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Hace frío y la niebla rechaza el sol.
El frío agota más que nada el organismo; y pérfido te invita a dormir…
Rompe la piel de las manos y pies, se mete hasta el tuétano de los huesos.
Hasta el desánimo de no saber cuánto resistirás.
Congela el tiempo que se queda quieto como un último suspiro en la boca muerta.
Y a pesar de ello hace de la naturaleza una obra de arte de hermoso dramatismo.
El frío te consume bellamente, es astuto con sus trampas.
Es urgente desear tu calor que también me consume. Elegir tu piel que acapara los rayos del sol y te erige en este frío páramo en una diosa áurea.
Pero nada es perfecto ¿verdad, cielo?

Foto de Iconoclasta.

El uniforme de la libertad no existe, es una gilipollada.
La libertad se te pudrirá en el ánimo ante un uniforme, una bandera, una frontera, una aduana, un decreto político, un mandamiento religioso, el salmo de un ideólogo de la paz, un desprecio al individualismo o una simple señal de tráfico aunque no conduzcas.
Para ser libre sólo se requiere hacer lo que uno debe y si el tiempo es hostil, protegerte del frío, la nieve o la lluvia. Si quieres, haz lo que te salga de la polla.
Y ante todo, ni caso al hijoputa que te prohíbe.
El sombrero no indica libertad, sólo es una superficial vanidad que realza mi belleza innata y da cierto carismático misterio. Aunque no te acuerdes de que lo llevas.
Y ya en el exterior, en la libertad que te has propuesto, insisto: no obedecer al primer hijoputa sea policía o civil que te diga que deberías estar en casa porque hay riesgo climático, por poner un ejemplo de tantos que hay de hijoputismo fascista prohibidor.
Es ahí donde entra en juego el paraguas, al civil o policía que te inoportune le metes en la boca el paraguas cerrado y mantienes la presión hasta que en sus ojos aparezca en las escleróticas un derrame de sangre, eso quiere decir que ha muerto asfixiado y ya eres libre de molestia alguna y de ir donde te salga del coño o la polla.
Experimentarás que la sensación de libertad será más gratificante que una corrida.
Y camina, camina, camina…
Acuérdate de arrancarle el paraguas de su boca muerta, porque es posible que te encuentres con otro durante tu paseo y debas matarlo también.
Esto es sólo un ejemplo de hipotética situación y su resolución. No tiene por qué ocurrir; pero mejor llevar el paraguas y no necesitarlo, que no llevarlo y necesitarlo
Cuida que el viento no se lleve tu sombrero porque es muy patético correr tras él, hay chusma presta reírse, tanta como ávida de prohibir porque tiene envidia de los libres que los deja en evidencia de cobardía
Y que jodan a los vivos y los muertos mártires de la esclavitud que mueren tan lindos de asco, miedo y obediencia por el decreto de un hijoputa fascista.
No me negaréis que la libertad es salvaje y energizante.
Un chute en vena de jaco libre…
Genial.

Foto de Iconoclasta.

Yo no pierdo el tiempo en tonterías, tengo mis inquietudes científicas y culturales, no soy una cualquiera.

Foto de Iconoclasta.

Escribo cosas directas, certeras e hirientes con los justos e imprescindibles ornamentos necesarios para dar interés al texto.
Escribo con la misma intensidad que follo, lenta e impíamente para aplastar toda voluntad y remilgo en pro de la consecución del placer.
Ya ha habido demasiado dolor.
Ahora el dolor lo doy yo y lo tomo de quien elegí con la misma precisión y voluntad que escribo lo que nadie quiere leer.
Negando la gracia humana de la bondad, la que queda en ella y en mí si alguna vez la tuvimos
Escribo como follo, destruyéndome.
Destruyéndonos…
Y al igual que al joder soy animal en celo, me deslizo como bestia de deseo e ira con palabras sucias de mellados y oxidados filos por el papel.
Como desgarro la piel que jodo.
Sin más finalidad que la destrucción de todo aquello que nos quisieron inculcar robando nuestra infancia y juventud.
Mi rabo es mi pluma y mi pluma apuñala ojos que leen sin acabar de comprender.
Mi amor es la más bella del mundo y su coño sabe a azufre, he desgastado su piel lamiéndola y escribiendo los versos cardenalicios de la catedral del dolor y la vejación.
Soy un cerdo hociqueando en el coño de mi crucificado amor y denigrándome en el papel sin pudor, sin importar nada más que mi mortificación, para no tener ya nada que perder y arrasar con todo lo que han podrido y eternizan.
Lo malo lo hago mejor que nadie.
Quiero que mi diosa crucificada sienta el gozo de tener un macho a la medida de su hambre e irreverencia.
Entre escribir y follar, sólo varía que no firmo mi acta con mi leche rezumando de su maltratado coño que me enloquece y embrutece.
Escribo ante la cruz de mi puta diosa y el dolor brota formando las palabras necesarias para maldecir al mundo y su humanidad imbécil que surgió de un accidente genético que nunca debió ocurrir.
Y mi amor crucificado le saca la lengua a dios diciéndole que soy suyo y mis palabras en realidad, son su obra.

