Archivos de la categoría ‘Absurdo’

La puta te la chupa y te cobra.
El gobierno te da por culo y te roba.
Dios se comporta como un auténtico cerdo.

Adoraba mi soledad; pero desde que conocí su existencia acostumbro a renegar de ella.
Nunca pensé en la posibilidad de que fuera real. Debía tratarse de un ser mitológico para arrancarme de mi profunda sima de cultivada soledad.
Si aun así existiera, no llegaría a conocerla porque los solitarios provocan desconfianza y dan grima, nadie quisiera verse como yo.
Soy un apestado.
Cuanto más solo estás, más deseas estarlo. Y la distancia hacia cualquier ser se hace abismal.
Pero ya se sabe aquello de: cuando yo dije sí, mi caballo dijo no.
Apareció dando una patada a mi dimensión solitaria e hizo mi triste paz añicos.
Mi mente epatada ante la diosa, creyó oír: “Debes amarme”.
Yo dije: “Es cierto, ahora no puedo dejar de amarte”.
Fue fulminante.
Obedecí su mandamiento único con la solidez de mi pensamiento aislado de toda humanidad. Sentí que me lo había cincelado en el pecho con sus dedos divinos.
Pactamos con las lenguas enredadas un futuro incierto de encuentros y desesperos.
Di templanza a sus pezones endurecidos de deseo con dedos incrédulos.
Y besé la hostia entre sus muslos, la lamí hasta que profirió blasfemias.
Ella una diosa…
Me clavé a ella cayendo vertiginosamente en su esponjosa viscosidad. Sentía como su coño ardiente como un crisol fundía mi glande que goteaba un agresivo deseo. Y se desdibujaron los límites de las carnes; no supe cuál era la mía o la suya. Caí en su entrópica dimensión hasta correrme con un atávico grito de posesión.
Era ella la que me poseía…
El amor de la diosa es inescrutable, y yo me creí fuerte para afrontar una tragedia de amor.
Dejé de sentir la soledad como amiga y don. Tornose una cruz astillada en mis hombros.
¡Oh mortificación!
Y díjome: “Debes esperarme”.
La esperaba con ansiedad animal frotándome la piel helada de soledad. Esperando otra oportunidad para fundirme de nuevo en ella; pero el tiempo de la divinidad aplasta y deja en el limbo al amante mortal.
La cruz astillada empezó a pudrirme las venas, el caballo no conseguía aplacar la ansiedad ni la desproporcionada presión de la columna de soledad que caía sobre mí con implacable asfixia.
El infierno acortó la distancia hasta mí comiéndose el rojo de mi sangre velozmente. Y por más jacos que chutara en vena, no conseguía dejarlo atrás.
Hoy he pinchado la vena y ha dolido como nunca. He sentido con un chirrido de dientes la aguja raspar el hueso. La sangre ha salido blanca, el infierno me ha alcanzado.
Fue un error obedecer el mandamiento de la diosa.
¡No!
Fue un error nacer…
Soy la enseñanza del fracaso.

Iconoclasta

¿Es este nazismo o fascismo sanitario doctrinal homosexual instaurado mundialmente por medio de la epidemia del coronavirus, realmente un método de control demográfico de la población humana?
Dejando de lado lo fácil que es para la casta política conducir reses humanas desnaturalizadas por adoctrinamiento ideológico sexual y dietético; esto es: sin apenas instintos reproductores o territoriales y atonía física. Esta agresiva e inquisitoria campaña pro homosexualidad y su modelo de femineidad misándrica indica que el fin primero de este fascismo o nazismo sanitario homosexual pretende el control de natalidad de la población.
La perversión ideológica estatal de la sexualidad biológica o coito reproductor, hacia la homosexualidad y las facilidades legales que el fascismo sanitario homosexual otorga a las parejas homos, así como las ayudas económicas a la mutilación genital y corporal para realizar el cambio físico de macho a hembra o hembra a macho. Amén de una amplia campaña institucional doctrinal que evangeliza a toda la gama de edades del mundo estudiantil sobre las grandes ventajas de la homosexualidad y la conversión médico-quirúrgica a otro sexo. Así confirman que nos encontramos ante un proceso de control de la natalidad de ideología y estrategia homosexual.
Es posible que ante el coste de las pensiones y a que el trabajador va a retrasar muchos años su edad de jubilación (veremos morir ancianos en su puesto de trabajo), es necesario rebajar el nivel reproductivo de la población humana. Y han pensado que mejor que la guerra (que afectaría traumáticamente a las propiedades y riquezas de la casta política), el homosexualismo y una buena dieta de debilitación físico-cerebral son opciones mucho menos traumáticas para el estado y sus jerarcas.
El acto sexual homosexual es absolutamente estéril hoy día; sin embargo, la sociedad homosexual podrá adoptar un exceso de hijos nacidos cuyos padres los pongan en venta, hayan muerto o bien, viven las crías humanas en lugares de miseria y hambre por guerra o calamidades climáticas. Se percibe así, un nuevo mercado de tráfico de crías humanas para familias homosexuales; con todas las garantías legales y reglamentado al uso del nazismo o fascismo sanitario homosexual.
Es una mirada a un futuro hiper despótico no lejano, en absoluto; de hecho lo estamos pisando.

