Los gobiernos de la globalización del coronavirus forman una corporación de delincuentes y dictadores que les caracteriza a todos ellos una retórica meliflua, dirigida a la infancia de entre los ocho y doce años, justo la edad mental de sus votantes. Ningún escritor imaginó jamás una sociedad tan maligna y tan tóxica como la actual. Esta que ha robado la libertad por medio del coronavirus y el terror que produce en los castrados humanos o ciudadanos. Cuando todos esos millones de votantes deficientes sean conscientes de la mierda que comen cada día y que la cobardía los ha llevado a la ruina y además a la indignidad, será tarde. Porque la retórica venenosa de falso proteccionismo paternal, cambiará drásticamente; en lugar de ser ciudadanos, pasarán a ser ya sin eufemismo alguno: tarados y taradas que no se pueden valer por sí mismos sin sus líderes fascistas (sean de derechas o izquierdas, es la misma mierda). Conducidos por mano firme, esa que jamás les temblará a los tiranos del coronavirus y sus secuaces, la bofia, los militares y los jueces. Es el peor escenario que podría haber sido posible. Y el reinado de estos políticos degenerados durará generaciones y generaciones. Tantas que en cinco o seis, las crías de los tarados y taradas (añadir el toponímico que corresponda) ya nacerán castrados gracias a la endogamia, una selección genética enferma que hace de la imbecilidad una característica cualidad humana. Ya no necesitarán los tiranillos orar su mierdosa retórica de adoctrinamiento institucional y mansedumbre. Destaca Europa, un continente tan decadente como viejo; cosa que lo convertirá en la sede de la dictadura mundial. Una triste y peligrosa cueva de Ali Babá y los cuarenta ladrones (sí, ya sé que serán muchos más, coño); pero sin ninguna gracia. Pero tampoco será tan fácil para nadie, son demasiado idiotas para llevar bien sus repúblicas bananeras y ocurrirá algo terrible y de muchas muertes; tantas que las reses humanas añorarán el coronavirus y la feria que montaba la bofia para tenerlos contentos todas las tardes, confinados en su miedo y miseria.
Parece un tratado de medicina; pero no. En todo caso sería algo relacionado con la psicología, con la psiquiatría para los más cobardes que no acaban de entender la esencia humana y sus aberraciones: Yo. Estados de conciencia que en tiempo de epidemias o alarma social, me llevan a evadir la realidad mezquina que la masa humana, como si de un cocido se tratara, hace hervir en el aire apestándome ofensivamente. Evadirme con absoluta ausencia de moralidades, incluso éticas. En los momentos menos indicados. Aunque todos los momentos son indicados cuando he de evadirme de esta bazofia que me asfixia con cobardes mascarillas y guantes más cobardes aún. Así que en la cola del súper, en el espacio que hay desde la entrada del local, hasta la tienda, estoy esperando mi turno de entrada, a una profiláctica distancia, marcada con cinta adhesivo en el suelo, tras de una mujer. Tras de mí hay siete idiotas y delante cuatro, contando a la maciza tras la que me altero inevitablemente. Lleva una mascarilla blanca estampada con florecitas en rojo y amarillo, los guantes azules, muy parecidos a los que se usan para limpiar la mierda pegada en el inodoro. Viste unos vaqueros de malla, tan elásticos que las costuras del tanga se marcan hipnóticamente. Y con precisión para saber el punto exacto por el que se la puedo meter. La polla, digo. Sus tetas, pesadas y obscenamente oprimidas por un sujetador blanco, oscilan voluptuosamente mientras habla por teléfono. Acaricio mi navaja en el bolsillo, escapando de la vulgaridad. Imaginando que corto esa malla a lo largo de la raja del culo, le empujo la cabeza hacia el carrito para que las nalgas se ofrezcan indefensas y, aquí mismo, desobedeciendo a las leyes de la cobardía al romper la distancia profiláctica, meterle la polla por la raja del culo. Abrir la bragueta, sacar mi polla tan dolorosamente dura y restregarla entre sus nalgas, separándolas con las manos sin ningún cuidado, hasta encontrar su chocho y dar dolor a su coño. El dolor de ella es mi placer, la cobardía de ellos mi superioridad. La vida real o la imaginada, tiene estas dos normas inviolables. Metérsela sin desnudarla… Metérsela y que le duela simplemente. No piensas en desnudar cuando lo que quieres es cazar, montar, follar para sentirte un poco libre ante tanta opresión. Y bueno, si uno es león, no puede dejar tranquilas a las gacelas; es pura biología. Tengo mis necesidades. Y una sociedad que descuida a sus animales encerrándolos durante largo tiempo en sus madrigueras, debe pagar su ingenuidad idiota. Al penetrarla