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La sucia y decadente sociedad global del poscoronavirus o pos-covid-19, ha aprendido en masa a ser tan indigna, rastrera y represora como lo fueron con ella sus amos mesiánicos salvadores durante la pandemia del coronavirus. Que son ni más ni menos, los mismos amados, votados y aclamados líderes políticos de las hipócritas y falsas democracias mierdosas del nazismo, la cobardía, el servilismo y la mansedumbre.
Esta cochina sociedad se ha convertido en la basura humana descrita en la novela Fahrenheit 451 (temperatura a la que arde el papel para más señas) de Ray Bradbury. Donde el trabajo de los bomberos era quemar todos los libros, cuantos encontraran por ellos mismos o por la población cerda que denunciaba a quien sospechara que tuviera uno en su casa o metido en el culo. La quema de libros era una ley, un decreto del estado subnormal.
La repugnante y mezquina civilización o sociedad actual es prácticamente igual en todo el planeta. La realidad supera a la ficción, nunca mejor dicho.
La chusma actual ha aprendido de sus jerarcas que el ciudadano ejemplar tipo, es un puerco censor que lloriquea a sus amos pidiendo más prohibiciones y censuras de todo tipo.
Caminar por el planeta, entre la población humana, es como observar a miles de millones de retrasados mentales dando cabezazos contra las paredes del patio de recreo de una escuela porque no son capaces de ver la puerta para salir, sin el amo que les indique con una vara a donde ir.
Es hora y urge, la extinción masiva de la población humana. Si esta mierda que se lee en la noticia y puedo atisbar en el día a día, se convierte en conductual globalmente, la especie humana debe morir, o se la debe extinguir. Y rápido porque se reproduce a una velocidad ratonil pavorosa.
Es que no solo son dañinas para la inteligencia, la cultura y la ética las actuales sociedades; sino que es indigno, repugnante a la vista y a la ética más concretamente, observar al humano cerdo medio que tanto se da, deambular por las globalizadas calles del planeta, de cualquier país elegido al azar.
La prueba está en que son tan numerosos los puercos como para retirar un libro en una escuela, en este caso la insípida y aburrida biblia que solo hiere la sensibilidad de los analfabetos que no acostumbran a leer más de cuatro o cinco palabras seguidas y además, con dificultad de comprensión. En cualquier libro de necesaria y didáctica historia se narran crónicas parecidas. Por lo cual, también deben ser quemados o retirados ¿no?
Y borrar toda crónica y descripción del genocidio judío que cometieron los alemanes nazis porque también es feo ¿eh, hijos de puta analfabetos?
Estáis jodiendo el valor, la inteligencia y la creatividad, pedazos de mierda.
Debe estallar una gran guerra mundial o un desastre nuclear que reduzca la población humana subnormal a una cuarta parte de la actual. Pongamos unos ¿cinco o seis mil millones de almas? Con especial hincapié exterminador en los países más desarrollados como el que indica la noticia. En el que los cerdos de dos patas hacen el aire irrespirable con su porcina emanación de fluidos y aire viciado que regurgitan sus pulmones decadentes y degenerados.
Se debe llevar a cabo ya, porque la especie humana a día de hoy es demasiado longeva y su reproducción de cariz roedor, augura de igual forma una aniquilación caníbal que tardaría mucho tiempo en ser efectiva.
Por lo tanto, la solución está en que mueran miles de millones de reses humanas de una sola tacada.
De una buena tacada.
Sin agonías ni largos prolegómenos.
Saber que no existirán ya cerdos (o al menos no en tal cantidad) como los de la presente noticia, nos daría en caso de no haber muerto, paz y esperanza de una vida y evolución dignas.
Los libros no son imágenes pornográficas que saltan a la vista, pedazos de mierda, puritanos analfabetos de ano enfermo y herniado de degeneración y obediencia al amo.
Quien censura un libro, censura la imaginación y la creatividad más básica; se caga en el ser humano que gracias a él, los cerdos actuales de dos patas han llegado a vivir tanto tiempo y tan decadentemente.
Hijos de puta censores nazis…
Si la palabra te ofende, clávate palillos chinos en las orejas. Profundamente, imbécil.
Hasta llorar sangre, porque cagarla ya lo haces. Y no te creas que la sangre se debe a que estás de parto, ignorante.
Palurdos analfabetos…

