desea, y me obliga a chupar sus pezones pringados. Y jadea…
Su corazón se relaja y mi polla pierde la dureza goteando leche sin fuerza por el meato, dilatado como una boca abierta sin dientes. Como si mi puta polla quisiera respirar…
Cuando digo que soy más de la obscenidad, no miento. Soy sucio, soy pornógrafo, soy todo aquello que es malo ser en un ciudadano integrado de mierda.
Y mi puta tampoco miente: miradla, aún está acariciando su coño irritado.
Guardo un semen frío y rancio para lanzarlo a los ojos de los perversos, con la esperanza de que los deje ciegos para toda su perversa y cochina vida. Obscenamente ciegos.

Iconoclasta

El amor no se puede compartir, va contra el ideal de la exclusividad y contra la instintiva y mutua posesión de los amantes.
Contra la reproducción: de una sola mujer y de un solo semen nace una sola cría.
Cualquier otra concepción o versión del amor es pura ingenuidad.
Amar demasiado no es amar, es solo colección.
Si el amor se comparte no es amor, es follar pagando, por comodidad y conveniencia o con ebriedad. O simplemente por comezón genital; pero no es amor, es prostitución o una variante. Una decadencia de humanos aburridos, decadentes, ociosos…
Un amor y su ser no se comparte, solo se extingue,
Los amores nacen y mueren, como los seres humanos.
Y ya.

Veo películas de ciencia ficción e inevitablemente sueño con viajar al pasado y reparar el error del tiempo y el espacio que se cometió conmigo. Imagino vívidamente lo que haría para conseguir nacer allá donde tú lo harás unos años más adelante y así, encontrarnos sin perder tiempo y vida con otros amores que de nada han servido.
Mis sueños de ciencia ficción giran siempre en torno a esa galaxia inalcanzable que eres tú, cielo.
A veces mis sueños salen mal y soy un astronauta que ha debido abandonar su nave rota y flota en el espacio esperando que se agote el aire de su traje, con la mirada clavada en la lejana galaxia a la que ya no podré llegar.
No podré llegar a ti y moriré asfixiado y fracasado aquí en la nada, lejos de ti.
En otros sueños sobrevivo al viaje y cuando alcanzo tu galaxia todo es luz, esa cegadora luz de tus grandes ojos que me fascinan, la gruta carnal que forman tus labios para que bese la entrada. La increíble calidez que preciso después de tanto tiempo viajando por el gélido espacio, está toda en tu piel.
Y después de eso, despierto y no estás. Quisiera arrancarme los ojos.
La realidad fue todo un error, amor.
Ahora solo queda engañar a la vida luciendo una sonrisa que es puro quebranto, por mantener la más mínima dignidad ante la frustración de una vida sin ti.
Pienso en bebés muertos, no fui uno de ellos; pero nací en un espacio triste y deformado sin ti. Sin posibilidad alguna de reparar un daño que no cometí.
Los bebés muertos no sufren, solo viajan congelados como asteroides alrededor de estériles astros, con los ojos muy abiertos, como cuentas de cristal translúcido. Yo que sobreviví, no quiero nada de lo que hay en este mundo, ni siquiera la alegría; sino lo que está desesperadamente lejos de mí. Lejos en el tiempo y sus circunstancias.
Tan lejos de ti…
Mis películas de ciencia ficción son las más tristes que se han hecho jamás.

Iconoclasta

En el vasto páramo de las letras, sé cuidadoso al pisar.

Las equis te expulsan y las as te pueden amar y abandonar.

Atento porque los dedos corren apremiados por la emoción y el amor es traicionero.

Podrías escribir la historia errónea con la palabra fallida o la indescifrable.

¿Y no querrás eso, verdad? No quieras añadir a la saña con la que te trata el planeta, tus errores. Las emes son de muerte, y las efes de fracaso. Apenas de felicidad si ella no está cerca pronunciando alguna belleza de las suyas. De esas que deja caer suavemente en tu oído y luego al teclado, como las flores de los cerezos tapizan la vida con mantos de nata y fresa.

