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El humano globo o humano hinchable actual es la evolución y consecuencia lógica de los humanos sapiens previos al primer contrato social; en el momento que pactaron con el brujo de la tribu trabajar (cazar o recolectar) para él, en la especie humana se inició el proceso de putrefacción del cerebro. Le fermentó la inteligencia y se convirtió en una especie quejumbrosa siguiendo el rastro de excrementos que sus amos líderes cagaban delante de ellos. Y en lugar de trabajar para ellos mismos, se masacraban por hacer rico al brujo del poblado, que luego evolucionó a rey o papa en pocos siglos y luego surgieron los presidentes, ministros, secretarios generales, caudillos, etc…
Hoy la especie humana es irrecuperable, incluso su carne como alimento es desagradable para las otras especies carnívoras.
Con un cerebro meramente funcional los humanos del reciente pacto social iniciaron un vertiginoso proceso de degradación genética psicosomática de la especie humana sapiens hasta nuestros días que ya es exclusivamente “globo” o “hinchable”, salvo algunos afortunados individuos. Aunque lo de “afortunados” no es correcto, ya que están sometidos a una constante persecución y caza por el estado ladrón y asesino y los propios globos que han sido programados mediante la virtud social de la envidia durante la infancia y adolescencia.
Ninguna especie del planeta ha evolucionado tan rápidamente como ha involucionado la especie humana, salvo las vacas, caballos, ovejas, perros, gatos y pollos. Especies a las que el ser humano globo modificó matando los especímentes que no se adaptaban a su uso ganadero o agrícola.
De hecho deberían perder su nombre taxonómico “humano”, porque prácticamente son monos con fuertes tendencias al homosexualismo y a una imbecilidad congénita, lo cual los condena a la extinción, como extinto está el homo sapiens.
Hasta que alguno de los pocos eruditos que puedan quedar designe taxonómicamente a la actual evolución de la humanidad del pacto social con un nombre que no manche la dignidad de la auténtica especie humana sapiens, para mayor claridad usaré “humano globo” o “humano hinchable” según mi criterio literario para dar mayor plasticidad al texto. Aunque margaritas a los cerdos porque los humanos hinchables pierden cualquier comprensión cuando un párrafo supera la docena de palabras, a la decimotercera ya no saben qué han leído atrás.
Los humanos globo nacen ya genéticamente adaptados y esclavos del estado asesino y ladrón. Son incapaces de afirmar si son hembras o machos aunque se reflejen desnudos en un espejo. Y así ocurre con sus crías: se ven con la angustiosa incertidumbre de darles un nombre adecuado a su anatomía que los progenitores son incapaces de clasificar sexualmente. Hay hembras con unas mamas enormes y oscilantes, que se llaman Javier, hay machos con un pene oscuro y oscilante también, como el badajo de una campana, que se llaman Margarita y hay madres que deberían ser hembras, pero como tienen barba y mamas lecheras velludas han elegido nombres neutros para conciliar su propia confusión o ignorancia de su sexo como: Denis, Francis, Emo, Eider o incluso Milán como las gomas de borrar.
Bien, pues estos pseudo humanos hinchables, están absolutamente vacíos de inteligencia y el estado, durante el sacrificio de la infancia y la adolescencia de los pequeños globitos, les inyecta junto con el aire necesario para que tengan un cuerpo sólido las directrices-leyes-normas-tradiciones-folclore-teléfonoscelulares que todo buen votante demócrata de la sociedad consumista y del estado del “bienestar” o contribuyente, precisa tener y saber.
De hecho, un hombre o mujer globo decapitada, sus cabeza podría servir para decorar las fiestas de cumpleaños infantiles. Están absolutamente vacíos, incluso hay quienes sostienen, que es la primera especie del planeta que no tiene sangre en las venas.
Los hombres y mujeres hinchables están sometidos a un constante control y revisión por el estado que, los infla con aire o algún gas inerte a la presión necesaria para que sigan cumpliendo las normas y preceptos para los que han sido programados y de nacimiento, condenados capitalmente: nacen pecadores o culpables por un programado “pecado original” sea cual sea su credo y por ello, deben pagar hasta morir al estado su culpa.
