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El feto era especial, precozmente sensible, curioso por la vida que le aguardaba.
Sin embargo, algo no marchó bien, los sonidos que llegaban de ahí fuera eran horribles, hostiles contra lo que su instinto y naturaleza le llevaban a esperar. Y su organismo, cada una de sus células que se multiplicaban para formarlo, estaban expectantes ante cualquier cambio en las condiciones de idoneidad para nacer.
El bebé nació muerto porque le ofendió y temió lo que olió y sintió a través del cordón umbilical y el líquido amniótico que propaga el sonido con terrorífico realismo. Incluso algunos malos sabores que llegaban como una hiel desde la placenta.
“No nacerás” es el mandamiento humano primigenio que los bebés lindos obedecen cuando es hostil la vida.
Incluso dos segundos de vida son tortura y humillación eternas en el degradado mundo de la humanidad, incompatible con la propia naturaleza de la cría que nace.
Tal vez, pobrecitos, los buenos tienen un sistema de autodestrucción para no convertirse en masa amorfa palpitante.
Aquello no estaba bien. La vida es otra cosa diferente a lo que sentía. Se lo decía cada una de sus células que trabajaban afanosamente en su construcción.
Toda señal sensorial del exterior era artificial, incluso algunos nutrientes de la madre.
Hubo un momento en el que el feto sintió una vibración acompañada de un sonido chirriante que se extendía por el útero agitando incluso la placenta, molestándolo.
Asustándolo.
Aquel día, antes de nacer muerto, madre comenzó a agitar la cadera extrañamente, jadeaba y sus pulmones y corazón acelerados lo turbaron creando alarma en su instinto de supervivencia. Y en un momento dado, dejó de respirar y crisparse toda ella mientras el padre le decía: “Te ha gustado, ¿eh mami? ¿Ves como sí que podías?
Y el ruido chirriante y la vibración cesó al fin.
Nunca llegó a poder definir el bebé hoy muerto que madre se había corrido.
El feto se sintió extraño en lugar y tiempo. Llegaban cosas inquietantes a través del vientre reverberando en el limbo-fluido que habitaba.
Hubiera sido muy inteligente, ya tenía una conciencia intuitiva y efectiva del lugar y tiempo en el que nacería.
Prefirió no nacer, su instinto le gritaba que nacería en cautividad en ese mundo, como madre, para toda la vida.
Para toda la puta vida.
Y se imponía la nobleza humana, una dignidad.
Los bebés inteligentes que escuchan o sienten cosas en la oscuridad del vientre no quieren ese vivir.
Son muy pocos los que tempranamente desarrollan esa habilidad sensorial y se niegan a respirar un aire rancio y ante sus ojos un horizonte que provoca ecos demasiado cercanos con olor a cemento, asfalto y excrementos húmedos de las alcantarillas.
Los bebés que se forman con el instinto humano más desarrollado o agudo tienen una conciencia primigenia funcional y su afán de vivir se marchita ante la falta de libertad para desarrollarse dignamente.
Y por todo ello la humanidad se degradada un poco más cada día, por cada no nato.
Su corazón o pulmones no han funcionado o tal vez haya alguna malformación o mutación no detectada. Su cuerpo inerte está entre las manos de una comadrona repentinamente silenciosa.
Hoy, hay dos sangres en el paritorio: la del coño de la madre y la inmóvil del bebé, atronadoramente desoladora.
Malvivir no es vida, sólo una larga agonía.
Mejor no nacer.
Y en los bebés que nacen, pobrecitos míos, la sabiduría primigenia de especie se ha retrasado y no pueden intuir la indignidad de respirar ahí fuera. Nacen esclavos hasta la muerte.
Es la razón de que en cada nueva generación surjan menos o ningún creador.
Los nacidos, como los que ahora respiramos, servirán de comida para el estado/dios, sus ministros y sacerdotes. Viven triste e indignamente fermentando sus esperanzas y anhelos hasta que la indolencia se apodera de ellos y los lleva a borrar cualquier concepto de libertad y dignidad en su día a día.
El sistema nervioso del bebé advirtió en varios momentos de su corta intra-existencia que algo lo espiaba desde allá fuera arrastrándose por el vientre materno; una presión que deseaba controlar, espiar su intimidad, su vida apenas formada.
Algo que no era madre lo esperaba allá afuera. Y si no era madre, era predador de tacto duro, hostil.
Reptil.
Y los bebés quieren ternura, una piel cálida que los acoja. Es su derecho indiscutible.
Las madres y padres que no desarrollaron en el útero esa sensibilidad ambiental no pueden intuir siquiera lo que su feto o bebé podría temer.
Las sociedades cautivas humanas se han saturado de pobres bebés que no supieron sentir y los humanos de calidad, los autosuficientes, los libres ya no nacen. No hay esperanza para la humanidad, está abocada definitiva e irremediablemente hacia el pensamiento y conducta insectil totales.
Al bebé se le marchitó el ánimo de vida en el vientre de madre y nacer dejó de ser ilusión.
Si no hay alegría de nacer ¿para qué quieres un corazón, pulmones o el cerebro mismo?
Por cada sonido que le llegaba amnióticamente del mundo-prisión exterior se le desanimaba un poco el ritmo del corazón.
Perdía latidos…
Hasta que se detuvo para siempre poco antes de emerger ante el ofensivo olor químico de un hospital. Y sus sonidos plásticos…
La madre sufre la tragedia que no olvidará jamás sumándose a su cautiva existencia; nunca sabrá que su pequeño eligió dignidad a falta de libertad.
Es el momento de blasfemar.
Otra esperanza hecha añicos, una pena que cauteriza toda alegría y esperanza.
Es tiempo de odiar el mundo mal construido que ha asesinado al bebé.
Consuela que no haya nacido para sufrir, para ser humillado.
Con esa precoz habilidad, era lógico que el bebé forzara a las células a detener su trabajo por la implícita tristeza que madre le insuflaba inconscientemente en su sistema neuronal.
Todo bebé raramente inteligente nace muerto al presentir la mierda de vida que le espera.
Su naturaleza e instinto rechazan ese horizonte, aire y materiales adulterados.
La especie humana no tiene salvación, cada generación es física y mentalmente más pobre que la anterior y en esas malas sangres surgen los políticos actuales y las poblaciones que se dejan someter a sus fascismos, mentiras e ignorancias.
Desde que los bebés puros de naturaleza humana nacen muertos, la especie humana camina hacia la extinción.
Los que se forman con el instinto animal humano íntegro no pueden ni deben adaptarse a la cautividad de los asentamientos humanos hacinados o urbanos.
Mejor muerto que la dignidad podrida infectando el alma, si la tuviéramos.
Un bebé muerto, otro más.
Misericordia…

