¿Qué mierda es esa de no desear, no follar a la mujer? Por supuesto que desearé a la mujer del prójimo. Me importa poco que la mujer hambrienta tenga prójimo. Importa que la mujer me pide que la joda, que la trate como a hembra en celo. Y me desea con las bragas manchadas de humedad. Su prójimo no le come el coño como yo, hambriento, sediento, animal, sin piedad, humillándose ante la diosa. A su macho le da asco su raja. Y se la mete para taponar ese sexo que le repugna. Convierte el follar en una paja mal hecha, solo para él. La mujer del prójimo abre sus piernas ante mí y separa los labios resbaladizos y brillantes de su coño exigiendo con mirada hambrienta y jadeando, mi lengua arrastrándose por su raja, hundiéndose en su vagina anegada. ¿Quién cojones dice que no desearé, que no se la meteré después de haberle arrancado obscenidades corriéndose en mi boca? Si la mujer me desea, yo jodo a la mujer. Le irritaré sus cuatro labios y los pezones de tanto besar, mamar y lamer. Y regaré sus gemidos con mi leche. Volverá a su prójimo con el coño irritado. Me importa poco un mandamiento o ley mierdosa, me suda la polla. Nada me puede impedir que joda a esa bella hambrienta mal follada. A la mujer del obediente prójimo y a su hija si también me desea. ¿Qué retrasado mental pudo dictar semejante prohibición mierdosa que busca con saña el hastío de la mujer? Ella desea y yo la jodo. Ésta es la ley.
La luz oscura. Las palabras en el vacío. La oscuridad jadeante. Los párpados destripados. El pene desollado y la navaja sucia a tus pies. Escamas de óxido en una esclerótica. Llorar sangre y que no duela. La sangre del ano que caga vidrio. Una sonda de alambre en el meato. Una oruga en los labios. El filo que desguaza la uña de la carne. Un sueño de infinita pena y no despertar. Despertar de un sueño y quedar abandonado a la vigilia. Un alarido que no sale a pesar de las mandíbulas desencajadas. Un café amargo con mucho azúcar y los dientes ensangrentados. La nariz rota hurgando el cerebro. La vida rota. La alegría hecha pedazos. La tristeza como lepra. El mismo día. El último vómito del cáncer Su coño desbocado golpeando circularmente mi boca. El semen brotando como una meada, sin tocarme. Y ríen. El hijo que nace con las tripas fuera y llora y no muere. El amor era mentira. La existencia de Dios. El enfermo parto de una virgen. Papá muerto follando a mamá muerta en el Cielo Cristiano. Un jaco profundo en el oído y el caballo no calma el dolor.
Porque consigues no sé de qué forma, desviar mi flujo sanguíneo que va al cerebro, hacia el pene. Tal vez sea esa la causa del mal de amores, de la locura de estar enamorado. Yo no recuerdo haber descendido tan profundamente a la primitiva lujuria desde que conocí tu existencia. O tal vez borraste mis recuerdos porque las cosas extraordinarias cubren las mediocridades, las abandonan en un desván enterrándose en polvo. ¿Y para qué quiero un cerebro si estás tú? Amar no requiere de intelecto. Tú sabrás qué hacer conmigo, qué hacer de mí. Confío en tu sabiduría como en tu piel. No quiero pensar cielo, estoy cansado de este humo que me sale de la cabeza. Pareciera que las tostadas se han quemado. Y los huevos hierven. Mi corazón late, mis brazos son operativos para abrazarte, mis labios se mantienen hidratados con los tuyos… Tengo lo necesario para vivir. Sé que amarte es duro (y debe serlo), que cuando me acerco a ti, debo hacer alarde de hombría quiera o no; pero me gusta ese sacrificio. Sobre todo cuando está en tu mano. ¿Ves? Soy un completo derroche de obscenidades. Podría decir que mi cerebro se ha secado. Y así, no sé cuál de tus dos pares de labios he de besar primero. Esta es la máxima inquietud intelectual que puedo desarrollar cuando iluminas mi día con tan solo una palabra. Y ahí está el secreto, no se lo digas a nadie porque tengo que conservar mi carisma de hombre zafio y tosco (de hecho me sudan copiosamente las cejas con este derroche de palabrería): tan solo necesitaría de ti una palabra y poder así asomarme al vertiginoso acantilado de tu mente. Asomarme a tu alma. Bueno, dejaré la metafísica para los inteligentes, estaba hablando de follarte y de la cremosidad de mi glande que fácilmente resbalará entre tus dedos sin ningún problema. Estoy en celo. Se podría decir que soy el resultado evolutivo de tu selección natural. Lo hombres no hablan de almas, solo de follar.