Los humanos hinchables lloran y ríen, se acobardan o se lanzan a la guerra como muñequitos descoordinados siguiendo las estrictas consignas del estado ladrón y asesino.
Y cuando ocurre que el estado no les acaricia las crines con benevolente paternalismo y falsas palabras, se deprimen y lamentan de estar abandonados. Son dependientes del estado y sus leyes como las garrapatas de la sangre o el humano globo político de la cocaína. No saben qué hacer cuando se encuentran en ilusoria libertad y siguen a cualquiera que camine en una determinada dirección para sentirse adocenadamente acompañados, ya sea para bailar en masa, para correr en masa, para comer en masa, beber en masa; o morir en masa que también saben hacerlo muy bien. Porque como los humanos globos afirman: mal de muchos, consuelo de subnormales. Les tranquiliza ser explotados, morir o sufrir en multitud debido a su personalidad marcadamente dependiente y cobarde.
El estado les dicta a quien cómo cuándo y dónde deben amar u odiar. Existe una compleja red global de adoctrinamiento también global que funciona sin pausa toda la vida de los globos, en libros, películas, series, televisión basura y telediarios del régimen que reciben todo ello en sus teléfonos móviles, televisores, cines y espectáculos.
Todo está programado y catequizado para eliminar todo asomo de inteligencia en los humanos hinchables que son ya el 99, 9 % de la población pseudo humana del planeta.
Una vez la elasticidad se pierde, el estado los pincha y los quema para reciclarlos como fertilizantes o alimentar a los cerdos.
Los humanos hinchables no se alimentan, sólo se inflan. Es básico entender esto, porque la carne sólo es para los globos que forman el estado. Si a un jerarca del estado lo decapitas, su cabeza golpeará duramente el suelo, porque están rellenos de carne. No sirven para decorar las fiestas de cumpleaños, porque además, olerían a podrido.
Les encanta a los globitos grandes y pequeños, hembras o machos por su absoluta ausencia de vida interior, amontonarse en grandes bandadas que se mueven obedientes a la voz del estado, cuyo representante es otro globo con una programación de lujo o premium, según en la familia de hinchables en la que haya nacido.
El precio de un humano hinchable varía según la región del planeta; pero de media se podría afirmar con muy poco margen de error que puedes comprar uno entre los diez y quince mil euros. A unos ciento veinticinco euros el kilo suponiendo un adulto macho de ochenta kilos.
El peso es exclusivamente el de la carcasa, ya que la cantidad de nada o aire que contienen en su interior es despreciable, su presión no supera los 0, 05 bar. Son de fácil mantenimiento y alimentación. Incluso algunos eligen comer exclusivamente desperdicios vegetales como algunos animales del zoo.
Los humanos hinchables creen a veces que una vez llegó el humano a la Luna y otras no. Su creencia varía en función de lo que el estado a través de sus medios les radie a sus orejas-antenas. Se debe destacar que el reciente decreto borra el anterior de su reducida y apenas funcional memoria, son lo más parecido a una cría recién nacida porque pierden toda experiencia pasada cuando el estado de la globalización les encaja una nueva idea o decreto.
Su proverbial infantilismo se debe a esta degradación, involución o eliminación de la memoria.
Tienen la innata capacidad de olvidar a velocidades lumínicas, es por esta razón que la Historia Global es un aberración o degeneración de la realidad y por la que un líder político o religioso dura más de medio siglo al mando de las ciudades granja donde se crían y reproducen los humanos hinchables.
Los globos humanos desconocen, del mismo modo que la libertad, el concepto de verdad y su antónimo la mentira; se limitan a obedecer sin más discusión su dogma del día y contribuir a la riqueza de los jerarcas del estado a cambio de una humillación de la que no son conscientes.
Lo hinchables son bebés mamando de una teta (en realidad es un dedo del estado introducido en sus anos) y se horrorizan ante la posibilidad de que un día pierdan la teta dura y agria del estado.
Les roban su infancia, adolescencia e inicio de la adultez en los centros de adoctrinamiento: escuelas, institutos y universidades. Y así, sin infancia ni adolescencia experimentadas y con una nula madurez mental, inician su ciclo biológico productivo y reproductivo para alimentar las arcas de los jerarcas del estado.