noto en el glande cierta molestia intentando por intuición encontrar su coño. Saco la polla y está manchada de sangre, huele mal. Y no he cortado carne, jamás corto por accidente. La agarro del pelo lacio, suave, rojizo caoba, media melena; tirando con fuerza hacia abajo para girarla hacia mí. Esto es un ejemplo de lo que comentaba, una alteración de mi estado en tiempos epidemiológicos. Ya no puedo discernir si en el bolsillo tengo mi navaja o su coño. E imagino con nitidez como corto la blusa crema semitransparente desde el inicio del esternón hasta la unión de las copas del sostén. He presionado el filo para crear también una superficial herida en la piel, el sexo con sangre es mucho más salvaje. Manteniendo su cabeza doblada hacia atrás, separo la tela y le saco las tetas de las copas como si fueran fruta. Lamo la herida ensangrentada y llevo la mano a mi paquete para presionar el rabo que pretende escupir ya la leche. No se lo permito. Grita y grita, así que le debo pegar un puñetazo en la mandíbula que se le desencaja; queda en shock. Su rostro se ha deformado; pero no importa, no soy delicado. De vez en cuando, miro a los ojos de les enmascarados que observan atónitos. Tienen demasiado miedo para todo, miedo para ayudar, miedo a respirar, miedo a usar el teléfono para pedir ayuda. Porque si un cobarde observa lo que se le hace a otro de su especie, se mantiene en silencio, quieto, como si quisieran hacerse invisible. Las cebras observan como es devorada una de las suyas por los leones, rumiando sin cesar. Corto la tela que cubre su coño. El filo se hunde en su raja sin herir ningún tejido. Con el tiempo y la frecuencia, adquieres maestría en el oficio, en cualquiera. Meto los dedos buscando su coño y con dificultad saco la compresa que gotea. Está menstruando. Premio doble, aunque apeste. La compresa tirada en el sucio suelo parece una víscera ensangrentada, o el cadáver de alguna cosa pequeña. A mis espaldas llora un niño y su madre horrorizada intenta calmarlo. Con la mano cubre sus ojos. En mi estado alterado lo tengo todo: una navaja tan afilada como mi pensamiento, como mi odio hacia todo; inevitable, mortificante. Una hostil y enfermiza excitación sexual, un pene duro y mascarillas que son puro fetiche sexual en mi alterada conciencia. Y la vuelvo a girar y doblar sobre el carrito de la compra y se la meto, la embisto hasta n veces y me corro. Le ha dolido, estaba demasiado seca. Ha llorado y gritado lo que la mandíbula fracturada le ha dejado; pero en mi alterado estado sus gritos, paulatinamente se han convertido en un jadeo, en un gemido de placer y por fin, la muy zorra, me ha pedido más “Más fuerte, hijo de puta. Sé más macho”. Me encanta la ilusión de ser maltratado, es un descanso a mi natural depredación, como unas vacaciones de mí mismo. El semen que gotea de mi glande ensangrentado es rosado. Lo malo de follarse a una tía con regla, es que la sangre se coagula y por tanto se espesa y encostra con el calor de la fricción. Y acabas con irritación de polla. Yo no tengo el rabo circuncidado, no me mutilaron; así que mi glande es muy sensible a lo bueno y lo malo. He mirado a mis espaldas, y los de la fila se han hecho a un lado para que no ser enfocados por mi visión alterada. ¿Lloro sangre o es que me he ensuciado de menstruación? ¿Me puede contagiar el virus la sangre de la regla? Se ha dejado caer al suelo, sentada sobre el culo desnudo, con las tetas asomando obscenas y preciosas entre los jirones de blusa. Por sus muslos bajan chorretones de sangre como ríos en un mapa y de su coño gotea la sangre formando un charquito en el suelo. Mi estados de conciencia alterados tienen una sordidez cinematográfica. Su mascarilla se infla y desinfla al ritmo de su agitada respiración. La cortaré también, voy a meterle el rabo en la boca a través del agujero. Un agujero feliz… La pornografía es inspiradora. Imagino mi semen escurriéndose por los bordes de la mascarilla, cuello abajo. Imagino que la leche se le mete en la nariz y la hace toser agitando con violencia las tetas. ¿En qué momento se las he cortado? ¿Por qué sangran sus pezones? La polla huele mal y está pegajosa de sangre. Vomita cuando siente que el glande empuja la úvula. La vida real no es una película porno donde respiran por la nariz soltando mocos transparentes y limpios. Donde son cuasi felices de sentir asfixia. No soy un lelo que se cree esa mierda. Yo busco el vómito y el miedo. No esperaba menos. Ahora no sé bien si mi estado de conciencia alterado es real o aún estoy esperando mi turno a entrar en el súper acariciando mi preciosa navaja de filo quirúrgico. La gente me observa