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No tiene otro sentido, más que lo ornamental, un gato sin ratones que cazar; cosa que explica el dramatismo de esta foto y todos los pelos que no se aprecian en el escritorio.
Mientras esto sucede, mi pensamiento agudo y analítico, afilado como un canto rodado; Murf permanece irritantemente impasible, sin problema.

Foto de Iconoclasta.

Monstruosidades en miniatura son los besos y palabras que minan a través de los intersticios moleculares de los tejidos anímicos los diques de contención, consiguiendo desbordar las emociones.
Pequeñas son las lunas de plata que se deshacen como mercurio tras emerger por los lagrimales, derramando el veneno del amor en los labios durante la íntima noche de los recuerdos amontonados. Lanzándonos al mundo sin espacios, esperas y límites que nos convierten en materia onírica prácticamente perfectos, sin ansiedades, donde todo es. Ajenos a nosotros mismos.
Primorosas las palabras que tan rápidas se leen y, como cargas de profundidad, explosionan en el corazón acelerándolo a cien por hora sin pensar en la posibilidad de que se rompa.
Como muñequitos irrompibles porque no tienen huesos…
Mágico el papel de las cartas nunca enviadas que crujen como tristes fracasos entre los dedos: el amor escarificado con la presión del anhelo, tatuadas las mortificaciones con la tinta de la pasión.
Áspero como el semen seco en mi vientre.
Alegres las oraciones que se dirigen al alma y su cuerpo tan palpable y lejano en las probabilidades. Y sin embargo, como un aire fresco cierra los ojos como si hubiera paz y la vida te acariciara.
Acogedora soledad que cerca la intimidad necesaria para que lo llene todo de ella que la amo.
Una perinola en miniatura en el bolsillo para hacer girar el mundo, cuando de tan quieto parece muerto. Para fascinarme con un equilibrio que sólo ella posee y con vanidad gira y gira y gira… Y luego, asistir a su tristeza al verse abatida con un agónico y último roce contra la superficie.
Y pienso que descanse en paz, aunque podría hacerla girar y que de nuevo vibre de alegría. No soy Jesucristo, no tengo un interés especial en la dicha de las cosas sean orgánicas o no. Cuando me apetezca.
La ambición, ya saciada, es un juguete que adorna la estantería de los recuerdos y las certezas de amar y ser amor.
Unos pequeños dados en el bolsillo, la aleatoriedad de la vida y la muerte. Y apuesto a un doble seis de amor mis últimos cinco minutos de oxígeno en el espacio, esperando sus labios salvadores.
He buceado en su mundo líquido durante horas sin necesidad de respirar. O tal vez, he respirado su agua; pero estaba pendiente de su existencia y no de la mía. Qué pequeñitas subían las burbujas hacia la superficie, contentas de haber hecho su trabajo y llevarse el aire de los pulmones y así, llenármelos de amor líquido extra fuerte.
Soy la toma un trillón y… ¡Acción!
Una orden innecesaria para amar sin horizontes, infinitamente. Donde la entropía me lleve. Soy un neutrino atravesando la coraza subatómica del cuántico amor.
El microbio ganador asaltando el palacio de tu principio creador de carne y sueños.
De fluidos y gemidos.
De ropas rasgadas sin ultrajes mediante.

Foto de Iconoclasta.

