Ha cambiado la bombilla y al encender la lámpara se ha vuelto a fundir, chisporroteando débilmente, como enferma. Y ha llorado una lágrima que desobediente, se ha escapado rostro abajo. Y ha agradecido estar solo. Porque sabe que morir no será tan fácil, ni tan rápido. También tenía olvidado el salobre sabor de las pequeñas tristezas de las cosas. Sin pretenderlo y como si fuera posible, ha deseado ser bombilla u objeto para morir cómodamente. Mañana volverá a comprar en la ferretería otra bombilla; pero no la encenderá, no es bueno abusar de las cosas saladas. Luego ha bajado la persiana del salón y ha encendido un cigarrillo en la penumbra, sentado al lado de la lámpara que no luce. Y ya.
Es habitual que al
despertar de la siesta escuche un silbido, como el de una tubería dejando escapar
por un poro fluido a presión.
Con más precisión
se asemeja al chirrido de acoplamiento que hace un altavoz cuando se acerca
demasiado un micrófono.
Dicen que estos
ruidos, son acúfenos y suelen ser síntoma de sordera. Sin embargo, hacerse
viejo es hacerse sordo.
Y aún escucho con
aceptable calidad para entender, me refiero a que no es una de mis taras más
notables.
Ocurre solo
cuando duermo durante el día. En el sueño nocturno y silencioso, raramente escucho
en mis oídos ese silbido.
Mis oídos no
están excesivamente estropeados.
No son acúfenos.
Ocurre que el
mundo y yo nos rechazamos, más concretamente la humanidad y yo.
Y un otólogo no
puede curar estas cosas.
Algo extraño se
filtró entre la cópula de madre y padre, la que me concibió.
Y soy por tanto
una mutación, un extraño entre la humanidad.
En algún momento,
un espermatozoide y un óvulo se contaminaron y absorbieron algo ominoso, y el
resultado es la aberración que soy.
De pequeño le decía
a mi madre que oía crujidos en mis oídos. Mis dolores más frecuentes y temidos eran
los de oídos, y lo son. De hecho, cualquier malestar o daño, repercute siempre en
mis putas orejas. Una noche, muy adulto ya, dejé sangre en la almohada y no me
extrañó, solo quería que dejara de doler de una puta vez. Y aquel silbido que
no me dejaba escuchar mi propio pensamiento…
La humanidad
provoca un rugido molesto y caníbal. Solo cuando me oculto en mi madriguera, consigo
bajar el volumen a un agudo silbido.
Y loco no estoy
porque identifico con absoluta nitidez los que deberían morir y los que no
importa que sigan viviendo.
Solo la frecuencia
de su voz me da paz, cuando ella habla, yo callo para que no deje de decir.
No son acúfenos,
son ruidos reales que provocan los humanos en mí, es una infección.
Recuerdo el
molesto eco de la voz de un sacerdote en la iglesia, cuando hice la primera
comunión. A los sacerdotes les encanta la teatralidad de orar y demostrar que con
su potente eco resonando en las paredes, tienen un trato directo con dios. Un
par de veces que ya de mayor, inevitablemente he asistido a una misa, no han conseguido
rebajar esa incómoda sensación acústica que sentí de niño.
Temo que si fuera
sordo, serían mis ojos los que con aberraciones ópticas, pondrían de manifiesto
mi rechazo a los humanos y sus cosas.
Del constante olor
a mierda, ya reflexionaré en otro momento.
Y no estoy loco,
solo cuando la follo y el único sonido que escucho es el líquido chapoteo de
los sexos y los gemidos y jadeos; siento que pertenezco aquí a este lugar
poblado de humanos, abarrotado, atestado, asfixiante…
Gracias a esta
bella espécimen que amo sorda y únicamente, gozo de momentos de armonía. Lo que
dura un polvo. Y he de reconocer que no soy un gran follador que bombea durante
horas sin cesar. Es humillante confesar estas cosas, lo efímero que a veces
puedo ser para lo mejor.
Alguien
insistiría en que algo huele a podrido en Dinamarca cuando mira mi cerebro, está
bien; psiquiatras y psicólogos necesitan ganar dinero, es lógico.
Hay ocasiones que
imagino que ese silbido es la vida que se me está escapando por los poros de la
piel, y cada vez con más caudal y presión.
Temo que un día
la muerte haga sonar su trompeta pegada en mi oído para despertarme y sacarme de
aquí.
Morir con el arrebato
de un sórdido solo de trompeta…
Es bonito; pero una
vergonzosa ingenuidad facilona y tonta por mi parte.