Si apenas haces más que trabajar alimentando a un gordo, voraz y monstruoso gobierno o estado, no cedas ni un solo placer con servilismo. No te resignes y que el placer robado, de los pocos que disfrutas, le salga caro al estado, aunque te jodas.
No es sólo tu placer, es también una libertad. Y sobre todo, tu dignidad.
Que no te prohíban otro placer más y al estado hijo de puta le salga gratis.
Que no te humillen y asfixien en nombre de una salud fascista de mierda. Haz daños a las cosas ajenas a tu alrededor, animadas e inanimadas.
Tú gestionas tu salud como te da la gana, como te place. A nadie, ni al puto estado le importa una mierda tu salud.
Esa vaca gorda rellena de hijos de puta que es el gobierno te exige que te consumas y enfermes exclusivamente para él, sin perder un segundo en un placer. No te prohíben trabajar aunque un cáncer te desintegre los huesos.
Y te será robado, como la libertad, el placer.
Haz daño, genera destrozos, que paguen caro el expolio de tus satisfacciones, de tu dignidad.
Aunque lo pagues caro, porque en realidad, los puercos que rellenan esa vaca gorda te están jodiendo cada día sin descanso.
Te quedan tan pocos placeres ya, que vale la pena usar la violencia para protegerlos, para vengarlos. Bien vale pagar las consecuencias si te cazaran.
Lucha por tu placer y libertad con la intensidad con la que trabajas y te explotan. Y a la mierda con todo.
Porque prácticamente, sin placer ergo sin libertad, estás muerto ya.
No dejes que le salga gratis al puto estado su robo.
No mueras indigno, no seas el manso y aséptico cadáver obediente y sano que lo ha dado todo a la gorda y sucia vaca sagrada a cambio de mierda.

