Archivos de la categoría ‘Amor cabrón’

Cuando miro hacia el brumoso y lejano horizonte, hacia las lejanas montañas, siento el acuciante y desasosegante deseo de viajar a ellas. A pesar de que me encuentro en un paraje frondoso, en los mismísimos bosques que tapizan las montañas.
Y eso se debe a que cuando pienso en la lejanía, es porque te evoco.
Cualquier movimiento hacia cualquier lugar, me lleva a la convicción de que me acerca más a ti.
¿Ves, cielo? No miento cuando afirmo que estás en todas las cosas, en todos los lugares.
Cuando te digo diosa, no sonrío. Soy absolutamente profundo, no hay banalidad alguna por muy incrédulo que sea hacia la teología y sus liturgias.
Estás en mi cabeza sin tregua. Y en mi corazón que pierde un latido de tristeza al buscarte en los horizontes todos.

No sé cuántas veces le he dicho que la amo; tantas como la he llamado puta follándola.
Cuántas veces he preferido contemplarla mientras duerme, a tocarla y clavarme en ella.
Penetrarla es la forma más directa de llegar a su esencia.
Un mandamiento sagrado…
Hay una razón por la que me siento vacío cuando no está cerca: en algún momento, al tomarla desesperado, mi pensamiento quedó en su interior, enmarañado de amor en su alma enorme y profunda como un bosque.
Pudiera parecer triste y atormentado; pero soy feliz perdido en ella.
El amor no es dicha, es una sucesión de ansiosos quebrantos.
Es legal no reír por amor.
Porque maldita la gracia…

¿Te das cuenta, cielo? Estás en el sonido del agua, en la caricia de la hierba, en el rumor de las ramas, en la calidez de la luz y en el dulce aire.

En mis pulmones, en mi piel, en mis ojos, en mis oídos, en mi boca…

Tiene sentido, precisión y literalidad cuando afirmo que eres mi mundo.

No siempre las metáforas son eufemismos o sarcasmos ¿sabes?

A veces verdad y belleza se funden y hacen un lugar excelso, o un tiempo, no sé…

A veces, porque solo ocurre contigo.

El amor no crea la belleza de un lugar, solo enumera deseos.

Tú eres creación.

Amar a más de dos metros de distancia es absurdo. A kilómetros es ciencia ficción.
¿Qué ciencia puede explicar el amor tan lejano? ¿Dónde está la ficción para que no sea tan doliente amarte?
Somos cosmonautas en animación suspendida cruzando nuestros sueños, dejándonos arrastrar al espacio profundo en una nave que nadie ve, de la que nadie se acuerda.
Es tan bello como triste.
Necesito escribir un relato de ciencia ficción de amor que diluya la tragedia de esta distancia y un tiempo que me aleja de ti inexorablemente.
Sueño esperanzas y así soy capaz de sonreír sin dolor a mi hermosa astronauta.
Navegamos rumbo a un mundo enano, donde no habrá distancias, donde nada nos podrá alejar. Por así decirlo, como el del Principito; pero un dúplex bien arregladito con vistas a la nebulosa Transsamor X2RT, que cambia sus formas como el humo del tabaco que tantas veces observo flotar soñándote.
Podría seguir escribiendo nuestra odisea espacial de amor durante meses sin repetir ningún pasaje, descubriendo nuevas estrellas en un amanecer púrpura de tu mano en algún rincón lejano del universo, donde ni siquiera llega la muerte.
Hasta que me sangraran los dedos…
Escribirte es amarte, y al igual que el universo, infinito y fascinante.
Podríamos viajar de luna de miel al otro lado del universo a través de un agujero de gusano, follándote entre ráfagas de fotones que cruzan indoloramente las pupilas, en nuestra íntima quinta dimensión.
Lo dejo aquí, en el agujero de gusano; clavado a ti, sumergido en ti, apresado a ti… Es que me siento un poco triste de nostalgia en este momento, cielo.
Dormiré contigo y al despertar, haremos aquel viaje que planeamos al cabo de las Playas de Mercurio, donde las olas de cálida crema blanca rompen como caricias sobre la piel.
Y cuando despertemos del hiper sueño, todo estará bien ¿verdad?
Hasta el infinito dentro de ti.

