Amar a través de las palabras escritas es penetrar en un universo incierto e imprevisible. En donde la imaginación y voluntad que requiere escribir se confunde lo cosmogónico con lo cosmológico. Lo cuántico con la creación y la reproducción. Los datos se confunden con los deseos… Y los deseos se congelan sin llegar a un sol. Pobres… E inevitablemente las palabras desbocadas, apasionadas, brutales como los besos imposibles como los años-luz; hacen del amor una fe violenta que destruirá al dios de las sagradas escrituras, creando en su lugar una nueva y desesperante divinidad que justificará tu locura y amor por ella. Y a partir de ese big-bang del sagrado amor supernova, escribirás con la urgencia de la inspiración en el papel, las palabras que se harán mayores y más minuciosas describiendo cada una de las facetas del diamantino amor generado con las altas presiones del pensamiento cuántico-sináptico. Se expandirán tus escritos como una galaxia voraz de sentimientos y emociones en tu universo íntimo y subatómico convirtiéndose en enrevesadas fórmulas físicas del inenarrable amar, sin un resultado concluyente de las probabilidades que, jamás serán menores que el infinito. Y respirarás desolado. Es tu condena, otra aciaga constante en el universo, en el tuyo que salvajemente has creado. La cordura es una materia oscura que intenta imponerse, una constante como la gravedad que intentas soslayar. Y como en viejos tiempos medievales, te acoges a sagrado falsificando los cálculos. Tal vez llegues a la consecuencia de que ese amor es demasiado grande para ti y gimas con cada párrafo tu frustración y el privilegio de estar en el horizonte de eventos del agujero negro más bello del cosmos, al que es imposible no amar, Y te arrastra. Te arrastra bella y frenéticamente a la amatoria y desintegradora locura.
Las hojas de fino papel, pobrecitas, al escribir se abarquillan. Se rizan las esquinas cerrándose sobre sí mismas para impedir el daño y su conclusión: el dolor que desencadena la hiriente pluma y mi inexcusable e irracional ira. Soy malo. E impío. La pluma escarifica el papel que no puede soportar la mortificación y la hoja agita sus hombros mermados de brazos como los bebés fajados. Y crujen. Misericordia… Qué lástima de lamento. Un humano que nació sin manos en los brazos intenta defenderse de la puñalada en el pecho y el puñal, irremediablemente, hace lo que debe. Como yo. Soy un hijoputa. La pasión es violenta y doliente sobre todas las cosas, les salgan brazos de los hombros o no. Como si no supieran que los brazos no formados que se cierran sobre el pecho indefenso no pueden evitar la agresión del arrebato. Todos esperamos actos sagrados de salvación. Pobres hojas crujientes de pensamientos tallados sin cuidado. No hay nada sagrado. Y la salvación es un aciago azar. Soy un criminal. Siento pesar en el corazón, lo siento de verdad… Pero no puedo parar o me estallará la cabeza.
La locura no tiene que ser divertida, sólo interesante. Sonreír es un acto reflejo e inevitable de liberación de no ser lo mismo que nació, así de simple. Y algo íntimo como un morir.
Una incontinencia absurda de ti, como un cigarrillo que urge encender… No… Más. Violento. Un jaco en vena rasgada. No… Más. Violento. Follarte. No puedo refrenar emociones e instintos. Eres el percutor de la bomba que soy. Hermosa y tierna como una linda granjerita que ordeña con sus enloquecedoras manos a las ovejas, vacas, cabras y a mí. ¡A mí, por favor…! Con la mirada firme y astuta de estar también en posesión de mi mente. Intento ser bucólico y se impone lo más primigenio de mí y las imágenes niegan el valor de tu naturaleza carnal. ¿Cómo lo haces para gestionar la carnalidad con esa sensibilidad que lo paraliza todo cuando pestañeas? Espero con ansiedad que digas, hables. Que rías para que tu boca se mueva. Cada vez que tus labios trazan palabras en el aire, tus ojos responden con un brillo tonal imposible de prever. A veces reflejan el lago sereno que hay dentro de ti, otras el azul del cielo, otras una fronda profunda donde llega la luz pero no el fuego abrasador del sol. Me gustan las olas que encerradas en tus ojos hacen pedazos mis nervios rompiendo contra el acantilado del deseo. Me hacen sentir hombre y no el mierda que soy. Siempre la mirada líquida, suave y variable… Puede ser un fogonazo de sensualidad y otras, de una profunda tristeza ilocalizable en tu pensamiento. A veces ríes líquidamente, como un embate que porta la experiencia sin urgencia. Esa sabiduría que quiero follarme… Sea cual sea lo que tu mirada dice, soy espectador desesperado. Y siento repentinos deseos de cortarme con un filo la carne de los brazos y drenar sangre que presiona brutal en mi cerebro simple y amatorio sin remedio. No sé bien lo que escribo; pero sé con precisión lo que siento. Estoy colapsado de ti, amor. Totalmente. Sin remedio.