Foto de Iconoclasta.

La Sanidad nazi-estalinista (seguridad social española), institución puntera y ariete contra toda libertad y necesidad biológica que rige el rey y ayatolá hispanocatalán Sánchez I el Arribista, sumo sacerdote masónico de la secta psoe, inventor de la Amnistía Corrupta Española 2024 y cobarde histórico; que en el 2020 mediante su famoso coronavirus y con la complicidad de su vice Caudillo Iglesias usó como medio para matar a decenas de miles de viejos pensionistas en los geriátricos en los que decretó su cierre y sellado para que nadie pudiera auxiliarlos y así absorber millones de euros de las pensiones que ya no sería necesario pagar. Y al tiempo, usada como ofensiva contra toda libertad y necesidad biológica de la casta paria asalariada española, incluso para enfermarla.
Ahora, mediante su nueva sicaria ministra, lanza una nueva ofensiva de represión y batería de prohibiciones contra la casta paria asalariada española, haciendo del tabaco otro coronavirus.
El nazismo-estalinista islámico del ayatolá Sánchez I el Arribista, encarnado ahora en la ministra nazi que ocupó el cargo que dejó el actual cacique nazi autonómico catalán; tiene como fin prohibir y eliminar todo placer de la masa asalariada española con una razón tan simple como toscamente planeada:
Si se prohíbe el tabaco, que afecta mayormente a la casta paria asalariada, el estado nazi sanchizta se podrá apoderar de ese dinero que los parias asalariados gastan en fumar cargando un veinte por ciento más de irpf en las nóminas de la casta paria. El narco estado corrupto estalinista español del ayatolá Sánchez I el Arribista, ya tiene los cálculos exactos del dinero que le podrá robar a los asalariados por la prohibición de fumar en nombre de la sanidad nazi.
Hará exactamente lo mismo con la carne tan infame e innecesaria y luego con los letales dulces y refrescos.
Ya tendrá una línea de ropa para uniformar a la casta paria, porque un asalariado no tiene que calzar o vestir ropas de ultrarricos.
“¿Y para qué queréis más dinero si no hay en qué gastarlo? Pontificará el ayatolá Sánchez I el Arribista y su sicaria sanitaria nazi desde el púlpito a “todas y todos”, sonriendo con los dientes forrados de oro.
Una vez conseguida la represión en placeres y comida, se prohibirá el acceso a playas y montañas por razones clima-sanitarias.
Y así, una casta paria asalariada indolente y cobarde disfrutará de una vida “segura” y con las “necesidades” cubiertas por el narco estado español nazi-estalinista islámico del ayatolá Sánchez I el Arribista, con su corte de psicópatas jerarcas ministeriales orondos y dorados como marranos decorativos.
Asalariados y pensionistas permanecerán estabulados en las ciudades-granja por las prohibiciones sanchiztas.
Y se creará por ello una nueva especie de cerdo ibérico de dos patas que lucirá (“todas y todos”) el respectivo marchamo de denominación de origen española en la oreja.
El cerdo-asalariado y el cerdo-pensionista serán la nueva virtud de una España de eternos fascismos y dictadores asesinos y genocidas.
Porque “¿Para qué quieren el dinero si no lo necesitan?” Clamará el ayatolá Sánchez I el Arribista desde el púlpito en su homilía ante el parlamento europeo propiedad de la bruja Leyen.
La agenda 2030 usa al cerdo ibérico español de dos patas, como conejillo de indias en el ensayo previo a la próxima estafa y crimen planetario.
El ayatolá Sánchez I el Arribista sueña erecto con ser el secretario mundial del nazismo-estalinista, por méritos y dedicación esquizofrénica.
No será así de fácil y rápido, hay gente que deberá morir en la cercana guerra que se avecina porque no accederán dócilmente a ser los nuevos cerdos ibéricos estabulados bajo los pequeños genitales del ayatolá Sánchez I el Arribista.
“Cuando el camino se pone duro, el duro se pone en camino”. Es inevitable la violencia de la guerra mientras existan seres humanos no-cerdos, no dóciles, no indolentes y librepensadores.