Iconoclasta

Es preciosa la soledad que una epidemia otorga a la naturaleza y sus sendas.
Magnífica.
Hay momentos en los que sin pretenderlo, creo ser el único hombre de la tierra; es ya de por sí, sin escribir una sola palabra, un poema.
Y cuando las nubes se deshilachan y los jirones marcan la velocidad y la dirección del viento, en un cielo azul de diapositiva ektachrome, soy un privilegiado.
Es entonces cuando te necesito más que nunca.
Eso que se oye por encima del rumor de las tristes hojas que aún quedan en los árboles, es el chillido de un águila que vuela bajo.
No… Necesidad no, cielo.
Hambre, siento un hambre atroz de ti; deseo follarte, metértela violentamente como si fuera el último día en la tierra, bajo este cielo en el que seremos únicos.
No está mal el menú para ser un día de epidemia ¿verdad, amor?
¿Sabes? No importan los que mueren o podrían morir, importamos nosotros que estamos vivos.
No puedo ser piadoso, solo voraz.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Baja veloz por el irregular camino que corre entre prados, montañas y bosques, como si fuera fácil.
A veces extiende los brazos como alas y me pregunto si despegará.
Y no sé si sonríe por su habilidad, por el goce del aire fresco que la hace más bella si cabe, o simplemente por la música que escucha.
Tal vez, sin más, se sienta preciosa en el planeta y todo lo demás es accesorio.
Me fascina que siempre patina o camina deliciosamente sola, no precisa a nadie a su lado para ser una con el mundo.
Y sola se sienta en un banco más allá del mío para descansar con una sonrisa latente en el rostro.
Si no fuera tan viejo, diría que la amo. Solo puedo decir que la admiro cauta y secretamente.
Porque en el aspecto de la libertad y la independencia, de la maravillosa soledad; somos iguales.
Es importante encontrar seres así de extraños en la vida, aunque no sepas nada más de ellos. Incluso es preferible no saber nada para que no pueda dañarse la bonita percepción de su soledad.
En un mundo pletórico de convenientes compañías la chica de los patines es un trallazo, una veloz estela de libertad entre montañas.
Lo cierto es que si fuera joven tampoco me atrevería a amarla, se dice que la miel no está hecha para la boca del asno.
Estoy de acuerdo con la vieja expresión, excepto en la miel, que no me gusta.
Soy carnívoro.
Y ella es deliciosamente carnal. Una carne que en efecto, no está hecha para la boca del burro viejo.
No me preocupa, ya he amado demasiado.

El odio con violencia se paga.
Y el amor con besos, caricias y sexo.
La monotonía y su mediocridad con ira.
La frustración con una lágrima y luego otra, y otra, y otra…
La tristeza vital y una enfermedad mortal se saldan con suicidio.
La locura con camisa de fuerza y destrozando el cerebro con un punzón se paga.
La cobardía con una puñalada o una bala en la cabeza.
Muerte con muerte se paga.
Nacer con llanto se paga.
Morir es gratis.
Pero lo más interesante de toda esta reflexión es que amar follando se paga.
Síiiii… Ya sé que me he repetido.
Es tan solo un recurso literario para dar más énfasis al texto, un pleonasmo divertido y excitante.
Pretendo ser clarísimo y explícito en el aspecto de joderte hasta el alma por este amor que me esclaviza a ti todos los días todas las horas.
Sí, ya sé que locura con lobotomía se paga; pero sinceramente, no ha nacido el que tenga unos buenos órganos genitales como para acercarme el puto punzón de mierda a un ojo.
Pues eso, cielo, solo quería recordarte que el amor con sexo se paga y con el redondeo de los céntimos, con un cigarrillo y un café frente a ti, admirando como el amanecer te ilumina como a una diosa en un altar.
Bye, amor.

¿Qué ocurriría si no tuviera pluma y papel para hacer de mi amor por ti algo táctil que no se esfumara como los segundos en la vida?
Quiero hacer del amor que sufro por ti, algo como la energía que no se destruye y se transforma.
Quiero dejar unas palabras que perduren, que el viento de otoño pueda arrastrar a ti como las hojas caídas. Como las bellas hojas muertas llenas de un color de paz y lujuria.
Desde lo más adentro del planeta, lanzar estas palabras al viento con la infantil esperanza de que llegarán a tus manos.
Llegarán arrugadas, sucias y viejas. Tan cansadas…; pero tus manos las alisarán, las limpiarán y tus ojos las emocionarán como pensamientos de amor que son.
Y yo sentiré que se me derrama el alma bajo la piel como un llanto cálido.
¿Sabes una cosa, cielo? Las cosas obscenas que deseo hacerte, irán cerradas en un sobre lacrado con cera blanca. Blanca como lo que derramaría entre tus piernas, en tu vientre, en tu boca, en tus pechos y en tu piel toda.
Serán palabras secretas y sucias que solo los amantes impúdicos pueden hacer suyas y sentir como amor en estado puro.
Cuando rompas el sello, sé discreta, mi amor.
Podrían oír los gemidos, oler los fluidos…
Que el viento me lleve a ti, mi vida.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.