Iconoclasta

Una piara de cerdos gobernando a un rebaño de borregos…
Y luego dirán que cualquier parecido de España con Rebelión en la granja, es mera coincidencia.
Pues los cerdos no dejan de gruñir ni los borregos de balar.
Qué jaqueca.

La luz oscura.
Las palabras en el vacío.
La oscuridad jadeante.
Los párpados destripados.
El pene desollado y la navaja sucia a tus pies.
Escamas de óxido en una esclerótica.
Llorar sangre y que no duela.
La sangre del ano que caga vidrio.
Una sonda de alambre en el meato.
Una oruga en los labios.
El filo que desguaza la uña de la carne.
Un sueño de infinita pena y no despertar.
Despertar de un sueño y quedar abandonado a la vigilia.
Un alarido que no sale a pesar de las mandíbulas desencajadas.
Un café amargo con mucho azúcar y los dientes ensangrentados.
La nariz rota hurgando el cerebro.
La vida rota.
La alegría hecha pedazos.
La tristeza como lepra.
El mismo día.
El último vómito del cáncer
Su coño desbocado golpeando circularmente mi boca.
El semen brotando como una meada, sin tocarme. Y ríen.
El hijo que nace con las tripas fuera y llora y no muere.
El amor era mentira.
La existencia de Dios.
El enfermo parto de una virgen.
Papá muerto follando a mamá muerta en el Cielo Cristiano.
Un jaco profundo en el oído y el caballo no calma el dolor.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Lo malo de vivir es que inevitablemente y cada vez con más espantosa frecuencia, con el gran espacio que hay en algunos lugares, se te pegan muy cerca dos tarados. Y te sientes molesto. Es embarazoso, como cuando el tonto del pueblo no deja de seguirte.
Y con toda probabilidad, son de esos viejos que van balbuceando que hoy día no hay educación (quieren decir urbanidad; pero el vocabulario no es lo suyo, al igual que el desarrollo cerebral).
No les dejéis los asientos en el transporte público, que se jodan y vayan de pie.
Pues sí, ya hay que tener mala suerte para que un coche con un par de carcamales subnormales se te acerque asquerosamente a menos de medio metro, justo donde estás sentado. Porque además, el viejarro ha necesitado sus minutos para decidirse a meter el coche ahí, lo que tarda su cerebro en procesar la orden.
Y los cerditos perezosos, no bajan sus vejestorios culos del coche, cosa que es de agradecer porque seguro que llevan la ropa interior por fuera. Tienen el cerebro podrido.
No es extraño que al sentir su apestosa proximidad, uno piense con naturalidad y una sonrisa cordial, en abrir la puerta de su mierda coche, arrancarlos de sus asientos y también los pulmones (viejos pulmones) a puñetazos. Y luego, meterles el coche en el culo.
No saben lo muy cerca que están de comerse hoy un buen plato de neumáticos sin dientes, y sus «buenos días» condimentarlos con excrementos para que traguen bien.
De cualquier forma, es buena la violencia cuando rompe una paz monótona y soñar no puede hacer daño; pero que no se fíen.
A veces pienso que tengo un maldito imán para que se me peguen los retrasados mentales.
No se puede ser hermoso, fuerte, inteligente y al tiempo, afortunado. Es pura praxis existencial.
Pinches putos viejos…
Yo soy viejo; pero mi cerebro funciona con tanta rapidez como mis eyaculaciones. Y sin salpicar a nadie.

Ya que en España hemos retrocedido de nuevo a los tiempos fascistas, y en Europa también; es de esperar que se ponga en marcha de nuevo el comercio de esclavos. Es bueno empezar a pensar en invertir en reses humanas; pero siempre con reglamentación y claridad en los precios.

