Archivos de la categoría ‘Maldito romanticismo’

El odio no es extraordinario, es otra cosa mediocre, cotidiana. Por ello pasa desapercibido odiar es de lo más adocenado; sobre todo en su versión más suave aunque más infecciosa: la envidia.
El amor no puede pasar desapercibido: causa una extraña inquietud, es un aire fresco y picante en la nariz, como menta o cítricos. Provoca un nerviosismo del que no acabas de entender su causa, no sabes si nace del estómago, de los pies o de las manos que se abren y cierran continuamente.
En los amaneceres, al despertar, por el amor tienes la angustiosa sensación de que te falta alguien. Te has despertado tan solo…
El odio te hace maldecir y desconfiar de los nuevos días, todos.
Hasta que llega el extraño y exótico amor y desbarata tu cultivado cinismo.
Por eso el amor no puede pasar jamás desapercibido, cuando aparece rompe la nauseabunda percepción de mediocridad que te provoca la humanidad en masa y su uniformidad.
Te ofrece a alguien a quien localizar si no sabes su origen y si lo sabes, a alguien con quien descubrir las cosas bellas que entierra la humanidad bajo sus excrementos.
Alguien con quien escapar de este momento y lugar al que te han condenado.
Sientes algo que podría ser esperanza si tu mente cínica se permite jugar con la ingenuidad.
Podrías no hacer caso de él, no buscarlo o no pensarlo; es tan fácil ignorar como odiar; es tu íntima decisión. Haz lo que quieras.
Sea lo que sea lo que hagas con el amor, recuerda el momento y fija en tu memoria las emociones. Es necesario que quede constancia de algo tan extraño en tu vida. Tan inusual.
Serán archivos importantes que pueden dar paz a tu mente cuando lo nauseabundo te acorrala; cuando la puta vestida de amor te ofrece sus servicios con las bragas llenas de mierda.
Mantén los datos localizables porque hay días que te agarrarías a un clavo ardiendo donde sujetarte de cansancio. Que no te engañe la puta.
Y haz lo que debas.

Iconoclasta

Me gusta el momento previo a la lluvia, cuando los animales humanos y los dignos contienen el aliento en sus refugios, y yo me dispongo a salir en busca de la limpieza del pensamiento y la piel. De la caricia del planeta.
Bajo la lluvia estoy todo lo aislado que se puede estar.
Y es mágico.
Porque estar encerrado, a cubierto, es más de lo mismo y ahoga más que el agua.

Iconoclasta

No soy perfecto; pero la virgen me ha dicho que le hubiera gustado que su hijo fuera como yo.
“Es que era un agonías, tan blandito y depresivo… Tan Jesucristo y mártir que me deprimía”.
No he podido consolarla porque tenía razón.
Me he encendido un cigarro y le he dicho ¡Bye!
Pobrecilla…
De tal madre, tal hijo. El padre vete a saber quién cojones podría ser.
Los bastardos siempre dan problemas.

¿Entonces para que sirve la vacuna del coronavirus? Porque si no se pueden quitar el bozal los vacunados y el Nuevo y Normal Gobierno Fascista Español sigue buscando leyes sucias y jueces corruptos para que apoyen las prisiones y el acoso a la ciudadanía de los caciques autonómicos de las taifas; quiere decir que las vacunas son otra cosa, alguna droga o veneno para provocar más mansedumbre en las reses españolas y su obediencia ciega. Las vacunas no son vacunas ¿es eso? Porque si fueran vacunas no sería obligatorio el uso del bozal (mascarilla para los lelos).
Porque si te has vacunado ¿para qué el bozal?
Porque si te has vacunado ¿para qué la cárcel nocturna o ley marcial fascista?
Porque si te has vacunado ¿para qué cojones el puto bozal?
Porque si te has vacunado ¿para qué la puta cárcel nocturna o ley marcial fascista genocida?
Porque si te has vacunado ¿para qué el bozal puto de mierda que enferma y humilla, hijos de puta?
Porque si te has vacunado ¿para que la puta trena y la puta bofia rondando a la caza de delincuentes que no existen, dictadores y caciques hijos de puta?
O sea, las vacunas solo sirven para mantener una saludable imbecilidad de la masa votante española, para que el fascismo pueda durar cincuenta años más.
Si estás vacunado ¿para qué llevar bozal? ¿Es que no te lo planteas, imbécil?
¿De verdad te crees que si te han chutado la vacuna, debes llevar el cochino bozal?
Eres absolutamente zombi, tu cerebro necesita un trasplante urgentemente.