Cuando camines entre palabras y letras, no te apresures. Te va la dicha en ello. Pulsas por error y se desata el apocalipsis: las tristezas transmiten un temblor a los dedos, el miedo a pisar la tecla/mina que ahora pudiera ser fatal, la que aunque borres de la pantalla, quedará grabada en tu retina como un mal presagio.

Y piensas en sus dedos con esperanza, ella te guiará por el desierto de las letras que las lágrimas de una tristeza tan vieja como tú desenfocan. Porque sus dedos son precisos y preciosos y un día siguieron el camino de tu rostro. Resiguieron sensualmente tus labios. Sellaron tras el beso su conjuro de amor: “¡Shh… No digas nada amor! Solo ámame”. Fuiste condenado a amarla y la buscas en todas las cosas, en todas las palabras, en todas las letras.

En todas las teclas peligrosamente desenfocadas.

Es la más hermosa condena de amor jamás contada.

Y escribes: ¿Cómo lo hago para describir mi sonrisa si la pena me come ahora? Y el miedo a que una letra me devore una falange, para que no te pueda enviar el amor necesario de una forma tridimensional y tangible, que trascienda las sutiles frecuencias del amor al aire mismo que respiras.

Te hamo.

¿Has visto amor? Peligro es mi apellido. Estoy seguro de que si lo repitiera, si te “hamara”, de alguna forma la vida me golpearía furiosa como aquellos maestros cuando era niño.

Y las teclas me arrancarían los dedos…

¡Te hamo!

¡Shhhh…! Que se jodan las teclas.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

El viento es malo, no te fíes de él.
Sopla como un abrazo que pasa de largo.
Un beso que se deshace antes de rozar la piel.
Una palabra hecha jirones.
Una piel arrancada, una mirada desenfocada, un latido perdido, la lágrima robada, un pecho indefenso, unos ojos desesperados, un cristal esmerilado…
Y aun así, a pesar de todo ese drama, mi mente invencible sueña que un día te traerá hasta a mí.
Cuando en la montaña ruge el viento entre la fronda del bosque, sueño que escucharé tu voz, todas las veces, todos los segundos.
Y cuando eso ocurra estaré preparado.
Llevaré en mi espalda el más potente de los ventiladores para provocar otro viento opuesto que lo contrarreste y jamás te vuelva a llevar lejos de mí.
Sé que parecer que arrastro un ultraligero le resta algo de glamour al encuentro, cielo.
Pero solo hasta llegar a casa, unos minutos. Y allí también te liberaré de las cadenas que te sujetarán a mí…
¡Que no! No te ocultaba lo de las cadenas. Es que con este asunto del jodido viento y el ventilador me he acordado ahora. Es otro detalle sin importancia; pero si el ventilador se averiara, al menos podría mantenerte cerca de mí hasta llegar a cubierto.
Es que ese viento pérfido me lleva por el camino de la amargura, cielo.
Además, me mola verte encadenada.
Que no, nada de látigos ni cosas raras, imagínate que soy un voluntario de protección civil y ya está.
¿Sabes, cielo? También he soñado que esa risa tuya pasaba rápidamente ante mí y se convertía en un velo triste en mis ojos. Esa misma risa que me desespera no besar.
¿Sabes qué? Mejor construyo un refugio allá donde sopla el viento más fuerte y cuando te traiga, te agarro en un abrazo y te fol… te meto en casa rápidamente.
No te rías, no puedo besarte, mujer del viento.
Bye, amor.

Iconoclasta

¿Qué ocurre cuando en un sitio detestable y pútrido se encuentra quien amas? Todo se pudre, se rompe y descompone. Es inevitable. No se puede desarrollar nada bueno en un mal lugar.