Detrás de todo fracaso está mi firme voluntad. Muchas veces el fracaso no se debe a un azar, sino a mi ansia de experimentar aunque me joda. No me bastan las experiencias ajenas relatadas como parábolas evangélicas de ilustres próceres o de mi madre o padre. ¡Pst, no sé…! Que hubiera nacido más tarde que todos ellos, no significa que deba vegetar dándole vueltas al espetón de los Sapientísimos Salmos de la Experiencia. Pasa lo mismo con lo que afirmo, escribo y describo; siempre hay alguien que suelta muy ilustrado: “Eso ya lo dijo Pitágoras” o el incomprensible y cargante Aristóteles, del que he leído su ladrillo Metafísica, y me doy gracias a mí mismo por escribir como lo hago. Qué vergüenza debe pasar el alma/sustancia del arqueo-filósofo cada vez que le dé un repaso a lo que escribió. Bueno, “pues ahora lo digo yo” respondo o pienso, aunque tuviese a Pitágoras redivivo frente a mis napias. Yo no tenía el control de cuándo nacer, y si así fuera, si me muerdo la lengua me enveneno. El mundo de las citas y proverbios es muy decorativo; pero la gracia está en ser ingenioso en el momento y lugar adecuado, lo que es garantía de un excitante, aunque inservible fracaso; lo que yo creo que es el momento oportuno, está visto que para otros no lo es. Qué asco de mundo imperfecto… Dijéramos que los muertos y los vivos, puedo asegurarlo ante un cochino juez, no usaron o usan mis ojos para observar la vida y lo que contiene. Por muy electricista que haya sido, no tengo por qué escribir de cómo cortar y pelar cables. Me place más explicar de lo muy eficaz que soy follando. Y cuando no, de mis apoteósicas pajas de esas que uno acaba pensando y jadeando con el semen aún ardiente entre los dedos y los huevos: Si quieres un buen trabajo, hazlo tú mismo. No sé si es comprensible mi concepto del fracaso e ignorar a los “ilustres sabios”, porque no confío en la capacidad del votante tipo actual. Y sobre todo porque hay una constante universal que dice: el escritor sabe lo que escribe; pero no lo que el lector lee. Sea como sea, me lo paso genial conmigo mismo sin vivir en mí (parafraseando a la mística y alienada Teresa de Jesús de un acusado fetichismo sexual).
