No es fácil follarla. Sí que es fácil en cuanto a que ha nacido para acelerar la libido hasta la eyaculación precoz con solo intuir su presencia. Pero cuando habla… Aunque su escote te deje bizco, no quieres que calle y los minutos pasan escuchándola postergando la carnalidad. Cada palabra que emite es un pedazo de su alma que flota como diente de león girando en tu cerebro. Es lógico plantearse si taparle la boca y metérsela. O cuando hablando y gesticulando te dejas hipnotizar y luego, ya libre del poder de su alma, te haces una paja más sosegado. Me gustaría de veras, ser un cerebro-polla de esos que no saben respirar por la nariz y se la meten a la puta quedando servidos para toda la semana. Tal vez donar, aún que estoy vivo, algunas partes de mi cerebro a la ciencia. Y así, libre de intelectualidad alguna, follarla a bocajarro, animalmente. Porque su silencio es la banda sonora de la plenitud, su respiración es toda una experiencia sensorial. Mierda… De verdad que no es fácil follarla, ni no follarla. Hay días que todo rima con olla y no hay forma de serenarse. Ella manda y mis huevos duelen. Es una de esas constantes universales que has de saber para no creer que todo el campo es orégano. Es un asco ser macho metafísico, tener cerebro de más.
Los personajes buenos e ingenuos me dan cierta lástima en este mundo de buitres y hienas. Las buenas personas vale la pena pensarlas, hay tan pocas que es terrorífico un mundo sin ellas. Que desaparezca una sola es dramático. Así que cuando veo un buen personaje en una película o una persona que sonríe sinceramente al verme, no puedo dejar de sentir cierto temor por lo malo que le pueda pasar. Son presas fáciles. Aunque sé que si han llegado a adultos, no necesitan nadie que los defienda. Es tan infundado mi temor como instintivo. Tal vez sea porque el débil soy yo. A mí me ha pasado y no soy buena persona. Me he tropezado con tantos malos siéndolo yo también… Todas las personas buenas mueren antes que las malas. Es lo que he aprendido. Mi padre murió con cuarenta y cinco, yo tengo sesenta y uno. ¿Soy dieciséis veces más malo que él? Pobre padre que me quería sin imaginar lo malo que soy. Pobre padre…. Solo estuve con él dieciocho años, y las tres cuartas partes de ese tiempo durmiendo y en el colegio. ¡Pobre padre! Quedaron ciertos sueños rotos. Me crispa los dedos el recuerdo de su carne fría cuando lo tendieron en la cama a la espera del ataúd. Ahora que soy viejo y contabilizo demasiados años temo que no me hubiera querido. No sé qué ven los demás de mí. Mi vanidad produce una gruesa capa de indiferencia. Pero tú no eres la humanidad, tú importas. Importabas un millón de cualquiera que sea la unidad de medida. ¿Y si no sonríen sinceramente al verme? Tal vez haya coincidido que hubiera alguien detrás de mí y le sonrieran a él. Qué ridículo, padre… Estoy viviendo tanto tiempo como los malos, como lo peor. Lo que queda en La Tierra. Pobre padre ingenuo. Aquel día todo salió mal para siempre con tu muerte. He aprendido que algún dolor cárnico no se va nunca, siempre duele, pulsa, acaba con tu ánimo apenas ha empezado el día. Y sigue doliendo mientras duermes, no hay manera de encontrar la posición para que cese. Tu muerte no me duele ya; pero me avergüenza porque he vivido más que tú, como los malos. Pobre padre… Yo no quería ser tan malo. Creía ser idiota, pero tan malo… ¿Y si era bueno y al morirte me estropeé? Es una posibilidad que me tranquiliza. ¿Ves cómo soy un hijo de puta? Te estoy responsabilizando. Qué puerco… Nací malo, pobre padre. Alguna aleatoriedad de la que no tuviste culpa. ¿Dónde quedaron las cosas que no pudieron ya ser? ¿Hay una oficina de sueños perdidos? ¿De padres muertos? ¿De madres? Pobre padre… ¿Dónde te puedo encontrar? No me olvido de tu rostro, ni de tu voz. Soy asquerosamente inmune a la amnesia. Siempre he pensado cómo hubieras sido de viejo. No sé… Tal vez sea una tontería, pero colecciono todas