También somos la tierra que pisamos.
Los detalles son muy importantes, los detalles pueden estropearlo todo.
Y cuando has disfrutado de la soledad, ya no hay vuelta atrás a la piedad. Te has hecho fuerte y egoísta. El tiempo importa tanto como los detalles, aprendes a deshacerte rápidamente de lo que ha dejado de gustarte o lo que no te gustó nunca y debías soportar porque no había otra salida; y eso incluye personas.
No puedes, no debes perder el tiempo en cosas ingratas; no más del estrictamente necesario para la supervivencia.
Humíllate y piensa que llegará el momento de saldar cuentas.
También está la opción de adaptarse, de sonreír al mal tiempo.
Yo no me adapto, no me doblego.
Hay personas y animales que han muerto y he resistido. Puedo soportar cualquier ruptura.
Y si no la soporto me jodo.
Yo no soy un viejo afable; ya no voy a pensar en nada bueno a estas alturas.
No reparo errores porque no hay tiempo. Por otra parte, los errores no se pueden reparar, solo se cubren de polvo con el tiempo.
Si queda poco tiempo de vida no es bueno tirarlo en causas perdidas.
Fue bonito mientras duró…
Ahora dicen que soy frío. Que no pensaban que pudiera ser así. Tan, Tan… Y no saben definirme sin un insulto.
Sonrío con decidida vanidad. Ser lo contrario de lo que se esperaba de ti es toda una victoria. Una medalla con cuya aguja, perforo el glande que cabecea inquieto, nervioso, a punto de escupir llevado por mi atávica animalidad.
Bueno… Nadie ha creído de lo que soy capaz hasta que me han puesto a prueba.
Si no puedes con ellos, jamás te unas.
Mándalos a la mierda aunque tengas que comer gusanos, porque no hay nada que te puedan hacer que no te hayan hecho ya.
Y recuerda, estás absolutamente solo, si algo no te gusta quémalo.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Cuando los deseos no se sacian la mente lucha contra la ausencia creando sueños que son perturbaciones psicosomáticas, y éstas hacen el deseo más vertiginoso y desatado. Es una espiral de amor, una caída sin fin.
De tal modo que cada una de las palabras que se me derraman por los dedos tienen la exacta turgencia y calor de tu piel.
Aún no entiendo cómo no es posible ir de tu mano y en un momento dado, morder y besar tus labios desesperadamente encelado de ti.
Eres mi súcubo, mi amor de magia erótica y de inhumana belleza. La seducción que solo puede darse en otra dimensión, en otros universos. Entre los conjuros escarificados en mi piel con tus uñas que han recorrido toda mi carne, todas mis venas verticales.
Soy tu libro de hechizos… Estoy tatuado todo de ti.
Eres una deidad carnal.
Cuando tomaste posesión de mi mente, desalojaste de ella mi aplomo; y ahora la serenidad es un recuerdo lejano que gotea caduca al cerrar el puño con fuerza cuando invado tu boca con la lengua en un delirio incontrolable.
Me faltas tangible en mi dimensionalidad para abrazarte y susurrarte una sorpresiva ternura, conduciendo tu mano a mis cojones que hierven dentro del pantalón; en cualquier lugar especialmente hermoso que no comparto contigo y me fuerzo a soñarte desesperado.
Es por esos salmos carnales que has tatuado en mi cuerpo y mente ¿verdad, mi amada súcubo?
Con un golpe de cadera entraste en mi vida y por una oreja salieron expulsadas lejos de mí la determinación y mi coraza defensiva. Cuando desperté, tenía sangre en un oído…
Y ahora estoy sometido a ti, mi súcubo. Siento que junto con el semen te tragas mi alma con cada mamada cuando en las noches me posees.
Si hubiera maldad sería tarde para salvarme, porque no podría negarte jamás.
Cuando tu coño se desliza a lo largo de mi falo exprimes todas mis emociones hasta un placer agónico que se tambalea en la frontera del dolor, por muy dulce y pequeña que pueda ser una muerte.
Y cuando te desprendes de mí, por tus muslos bajan espesos y brillantes ríos de amor, el que me has extraído…
Ha valido la pena vivir tantos años para llegar a este momento en el que de tu coño, mana mi paroxismo viscoso de amor y deseo.
Me convenzo de que no es sueño, porque tengo el rabo empapado de ti. Es otra dimensión a la que me arrastras cuando es tu volición.
Mi súcubo, mon amour…
¿Y sabes, cielo? Que no cese esta locura, este ansia que aniquila toda humanidad que pudiera haber en mí.
Reniego de cualquier gen humano ante ti.
Porque si ahora me faltaras, si desocuparas mi mente, estaría perdido e indefenso.
No me dejes.
Por favor…
Por mucho que mis palabras hablen de la agonía de los deseos que apenas nacen, a la luz del día mueran en una opaca realidad cuyo aire no puede transmitir tu sonrisa.
Mi hermosa súcubo…
Nunca una magia negra pudo haber sido tan luminosa.
Sueño que tus labios son frescos y húmedos, un agua pura que no me sacia. Soy el sediento errante en mi planeta.
Agotado, al llegar la noche concilio un sueño que me llevará a ti. O seré arrastrado por la magia de tu alma y tu coño.
Y lo más gracioso, es que creen que soy un solitario.
No me dejes, aunque escriba que duele un poco amarte.
Un mucho…

