Archivos de la categoría ‘fotografía’

Nadie por quien luchar y por quien morir.
Sólo por tus hijos y amante.
Hay filos y balas…
La patria y su estado son berracos feroces aquejados de gula, alimentándose de tu libertad y sangre.
Que cada cual gane lo que ansía con su valor y esfuerzo si lo tuviera. Que nadie ayude al ambicioso que querrá siempre más y aplastará a quien sea para saciar su ambición, como el Estado asesina a sus ciudadanos.
El gran y penoso esfuerzo del manso y cobarde servil es siempre el mismo: Sufrir por alimentar y cebar a un cerdo (el Estado) que jamás probará.
Y por muchos padres que mueran, y los hijos también; en las cabezas de los tristes burros humanos no entra el entendimiento de esta máxima y hacen de su fe cobarde una religión, una virtud y un voto para continuar alimentando al puerco en un ciclo sin fin.

(Imagen IA de Copilot)

Hay quien tiene lagunas mentales.
No es por alardear; pero yo desciendo y habito con frecuencia en simas tan profundas de mi miseria que cuando emerjo fuera de mí, no puedo dejar de sentir la repugnante viscosidad de mi intestino. Y en el rincón más penumbroso de mi caverna me froto paranoicamente las manos una y otra vez en los muslos desnudos para limpiarlas.
Luego me pregunto qué habrá pasado durante mi ausencia. Tras encender el cigarro y toser con una risa torcida como el cuello de un ahorcado, me respondo: ¿Y qué cojones quieres que pase? Esto ya estaba muerto y detenido antes de bucear en tu mierda.
Y escupo el filtro del cigarrillo. Si no fumara me habría cortado la lengua hace años.
Muchos.
Es esta ira que me lleva a apretar los dientes hasta romperlos, mejor que sea el filtro que alguna parte de mí lo que partan.
No sé porque habito en mis abismos, ni es terapéutico, ni los perros mean a dos patas como yo.
Simplemente hago lo que puedo.
Un día esta acidez gangrenará mis tripas.
Algo no hicieron bien cuando me concibieron. Tal vez les dio la tos y se salió en el momento más lácteo.
No sé…
Yo no quiero que el mundo se detenga, eso ya lo sé hacer y lo hago perfecto.
Quiero que el mundo se hunda, se doble sobre sí mismo y se convierta en una enana blanca que, emitirá al cosmos millones de mezquinos convertidos en fotones de efímero y tísico brillo. Aunque yo los veo más como esa materia oscura que dicen los religiosos de la cuántica que hay en el espacio.
También quiero que a mi hijo le vaya mejor que a mí; esta es toda la piedad que soy capaz de desarrollar. Yo tuve mejor padre que él; pero no puedo hacer nada al respecto.
Me limito, en mis ratos de ocio, a descender es puro vicio de mortificación.
Aunque eso me salva de pudrirme ahí fuera.
Y como ocurre tan fácil, tan habitual; hay momentos que no puedo distinguir si navego en la mierda de mis intestinos o estoy ahí fuera, en el mundo mezquino.
Hay quien no entiende a los francotiradores… Como si fuera difícil, como si fuera el misterio de dios, su hijo lelo y su espíritu sucio como una paloma de ciudad comida por las pulgas.
Las trinidades suelen ser sucias, siempre usan la misma argamasa: vanidad y mezquindad para hacer altos y espesos muros de codicia, ambición y envidia. O, ignorancia, miedo y servilismo. O, adoración, humillación y sacrificio. O, hambre, sed y muerte. Toda la mierda de este mundo civilizado va de tres en tres, mínimo.
Yo no tengo trinidades de mierda, no soy una piojosa civilización.
He visto un bulto en el intestino y no me sorprende.
Tal vez esperaré aquí a que se haga grande y se extienda como los tentáculos de uno de esos pulpos que son la hostia puta de inteligentes por sus cantidades de cerebro (nos dicen los profesores y biólogos del estado para que comprendamos que un pulpo es más valioso que nosotros). Y no acudiré a morir a un hospital, sólo curan bien a los ricos, a los pobres les mueven el bulto a otro lugar y cierran rápidamente; incluso escatiman en anestesia para que te jodas. A veces el cáncer se lo meten al paciente por la nariz si el cirujano tiene prisa; pero no es efectivo, el bulto se muere sin un cerebro al que aferrarse y al paciente le darán el alta igual de vacío que como entró en quirófano.
Los mezquinos no son pulpos, ni yo los comería.
No sé porque cojones me he limpiado las manos si me he caído otra vez dentro de mí…
No estaré mucho ahí, me gusta fumar con o sin filtro, me la pela.

Foto de Iconoclasta.