Siempre están maquinando cómo joder. Al estado no le importa si es de noche o de día, tiene hienas diurnas y nocturnas para garantizar que la libertad no se escape. Para hacer mierda la ética y la razón. Hienas fieras que han invadido con su fiero y voraz poder los medios de comunicación, las humanidades y la enseñanza. Han pervertido el lenguaje para adaptarlo a sus parafilias de endogámicas generaciones en la política, el poder y la economía. Lo del género binario es una mierda, un asunto de un fascismo de ideología cancerígena contra el individuo y su biología. Existen dos sexos: macho y hembra. Las deformidades de nacimiento es algo que compete al deforme o paciente y a los médicos. Cualquier otra consideración o desviación sexual respecto al coito macho-hembra es una cuestión de libertad, gusto o problema mental de cada cual. Enturbian el entendimiento de las cosas más evidentes de la vida, como el sexo reconocible por la infancia sin necesidad de enseñanza alguna; ensucian lo obvio con inventos o sofismas ideológicos que buscan el poder y el dominio del pueblo con la invasión de su intimidad, con prótesis lingüísticas torpemente encajadas. Han implantado un nuevo y mezquino oscurantismo. El oscurantismo es una práctica tan vieja como el primer pacto social por el que un ser humano cobarde e incapaz pagó a otro para ser protegido y administrado. Un origen manifiestamente mafioso el de reyes, presidentes y ministros. Un oscurantismo que sirve para robar más dinero a las clases bajas creando miles de oficinas y funcionarios para complicar identificar quién es mujer y quién es hombre. La conducta sexual solo compete para el follar o el romance. No se debe emponzoñar la biología de la especie humana haciendo carrera universitaria de lo natural e instintivo para justificar la actividad sexual que cada cual desee. Es la mayor y obscena maniobra de un fascismo psicópata. El gobernante debe velar por la libertad de cada cual, sea cual sea su sexo y actividad sexual, cosa íntima y que a nadie le importa. Los que se sientan de género binario, que corran a un psiquiatra antes de que el cerebro se les salga deshecho por la nariz. Es lo que le ocurre a los muñequitos “repítolo todo” (lo que le dicta su amo fascista estafador). Y por favor, a los del gallinero que no se enteran si son binarios, no binarios o cagarros en conserva; que acudan a un colegio no fascista (si los hubiera) para que les enseñen de nuevo que órganos genitales tienen y por tanto a que sexo pertenecen. Cualquier paleto analfabeto iluminado les vende la moto a estos pringados binarios/no binarios con un tuit o un meme mierdoso. O una noticia de la prensa puta del fascismo homosexual. No estaría de más recordar que el marica es un macho, la tortillera una hembra y lo bisexual, es homosexualidad simplemente. Los gustos sexuales o parafilias que se puedan disfrutar o mortificarse son datos intrascendentes, exclusivos para la intimidad de cada cual y que no afectan al vecino. Es banal saber quien folla con quien, salvo que se coloque una pegatina en la frente para pregonar y alardear de ser carne o pescado. Si me hablan de lo binario pienso en las odiosas matemáticas con las que mis franquistas profesores me jodían la infancia. Soy macho reproductor territorial y por lo tanto, violento si alguien mea en mi territorio. Soy un hombre. Y nadie me ha enseñado semejante cosa. Son cosas que aprende uno solito, lelos. Con lo binario se pueden hacer un supositorio; porque sinceramente, me importa lo mismo que el rabo sucio de la vaca que pasta a unos metros de aquí, si alguien se viste de mona para follar más o mejor. Que no ensucien más la claridad de la biología humana y su reproducción, es lo más sencillo e instintivo de la vida. Y quien sea marica o tortillera, que se lo pase en grande o como pueda; bien por ellos. Ocurre que, en un estado totalitario homosexual como el español, sus jerarcas aspiran a que sus parias (habitantes) sean también maricas y tortilleras. Lo ensucian, opacan y enturbian todo para convertir a la masa humana en un rebaño mugiente e ignorante sin capacidad de decisión, que no sienta necesidad de libertad sino de dependencia (en cualquier aspecto de su mediocre existencia) del estado mierdoso e hijoputa. A propósito de ello, considero que mi polla es pequeña y me deprime: ¿para cuándo la subvención para aumentar su tamaño? Del cojón que me cuelga más que el otro, ya hablaremos cuando tenga una buena polla, lo primero es lo primero. Y el jerarca fascista homosexual entre tiro y tiro de farlopa, sigue inventando palabras para categorizar lo que no importa. Es más divertido que trabajar de verdad, y da más dinero ¿eh, trileros?