aterrorizada, inmóvil. Obedeciendo a la inviolable norma dictada de la distancia de seguridad en que la que les educaron hace unos días. Yo creo que tienen miedo a que les corte el hígado, o los intestinos, o les acuchille los ojos… ¡No jodas! ¡Es real! Definitivamente con esto del miedo al virus, se me ha ido la olla. Y la polla, porque rima. Hay semen, sangre, llantos y voces pidiendo piedad . Mi novia llora quedamente mirando al suelo, al charco de sangre que se ha extendido hasta los muslos desde el coño. Le doy un tajo en el cuello y le arranco la mascarilla de la cara. El semen se ha enfriado en ella y hay trozos de comida vomitada. Y es como si hubiera muchos cuellos a la vez, porque se ha hecho un silencio tan denso, que vuelvo a confundir la realidad con un estado alterado. Decido que ya compraré las pizzas congeladas otro día. Me dirijo a la salida y la cola de gente se pega contra la pared rompiendo la distancia interpersonal para alejarse cuanto puedan de mí. En una de las calles desiertas, me escondo tras un quiosco cerrado de lotería de ciegos y con la mascarilla sucia, me masturbo frenéticamente. Me esfuerzo por no gritar salvajemente. Eyaculo poca leche esta vez; pero el placer es desmesurado, me tiemblan las piernas y tengo que dar calor a mis cojones cansados. Mucho placer y poca leche. Bueno, nada es perfecto, me conformo con que sea sangriento y doloroso. Dejo la mascarilla colgada del tirador de la puerta del quiosco para que el ciego se joda. La mascarilla da anonimato, el virus impunidad y la policía motivos para hacer realidad los sueños en el juego más adictivo en la historia del planeta. Quién iba a decir que iba a vivir felices momentos en una cuarentena de miedo y muerte. ¿Cómo podía pensar esta lerda sociedad que al forzarlos a vivir en un redil y fieramente pastoreadas, abrirían las puertas a una bestia sin sentimiento humano alguno? Las presas humanas están absolutamente castradas de inteligencia, hasta las estúpidas ovejas saben que hay lobos. Tendría que haber comprado las pizzas, ahora me apetece una, joder. Se escuchan sirenas cerca. Cuando la bofia pregunte como ha ocurrido, solo encontrarán silencio y miedo. Una cuarentena es un estado de ocultación perfecto, las mascarillas dan un anonimato que el carnaval desconoce. Esto de la cuarentena es un sinvivir y un presidio deprimente. Bueno… a veces.
Las estadísticas meticulosamente ocultas lo confirman con toda probabilidad. Se enferman y/o mueren los humanos sedentarios, cuyos pulmones no respiran el suficiente aire para oxigenar bien la sangre. En el colegio te lo enseñaban antes de que lo importante fuera conocer las ventajas de ser borrego, aplaudidor, votante, homosexual y transexual. Te decían que el oxígeno es comburente, que un buen aire tiene más posibilidad de quemar bacterias y microbios. Por eso el ansia y afán de tantos respiradores, porque respirar bien cura y protege. Es la razón de tanta mortandad en los hospitales y en los asilos. Ambientes con un aire pobre, enrarecido por hacinamiento. Un aire que es caldo de cultivo. Hay que abrir las ventanas, por decir poco, lo mínimo. Los viejos, su cansancio y sus pulmones atrofiados… Los adultos y jóvenes de culos desidiosos que solo se levantan del sillón para ir a la mesa a comer y durante horas teclean y observan videos aburridos y vulgares que insultan la inteligencia. Unos pulmones que no aspiran habitualmente una buena cantidad de aire no pueden oxigenar la sangre y la hacen pobre. Pobre para combatir enfermedades y débil para que el miedo colapse el pensamiento. La sangre que pobre llega al cerebro, débiles pensamientos crea. Hay que realizar cierto tiempo de esfuerzo para que los pulmones hagan lo que deben. Y no está nada mal una bocanada de ardiente humo de tabaco para quemar cosas también. Te mata el cáncer, te mata todo lo que hay en el planeta; incluso lo que llega de fuera si estás en el lugar oportuno. En la era de las redes sociales, el pacifismo y el “todo el mundo merece ser respetado” aunque sea un puerco hijo de puta; todo esfuerzo es pecado. Pecado de cobardía, desidia y decadencia. Han castrado el pensamiento y sus pulmones. Y metódicamente, con férreo acoso, la prisión en las casas sigue vigente con las gestapos obligando a que la sangre se empobrezca cada día más y el coronavirus así, pueda anidar sin problemas en el organismo. Se adoctrina e induce a los aplausos que no oxigenan nada. Como un niño, así de humillante: aplaude a tus carceleros y otros funcionarios. La inmovilidad es muerte por decreto. El coronavirus hace lo que los gobiernos: arruinar más al pobre. Son hermanos paridos por la misma madre.
