Si no te has hecho pajas tú solito, es que tienes un serio problema cerebral. Y si lo hace ella, está más sana que tú. Porque de vez en cuando apetece hacerse un trabajo bien hecho en soledad, fantaseando en lugar de revolcarse en mediocridad. Así que disfruta sabiendo que tu golfa se lo pasa en grande. Y a ver si un día le pides que te haga un pase porno y te masturbas con absoluta obscenidad ante ella, que le gustará. Y luego le regalas uno más potente, de dos cañones. Si eres un cabrón, seguro que el juguete es un regalo que le ha hecho el tipo con el que te pone los cuernos. No te debes preocupar tampoco, te deberías haber preocupado antes, super macho.
¿Y si alguien me los roba, me los impide? ¿Qué hago? ¿Cómo gestiono la venganza, la violencia que conlleva el robo de la más básica libertad? ¿Cómo defender pacíficamente lo que me pertenece cuando me lo han robado a la fuerza, con humillación? ¿Cómo hacer pagar el dolor causado cuando intentan robarme mi parte del planeta encarcelándome? No saben lo que hacen, no pueden imaginar dónde les llevaría semejante acto. Hay consecuencias… Es precioso y es mi privilegio de hombre admirar los amplios cielos, los inabarcables horizontes. Vale la pena combatir por ellos, cualquiera que sea el precio.
–Ico… –Dime, Jade. –¿Qué ocurrirá cuando te mueras? ¿Con quién tomaré mi sangre malteada sin arrancarle el corazón cuando acabe la taza? –¿Y por qué no me matas a mí? –Me pones, cabrón. –Mentira. –¡Ja! Tienes un odio inmenso a tus congéneres y no te preocupa. Tu odio relajado es tan extraño… No eres un ser sobrenatural y desprecias y ofendes a la humanidad, a los tuyos, sabiendo que vas a perder. –No son míos, Jade. Ojalá pudiera ser como tú. –Pues deja que te muerda la polla. –Tan mona y tan obscena mi Jade. Eres fascinante. –No te mueras, Ico. –No podría vivir tanto tiempo aquí. Para ti los humanos son caza, comida, follar. Yo solo quiero estar lejos de ellos. –Eres un licántropo o un vampiro maldito, ¿lo sabías? Debiste ser muy malo en otra vida, incluso con los propios dioses para mecer semejante castigo. –Jade… –¿Qué? –Tus bragas transparentan el coño, me haces sudar por dentro y entre las piernas. –Ahora sí que te arranco la polla, mamón. O eso, o necesitas un exorcista. –Tómate tu sangre malteada, mi Jade, aún que estoy vivo. Y mira a la cámara, belleza. –¿Y luego te como? –Déjame escribir, cotorra. –¡Jajjajajaja!
Lo de Ayuso será pura oratoria pero es diferente de la asfixiante propaganda institucional del nuevo y normal gobierno fascista del coronavirus, es necesario un lenguaje duro y directo contra lo melifluo del paternalismo doctrinal, cuasi religioso del fascismo/comunismo. Que nadie sea ingenuo, no es una cuestión de verdades (que no existen en la política), es una cuestión de corrupción, de estafa y de unas libertades robadas con una indecencia propia de un proxeneta.
El pueblo español paga indultos, paga una nómina de gobierno multimillonaria por encima de sus jornales y mientras eso ocurre; el gobierno se preocupa de encarcelarlo, colocarle un humillante bozal, arruinar su trabajo y sus pensiones de jubilación, y secuestrar y encarcelar a sus hijos y asfixiar sus más mínimas libertades básicas y vitales, incluida la del pensamiento gracias a su gran aparato doctrinal que abarca todos los medios de comunicación, con la complicidad primera de las redes sociales.
Sí, hay indultos y favores para los que son de su raza (políticos). Y están jodiendo más de lo aconsejable al pueblo. De tal modo que ahora, España es a China, lo que Cuba a la URSS, pero solo para lo malo: la ruina y la represión salvaje.
Todo el mundo sabe que el político ha nacido para robar (vivir a costa de los demás es lo mismo, el poder máximo y que se escribe con «j» inicial) y así enriquecerse; pero si fuerza demasiado la paciencia, debería saber, en caso de disponer de una inteligencia mínimamente funcional, que las guerras civiles nunca pasarán de moda. Y el hambre hace peligroso al que una vez fue un sumiso cabestro.