Todo son malas
noticias.
No se me puede
reprochar ser un odiador profesional.
No, no son
acúfenos y unos audífonos lo empeoraría amplificando el ruido del mundo hasta
lo insoportable.
Me pegaría un
tiro.
Estoy seguro, de
que si vivo lo suficiente para quedarme sordo, ese silbido lo seguiré
escuchando. Ese chirrido que me provoca la cercanía de la humanidad.
Y ella tiene que
hacer sus cosas, mi amor no puede estar ahí siempre protegiéndome y dándome
paz. Por otra parte, soy muy orgulloso. No necesito ni quiero cuidados de nadie.
Sé joderme con la boca cerrada, con cojones. Y si tiene que doler, que duela.
Necesito urgentemente
unas vacaciones, apagar ya el sonido de la vida; con su conclusión lógica.
La gente pacífica es muy peligrosa, desea dominar e imponerse a los demás con grandes movimientos ganaderos de cientos de miles de cabezas de ganado. Algo así como las voraces marabuntas o las plagas de langosta. No, la gente pacífica no mata, aplasta ciegamente, sin entender bien el porqué. Y le comunica sus deseos a los sicarios de su dictador para que maten por ellos (mucho dueño de campos, aun hoy día lo es gracias a esta costumbre de conseguir algo lamiéndole el culo al dictador de turno o sus representantes, entregando las vidas envidiadas con mentiras o simplemente delatando para que los maten). De esta forma, con una hipocresía digna de caricatura, seguirán alardeando de su pacifismo (los ciudadanos ejemplares e integrados del nazismo, franquismo, falangismo, hinduismo o comunismo por ejemplo). Tras la máscara pacífica se esconde la cobardía. Hace falta gente decidida y auténticamente violenta que provoque una gran guerra identificando a los buenos y a los malos. Y sobre todo, que de una vez por todas, quede claro quien son los vencidos, si quedase alguno. Además, es necesario renovar sangre, genética. Por ejemplo: los habitantes de los lugares más fríos suelen caer en profundas depresiones por una decadencia acomodaticia. Los niños se manifiestan por banales razones, evitando así trabajar y sus lerdos padres los educan en el borreguismo. La sociedad se ha colapsado y la ética, la dignidad y el esfuerzo, son temas oscuros que dan miedo en la población. Se han acostumbrado a las incruentas luchas de tuits y likes, banalizándose a sí mismos. O a los festivales musicales o congregaciones festivas para celebrar catástrofes, muertes y asesinatos. Hay que mover el culo. Y lo malo, solo se puede erradicar con violencia y muerte. Yo apuesto a que ganarán los pacíficos, los hipócritas o malos siempre ganan. Tras el periodo de guerra, los vencedores deberán luchar contra la pobreza, el hambre y la enfermedad; las guerras esquilman los recursos económicos. Tranquilamente, alcanzar un nivel de bienestar parecido como el anterior a la guerra puede llevar treinta años y la pérdida de una cuantas generaciones. La guerra es la parte más escandalosa, lo bueno viene después. Como ocurre con las catástrofes nucleares. Y entonces sí deberán trabajar con un par de cojones y llorar menos con su teléfono en la mano. La debilidad y la cobardía no es algo de lo que nadie deba sentirse orgulloso. Si algo pesa, uno se esfuerza por levantarlo, no se llora, no se publica un estado de mierda en una red social. En la pacífica y mística India, comen mierda y se bañan en ella; llevan décadas haciéndolo. Es el precio a pagar por la cobardía del pacifismo, por el borreguismo de las castas inferiores. Al ataque y que muera quien deba, que viva quien pueda…
En un tiempo éste en el que se ama a tantas cosas y con tanta devoción, soy un psicópata, un peligro social porque solo te amo a ti. Todo lo que no sea tú, es pura indiferencia. Hastío en el mejor de los casos. En un tiempo éste en el que todos miran al corazón (no puedo evitar reírme) y al espíritu, yo miro tus tetas y entre tus muslos para atisbar tu coño. Con absoluta impudicia, con desenfadado descaro. Porque tu espíritu es mío, siempre lo fue. Desde que naciste, mi puta amada. En un tiempo éste en el que familia y amigos buscan afecto, fraternidad y solidaridad; solo quiero follarte, porque tu corazón y las ternuras que contiene, lo tengo yo, donde falta el mío. Con tu amor no necesito el de nadie, tu cuerpo me fascina y me da el placer que el planeta y las cosas que lo habitan, jamás han podido ni podrían ofrecerme; ni yo lo quisiera. Que si dios existe me libre de los afectos de los vulgares, de los innecesarios. Que un tiempo éste, arda. En un tiempo éste en el que las multitudes bailan hacinadas con risas de alegría idiota; yo solo quiero bailar contigo una canción muda en el borde de un cráter, en el rincón más solitario del planeta. En un mundo éste en el que te necesito como el alimento, la muerte y el dolor de muchos o todos es solo una noticia a la que no presto atención mientras fumo y me toco evocándote. En un mundo éste en el que te amo tanto, los ceniceros deberían ser más grandes, me pongo perdido de ceniza; y es que esperarte me destroza los nervios.
