¿Qué mierda es esa de no desear, no follar a la mujer? Por supuesto que desearé a la mujer del prójimo. Me importa poco que la mujer hambrienta tenga prójimo. Importa que la mujer me pide que la joda, que la trate como a hembra en celo. Y me desea con las bragas manchadas de humedad. Su prójimo no le come el coño como yo, hambriento, sediento, animal, sin piedad, humillándose ante la diosa. A su macho le da asco su raja. Y se la mete para taponar ese sexo que le repugna. Convierte el follar en una paja mal hecha, solo para él. La mujer del prójimo abre sus piernas ante mí y separa los labios resbaladizos y brillantes de su coño exigiendo con mirada hambrienta y jadeando, mi lengua arrastrándose por su raja, hundiéndose en su vagina anegada. ¿Quién cojones dice que no desearé, que no se la meteré después de haberle arrancado obscenidades corriéndose en mi boca? Si la mujer me desea, yo jodo a la mujer. Le irritaré sus cuatro labios y los pezones de tanto besar, mamar y lamer. Y regaré sus gemidos con mi leche. Volverá a su prójimo con el coño irritado. Me importa poco un mandamiento o ley mierdosa, me suda la polla. Nada me puede impedir que joda a esa bella hambrienta mal follada. A la mujer del obediente prójimo y a su hija si también me desea. ¿Qué retrasado mental pudo dictar semejante prohibición mierdosa que busca con saña el hastío de la mujer? Ella desea y yo la jodo. Ésta es la ley.
Se acerca la navidad y el perdón de los corruptos y delincuentes del estado. Solo si eres del estado, o tienes amiguetes en él ¿eh? No es casualidad que sea en navidad. Los indultadores (¡Ojo! Avalados por los jueces de su propiedad) conocen bien a sus votantes. Y el pueblo borracho lo celebra con su bozalito navideño porque son días de bondad de mierda. España es de un aberrante y pornográfico catolicismo. Ave María Putísima…
Hay momentos en los que me permito subir a las nubes y desde ellas te busco. Sé que mirarás al cielo cuando me acerque altamente a ti.
Son cosas infantiles, lo sé; pero me canso de ser adulto y la desesperanza que conlleva la sabiduría de vivir. Necesito unas breves vacaciones de mí mismo, evadirme de mis nefastas certezas durante unos segundos. Soñar que te doy un simple beso, que tomamos un café con esa tranquilidad de saber que no hay tragedia de distancias e imposibilidades de la historia de cada cual.
Así que desde allá arriba te gritaré mi amor y tú con un gesto de la mano, me dirás que baje. Sin dejar de sonreírte, espiando tu escote, te diré que no puedo. He dejado mi cuerpo abandonado en el bosque y podría morir. Y si muere el cuerpo, muere toda esperanza, aunque de hecho, nunca hubo ninguna.
Solo unos segundos para descansar de la presión de la realidad, sentado en una nube de tinta y papel. Ilusionado como el crío que muerto dentro de mí, imaginaba momentos con ojos brillantes de ilusiones.
Lo maté porque no podía permitir que supiera la verdad de todo. No podía permitir su llanto de tristeza, miedo y frustración.
Cuando te haces adulto debes asesinar al niño que fuiste.
Una muerte piadosa…
Ningún niño tiene que sufrir la ausencia de magia e ilusión que hay en la vida de los adultos, en su madurez.
Porque si el pequeño llora de tristeza y decepción te contagiará el miedo y la pena.
Y construirás castillos en el aire indignos de un hombre, cometiendo delito de infantilismo e ingenuidad.
El hombre solo debe soñar cuando duerme agotado de trabajo, errores y decepciones. O duerme sereno después de follar, cuando inopinadamente algo salió bien por el esfuerzo de bregar entre tanta mierda todos los días. Y si fue por azar, mejor así, menos cicatrices.
Cuando empieza la jornada rasgas todos los sueños y lanzas los jirones al viento que se desintegrarán en la luz antes de llegar a ningún lado.