En medio de la carretera hay un jabato atropellado; no es más grande que un conejo. Su mini cabeza está destrozada y asoma sórdidamente la lengua muerta entre los huesos de la mandíbula. Aún se puede ver su piel sonrosada bajo el sedoso pelaje de cría. Es algo habitual, el atropello de animales en las carreteras de montaña; pero no con animales tan pequeños en plena tarde. Mi hijo y yo hemos pensado que es una lástima, una tragedia pequeña, que se anida en el corazón como un pequeño gusano que te provoca una desazón. ¡Qué pena, pobrecito! Ojalá fuera lo suficientemente incrédulo e ingenuo como para pensar que hay un cielo para los pequeños seres que mueren sin haber vivido más que unas pocas semanas. Lo acabarán de aplastar los coches hasta que se convierta en asfalto; su muerte instantánea ha sido al final, una fortuna. Ahí, en toda esa menuda, suave y tierna muerte no hubo nada de la tan pregonada sabiduría de la naturaleza. La naturaleza como ente, es un mito como otro cualquiera, como cualquier dios o cualquier Jesucristo de tantos que han rondado en las bocas ignorantes, serviles, cobardes y mentirosas de los seres humanos. Y no tiene nada de sabiduría. Lo que algunos llaman “naturaleza sabia”, es ni más ni menos que un azar de vida y muerte. A veces acierta y otras yerra; pero no hay sabiduría alguna. Se le ve tan pequeño y solo… Buscaba a su madre… Pobrecito. Cuando se viaja en coche, las muertes que se observan a través de las ventanillas, son igual que todas las noticias televisivas: meras anécdotas amañadas y absolutamente ajenas. Si caminas o marchas por tus propios medios, a una velocidad que solo puede ser moderada, la muerte se muestra plena y obscena. Con todos sus matices y consecuencias. Y en el bosque hay más rastros de la muerte que de la vida. Así que los que ven un cadáver desde la comodidad y la distancia de su coche, tienen una idea muy pobre de la naturaleza y su absoluta y azarosa estupidez sobre la vida y la muerte.
Hay afanes perversos y los hay obscenos. Lo mío es la obscenidad. No puedo soportar la perversidad de los cobardes, los que creen toda la mierda que leen y oyen. No puedo soportar a los pervertidos arribistas y los políticos. Porque esos perversos son infames y huelen a mierda. Siempre a mierda. Soy obsceno, sin amo ni dios. Y siempre he tenido una buena habilidad para la hipocresía y mentir a los pervertidos o perversos para mantener mi comodidad y supervivencia en esta sociedad puta. Si en algo soy bueno, es mintiendo a los idiotas. Luego, cuando no he de soportar a los pervertidos; ya en mi reino, en mi casa le ordeno que separe las piernas, sabe que me ha de esperar con falda o una bata sutil. O con lencería de puta. Con la navaja corto las bragas y las dejo despedazadas entre las piernas, o sobre los muslos. Que le molesten. Y acaricio su coño, haciendo chapotear los dedos en su precioso y hambriento chocho. Está caliente como una perra y sus pezones le duelen de duros. No la jodo porque quiero ver su rostro mortificado por el placer, sus ojos casi en blanco cuando mis dedos se agitan violentos dentro de su coño elástico, mojado, fragante. El aroma que impulsa mi instinto de posesión y reproducción. Necesito ver su obscenidad, sentirla en mis dedos. Esa pornografía que la transporta a otra dimensión con los continuos espasmos de la vagina y el vientre. De su monte de Venus que asemeja elevarse y hundirse en movimientos telúricos. Soy decididamente obsceno y saco mi rabo frente a ella cuando empieza la convulsión del clímax. Lo masajeo con tanta violencia que temo proferir por mi boca dolores más que placer; aunque se confunden las frecuencias entre ambas cosas. Y eso, a mi puta la catapulta al paroxismo. Y se abofetea el coño que la hace desvariar cuando escupo mi leche en su vientre, en el monte de Venus, entre los dedos que ahora intentan sujetar el coño que parece expandirse como una supernova. La bragas hechas jirones, se balancean próximas a las rodillas. Es la imagen más excitante del mundo… Y nos corremos cada cual sumido en nuestras obscenidades. Extiendo todo ese semen por su coño que aún tiembla agitado, entre sus labios dilatados y tiernos que no puedo evitar morder suavemente. Gime mi puta y conduce, guía mis dedos brillantes y resbaladizos de leche hacia los rincones que ella desea, y me obliga a chupar sus pezones pringados. Y jadea… Su corazón se relaja y mi polla pierde la dureza goteando leche sin fuerza por el meato, dilatado como una boca abierta sin dientes. Como si mi puta polla quisiera respirar… Cuando digo que soy más de la obscenidad, no miento. Soy sucio, soy pornógrafo, soy todo aquello que es malo ser en un ciudadano integrado de mierda. Y mi puta tampoco miente: miradla, aún está acariciando su coño irritado. Guardo un semen frío y rancio para lanzarlo a los ojos de los perversos, con la esperanza de que los deje ciegos para toda su perversa y cochina vida. Obscenamente ciegos.