Leo: “Si consideras hijo puta al árbol que te deja caer su rama podrida en la cabeza, es comprensible. Pero si votas o tratas con respeto al jerarca gobernante que te encarcela, empobrece y humilla, eres un pedazo de cosa indigna y servil. Te mereces que te caiga una rama pesada como un tronco en la cabeza y que tu líder se saque la polla y te rocíe una lluvia dorada en la jeta. No te preocupes por la poca cosa que eres. Simplemente nunca pudiste hacer nada por evitar semejante vida y actitud. Eres una consecuencia lógica de miles de generaciones indignas como tú. Por mucho cariño que insistas tener a tus progenitores (significa padre y madre, figura) y abuelos has de entender que también son cosas indignas, porque salieron de un mismo coño indigno. Por ejemplo: Yo soy únicamente feliz cuando le digo a mi puta: ¡Híncate y mama! Se arrodilla, con sus delicados finos dedos extrae mi rabo por la bragueta, se lo lleva a la boca y yo, la agarro por el cabello tirando hacia a mí para que no se le salga de la boca ni se derrame una gota de leche. Son cosas a las que presto más atención que a un árbol hijo puta o un hijo puta jerarca mandatario. ¿Entiendes la diferencia entre un servil como tú y un auténtico cabrón como yo? Yo tengo a una diosa hincada ante mí y tú llevas un cerdo subido en la chepa. Yo la llamo puta y tú algún formalismo como «señor» o «presidente».” Espero a que Jade opine. –Ico, estoy mojada. Mira mi chocho. Quiero arrodillarme ante ti –gime traviesa y fingidamente niña abriendo las piernas. Es cierto, está empapada una mancha de humedad se extiende y transparenta su coño difusa y eróticamente. Desesperadamente para ser más exacto. – ¿Qué es lo que más te ha gustado? Se mete una cucharada de yogur con miel en la boca, relame la cuchara meditando y responde: –Yo, tu diosa arrodillada con tu polla en la boca. Lo demás no lo he entendido. Y se ríe con una inteligencia que me acompleja. –Ya pensaba que no sería buena idea leerte mi texto, acabarías riéndote. –No es de risa, mira cómo me brilla el coño– dice separando las piernas y apartando a un lado la braguita para enseñarme su enloquecedora vagina de labios dilatados y abiertos, hambrienta. –Y quiero arrodillarme ante ti. –Ni hablar, yo me hinco primero. Jade toma el frasco de miel lo eleva y derrama un espeso y grueso filamento en su sexo, cubriendo el monte de Venus y los labios. Se asegura de que el clítoris se cubra separando más los labios con los dedos. Gime no solo para excitarme, es absolutamente carnal. Es la indecencia más bonita del universo. – ¡Ven, perrito! ¡Ven! –me dice palmeando sus muslos separados hasta hacer resaltar los abductores. Me arrodillo y deja reposar las pantorrillas en mis hombros. Cuando le empujo el clítoris con la lengua gruñe y se aferra a mi pelo. Presiona con fuerza mi boca contra su coño dulce, resbaladizo, viscoso y espeso. Respiro como puedo y ella está dispuesta a correrse, lo noto en como golpea con la vagina mi boca, jaleándome. – ¡Qué perrito más bueno! ¡Qué rico perrito! Si no estuviera tan atrapado entre sus manos y coño le diría puta, guarra, zorra…; como me gusta decirle delicada y dulcemente. Así que no puedo hacer otra cosa que correrme precozmente de lo mucho que me ha excitado. Maldita e inquieta Jade… Ante ella me mantengo siempre indigno, podría ser su perro, su gusano, su cerdo. Jade vale mi dignidad e indignidad. –Ico, ¿por qué me quieres tanto? –habla sin mirarme, atendiendo a su coño que aun se contrae por el orgasmo, jadeando y extendiendo la miel y mi baba por el sexo en un masaje que pretende calmar la lujuria detonada. –No lo sé, no puedo hacer otra cosa, cielo. Pero me la tienes que mamar. Me obliga a sentarme a su lado, en el sofá. Toma mi verga y deja caer una gran cantidad de miel especialmente en el pijo, que ya se asemeja una manzana por la pelota que se ha formado. Y chupa hasta casi despellejarme el rabo… Es el único gobierno, que acepto. Que necesito. –Jade, dedícate a la política. Y riendo me contesta: – ¡Mmmm glsf slurp slurp!