Y así se crea y mantiene tu vida, palpable y firme. Tuya y solo tuya.
Cruel y salvaje con toda ilusión, con toda libertad que quieren arrancarte de tus dedos aún no muertos.
Vivir es un esfuerzo atroz para un niño. La vida cuesta millones de unidades de dolor en algunos momentos. Entiérralo, duérmelo para siempre si prefieres llamarlo así; si te hace sentir menos asesino. Que su infancia no se enturbie por la violencia y los jadeos de esclavitud y mezquindad de los adultos.
El niño ya hizo lo que debía, dale su descanso y tú, sé hombre.
Y lo hice, el cadáver del niño que fui flota en mi pensamiento, dulcemente. A salvo de todo lo malo que vivo y de la muerte que llega rápida, con adelanto sobre la hora establecida.
El pequeño está a salvo.
Sé que le hubiera gustado viajar conmigo en la nube y agitar la mano saludándote.
Cuando llegue mi fin, intentaremos ir juntos a saludarte desde lo alto; si la muerte fuera más dulce que la vida, nunca se sabe (otra esperanza sin fe desde mi nube).
–Padre Justino, confieso que he tenido pensamientos impuros con la hija de mi amigo. – ¿Pero tútalasfollao? –No, padre Justino. – ¿Entonces qué haces aquí, pringao? Lárgate y no vuelvas hasta que te la folles. Idiota…
De curas no hay muchos así; pero de los pensadores impuros sin cojones… Los venden por lotes en las procesiones de semana santa. Y muy mortificados, ellos. Con asaz sentimiento. Igual se creen que son un portento de imaginación. La vida no enseña, solo exhibe lo que ya sabes o deberías; que ya eres mayorcito.
Adoraba mi soledad; pero desde que conocí su existencia acostumbro a renegar de ella. Nunca pensé en la posibilidad de que fuera real. Debía tratarse de un ser mitológico para arrancarme de mi profunda sima de cultivada soledad. Si aun así existiera, no llegaría a conocerla porque los solitarios provocan desconfianza y dan grima, nadie quisiera verse como yo. Soy un apestado. Cuanto más solo estás, más deseas estarlo. Y la distancia hacia cualquier ser se hace abismal. Pero ya se sabe aquello de: cuando yo dije sí, mi caballo dijo no. Apareció dando una patada a mi dimensión solitaria e hizo mi triste paz añicos. Mi mente epatada ante la diosa, creyó oír: “Debes amarme”. Yo dije: “Es cierto, ahora no puedo dejar de amarte”. Fue fulminante. Obedecí su mandamiento único con la solidez de mi pensamiento aislado de toda humanidad. Sentí que me lo había cincelado en el pecho con sus dedos divinos. Pactamos con las lenguas enredadas un futuro incierto de encuentros y desesperos. Di templanza a sus pezones endurecidos de deseo con dedos incrédulos. Y besé la hostia entre sus muslos, la lamí hasta que profirió blasfemias. Ella una diosa… Me clavé a ella cayendo vertiginosamente en su esponjosa viscosidad. Sentía como su coño ardiente como un crisol fundía mi glande que goteaba un agresivo deseo. Y se desdibujaron los límites de las carnes; no supe cuál era la mía o la suya. Caí en su entrópica dimensión hasta correrme con un atávico grito de posesión. Era ella la que me poseía… El amor de la diosa es inescrutable, y yo me creí fuerte para afrontar una tragedia de amor. Dejé de sentir la soledad como amiga y don. Tornose una cruz astillada en mis hombros. ¡Oh mortificación! Y díjome: “Debes esperarme”. La esperaba con ansiedad animal frotándome la piel helada de soledad. Esperando otra oportunidad para fundirme de nuevo en ella; pero el tiempo de la divinidad aplasta y deja en el limbo al amante mortal. La cruz astillada empezó a pudrirme las venas, el caballo no conseguía aplacar la ansiedad ni la desproporcionada presión de la columna de soledad que caía sobre mí con implacable asfixia. El infierno acortó la distancia hasta mí comiéndose el rojo de mi sangre velozmente. Y por más jacos que chutara en vena, no conseguía dejarlo atrás. Hoy he pinchado la vena y ha dolido como nunca. He sentido con un chirrido de dientes la aguja raspar el hueso. La sangre ha salido blanca, el infierno me ha alcanzado. Fue un error obedecer el mandamiento de la diosa. ¡No! Fue un error nacer… Soy la enseñanza del fracaso.