Creen que su esperanza de vida está en torno a los ochenta años. Es mentira, porque sus primeros veinticinco años de vida no ha sido tal, los pasan prácticamente muertos. Han permanecido aletargados en su desarrollo. Apenas viven cincuenta años de promedio.
Resumiendo las cualidades de los globos humanos:

1 Creen con fe inquebrantable todas las mentiras y mitos que el estado global sermonea cada día, ya que esas mentiras son realmente el aire que los infla da forma concreta, excepto sus genitales para evitar que sepan algo de sí mismos.
2 Carecen del concepto instintivo de libertad hasta el punto de ser ignorantes de su nacimiento en cautividad.
3 Y si conocieran la libertad: ¿quién los hincharía si no existiera la Sagrada Globalización?

Quiero suponer, en un ejercicio de ingenuidad por mi parte y sin que sirva de precedente, que el próximo a la extinción: lector; ya habrá deducido el porqué de que a la masa humana (antes del pacto social llamada humanidad) se la designa con el gris, triste e infantil epíteto de “globalidad”.
Comprendiendo a la actual naturaleza de los humanos hinchables podemos comprender el concepto y la criminal y caníbal imposición de la globalidad, con su semántica tan sencilla y diáfana sin asomo alguno de retórica alegórica.

    “Pienso, luego existo”.
    ¿Qué fumaba, que se metía por la nariz?
    ¿O le daba duro al ajenjo?
    Porque no sería agua. El agua es clara y cristalina y lo suele aclarar todo.
    Y este pensar y desarrollar la idea para el método…
    ¡Qué puto relajo el de los filósofos!
    Mirarse el ombligo y filosofar: ¿Esta pelusa de fuerte olor soy yo?
    Es que no tiene gracia ni “sustancia” más que para sus iguales.
    Y yo toda mi vida tirando cables e instalando cagaderos y fregaderas, existiendo sin misticismos de bien nacido.
    Mejor no sigo o me cagaré en dios.
    ¿Cómo es el rito sexual de semejante figura?
    Porque si follas también existes, los jadeos de la puta que me ha costado una pasta, tan reales, tan sinceros, no dejan lugar a dudas.
    Me cago en dios…

    Foto de Iconoclasta.

    Sufro un problema dimensional.
    Mi vida resultó fallida, me di cuenta en el momento en el que me materialicé en esta dimensión de estructuras moleculares imbéciles, chocan unas moléculas con otras, se hacen sangre y sonríen entrecortadamente con los dientes ensangrentados.
    Hay un sinfín de dimensiones decentes y tuve la mala suerte de que me tocara nacer en ésta, en el que todo está mal hecho, incluso una gran multitud de seres humanos que la habitan están mal construidos y les salen bultos de todo tipo o se mueren porque algo se les pudre dentro; cuando era niño pensé que mis huevos eran tumores, me llevé un gran susto hasta que el pediatra díjole a mi madre que sólo eran unos cojones enormes y que sería un buen semental si dios quiere.
    Esto es una gran mierda.
    Por lo que he aprendido y experimentado a lo largo de los años de encarcelamiento en este lugar idiota, lo estropea todo el hecho de que cuatro subnormales inventaran unos dioses a su imagen y semejanza cerduna y unos cuantos mandamientos que luego los convirtieron en “leyes”; y para mayor inri, pregonaron que eran ellos la creación de dios, ergo son divinos.
    Y aquellos pobladores idiotas que apenas eran capaces de caminar erguidos sin arrastrar las manos por el suelo, repitieron la palabra fetiche que comparten todos los ritos y mitos religiosos en todos los idiomas, tiempos y lugares del planeta: amén.
    Los primeros hechiceros que luego evolucionaron a religiosos o sacerdotes, luego a emperadores, reyes y por fin a políticos que pomposamente en la actualidad gustan de alardear de “jefes de estado”, cuando sus monos aprendieron a decir amén con soltura, naturalidad e irritante iteración, se dijeron que como el pueblo ya estaba amaestrado a todo lo que el hechicero predicaba: “¿Por qué no inventamos unos pecados o delitos y las leyes para condenarlos y castigar a estos gilis? Cometerán sus pecados, los condenaremos y nos quedaremos con lo que tienen, incluidas sus crías, sean hembras o machos”.