Tengo la indecente costumbre de ponerme caliente con solo saber de ti, con solo verte. Y ahora que el aire es frío no puedo dejar de pensar en tus pezones contraídos y darles consuelo con mis labios cálidos y babosos, encelados de ti. Tu coño, en cambio, siempre es cálido. Y ahora que te sueño, mi glande se muestra ardiente y resbaladizo. Cuando estoy solo conmigo mismo, mi pijo está seco y frío. Por ello pienso que te la metería sin cuidado, con cierta brutalidad encima de un altar. Clavando los dedos en tu carne, alzando tus piernas en alto hiriendo la piel, arañando los muslos y dejando mis huellas de deseo en ti. Dejo tu coño indefenso a mí… Un deseo desbocado. Cabalgas clavada en mi falo. Jadeando como el más hermoso animal con mi boca mamando tus pechos, creando obscenos filamentos de tus pezones a mis labios, que oscilan hipnóticamente con la violencia de tu monta. Eres una puta diosa amazona. Follarte y meterte profundamente todo este amor con cada embestida. Robarte el aire de los pulmones con cada penetración profunda y animal. Siempre es necesario follarte haga frío o calor. Haces hervir mis cojones y su leche. Despierto en las madrugadas hambriento de ti y con la leche a punto de brotar por un meato dilatado, como si fuera a parir. Y en la madrugadas me hago pajas jadeantes, aún ebrio de un sueño contigo. Despierto acariciando el espacio vacío de la cama, donde debieras yacer, a mi lado; si esta vida no fuera tan puta y tuviera algo de decencia. Y luego, con los dedos mojados de semen, acaricio tu cuerpo fantasma en la sábana mientras el sueño me lleva de nuevo a mundos desconocidos. Y a ti. No sé si es triste; pero sí sé que estoy caliente como animal en celo. Si al menos pudiera follar lo que no amo, mi vida sería más relajada; podría amarte y soñarte con más decencia y espiritualidad; según los cánones del romanticismo. Pero solo tú puedes ser mi puta, y la responsable de este continuo correrme en el frío y en el calor en mi indecente y pornográfica soledad. No imaginas el vacío que crea tu ausencia en torno a mí…
Una mujer caliente, sexualmente excitada, es la mayor fuerza de la naturaleza, no puedes combatir contra ella. Debes arrodillarte y leer el salmo de su coño. Ciego, con la lengua, con los dedos descifrando un Braille de gemidos y espasmos que brotan de sus muslos y boca. Has de humillarte ante su fuerza y acompañar su pelvis en cada estremecimiento que padezca, que se corra llena de ti. Y observar como exhala su alma entre los labios jadeantes. Y beberla. Que grite o susurre impúdica e implacablemente su placer. Es imposible sentir su húmedo poder y contener un semen que hierve, que duele presionando en los cojones. Que brotará por un glande cárdeno henchido de sangre. Mascullar íntimamente a la diosa desatada que es tu puta, que la odias por su poder que te convierte en su siervo y esclavo. Y que la leche que rezuma por su coño está formada por tu alma y tu corazón. Preguntarle: ¿Quieres matarme? Es eso lo que quieres ¿verdad, cielo? Que derrame lácteamente mi vida dentro de ti, sobre ti. Y aún muerto seguir amándote con desesperación. Somos el sacrificio de la diosa. Y una obscena redención. Un suicidio líquido y cremoso.