Podría amarte en este mundo de mierda y en el vacío. En el vacío te amaría los segundos que tardaría en morir. Y en este mundo te amo distorsionadamente por injerencias o interferencias externas. Te acaricio el coño con los dedos enterrados en esa calidez mojada y pienso en los que no mueren y debieran. En los que sufren no lo suficiente. En los descuartizados y el excesivo tamaño de los trozos. Observo luego tu coño goteando mi semen y pienso en los muchos que han nacido sin necesidad, sin gracia, sin afecto. Sin que yo les haya dado permiso. Pienso en el futuro y en lo poco que me importa los que les ocurra a los nacidos y por nacer cuando muera. En mi determinación por no hacer de éste un mundo mejor. Si yo me encontré una mierda la dejo también para los que vienen. La vida es muy corta y ejercer de mesías, mártir o santón es una estupidez desmesurada. No soy un filántropo millonario con la nariz blanca sintiéndose Jesucristo. Antes de morir, sin reconocerlo en alta voz, me sentiré triste por no haber descubierto un planeta libre de humanos para amarte puramente. Cuando estoy dentro de ti bombeando furioso, toda mi frustración se canaliza por mi rabo y llega a ti con un amor desatado y falto de piedad alguna con nadie. También temo haber metido en tu coño algo más que mi semen. Algo más oscuro, más cáustico. Es una sensación que me perturba cuando te veo tan hermosa jadear tras follar. No importa, no puede hacer daño amar como yo, al fin y al cabo voy llegando a la vejez en razonable buen estado. Quiero decir que hago lo que debo, según mi condición. Y te amo con locura a pesar de mí mismo.
Aún me pregunto cómo han dejado entrar en la ONU y otras sedes oficiales internacionales a una niña participante de un teleconcurso. No me lo pregunto, es retórica. Todo el mundo sabe y si no mi gato os lo explica que, si Greta (que cada día le encuentro más parecido con Gollum, incluso coinciden las iniciales) no entra en la sede oficial de alguna entidad internacional, seguramente los adolescentes aborregados y de pocas luces que la siguen, tuiteros y feisbuqueros crédulos como niños de tres años, entrarían en crisis de histeria y serían capaces de tirarse ellos mismos gas pimienta en los ojos manifestándose desnudos y bailando algún perreo hortera de marcado carácter infra cultural en algún vertedero. Por otra parte, además de fea como un Diablo de Tasmania, la Thunberg es terrorífica. Con ella podrían hacer El Exorcista Reloaded, en la que natural e inevitablemente interpretaría a Regan, la niña posesa (Trump sería el figurante gordo que va comiendo un perrito caliente con la barriga asomando por la cintura del pantalón y una camiseta llena de manchas de grasa y ketchup). Respecto a sus lágrimas, es fea, es antipática y un monstruo de la telebasura; pero eso no quita que a su edad reconozca el nivel de imbecilidad de la humanidad en general y tenga la habilidad de llorar con un mal disimulado histrionismo, por el que sus padres han debido pagar un dineral en una escuela de actores.
¿Veis? Miles de barceloneses que han recorrido miles de veces la calle Vía Layetana (ayer domingo se llamó Real Cañada Vía Layetana) y varias veces por semana, acuden como ganado bien adiestrado sin apenas pastores. Conocen bien sus vías ganaderas. Y así todas las ciudades, y así todos los vulgares, y así siempre. O sea, estás hasta el coño/cojones de la puta cárcel que es una ciudad como Barcelona y pierdes un día de fiesta paseando por la misma mierdosa calle que has visto toda tu mediocre vida porque te dicen que no hay coches este domingo e ilusionado y obediente te vas a dar un baño de multitud de carne sudorosa en tan pequeño espacio para nada. Espero que los borregos al final, tengan un trato humano al ser sacrificados; que antes del degüello sean aturdidos para evitar demasiado sufrimiento y su estrés. Es un deseo puramente cortés, realmente me importa una mierda si los aturden o no.