las banalidades de los seres que amo y me las meto en un bolsillo del corazón. Duele la presión, pero es que no quiero que no duela. También me siento débil con cierta frecuencia desde entonces que me quedé yo solo conmigo y mi maldad. Quiero pensar que el manto de la muerte me cubre despacio, que el malo por fin ha de pagar. Que se desprenden de mí como piel muerta los cadáveres de las ilusiones que tengo dentro. Y por ello no lucho con entusiasmo para aspirar aire, si algo es bueno no debes estropearlo. Déjalo que haga, déjalo que mate. Lo bueno de la muerte es que mata el dolor también, es buena gente… Y la carne podrida, como si no existiera. Bien, mis besos a la muerte. No quiero acumular más años de maldad o mezquindad. Ha de acabar ya esto. Quiero ir contigo ahora y que me digas exactamente qué tipo de cerdo soy y qué he de amputarme. No te creas que no pienso en madre; pero no tengo nada pendiente con ella. Me quería incluso cuando me hice adulto y se mostraba en todo su esplendor mi mezquindad. Y me quería así. Qué tonta. Pobre madre… Todo se muere a mi alrededor. ¿Qué pasa? Te engañaste, pobre padre. Cuando buceo dentro de mí, no puedo evitar pensar que fui un fraude. Ser malo no siempre es ser indigno. Y la indignidad pesa. Debo decirle a mi hijo lo que soy. Que tiene un padre que vive más de lo que se merece. Porque indigno no es una buena forma de morir. No quiero perdón, ni siquiera me he planteado que tuviera que pedirlo por nada. Pero ¿indigno para mi hijo? Eso no es forma de morir. ¿Si yo no hubiera nacido estarías vivo, padre? Es un problema que me corroe desde que empecé a ser más viejo que tú. Cuando cumplí cuarenta y cinco y pasaban los días y no moría, me dije: Ya está, yo también soy un hijo de puta viviendo demasiado. Y aquella vez que se me llenó un pulmón de sangre y cada vez que respiraba me salía por la boca, me dije: bueno, dos años de diferencia… Cuarenta y tres solo son dos años menos que padre, somos casi iguales de buenos o malos. Es aceptable. Pero el hijo puta no se murió, está visto que mi misión era ser muy malo. Tal vez aquello dolía demasiado y por eso me confundí. No pensaba en vivir, solo quería que, por favor, dejara de doler aquella lija que se arrastraba por dentro de mí. ¡Uf! Y huyendo de aquel daño masivo, crucé de nuevo la frontera hacia la vida. Quisiera lavar mi alma de lo que me hace tan longevo, si la tengo. Dejaré de existir, lo sé; pero no quiero tener esta carga en el momento de morir. Preferiría ser menos mierda. Y aquí acaban mis palabras inútiles y queda eternizado mi ridículo. Al menos que nadie crea que me sentía un buen tipo a grandes rasgos. Pobre padre… Te moriste queriéndome. Pobre padre ingenuo. Pobre padre, mal hijo. Tiraste margaritas al hijo… Al cerdo. Un error de cálculo tuyo. No te creas perfecto, solo amado. Querer por querer es una imprudencia temeraria. Y una injusticia. Y ahora que muero más que vivo no quiero engañar a tu nieto que no conociste. A ninguno de los que te observan en las fotos pensando como hubiera sido el abuelo Paco. Aquella mañana despertaste vivo. Y de repente muerto, sentado tu cadáver en la silla que acarreaban los enfermeros para meterte en casa, porque no entraba una camilla o silla de ruedas en el ascensor. No sé qué pasó luego durante dos o tres horas que se me perdieron… Pudiera ser que corrí a buscarte para meterte otra vez en ese cuerpo muerto. Y lo hice mal. Ni siquiera lo intenté, solo lloré como un maricón. No sé… El universo se disolvió y yo con él. Me duele la cabeza. Necesito no vivir. Yo mismo me maldije: lo malo vive más que lo bueno. Y no puedo ni quiero cambiar de opinión. No quiero añadir la hipocresía a mi indignidad. ¿Escribiste alguna vez con la cabeza doliéndote como si fuera a estallar? ¿Cómo la mía ahora? No mola. Es una putada. Pobre padre… Qué desolación, papa…