A ver si me entienden y pillan el concepto de científico y de líder, las tareas que cada cual tiene. Vamos a ver, presidente o ministro; o lo que cojones quiera que seas. Si tú te has comprado un científico, es para que te explique lo que es el coronavirus, qué hace y cómo se puede combatir. Tú no has comprado o mantienes un científico para que te diga lo que debes hacer ¿lo entiendes? ¿correcto? A menos que seas un perfecto inepto y desconozcas lo que es iniciativa, análisis y autoridad. Digo que si desconoces cualquiera de esas aptitudes de liderazgo, dimite. Deja la política de una puta vez y vete a una granja a cultivar tu propia marihuana. Ese axioma de que la salud es lo primero, es precioso y lo recitan los niños de teta entre mamada y mamada. Es tan vulgar como innecesario para un tipo que debe administrar un país. El científico es una cosa que no tiene puta idea de economía ni sociología. Vive en su privilegiada burbuja de bienestar: tiene una potente paga y un cargo vitalicio. Para él la salud es lo primero porque le sobra la pasta. No piensa en el dinero de la misma forma que no piensas en los ojos cuando ves unas buenas tetas. En Etiopía la salud se puede encontrar en un charco de agua sucia y en un trozo de carne podrida que se la ha caído a una hiena de la boca. No debes hacer, presidente o ministro, lo que el estrecho cerebro de un científico dicta. A ti no te dicta nadie nada. Debes p-e-n-s-a-r qué es lo posible y lo que menos daño cause. ¿Para qué quiere nadie un líder si tenemos científicos acomodados en su poltrona, muy lejos de cualquier necesidad? Así que dimite y le das tu cargo al científico o biólogo que compraste en unas rebajas. Porque, por ejemplo en España, la salud se encuentra en el dinero, no hay otra forma de comprarla o adquirirla. La salud se encuentra en la comida, en el agua y en la vivienda. Y si no eres idiota la salud, en definitiva, se consigue en esta sociedad trabajando. Así que no te creas que tu científico es el puto oráculo de los dioses griegos. Piensa de una puta vez que para eso cobras una pasta y te han votado millones de idiotas. Si no estamos en Etiopía, el dinero es la fuente de salud. Y la inacción, resguardar la cabeza en el suelo como los avestruces, es destrucción y violencia. Y será entonces, pusilánime líder sin coraje, cuando de verdad se desatará una gran crisis de salud. Y no será tan relajante como la del carajo virus o coronavirus. Te lo repito para que me entiendas, y si hay alguien tras de ti, que te lo recuerde antes de ir a cagar: el científico te dice lo que hay, y tú has de hacer lo que se debe según las necesidades de la sociedad que en teoría deberías liderar. ¡Hala, miedoso! Haz tu trabajo de una puta vez y ponte a demostrar el movimiento, porque cagando demasiado tiempo en el váter, no se soluciona nada. La inmovilidad, la inacción y le represión ciudadana es lo que acabará con la salud, tanto que la extinguirá. De jarrones y otros floreros hay hasta en los hoteles de putas, no necesitamos más. Es que hay que explicarlo todo, coño…
Y una mierda. ¿Y los que han muerto? Más vale tener las hojas bien afiladas. Si un cuchillo no corta, no comes. Es solo una ley básica de supervivencia. Todo consejo es bienvenido cuando una gran parte de la población piensa que el gps del teléfono le podría dar de comer sin más esfuerzo que abrir Google maps. Cuando los adultos y viejos cantan que todo va a ir bien, escupiendo a los muertos en una burla preñada de hipocresía cobarde y venenosa. No hay final feliz, no está ocurriendo semejante cosa. Y cuando acabe, el recuento de muertos no será motivo de orgullo o alegría. Nada habrá ido bien. La longitud y el buen filo de un cuchillo pueden marcar la diferencia entre el hambre y la comida, entre el más débil y el más fuerte. En definitiva, entre vivir y morir. Por otra parte, usar un cuchillo es menos agotador que ir olfateando los contenedores de basura en tiempos de crisis. La inmovilidad y el miedo, matan a más gente que cualquier enfermedad. Si algo lo demuestra, son los campos de exterminio nazi y la obediencia de los judíos. Y es que la obediencia ciega se debe a una ingenuidad fruto de una decadencia