Si fuera Dios, haría un ramo con los ocasos más bellos y se lo enviaría por Courier Love Express a mi novia.
No porque mis amaneceres sean más bellos que los de su mundo, sino porque son los que veo.
Le podría entregar el ramo yo mismo; pero no me gustaría que pensara que escatimo en mensajería.
La amo como si también fuera Dios; pero puede ser tan susceptible mi diosa de verdad…
Además, tengo esa manía nada romántica de darle una palmada en el culo en los momentos más inoportunos.
Me pone de los nervios.
Y además me provoca verborrea aguda.
Y ya. Corto y cierro antes de que las cosas se tuerzan.
La Diosa y su imprevisibilidad…

No sé qué pensar y definir concretamente cuando de las selváticas montañas se elevan jirones de vapor hasta formar nubes que ascienden expandiéndose en una libertad celestial.
Haciéndose una…
El vapor envuelve las ruinas de una ermita y no puedo concluir si es un azar o las nubes buscando salvación.
¿Es el calor acumulado en la tierra el que forma el vapor? ¿O son almas que exhalan los cadáveres y la fronda seca del bosque que, al fin han aceptado la muerte al sentir sus restos ya siempre fríos?
No creo en las almas, creo en los cerebros y sus cualidades, si las tuvieran.
Como estilismo y retórica, volver a imaginar el vapor como alma y jugar con ella no puede hacer daño. El mundo humano está tan lleno de maldades que es inevitable que el pensamiento divague alejándose de la macabra realidad como las almas ascienden al cielo amando rasgadamente a sus montañas.
Almas arrastrándose por las nemorosas laderas, perezosas caricias ascendentes sin prisas. Susurrándoles sus últimas confidencias antes de llegar al cielo y fundirse.
Secretos…
No tengo secretos, sólo vergüenzas pasadas que no puedo olvidar. Errores, defectos, ignorancias…
Los secretos son cosas extraordinarias que por tu seguridad escondes escrupulosamente. Yo jamás he ostentado semejante poder.
El amor no es secreto, es dramático porque los ideales son efímeras mariposas que mueren aplastadas por la esclavitud humana y su multitudinaria mediocridad, los pecados originales con los que nacen los pobres bebés en la civilización.
Ahora estoy seguro de que el vapor son almas escapando de la esclavitud.
Todo encaja en la contemplación solitaria y silenciosa, en el íntimo frío desapacible.
El amor duele porque se define con las precisas palabras dolientes de esperas y ansias; si no se definiera sería un instinto.
Soy el dios ignorado de la simplicidad, del minimalismo filológico.
Del pensamiento rápido.
Y afilado si pudiera ser.
En una sola palabra cabe un universo.
Si fuera vapor ascendería por su cuerpo susurrándole confidencias como hacen las nubes a sus bosques… Emergiendo de su monte de Venus, dejaría parte de mí en su piel, como ella con sus uñas trazaba líneas quebradas en mi pecho cabalgándome.
Jadeando…
Extendería un rocío cálido en su vientre y difuminaría con mi niebla las endurecidas cimas de sus vibrantes montañas. Y al fin, me enfrentaría a su rostro e inundando de mi vapor su boca, le suspiraría lo mucho que la amo, a tan solo un instante de fusionarme con otras almas y ya no reconocerme, ser nada…

Foto de Iconoclasta.

Al igual que Juan Palomo, el GENPHOCS dice: yo me lo guiso, yo me lo como.
Son los ministros y diputados del GENPHOCS, secuaces y apóstoles del CENPHOCS y sus “expertos” del PSOE, los que dictan sentencias y condenas, quién vive y quién muere y a quien dan impunidad y dinero.
Es talmente como si una familia mafiosa de película, como la Calabresse, haya sido la más votada por los españoles, pero no lo suficiente para ganar y se ha confederado con otras familias mafiosas.
Esperemos que ahora, ya sin tantísimos miles de jueces y abogados, baje el coste de la nómina del narco Estado Español.
Es broma, España con su CENPHOCS y GENPHOCS es absolutamente corrupta, ministros, señorías y otras ratas de alcantarilla que pululan por las cortes y otras instituciones del Estado, asumirán para sí las jugosas nóminas de los extintos jueces españoles. Al menos, se ahorrarán el trabajo de sobornarlos cada día por alguna tontería como el asunto de los disminuidos.