Hay días en los que quisiera dar las buenas noches a las estrellas y a ti a mi lado. Sin palabras escritas, con la inmediatez de la proximidad. Hay días en los que quisiera dar los buenos días al sol, y a ti frente a mí. Sin tristeza escrita. Hay días en los que quisiera decir te amo a la vida y a ti entre los brazos. Sin tinta, con un jadeo en tus labios. Hay días que quisiera acabar el día con la última palabra en tu oído, en la oscura e íntima horizontalidad de la noche, sin papeles mojados lanzados en el rincón lóbrego de los deseos muertos. Hay días en los que quisiera dejar escapar la última silaba de mi palabra entre tus labios, en un desfallecer. Y saber que al día siguiente, en nuestra íntima mañana y tu rostro dorado como la arena al sol, susurrarte el tierno cuento de los dos ángeles que no pudieron ser. Que dios tenía tantos ángeles a los que dar sus alas, que cuando dos cogidos de la mano llegaron a su presencia, se le había agotado el pegamento. Y se le escapó un estornudo tan fuerte en aquel instante, que fueron arrastrados por su viento todopoderoso y sus manos se soltaron. Sintieron un desgarro en el alma como si se hubieran roto las alas que debían tener, cuando sus manos se quedaron vacías. Y caían infinitamente solos a La Tierra. Y dios les gritó desde el trono: ¡Tranquilos! ¡Os envío a Gabriel para que os traiga de nuevo desde la tierra! En cuanto acabe el desayuno se pone en marcha. Y recordadle que compre pegamentooooo… Y hay días que quisiera decirle hola a Gabriel con cierta displicencia, porque los momentos en el cielo son casi vidas en La Tierra. Y tú llegabas con él con cara de niña disgustada; pero se te escapó una risa al verme. Hay días que quisiera que los cuentos fueran reales y recuperar los momentos perdidos, los que ni siquiera pudimos imaginar. Arrancarte al fin de la mano de Gabriel y tomarte yo. Decirte sin palabras escritas, que no te sueltes, que si dios estornuda, nos agarramos a su barba y se joda si le duele. Quisiera no escribir más tonterías. Dejar de escribirle a dios que cuide su resfriado y que Gabriel es negligente y que no hay derecho. Y así dar los buenos días a tu sonrisa tras la taza de café y desnudarte de las alas. Que dios mire a otro lado con embarazo. Quisiera un día dejar la pluma en el cajón y su tinta del color de la melancolía, que ya no sea necesaria; pero miro el reloj y cierro con fuerza la mano que sostiene la pluma, porque es tarde. Entre dios y Gabriel, escribieron un cuento de tristes sonrisas de ángeles de plomo sin alas y un bote de pegamento vacío. Hay días que no deseo escribir un final que duele un millón. Y estiro las palabras para que sin darme cuenta, como si durmiera, el final no sea jamás escrito. Solo dejar unos puntos suspensivos. Como un tic sin…
She’s a rainbow (Ella es un arcoíris), es una bellísima canción de The Rolling Stones, de 1967. Forma parte del álbum Their Satanics Majesties Request (Sus Satánicas Majestades Solicitan).
He escrito los versos de la letra traducida del inglés y resaltada en negrita, para responder a cada verso en texto normal con la torpeza y la urgencia de mis emociones, de la ternura, del amor que rompe los corazones y los recompone y los pinta y los saca fuera y los mete dentro…
Que los Rolling me perdonen.
Y ella por mi torpeza.
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Ella trae colores a todas partes
está todo tan oscuro, mi amor…
y el cielo me pesa en los hombros
peina su cabello
cada mañana la sueño así a ojos abiertos, y desespero
es como un arcoíris.
solo ella puede dar color a mi sangre
Llegan colores en el aire.
cada vez que aparece, con su mirada…
¡Oh, por todas partes!
en todos los rincones de mi mundo y dimensión
Ella viene con colores
¡Como os espero!
trae colores a todas partes
mi amor hace magia
peina su cabello
y coquetea consigo misma
a veces, con una melancolía hermosa en la mirada.
es como un arcoíris.
es un rayo de amor y deseo
Llegan colores en el aire
y su voz arrasando mi serenidad
¡Oh, por todas partes!
¡Oh, desesperación!