Naces y apenas has dejado de mamar te meten en una serie de centros de educación y doma que te roban una cuarta parte de tu vida: la infancia y la juventud, las más importante y útil para el correcto desarrollo de cualquier mamífero. En definitiva, te convierten en un animal nacido en cautividad.
¿Cómo no vas a ser un crédulo y buen contribuyente tras quince o veinte años de doma y castración mental por el estado/dios? Y si no lo fueras, serías un paria también obra del estado/dios del que sacarán beneficio también.
Es lo peor que le puede pasar a cualquier animal: nacer en cautividad.
Pero no eres consciente de tu cautividad y naturaleza rota. Tras todos esos años de castración mental (incluso físico/biológica en ya gran número) y adoctrinamiento eres incapaz de imaginar otra forma de vida y mucho menos la libertad.
Lo siento… No tuviste la más mínima oportunidad al nacer.
De morir esclavo y con veinte años tirados a la basura no te libras; pero tu muerte puede ser digna si mueres sabiendo lo que te han hecho. Diciendo adiós a todos esos hijos de puta que te robaron la infancia y tu naturaleza, que aniquilaron tu instinto de libertad y creatividad.
Déjalo escrito para los que nazcan, por si alguno como yo nace y asiente a lo que lee: “Sé lo que hicisteis conmigo, puercos hijos de puta”.
Y que se metan a sus queridos filósofos clásicos por el culo, aquellos tanto te hicieron estudiar para ser una buena res adaptada y servil al estado/dios. Que se vayan a la mierda aquellos decadentes “sabios clásicos” que se alimentaban sin dar un palo al agua, declamando su diarrea mental mientras un esclavo les lamía los pies. Aquellos primeros precursores homosexuales pervertidos que luego mutarían en los actuales aristócratas: pedantes políticos timadores y usureros.

Amanece lloviendo en una mañana bellamente oscura, relajada de luz, con el sonido acolchado que el bajo cielo rebota sin matices, sordamente, como un susurro en el oído. Es un día a juego con la piel de los cadáveres y la silente inmovilidad de sus pulmones.
Con el pensamiento oscuro llega la serenidad de la desesperanza.
No hay nada que esperar, tranquilo.
Y la depresión de los pusilánimes que intuyo, allá muy lejos, me provoca un conato de gozo añadido.
En soledad soy puramente yo, inmune a la vergüenza y al control. Es la razón de que las emociones se derramen como un torrente dentro del cuerpo y las entrañas oscilen flotando en cálidos embates de llantos íntimos, densos y aterciopelados.
Las tristezas se extienden con ternura entrando por los ojos infectando los dedos que, deliran acariciando algo invisible y hermoso en el aire. O cierro los ojos a una brisa que porta recuerdos y emociones por las que valió la pena nacer.
Y así, indefenso a mí mismo bajo la lluvia, encuentro el cadáver de un pajarito, un ser pequeño y bello que crea una angustiosa oscuridad en el ánimo. Una cuchara tan roma como dolorosa se clava en el corazón y me arranca un trozo del alma que se me escurre por los labios en un gemido mudo.
Es el suspiro más triste del mundo, un espectáculo digno de mí.
Qué pena, pobrecito mío, que no conocía su existencia y he tenido el honor de conocer su muerte, su tierno cuerpo aún incorrupto.
Tan pequeño y tanta desolación acumulada…
Pienso y deseo que ojalá me muera antes de ver otra naturaleza muerta.
Me siento ruin de seguir vivo ante esta hermosa y pequeñita vida que fue.
Purgo la pena dedicándole mis inútiles mejores deseos, un adiós tardío y una pena atómica.
Pareciera que acumulo muertes. Soy el contador de los cadáveres más bonitos del planeta.
Conozco ese dolor de la muerte en sus garras cerradas y crispadas.
Una certeza dolorosa.
Los salmos sabios del horror y la pena.
Lo conozco tan bien…
Siento tanto que haya sentido esa angustia, la certeza del fin durante una pequeña fracción de tiempo.
Pobrecito mío…
Y yo tan vivo de mierda, como un puto cobarde.
No puedo evitar quererlo ahora que está muerto helándose en un frío charco, con los ojos tan abiertos, mirando el cielo al que ya no volará.
No puedo sentir indiferencia. Por favor…
He perdido un trozo de alma y hay un agujero en el pecho que me roba la respiración.
Me duele la cabeza tan adentro que pareciera que nunca más podré sonreír.
Es hora de descansar, no quiero saber de más muerte que la mía.
Misericordia.
Estoy harto del frío en la piel tan parecido a estar muerto, de la gélida lágrima que no acaba de derramarse del párpado y amplía la visión del horror, una lupa lagrimosa y sórdida.
Y aquí entre los seres bellos, no llevo la máscara de la impasibilidad. Estoy indefenso a las tragedias mínimas.
Ojalá el próximo cadáver sea yo. Estoy agotado, cansado y triste de la peor forma posible, en libertad, en soledad. Sin que nadie interfiera en este dolor del súbito vacío.
Tan pequeño, tan bonito…
Soportando la muerte con los ojos bien abiertos.
Que valiente, pobrecito mío.
Y yo tan asquerosamente vivo.
La vida es una pesada carga, ya no quiero saber o experimentar más. Soy más sabio de lo que hubiera querido ser jamás.
Me quiero morir, aquí al lado del valiente.
Desaparecer con él.
Dios es un trozo de mierda, amiguito mío. No temas, el cerdo no existe y serás libre.
Si pudieras ser algo tras morir…
Me quiero acostar junto a él y ver las cosas que ya no ve.
Y no penar más.
Me duele inevitablemente el corazón.