Iconoclasta

¿De dónde sacan los dioses? ¿Y dónde duermen? ¿Qué comen? ¿A quién? ¿Quién los creó? ¿Cuánto matan los dioses por minuto? ¿Los psiquiatras que los revisan son corruptos?
¿Tienen titulaciones oficiales? Es que hay tanto imbécil vivo y tantos buenos muertos, que tengo serias dudas de su divinidad y omnipotencia de mierda.
Todo el mundo dice que no cree en dios, pero tampoco niega su existencia por si acaso (por si dios lo castiga, pinche cagón cobarde…).
Es la muestra de cobardía más mezquina y primigenia que existe en el cráneo vacío del ser humano en general.
¿Qué precio tiene un cráneo humano descarnado, pulido y barnizado con dentición completa? ¿Y un cerebro en formol? ¿Cuánto piden por un corazón podrido? ¿Los fetos muertos se pagan por edad o peso? ¿Está legislada la colección de restos humanos con fines decorativos?
Son cosas que todo el mundo desconoce y ansía saber para ampliar o crear su colección sin trabas administrativas.
Los monstruos no viven entre nosotros.
Somos los monstruos.

Iconoclasta

Iconoclasta

España desciende hacia a la sordidez y la Edad Media arrastrada por el nazismo poscoronavirus.
Son tan represivos y criminales los jerarcas nazis españoles con su ecología de estafa y robo, que han puesto en jaque la subsistencia de mucha gente.
Toda dictadura consiste en asfixiar a la clase baja o trabajadora por ser la mayoría y a la que se puede estafar con impunidad, sin consecuencia alguna. El grado de asfixia depende de la habilidad del hijoputa dictador. Si se pone en peligro el sustento de la población; no todo el mundo reaccionará con pasividad o indolencia. Muchos no se quejarán o manifestarán con mansedumbre y festividad; recurrirán a la violencia.
Porque es un acto violento que el estado prive, impida o se interponga en el sustento de la población. Y cuando se llega a eso, la única salida posible es responder con violencia al estado, al gobierno.
Malo para los lobos y también por los que están siendo amenazados o privados de su sustento. Y al estado dictador tampoco le puede ir muy bien, porque va a tener que pagar muchos desastres y mover tropas y policías en una nueva guerra civil.
En definitiva, todos pierden; pero de lo que se trata es que la casta paria ya lo tiene perdido, con lo cual, les importa una mierda. Y yo digo, que es perfecto.
El gobierno español nazi poscoronavirus compuesto por chusma rica sin formación ni cualidades, tras los encarcelamientos que ha decretado contra la clase trabajadora por coronavirus, las extorsiones y segregaciones por la vacuna del coronavirus y la humillación de imponer el bozal para enfermar y cerrar la boca de la población con el coronavirus durante tres años; ha dado por hecho que la población se dejaría empobrecer miserablemente y que su respuesta sería una tarde de aplausos.
Un gobierno ignorante, arribista y decadente que no ha tenido inteligencia suficiente para frenar su codicia y padece un severo y provinciano narcisismo propio de los imbéciles.
El estado ha creído que todo el campo es orégano. Es decir, que todos los habitantes tragan pobreza, humillación y robo con aplausos y “yo me quedo quieto en casa” otra vez.
Y así, con esa grata experiencia de los fabulosos resultados de su extorsión y humillación a la casta paria o trabajadora, ha creado sus particulares bosques de Sherwood para la jerarquía nazi gobernante y sus secuaces. No tardaremos en ver manos humanas cortadas en un capazo como castigo a quienes hayan osado cazar un conejo en los bosques de Sherwood del nazismo español penitenciario homosexual sanitario climático.
Bien, pues las cabezas de lobo son un mensaje tribal, de lo más marcadamente humano y ancestral.
Un aviso de que podrían ser otras cabezas las cortadas. No hay nada gratuito en el hecho de que dos cabezas de lobos decoren el edificio de una institución.
Las cabezas cortadas es uno de los recursos más viejos de los asentamientos humanos para enviar una amenaza.
Aunque en El Padrino usan una cabeza de caballo… Los guionistas fuman demasiado tabaco adulterado.
Unos niños pijos cocainómanos e ignorantes (el gobierno) han creído ser amos y salvadores de la humanidad española. Y ahora unos adultos hartos del nazismo les han enseñado lo que es la violencia que se avecina.
Es la guerra, un proceso no solo normal, sino necesario cuando te oprimen hasta la humillación y la asfixia.
Y al enemigo ni agua.
Lo realmente macabro serán otras cabezas. Y si no, que pregunten a los mexicanos lo que significan las cabezas cortadas en los zócalos (plazas mayores) de las ciudades…
Una seria amenaza de que habrá más, lelos.