    Así es la dimensión imbécil que me ha tocado. No puedes moverte por el planeta sin dar con un subnormal (feligrés votante o contribuyente) que diga “amén”, “reciclo” o “me quedo en casa”.
    Es como una grotesca pesadilla de la que no se puede despertar.
    No hay forma de escapar de esta dimensión de la deficiencia mental molecular.
    Cuando se nace en una mierda, en una mierda te mueres.
    Sería imposible que un idiota de esta dimensión sobreviviera en una dimensión decente, lo usarían de combustible.
    Tras miles y miles de años, no se han enterado aún del cuento: las divinidades son alegorías infantilizadas de los hechiceros, sacerdotes, reyes, ministros, jueces y tiranos; del estado en definitiva.
    En el instante en el que me materialicé, noté como la vida se me pudría en este cuerpo cárnico.
    Es toda una experiencia que le deseo a mis hijoputas enemigos.
    Hay un paralelismo tan obvio entre el estado y los dioses de las “sagradas escrituras” (de toda secta religiosa), que requiere de una gran voluntad ser tan sumamente imbécil para no ver esta escandalosa y llamativa semejanza. Es obvio que estado y dios son igual de puercos.
    Y en esta dimensión no se enteran aunque los muelas a palos, de que las “sagradas escrituras” son burdas fábulas infantiles del estado escritas con un gusto y arte del nabo.
    En esta dimensión son ciegos, sordos a la frecuencia de la razón y deficientes mentales para llegar a una conclusión, a la más sencilla.
    Cuando te has habituado a esta imbecilidad que te oprime el resorte del odio y la violencia, observas ya sin asombro que en esta dimensión pútrida la imbecilidad es la gran virtud humana. Y cuanto más idiotas y mezquinos son los votantes o contribuyentes, más oportunidades tienen de medrar en su sociedad.
    O sea, viven en una eterna olimpiada de la estupidez; no existe ninguna otra actividad con tantos récords como esta competición idiota de la dimensión imbécil.
    Estoy abandonado…
    Y si el estado les envuelve un excremento con papel infantil de colorines y un lacito; y además da un sermón sobre sus propiedades terapéuticas y jocosas, se comerán el trozo de mierda con glotonería y se chuparán los dedos. Y dirán amén con una sonrisa pletórica de mierda entre los intersticios dentales.

    Pienso en las malas cosas que nos rodean y que los ajenos, los otros no ven: la cautividad, el control penitenciario, el robo de nuestro trabajo y esfuerzo, la intervención del pensamiento, de la biología y la creatividad, la negación del individuo y la exaltación del adocenamiento.
    Es el lote que el estado/dios incluye en el nacimiento cautivo de cada uno los bebés contribuyentes.
    Es escalofriante escribirlo con esta serenidad, es decepcionante meditar sobre la sociedad del estado/dios y concluir que somos orondos insectos que ninguna otra especie caza y devora. No nos quieren ni como alimento, ni para ensuciarse los colmillos o las garras.
    Los nacidos en cautividad, los ciudadanos o contribuyentes nada tienen que ver con las leyes de la naturaleza. La especie humana social contemporánea a este escrito es una especie invasora surgida de una aciaga mutación. En algún momento los primeros primates usaron utensilios artesanales fabricados con piedras y metales contaminados con elementos radiactivos y se llevaron a la boca aquellos instrumentos toscos envenenados, cortaron alimentos con ellos o bebieron agua. Y así se pudrió su ADN primordial.
    Y al igual que Gregorio Samsa, la especie humana un día despertó como insecto en una mezquina mañana de credos, mandamientos, leyes, fe en el estado/dios y servilismo paranoico.
    Por ello, el resto de las especies animales nos rechazan como alimento, detectan que somos carne emponzoñada.
    No hay otra explicación para esto a lo que se ha llegado y que los idiotas (líneas genéticas degradadas respecto a los humanos originales) llaman globalidad.