Foto de Iconoclasta.

No tardarán en robarte el aire de los pulmones.

Tiene cierto encanto épico escribir con guantes a 3ºC, me siento hábil y ocurra lo que ocurra, hago lo que quiero.
Lo intento…
Porque todo lo que uno quiere o desea es un deber que cumplir. No importa lo que una ley o dogma diga, las leyes existen para ser desobedecidas; es deber de todo ser humano distanciarse de legalidades y mandamientos religiosos porque están pensados para y por el enriquecimiento del estado/dios en detrimento del individuo, votante o contribuyente.
Si para realizar lo que deseas te planteas su aspecto legal, has fracasado como ser humano; eres una cosa más, un ítem en la relación del botín recaudado por los saqueos del estado/dios. Lo mismo ocurre si la legalidad se disfraza de religiosidad como el judaísmo, cristianismo o islamismo.
La búsqueda o ejecución de tu deseo es prioritaria a cualquier ley o mandamiento religioso.
Por supuesto, por tu propia seguridad y supervivencia, actúa sin testigos. Secretamente, sea o no legal, una consideración ésta que no debes plantearte.
Y nadie debe saber de tu propósito, de tu voluntad. Has de comprender que la ley y la religiosidad son tus enemigas, pretenden controlar tus deseos para hacerse con ellos.
Esclavizan y parasitan tu esfuerzo sin intercambio, siempre pierdes, siempre te humillan, siempre te encarcelan.
La especie humana actual nace predispuesta genéticamente, por una selección secular del estado/dios, para respetar las leyes que la humillan, asfixian y arruinan.
Es pornografía para la dignidad.
Y denigrante.
El estado/dios es impune a todo “delito” semejante y superior a cualquiera tú pudieras cometer.
De hecho, igual que nacemos con el pecado original según el cristianismo, para el estado/dios nacemos sospechosos y culpables. Y hay determinada chusma que vive de este dogma y cobra mucho dinero para controlar lo que ganes o hagas y así arrebatarte una importante cantidad para el estado/dios. En definitiva, los policías/funcionarios son los sacerdotes del estado/dios y de ellos hay que ocultarse.
Tras miles de años sometidos, la situación es insostenible como ocurre ahora en España y países semejantes que han convertido sus decadentes y caducas democracias en corruptas cleptocracias fascistas de ridículo e infantilizado comunismo homosexual clima-sanitario.
Se impone la violencia, el único medio que dispones para defenderte. Y cada día con más premura, porque no tardarán en robarte el aire de los pulmones y tú dárselo con obediencia servil porque estarás agotado, consumido por el parásito del estado/dios, por sus leyes y mandamientos de usura, por sus delitos y condenas de los que eres sospechoso y condenado, los pecados y penitencias por los que debes pagar en vida y muerte. Y todo ello a cambio de la más negra muerte, una inexistencia absoluta como el frío en el espacio tras una vida estéril e indigna.