No puedes ir a comprar un ejemplar macho de, pongamos cincuenta o sesenta años, para tareas sucias y degradantes en la casa o en el establo y esperar que el esclavista te dé su precio según crea mirándote a la cara o el reloj que llevas, no señor. El esclavo debe llevar una etiqueta grapada en una oreja con su precio.

Es aterrador para la libertad y la inteligencia que en los títulos de los anuncios de películas en la televisión, se censure la palabra “puta” tachando la t y la a con borrones. El fascismo avanza imparable, como el de Franco, como cuando yo iba a aquel puto colegio de recios y severos profesores de mierda.
¿A qué puritano fariseo puede ofender “puta” o cualquier otra palabra? Las palabras existen porque son necesarias, todas; para describir, definir, entender y expresar.
Si tienes miedo a la palabra, eres un mierda, un pobre animal al que sacrificar y evitar el sufrimiento de la inteligencia, del saber y el valor.
Quieren los fascistas puritanos crear de nuevo la oscuridad, el miedo servil y analfabeto a la palabra. Quieren cobardes puritanitos obedientes, de palabras melifluas susurrantes en la mezquindad de sus hogares, de sus establos.
Es la época más oscura que he vivido, mucho más que el franquismo de mi infancia; donde aún no sabía calibrar lo que ocurría en aquella España putrefacta de oscurantismo, torturas y asesinatos.
Malditos nazis meapilas maricones hijos de puta… Tachad esto.
Los Ponzoñosos Señores del Oscurantismo…
Se debe iniciar una guerra mundial de nuevo y que se vacíe el planeta de millones de seres humanos analfabetos, indolentes, censores y mansos con ínfulas de tolerante intelectualidad farisea.
Si una palabra es perseguida y erradicada, incluso como recurso literario, las ideas merecerán pronto la condena de muerte de su autor.
El neonazismo ha surgido con fuerza inusitada y venenosa gracias al terrorismo de los estados que infectaron a su población con el resfriado del coronavirus. Y ha hecho de millones de adultos, niños atemorizados y retrasados mentales
Se debe observar como Google, el omnipresente y poderoso guardián del nuevo nazismo “democrático” trabaja la búsqueda de un título como la novela Memoria de mis putas tristes, de Gabriel García Márquez.

Si se escribe el inicio del título, Google autocompleta y te lleva, ocultando la palabra “putas” con “p”, a los resultados de la novela de forma automática.
Pero si escribes la palabra “putas”, debes hacer “enter” para obtener resultados, porque como se ve, te viene a decir muy serio él, que la palabra “puta” está prohibida y si quieres buscarla lo hagas tú solito, que él es demasiado nazi:

¿La RAE, ministerios de cultura e igualdad, editoriales y profesores de escuela y universidad van a censurar el título de la novela? ¿Llegarán a un acuerdo nazi para que solo se llame “memoria de mis p tristes”?
¿Cuándo comenzará la cremación de libros como predijo Ray Bradbury en Fahrenheit 451? Ahora solo basta con modificar el archivo informático en pocos minutos. Y por esta razón que teman las librerías de libros de ocasión, esas sí que arderán más pronto que tarde.
La censura del neonazismo “democrático” se extiende como la diarrea de un perro por las aceras de las ciudades y en todos los ámbitos de la población, incluso en la intimidad de las casas.
Vamos a ver como gestiona la censura nazi una corrompida institución cultural prostituida sin rubor al neonazismo “democrático”, la RAE (Real Academia Española), y cómo trata en su diccionario de ideología nazi el término “puta”:

Cuando en el cole, con cuidado de que no nos viera el profesor, buscábamos “puta”, en nuestro diccionario, nos enviaba a buscar “prostituta” o “meretriz”, que se definían como “mujer que comercia con su cuerpo”.
Y ahora veamos que dice un diccionario que no está aún prostituido a la ideología neonazi “democrática” como el diccionario Larousse:

Os deberían enseñar, niñas y niños, que las palabras no se comen a nadie, no son monstruos. Tan solo definen, califican y nombran cosas para comunicarlas con claridad por vía oral y escrita. Y así crear con ellas conceptos que puedas guardar en tu mente con mayor facilidad, el sistema mnemotécnico por antonomasia para la historia y la expresión.
Porque si no existiera la palabra nazismo, no sabríamos como llamar a esos profesores, ministros, presidentes, sacerdotes, padres y madres que os roban y falsifican el conocimiento.
Si os roban una palabra, os roban una idea; por tanto, niñas y niños, escuchad a vuestros profesores, al gobierno y a vuestros padres para no hacerles caso. No les creáis jamás, no aprendáis su basura farisea nazi. Desconfiad de ellos, incluso de vuestros padres, que seguramente ya estarán infectados de la censura del neonazismo que surgió como una lepra en marzo del 2020, cuando los gobiernos nos infectaron de coronavirus, y con ello, a millones de personas de mezquindad, cobardía, indolencia, servidumbre y mansedumbre (apuntadlas en una libreta, porque estas palabras pronto las eliminarán de los diccionarios también).

Recapitulación:
Cuando se prohíbe la palabra, prohíben lo que define. Los gobiernos totalitarios usan esta técnica de condicionamiento de la población, para en este caso decir que la palabra puta está prohibida porque no hay putas. En ninguna gloriosa dictadura existen putas ni corrupción y estamos ante el mejor gobierno del mundo mundial.
La retórica nazi es repugnantemente farisea, de un puritanismo que, ahora sí, hiere de verdad la sensibilidad.
Y el hecho es que las hay, putas y putos a patadas; y están gobernando y decretando, niños, vuestra ignorancia e indefensión; en definitiva, el oscurantismo.

Iconoclasta

En todo fascismo el culo cotiza al alza.
Sin complicaciones: si das culo tienes prebenda.
(Historia de la Impúdica Corrupción de España).

En los ochenta, desde finales de los setenta del siglo pasado y hasta casi el final de la década, surgió un gran interés por los efectos paranormales y los extraterrestres, su presencia y existencia.
Una auténtica paranoia a nivel mundial, se hacían por mes decenas de películas, cientos de debates, programas televisivos, radiofónicos, testimonios, libros, enciclopedias…
Erich von Däniken fue el gran gurú mediático que pregonaba que, rara sería la civilización en la que no hubiera intervenido una especie de extraterrestres super avanzados para educar y ayudar a los homínidos a establecer sus culturas. Vendió millones de libros, era el papa de la parapsicología.
Cualquier hecho o suceso que por la lógica no tuviera explicación fácil, se etiquetaba como parapsicológico.
El triángulo de las Bermudas era un agujero negro que se tragaba aviones, barcos y todo bicho viviente que entrara en él; desaparecían sin dejar rastro. A veces solo los ocupantes, otras el cerdo entero (incluso barcos de guerra).
Las pirámides, asumiendo su complicación técnica para edificarlas por el hecho de alzar aquellas grandes piedras talladas que las forman; eran obra de los extraterrestres que tenían la tecnología adecuada para levantar por ingravidez esas moles de piedras. Igual pasaba con las grandes figuras de cabezones de la isla de Pascua.
Se anunciaban apariciones de ovnis y extraterrestres en todos los lugares del mundo, en prensa y televisión. Rusia, USA y China competían por tener el mayor número de avistamientos ovnis.
No se puede olvidar a Uri Geller, el mentalista israelí que doblaba cucharas con la mente en programas de entretenimiento e incluso informativos.
La hipnosis, los poderes mentales…
Y todo eso contagió el cine y la literatura de ficción basada en hechos reales.
¿Cómo olvidar aquellos “hechos reales” de la casa de Amityville?
Toda esta avalancha de cuentos y supersticiones afectaba con más virulencia a las clases sociales de más baja cultura e intelecto.
Y en medio de aquella vorágine histérica de superchería, incultura y populismo, surgió Stephen King. No sé si es bueno o malo; tal vez, simplemente mediocre.
Yo viví aquella locura que como a todo buen adolescente, fascinaba. Aunque duró poco la magia y cayeron en mis manos artículos y alguna literatura seria y honrada al respecto.
En toda época de la humanidad existen momentos para la vergüenza, como la actual con el miedo de la población y su dependencia infantiloide de los nuevos y aplaudidos nazismos surgidos mediante el resfriado del coronavirus. Miedos e histerias que se extienden hacia la doctrina recaudatoria y represiva del estado por el “cambio climático”, también beatamente comprendida por una sociedad decadente e indolente, apática y crédula como antaño.
Si no son marcianos o fantasmas, son los hijos de puta jodiendo.
No hay descanso en La Tierra.

Iconoclasta