Si pudiera pactar con el diablo, salvo algún buen reloj y pluma, no sabría que pedirle a cambio de mi desgastada y translúcida alma. No sé qué más me podría ofrecer porque no quiero ser de otra forma. Ni quiero ningún gran poder de mierda. Bueno… Tal vez, viajar en el tiempo para asesinar a aquellos y estos ilustres próceres hijos de puta que jamás debieron haber nacido. Como un inmisericorde Terminator omni asesino. Es estúpido que el diablo invierta tiempo en comprar almas cuando todas son de su propiedad. Está aburrido… De dios se podría decir lo mismo; pero no existe.
Llueve y por ello salgo a caminar con premura, temo que cese. La lluvia aterciopela la atmósfera impregnada de tierra mojada y clorofila picante. Las nubes besando húmeda e impúdicamente a sus amadas y sólidas montañas hacen de mí un mirón insignificante; no es por lujuria, es simple y tierna tristeza de que un día se acabará todo. Es buena la soledad que no te llama derrotista o recita un banal consuelo edificante que maldita falta hace. He resbalado y me he caído, he reflexionado sobre la aceleración de los cuerpos y la densidad ósea. Me he caído y no ha pasado una mierda. Mi culo se ha mojado y también los cojones están húmedos, cosa que no me molesta. En absoluto. Me he cagado en el puto dios atea y coloquialmente. He recordado a mi padre que me educó, lo poco que vivió, sin escrúpulos. También he pensado en la elasticidad de los cartílagos y el miedo mezquino a caer. Ese miedo que hace del cobarde un héroe ante el mal. Los mezquinos fabrican grandes dramas y odiseas para disculparse a sí mismos de lo que son, indignos. No veo la odisea en caer, levantarse y acariciar el culo recitando una jaculatoria. Pensando en la cobardía también he visto una bala reventar un rostro en una nebulosa escarlata. Precioso… Asociar ideas es fascinante. Pensar no puede hacer daño; pero que nadie se fie, hay pensamientos sobre la desmesurada presión demográfica de la especie humana en el planeta que podrían no ser muy populares entre el puritanismo. A veces, sin darte apenas cuenta, el pensamiento trasciende a amenaza y tal vez a su conclusión lógica. Son cosas verosímiles. La cobardía es alérgica a la lluvia y a la libertad. Es un hecho, me limito a expresar lo obvio. Y así, la lluvia refrigera mi pensamiento evitando neuralgias y el pantalón mojado mis cojones, que los siento alegres y lozanos. Produciendo una leche a toda hostia, fresca y alimenticia. La obscenidad es un recurso literario que uso con sabiduría para romper con la monotonía del texto. Es pura habilidad literaria instintiva en mi “vivo sin vivir en mí” que escribía muy colgada, la mística e incomprensible Teresa de Jesús. Yo sólo quiero ser nube y besar ávidamente a mi montaña que me espera con los árboles alborotados de esperanza. Es hora de fumar y no pensar. Que mis cojones lo disfruten. Dios, desde su creación por un mentiroso, siempre fue un fraude; una caja de zapatos vacía. Y mi pluma tan llena… ¡Qué bonita mi lluvia!
Amar deshilacha la mente en las precisas emociones que escondemos por supervivencia y las expande como el prisma descompone la luz blanca en todos sus colores. Y observando cada una de esas maravillosas emociones desplegadas, robarle un beso porque está preciosa. Arropar su coño con mi mano… Abrazar toda su gama tonal espiritual y emocionarme. Y soportar la mortificación de la sangre congestionándome la polla. Deslumbrarme con ella y doblegar la triste cotidianidad, como el agua refracta la luz quebrando las uniformes líneas rectas. Rompiendo lo sórdido, mediocre y previsible. Descubriendo su clítoris atómico, duro y resbaladizo entre mis dedos… Besarle con los dientes los labios y lamer como bestia hambrienta su coño con líquidos ruidos en una dimensión silente. Mi rabo partido por su poderosa refracción en su líquida vagina. El amor es como la luz. Nos descompone a ambos haciéndonos seres de luz. Y a través de la refracción y descomposición, la vida al fin se muestra asombrosa y fascinante. Como mi leche escurriéndose entre sus muslos trémulos, agotados de placer. El amor y su asombrosa refracción torna el cansancio en una deliciosa desidia y pereza; despertando a su lado la tarea más importante del día ha sido realizada. Con ella todo lo demás puede quedar relegado para más tarde. Voraz, despertarla con mi baba cubriendo sus pezones y mis dedos crispados en su vientre deseando su piel peligrosamente. Ella responde mordiéndose los labios, cerrando el puño en mi pene, domando mi brutalidad, refractándola a su antojo. Y un café sereno en la mañana, frente a frente, para concluir que tal vez no sea un espejismo, un capricho de la luz. Porque los sexos aún laten y los ojos aún tienen reflejados en sus iris todos los colores de la luz del amor y el deseo. Es desesperante la física que lo descompone todo. Es privilegio tener su luz cada día como un faro que barre las tinieblas de un mar sólido, hostil y sus embates de hipocresía.