Foto de Pablo L.B.
Montaje de Iconoclasta.

Hola pequeñitos humanos.
Os voy a contar el cuento de las nubes muy tímidas y coquetas que al atardecer, cuando el sol se oculta con sus últimos rayos rojizos, les da un besito de buenas noches y se despide de ellas y el cielo hasta mañana.
Ese color rosado y hermoso es el rubor de las coquetas nubes.
Y el sol y yo nos reímos con cariño al verlas tan vergonzosas y bonitas.
Que nadie os estropee el cuento y la ilusión.
Porque el profesor malo os contará que ese color es enfermedad por la suciedad del aire debido al cambio climático, partículas que tiñen venenosa y radiactivamente de rosa a las coquetas y tímidas nubes. Fijaos, seguro que lleva una insignia circular con banderitas en la chaqueta, la de la Agenda 2030.
Id con cuidado con él, es un ogro que no quiere que miréis las hermosas nubes sino su libro de mandamientos que prohíbe la alegría y la ilusión. Os quiere tener apresados y controlados, cobardicas escondidos bajo su horrendo libro de multas y amenazas hasta que seáis viejos y débiles.
Cuando seáis como mamá y papá de grandes, os robará todo lo que ganáis para dárselo a su amo el presidente del país. Quieren vuestro profesor y gobierno que los cielos, vuestra piel y vuestro pensamiento tengan el color del plomo, un gris tenebroso.
Guardad secretamente este cuento de las nubes bonitas y el sol que se va a dormir, que no lo vea vuestro malvado profesor de la Agenda 2030 o lo quemará y os castigará como me castigaban a mí de niño los profesores que trabajaban para otro señor también muy, muy, muy malo y que le llamaban el caudillo.
Ambos, el de hoy y el de mi infancia son malos como las serpientes venenosas.
Guardad vuestra ilusión, pequeños humanos, y no creáis al malvado y devorador profesor de libertades e ilusiones.
Acordaos siempre del besito de buenas noches del sol a las nubes y sonreíd.
¡Shhhhh…! (pero en secreto, que no lo sepan los malos).
Buenas noches sol, buenas noches nubes, buenas noches pequeños.

Foto de Iconoclasta.

Es fascinante, mágico e incluso espiritual observar las almas surgir y desprenderse de la tierra y los árboles cuando el sol derrite la escarcha de la noche.
Hacen el frío más cálido y aterciopelado, no muerde con tanta fuerza el pensamiento.
Tal vez sea por respirar las almas libres y serenas que se extienden por el prado silentes, sin drama.
Las saludo en silencio, con la mano acariciando el aire. Y les deseo feliz viaje a donde quiera que vayan.
Con cierta melancolía anticipada pienso que en mi último latido, antes de la definitiva horizontalidad, añoraré estos hermosos y escasos momentos que el mundo regala.
Me gustaría que el sol hiciera eso conmigo, sacarme con su calidez de la tierra y darme la libertad de la flotabilidad.
Pero sé que me quemarán como un puto neumático viejo o meterán en un cajón de hormigón. Aunque una vez muerto, me sudará la polla lo que ocurra.
Estoy en el momento y lugar preciso para variar. Es lo único que ahora me importa y gozo.
Y casi siento desprenderme de mi piel siguiéndolas y dejar mi carcasa aquí y ahora que todo es perfecto.
Es importante acabar bien.
“Vivir agota ¿verdad, amigas?”, pienso.
Siento…
À bientôt! bellas almas.
Ya pronto…

Foto de Iconoclasta.