Soy la cosa sucia y molesta que las divinidades maldicen. Quieren esconderme porque soy la comprometida prueba de su torpeza y falibilidad. Soy una sólida y opaca constatación de la inexistencia de los seres superiores como los dioses y otros carroñeros. Me pisan la cabeza con sus pies idiotas para aplastarme, para eliminar su negligencia que mi existencia avala y también su sagrada y divina incapacidad. Dios vomita borracho en las esquinas del universo. Yo lo he visto, aunque no exista. A veces mea sangre. Los lugares más hermosos de la Tierra los estropean sus gentes amontonadas que no mueren nunca en la cantidad y frecuencia adecuada para preservar la belleza que surgió por sí misma en un azar. No deberían estar ahí, hay lugares más idóneos para esos humanos creados a imagen y semejanza de dios. Eriales… Páramos… El cosmos. Dios es un prevaricador sin escrúpulos y por ello, reconocido corrupto. Y es penosa y venenosa su pseudo existencia para la ilusión que, se pudre en algún rincón de mi pensamiento hostil y entre la piel de toda esa masa animal de sangre caliente a imagen y semejanza de los divinos fraudes. Soy un hombre sin afabilidad y los dioses piden misericordia. Una mierda. Temo que si viviera suficiente, no sería el buen abuelo. Dios no me infundió virtudes decorativas morales. Cuando un equipo cualquiera juega a la pelota y gana, soy incapaz de sentir júbilo alguno y escupo displicentemente pensando que hay algo sucio atorado en mi garganta. Luego fumo porque es pecado de dios, como el dinero de mi bolsillo; que debería tenerlo el estado con los hijos que también le pertenecen. Si no practicas la imbecilidad todos los días, te darás cuenta de que el estado es tan sagrado como dios. Tan podrido y prevaricador. Tan divino como el humo de mi orina en el invierno. Soy un hombre sin alma porque dios no tiene nada que insuflar a cada bebé que nace para vivir sometido a los mandamientos y leyes de su fraude. Las almas suben a dios, pero yo sólo veo que se deshacen ante el sol como un vapor más, humillantemente impersonal. No queda nada de lo vivido, no hay destellos de emociones en las almas que suben tontamente a dios. Se sacrificaron y comieron hostias rancias para ni siquiera llover. Cuando los ajenos son felices y bailan siento la absoluta indiferencia que me hace hombre, la misma que hacia la muerte de los muertos y de los vivos. Soy un hombre sin creador. Cuando alguien se hace rico por un azar pienso “que lo jodan”. Soy un hombre sin alma y sin dinero. Y dios rentabiliza para sus arcas mi pobreza. Dios pide humildad. Una mierda. Soy un hombre apócrifo. Un evangelio molesto. Deseo la muerte de algunos seres humanos desconocidos y conocidos de la forma natural y coloquial con la que me place un cruasán relleno de chocolate. La indiferencia es la única semejanza que pudiera tener con un ser superior o creador de basura cosmogónica. Dios exige una piedad que no me supo incrustar en el pensamiento. Pues yo no puedo sacar de donde no hay. No necesito dios y exijo que no salve a quien debe morir. No amo los hijos, sino el placer de su creación; así pues su nacimiento es producto de mi hedonismo y un error cuando nos corrimos. Los nacimientos son accidentales como algunas muertes que no son por cáncer o vejez. Cuando follo no amo, es una lucha por arrancar placer del coño en un mundo desesperadamente mezquino, aséptico hasta quitar el hambre. El placer es el cebo de la reproducción en una chapucera creación. Dios quiere contribuyentes. Yo eyaculo en el cagadero para que eso no ocurra. Nadie nace del amor y dios es el cero absoluto. La ausencia de. Soy el arquetipo de la vacuidad funcional. Dios no es amor, si fuera algo, sería simple esclavitud o humillación como el follar breve y fallido del adolescente. Amar está en la luz y en la mirada. Un láser incruento. No en una paleonto-sábana sucia de milenios de mentiras. Doy fe de ello, hija mía de poderoso coño, ven con tu dios. Porque Yo soy díos, ante su inexistencia total y tranquilizadora. Soy la prueba palpitante del fraude cometido por los autores criminales de los pecados y las leyes, de las condenas y sanciones que no existieron jamás hasta que una puta ya enferma y apenas fértil los parió para que escribieran cosas así. Y mi pene palpita con cada pecado enumerado con cada ley escrita codiciosamente. Soy un fetichista tan impúdico… Una polla atea. ¿Desde cuándo odiar es malo? Es mi don más preciado y acoraza mi dignidad y seguridad. Si no odias, estás muerto para amar. Los ecos de las mentiras durante la infancia es una mitología que se debe desempolvar de vez en cuando para no olvidar lo que quisieron hacer contigo cuando estabas indefenso a ellos, a esos dioses modelados con mierda; el tiempo que te robaron para hacerte cosa y destruirte como humano; debías ser otro lelo que se sacrificaría bondadosamente por el grupo y por el estado porque vales una mierda. No jodas… Faltan guerras y las cabezas de los dioses, pinchadas en bayonetas. Añoro lo que no podrá ser, porque nunca fue. Si quieres dios, paga generosamente a la puta, ella sabrá…
La definitiva y gran mentira de Dios es su hijo que, fue parido por una virgen (aberrante) y luego lo entregó u ofreció en holocausto a una caterva de hijos de puta para que lo torturaran y asesinaran, todo muy gracioso, bizarro y kitsch. Si existiera el Diablo, sin duda alguna hubiera sido el creador de Dios. La figura de dios es demasiado absurda e inverosímil entre la mierdosa y estúpida humanidad que, es más de adorar a los cerdos y acatar con servilismo paranoico sus mandamientos y decretos. Así pues, ante una vida indigna se impone una acción violenta y decididamente cruenta. Quien la pega la paga es una sentencia que no se debe obviar para mantener cierta y mínima dignidad.