Ella viene con colores
es la fuerza armada de la esperanza
¿La has visto vestida de azul?
la he besado en todos los colores
Ves el cielo enfrente de ti
y crees estar loco de contento
y su rostro es como una vela
plena de mis besos al viento
de un color tan hermoso y pálido
que siento ser cosa sin vida
¿Has visto a una mujer más bella?
es imposible, no hay cosa más hermosa
Ella trae colores a todas partes
no cesa, contagia el mundo de luz y color
peina su cabello
¿sonreirá pensando en mí en algún momento?
por favor…
es como un arcoíris.
es un trallazo de amor que deslumbra
Llegan colores en el aire
y se prenden en mi piel ceniza
¡Oh, por todas partes!
en toda mi carne
Ella viene con colores
soy un dibujo sin colorear sin ella
¿La has visto toda en dorado?
y he sentido mi alma retroceder al corazón mismo
Como una reina en la antigüedad
siempre existió, nací para ella
dispara sus colores a todo alrededor
no tiene piedad con su desmesurada sensualidad
como una puesta de sol
como una diosa
¿Has visto a una mujer más bella?
da terror no ser suficiente para ella
Ella trae color a todas partes
como si fuera fácil
peina su cabello
y cubrirá mi rostro con él en una caricia vertical
La primavera tendrá mucho trabajo para cubrir lo que el invierno devastó. El caos que creó. Necesitará millones de hojas para cubrir la vergüenza de los árboles desnudos. Pero esa destrucción no obsta para caminar serenamente. Incluso el ave podría volar, y sin embargo deambula majestuosa. No hay fronda o color que distraiga o disimule los cables de la humanidad y sus postes de progreso. Pero tampoco somos delicados. Somos bestias de aquellas del “camina o revienta” por donde sea y como sea. Yo reviento, el pájaro no, está en mejor forma que yo. Aunque padece un ataque de vanidad aguda. Se exhibe con demasiada prepotencia para mi gusto. Pájaros… A pesar de mi cultivado cinismo, sin drama alguno se me escurre un lirismo que se derrama de los ojos a mi mano que lo escribe: los cables tendidos forman un pentagrama vacío. Una música que nadie escribió. O murió, como los árboles están aún en coma. Tal vez el músico simplemente tenía frío y no prestó atención al pentagrama triste y sin música. Suele pasar que la tristeza y la piedad atacan en cualquier momento, cuando parece que no hay peligro. Soy yo el pentagrama vacío. Cielo… ¿Dónde estás amor, para escribir las notas que no son, o no pudieron ser? No importa el decorado, sea infernal, invernal o primaveral; siempre encuentro un lugar para ti en mi mundo. Una urgencia para que llegues. Aquí, donde me he dado cuenta de que soy una nota caída, abandonada por su compositor. Una música que murió sin sonar… Siempre encuentro una causa para fundir mi pensamiento con el tuyo. Si no existieras ¿qué sería de mí? Soy tenaz amando, no hay nada que lo impida. Bueno… Morir es trampa, eso no vale para este caso. Si muero me llevo el punto ganado. Ven, cielo. Llega a mí y compón la canción olvidada, cuelga las notas precisas en este caos. No quiero ser desolación, no más. No quiero ser lo que pisa el ave. Quiero ser lo que te abraza y tú susurras las notas de la canción que no fue en el pentagrama abandonado. Por favor…
Secretamente la excita menstruar, la sangre que forma un fango viscoso y cálido en su coño provoca deseos que esconde en un ademán, en un suspiro, en un tono de voz. En un descansar, tal vez, demasiado sensual. Dice que no; pero los muslos se separan ante mis dedos que hurgan en las bragas y se deslizan despegando la compresa de los labios constreñidos. Y no puede evitar gemir ante la invasión de la mano aliviándola de la asfixiante mordaza en su coño. La vagina arde y palpita en mi mano anegada de su vida misma. Temo correrme sin tocarme, sinceramente. Mis dedos literalmente despojan a la sangre de su dolor. Y suave se adivina emerger un orgasmo sereno y potente. Mis dedos y la ruda textura de la compresa forman un caos ahí abajo que eriza sus pezones. Me empuja los dedos con los suyos a lo más profundo. No es fetichismo, no es por la sangre; es el placer per se. La paranoia del deseo atávico, sin contemplaciones. No importa dónde, no importa cuándo, no importa cómo. Importa correrse. Importa sentir su paroxismo de placer. La sangre amasada y coagulada entre mis dedos y uñas es solo consecuencia, no es devoción. Si no fuera incrédulo diría que es la comunión de la carne y la sangre. San Valentín ha tirado baja la flecha. Y en eso estoy, reparando su mala puntería. O tal vez perfeccionándola. Se arquea en el clímax con los dedos ensangrentados aferrando mi pene. Es el día de los enamorados inescrupulosos…
¿Cómo quieres que no te grite si te amo tanto? Soy tu super amante y mi super pensamiento surge de mí rompiendo la barrera del sonido y tu ropa interior. Lo siento. No lo siento, luzco con vanidad mi super erección. Estás hermosa con el sujetador desgarrado colgando de los hombros. Con las bragas rotas que dejan desnudo parte del monte de Venus. Y tu cabello alborotado, como cuando te corres. Sucede a menudo que, no sé si te escribo o te super follo. Se me pone tan dura que me duele amarte, en el pijo y el corazón. No puedo evitar esta desesperante y húmeda super dureza cuando te super pienso. Es orgánico amarte. ¿Cómo evitar lanzarte mi super amor cuando mantienes mi cabeza sujeta entre tus muslos y jadeas y no me permites respirar y solo beberte? ¿Eh? ¿Cómo no gritarte mi pensamiento cuando manejas mi rabo sin cuidado y lo maltratas y te lo comes y te lo metes y haces de mí una cosa? No puedo evitar la potencia de amarte y enviarte una super ráfaga de deseo. Soy tu super amante… Se me escapa un super pensamiento de demanda de piedad cuando tus dedos gotean mi láctea alma que me has extraído, exprimido. Mis huevos se contraen con espasmos, vacíos entre tus dedos. Y me conviertes en tu obsceno super trofeo.