Iconoclasta

Hay algún restaurante en España, que en caso de que no bebas vino, licor o agua sin gas; si eres de tomar refresco en la comida, te convierte en hereje por muy descreído de todo que seas.
Talmente como en los países moracos que prohíben cosas de todo tipo y elevan a rango de delito algunas costumbres.
Como no avisan de que no sirven refrescos en ese restaurante, cuando te preguntan qué quieres para beber y pides cocacola, te miran como si hubieras dicho una barbaridad y fuera algo malo. Y te sueltan rigurosa, casi eclesiásticamente, que ellos no sirven refrescos más que un sucedáneo amargo sin más sabor que el saborizante a hiel. Agua sucia enlatada, en definitiva. Y por supuesto, sin gas.
Una vez lo has probado, solo tocarte el agua sucia los labios, aprendes que tampoco les parece bien que esté frío. Y te arrepientes de haber entrado en esa mezquita y maldices tu propia ignorancia y suerte.
La pura imposición es como un nabo metido en el culo que te incomoda. Porque a fecha de hoy, es más difícil no disponer de un refresco habitual que tenerlo. El dogma talibano-español es incruento, por ello das gracias a nadie (no soy crédulo) de que no haya ido a más la blasfemia cometida sin pretenderlo.
Y si tienes cierto concepto elevado de la cordialidad, educación y del “vive y deja vivir”, no les dices que se metan su refresco vía anal y pides tu menú como haría cualquier persona sometida al nazismo, fascismo, comunismo, nutricionismo (humano-ganadero) o mariconismo; sabiendo que no te pasará otra vez. Soy “mu liht-to y ha prendo hen següida” a no meterme en mezquitas ajenas por muy camufladas que estén.
Pero si lo piensas bien, lo peor está aún por llegar: cuando no sirvan en ningún restaurante español un refresco. Está bien, tampoco es malo; con no ir a restaurantes del régimen talibano, ya está. No problem (como se puede apreciar, sé inglés además de ser blasfemo).
Lo malo será cuando prohíban vender los refrescos en las tiendas.
Bueno… Siempre nos quedará internet, amazon, corte inglés, etc…
Lo peor y lo verdaderamente escalofriante ocurrirá cuando prohíban su consumo y en España se empiecen a ver y ejecutar castigos públicos por beber refresco, como hacen los moros en algunos de sus países por cosas parecidas.
Y lo peor de lo peor llegará cuando cuelguen a los bebedores de refrescos en las plazas de pueblos y ciudades, como los moracos en algunos de sus países y sus ciudades asesinan a su gente por algo parecido.
Y lo peor, de lo peor, de lo peor, será que las imposiciones derivarán rápidamente en asesinatos e incineraciones masivas.
Y se pondrán de moda otra vez los botones y peines de hueso humano vendidos a precio de artesanía chachi de exquisita tradición.
En definitiva, hay que estar ojo avizor, observar como deriva el radicalismo alimentario en España y preparar los billetes de ida a otro lugar más relajado y libre en el que no te ahorquen por un vaso de cocacola o no debas envenenarte con un sucedáneo amargo y calientito (en mexicano).
Y si te aplicas espiritualmente un metódico y forzado optimismo, concluyes que cambiar de aires es bueno para la salud, la libertad y la cultura. Mientras dure… Porque el fascismo y sus religiosidades asesinas se globalizan más rápidamente que la pornografía que no mata a nadie (si no te ven pelártela, claro).