Iconoclasta

Lo más triste de la vida, lo que la hace verdaderamente puta, es que si eres medianamente feliz (si es posible semejante estupidez) ese instante tuyo suele ser el dolor de alguien querido.
De hecho, suele ser la tristeza de muchos; pero los desconocidos no importa si sangran o ríen.
De alguna forma la vida se teje con hilos de alegría y tristeza. Y es desesperanzador cuando conoces su patrón: invariablemente el hilo de la alegría forma trama con uno de tristeza. Tal vez la relación sea mayor, tres de tristeza, uno de alegría.
Porque no es de recibo que tu buen momento sea el dolor de otro ser a quien estimas. Es como una certeza, porque pagas la felicidad de otros con un dolor, cualquiera que sea.
¿Es la tan cacareada interconexión entre los seres del planeta?
Debería ser ilegal que su felicidad me haga daño, que realmente sea un dolor de imposibilidades, un aborto de las ilusiones que aún tenían cabida.
La vida es una bordado no tan bello, con hilos torcidos que atraviesan flores segando sus brillantes pétalos de esperanzas y sueños.
Y te encuentras que la dicha ajena, por alguna razón te asfixia. No es maldad, ni siquiera pesimismo; es dramática empírica.
La vida es un continuo esnifar de cocaína en el que todo es genial, hasta que te gotea sangre la nariz.
Y se forman rojos ríos en las escleróticas.
Tiene sentido eso de que la vida es una mierda y luego te mueres.
Solo que en verdad, hacía tiempo que eras cadáver.
Cuando suena el trueno, el rayo ya hace tiempo que ha calcinado el amor o la alegría.
No sé, hay días en el que no concibo nada bueno, como si un hilo de tristeza me cortara las córneas. Y da miedo decir que la amo por si el planeta o los que lo llenan me hiciera pagar tamaña emoción hermosa.