social que provoca dependencia hacia el brujo de la tribu o el puto presidente de una nación. La ingenuidad lleva inevitablemente a la humillación y tras unos días de vida de mierda, a la muerte. De morir no te libras; pero de la humillación… Bueno, es una cuestión de cojones, seas macho o hembra (podría decir de valor; pero no me sale de la polla). Un síntoma de decadencia en una sociedad es el excesivo número de amistades que cada individuo ostenta, siendo necesarias para soportar su mediocre y triste existencia; porque si se queda solo, se muere de asco de llegar a conocerse. Otro síntoma, tal vez el que demuestra definitivamente que los individuos de esta sociedad están absolutamente castrados, como animales de granja talmente, es la ostentación y alarde que hacen de su cobardía en nombre de la paz y las buenas vibras. No es nada nuevo, desde hace siglos por ejemplo los machos, se van a follar con putas en grupos. Ni eso son capaces de hacer solos. Cuando la chusma precisa para sentirse protegida que, cualquier imbécil de sus congéneres le diga que todo va a ir bien y le creen, es que la sociedad ha descendido ya muy abajo por la vertiginosa curva de la decadencia y degradación social. Sus individuos adultos y viejos, se escudan en las palabras “todo va a estar bien” cuando todo se derrumba. Y cantan y hacen cosas infantiles, inservibles y banales en sus últimos momentos de bienestar, justo unos segundos antes de ser arrollados por una destrucción para la que no están anímicamente preparados por esa cobardía con la que se les ha castrado durante años y años de adoctrinamiento generacional. Hacen como que no sucede la muerte y tienen un miedo que se cagan, dan las gracias servilmente a las cajeras del supermercado por “estar ahí” con toda su irreprimible cobardía y escuchan las noticias con el corazón en un puño. Es repugnante, es asqueroso que mientras muere gente a miles, los adultos de mierda se dicen a sí mismos que todo va a ir bien. Nótese la repugnante hipocresía y la mierdosa solidaridad: solo si ellos viven, todo irá bien. ¿No notas un vómito subir a la boca? Nada va a ir bien, mientras pronunciáis el mantra de la cobardía y lo creéis, están muriendo, lelos. ¿Qué es lo que puede ir bien? No eduquéis a vuestros hijos en la cobardía, los pusilánimes no tienen nada de que sentirse orgullosos. Ignorar la muerte de otros, es tanto como celebrarla. Y la ignoran por ese miedo que demuestra lo necesaria que es desde ya una selección natural. Los que no sean demasiado ingenuos unos minutos antes de morir concluirán que la sociedad está acabada. Cuando se ha constatado que la sociedad ya está en proceso de derrumbe, llega la violencia, la destrucción, el hambre, la sed, más enfermedad y las muertes sin funerales (como ya estamos acostumbrados a verlo en países africanos y algunos asiáticos; no debería sorprender a nadie, no es ninguna novedad el proceso de la muerte de una sociedad). Cuando han muerto los necesarios, comenzará otra reconstrucción social. El resultado de la nueva sociedad dependerá de si los que quedaron vivos para realizar semejante tarea, eran más o menos idiotas. Suponer que hubiera alguno inteligente, sería cometer otra ingenuidad nivel “todo va a estar bien”. Es el proceso de toda civilización o sociedad: crecer, decaer, morir y reconstruir para volver a crecer hasta el próximo apocalipsis. ¿No es maravillosa la simplicidad y claridad que otorga el hábito de lectura y pensar por uno mismo sin escuchar al imbécil que dice “todo va a ir bien”? Nada ha ido bien, lelos. Nada va bien mientras mueren seres bajo vuestras engalanadas ventanas de mierda con dibujos de patéticos arcoíris. Ya nada puede ir bien con los que han muerto, gilipollas. Si no se odiaban, si no los han matado ellos, los muertos no son para hacer fiesta; no si el cerebro está sano, hijoputas. Zoi hun jenio… Por otra parte me gustan las mujeres con lencería translúcida, si son morenas en blanco, si son rubias en negro para que haya contraste. Están preciosas y follables con esas indiscretas blondas revelando sus pezones y sexos. Me gustan de verdad. Ñam… Nada está bien, ni irá bien. Solo sumaremos muertos mientras follamos.