GENPHOCS: Gobierno Español Nazi Penitenciario Homosexual Clima-sanitario
CENPHOCS: Caudillo Español Nazi Penitenciario Homosexual Clima-sanitario

Una vez has conseguido describir y escribir con exactitud lo que piensas, sientes, deseas y temes, no podrás dejar de hacerlo.
Codificarse en precisas palabras para conocer lo que un día fuiste, y luego descubrirte; es el sorprendente y más importante conocimiento.
No eras consciente de qué y quién eras en aquel momento o lugar, no te habías detenido para hurgarte dentro.
Cambiamos constantemente con las experiencias que vivimos, con sus accidentes, decepciones y alegrías si las hubiera.
No importa que no te guste lo que descubres de ti escrito en un cuaderno, importa conocer al verdadero bastardo que fuiste y mutó a algo, aún pendiente de su descripción por ese extraño a ti mismo que eres.

El viento ululaba poderoso y tenebroso entre las ramas desnudas y las frondosas perennes. Entre los retorcidos arbustos y las alegrías del viajero que, como arañas de algodón se ofrecen como alimento a la esperanza en los márgenes del camino.
De repente, una ráfaga de aire hacía del ulular un bramido de algo que cae y aplasta; tan fuerte que me hacía perder el equilibrio. El aire colisionaba tan rápido contra mi rostro, que no podía respirarlo, se me escapaba…
El caos me disolvía como una escultura de arena, creía diluirme arrastrado en partículas infinitesimales.
Y miré al sol, pidiéndole el calor que el viento me robaba: ¡Vamos hombre, no puede hacer daño un rayo de calor!
De repente la epifanía… Era ella y sus labios cálidos confortando los míos quebrados en un acto de indisimulada urgencia.
Apartó el viento de mis oídos para susurrarme cosas incomprensibles, secretos que me hacían vibrar el alma. Yo inclinaba el oído hacia su boca con un placer de ojos entrecerrados al hacerme cosquillas, tiernos escalofríos con sus labios percutiendo pegados a mi piel.
Siempre habla graciosa y rápida transmitiendo poderosamente la certeza y la paz de que todo está bien. Sus ojos esplenden rayos de amor como dos estrellas.
Algunas ramas descendían hacia mí porque el viento, absurdamente, soplaba demente del cielo a la tierra. Y me quité un guante para sentir sus dedos entre los míos.
Mi pierna-árbol de resquebrajada corteza rompió las raíces que la anclaban angustiosa y vergonzosamente a la tierra cuando ella alegremente tiró de mí.
No recuerdo cómo volé y por dónde de su mano, cuánto tiempo pasó hasta que me encontré frente al portal de casa.
Todo era ella en el mundo.
Recuerdo un último beso veloz como sus palabras de amor.
Mantengo el sabor y la calidez de sus labios aún en los míos como una prueba forense de su existencia.
Me sonreía con el cabello deliciosamente revuelto, montando una ola de viento hacia su mundo. Yo sólo acerté a decir: ¡Adiós, amor!
Como un apóstol, escribí lentamente su epifanía.
Para que la demencia no la olvidara.
Un testamento a nadie.
Un evangelio apócrifo en el que me refugio cuando tanto la extraño perdido entre el viento rugiente.
Releyendo o reviviendo lo imposible que ocurrió, mis dedos se mueven inquietos entrelazándose en los suyos.
Y durante un instante inconmensurable, la realidad se fractura y un viejo niño vuelve a sonreír con la mágica tristeza de un viento cálido escapándose entre sus dedos con el rostro aún iluminado por tres soles.

Foto de Iconoclasta.