Mientras no se lo trague todo como hacen las diosas del porno, posiblemente no engordará, solo sudará. Deberé buscar ese gimnasio con final feliz por internet. Igual sale más barato el follar (sí lo sé, soy un cándido iluso) y las mamadas que en una agencia de putas de lujo o escorts. Es época de predicadores bocazas vendiendo sus follalotodo, aprovechando el tirón de un sociedad infantilizada y con su bozal bien prieto en el hocico que, ha vuelto a creer en salvadores de la humanidad, profetas, curanderos y gurús de internet. Y no sé qué tiene de secreto follar, no hay más que ver la cantidad desmesurada de chinos que hay en China y en todas partes porque no caben ya. Y porque su gobierno los mata de encarcelamiento, hambre y asco.
Pienso en lo que no pude ser y estoy satisfecho, nunca he ansiado ser nada. Solo observo el mundo a niveles profundos, atómicos. Nunca me he planteado ser, porque soy. Lo mío es existir. Sin complicaciones. He llegado a este instante donde he adquirido ciertos superpoderes para codificar mi pensamiento profundo a la tridimensionalidad en la que habito, con precisión y fluidez. Sin límite ni prejuicio de cómo y con lo que quiera expresarme. Soy absolutamente libre y salvaje haciendo tinta del pensamiento. Y concluyo que soy un cochino sabio que al saberlo todo, no se asombra de nada. Excepto de mí mismo y mi podredumbre mental. Desconozco los límites concretos a los que aún puede llegar el dolor y la ruindad en los humanos, pero solo es un dato cuantitativo. Sé que, grosso modo, llegará a rangos pornográficos para la cordura, la dignidad y la inteligencia. De hecho, no dejan de batir marcas todos los días. Crecen sin freno. Lo que me desconcierta es que hay momentos en los que no sé si la amo a frecuencia de alto impacto o es mi reto. Siempre hay una faceta de mi amada que no conocía. No puedo decir de ella lo que digo del mundo, que lo sé todo. En las mañanas cuando mira por la ventana hacia el horizonte y me sonríe en silencio, al llevarse la taza de café a la boca, he visto una luz dorada en lo profundo de sus pupilas. Sin que el sol la iluminara aún. Me fascinan los brillos diamantinos y texturas de su alma, tan extraterrestres y distintos. Me descoloca e hipnotiza su ser mutable y desconocido. Y quedo desordenado en sus dimensiones como un muñeco con la cabeza en el culo. Es girar un diamante y observar la distinta refracción de la luz en cada una de sus innumerables facetas, en cada mujer que descubro en ella. ¿Por qué esa luz en sus ojos? Y afirmo que las estrellas se refugian del frío cosmos en ella… No sé si soy amante o discípulo. Quisiera ser solo amante y menos siervo de su multiplicidad. Comparten todas ella la misma alma, la misma piel que beso y los ojos que absorben la luz, y a mí. Y yo tan sabio, tan uno. Tan nada… Imagina cosas que creía imposible que pudieran ser escritas. ¿De dónde viniste, amor? Me desconcierta ese nuevo ser que has creado ahora, en el mundo plata que reflejan tus ojos, engastados como gemas en un lugar de belleza imposible, de emociones como embates de agua tibia en las entrañas. Soy incapaz de vislumbrar tu nuevo mundo, solo lo intuyo en tu presencia; de lo que emanas a tu alrededor. Y me pregunto dónde cabría yo tan carne y tan opaco en tu nueva creación. Y si deberé enamorar de nuevo a esta desconocida. ¿Y si no puedo? Si tu nuevo ser no me amara, me desintegraría como mis sueños al despertar. No tendría sentido una existencia sin vosotras, sin ti. Eres descarada y carnal hasta excitar cada célula de mí. Y en otros momentos eres una ternura que se derrama suave y melancólica hacia el cielo, desobedeciendo a la ley de La