Todos los actores acaban trabajando en las intrascendentes e informáticas películas de héroes de la Marvel. Es un auténtico hachazo al cadáver del cine, porque está muerto de hace años. Asesinaron el cine de adultos hace mucho más tiempo atrás para dejar paso a la bazofia actual.
Solo existen películas para un nivel intelectual no superior a los seis años. Sus actores se asemejan a las extintas marionetas de Jim Henson más que a ninguna otra cosa.
Si quieres ver estupidez, mediocridad, banalidad y ante todo aburrimiento extremo, saca una entrada de cine y verás como sales con la mitad de cerebro.
El séptimo arte, ha pasado a ser el palomitero de los fascismos de un nuevo y normal oscurantismo.

Paseando bajo una fuerte lluvia, he visto a una lombriz de dos metros cruzando el camino; nada extraño en el campo.
Era tan repugnante como fascinante, como un trozo de intestino que repta estirándose y contrayéndose, su piel (si la tiene) es del color de la carne cruda aún sangrante y la hace translúcida.
Y como todo ser vivo quiere vivir y eso hace, se mueve, va donde debe.
Con toda probabilidad, en una de esas “elecciones” de una puta “democracia”, llegaría a presidente.
Si no la he matado a pisotones ha sido por una cuestión higiénica.
Hay cosas vivas por las que no siento ningún aprecio o respeto; es más, lo repugnante debe morir.
En definitiva, no todo lo animado y no toda la vida debe respetarse.
Es también una cuestión de gustos; porque en la nueva y normal decadencia social, hay quien sentiría una corriente de cariño por la repugnante tripa-lombriz; e incluso diría con ojitos emocionados: “yo también soy lombriz”.
Observándola reptar, me preguntaba si los intestinos de un ser humano destripado, reptarían de forma parecida, aunque fuera por unos segundos, en una especie de movimiento reflejo; como cuenta la tradición popular, que los ojos de una cabeza decapitada aún miran el mundo durante unos segundos.
En la perfecta soledad de un día de lluvia, da gusto divagar, sin interrupciones, sin que nada más grande que la lombriz se cruce en mi camino. Y es bueno, muy bueno…
Así que me he tomado mi tiempo y con la navaja la he partido en dos pedazos. No ha ocurrido nada, ni siquiera ha salido sangre. Simplemente se ha convertido en dos tripas asquerosas retorciéndose. Yo hubiera querido que se hubiera muerto; pero nada es perfecto.
Hay seres que se resisten a morir con todas sus fuerzas: las lombrices, los millonarios y los dictadores y otros políticos del estilo. Algo en común deben tener.
Además de pasar el tiempo cortándolas, las lombrices también sirven para ser ensartadas en los anzuelos como cebo. En el caso de la pesca del tiburón, por ejemplo, es mejor usar las otras especies debidamente troceadas o descuartizadas, los pescadores ya saben, no doy consejos, solo divago.
El paisaje es hermoso, debo insistir que me siento privilegiado.
Las dos lombrices que he creado de una sola (soy prácticamente Jesucristo multiplicando cosas) me han inspirado una revelación: yo también, si me lo propongo, puedo ser un fascista cortando libertades, o vidas, que es lo mismo.

En las noches del toque de queda marcial del nuevo fascismo español, a pesar de la maravillosa lluvia, las calles huelen a rancio, añejo y mierda.
La lluvia no puede con toda esa indignidad que cubre como un manto de mierda las calles nocturnas de prisión. No puede la pobre lluvia, arrastrar el hedor de la dictadura y su cobardía. Su asfixiante presión.
No es por el bozal (o mascarilla como pretenden que se le llame) por lo que cuesta dios y ayuda respirar; es por los mezquinos carceleros que lo apestan todo. La dictadura pudre hasta la mismísima lluvia. Pobre amiga…
En mi pueblo la lluvia no es ácida, es tóxica y huele a excrementos y suciedad de prisión. A viejas muertes que ya nadie recuerda de otra dictadura cuyas estelas de olor a mierda, siguen flotando en el aire como las de los reactores en el cielo.
Y así una noche, y otra, y otra, y otra, y otra, y otra… Hasta inevitablemente vomitar desde el balcón a la sucia calle fascista empapada de miserias. Literalmente el dedo del fascista que te lleva a la náusea.
Mierda con mierda se paga.
Mi pobre lluvia que han podrido…
Buenas noches de mierda a los puercos.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