Foto de Iconoclasta.

Caminar lentamente es un concentrado hipercalórico de experiencias sensoriales. Lo que lleva a una reestructuración intelectual del concepto de la vida y sus emociones, dándoles la justa admiración e importancia que se ignora con el caminar apresurado y neurótico de los que nacimos en cautividad y unos millones no son conscientes de ello.
A cada metro que se avanza pausadamente se forma la precisa existencia de las cosas y los seres.
El caleidoscopio adquiere sentido…
¡Despacio!
Se concluye que todo existe, mucho más allá de lo que se creía.
Que las cosas están más vivas de lo que pensabas.
Y te creías tan vivo…
Es entonces cuando el chorro de agua de una fuente casi se detiene en la visión fraccionándose en lo que de verdad es: una corriente de anónimas gotas que avanzan rápidas.
Hay cosas con voluntad y sin ella.
La voluntad requiere un esfuerzo que los que corren deprisa no tienen tiempo de realizar.
Ni ganas.
Y esperan una aleatoriedad que les satisfaga caminando rápido contra el tiempo.
Será a la velocidad pausada del sentir que apreciarás una sola gota que importe, esa que vale la pena mirar porque ha conseguido escapar, formar y caerse sola e intrépida.
Y tiene una montaña en su interior…

Lentamente…
A la velocidad del sentir.
Será una sola gota la causa de una emoción y es la que escucharás caer como un metrónomo cuando todas las cosas duermen.
El tiempo que nos robaron o perdimos al apresurarnos, es en realidad un crimen a sangre fría.
Nos asesinan en vida, como el mar devora con pequeños bocados a las inmensas ballenas que no ven ni sienten lo que ocurre en el otro extremo de su cuerpo.
Tal vez llores, tal vez rabies.
Que sea a la velocidad del sentir.
La ira es pasión y es importante, es nuestro humano combustible y debes usarlo para mantenerte a la velocidad calma. Ser rebelde es algo íntimo, jamás un espectáculo.
Si no eres capaz de caminar lenta y por tanto libremente, morirás sin conocer lo más íntimo y significante de la vida y lo único que aplacará la ira.
Y no importará si había una gota con una montaña dentro.
Serás ciego a los universos mínimos.

Fotos de Iconoclasta.

Me gusta la fantasía que trae la niebla borradora de identidades y perfiles, difuminando la brusca y delineada realidad y su monolítica y sólida uniformidad.
Siento al respirar un jadeo sostenido que no llega a concluir porque los segundos se desdibujan y no acaban de formar el minuto. Es todo un acto de relatividad…
Soy un físico loco o lo fui.
No sé…
Toda magia está bien, aunque duela. Lo que importa es que cambie, que por unos minutos el mundo sea distinto.
Es el vapor de tantos muertos, que con el frío adquiere más cuerpo, incluso un pensamiento y su ilusión de descender arrasando las montañas para bajar a la ciudad y pasear y sentirse vivos.
Tal vez, se quieran llevar a algún conocido con ellos que añoran.
Es tan voraz la niebla que me pregunto si faltará un pedazo de la montaña cuando el sol acabe con ella.
¿Si entrara en ella me devoraría? No puede doler, se la ve suave y los árboles no tiemblan.
Sólo es un infantil arrebato de fantasía, el deseo de experimentar una magia que no existe.
Aunque no estoy seguro de ser un jirón evocando cuando una vez estuve vivo.
Lo peor que puede pasar es que me disipe con el sol.
Seguro que no duele.
No me gusta el dolor. Aunque si he de pagar con él un pasaje a un lugar mejor, tampoco estoy cerrado a un buen acuerdo.

Foto de Iconoclasta.