Iconoclasta

–Ico, mira que he escrito: La soledad es el estado de equilibrio en el que no necesitas a nadie. Y así el amor adquiere la cualidad de lo desinteresado, sin frustraciones y miedos que lo puedan desvirtuar.
–Es perfecto. ¿Estás un poco triste, Jade?
–¿Verdad que es difícil estar solos? Tal vez un poco cansada de tantas amigas, de tantas risas. Soy una loba solitaria que no encuentra soledad. ¡Eh, no tengo la regla! Es que hoy me siento existencialista.
–El amor es una soledad compartida. Los enamorados dejan el mundo fuera de sí, y se hacen extraños en el planeta. Son uno contra todo. Es difícil, realmente difícil encontrar una soledad de amor, Jade Negro.
–¡Exacto! Amar es lo más difícil, Ico. Te lo dice una lobita que ha vivido siglos.
–Es un hecho extraordinario, rarísimo; pero a veces sucede que una loba hermosa te arranca el corazón y sangrando la besas. Esas cosas ocurren, Jade.
–¡Ladrón! ¿Me amas?
–No, es tarde para esas cosas. Pero es difícil no amarte, me pones en un aprieto.
–Te muerdo, te hago lobo y ya está; así cuando me emborrache, no te mato. Y te quedas conmigo, porfi.
–Has tenido muchos amores, cielo.
–Ya, pero tomo mucho vodka, aparece la luna llena y me como al amante. Nunca aprenderé.
–No necesitas amar: quieres amar. Quieres estar con una persona todo el tiempo posible y cerrar la puerta de salida al mundo.
–¿Y qué más da querer que necesitar?
–Si necesitas, corres el riesgo de quedarte con algo como yo. Pero si simplemente quieres serenamente amar, esperas y aparece lo que no necesitas, sino lo que es imposible negar. Si buscas amor por miedo a la soledad, tu miedo e hipocresía serán dañinas.
–Vaya, Ico, si llevara bragas se me mojarían escuchándote. Di que me amas.
–No.
–Un día te morderé y me besarás sangrando. ¡Cómo me gusta!
–Estás en celo, lobita hermosa.
–¡Ah, cabrón! ¿Te he dicho que no llevo bragas?
–¿Dónde has estado, Jade, mientras yo corría veloz hacia la muerte?
–No sigas ¿eh? Te morderé.