No sé si tengo una innata capacidad, una facilidad semántica y sintáctica para ser absolutamente obsceno en mis pensamientos y sus palabras; o es que tú y tus hermosos pezones, tu coño perfecto y tu culo precioso, son los que provocan esta pornográfica verborrea de la que hago alarde sin asomo alguno de pudor.
Más concretamente sin piedad para todos aquellos mediocres capaces de sentir la polla en la boca cuando simplemente la leen.
¿Sabes que tengo el rabo lleno de heridas? Te pienso, te evoco y me agarro al nabo con fuerza, como esas veces que te pido que lo cojas con el puño y me hagas daño, que lo aprietes y lo retuerzas hasta que se me escapa un dolor baboso por entre los labios y se me encogen los cojones del trallazo doloroso. Y tú lo haces con tanta fuerza, mi puta…
Yo mismo podría ser tu Jesucristo, que pide ser crucificado ante ti con la polla tiesa.
Ya sabes lo delicada que es la piel que cubre esas venas por las que circula la sangre y el semen, a veces el organismo se confunde con todo este puto deseo; me has mamado la polla tantas veces, que la has dejado perfectamente tonificada. A veces le hago fotos solo para pensar como tus labios cubren el pijo y sorben…
Bueno, cuando cierro el puño al soñarte, es inevitable que las uñas se claven en la piel con cierto furor y empiezo una frenética masturbación que acaba escupiendo una leche rosada que se queda prendida, aún latente entre los pelos del pubis y los huevos.
La primera vez, por un instante me asusté ante la posibilidad de que tuviera cáncer de cojones; pero vi la piel de la polla en mis uñas y me sentí feliz. Derramé alcohol en ella y rabié, porque cuando siento dolor y grito, es como liberar a la bestia y no hay mayor libertad que ser lo que uno es realmente.
¿Estás segura de que algunas noches no te sientes violada con la presión de algo que te llena el coño mientras te mana una baba espesa por la raja? Y dormida llevas las manos entre los muslos y sin pretenderlo rozas el clítoris que emerge agresivo de tu vulva cremosa, tan erecto para ser aspirado con fuerza rozándolo con los dientes. ¿Recuerdas como aferras mi pelo cuando te como el coño y me obligas a lamer con más fuerza y casi me asfixias? Pues eso, puta…
La presión que tu vagina ejerce en mi rabo herido, hace del joderte algo balsámico que da un mortificante descanso a la desgarrada piel de mi pene que tanto busca tu agujero. Cualquiera de los tres que luces, mi amor, mi puta diosa…
¿Has visto, cielo, con que naturalidad y amor te escribo?
Pues eso, mi hermoso coño, te amo y cada noche te jodo esté o no a tu lado.
Y en tu despertar te imagino húmeda, con el chocho resbaladizo y pegajoso que ha dejado una mancha en la sábana. Y yo lamiendo todo ese caos con la boca en tu llaga divina.
No sé, tal vez alguien pueda decir que esto no es literatura.
Y tendrá razón, porque el único y premeditado fin de mis palabras es joderte, tanto y tan profundamente que el ojo ciego de mi pijo llegue a atisbar tu alma.
¡Psé! Se pueden meter el Nobel en el culo, me suda la polla.
Hasta la próxima follada, mi amada, mi puta.

Iconoclasta

Dios está roto, el crucifijo asoma entre pieles de frutas en un contenedor de basura. Solo queda un trozo de brazo clavado en la cruz rota y sucia.
Y aún no ha acabado todo, le espera el infierno, la incineración.
No es trágico, no para mí. Incluso me parece una divertida ironía.
Tan solo me pregunto cuántas veces han de machacar a un mártir para que alguien le preste la suficiente atención como para rezarle.

–¿Qué ha ocurrido, Jade?
–Me he peleado en el gym con una guarra, en el vestuario. Llegó una tetona hiper tonificada y me dijo que debía llevar la mascarilla.
–¿En la ducha? No te pueden obligar.
–¡No! Cuando me estaba vistiendo.
–Aun así, vaya borde la tipa.
–¡Sí! Le arranqué la mascarilla y la pegué en mi coño peloncito y mojado.
–¿Aún lo tienes mojado?
–Méteme los dedos y verás.
–Vale… Y ella que hizo.
–Se me tiró encima y me arañó.
–Te quedan muy sexys las heridas.
–Me las he maquillado para resaltarlas, sabía que te gustarían.
–¿Y qué pasó después?
–Le desgarré la garganta, la decapité y le arranqué los pezones a bocados. Me queda uno ¿quieres probarlo?
–No. La carne de idiota no me va.
–¡Me meooo! ¡Jajajaja! Pero ahora tendré que buscar otro gym.
–Hay muchos, Jade. No hay problema.
–Ico…
–Dime.
–Me pica el chocho ¿será coronavirus de la guarra?
–Y si lo fuera ¿qué?
–¡Jajajaja!
–Ico…
–¿Qué?
–¿Me lo rascas o me lo comes?