    En el fondo reconocen, como un instinto primigenio residual, que no somos merecedores de llamarnos humanidad. La población de homínidos parlantes en el planeta es una globalidad cuyos especímenes sin identidad se confunden unos con otros, nada tienen de humanidad.
    Sólo nacen con el don de la obediencia y fe en el estado/dios, inconscientes de que han nacido para sacrificarse por esas reinas gordas como cerdos que expelen como excrementos sus leyes, mandamientos, decretos, dogmas y condenas.
    Sólo cuando les queda unos días de vida se les permite descansar para evitar el gasto y molestia de retirar los cadáveres en sus puestos de trabajo y centros de explotación.
    El estado/dios espera con avidez que las próximas generaciones desnaturalizadas, nazcan con antenas para controlarlas con el pensamiento y no con el teléfono móvil que se les implanta apenas pasan la infancia.
    Pienso en todas las cosas malas que podría ocurrirle a la globalidad y desespero porque no le ocurre ninguna.
    Por muchas catástrofes, guerras y epidemias que sufra la globalidad, apenas se resentirá porque es lo mismo que se dice de las cucarachas: será una especie superviviente que se alimentará de la descomposición de sus cadáveres si es necesario.
    Nacen en cautividad, son explotados y sacrificados por el estado/dios y son incapaces de tener un instante de lucidez para reconocerse en el reflejo del espejo la monstruosa mutación que son.
    Es lógico que exista cierto recelo en la colonia globalidad respecto a una hipotética visita de extraterrestres, porque cualquier especie inteligente del universo identificaría como plaga a esta mutación de la humanidad que es la globalidad de los sin rostro, sin pensamiento, sin libertad. En el momento que nazca un bebé con antenas de queratina, ya sería inconfundible la degradación de la especie y ningún ser de otro planeta dudará en limpiar el planeta de la plaga global; aquí radica mi único asomo de esperanza para que el planeta y sus especies se vean libres de una plaga de idiotas.

    Es tal la corrupción del narco estado español que, los crímenes o delitos cometidos por los políticos se justifican porque otro los cometió en el pasado o actualmente los está cometiendo.
    Y así actúan los periodistas, economistas, jueces, inventados y pagados “expertos” del espectáculo, etc… Las redes suciales son un nicho de pornografía de la ética y la verdad.
    En definitiva aduladores en nómina de cada partido político que no debaten lo tremendo del crimen lo corrupto, obsceno y sus consecuencias. Se limitan a hacer búsquedas en internet para encontrar crímenes parecidos para justificar los de sus amos.
    Ocurre que éticamente no hay excusa o explicación para el jerarca criminal y corrupto, por eso un debate es una efemérides de crímenes políticos.
    Es la cima de lo corrupto, no hay nada más enfermo que perdonar un crimen porque otro lo cometió. Son una panda de hijos de puta todos, y deberían ser víctimas de un criminal que quedara impune porque otro ya lo cometió.
    Es la prueba definitiva de que los españoles respiran las heces de los jerarcas de una narco dictadura tan corrupta que es imposible ser inteligente en España sin asfixiarse.
    Lo aparatoso es que la población no ve toda esta mierdosa corrupción de la ética, honestidad y libertad; está mentalmente imposibilitada para comprender lo que oye y sacar conclusiones, la endogamia de la población española de los fascismos es prácticamente una subnormalidad congénita a todos los niveles sociales. Comen frente al televisor o ante su móvil leyendo la basura de sus telepredicadores o sacerdotes, respirando con agrado el que otro político en el pasado hubiera cometido un crimen para defender a su amo/dios, al que ha votado con la misma merma mental con la que escucha los programas de debate o las noticias mismas, sin arquear siquiera una ceja por el olor a podrido.
    Nadie puede justificar un crimen de esta forma, sin ser un hijo de puta. Y mucho menos justificar el crimen de un político o funcionario: no es un crimen cualquiera porque afecta a millones de personas durante largos periodos de tiempo, incluso mueren sin que el crimen haya sido juzgado, ni siquiera investigado.
    Pues sí, el narco estado español, ha hecho del crimen otra Amnistía Corrupta Española 2024 del “porque hay precedente, otro lo hizo”.