Donde vivo, hay una calle: El Carrer Perdut (la calle perdida, en catalán). Durante una epidemia de peste en el siglo XVII, se tapiaron los dos extremos de la calle para matar de hambre y peste a los enfermos y evitar más contagios. Y así estuvo cerrada por mucho tiempo, con los cadáveres pudriéndose hasta que se dieron cuenta de que aquella calle y los que vivieron en ella, se perdieron en la memoria. Alardean de que Ripoll es el bressòl de Cataluña (España), o sea la cuna; donde se fundó. No es de extrañar por su tradición que, el presidente de Cataluña (un tal Torra) y otros “valientes” y aguerridos catalanes de pura casta y sangre más pura y privilegiada aún, intente hacer lo mismo con algunas ciudades catalanas especialmente castigadas por la epidemia, y con sus propios paisanos para evitar más contagios de coronavirus. Porque ya se sabe que, muerto el perro se acabó la rabia. Es solo un ejemplo de vileza y ruindad humana, porque en el otro extremo de España, en el sur, Cádiz más concretamente; están dispuestos, y lo han intentado de corazón, matar a pedradas a los enfermos. Da igual que seas catalán, andaluz, belga, inglés, alemán, mexicano, judío o moro. La vileza es la marca de la raza humana, se extiende por todo el planeta en todas las direcciones. Junto con las estafas y mentiras del poder, la ruindad y la envidia es lo más global que existe. Esa basura que predican los seres celestiales que están de incógnito en la tierra (de ahí que no veamos sus putas alas) de la solidaridad como virtud del ser humano en malos tiempos; es una falacia populista y repugnantemente sensiblera. Un insulto a mi inteligencia y sabiduría. Los hijoputas que asesinaron hace siglos a sus vecinos en Ripoll y los actuales hijoputas que intentan matar a pedradas a los enfermos en Cádiz; son solo una pequeña y anecdótica muestra de toda la podredumbre que hay en las granjas humanas, en las ciudades y pueblos del planeta. Yo apuesto por que el coronavirus se convierta en una herramienta de extinción y el virus mate lo que deba morir de una vez por todas. Que use el tiempo que sea necesario y que llegue también a exterminar a gente muy importante del mundo de la política, la economía y sociedad. Eso ayudaría a pasar con mejor humor la puta cuarentena de mierda. Porque al igual que pasa con los perros y la rabia; muertos los cerdos, se acabó la peste porcina.
Los humanos lloran ateridos de miedo y emocionados con consuelos pueriles tras la seguridad de las ventanas. Pidiendo piedad a dioses de paja y barro y a seres humanos moldeados con estiércol.
Y mientras tanto las pequeñas flores mueren sin perder un ápice de su belleza.
Lucen hermosas a pesar del viento que las arranca, de la lluvia que las arrastra, del frío que las marchita.
Tienen la fortaleza precisa para ser dignas. Una dignidad que la humanidad desconoce.
Se está bien aquí con ellas, tosiendo, cojeando.
Doliendo la vida, sin más preocupación que ver morir cosas bellas.
¿Por qué nunca mueren las cosas horrendas?
Se está bien aquí con ellas, enfermando con un cigarrillo. Aquí, fuera de los muros con ventanas que guardan seres que la lluvia no puede arrastrar a pesar de no tener fortaleza.
Han pasado muchos años desde la última vez que vi Apocalypto, y durante ese tiempo he maldecido que en ninguna cadena de televisión fuera emitida alguna vez, o que en ninguna plataforma de películas y series, estuviera catalogada. La sociedad ha virado hacia la censura y la castración intelectual de padres, madres e hijos; promoviendo incruentas y festivas manifestaciones pacíficas, donde las reses humanas se apiñan unas contra otras como las vacas en los pasos estrechos entre montañas, convirtiéndose toda esa chusma en un rebaño de igual características que el vacuno ya mentado. Se han desterrado de emisoras y plataformas multimedia de pago, las series de televisión y las películas más violentas (las que son auténticamente para adultos formados, sin concesiones). Puta época de mierda ésta… Y mira por donde, Amazon Video la ha incluido en su catálogo con dos cojones o con dos ovarios para ser inclusivo de mierda. Es una película de acción ultraviolenta; la violencia más brutal y primitiva. Fastuosa en sus adultas agresiones sin espacio para un acto de piedad. Por supuesto, es ficticia; no está basada ni por asomo en hechos reales; aunque transcurra en plena decadencia y ocaso de la cultura maya. Es una aventura lógica y natural que parte de un certero entendimiento de la historia de la especie humana. El mensaje desmitificador de Mel Gibson es claro y contundente: no existe ni ha existido una sola civilización en la que sus jefes políticos o religiosos, no hayan asesinado, robado, esclavizado y masacrado a la gente que gobiernan. Y entre las reses gobernadas, la forma de vida se basa en robos, pereza, acusaciones, asesinatos, etc… Es decir todo aquello que promueve la envidia y el miedo al esfuerzo del trabajo. No importa si las razas humanas viven, como dice la patética expresión: en comunión con la naturaleza. Son todos unos hijos de la gran puta a grandes rasgos. Mel Gibson dice: toda civilización es igual de violenta, envidiosa y corrupta por sus mandatarios y su populacho, la máxima de que todo pueblo tiene el gobierno que se merece, es infalible. Si unos pocos conquistadores