«La doctrina individual de la autodeterminación de los pueblos fue consagrada por Woodrow Wilson en un discurso de 1916 y se convirtió en la base del orden mundial tras la Primera Guerra Mundial. Una de las personas que vio enseguida la contradicción intrínseca de la «autodeterminación de los pueblos» fue el propio secretario de Estado de Wilson, Robert Lansing, que en su diario anotó lo siguiente:
«La expresión está simplemente cargada de dinamita. Alimentará esperanzas que nunca se podrán hacer realidad. Seguro que al final acabará desprestigiada, considerada el sueño de un idealista que no cayó en la cuenta del peligro hasta que fue demasiado tarde para contener a quienes trataban de implantar el principio. ¡Qué desastre que llegase siquiera a pronunciarse la frase! ¡El sufrimiento que provocará! ¡Pensemos en los sentimientos del autor cuando cuente los muertos derivados de articularla!».
Lansing se equivocaba en una cosa: el coste no fue de miles de vidas sino de decenas de millones. Uno de los peligros de la «autodeterminación» es que, en realidad, no existe tal cosa como una «nación» en el sentido de grupo étnico y cultural que coincida con un trozo de propiedad inmobiliaria. A diferencia de las características de un paisaje de árboles y montañas, las personas tienen pies. Se desplazan a sitios donde hay más oportunidades y pronto invitan a sus amigos y parientes a que se les unan. Esta mezcla demográfica transforma el paisaje en un fractal, con minorías dentro de minorías dentro de minorías. Un gobierno con soberanía sobre un territorio que, según afirma, encarna una «nación» en realidad no encarnará los intereses de muchos de los individuos que viven dentro de ese territorio, al tiempo que tendrá un interés de «propietario» en individuos que viven en otros territorios.».
«Los ángeles que llevamos dentro: El declive de la violencia y sus implicaciones (Contextos), de Steven Pinker»

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A efectos prácticos y de comprensión, nacionalismo debería escribirse con z: nazionalismo. Porque es, ni más ni menos, que una forma de acoso racial con adornos de provinciana, puritana e hipócrita pseudo “democracia” chovinista, arengada por líderes sectarios contra decenas de minorías que no resultan ser tal minorías en conjunto. Líderes que son auténticos iluminados esquizoides que rozan el chamanismo más primitivo y responsables de grandes masacres humanas.
Hitler tiene una utilidad como cadáver, es ejemplo de rigurosa actualidad registrada y documentada, de lo que un subnormal que ha disfrutado de unos años de suerte puede hacer con las masas humanas.
Y parece que nadie aprendió la lección.
O tal vez sí, y por una vanidad injustificada se esfuerzan demasiados “líderes” políticos y religiosos en aplicar los mismos principios raciales con la esperanza de ser emperadores “ajustados a derecho” del puto mundo entero.
En la actualidad, dado el nivel estadístico de alfabetismo en la población mundial, muy superior a la de siglos pasados (no puede alegar ignorancia como disculpa) el concepto de “líder” político o religioso tiene el mismo significado que ganadero. Ergo la población… (Véase la simplona y alegórica ilustración).
El mestizaje de razas y culturas, ha sido la evolución más rápida y efectiva del homo sapiens sapiens gracias a que, entre 100.000 y 70.000 años atrás comenzó a migrar de África a Asia.
Esto no ha acabado aún, la especie humana se ha torcido en su concepción de civilización y no es la estafa del cambio climático lo que acabará con ella. Simplemente se devora a sí misma, hasta que al último caníbal se lo coma un oso o un león.

Nadie tiene derecho a ser libre, todo ser humano nacido en sociedad nace, por tanto, en rigurosa cautividad.
Y el tiempo en el que se sacrifica la infancia y la juventud de toda cría humana en la doma y amaestramiento (educación, escuela, universidad) tiene por objeto que jamás pueda ser libre por mucho que lo desee.
Como todo animal nacido en cautiverio, su libertad sería su muerte segura.
Los amos de las montañas, llanuras y costas son los silenciosos y malignos señores de la esclavitud. Básicamente los sicarios del Estado y aristocracia encubierta.
Ellos vallan la libertad y coartan, denuncian o disparan contra cualquier acto de libertad.
Sin ellos, la aberración humana de nacer en cautividad, no hubiera sido posible.