¿Alguna vez has sentido el frío filo de la navaja cortar el vello de tu monte de Venus? ¿Desearías tener una mano para poder desflorar tu coño y lo bese mientras el acero corre suave por tu piel? ¿Alguna vez te han follado con los ojos tapados? ¿Desearías que hundiera más profundamente mi rabo en ti en lugar de tan solo el hirviente glande? ¿Alguna vez te has agitado intentando hacer tu coño más grande para apresar esta polla que no entra profundamente? ¿Con los brazos en cruz y las muñecas atadas ofreciendo tus tetas erizadas impúdicamente? ¿Con las piernas abiertas y los tobillos atados mostrando el brillo denso y hambriento de tu coño y el clítoris erecto hasta el jadeo? ¿En tu oscuridad e inmovilidad te han metido un dedo en el culo mientras te aspiraban unos labios recios y crueles el clítoris, durante unos segundos desesperadamente cortos? ¿Alguna vez has escuchado, mi puta, los gemidos del macho masturbándose ante tu inmovilidad, ceguera y obscena indefensión? ¿Alguna vez has sentido con los ojos vendados la cercanía de algo en tus labios, su roce. Y has elevado tu cabeza para sentirlo más plenamente, lo que sea? ¿Has pedido alguna vez que te dejaran besar eso no que ves? ¿Has gritado que te follen la boca en tu oscuridad? ¿Lo has pedido jadeando? Porque ahora mismo tus labios entreabiertos azuzan mi bestialidad y las venas de la polla parecen gruesas telarañas. ¿Alguna vez te han pedido que te mearas y al mear una mano recia contiene tu chorro de orina acariciándote ardientemente? ¿Alguna vez atada y cegada, te han acariciado sutilmente los labios del coño sin hundir los dedos y has elevado desesperada la pelvis para que los dedos, por favor, se metieran dentro sin cuidado? Porque lo estás haciendo, puta. ¿Alguna vez has sentido el roce de unos labios en los pezones y no ha sido suficiente, y has intentado romper las cuerdas para empujar la cabeza besadora hasta que mame de ti incluso dolorosamente, sin piedad? “Por lo que más quieras…” jadeas entrecortadamente. ¿Qué sientes en la oscuridad cuando mi lengua se abre paso en tu coño y no puedes presionar contra mi boca y jadeas entre ansia, placer y exigencia? ¿Alguna vez te has corrido como ahora, sin que apenas te tocara, mientras mi semen cae en tus pechos y oscurece los pezones? No sé mi amor, mi puta. No sé si soy tu amante o tu tanque de aislamiento sensorial del mundo, tu alucinación que se derrama en ti y martiriza tus deseos. ¿Alguna vez te han dicho te amo, atada y ciega y has contestado con la respiración acelerada: solo fóllame, cabrón? Volveré mi puta, esto no es un acto extraordinario o una casualidad, será tu condena. La misma adicción que creaste en mí con tu fastuosa sensualidad. ¿Alguna vez te han escupido en el coño y te lo han frotado hasta correrte de nuevo y cuando has sentido pies y manos libres, no había nadie ya? Volveré mi puta. Y mi voz será lo que te conduzca de nuevo a la animalidad más pura. Te quiero caliente, ardiendo, anegada.