Todo textura… Un ser vivo que parece modelado con merengue o nata montada.
Me gusta lamer la nata entre los labios que esconden tus muslos…
Los gatos ejemplifican la vida más pura y eficiente, rondan el mundo de los humanos y no olvidan que son depredadores eficientes sin falsos escrúpulos de piedad, para ello nacieron y evolucionaron.
Como yo penetrándote, buscando tu alma que aparecerá entre los gemidos y las contracciones de tu orgasmo. Soy eficiente también follándote, vampirizando tu voluntad por el coño.
Los gatos no posan, son con independencia del decorado. Están tranquilos, no deben considerar su ser. Es un hecho que no se puede contemplar por lo absurdo. Porque sé que piensan y sueñan me lo dice la corteza del cerebro con un arrebato de ternura y cariño.
Como presiento tu hálito de vida en mi aire, sé que te respiro porque existes, porque tengo tus gemidos profundamente intrincados en el pensamiento.
Los animales no sienten carencias, no aspiran a ser más porque son perfectos. Hacen aquello que dicta su idiosincrasia, sin mirar, sin preguntar, sin esperar nada. Porque esperar y esperanza desarrollan el mal de la indolencia y la inmovilidad. De la cobardía y su depresión.
Por eso no espero a meter la mano dentro de tus bragas y acariciarte mirándote a los ojos esperando, el momento que se hagan líquidos y se derramen también entre mis dedos.
El ser humano es una especie fallida, paranoica en esencia. Es la prueba de que la naturaleza no es sabia, sólo aleatoria.
Tú eres la excepción, eres felina y la sensualidad te envuelve haciendo de mí tu presa. Me postra ante tus columnas carnales santiguándome erecto ante tu vértice sagrado. Es la única religiosidad que me permito.
Pretendía escribir de los gatos; pero cuando hablo de cariños, ternuras y amor, siempre sales y te pones al frente, en el horizonte de mi existencia.
Maldita felina, cómo no pensarte.

Foto de Iconoclasta.

Así será la noche en la casa cuando esté muerto.
No me parece trágico, tan sólo sereno, suave, suave, suave…
Irremediable.
Fue un buen lugar.
Unos besos a quien amo, antes de que la casa quede vacía, serena…
Antes de lo irremediable.
Aún que puedo.

Foto de Iconoclasta.

Lleva varias semanas luciendo muy por encima de todas las flores y altas hierbas, rozando las ramas de un árbol.
Soportando las gélidas noches.
No he podido evitar admirar a la bella guerrera.
Temo el día que desfallezca mustia ante el impío invierno. Y luego muerta.
Seca.
¡Qué valentía y fortaleza!
Yo ya estaría muerto en la intemperie invernal de la primera noche de mi “floración”.
No adorna nada, es libre y salvaje. Y ese orgullo hemoglobínico y pasional que luce…
Ha subido majestuosa, tan alto por encima de todas las flores, que era difícil capturarla y así muriera tristemente en un florero.
Tal vez haya algún ser humano honesto que admire la vida y no la ha raptado para decorar su guarida vertical. Nunca ha sido necesaria la navidad para que surgiera la nobleza. Es una cuestión de ética personal e intransferible. Naces mal o naces bien.
Si naces bien, con la capacidad de sentir ternura y admiración por las vidas menudas tan valientes que mueren luchando, sin recostarse en nada ni nadie. En el silencio más triste que existe.
Pienso en la fuerza de los menudos seres, su determinación para vivir y me siento tan mediocre… Viven sin acumular posesiones, a piel y pelaje descubierto.
No sé si al cerrar la mano en su tallo y clavarme sus espinas, le daría más fuerza para resistir la embestida del frío.
Temo envenenarla con mi sangre insanamente caliente.
Luce tan soberbia en su extraordinaria altura que me evoca al buen Juan Salvador Gaviota, ya asesinado por una humanidad, una globalidad cobarde y adocenada. Encajonada en sus pocilgas-ciudades.
Mirarla en contraluz con el cielo, ofrece el espejismo de un ángel de terciopelo sangre.
Como las bravas águilas ofrecen sus vientres dorados a nosotros deslumbrados.
Y el rocío… La han comido a besos durante la fría y oscura noche, como un amor prohibido.

——

Esta noche ha caído la primera gran helada del otoño.
Y he pensado en ella.
He temido.

He encontrado a la pode-rosa un poco cansada, combada por su batalla contra la escarcha.
Gritaba en rojo su agotadora supervivencia contra el arrollador invierno.
No miraba directa al cielo como ayer. Pobre…

Y luce sanguíneamente hermosa, como si le dijera al invierno: ¿Eso es todo lo que puedes hacer?
Aún le queda agua en sus labios-pétalos.

Mi guerrera…
Pero la suerte está echada, el invierno ya no cesará hasta borrar el último color cálido.
Qué tragedias, qué brutal la batalla por la vida de los pequeños seres.
¡Cómo no admirarlos!
Cómo no llorar su gesta indómita, su muerte heroica.
Su vida desnuda.
Sin posesiones.
Sin legados.
Porque vivir es vivir, no se vive “para…”.
Se vive y punto.
La muerte cabe en todos los cuerpos, por muy pequeños que sean. Es una puta.
Y cuando estés vencida, no se lo diré a nadie que pueda sentenciar con hipócrita “sabiduría” de borracho: “Es ley de vida”.
Esa ley de la que huye y teme el humano mezquino.

Adiós pode-rosa vuelvo a mi guarida cálida y protectora como un triste cobarde.
¡Bye, belleza!

Fotos de Iconoclasta.