Iconoclasta

Votar es el mayor error que una persona con inquietudes de libertad y honestidad pueda cometer. Con ese aparente acto festivo y frívolo, cada voto es una autorización a la dictadura para que el estado ¡con tu permiso y sonrisa! robe y destruya tus más necesarias libertades y necesidades biológicas.
Porque votar, en definitiva, es creer en el estado y pedirle que haga de ti lo que le plazca.
Es un acto terrible y suicida contra la libertad y la dignidad.
El voto autoriza al tirano a hacer tu vida gris e invadir tu intimidad. A erradicar la ilusión de tu día a día para llenarlos con sus dogmas de prohibición y castigo.
Porque lo que llama el estado “civismo” es contrario a tu supervivencia: votar al enemigo para que haga contigo lo que quiera con tu permiso y fe religiosa en él.
Firmar un cheque en blanco y dárselo al criminal.
Depositar tu voto en la urna que te ordenan, es comulgar con la dictadura, recibir en toda la boca su hostia de usura y tiranía, eternizándolas para joder el nacimiento de próximas generaciones.
Es una frivolidad digna de una infancia no formada aun intelectualmente.
El voto es la aberración de la libertad y la voluntad.
Si tú has votado, es tarde ya. Solo, si se diera el caso, podrías educar a tus hijos para que no cometan tu error, que no voten jamás, que no se ahorquen gratis ante el tirano.

Iconoclasta

El cielo cambió en los inicios del 2020. Con el coronavirus o covid perdió el vibrante azul, su saturación. En plena alta montaña, al pie del Pirineo Catalán se hizo lechoso; triste, sucio, tuberculoso.
Fue durante los encarcelamientos nazis del coronavirus cuando empezó a marchitarse su color.
Incluso temía padecer un principio de cataratas. Mi hijo acostumbrado al cielo sucio de la ciudad de Barcelona, no apreciaba el cambio de matiz.
Era angustioso mirar ese azul pálido y enfermo todos los días.
Cuando levantaron la prisión para la clase trabajadora y lo pude observar lejos de la ciudad, pensé: “Esto es una mierda de cielo, hijos de puta”.
Ha tardado tres años en recuperar su color. En un proceso lento, en los que he podido ver como intentaba ser azul hermoso de nuevo; pero no podía, como si estuviera muy débil.
Ahora, puedo decir que vuelve a ser el mismo. Fotografío mucho, no es algo que me pudiera pasar desapercibido.
Lo que pienso de ello me lo guardo, porque sería dar demasiada inteligencia a los jerarcas nazis que impusieron la nueva dictadura propagando una enfermedad (covid) que mató más personas por los decretos y acosos criminales de los políticos del resurgir del nazismo, que por su patología.
Mi cielo estaba envenenado, contaminado. Rociado con un aerosol blancuzco, con una neblina sucia. Enfermo, tísico.
Y desde finales de este invierno, al fin ha surgido su potente azul de nuevo.
No hay nada que me haga pensar que es un acto de dios o un accidente climatológico.
Soy demasiado viejo para creer en cuentos de hadas y casualidades.
Ese cielo enfermo del 2020, de un azul tísico pasará a la historia de mi vida como el cielo nazi del coronavirus.
Algo sucio, algo pornográfico hicieron con mi cielo.

Iconoclasta

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El alma desciende a los pies para alejarse cuanto pueda de la destructora ira, tiene miedo a ser desgarrada.
Es por ello que dicen de los violentos que son desalmados.
El forense no les examinó bien los pies.
En el alma tradicionalmente habitan las actitudes altas y nobles, las emociones amables. Sin embargo el alma es un velo sutil que se deshilacha fácilmente cuando los puños se cierran o la boca saliva abundantemente por una ira. Se desliza hacia abajo, hacia las patas; porque sabe que moriría si se interpusiera en el camino de la violencia o del odio extático, irracional.
La superchería o religiosidad de rebaño, cómo no, educa a mantener el alma bien alta para que aceptes todo mandamiento y castigo con resignación. Que el alma te proporcione una beatitud digna de morir con un homenaje y liturgia que se pueden meter en el culo.
El alma quiere hacer de ti un mártir.
No existe el bien y el mal.
Existe la ira, el miedo y la obediencia servil. Es el único bagaje humano para vivir y sobrevivir. Las tres actitudes que mantienen una lucha dogmática en la mente de los seres humanos civilizados, castrados ya de su naturaleza.
Jade Negro se ríe y dice “yo tengo el alma en el chocho”. Arriba le da dolor de cabeza y náuseas. Y como el alma es suave, los rabos le resbalan mejor.
–Quiero tu alma amarga, como los hígados que desgarro y devoro –cuando Jade habla parece que lo hace con los ojos, con sus grandes ojos.
–Soy un agujero negro, no tengo alma, soy de metal corrupto -le respondo con un sarcasmo poco convincente.
Pienso que la misantropía pudiera haber devorado mi alma si alguna vez existió.
Me escucha con el ademán de quien ha oído algo lejano e ininteligible, con expresión de “me ha parecido oír algo y no sé qué”, aleteando sus maquilladas pestañas rápidamente.
Tal vez sea ella mi alma porque me ha provocado una sonora carcajada. ¡Qué cabrona! En un segundo ha hecho mierda mi hastío vital, donde dormita la ira.
También le gustaría probar mi sangre; pero le da miedo beber demasiada y que no “te quede la suficiente para poner la polla bien dura”.
Sopeso contestarle que tampoco tengo polla, no una que se merezca.
–Te romperías los dientes –me arriesgo a no ser humilde.
Y ríe estruendosamente.
Continuamos charlando de almas, iras y alegrías; mientras sorbe ruidosamente un Bloody Mary que por sugestión le calma la sed. Y yo fumo como si la besara.
Jade es una hermosa criatura. Y todas las cosas bellas exhiben un cultivado descaro y desenfado que las hace ingenuas e irresistibles, una trampa para atraer a sus víctimas.
Porque es sabia y ancestral como un dios. Su ingenuidad es solo un arte cinegético.
Hace maravillosa la vida cuando aparece iluminando mi oscuridad.
Sin ella no podría sonreír.
No amarla calladamente con el pesar de la imposibilidad, es imposible.
Y lo lee en los jirones de mi alma que parecen colapsar el corazón. Lo sabe…