No te ofreceré nada; pero intentaré hacer lo necesario para que no sientas que te he estafado tiempo de vida. Lo que dure. Lo digo porque hay gente muy paranoica que cree que su tiempo es oro y luego te quieren cobrar intereses, como si hubieras asistido de su mano a algún tipo de experiencia o cura milagrosa. Mi cura milagrosa solo pueden ser tus labios, los cuatro. Soy muy simple y fumo para parecer que pienso. Como te digo, mientras viva no tengo otra cosa que hacer más que amarte y no soy un beato como el joven Werther. De follar tengo mi experiencia, o sea que de adolescencias y cosas de esas, nasti de plasti. Quiero decir que tengo duricias en el alma y en la picha; pero no me siento especial, tienes tantas como yo en el alma, se te nota en esa mirada de mujer loba. También tengo experiencias en fracasos, por viejo y por tonto, diría incluso que los colecciono. No aprendo nunca, a mí nadie me enseña nada ni me escarmienta. Y no hay nadie igual en el mundo y nada se repite. Me paso por el rabo lo que me predicaron para hacerme idiota que es justamente lo contrario. Existe el pensamiento insectil en una masa humana; pero todas las reses huelen, apestan distinto; debe ser por sus hábitos alimenticios e higiénicos. Una cuestión ganadera. Así que cuando pinte mal, me largo y no montamos dramas innecesarios. Si en la vida sobra algo, es pesar. Y si te parece bien mi currículum, vamos a follar que tengo la garganta seca de tanta cháchara de amor.
Soy el hijo que no pudo ser abortado, y luego demostró con su maldad y odio ese accidente o error. Si hubiera sido decidida y valiente mi madre, hubieran muerto muchos miles menos; pero una adolescente mediocre y con un cerebro aún más vulgar, sintió el peso de la conciencia insectil humana y desgarré su coño para emerger a esta cochina luz que ese dios maricón creó. Si hubiera sido humano, así me gustaría haber nacido. Y arrancarle los pezones a bocados cuando me diera de mamar. Afortunadamente no soy hijo de mono. No soy un primate como vosotros. Me creó con materia fetal Dios el melifluo maricón, junto con otros diez mil ángeles. Supe corromperme y crear músculos llenos de sangre ponzoñosa, rellené los huesos con tuétano de materia cadáver. Y en toda esa carnalidad pulsante, maloliente y venenosa prendió también la eternidad que Dios concedió a sus ángeles. Desarrollé inmunidad contra la bondad y su dios. Resbalaron sobre mi piel feroz los mandatos y el amor a la humanidad. Creé el infierno donde sufren ángeles y primates reviviendo en un ciclo sin fin el dolor más fuerte que marcó sus existencias. Soy el nº 1 en la lista de Forbes en millones de almas de mi propiedad. Y no todas son malvadas o han cometido pecado mortal. Están en los sótanos de mi oscura y húmeda cueva porque soy rápido cazando las almas que se desprenden de los cadáveres de los primates cuando mueren o cuando los descuartizo. Lo cierto es que las almas son accidentales, son la molesta consecuencia de las matanzas que cometo, que gozo, que necesito realizar. Si no tuvieran vapor o alma, haría exactamente lo mismo con ellos: aterrorizarlos, torturarlos y matarlos. Si el alma pudiera ser asesinada, no existiría el infierno y unas pocas almas idiotas habitarían el paraíso de Dios, el homosexual y pederasta sagrado. Porque masturbarse o ser acariciado por un estúpido y asexuado querubín, es lo mismo que usar primates de cinco años. Odio a los primates porque son creaciones de Dios y son repugnantemente parecidos a él en sus maneras y pensamiento, sobre todo por esto los odio hasta la extinción. Os odio aunque estéis dormidos. Os odio tanto que deseo vuestra resurrección para mataros de nuevo. Para mataros un millón de veces. Hasta que el universo se extinga… La Dama Oscura se acerca caliente, sin un solo vello en su vagina que se muestra por debajo de una falda que no es más que un concepto, una trampa sexual para atraer la atención a su coño. Su raja abierta, dilatada, está brillante de viscosa humedad. Su chocho tiene