No es que existan falsos medios informativos (por favor, que nadie lea “falos”, el analfabetismo es tan grave en España que da miedo que alguien lea cosas “fake”), simplemente ocurre que Televisión Española es el burdel preferido y propiedad del rey de España y ayatolá Sánchez I el Arribista. Cada informativo o tertulia e incluso programa de humor, es un auténtico bukake donde la inteligencia, la ética y la libertad son bañadas o regadas con cientos de corruptas lefas narco fascistas estalinistas. Ídem con cosas parecidas a el país, que hay a patadas en internet y son por decreto narco ministerial español “no fakes”. Cuando aparece su majestad el CENPHOCS en la pantalla de su burdel, la transmisión se convierte en una sesión de hole-sex donde saca el rabo y se deja hacer (con fingido anonimato) cosas cremosas por los clientes y amigos mientras predica sus porno-homilías al otro lado del agujero con beata declamación y la boca temblona de lujuria. Para gozar de la excelente leche del Sánchez I el Arribista, hay que adelantarse al chuloputas personal del CENPHOCS, el jerarca fascista que no sabe de trenes, pero sí joderlos (como el resto de transportes); que pareciera que reza musulmánmente arrodillado frente al agujero; pero en realidad, el muy libidinoso, no puede (ni quiere el muy goloso) sacarse ese rabo de la boca. Y claro, todo aquello que no es negocio propio como el burdel Televisión Española del CENPHOCS y sus otras cosas en internet, es competencia; o sea, medios informativos “fake” “en interiores” y “en exteriores” (como el bozal nazi que impuso con su golpe de estado con el coronavirus). Incluso la caterva de corruptos jerarcas-burócratas que forman el soviet supremo que es el GENPHOCS, defiende con fanatismo morisco el burdel y las ganancias de su rey.
GENPHOCS: Gobierno Español Nazi Penitenciario Homosexual Clima-sanitario CENPHOCS: Caudillo Español Nazi Penitenciario Homosexual Clima-sanitario NEPHCS: Nazismo Español Penitenciario Homosexual Clima-sanitario
En la película El cuervo 1994, Eric Draven le declama a Sarah la niña del monopatín, con fatalista poética: – Nunca llueve eternamente… Está bien, precioso… Pero eso ocurrirá en Detroit, en Gotham City o donde quiera que se encontraran Eric y su cuervo Rockefeller. Pero en un pueblecito de la sufrida, martirizada, expoliada y esclavizada Cataluña, en el cantón de Gerona, Ripoll; sí que llueve eternamente. El bueno de Eric no da ni una. Porque no deja de llover ni un día; no es un diluvio universal, pero las vaquitas al pastar hacen burbujitas en el aire y parecen hipopótamas. Y ya que tomamos el mundo del cine como referencia, a mí como a Kevin Costner en Waterworld 1995, también me están saliendo agallas detrás de las orejas. Para fumar “en exteriores” he reciclado una botella de cocacola de dos litros y antes de salir del portal, enciendo el cigarrillo y lo cubro con una admirable gracia innata y precisión, sin que se rompa o descapulle, con la botella. Es incómodo; pero es la única forma de fumarse un cigarro en estos días de junio. Y además de reciclar, evito que la ceniza contamine las aguas que arrastran los abonos, apestosos estiércoles y pesticidas de los prados. Ni qué decir tiene que meto el mango del paraguas abierto en la mochila porque me faltan manos, aunque con este agua, además de las branquias, no tardaré en desarrollar tentáculos para intentar adivinar qué equipo ganará un mundial de fútbol, por ejemplo. No es elegante, pero me es indiferente e incluso me suda la polla. Quiero expresar también, ya que me encuentro en plena crisis de verborrea pluviosa o incontinente locuacidad, que hay una tenue y difusa frontera entre la melancolía de los días de lluvia y el prurito genital (los huevos en mi caso). Y ahora voy a remar al estanco para comprar más tabaco antes de que la lluvia se lo lleve al mar. Que me ha gustado fumar inhalando también vapores de cocacola que engorda la titola.