Dios debería reverenciar al ser humano que lo creó. Y no al revés de mierda. Un hijo de puta vago y débil lo creó basándose en los idiotas que lo rodeaban, la manada a la que pertenecía. Y acertó, aquellos simples se creyeron toda la basura que se inventó para convertirse en el que “cotorrea con dios”. Y claro, se repitió la mentira durante tantos millones de veces durante miles de años que, se convirtió en un vapor milagroso en el cerebro podrido de una masa humana infectada por el charlatán. No fue más que un gran tumor que llevo a la indignidad a la humanidad. Y al ridículo. Esto explica la actual sociedad y degradación como especie en el planeta. Como última reflexión, explicado el origen de la perversión de la actual especie humana respecto a la original: ¿Creen, influenciados por aquel primer paria hechicero, que los gusanos que se comen la carne de los cadáveres son ángeles que conducen las almas al cielo? La verdad de la vida y la muerte debe decorarse con plumas y oropel para que la chusma no llore toda la vida temiendo, ya que deprimida, rinde menos al estado/dios. Dios debería lamer mis pies, o su hijo, me da igual. O el jerarca de cualquier nación elegida al azar. Y si fuera hembra, una mamada estaría bien. Así es como Dios debe reverenciar al ser humano, como por ejemplo a mí.
Escribo lentamente para no desangrarme también rápidamente (como los segundos pasan) y así tener tiempo para describir lo que padezco y siento. Cuanto más rabio, más adrenalina, la presión arterial sube y la sangre brota en obscenos borbotones casi negros por nariz, lagrimales y entre uña y carne. Sí, todo la hostia puta de sórdido. Así que sin apretar, lenta y sedosamente derramo en el papel mi hastío y la mezquindad humana que me pringa la piel como un mal hongo. Hay un motivo de amor y miles de millones de odio, indiferencia absoluta por sus vidas cuando me siento bienhumorado. Como ellos la sienten por la mía, no soy especial. Es lógico, incluso legal, sentirse agraviado por toda esa caterva de mezquinos, gritones y malolientes. Comprendo que los dibujantes de cómics crearan primero al villano que desea destruir a la humanidad, y luego al super héroe para hacer feliz a la chusma lectora. El dibujante busca lo mismo que yo escribiendo: aniquilar la mezquina humanidad, cáncer de sí misma. Es inevitable que casi todo mi cerebro piense en ella. Y esa pequeñísima parte de mi seso, la que controla por ejemplo, el cagar o las náuseas, piensa además en esos miles de millones sin rostro; en su erradicación como primer sueño o deseo vehemente. Es más fácil odiar que amar. Es la razón de que el odio exija tan poco cerebro para ser gestionado. El amor es una galaxia inabarcable en el espacio profundo que precisa la inmensa mayoría de mis neuronas para gestionarlo. El deseo es una bestia voraz de conexiones sinápticas y quema neuronas como una tostadora averiada el pan. Pensando en ella no sufro hemorragias, pero me desoriento en su cosmogonía y cosmología. O en la inmediatez de un “te amo” irrefrenable. Sí que pierdo el control de la realidad soñando con ella, amándola desbocadamente. Y por ello, para proteger mi integridad mental, acabo de nuevo en la casilla de salida odiando. Pero no con furia, sino fríamente. Tomando un café entrecerrando los ojos por el humo del tabaco; observando a la humanidad e incinerándola sin ningún tipo de alegría, como quien realiza su mal pagado trabajo diario. Meditando sobre el espacio que nos dejaría la extinción, su silencio y cadencia temporal. No los necesito. Ni siquiera en mi imaginación desbordada cabe otro ser, algo ajeno a ella. Al final te tengo a ti ocupando todo mi pensamiento y al resto del planeta para ubicarme en un lugar concreto para sobrevivir, cosa imposible en tu infinita esencia. No debería odiar, con la indiferencia bastaría; pero no soy budista o un beato religioso y requiero cometer excesos para liberar la presión de tu posesión.