La biología se impone a la religión y la política. Es la razón por la que el Estado no cesa de evangelizar (con un coste dinerario enorme en prensa, televisión e internet) a la masa asalariada pobre, en la bondad del Estado y el pacifismo y fe que ha de exhibir esa chusma ante cualquier decreto nazi.
El Estado, para ostentar el control absoluto, precisa que la chusma olvide que puede pensar y optar. Necesita erradicar el instinto territorial, reproductor y defensivo humano para convertirla a la esclavitud psicológica y que, a pesar de ello, muestre afecto al caudillo y amo de sus banales y prescindibles vidas.
Sacrificar la infancia y la juventud de las crías humanas en los centros de doma y lavado de cerebro (colegios y universidades) está visto que no es suficiente para crear al castrado manso tipo que tanto necesitan políticos y religiosos, aunque hayan avanzado muchísimo en ello.
El éxito de las medidas criminales que decretó el Estado contra la casta asalariada (no funcionaria) por la epidemia de coronavirus, dio un exitoso resultado en una amplia mayoría de esclavos humanos. Cuarenta o cincuenta años atrás hubiera sido impensable que la población aplaudiera al Estado sus encarcelaciones, humillaciones, acoso, segregaciones, debilitamiento, extorsión, ruina y asesinato.
Ya queda poco para el control total y la guerra que surgirá de ello.
Porque si algo es cierto, es que los actuales políticos son el resultado de generaciones sucias de endogamia, sin recursos intelectuales, culturales o técnicos para gobernar. Simplemente nacieron en las familias adecuadas y lo están haciendo mal, elevando por su negligencia congénita e injustificada vanidad el nivel de la violencia como desde los años setenta del siglo pasado no se veía.

Nadie por quien luchar y por quien morir.
Sólo por tus hijos y amante.
Hay filos y balas…
La patria y su estado son berracos feroces aquejados de gula, alimentándose de tu libertad y sangre.
Que cada cual gane lo que ansía con su valor y esfuerzo si lo tuviera. Que nadie ayude al ambicioso que querrá siempre más y aplastará a quien sea para saciar su ambición, como el Estado asesina a sus ciudadanos.
El gran y penoso esfuerzo del manso y cobarde servil es siempre el mismo: Sufrir por alimentar y cebar a un cerdo (el Estado) que jamás probará.
Y por muchos padres que mueran, y los hijos también; en las cabezas de los tristes burros humanos no entra el entendimiento de esta máxima y hacen de su fe cobarde una religión, una virtud y un voto para continuar alimentando al puerco en un ciclo sin fin.

(Imagen IA de Copilot)