«Los milagros, en tanto que implican la ruptura de las leyes más generales que pueden imaginarse, plantean el problema de saber si realmente convienen. Si yo tuviese —pongamos por caso— una renta, es posible que pensase que no convienen. Pero un pobre… Un pobre que no cree en milagros es no solamente cien veces más pobre de lo que realmente es, sino que, por añadidura, es un pobre equivocado. El único tesoro de los pobres es el milagro posible.» (El cuaderno gris, de Josep Pla, traducido del catalán por Dionisio Ridruejo y Gloria de Ros) Josep Pla, respecto a esta reflexión del capítulo (año) 1918, me parece demasiado ingenuo. Se sabe que era un hombre sarcástico; pero aquí no. No en ese momento de su vida, que cuenta en su dietario El cuaderno gris. No importa, sigue siendo un gran humano y poderoso escritor. Y en efecto, unos párrafos más adelante, escribe sobre la fuerza y la astucia. Y claro, se contradice. «Sólo debe de haber —me parece— dos formas de ejercicio del libre albedrío: la fuerza y la astucia.« Lo último que debe hacer el pobre es creer en los milagros. De aquí surge otra reflexión importantísima para entender la literatura: el escritor no tiene por qué decir verdades. Debería describir y escribir sus emociones e ideas con claridad, imaginación y precisión en el tiempo y lugar que padece y goza; en su vivencia íntima, su mirada propia. Independientemente de lo que sea real o no para la sociedad. Debe usar el poder de la imaginación más allá de complacer al lector, si lo tuviera. Y el deber del lector es entender con una chispa de inteligencia, imaginación y experiencia vital que el escritor no le debe ninguna verdad a nadie. No aspira al Nobel de la puta verdad revelada de mierda y escribe según sus emociones en un lugar y momento muy concretos. Según sus iras y amores. La verdad debería ser ley y ética para los historiadores, periodistas y políticos; pero esto es otro ejercicio de ingenuidad. Desde que se instauró el nazismo clima-sanitario carcelero y homosexual en todo el planeta mediante la red informática 5G y el coronavirus, la mentira y la hagiografía hacia los jerarcas y burócratas nazis surgidos en las pseudo democracias, la verdad está pudriéndose como un cadáver en un vertedero, picoteado por las gaviotas y cuervos, comido por las ratas. Un escritor debe describir con amenidad e ingenio cómo es su mundo, su realidad, su propia vida de mierda. Tergiversando y pervirtiendo lo que sea necesario para que se sienta a gusto e impacte en el lector con estilo. Mostrar cómo debería ser el mundo independientemente de que a una sociedad mono pensante e insectil, le guste o no lo que lee. La literatura no es periodismo y no debería prostituirse al estado; pero de nuevo, en la actualidad es una pretensión de una ingenuidad indigna, inmadura y analfabeta de cualquiera que piense que es así. Hoy quien escribe busca un “me gusta” o en el caso de los autoeditados sin escrúpulos y sin estilo alguno, cinco estrellitas amazon. Sí que es cierto que el escritor se ha extinguido, su lugar lo han ocupado parásitos y sicarios del estado como apóstoles de un nazismo que atenta contra la biología humana misma. Con la IA la pseudo literatura se extenderá como un manto de mierda sobre todo el planeta y lo que contiene. De hecho, ha comenzado el parasitismo de la literatura. Josep Pla debió ser de los últimos escritores del planeta. Y con él se llevó el arte de “mentir” con gracia, el deber de todo escritor. Porque, chusma mía, escribir de hechos reales o de la verdad misma, es el ejercicio más árido de imaginación e inteligencia. Basta salir a la calle y ver la televisión para tener esa piojosa “literatura” gratis hasta provocar náuseas.