No hay razón o motivo para elegir un bando político si no vives del estado. Si eres un asalariado deberías concentrar tu atención en ganar tanto como puedas y evitar el robo de los impuestos del estado en la medida que te sea posible, sin importar el jerarca que gobierne. Debes ser crítico e irrespetuoso con el estado de la misma que el empresario te menosprecia y explota. Porque de lo que te roban, de tu esfuerzo, se ceba el estado que usará parte de ese dinero para invertir en medios más eficaces con los que robarte una mayor cantidad de dinero la próxima vez. No importa una mierda si alguien en otro lugar vive o muere, no es tu responsabilidad y mucho menos tu problema. Sólo trabajas y cobras pobremente. Quiere el estado que elijas un bando para responsabilizarte de una mierda que no te importa con el fin de robarte por ello. El estado no merece respeto, sólo recelo y rencor por lo que te pueda robar y humillar con sus represiones y prohibiciones. El acto de votar a cualquier partido político es el rito por el cual muestras tu acato y respetuosidad al estado ladrón, es besar la mano del padrino mafioso. Perder el tiempo libre en votar es un sacrificio mucho más cruento de lo que parece: te roba el poco ocio del que dispones, el pensamiento y te hace cómplice de los que te han robado, roban y robarán. Responsable de muertes y hambres que se dan en otros lugares que jamás conocerás. Y mucho menos te importan. Bueno… A menos que te guste arañar como un chimpancé la pantalla del teléfono para leer las mentiras y corruptas impunidades de los políticos de tu estado “democrático”. Si no importas a nadie que nadie te importe a ti. No seas lelo y añadas a la humillación nuestras de cada día un palurdo servilismo y su ridículo. No elegir bando porque mejor solo que podridamente responsable de toda la mierda que ha amasado el estado antes de que te parieran.
Mi amigo ronroneante es como un motor bien ajustado que nunca falla cuando se siente querido. Ronronea siempre cerca de mí, muy serio. Orgulloso de hacer un buen trabajo. Un motor de pura serenidad sin envidias o ambiciones latentes y ocultas. Y no sé por qué razón me quiere, pobre…
Hay películas rebuscadas como Sound of Metal, en la que el batería de un dúo de heavy metal se queda sordo y todo es drama. Y yo pensaba mientras la veía, qué poco se da el cáncer y graves enfermedades entre los jerarcas en el poder. Siempre cae la mierda en el rostro del más pobre. La baja mortalidad de la casta política está dañando gravemente al resto de la especie humana. Tal vez los sordos serán los que más tiempo resistan sin que se les pudra el cerebro por los dogmas y decretos de los jerarcas; mientras no tengan la mala idea de usar audífonos.
Siempre es esperanzador que un jerarca sea atacado o muerto. Son tantas las personas humilladas, extorsionadas, condenadas a pesar de ser inocentes y arruinadas por los políticos, que la muerte o la agresión de un político en el poder, es una agradable novedad. Incluso es algo festivo. Se debería celebrar igual sus atentados como la chusma celebraba quemar brujas, por ejemplo. Más que nada porque viven demasiado tiempo jodiendo al asalariado. El poder y el dinero les otorga unas obscena longevidad. Si muere no hay problema alguno, hay mucha sangre nueva y fresca en la endogámica casta del poder para reponer otro. Como son tantos, no importan (parafraseando a Mao Zedong sobre lo que comentó sobre su genocidio de ciudadanos), hay muchísimos parias políticos en la cola de acceso al poder Lo dicho, de vez en cuando surgen gratas noticias que, aunque sean un espejismo de justicia, dan un poco de luz a la mediocre existencia de los que estamos aplastados por el Dios/Estado. O sea, para los que pensamos: ni amo ni dios. 😋☺️😏😉
Es un día particularmente gris y lluvioso que me desliza lenta y húmedamente a una serena melancolía. Las bajas presiones son densas y verticales emociones que gravitan en el pensamiento lloviéndolo de evocaciones, actos que fueron y todas las imposibilidades posibles. La lluvia intenta encajar todo ese caos… Siento el agua correr por dentro de la piel con una dulce fatalidad y una sosegada comprensión. Me diluye dejándome un poco indefenso, sin la capa protectora del olvido y la indiferencia. Sin el cultivado cinismo de la supervivencia. Está bien, nadie me ve… En la gris penumbra de la casa soy arrastrado por mí mismo, como la lluvia arrastra la suciedad de los viejos y sucios edificios monocromáticos y el pavimento áspero y hostil de las aceras. Y me permito pensar, con cierta ingenuidad, que estoy a salvo entre las sombras. Una mentira embadurnada de toda esta romántica y trágica grisentería. No puede hacer daño. No demasiado.