Archivos de la categoría ‘Maldito romanticismo’

Secretamente la excita menstruar, la sangre que forma un fango viscoso y cálido en su coño provoca deseos que esconde en un ademán, en un suspiro, en un tono de voz. En un descansar, tal vez, demasiado sensual.
Dice que no; pero los muslos se separan ante mis dedos que hurgan en las bragas y se deslizan despegando la compresa de los labios constreñidos. Y no puede evitar gemir ante la invasión de la mano aliviándola de la asfixiante mordaza en su coño.
La vagina arde y palpita en mi mano anegada de su vida misma.
Temo correrme sin tocarme, sinceramente.
Mis dedos literalmente despojan a la sangre de su dolor. Y suave se adivina emerger un orgasmo sereno y potente. Mis dedos y la ruda textura de la compresa forman un caos ahí abajo que eriza sus pezones.
Me empuja los dedos con los suyos a lo más profundo.
No es fetichismo, no es por la sangre; es el placer per se.
La paranoia del deseo atávico, sin contemplaciones.
No importa dónde, no importa cuándo, no importa cómo.
Importa correrse.
Importa sentir su paroxismo de placer. La sangre amasada y coagulada entre mis dedos y uñas es solo consecuencia, no es devoción.
Si no fuera incrédulo diría que es la comunión de la carne y la sangre.
San Valentín ha tirado baja la flecha.
Y en eso estoy, reparando su mala puntería.
O tal vez perfeccionándola.
Se arquea en el clímax con los dedos ensangrentados aferrando mi pene.
Es el día de los enamorados inescrupulosos…

Iconoclasta

¿Y si solo soy el argumento de un mal guionista?
Un libreto negado.
Unas horas perdidas.
Algo que no vende.
¿Existirá semejante ser capaz de imaginar un hastío tan monumental?
Deberían pegarle un tiro en la cabeza para acabar con su sufrimiento.
Sobre todo con el mío.
Y se cree un carismático atormentado.

Ocurre que a veces me encuentro desprevenido, indefenso ante el drama de un pasaje literario o una escena cinematográfica.
Con la guardia baja.
Es muy embarazoso cuando el llanto se agolpa al borde mismo de los párpados.
Jamás parpadees.
Cualquier movimiento volcará las lágrimas y costará dios y ayuda de parar.
Da gracias a la soledad, a la intimidad.
De que nadie sepa.
De que nadie vea.
Me siento invadido de lástima hacia esos personajes que sufren aquí y ahora ante mis ojos; las coordenadas del presente y el ánimo: la realidad.
La mía.
Es vergonzoso llorar por tamaña banalidad.
Me siento idiota.
No es por el drama exactamente. Quisiera que existieran los que sufren.
Son buena gente.
Y quedo abandonado, perdido en esas coordenadas ilocalizables en ningún mapa.
Perdido en mi realidad, no los encuentro.
El llanto es por su inexistencia, no han nacido.
Pobres míos…
Que la aflicción se derrame secretamente.

Iconoclasta

De los variados objetos de escritura manual, tal vez sea el roller (un híbrido entre pluma estilográfica y bolígrafo por su trazo) el que requiere más esfuerzo, habilidad y cuidado para escribir con rapidez y dar legibilidad al texto.
Porque el roller tan suave, tan nítido y tan fina y bien calibrada la bola de trazado; literalmente resbala en el papel, e incluso derrapa espectacularmente.
Su trazo es mucho más sólido y preciso; pero esa rapidez te puede sacar de quicio si pretendes escribir relajadamente.
En definitiva, el roller es para competir en velocidad.
Y pluma, boli y lápiz para recrearse y relajarse.
Si eres tan hábil como yo no hay problema con el roller; pero si al escribir tomas entre los dedos de forma rara y exótica (esas que están de moda gracias a los zurdos del cine; la inclusión es irritante por imbécil) tu procesador de textos y sus sufrimientos; y además sacas la lengua al escribir, será mejor que uses un bic transparente, de esos que tienen la punta del tamaño de una canica para niños con las manos grandes y te dará menos disgustos, cansancio, vértigo y sus mareos.
Y si no te importa ser efímero, un lápiz con la punta tan roma, que en lugar de escribir, pareciera que esculpes como los Picapiedra sus notas.
Y ya.
Ponte a escribir y déjame en paz.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Pedir deseos y que se cumplan, aunque sea a costa del sacrificio de otro ser…
Hay que ser mezquino.
Bien, froto la lámpara y deseo ser super mega billonario en euros de curso legal.
Es importante especificar bien lo que quieres, los genios son unos hijos de puta muy irónicos y guasones. Si no eres cuidadoso te podrías ver cubierto con “euros” del Monopoly.
Es el problema con estos genios volubles y endiosados, se creen muy listos.