Iconoclasta

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La extorsión a las necesidades biológicas humanas, la recaudación de usura y la derogación de toda libertad contra la clase pobre o trabajadora a nivel planetario, va a abocar a esta casta paria o trabajadora a un consumo masivo de narcóticos para afrontar una nueva Edad Media, en cuanto al nivel de tristeza por la esclavitud y humillación que va a sufrir con los decretos del Nazismo Poscoronavirus en su cotidianidad; con los mil mandamientos de la Agenda Climática taladrando hora tras hora sus cerebros y sus pobres e infantiles ilusiones.
Unas medidas de extorsión, represión y recaudación que durante los encarcelamientos masivos de la población por el coronavirus o covid; dedicaron su tiempo los jerarcas y burócratas de aquel nuevo nazismo poscoronavirus, a redactar y agendar con un delirio absolutista febril y paranoico. Alardeando desde sus despachos presidenciales por medio de los telenoticieros, ante una población amordazada y atemorizada por el terrorismo de estado; escenificaban la creación de su famosa Agenda Climática 2030.
Quien no se encuentre cerca o cobijado bajo la esfera de poder cuando el nazismo proclame sus edictos, va a tener que hacer uso de todo producto narcótico que le permita evadirse del hastío vital en que lo va a sumir el Estado mediante la pobreza, hambre, derogación de toda libertad y necesidad biológica.
Se puede afirmar que el coronavirus y su nazismo fue el test que necesitaban los gobiernos del planeta para conocer el grado de mansedumbre e indolencia de la masa trabajadora. Y así, con razonable seguridad, llevar a cabo el crimen definitivo de la farsa del cambio climático.
El hastío vital de la población creado por los gobiernos nazis poscoronavirus con su componenda de alarma climática, va a desencadenar una planetaria e histórica ola de drogadicción.
De la misma forma que la URSS colapsó por el alcoholismo de una población comunista trabajadora cuya vida era tan triste y anodina como la de las bestias de granja.
Tal vez le fuera mejor al nazismo poscoronavirus legalizar ya las drogas duras (porque el alcohol no será suficiente para aplacar ese hastío vital que han cocinado), antes de que los menos pudientes se decidan a utilizar la violencia en multitud para conseguirlas y escapar mediante la narcosis de esta dictadura de la estafa climática asfixiante y vejadora.
La Edad Media Tecnológica se está consolidando a marchas forzadas ante la ceguera y la incapacidad intelectual de una población decadente, ya degenerada. Que ha mamado en las escuelas un oscurantismo recalcitrante con una enseñanza inútil para el desarrollo intelectual.
Que los jerarcas actuales nacieran con suerte, es decir, en una familia afín al poder; no les otorga aptitud alguna más que la codicia y delirios de grandeza patológicos propios de todo palurdo de vida fácil.
De igual manera, ser un nazi o dictador, no garantiza ningún tipo de inteligencia, solo tienen a veces suerte. Y no dura.
Por ello la civilización o sociedad entrará en barrena en la violencia.
De hecho, desde las últimas medidas nazis de extorsión y encarcelamiento por coronavirus, la violencia social se ha disparado tanto como para hacer de las noticias diarias todo un espectáculo fascinante de sordidez, crueldad, sexo y crimen diario.
Más les vale a los jerarcas nazi climáticos pactar con sus patrocinadores y socios narcotraficantes para disponer de grandes cantidades de heroína, cocaína, marihuana, crack y ácidos; con las que mantener a la población sedada, ebria y narcotizada de la mierdosa vida que les han agendado. Porque habrán humillado y arruinado tanto a las castas parias o trabajadoras, que inevitablemente aflorará lo más salvaje del ser humano y los actos de violencia serán de una crueldad y número nunca vista hasta hoy en las sociedades occidentales, y se extenderá desde las clases pobres a las esferas de poder.
O tal vez no y simplemente la gente muera deprimida caminando por la calle, como vacas tristes. Pudiera ser por algún veneno que el nazismo poscoronavirus haya creído conveniente atomizar en la atmósfera de las grandes granjas humanas o ciudades.