Los hay que tienen un grave conflicto con el amor y sus imposibilidades.
Ocurre cuando existe el amor real y las posibilidades se escriben con el humo de un cigarrillo en día de viento.
Existen infinidad de formas para explicar y llorar las tragedias del amor; pero sólo son efectivas las crudas y precisas, sin eufemismos y circunloquios.
No existe forma alguna de conciliar el amor con la distancia y el tiempo cuando están desincronizados.
O arrancan juntos los dos latidos de los amantes o están condenados.
A la amistad, la fraternidad y el amor filial no sólo no les afecta la distancia y el tiempo; incluso con distancia y tiempo mejoran, se enaltecen. No son emociones carnales donde el sexo sella la unión del deseo y la ternura.
No te follas a los hijos para consagrar tu amor.
El amor de hombre y mujer es espíritu y carne. Y deben sincronizarse en el tiempo y las distancias: si estás en la vejez, debes ser consecuente, como si estuvieras a diez millones de años luz de distancia, en un planeta que explotó.
Si falla la espiritualidad, la carne sabe insípida y piensas en el precio cuando pagas.
Y si falta la carne, te quedas sólo con el cinco por ciento del total del espíritu. Que nadie piense que lo espiritual es vital, somos casi cien por cien animales, todo nuestro peso es carne; el espíritu es un pequeño porcentaje, ocupa un espacio mínimo entre los huesos, la carne y la piel.
Mientras intentas cuadrar ese amor por una vana y rebuscada esperanza imposible de materializar, las carnes se marchitan y los espíritus se desecan.
Es necesaria la madurez para reconocer la imposibilidad y acabar con el tormento que no conduce más que a la tristeza y desesperación.
Lo que ha de morir, debe morir.
Que el amor muera lenta e indoloramente, dependerá de cuánto deseo y tristeza has derrochado en cuadrar lo imposible. Aquel deseo y afán no satisfecho, al cabo del tiempo se convierte en un alivio al verlo muerto. Es una carga que te arrancas de los hombros y te lastraba en la tierra ardiente y doliente.
Es importante que a los amores que nacen muertos, a pesar de reconocerlo, darles un tiempo de expansión e ilusión para que se desengañen por sí mismos. Así evitas que espíritu y carne se desgarren con ese dolor de pesadilla que tanto tememos; el espíritu y la carne se acomodan a sus propios fracasos si les das tiempo.
Se debe hacer espacio, liberar ese cadáver de amor para otras posibilidades, el mundo no está lleno de amor; pero la soledad tampoco abunda, es una costosa gema.
Que cada cual haga lo que deba.
O lo que pueda.
Es fácil concluir que si llevas décadas viviendo en soledad, puedes morir solo sin ningún problema, puede que incluso tu muerte anónima sea grata.
Morir no requiere de explicaciones a nadie.
Tal vez caigas, ante la proximidad de la muerte, en la tentación de a quien amaste un día pedirle perdón por tu imposibilidad y torpeza; pero no sería bueno; pudiera estar viviendo un nuevo amor. Las palabras surgidas del pasado estropean y enturbian el presente. No necesitas humillarte y disgustar a nadie por un romanticismo que no existe más que para el egoísmo de darte importancia en el morir.
No importa cuán numerosos sean los amores fallidos, recuerda que consuelo de muchos es consuelo de tontos.
Ten clase, elegancia, llora lo que debas después de haber cumplido con tu deber.
Piensa en el soldadito de plomo y su bailarina: en la versión para adultos no quedó nada de ellos tras deshacerse en el fuego de la chimenea.
Cuando éramos pequeños la gente sabia nos preparaba para lo temible…
Y cambiaron a los sabios por idiotas y ahora engañan a los niños.
A lo mejor no fueron fallidos los amores.
Tal vez no es la palabra correcta o piadosa; pero qué más da el nombre del cadáver.

Foto de Iconoclasta.

Desde el antiguo puente del Raval, sobre el cauce del Freser, he sentido estar en el palco principal del Gran Teatro Planetario.
El cortejo fúnebre más bello.
Y yo solo y aplastado en el palco de honor por el peso de una belleza casi voraz. Sin ser nada, sin ser nadie.
Sin merecerlo.
Un ocaso tan hermoso como monstruoso.
Me pregunto qué veneno lleva el cielo, porque sé que las cosas más bellas del planeta son venenosas y cortantes para evitar que los mediocres las marchiten.
Las nubes parecían dirigirse a devorar los restos del sol agonizante, teñidas de sus últimos estertores lumínicos.
El sol en agonía…
La lucha del Este contra el Oeste.
Y al igual que ocurrió con la última corona lunar, nadie miraba la bellonstruosidad que pasaba sobre sus cabezas.
El espectáculo planetario, el desfile de la grandeza y del color.
Si la televisión o internet (el Estado en definitiva) no lo anuncia, nadie mira al cielo oscuro del anochecer.
Caminan con las cabezas gachas, con temor, con servilismo; como si llevaran un bozal que los humillara. Caminan con el reflejo sucio de un teléfono en sus ojos incoloros y velados, con el cerebro desconectado del planeta.
Son tan dolientes los colores…
Sin opción a filtros o corrección alguna, porque es una creación perfecta. Insuperable, inimaginable cuando te encuentras ante ella.
Y tan grandes los espacios, amor… Y nosotros tan pequeños que sólo puedo pensar que un fenómeno cósmico nos enfrentó y nos reconocimos en una fracción de segundo, con el ángulo exacto del tiempo y la luz.
Desde este viejo y pétreo púlpito, con las manos ateridas por el aire gélido que arrastra el río, observo este inefable y efímero momento de apoteosis. Apenas durará un minuto, el tiempo que el sol recorra tan solo un milímetro más hundiéndose en el camposanto del Oeste.
Todo lo bello está ahí, todo el arte y toda la grandeza.
Si estuvieras aquí… Hubiera cogido tu mano, no sé si atemorizado o epatado, buscando tu calor y la fuerza de tu cariño para que las nubes no me arrastraran a la oscuridad donde muere el sol.
Porque es tentador seguir el rumbo hacia el bellonstruoso ocaso de malva agonía.

Foto de Iconoclasta.