Archivos de la categoría ‘Maldito romanticismo’

El caballo no está en un cercado, soy yo el que nací dentro.
Me observa desde fuera.
La alambrada la instalaron para mí y unos miles de millones más que no la perciben.
El tan cacareado “pecado original” es nacer en cautividad.
Puede parecer desolador; pero a todo se acostumbra o sensibiliza uno.
La libertad sólo se puede obtener viajando a un lejano planeta decente que puede que ni siquiera exista.
Así que no hay otra que habituarse a las alambradas y los hijos de puta que las tendieron y siguen tendiendo.
Me mira con indiferencia, tal vez con cierta compasión de ver a un animal incapaz de ser libre. Y debe concluir, como yo tras años de cautiverio, que visto uno vistos todos.
La especie humana cayó en manos de un timador y la libertad se fue a tomar por culo, incluso la del puto estado de mierda.
No sé a qué viene eso de la inteligencia de la especie humana.
Y mucho menos su valor.
Hay que escapar de La Tierra como sea, porque esta tristeza vital desarrolla tumores malignos que extingue a los humanos dentro de sus cercados.

Foto de Iconoclasta.

Hay repentinas ternuras que estremecen las emociones y te hacen perder un par de latidos del corazón.
Con las que ya no puedes teorizar sobre la existencia de los sentimientos en los animales no humanos.
Y eso me lleva a pensar en la angustiosa y peligrosa inocencia que los desprotege tanto de los animales humanos. La inocencia es lo que realmente los define como no humanos.
¿Cómo no contagiarse de ellos repentinamente?
¿Cómo no sentirme de pronto un cabrón?

Foto de Iconoclasta.

El otoño es el Sr. Melancolía que suaviza las estridencias de nuestra vida para prepararnos a la crudeza del invierno.
¿Qué sería de la cordura humana si pasáramos de la calidez a la gelidez al instante, sin tener tiempo de evocar y añorar tiempos amables; consolarse de que llegará la templada luz y su color de nuevo?
Tiempo para crear esperanzas y despedirse un poco más relajados.
Y pienso que algo falló en mi concepción porque siento la tristeza de que el otoño es tan breve…
Saludo al Sr. Melancolía con un “¡Al fin, jefe! ¿Por qué ha tardado tanto?”.
Nací gris y quiero mi mundo gris.
Soy congénitamente melancólico, es posible que naciera un poco muerto.
Un ser de sangre fría…
Son cosas que no se pueden elegir. Y está bien, no me molesta.

Foto de Iconoclasta.

Hoy es el día de los muertos, otros lo llaman el de todos los santos.
Sinceramente no creo que hasta la fecha, desde que surgió el primer primate humano, se haya muerto ningún santo y mucho menos lo hayan enterrado; o como se dice hoy día: “reciclado”.
La verdad es que tanto me da, a pesar de tener una buena colección de muertos en mis recuerdos. Mi madre reiría por esta ocurrencia; pero no era santa.
Los santos son paradigmas de pobreza y humildad que el estado/dios inventó y sigue creando para que los pobres sientan orgullo de serlo y, no dejen de alimentar y cebar al estado/dios.
La chusma no piensa o no sabe que el cerdo o estado/dios tras haberse cebado debe ser degollado porque sigue comiendo mucho más de lo que ofrecerá ya muerto.
Pero la chusma no ve al cerdo, ve al caudillo, al presidente, al ministro, a un general, al rey, al papa/rabino/ayatolá.
Y el cerdo engorda y lo aplasta todo porque los santos no degüellan a nadie, sólo quieren vivir míseramente orgullosos, cobarde e inmóvilmente humildes y celebrar a sus “santos” con ese infantilismo adulto tan propio del retraso mental o enfermedad neurodegenerativa.
Así seguirán con su orgullosa y patética humildad hasta que sea perentorio matar al cerdo o morir de hambre; pero en ese instante será tarde porque serán demasiado pobres y débiles para resistir el peso del cerdo.
Está bien, nada nuevo bajo el sol. Es algo cíclico, las guerras llegan, mueren los que deben y vuelven a adorar y cebar a un nuevo cerdo.
He visto a un árbol solitario alzar sus ramas esqueléticas al cielo otoñal, clamando la desdicha de su desnudez. Otro invierno que llega, otra prueba de muerte.
Tal vez no sea capaz de cubrir con hojas sus ramas en la próxima primavera.
Está muy lejos de pensar en los santos y el cerdo.
Le he deseado buena suerte aún que está vivo.

Foto de Iconoclasta.

He visto un extremo del arcoíris tocar la montaña y parecía refulgir oro la tierra, los árboles y las cosas.
Si dios existiera no sería tan bello y mágico.
Tan monumental…
He sentido que ha valido la pena vivir para llegar a este momento, incluso con la pierna podrida. No importa.
También he jurado que si alguien me impidiera ver esta magia le cortaría el cuello y por el tajo le arrancaría los pulmones.
No existe dios, ni la bondad.
Existe el arcoíris y sé dónde nace o muere.
Ya no necesito saber mucho más.
Pero morir será ahora un poco más triste…
No importa, pensaba morir sin verlo hasta hace unos segundos.
No existen los paraísos, sólo los bellos azares.
Tengo la prueba, tengo el efímero tesoro tatuado en las retinas.
Es hora de fumar como si hubiera follado.
Bye.

Foto de Iconoclasta.