    Lo mejor, insisto, es que la corrupción ha penetrado en el pueblo bajo como una meningitis y los ha vuelto a todos ciegos y sordos a la podredumbre, la estafa, el crimen y la vergüenza.
    Los españoles no tienen el gobierno que se merecen, tienen lo único que entienden: una panda de delincuentes pregonando su corrupción como una santidad, de la misma forma que los obispos con autoridad y rigor doctrinal quemaban mujeres por ser “brujas”.
    Esto es una gran mierda que sólo una gran destrucción, por medio de la violencia puede frenar y volver desde las ruinas y los cadáveres a un estadio razonable de honestidad y responsabilidad para cada cual que cometa su mierda.
    Los hijos de puta han de pagar por lo que son, por lo que hacen y por lo que mienten. Si no pagan, que mueran. No hay otra forma de entender la dignidad porque los contribuyentes/votantes reciben del estado tiempos de referencia geológica para resolver ofensas, daños, demandas o crímenes sufridos. Se mueren arruinados y humillados por los delitos cometidos por los jerarcas justificados porque se cometieron en el pasado.
    España además de ser absolutamente corrupta, es congénitamente retrasada mental.

    GENPHOCS: Gobierno Español Nazi Penitenciario Homosexual Clima-sanitario
    CENPHOCS: Caudillo Español Nazi Penitenciario Homosexual Clima-sanitario
    NEPHCS: Nazismo Español Penitenciario Homosexual Clima-sanitario

    –Cuéntame una tristeza.
    –Un amor clavando las uñas en la tierra para no caer al infierno.
    –Otra.
    –Una sangre fuera de las venas.
    –Otra.
    –El bebé que no ha conseguido llorar frente a la madre que lo acaba de parir.
    –Otra…
    –Un gato se esconde bajo la cama para morir solo; pero su compañero lo acuna en el pecho. Sólo es un gato…
    –Otra.
    –Los párpados lívidos de padre, la inmovilidad de su pecho.
    –Otra…
    –Tú tan lejos de mí y tan sola aunque te tome la mano.
    –Una más.
    –Tu llanto.
    –Por lo que más quieras. Niégate a contar penas, cuenta esperanzas.
    –No puedo…
    –Es imposible, me niego a vivir con tu tristeza. Eres un monumento a la pena. ¿Qué ocurrió?
    –Viví demasiado tiempo aquí en el mundo.
    – ¿No queda un ápice de alegría en ti?
    –No la conocí. Y lo cómico no es alegría, es una tos.
    –Me condenas a la prisión de tu tristeza.
    –No. Me condeno a vivir sin ti.
    – ¿Soy yo el amor que clava los dedos en la tierra para que la muerte no lo arrastre?
    –Sabes que soy yo.
    –Y haces de mí la sangre fuera de las venas.
    –No.
    –Estás matando el amor como el bebé que no lloró.
    –Soy yo quien no debió nacer. Soy todas las alegorías de un muerte con retraso, tardía perezosa… No hace lo que debe.
    Soy una tristeza que respira, una masa de melancolía que se agita ante una luz oscura como una tumba. Una gelatina negra que solloza. Un miasma pulsante que exhala vapores en el hielo de la vida. Un puré amasado con lágrimas saladas y pestañas carbonizadas.
    Soy el barro que dios se quitó de las manos tras modelar a Adán. Y yo no recibí un soplo de vida, sólo aspiré el polvo del hastío de una tierra muerta. La orina de aquel primer hombre me dio un informe volumen.
    Quiero morir solo, como el gato.
    –Estás loco.
    –Lo sé, a cada hora me encuentro más lejos de mí mismo. El mal está hecho. Soy el animal nacido en cautividad que se muere de melancolía ante los visitantes alegres del zoo. No queda nada dentro de mí que me haga viable para la vida.
    La locura ha llegado, no tardará una muerte enajenada. Ya no soy aquél, hablas con un extraño.

    No sólo es ético, sino perentorio devolver el mal que se me ha hecho sufrir.
    Si hubiese inocentes que tuvieran que pagar la ira de la venganza, bueno… Yo también fui inocente.