pudieron dominar toda una civilización se debía a que esa gente estaba más preocupada en matar y esclavizar a sus vecinos que en luchar contra los invasores. Apocalypto jodió a muchos, porque no idealizó la cultura maya. La mostró decadente, depravada y apestosa. Mel Gibson ni siquiera intentó idealizar a Jesucristo, es un genio contando apasionantes medias mentiras. La peli dice que si quieres libertad, has de matar al que te esclaviza. Es la esencia humana, matar lo que te quiere esclavizar o denigrar. También demuestra que los sacrificios cruentos, son la forma más efectiva de mantener a la chusma atemorizada y mansa. Los que no tienen valor, mueren esclavos gritando en manifestaciones festivas los lemas que les han obligado a memorizar. Por no hacer caso a esta esencia, es por lo que la sociedad ha llegado a este grado de decadencia, cobardía, servilismo, inmadurez e ignorancia. Todas las razas humanas son malas, venenosas para si mismas y otras especies, en cualquier región del planeta que habiten. El pacifismo, al final, es la dominación doctrinal de las masas, que persigue un abaratamiento en los gastos de control. Y no hay mejor forma de engañar y adoctrinar a la chusma para que se conviertan en cabestros que, censurar cualquier obra artística, literaria o cinematográfica que ponga de manifiesto la idiosincrasia violenta (una buena y necesaria característica para la supervivencia y evolución), repugnante, envidiosa y cobarde de la especie humana. La envidia y la avaricia son los motores que crean y hunden civilizaciones; y solo el individuo alejado de la masa, puede ser creativo, noble y valiente. No sé si Amazon es consciente de su alto grado de libertad y su burla al sistema al haber incluido Apocalypto en su colección cinematográfica; pero ahí va mi admiración hacia ese acto de rebeldía contra la asfixiante e hipócrita censura global que infecta todas las artes, políticas y economías. El mensaje de Mel Gibson es de una contundencia que avergüenza a los actuales buenistas y su preocupación por el adoctrinamiento y castración globales de sus esclavos o productores. Mi admiración a Mel Gibson y Amazon en estos momentos en los que la hipocresía y la censura son tan asfixiantes como lo eran los regímenes fascistas y comunistas del siglo pasado, desde la gestación de la Segunda Guerra Mundial a la posguerra que se extendió hasta bien entrados los 80.
La gente pacífica es muy peligrosa, desea dominar e imponerse a los demás con grandes movimientos ganaderos de cientos de miles de cabezas de ganado. Algo así como las voraces marabuntas o las plagas de langosta. No, la gente pacífica no mata, aplasta ciegamente, sin entender bien el porqué. Y le comunica sus deseos a los sicarios de su dictador para que maten por ellos (mucho dueño de campos, aun hoy día lo es gracias a esta costumbre de conseguir algo lamiéndole el culo al dictador de turno o sus representantes, entregando las vidas envidiadas con mentiras o simplemente delatando para que los maten). De esta forma, con una hipocresía digna de caricatura, seguirán alardeando de su pacifismo (los ciudadanos ejemplares e integrados del nazismo, franquismo, falangismo, hinduismo o comunismo por ejemplo). Tras la máscara pacífica se esconde la cobardía. Hace falta gente decidida y auténticamente violenta que provoque una gran guerra identificando a los buenos y a los malos. Y sobre todo, que de una vez por todas, quede claro quien son los vencidos, si quedase alguno. Además, es necesario renovar sangre, genética. Por ejemplo: los habitantes de los lugares más fríos suelen caer en profundas depresiones por una decadencia acomodaticia. Los niños se manifiestan por banales razones, evitando así trabajar y sus lerdos padres los educan en el borreguismo. La sociedad se ha colapsado y la ética, la dignidad y el esfuerzo, son temas oscuros que dan miedo en la población. Se han acostumbrado a las incruentas luchas de tuits y likes, banalizándose a sí mismos. O a los festivales musicales o congregaciones festivas para celebrar catástrofes, muertes y asesinatos. Hay que mover el culo. Y lo malo, solo se puede erradicar con violencia y muerte. Yo apuesto a que ganarán los pacíficos, los hipócritas o malos siempre ganan. Tras el periodo de guerra, los vencedores deberán luchar contra la pobreza, el hambre y la enfermedad; las guerras esquilman los recursos económicos. Tranquilamente, alcanzar un nivel de bienestar parecido como el anterior a la guerra puede llevar treinta años y la pérdida de una cuantas generaciones. La guerra es la parte más escandalosa, lo bueno viene después. Como ocurre con las catástrofes nucleares. Y entonces sí deberán trabajar con un par de cojones y llorar menos con su teléfono en la mano. La debilidad y la cobardía no es algo de lo que nadie deba sentirse orgulloso. Si algo pesa, uno se esfuerza por levantarlo, no se llora, no se publica un estado de mierda en una red social. En la pacífica y mística India, comen mierda y se bañan en ella; llevan décadas haciéndolo. Es el precio a pagar por la cobardía del pacifismo, por el borreguismo de las castas inferiores. Al ataque y que muera quien deba, que viva quien pueda…
¿Cuál es la razón por la que los palestinos tienen tantos simpatizantes en las sociedades occidentales de los países desarrollados?
