Archivos de la categoría ‘Maldito romanticismo’

Hoy he tenido un quebranto al despertar, no suelo mirarme al espejo, estoy harto de ver más de lo mismo.
Y lo he hecho.
Y me he alarmado.
Me ha llamado poderosamente la atención que está noche no he acabado de hacer la transformación a lobo, me he levantado con los restos de la bestia a medio hacer en mi bello rostro.
Incluso yo mismo me he repelido y he gritado “¡Vade retro, bestia inmunda!”.
Luego, también he pensado en otra posibilidad menos mágica y más romántica: mi vida como puta. Ya cansada y desgastada, cobrando una mierda.
El último cliente me debió haber tratado muy mal. No lo recuerdo…
Bendita sea la raya blanca y sus restos en la mesita de noche.
Qué asco de vida y yo tan despierto.
Luego me he “arrascao” el culo malhumorado, con marcada displicencia.
Y no deja de fascinarme la despreocupación y el empeño con el que me denigro en cualquier momento, sin rubor; aún con la resaca de una licantropía a medio hacer. O una puta con exceso de trabajo y perfeccionista.
Y ahora, mirándome a mí mismo fija y dolorosamente me pregunto con cierta existencialidad, si hoy habrá subido el precio del tabaco para acabar de joder la marrana.
No sé, no debería haberme mirado. Ahora es tarde.
¿Y si en lugar de hombre lobo o puta no soy más que un miserable troll? Qué angustia…
El mal está hecho.
Tengo hambre.

¿Dónde escondes la libertad para que el hijo de puta no te la arranque?
En el culo no, porque te lo petarán con hierros ardientes.
En la cabeza tampoco, te la abrirán a martillazos.
En los dientes menos, porque te colocarán electrodos en los genitales y se romperán cuando los aprietes por el dolor.
Bajo las uñas ni lo sueñes, tienen alicates oxidados.
No metas la libertad en la mochila del colegio de tu hijo. Olvídalo, hay pequeñas cabezas decapitadas clavadas en picas justo al lado de las banderas de los hijos de puta, a la entrada de los colegios.
Podrías haber escogido traficar con drogas, los hijos de puta te la quitan, se la quedan y te dejan tranquilo.
Hubiera sido mejor que traficar o usar la libertad.
Has cometido delito de anatema.
Podrías meter la libertad en una bala y disparar al hijo de puta por la espalda antes de que sepa que piensas libre y salvaje, sin escrúpulos concebidos, con las palabras exactas y precisas. Y a ver si luego es capaz de extraerse la bala de la cabeza y confiscar tu libertad si tiene cojones.
O coño.
O compra símbolos religiosos y los contaminas con tu semen libre y espárcelos por la calle, cuando algo es gratis la gente te lo quita de las manos huela como huela, o se agacha si es menester. Y se untarán los dedos y tal vez los labios con tu láctea libertad. Usa trocitos de banderas como pañuelos desechables…
Lo cierto es que si hubieras escogido cualquier delito material tendrías posibilidades de sobrevivir; pero ¿escribiendo ideas libres con palabras descatalogadas y prohibidas por la moral de mierda?
No sabes lo que has hecho, mano.
Nunca debiste cometer esa herejía, por muy libre que te creas, por la verdad que sea.
Si hubieras contado alguna superstición, como la religión o algo ideológico como política de ganadería de rebaños humanos o cháchara pseudo filosófica de magnates aburridos; tu vida no correría peligro.
Desde el mismo momento que escribiste “El ojete del culo no es un órgano genital como una polla o un coño”…
Que dios, si existiera semejante burro, se apiade de tu alma.
¡Huye!

Iconoclasta

Secretamente la excita menstruar, la sangre que forma un fango viscoso y cálido en su coño provoca deseos que esconde en un ademán, en un suspiro, en un tono de voz. En un descansar, tal vez, demasiado sensual.
Dice que no; pero los muslos se separan ante mis dedos que hurgan en las bragas y se deslizan despegando la compresa de los labios constreñidos. Y no puede evitar gemir ante la invasión de la mano aliviándola de la asfixiante mordaza en su coño.
La vagina arde y palpita en mi mano anegada de su vida misma.
Temo correrme sin tocarme, sinceramente.
Mis dedos literalmente despojan a la sangre de su dolor. Y suave se adivina emerger un orgasmo sereno y potente. Mis dedos y la ruda textura de la compresa forman un caos ahí abajo que eriza sus pezones.
Me empuja los dedos con los suyos a lo más profundo.
No es fetichismo, no es por la sangre; es el placer per se.
La paranoia del deseo atávico, sin contemplaciones.
No importa dónde, no importa cuándo, no importa cómo.
Importa correrse.
Importa sentir su paroxismo de placer. La sangre amasada y coagulada entre mis dedos y uñas es solo consecuencia, no es devoción.
Si no fuera incrédulo diría que es la comunión de la carne y la sangre.
San Valentín ha tirado baja la flecha.
Y en eso estoy, reparando su mala puntería.
O tal vez perfeccionándola.
Se arquea en el clímax con los dedos ensangrentados aferrando mi pene.
Es el día de los enamorados inescrupulosos…

Iconoclasta

¿Y si solo soy el argumento de un mal guionista?
Un libreto negado.
Unas horas perdidas.
Algo que no vende.
¿Existirá semejante ser capaz de imaginar un hastío tan monumental?
Deberían pegarle un tiro en la cabeza para acabar con su sufrimiento.
Sobre todo con el mío.
Y se cree un carismático atormentado.