Me he metido tan adentro del planeta en soledad, que en la lejanía podía ver donde habito. Y es muy lejos, ha sido mucho caminar. Me envanece ser una bestia con tamaño radio de acción y la fuerza para recorrerlo y morir entre tantos kilómetros de bosque y montaña. El horizonte más hermoso que existe: un mar de montañas… En realidad es agotador; pero fumo desde la cima observando mi reino, e irremediablemente se me pone dura (la polla). Soy incorregible, no puedo ser de otra forma: hombre y bestia. Y así ejerzo, aunque duela, aunque joda. En lugar de admirar escaparates, mostradores de grandes almacenes, pensar en coches, o tomar algo en la comodidad de un bar; simplemente vivo y padezco la naturaleza. Nací irreductible, jamás me integré donde me obligaron a crecer. Y lo he hecho bien, me siento bien aquí y ahora. Me gusta sudar y echar el humo del tabaco hacia aquello tan lejano allá abajo. Me la pone dura. Otra vez… No es alarde, es biología y vicio. Los párpados escaldados por el sudor hacen mi mirada hosca y sin embargo, observo todo con ilusión contenida. He visto una serpiente cubierta de rombos verdes y una fina cola como un látigo esmeralda ocultarse en la fronda. A una comadreja preciosa pensar si subir o bajar de donde se hallaba. Ha bajado, la muy holgazana. He oído al pájaro picotear furioso un árbol y los excrementos aún humeantes de un animal que ignoro (no era yo, lo juro). Un jabalí ha arrancado un gran trozo de musgo que ha caído en el camino, se escondía de mí, bosque adentro y arriba. Lo maravilloso del bosque, es que no ves la vida que contiene; mas la sientes como una profunda y atávica emoción. Y lo triste del bosque es que no puedes evitar ver sus grandes y pequeños cadáveres. También pienso que si tuviera un infarto aquí y ahora, dejaría otro cadáver más. Y sería más digno que morir donde habito. Quiero ser una tristeza en el bosque y no una mediocridad en el tanatorio. Así que cuando intuya que voy a morir (esas cosas se saben de una forma natural, no requiere instrucciones, solo valor y decisión), cogeré mi mochila cargada con tabaco, mis prismáticos, mi cámara de fotos, mi navaja, mi pluma y mi cuaderno. No necesitaré todo eso (el tabaco sí); pero me da paz cargar con ello. Nunca he sido perezoso. Solo reacio a obedecer de mierda a nadie. Y caminaré montaña arriba hasta donde muera. Unas oscuras nubes aportan un repentino aire fresco a este día de julio, el mes más hijoputa del año. Y se me cierran un poco los ojos como si fuera una caricia. Vuelvo a pensar que es tan buen momento como otro cualquiera para morir ahora. Lo tengo todo a mano para morir bien y sereno. Ya verás… Cuando sienta que se me raja el corazón, no me dará tiempo ni a meter la navaja en la mochila. La vida es muy puta con sus jugadas y bromas. No creo en los malos presagios de un cielo oscuro, porque el cielo oscuro es lo más bonito. Sin embargo sí pienso en una muerte digna tras una vida que me han obligado a vivir indignamente. Y mira por donde… Ahora me saco la polla y meo, hacia allá abajo donde he vivido la indignidad. Todo cuadra… Pequeños rencores que no hacen daño a nadie (desafortunadamente); pero me la ponen dura (la polla). Debería morir ahora, coño. Quiero ser un cadáver del bosque y no una rata muerta en una cloaca excrementicia. Seré romántico: Que Dios o el Diablo, si existieran; aquí y ahora me den muerte. Pues mierda, no existen o no quieren. Bueno, al fin y al cabo siempre he sido un ateo blasfemo, si alguna vez hubieran existido o existieran me la tendrían jurada. ¡Joder! Ahora tengo que volver a caminar todos esos kilómetros. Como me maten cuando llegue a casa, me cagaré en la puta que los parió.