No se trata de razones humanitarias, las sociedades occidentales de los países desarrollados, son auténticas granjas de gallinas. La decadencia de esas sociedades lleva al conformismo, a la sensiblería barata y la capacidad para no tener reparos en vivir y pensar indignamente.
La hipocresía y un activismo cobarde de red social es su forma de responder al terrorismo.
Hace años que no han visto sangre abundante y se marean al ver unas gotas.
Israel es una sociedad occidental; pero no se ha domesticado como los europeos, estadounidenses o incluso como en algunos países de Centro y Sur de América. Los israelíes llevan una vida cotidiana cargada de violencia y amenazas, están rodeados de enemigos por todas partes.
Y como occidentales que son, los occidentales europeos y americanos sienten vergüenza de ser tan decadentes; pero sobre todo tienen miedo de que por culpa de esos “malditos judíos de Israel”, el islam un día se pueda cebar en todos ellos que son inocentes.
No hay razones humanitarias por parte de las gallinas occidentales para apoyar a los terroristas islámicos de Palestina. Las razones son de envidia hacia un pueblo que tiene el valor de vivir en una constante guerra en la que por ejemplo, sus mercados han sido mil veces masacrados por terroristas suicidas. Y no cesan los ataques diarios.
Si en Palestina hay agua en las casas y verduras frescas, tras siglos y siglos de aridez y hambre hasta para las pocas cabras que hay, es gracias a Israel.
El judaísmo además de una religión es una férrea disciplina de aprendizaje y formación desarrollando mentes analíticas y fortaleciendo los valores de estudio, valentía y determinación. El cristianismo y el islam, fortalecen los valores de esclavitud y obediencia ciega. Borreguismo puro, rebaños humanos con caminos muy señalizados hacia el matadero. Todo lo cristiano e islámico tiene un tufo de servilismo que insulta la dignidad.
Por estas razones, muchos son los judíos con dotes y empuje para crear empresas y negocios rentables. El judaísmo es estudio continuo, incluso asfixiante a ojos de las acomodadas gallinas geográficamente occidentales.
Gracias a los israelíes, no hay más atentados en occidente. Si el islam venciera a Israel, las hipócritas y blanditas gallinas occidentales cambiarían en pocos meses sus iglesias por mezquitas en señal de buena fe y de su respeto a todas las razas y religiones por putas que sean.
Y los musulmanes los matarían en pago a su tolerancia.
¿De verdad se cree alguien que el islam no es un enemigo?
La ingenuidad de esta puta sociedad decadente es repugnante.
A los israelíes se les tiene por los malos y por los fascistas, por miedo a que un día el islam pudiera extenderse más por Europa y Estados Unidos y el consecuente miedo a la guerra.
Hay que madurar, no existe ni un solo ser humano bondadoso, ni buenas intenciones tras ningún gobierno judío, cristiano, budista o islámico.
Solo hay malos y menos malos.
Hay que agradecer y admirar a Israel.
Porque tras las emotivas hondas que lanzan piedras, hay decenas de individuos cargados de cobardes y miserables explosivos para reventar gente inocente por su religión, su ignorancia y su servilismo hacia un dios que les dice que son vacas y se han de sacrificar a sí mismas.
Churchill dijo: “Pudieron elegir entre el deshonor y la guerra, eligieron el deshonor y por tanto la guerra”. Y no hace muchos años de esto, y en este punto de indignidad se encuentran gran parte de ciudadanos occidentales que lloran por el valor de una influencer de Instagram, de abofetear a un soldado israelí. Idiotas…
Cuando alguien te amenaza, has de actuar; no lamer sus genitales, cobardes.
(Una alusión a Palestina en un post (18/06/19) de mi amiga María María en Facebook, me ha llevado a reflexionar sobre este tema de nuevo, por enésima vez.)