De repente te aíslas del rugido del agua, de las voces y la lluvia seca; el crepitar de las hojas muertas que caen y pisas.
Mantienes la respiración porque algo va a ocurrir.
Y el silencio lo llena todo…
El silencio despliega el telón de un momento de inusitada belleza y paz.
El agua, la fronda y la garza parecen girar en un caleidoscopio hasta fijar el momento perfecto de la serenidad y la armonía. Y provoca un vértigo en el pensamiento.
La garza está ahí porque puede, es la pura esencia del ser, sin necesidad alguna, sin vanidad. De hecho, es ajena a todo, hasta tal punto que niega mi existencia.
Yo no existo y ella es el único ser vivo de ese mundo que ha sido revelado.
¿Sabes, cielo? Así te sueño, en el momento perfecto. Yo manteniendo la respiración, inexistiendo para que nada enturbie tu mundo al que aportas fascinación. Soy un admirador fantasma, un testigo accidental e intangible de cosas hermosas.
No está mal mi privilegio para ser un fracasado…
Hay momentos de melancólica dicha que parecen ríos de agua tibia corriendo bajo la piel.
Adiós garza.
Adiós, mi amor.

Foto de Iconoclasta.

Ser voyeur no tiene nada de lo que sentirse especialmente orgulloso; pero sí que te lo pasas un rato entretenido.
Y bueno, mientras mueres te puedes permitir ciertos derroches de tiempo. No soy avaro con el tiempo, existe para agotarlo.

Tras cada dios y estado hay una caterva de hijos de puta pregonando el sacrificio, pobreza y humildad o humillación al dios/estado para que ellos, administradores de su dios/estado maricón y psicópata, recauden todo el trabajo y esfuerzo y parasiten la vida de la plebe, prometiéndoles la grandiosidad del cielo o un futuro mejor para sus tataranietos cuando mueran secos, miserables, obedientes y engañados.
Que su muerte sea el gran viaje a nueva vida y un mundo mejor para los que quedan.
El paraíso para los retrasados mentales ni más ni menos.
Esta es la base común a toda religión/estado sólo cambia la liturgia, retórica y las mutilaciones corporales de los crédulos o plebe para que follen menos y produzcan más beneficios al dios/estado.
Y entre toda la liturgia, el cambio de horario entre invierno y verano es otra de las eucaristías y mandamientos del cochino y maricón dios/estado muy común en muchos países del mundo. Una medida que ayuda a que las gallinas y gallos humanos pongan más huevos y se engorden más rápidamente; pero ante todo que aprendan de una puta vez que es el dios/estado quien ordena salir y ponerse el sol. Algo básico en la plebe insectil o cariñosa y eufemísticamente conocida por globalidad.
Sólo que las gallinas humanas carecen de la vistosidad de las reales y decentes gallinas y pollos y no sé si se sienten ofendidas por el símil de las gallinas humanas.

Fotos de Iconoclasta.

Hay gente que no puede morir porque ya está muerta aunque se mueva estúpidamente. Sólo se descomponen y se consumen sin dejar siquiera ceniza.
Nacieron cautivos y prácticamente muertos de voluntad.
Sin embargo, los patos están a salvo. Si han de volar contra el viento, vuelan. Tienen mucha vida, la suficiente para hacerlo.
No tienen que sentirse libres porque desconocen la cautividad, es connatural en ellos no divagar sobre estas cosas.
Tienen lugares a donde ir, cosas que hacer y no rendir cuentas a un estado/dios esclavista.
Son libres sin otra consideración más que su desconocimiento de la esclavitud o cautividad.
Por ello, esclavos y cautivos son muertos vivientes, sin voluntad, sin determinación. Viven con el único fin de acatar y obedecer. No han conocido la libertad y no sabrían qué hacer con ella si se la dieran.
Me provoca una gran melancolía ver marchar a esos escandalosos patos. Siento que las esperanzas de libertad se van con ellos a otros lugares, a otros mundos ajenos a los humanos.
Y a veces quiero llorar de rabia y resentimiento. Regar mi tierra de mierda con mis lágrimas cautivas y rencorosas por la libertad que me han castrado.
Entiendo las ansias de violencia que asumo con la misma vehemencia que el crédulo la sagrada hostia entre sus dientes.
Volar nada tiene que ver con la libertad que es el conocimiento de uno mismo y obrar según tu naturaleza dicta.
Los pilotos no vuelan, flotan en una cabina, encerrados. O los paracaidistas, cautivos de sus cuerdas, a merced del viento. Los barcos son cárceles flotantes que no buscan libertad, sino otra prisión donde atracar.
No, eso no es libertad por mucha poesía que le metan. Es una patética ilusión y un engaño para esconder la frustración de lo que nunca podrán ser: libres.
Los animales nacidos y criados en cautividad ya no son aptos para vivir libres. Y los urbanícolas son primates nacidos en cautividad que viven en su propio zoo acotado física y mentalmente por alambradas de corruptas leyes dictadas por el estado/dios para su propio beneficio, el maleficio para los cautivos; su pecado original presente en todas las sectas políticas y religiosas.
Yo debería vivir como los patos, caminar hacia dónde el horizonte me tiente y usar las aduanas y fronteras como cagaderos.
Estamos muertos, nacimos muertos…
Volved pronto, volved con un atisbo de esperanza.
Por favor…

Fotos de Iconoclasta.

La gracia de la fotografía está en que captas estrictamente lo que deseas sin interferencias perimetrales y un día decir que estuviste ahí dentro.
Puedes extasiarte ante lo que te gusta o de alguna forma te fascina y evitar el contexto, el entorno.
Y crear un mundo mejor, como debiera ser; lo que el dios/estado jamás pudo hacer porque la codicia y la ambición pudren toda gracia.
La fotografía es un radicalismo íntimo y voluptuoso, excluir lo que no quieres o no soportas.
Un hedonismo indiscreto.
Mirar por un agujero, aislarte dentro de ese túnel que es el objetivo.
Mi cámara es refugio y sala de estar.

Foto de Iconoclasta.