La electricidad se me ha dado bien, como las técnicas de fluidos obscenos; de una forma innata.
Será por ese instinto natural, que me hice electricista. Y vi en la electricidad la vida y el amor que contiene.
Cargas eléctricas desplazándose por los átomos de todos los seres y todas las cosas…
De ahí a conocerte y follarte viajando a velocidades lumínicas electrizando el aire, se hizo consecuencia lógica. Como violarte, joderte, invadirte, robarte el alma si pudiera, mientras duermes, mientras el hombre que no quieres duerme a tu lado y te corres conmigo convirtiéndolo en un simple cenicero. Amar nos hace voraces y crueles ¿no es la más maravillosa sinceridad?
Violarte furioso por la dependencia que creas en mí, tu absoluto dominio que me lleva a pensarte en todo momento, en todo lugar.
Me has hecho esclavo; pero tu coño, tu piel, tus ojos y tus labios son míos. Y me clavo en ti todas las noches con la furia del deseo desatado, a duras penas contralado.
Con el que no quieres durmiendo en la misma cama… El cornudo duerme mientras jodo a su hembra.
No podía ser más perfecto.
Respiras con jadeos contenidos, luchando por el silencio y no ser oída por el que apenas existe, el que nunca quisiste.
Y que ahora detestas ¿verdad, cielo?
Un día lo carbonizaré para que no esté ya nunca junto a ti.
¿Será que amarte tanto me llevó a evolucionar miles de años por delante de la humana mediocridad? Soy un hombre de un futuro milenario.
¿Eso has hecho de mí, mi puta hermosa? Derramaría cera caliente por tus ingles para castigar a mi puta amada, que es mi puta vida.
Sé que es locura; pero no me interesa la cordura. Solo quiero ser eléctrico follándote. Y follarte es poseerte. Es el fin que justifica el semen derramado en tu monte de Venus negando la reproducción.
Así que acelero mi cerebro y creo un rayo que electriza el aire para viajar a la velocidad de la luz y cruzar el mar rompiéndolo. Llego hasta tu nuca y soy un beso tierno que dice “He llegado, mi amor”. Soy una corriente que invade tu sistema nervioso y erizando tu piel, llego a tus labios que se entreabren, se muerden a si mismos, salivan abundantemente y dejan tu lengua indefensa a la mía eléctrica y voraz.
Me divido en otra corriente que baja por tu cuello, besando las venas que laten furiosas estrangulándote amenazadora y suavemente por una casi incontenible ansia.
Acaricio tus clavículas milímetro a milímetro con inquietos rayos que mortifican la piel enviando señales a tu coño, que se humedece.
Mi cerebro enamorado, genera más voltaje y una chispa surge en cada uno de tus pechos, anidándose con fuerza en cada pezón, endureciéndolos como vidrios. Y quieres pellizcarlos, consolar esa tensión. No lo puedo permitir, mi puta hermosa. Tienes que sufrir el calvario al que tú me sometiste.
Así tu saliva mana cuello abajo por el mentón y las comisuras de la boca. Las uñas apresan la sábana, mientras los pezones parecen a punto de estallar por la presión.
Y los succiono, no entiendo lo que dicen tus gemidos, no importa… Te hacen brutal, abandonada al placer. Si vieras como se aplastan y se agitan los pezones castigados por mi lengua voltaica e invisible…
Creo un nuevo ramal que baja veloz por el abdomen y me detengo para escupir en tu ombligo y chapotear en él con la lengua, hasta que rebosa para crear un río que baja tibio hacia el vientre, se desliza por el monte de Venus y amenaza ya por derramarse por el vértice de tu coño, en el que un poco más abajo late la perla del placer, dura, brillante, lamible…
Aplico la tensión necesaria, tengo ya electrizados tus labios, los pezones y ahora ataco directamente el clítoris. Con un espasmo del vientre sincronizas la pelvis con las frecuencias que maltratan el clítoris. Eres una diosa perfecta jodiendo. No puedes evitar esa sensualidad avasalladora, por fuerte que sea la corriente. Eres invenciblemente obscena.
Dos corrientes más avanzamos por cada una de las ingles. Forzamos a que se separen los muslos, a pesar de que ya lo hubieras hecho antes, estás ansiosa… La vulva se desflora y los labios se despegan rompiendo tenues filamentos de baba sexual. Y sientes el aire fresco como una lengua, se nota en como te palpita el coño.
Me duele la cabeza; pero he de generar una diferencia de potencial más fuerte, a la medida de tu coño dios.
Me formo en un pene radiante que te embiste sin cuidado, que llena tu vagina y con cada embestida, arrastra adentro y afuera esos labios de carne elástica y húmeda dando a mi rabo venoso el placer que tanto he buscado. Por el que me desintegro por ti.
Tus nalgas se agitan violentas e impúdicas y veo entre tus dedos liberados como duelen los pezones erizados por la brusquedad de la penetración.
Aumento la presión en la misma medida que la leche se abre paso entre los conductos seminales que duelen mortificándome.
Desearía que masajearas los cojones pesados y contraídos, me duelen tanto, tan plenos…
Muy zorra, elevas con maestría la pelvis, dirigiendo mi rabo hacia esa pequeña zona de mayor densidad en la vagina, como un secreto… Como un tesoro.
Y golpeo en ella con fuerza, guiado por ti; para ser catapultada al orgasmo susurrando: “Me corro, me corro”.
Mis eléctricos dientes, clavados en tus pezones, yo clavado en ti y tus piernas haciendo presa en mí, exprimiéndome sin piedad. La baba orgásmica mana de tu coño para hacer un charco en la sábana…
Es un cuadro de una pornografía rampante, hermosa. Lujuriosa…
Codifico una frecuencia en tu oído, una lengua te susurra: “Te amo. Te amo, mi vida. Mi puta, mi puta, mi puta…”.
Y cuando en mi soledad adquiero conciencia de mi carne, extiendo perezosamente el semen derramado en mi vientre, por mi polla aun latiendo por espasmos que son ecos de un placer aún caliente.
Y susurro al aire: “Hasta la noche, mi amor. Duerme, mi diosa, duerme…”.
Mi eléctrico amor.

Iconoclasta