Las trampas demagógicas de los fascismos, como el del actual Estado Español, son toscas maniobras de distracción para timar a una población no muy lista y nacida para ser pastoreada durante decenas de años por un caudillo. España es un nicho secular de dictaduras.
En la antigua Grecia a estas burdas trampas demagógicas se las llamaban sofismas. Herramientas para confundir aquel primitivo y supersticioso pueblo, y ahora a una población consumista de pocas luces como la española; donde necesitan la ignorancia de un caudillo para descubrir palabras u odiarlas según decrete el cabrón en el poder.
España es el eterno oscurantismo, aquello de que en el reino de España jamás se ponía el sol no era una metáfora de imperio, sino una mediocre mentira para que los lerdos y miserables se sintieran orgullosos de la mierda que comían.
Y ahora para expresar algo con una palabra, el Estado Español analfabeto usa tres palabras juntas: persona con discapacidad.
Tres palabras que son la definición de disminuido.
Es la demagogia oscurantista de una sociedad aún hoy día supersticiosa e ignorante, equiparable a la chusma del medievo.
Los actuales narco dictadores de ínfulas (pseudo) democráticas; que suelen arrancar los votos incluso de los meatos humanos (verbigracia, anos), no se sienten cómodos porque les jode que les voten disminuidos, es una cuestión de orgullo que les voten personas con discapacidades que pueden ser disminuciones físicas o psíquicas.
Y con el tiempo, como la discapacidad es nada, no deberán cobrar ninguna pensión y a trabajar, coño.
Tener una discapacidad es tener una merma, una disminución física o mental. Lo digan como lo digan, quien se sienta ofendido con disminuido, se sentirá ofendido como persona con discapacidad. El asunto del lenguaje, siempre es un problema para un pueblo y su gobierno formados en el analfabetismo funcional, el que permite obtener el permiso de conducir o un carnet de diputado o senador.
No hay desprecio alguno en llamar ciega a la persona con discapacidad visual. Sólo un perfecto imbécil podría perder tanto tiempo y hacérselo perder al ciego.
Quien piensa tan torcidamente como para decir que “ciego” es una ofensa, es en esencia un genocida sin escrúpulos con el cerebro podrido y un pensamiento malvado.
Sólo el provincianismo y su ignorancia pueden hacer de la palabra disminuido un insulto, un adjetivo despectivo. También la falta de honestidad de un Estado que se encuentra en un profundo y delictivo proceso de corrupción, malversación, tiranía y segregación de la población en nuevas castas como ahora el GENPHOCS con su “amnistía por la convivencia y la paz en el mundo”.
Al dulcificar la palabra y convertirla casi en una frase, también dulcifican la corrupción, el oscurantismo y la miseria intelectual que cometen y propagan. Y así se muestran palurdamente beatos a ojos y oídos de una chusma que asume con fanatismo sectario y discapacitadamente que ¡sus genitales nada tienen que ver con ser hombres o mujeres!, sino con lo que el Estado diga; a ellos y a sus hijos en la escuela. Es, con mucho, peor el oscurantismo de hoy que el de la Edad Media, más letal para la biología humana y su dignidad.
Yo no soy un tipo con una discapacidad, primero porque sé demasiado del lenguaje y no me sale de los cojones perder el tiempo. Soy un disminuido que tiene una pierna podrida, un cojo, un tullido que camina despacio y con un dolor de mierda. No me siento despectivo conmigo mismo sabiendo lo disminuido que soy; y mucho menos me voy a insultar con lo mucho que me amo.
Además, tengo un señor cáncer en la médula del hueso.
A ver si me va a doler más ser un disminuido que caminar…
Y en segundo lugar no soy un político-puta en busca de votos haciéndome pasar por un analfabeto de maneras bondadosas paternalistas para engañar a la chusma que me votó y volverá a votarme por mucho que le discapacite el esfínter con mis embestidas de narco dictador (que le dé por culo, en lenguaje decente y culto).
Lo último que me apetece es que un subnormal analfabeto me venga con eufemismos electorales y todo porque se entretiene en cosas banales y crucigramas de grado aficionado porque no sabe hacer su trabajo. Que es ni más ni menos lo que están votando una caterva de “señorías” en sus cortes y por lo que cobran nóminas corruptas por lo gigantescas, para simplemente jugar al scrable de mierda.
Y el ciego, amigo mío, no ve un pijo. Es un discapacitado que no tiene tiempo para estupideces, como toda persona que tiene una mínima cultura y la ejerce.
Censurar palabras por demagogia, es ya todo un clásico del fascismo endogámico español. Y es una fabulosa herramienta del Estado, porque empobrecer o corromper el lenguaje es la forma más rápida de extender el oscurantismo entre la población, desde las instituciones y las escuelas. Este oscurantismo es la razón de que en la España profunda, provinciana y delincuente, existan leyes que se llamen “sí es sí”, “Amnistía por la convivencia y la bondad” y mierda parecida.
Ha podrido tanto el lenguaje el Estado, que ni él mismo puede usarlo para definir sus corrupciones, ni siquiera como “bondades de convivencia”.
Sólo un provinciano, un estafador demagogo, un político sin capacidades intelectuales y culturales o un ignorante, podría ver despectivo el adjetivo “disminuido”.
Se ha degradado tanto el conocimiento en pro de la corrupción y la discapacidad de los políticos, que sólo queda la incineración para realizar una buena limpieza de esta pervertida, degradada y decadente sociedad aplaudidora de caudillos fascistas y nazis estalinistas. La población de la actual narco dictadura española, la adulta, sufre de un infantilismo sin precedentes en la historia de la especie humana. Un infantilismo agudo que la discapacita para discernir al corrupto que la roba y humilla; y mientras eso ocurre, dibuja cosas infantiles para colgarlas de las ventanas cuando el estado la encarcela por decreto y fetichismo de su caudillo.