Cuanto más pretenden educarme, mayor es mi hostilidad y rebeldía.
Nadie tiene nada que enseñarme.
Sé lo que he necesitado aprender. Y una vez aprendido, me he dedicado a adquirir conocimientos libremente.
No voy a perder mi vida aprendiendo mierda.
Porque aprender es absorber un método y un código para interactuar en sociedad.
Y yo lo he aprendido todo. Lo que quieran obligarme a aprender, se lo pueden meter vía rectal, hijos de puta.
No es casualidad que piense como lo hago. No es casualidad el desprecio que siento hacia una sociedad imbécil.
Cuanto más aprendes, menos eres tú y más asfixiantes son ellos, los mezquinos, los vulgares. He tenido algunas cositas que desaprender para sentirme libre y salvaje.
Aprender es para los niños, y yo hace mucho tiempo que escupo una leche cremosa por un pijo, por el capullo. Pretendieron enseñarme que lo correcto es glande.
Elijo cada palabra con precisión, con voluntad, con la suficiente displicencia para dejar claro que nada aprendo y algunas cosas por las que tanto se esforzaron enseñarme, están pegadas en una tira de papel de limpiarse el culo.
Mi idea del mundo y quienes lo forman está forjada en una fragua poderosa que hay dentro de mi puta cabeza.
Cualquier ideología, dogma o fe, es agresión.
Pasó el tiempo de aprender. Mi método para vivir en esto que me rodea es adecuado.
La ideología o fe es algo anal. Y por el culo solo salen las cosas, no entran.

Iconoclasta

¿Cómo quieres que no te grite si te amo tanto?
Soy tu super amante y mi super pensamiento surge de mí rompiendo la barrera del sonido y tu ropa interior.
Lo siento.
No lo siento, luzco con vanidad mi super erección.
Estás hermosa con el sujetador desgarrado colgando de los hombros.
Con las bragas rotas que dejan desnudo parte del monte de Venus.
Y tu cabello alborotado, como cuando te corres.
Sucede a menudo que, no sé si te escribo o te super follo. Se me pone tan dura que me duele amarte, en el pijo y el corazón.
No puedo evitar esta desesperante y húmeda super dureza cuando te super pienso.
Es orgánico amarte.
¿Cómo evitar lanzarte mi super amor cuando mantienes mi cabeza sujeta entre tus muslos y jadeas y no me permites respirar y solo beberte? ¿Eh?
¿Cómo no gritarte mi pensamiento cuando manejas mi rabo sin cuidado y lo maltratas y te lo comes y te lo metes y haces de mí una cosa?
No puedo evitar la potencia de amarte y enviarte una super ráfaga de deseo.
Soy tu super amante…
Se me escapa un super pensamiento de demanda de piedad cuando tus dedos gotean mi láctea alma que me has extraído, exprimido.
Mis huevos se contraen con espasmos, vacíos entre tus dedos.
Y me conviertes en tu obsceno super trofeo.

Iconoclasta

Hay razonamientos subhumanos que por un efecto simpático global o insectil, llevan al poder a auténticos subhumanos también.
No trato de resolver algo irresoluble.
Tan solo me limito a remarcar una tendencia de la humanidad que me está dando muchos disgustos para la poca fracción de historia que he de vivir.
Con esto no quiero decir hijos de puta por subhumanos. Líbreme dios a pesar de mi humano ateísmo.
Escribir y hacerlo bien, siempre conlleva, si no alegrías, sí estreñidas risas.

No deja de fascinarme que toda aquella frondosidad de hace cuatro meses atrás se haya convertido en un poblado fantasma de esqueletos de árboles.
Xilocementerios…
Sus ramas tan desprotegidas de hojas como los huesos de mi padre de carne.
Y el río se arrastra satisfecho de su trabajo, se llevó al mar los cadáveres-hojas y está limpio de vida.
Las malas hierbas que trepan por los troncos rematan a los agonizantes.
Tal vez no sea tal tragedia.
Se dice que cada cual cuenta la feria según le va.
Yo lo hago.
Jamás ha sido mi intención dar esperanzas de renovación a nada.
No soy profeta o patriarca, solo juzgo en base a lo aprendido.
Y digo que hasta que no llegue la primavera, no sabré cuantos han muerto.
Me siento bien entre vivos y muertos, con ambos callo y pienso de la misma forma.
Todo lo que me rodea, vivo o muerto a efectos prácticos, es puro ornamento.
Es la sólida base sobre la que se edifica la soledad.
No me quejo, simplemente hablo en voz alta ante la inexistencia absoluta; todo lo solo que puedo ser mientras vivo.
No niego que podría ser un pensamiento podrido arrastrado por el río.
¡Psé!
Bien, es algo que no puedo controlar, no puedo corregir.
Me place la desidia de ser mera decoración.
La muerte es descanso porque tiene esa liberación de dejarse llevar y no hacer nada.
De podridos al río… Es la versión literal y cruda de la sentencia popular. Solo para humanos formados.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.