Tierra. No quiero conocerte, quiero descubrirte en cada momento; incluso cuando no existo porque estás atareada cambiando el universo en un extraño orden que no puedo ni quiero entender, solo quiero asombrarme. Fascinarme a tu lado. ¿Cómo puedes hacer eso? Eres de carne y piel, te he follado… ¿Qué has hecho de la vida en ese momento que has llevado el cigarrillo a la boca mirando las nubes? Me siento tan dimensionalmente extraño en este universo-aura que dimana de ti, que siento ser una creación tuya que no sabe dónde está ni desde cuándo. De alguna forma, siempre consigo reaccionar y rozar con los labios tu piel y crear un momento sólido y cálido donde afianzarme en tus universos sutiles y etéreos. No me pierdas, no me dejes fuera de tu creación. Existo, quiero existir en ti, todas tú. Y no concibo la vida sin ti. Eres mi asombro y un hambre carnal. Todos esos cosmos que inventas, están unidos a ti con sutiles hilos de tu alma. Una telaraña incruenta que lleva a cada una de las mujeres que amo. Soy un amor deslizándose por esas sedas buscando el origen donde se forman, tu alma nuclear y profunda; pero no hay manera. Cuando desbocas la imaginación me desoriento y no encuentro el hilo primigenio, el que surge de ti y se derrama en líquidos sueños a tu alrededor. He visto en tus ojos una ola romper contra el acantilado y destrozarse en rubís y esmeraldas tiñendo el cielo del color del paraíso. No lo entiendo. ¿Cómo puedes hacer todo eso y tener tiempo para amarme? Cuando te digo que os amo, te ríes de lo absurdo. Y pienso que no recuerdas que tus ojos han contenido un mar sereno hace un segundo. Que algo has cambiado. Lo que conozco de ti a ciencia cierta es el sabor de tu piel. Tanto besarte, tantas caricias… Y la forma en la que te llevas las manos al rostro cuando te corres. Todo lo demás es cambiante, un parque de atracciones, un drama desconsolado, una hoja que revolotea al viento, un sol de vida en tus manos… Un niño que ríe. Una niña coqueta que lo besa. ¿Qué has hecho? ¿A qué vienen ahora esos osos panda buceando entre corales de mercurio dorado, que desprenden burbujas haciéndose jirones de dulces almas ? Mi amante creadora, solo soy una carne inofensiva, no puedo hacer daño. No me dejes nunca fuera de tus mundos, ten piedad y espera a que muera.
El amor nace entre un hombre y una mujer, entre dos seres. Un solo ser humano no ama si no es amado; por mucho que grite y sufra. Eso es ambición o deseo o ilusión, depende del momento anímico de ese ser; pero no es amor. Entiendo el amor como un intercambio de emociones, una complicidad entre dos. El auto amor no existe, no puedes amar en soledad. Es una perversión imposible ese “amar”. No todos somos susceptibles de amar. Los hemos de naturaleza solitaria, y eso es tanto como ser anti amor. Y cuando eliges soledad… Tú mismo, ya eres mayorcito para saber lo que haces y atenerte a las consecuencias. Follarse a la puta es la confirmación de la soledad, no hay soledad mayor que la piel extraña que compras. Te equivocaste, mano. Así que echas de menos el amor y te torturas lo suficiente para reconocer que siempre hay otra cara de la moneda y a lo hecho pecho. Está bien, no existe el auto amor; pero es imposible pensar que no la amo. Sé que no soy coherente con mi soledad; pero me paso la coherencia por el culo. Luego, en algún momento daré una patada a una solitaria piedra del camino del anti amor; y con una blasfemia pensaré que diga lo que diga mi yo sabio e infalible, la amo. Ser románticamente ridículo, es una de las grandezas de la soledad, principalmente porque no hay nadie que se ría de ti. E irremediablemente se lo escribiré: te amo.