Una vez has conseguido describir y escribir con exactitud lo que piensas, sientes, deseas y temes, no podrás dejar de hacerlo.
Codificarse en precisas palabras para conocer lo que un día fuiste, y luego descubrirte; es el sorprendente y más importante conocimiento.
No eras consciente de qué y quién eras en aquel momento o lugar, no te habías detenido para hurgarte dentro.
Cambiamos constantemente con las experiencias que vivimos, con sus accidentes, decepciones y alegrías si las hubiera.
No importa que no te guste lo que descubres de ti escrito en un cuaderno, importa conocer al verdadero bastardo que fuiste y mutó a algo, aún pendiente de su descripción por ese extraño a ti mismo que eres.

Si el ser humano retornara a su naturaleza, aquella que le llevó a sobrevivir en un mundo hostil y evolucionar. Si olvidara las mentiras de dioses, paraísos, resurrecciones y reencarnaciones haría su presente, su vida mejor. Que es lo único de lo que puede disfrutar hasta que muera y desparezca del universo.
Esto llevaría también a la incredulidad hacia seres soberanos y líderes políticos, ambos encarnando actualmente, en pleno siglo XXI como en el medievo, un carácter divino, la encarnación de un dios.
El problema de que la especie humana degenerara, siempre ha sido la religión y su evolución: la política.
Ambas han arrastrado a los humanos a cohabitar adocenados en pequeños espacios, vivir miserablemente en pro de una vida post mortem paradisíaca y un futuro engañoso y venenoso que no vivirán. Ni siquiera sus nietos.
Si el ser humano retornara a su naturaleza libre, los corruptos codiciosos y ambiciosos políticos y líderes religiosos; sus cráneos vaciados y pulidos servirían para cocinar, incluso en modernas cocinas de inducción.
El ser humano perdió su libertad y gracia por aceptar por cobardía una protección mafiosa: el Estado. Primero creyó al hechicero charlatán de la tribu, éste se convirtió en sacerdote, luego en dios-emperador, siguió como rey o papa y actualmente en líder político de una formación de moda, básicamente un telepredicador dirigiéndose a una chusma de pocas luces, crédula como sus antepasados y tan cobarde como ellos.
Y ahora en pleno siglo XXI la especie humana es poco más que una variedad porcina. Apenas se distingue de un cerdo de granja en el tratamiento que le da el Estado a su mísera vida.
Ha sido tan escrupulosa y secular la selección ganadera que el Estado ha realizado en las distintas razas humanas, eliminando las reses libres y no obedientes por variedades mansas, que ya no existe posibilidad alguna de que la especie humana vuelva a ser digna.
La humanidad adulterada por dioses y Estado, hoy es una especie insectil y sin alma. Lo cual es gracioso, porque creen tenerla y por ello rezan a toscos muñecos, símbolos y libros vacíos de interés e inteligencia. Y por supuesto, se arrodillan y venden a sus hijos al primer telepredicador “demócrata” que les miente con paternalismo, con voz flojita y falsa de meapilas.

Ahora sólo espera sin saberlo, una gran extinción: las reses de superávit que al Estado le sobran por cuestiones de logística y así purificar con más precisión genética las razas humanas con reses más mansas y obedientes que coman menos, las que el Estado permitirá vivir. O dios.