Iconoclasta

Bueno, algo deben tener para que puedan morir ¿no?
Es anecdótico tener algo en común con los árboles.
Las anécdotas sórdidas siempre son sorprendentes.
Me alegro de que el mío esté dentro. No soy amigo de llamar la atención sobre mí sin vivir en mí.
Si el árbol tuviera que caminar como yo, me gustaría ver si se mantiene tan estoico.
Nunca he sentido una tristeza de esas de enmarcar en el cuarto de las lágrimas.
Yo soy más de blasfemar, es cultural, no es una cuestión religiosa.
Cuando algo duele, simplemente me encabrono.
Asaz…
Y menos mal que la procesión va por dentro y no tengo que pasar horas lijando el tumor.
Dale que te pego sangrando…
Aunque el cáncer no duele, duele aquella carne a la que no le llega la sangre.
Una carne negra que parece, precisamente, el tronco de un árbol con cáncer.
¡Vaya, menuda reflexión! Soy la alegría de la huerta.
Los hay que escriben cosas edificantes. Está visto que yo estaba destinado a ser el contrapeso del himno a la alegría.
Los hay que se comen el bistec y yo la carroña.
No es casual, es algo que me propuse en algún momento, no sé cuál.
Fue mucho antes de que pensara que el árbol y yo teníamos algo malo en común.
Mucho antes.
Siempre fui precoz para lo sórdido.
Podría ser peor: que alguien no dejara de cotorrear a mi lado y me distrajera de las maravillas y grandes ventajas de los cánceres de los árboles y los hermosos nudos que dejan a la posteridad para la producción de muebles lujosos.
Porque del de mi pata no me puedo distraer, no soy un indolente, desgraciadamente.
De cualquier forma, yo y yo mantenemos suficientes charlas para hacer amenas las caminatas dolientes, cancerígenas.
Espero que el ladrillo de Tolkien, hiciera a sus Hobbits libres de cáncer, bastante tienen con las plantas de los pies peludas y las uñas como las de las águilas…
Se me escapa la risa…
No sé quién inventó aquello de que el dolor te hace piadoso. Algún mártir con serios problemas de humildad.
Tal vez algún trastorno neurológico que les da esa apariencia imbécil.
Y desconocimiento absoluto del dolor.
Yo no padezco ninguna parafilia respecto al dolor, si me duele, no follo y punto.
Hay más días que subnormales y entre ellos los días que duele poco.
Vas a meterla precisamente cuando te duele con solo correrte…
Idiotas.
Otra vez… ¿No estaba yo hablando del cáncer de los árboles?
Lo de ser absurdo e inestable no tiene que ver con los bultos, siempre he sido así. Lo sé porque cuando hablaba demasiado, mi padre miraba al cielo buscando no sé qué.
Cuando me hice un poco adolescente, llegué a pensar que cuando le daban esos pasmos, debía ser que su cigarrillo estaba contaminado y se quedaba en animación suspendida escuchándome embelesado.
Resulta que el muy querido (grrr…) buscaba paciencia.
Maldita sea…
Me largo, me duelen los dedos de escribir.

Iconoclasta

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