hambre. Cuando pienso profundamente en mí mismo, entra en celo, se calienta. Hay alguna conexión entre mi maldad y su coño de la que ninguno de los dos podemos escapar. Tengo una teoría: cuando pienso en mí, en mi historia y pasión y mi ansia de aniquilación humana; mi polla se pone dura y actúa como antena de emisión. Y ella recibe las vibraciones de mis cojones y el semen que presiona hacia un glande amoratado, henchido con la sangre que lleva la vida, el veneno o la dureza de la reproducción. Del sexo brutal e impío. Así que separo los muslos, alzo cada pierna sobre los reposabrazos de mi sillón esculpido en roca, una roca que no puede herir el cuero grueso que recubre mi carne. Mi ano se ofrece indefenso ante cualquier agresión, porque si hay algo que soporto, tanto como lo provoco, es el mortificante paroxismo del dolor supremo e íntimo. Aquel al que no llegan manos para consolarlo, tan profundo, tan devastador para la mente. Y le regalo mi polla, para que haga lo que deba, lo que quiera. Y decide atar una cuerda ruda en la base del pene y estrangularlo. Observo fascinado como se congestiona, las venas pulsan a punto de reventar y cuando noto que algo malo ocurrirá, suelta el lazo y la sangre corre de nuevo en tromba hacia el pijo. El glande entra en espasmos y grito con todo mi poder. Las almas crean un coro de terror que inunda la cueva y los crueles desaparecen en la oscuridad, excepto uno. La Dama Oscura se arrodilla y traga hasta sentir náuseas mi falo y escupo mi semen que brota con fuerza inusual inundando su garganta. Parece vomitarlo y por la nariz escupe el semen regando mi pubis. Tose y se ríe… Un cruel, lame su coño, con su rugosa lengua de jabalí monstruoso. Mi Oscura gime de placer y dolor, y escucho excitado el obsceno chapoteo de la lengua en su sexo hirviendo, lacerada la piel… Lo noto en sus espasmos de dolor, son como pequeños orgasmos que erizan sus pezones más allá de lo que la bondad puede soportar. Y no tiene bastante, agarra una de las afiladas navajas del cruel y lo fuerza a meter más profundamente el hocico entre sus muslos. Con la boca llena de mí y dejando escapar el esperma, grita mudamente y se aferra a mis cojones llevándome a otro nuevo nivel de dolor. Desenvaino de entre los omoplatos mi puñal y corto sutilmente la piel de su rostro hasta que una fina de línea de sangre se desborda en pequeños ríos. Y ella responde cayendo a mis pies, gritando un orgasmo entre convulsiones, con el cruel casi asfixiándose en su coño sin dejar de lamer. De repente, cesa todo sonido, todo movimiento. Se incorpora, acerca su boca a la mía y muerde mis labios juguetonamente; pero maldita sea, clava sus uñas en mis piernas alzadas. En las tibias y arrastra… El dolor es inenarrable. Llevo la punta del cuchillo a su nuca embrutecido. Me mira a los ojos desafiante, y decido entrecerrar los míos y desear que no cese. El cruel se ha colocado a un costado del trono de piedra y lame la sangre y el pus de mi daga que gotea sobre su morro. Y se lo clavo en la cerviz, son crueles, no importa si mueren. No importa que todos mueran, excepto ella, mi Dama de alma oscura, de coño profundo, de ano ardiente… Feroz como no he conocido jamás primate alguno. La mataré, lo mato todo; pero aún no. Aún no… Os estaba hablando de almas; pero en este momento incluso de mis piernas brota esperma por las heridas, entre sus uñas. Ella provoca esas cosas. Y las almas me importan tanto como mis crueles: una mierda. A medida que nuestras respiraciones se relajan, pienso en Dios, en clavar mi puñal en sus cojones y cortar hacia arriba, hasta que los huesos de su cráneo sagrado de mierda lo impidan. Es una imagen recurrente, como meter a sus ángeles y arcángeles en un picadora de carne para dar de comer a mis millones de crueles. ¿Los oís? Los ángeles revolotean asustados en el cielo, temen mi pensamiento mismo. Están cantando a coro salmos celestiales para conjurar el Mal, a Mí; piden que jamás suba a ellos. Y Dios mira a otro lado, sin poder prometerles nada.