La vaca con mucho cuidado, come de donde puede y a juzgar por la desmesura con que abre su ojo, desearía ser jirafa en ese momento tan embarazoso. Ser jirafa y no haberse metido en una senda tan estrecha. Seguramente estará pensando que si dios hubiera querido que comiera de las altas hierbas, le hubiera dado un cuello muy largo. De color amarillo con motas negras. Tan estrecha la senda y tan cerca de los alambres electrificados… También debe estar ahora saludando telepáticamente al padre del ganadero que a bien tuvo hacer un caminito pegado a la alambrada. O tal vez fuera, que alguna “amiga” que aún ríe mugiendo allá atrás en el prado; le dijo hace media hora: “Por allá, por donde el camino es tan estrecho, encontrarás los mejores pastos, te lo juro, hermana vaca”. Y la hermana vaca decidió probar pastos más sabrosos porque aquella amiga suya, de gran talante cristiano, así la ilusionó. Y de paso aprender algo que no tenía por qué saber y que maldita la gracia, ya que no es una vaca electricista. Porque la expresión de su ojo, no solo indica que tiene hambre, sino que ya ha tenido una buena lección de sabiduría sobre la electricidad y sus voltajes. También, o al menos yo lo haría, debe pensar que es una tarde mierda.
Y es que los nuevos y normales fascismos buenistas y protegevidas del coronavirus (y de antes del coronavirus), hace tiempo que llegaron a la conclusión de que el pueblo es absolutamente imbécil y no se entera de nada (cosa que supe apenas a los seis años de haber nacido y sin que nadie me lo enseñara; tampoco son unos lumbreras los nuevos y normales dictadores arruinadores). Por ello, impunemente cargan contra los pensionistas, cuando el gran robo lo ejerce el mismo estado con una nómina desmesurada de funcionarios y miles de políticos cobrando como diputados, senadores, ministros, altos cargos, policías, jueces, etc… Y todo ello por cuadriplicado por decir lo mínimo. No, el jubilado no tiene la culpa. Es el estado ladrón el que hunde la economía mes a mes, día a día. Que la chusma o pueblo trague con todo sin rechistar tiene unas cuantas razones a cual más simple: Una vez la gente se ha acostumbrado a ser encarcelada en sus casas por decreto, prohibiéndoles las funciones básicas de trabajo y esparcimiento; obligada a respirar insanamente los restos que expulsan sus pulmones y que no deberían tragar jamás por un bozal impuesto sin pudor y criminalmente, llevada al paroxismo del pánico gracias a una eficaz prensa colaboracionista y una televisión que se ha convertido en un catecismo diario del fascismo; cuando se ha forzado el uso de vacunas y denostado la aspirina (es de risa) y con un pueblo dependiente de una administración soviética o china, acobardado, humillado y enfermizo con consignas como “libertad es enfermedad”, “la juventud es mala”, “quédate en casa, arruínate y da gracias que te salvamos la vida”. Una vez el pueblo ha asumido con tácita resignación la dictadura, y que sus hijos puedan ser secuestrados, encarcelados y vigilados por policía fuertemente armada; todo lo demás es pan comido. Como la subida criminal de la luz también. El Nuevo y Normal Gobierno Fascista Español del Coronavirus ha creado el pueblo más manso, castrado y sumiso que dictador alguno pudiera soñar. Y por ello, un pueblo castrado de pensamiento, servil y cobarde, se resigna a que le arruinen su pensión o jubilación; porque si han podido sobrevivir al resfriado con que se les ha infectado, no importa lo demás. Ni siquiera que un cacique autonómico decrete cárcel para tu hijo que no ha cometido delito alguno. El pueblo se dirige directamente a una ruina garantizada tecleando y leyendo cosas que no comprende en un teléfono, sin rechistar, con todas sus libertades liadas en un tubo y metidas en el culo, con un bozal del que no se atreve a desprenderse y con sus hijos como menú diario del nuevo y normal caudillo español. Bienvenidos a la dictadura del miedo y la sumisión (normal, nueva y española, por supuesto).
Sinceramente, yo tampoco iría a un país o región donde por capricho y voluntad del fascismo me encarcelaran por la simple sospecha de poder estar enfermo; y mucho menos con una policía armada preparada para pegarme un tiro si ellos (los fascistas) consideraran que fuera necesario.