Ocurre que a veces me encuentro desprevenido, indefenso ante el drama de un pasaje literario o una escena cinematográfica.
Con la guardia baja.
Es muy embarazoso cuando el llanto se agolpa al borde mismo de los párpados.
Jamás parpadees.
Cualquier movimiento volcará las lágrimas y costará dios y ayuda de parar.
Da gracias a la soledad, a la intimidad.
De que nadie sepa.
De que nadie vea.
Me siento invadido de lástima hacia esos personajes que sufren aquí y ahora ante mis ojos; las coordenadas del presente y el ánimo: la realidad.
La mía.
Es vergonzoso llorar por tamaña banalidad.
Me siento idiota.
No es por el drama exactamente. Quisiera que existieran los que sufren.
Son buena gente.
Y quedo abandonado, perdido en esas coordenadas ilocalizables en ningún mapa.
Perdido en mi realidad, no los encuentro.
El llanto es por su inexistencia, no han nacido.
Pobres míos…
Que la aflicción se derrame secretamente.

Iconoclasta

De los variados objetos de escritura manual, tal vez sea el roller (un híbrido entre pluma estilográfica y bolígrafo por su trazo) el que requiere más esfuerzo, habilidad y cuidado para escribir con rapidez y dar legibilidad al texto.
Porque el roller tan suave, tan nítido y tan fina y bien calibrada la bola de trazado; literalmente resbala en el papel, e incluso derrapa espectacularmente.
Su trazo es mucho más sólido y preciso; pero esa rapidez te puede sacar de quicio si pretendes escribir relajadamente.
En definitiva, el roller es para competir en velocidad.
Y pluma, boli y lápiz para recrearse y relajarse.
Si eres tan hábil como yo no hay problema con el roller; pero si al escribir tomas entre los dedos de forma rara y exótica (esas que están de moda gracias a los zurdos del cine; la inclusión es irritante por imbécil) tu procesador de textos y sus sufrimientos; y además sacas la lengua al escribir, será mejor que uses un bic transparente, de esos que tienen la punta del tamaño de una canica para niños con las manos grandes y te dará menos disgustos, cansancio, vértigo y sus mareos.
Y si no te importa ser efímero, un lápiz con la punta tan roma, que en lugar de escribir, pareciera que esculpes como los Picapiedra sus notas.
Y ya.
Ponte a escribir y déjame en paz.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Pedir deseos y que se cumplan, aunque sea a costa del sacrificio de otro ser…
Hay que ser mezquino.
Bien, froto la lámpara y deseo ser super mega billonario en euros de curso legal.
Es importante especificar bien lo que quieres, los genios son unos hijos de puta muy irónicos y guasones. Si no eres cuidadoso te podrías ver cubierto con “euros” del Monopoly.
Es el problema con estos genios volubles y endiosados, se creen muy listos.

Cuanto más pretenden educarme, mayor es mi hostilidad y rebeldía.
Nadie tiene nada que enseñarme.
Sé lo que he necesitado aprender. Y una vez aprendido, me he dedicado a adquirir conocimientos libremente.
No voy a perder mi vida aprendiendo mierda.
Porque aprender es absorber un método y un código para interactuar en sociedad.
Y yo lo he aprendido todo. Lo que quieran obligarme a aprender, se lo pueden meter vía rectal, hijos de puta.
No es casualidad que piense como lo hago. No es casualidad el desprecio que siento hacia una sociedad imbécil.
Cuanto más aprendes, menos eres tú y más asfixiantes son ellos, los mezquinos, los vulgares. He tenido algunas cositas que desaprender para sentirme libre y salvaje.
Aprender es para los niños, y yo hace mucho tiempo que escupo una leche cremosa por un pijo, por el capullo. Pretendieron enseñarme que lo correcto es glande.
Elijo cada palabra con precisión, con voluntad, con la suficiente displicencia para dejar claro que nada aprendo y algunas cosas por las que tanto se esforzaron enseñarme, están pegadas en una tira de papel de limpiarse el culo.
Mi idea del mundo y quienes lo forman está forjada en una fragua poderosa que hay dentro de mi puta cabeza.
Cualquier ideología, dogma o fe, es agresión.
Pasó el tiempo de aprender. Mi método para vivir en esto que me rodea es adecuado.
La ideología o fe es algo anal. Y por el culo solo salen las cosas, no entran.

Iconoclasta

¿Cómo quieres que no te grite si te amo tanto?
Soy tu super amante y mi super pensamiento surge de mí rompiendo la barrera del sonido y tu ropa interior.
Lo siento.
No lo siento, luzco con vanidad mi super erección.
Estás hermosa con el sujetador desgarrado colgando de los hombros.
Con las bragas rotas que dejan desnudo parte del monte de Venus.
Y tu cabello alborotado, como cuando te corres.
Sucede a menudo que, no sé si te escribo o te super follo. Se me pone tan dura que me duele amarte, en el pijo y el corazón.
No puedo evitar esta desesperante y húmeda super dureza cuando te super pienso.
Es orgánico amarte.
¿Cómo evitar lanzarte mi super amor cuando mantienes mi cabeza sujeta entre tus muslos y jadeas y no me permites respirar y solo beberte? ¿Eh?
¿Cómo no gritarte mi pensamiento cuando manejas mi rabo sin cuidado y lo maltratas y te lo comes y te lo metes y haces de mí una cosa?
No puedo evitar la potencia de amarte y enviarte una super ráfaga de deseo.
Soy tu super amante…
Se me escapa un super pensamiento de demanda de piedad cuando tus dedos gotean mi láctea alma que me has extraído, exprimido.
Mis huevos se contraen con espasmos, vacíos entre tus dedos.
Y me conviertes en tu obsceno super trofeo.

Iconoclasta