¿Es este nazismo o fascismo sanitario doctrinal homosexual instaurado mundialmente por medio de la epidemia del coronavirus, realmente un método de control demográfico de la población humana? Dejando de lado lo fácil que es para la casta política conducir reses humanas desnaturalizadas por adoctrinamiento ideológico sexual y dietético; esto es: sin apenas instintos reproductores o territoriales y atonía física. Esta agresiva e inquisitoria campaña pro homosexualidad y su modelo de femineidad misándrica indica que el fin primero de este fascismo o nazismo sanitario homosexual pretende el control de natalidad de la población. La perversión ideológica estatal de la sexualidad biológica o coito reproductor, hacia la homosexualidad y las facilidades legales que el fascismo sanitario homosexual otorga a las parejas homos, así como las ayudas económicas a la mutilación genital y corporal para realizar el cambio físico de macho a hembra o hembra a macho. Amén de una amplia campaña institucional doctrinal que evangeliza a toda la gama de edades del mundo estudiantil sobre las grandes ventajas de la homosexualidad y la conversión médico-quirúrgica a otro sexo. Así confirman que nos encontramos ante un proceso de control de la natalidad de ideología y estrategia homosexual. Es posible que ante el coste de las pensiones y a que el trabajador va a retrasar muchos años su edad de jubilación (veremos morir ancianos en su puesto de trabajo), es necesario rebajar el nivel reproductivo de la población humana. Y han pensado que mejor que la guerra (que afectaría traumáticamente a las propiedades y riquezas de la casta política), el homosexualismo y una buena dieta de debilitación físico-cerebral son opciones mucho menos traumáticas para el estado y sus jerarcas. El acto sexual homosexual es absolutamente estéril hoy día; sin embargo, la sociedad homosexual podrá adoptar un exceso de hijos nacidos cuyos padres los pongan en venta, hayan muerto o bien, viven las crías humanas en lugares de miseria y hambre por guerra o calamidades climáticas. Se percibe así, un nuevo mercado de tráfico de crías humanas para familias homosexuales; con todas las garantías legales y reglamentado al uso del nazismo o fascismo sanitario homosexual. Es una mirada a un futuro hiper despótico no lejano, en absoluto; de hecho lo estamos pisando.
Una piara de cerdos gobernando a un rebaño de borregos… Y luego dirán que cualquier parecido de España con Rebelión en la granja, es mera coincidencia. Pues los cerdos no dejan de gruñir ni los borregos de balar. Qué jaqueca.
La luz oscura. Las palabras en el vacío. La oscuridad jadeante. Los párpados destripados. El pene desollado y la navaja sucia a tus pies. Escamas de óxido en una esclerótica. Llorar sangre y que no duela. La sangre del ano que caga vidrio. Una sonda de alambre en el meato. Una oruga en los labios. El filo que desguaza la uña de la carne. Un sueño de infinita pena y no despertar. Despertar de un sueño y quedar abandonado a la vigilia. Un alarido que no sale a pesar de las mandíbulas desencajadas. Un café amargo con mucho azúcar y los dientes ensangrentados. La nariz rota hurgando el cerebro. La vida rota. La alegría hecha pedazos. La tristeza como lepra. El mismo día. El último vómito del cáncer Su coño desbocado golpeando circularmente mi boca. El semen brotando como una meada, sin tocarme. Y ríen. El hijo que nace con las tripas fuera y llora y no muere. El amor era mentira. La existencia de Dios. El enfermo parto de una virgen. Papá muerto follando a mamá muerta en el Cielo Cristiano. Un jaco profundo en el oído y el caballo no calma el dolor.