Las cosas bellas lo son por su sutileza, son livianas. Diáfanas como una ventana al dulce sol del amanecer. Un aleteo de mariposa, un pétalo a caballo de un soplo. Un trasluz volátil, efímero. Pero no pueden resistir el embate de lo horrendo, denso, opaco, oscuro. Tan oscuro… Tanto dolor y su muerte. Dame refugio. Aún quepo en tu corazón… Soy el hombre roto, muchas veces arrollado, aplastado por las brutales cosas horrendas. Me arrebataron mis pocas cosas bellas. Las desintegraron con la absoluta indiferencia hacia la ternura que hace posible todas las crueldades del mundo. Y siento que a mí con ellas. Me quedé tan vacío… Aún quepo en tu corazón. Por favor… Si pudiera crear cosas bellas, sólidas. Y a la vez sutiles, que parezcan de plata a la luz de la luna. Dime que es fuerte la luna, que es una belleza sólida luchando contra lo horrendo. Si pudiera crear de nuevo las ternuras despedazadas… ¡No puedo! Todo yo siento ser una triste fractura. Un muñeco sin brazos en un vertedero. No puedo crearlas, no aquí en La Tierra. Si no estuviera más muerto que vivo… Tan viejo, tan antiguo de mierda. No dejo de ver una y otra vez los cadáveres marchitos de los sutiles y bellos momentos descender ingrávidamente, como barcos a la deriva en un mar muerto. Y hacerse polvo al caer en mis zapatos. Sentía abrirse la carne de mi pecho y vaciarse el corazón. ¡Oh devastación! Soy un rimero de odios y rencores, grito veneno por vengar la muerte de las cosas bellas, caiga quien caiga, muera quien muera. Quiero dolor, sangre y muerte. Abrir fuego indiscriminadamente. Si no puedes con el enemigo, muere odiándolo. Seré un rencor inmortal. No quepo en tu corazón, cielo. Sin mis cosas bellas soy otra oscuridad, una ponzoña en ti.
Los monstruos que soñamos son los más sórdidos y angustiosos porque sabemos qué es lo que más nos inquieta, usamos nuestra propia información para aterrarnos. Tal vez sea un autocastigo surgido de los problemas de conciencia que la sociedad plantea al ser humano como especie animal. Pudiera ser que las pesadillas surgen en momentos angustiosos de la vida para consolarnos de que hay cosas peores que la realidad que estamos viviendo. Las pesadillas sirven de alarma, para despertarnos cuando en el organismo algo marcha mal. Sin embargo, en muchas ocasiones no hay una razón que las explique. El cerebro no es tan infalible y misterioso como muchos dicen; y se estropea, pervierte el descanso en terror y lo rompe. Castigos autoinfligidos, pánicos nocturnos a los que nos somete un cerebro cansado, fatigado, herniado de una mala realidad, de una naturaleza deformada y una vida pervertida a la cautividad. Los cerebros se estropean y también nacen defectuosos. En un medio urbano, artificial; en el que la alimentación y respiración están contaminadas de innumerables químicos, es de esperar que se estropeen los cerebros. Es el órgano más complejo y delicado; al que afecta su funcionamiento la temperatura, la alimentación, el estado nervioso y el aire. Realiza procesos electroquímicos susceptibles de ser alterados incluso por golpes y vibraciones. El organismo inevitablemente contaminado de la madre, es muy posible que desarrolle en el hijo un mal cerebro; funcional para las tareas más simples, deficiente para las más complejas. Y cuanto mayor es su edad, más degenera. O lo que también me parece más plausible, más lógico: nacer y crecer en cautividad, en un medio artificial como una ciudad, sin opción a vivir y desarrollarse en contacto con la naturaleza, como todo ser vivo espera por instinto; mina la integridad del proceso intelectual humano. En unos casos de forma gradual, en otros con una ruptura repentina y explosiva. Un trauma violento para todo ser humano que atenta contra su naturaleza animal innegable e inexcusable. Por fuerza es algo que puede llegar a estropear el cerebro de una forma perceptible. La cautividad causa locura y el instinto animal humano frustrado conduce a una tristeza fatalista que muchos no saben definir, que ni siquiera saben padecer. Y este mal durará hasta la muerte, porque rara vez los animales nacidos en cautividad podrán adaptarse jamás a la naturaleza. Los zoológicos para los animales, son lo que las ciudades para los animales humanos. Esto explicaría las actuales y frecuentes matanzas de individuos por un solo agresor, por ejemplo. La culpa, el rencor, el odio acumulado y la libertad arrebatada, es un presión que rompe la cordura. Y esto nos lleva directamente al proceso consciente y alevoso que ejecuta la civilización contra la naturaleza del ser humano: la educación. La educación tiene el fin de amaestrar y socializar a las crías humanas. Un proceso que lleva a sacrificar la infancia y la adolescencia en los centros de enseñanza. Centros de adiestramiento es lo que mejor los define; porque se trata de contener y retraer su instinto nato animal. Se puede decir en gran cantidad de casos, que el proceso de castración humana arrasa con una cuarta parte de la vida humana útil de todo individuo. Recuerdo mi infancia y adolescencia, sobre todo la infancia, como las épocas más oscuras y tristes de mi vida. No sabía el porqué, me faltaban datos para conocerme y explicarme. Años y años luchando contra todos aquellos dogmas diarios, aquellas asignaturas inservibles, la amenaza psicológica y la tortura de los exámenes, la amenaza física de los profesores y sus castigos. Prefería un castigo corporal a quedarme más tiempo en aquel tugurio. Ahora sé que ignorándolo, me revolvía contra aquella castración; mi instinto natural gritaba contra los amos que con látigo me domaban. Una castración que hoy día, perfeccionados los métodos de engaño o adoctrinamiento, se implanta con más malignidad. Es más emocional disfrazándola de bondad y fraternidad, de hábitos que atentan contra la territorialidad innata, contra la distancia de respeto y seguridad natural entre seres humanos. La escuela, el instituto, la universidad… La enseñanza en fin, rompe el desarrollo intelectual lógico del individuo infectándolo con conocimientos innecesarios para su naturaleza. Sometiéndolo al miedo y al castigo mediante evaluaciones, reemplazando todo pensamiento de libertad por el de humillarse y acatar la autoridad. Un proceso que va desde los tres años de edad de las crías humanas, hasta bien entrados los dieciocho si tienen suerte. De lo contrario habría que sumar un mínimo de cinco o seis años más de adiestramiento en la universidad. Veinticinco años es una cuarta parte de la vida perdida, tirada a la basura por el capricho del poder político o religioso, encargados de cebar el poder económico. Una cuarta parte de la vida de un ser humano arrebatada para pervertir y malograr los procesos intelectuales naturales desde casi el nacimiento mismo. Una doma (por socialización); pero es mucho más que eso. Es una mutilación, una amputación de la naturaleza humana. Durante esa doma en la infancia, nacen las pesadillas que será una imborrable herida abierta en el subconsciente hasta la muerte del individuo. Las pesadillas te gritan, te reprochan, te culpan; que han hecho de ti un pobre animal que no sirve para nada más que para producir riquezas para otros. Las pesadillas te piden que hagas algo que no puedes hacer; evitar tu humillación y degradación como ser humano en un mal lugar, en un mal tiempo, con mala gente destruyendo tu espíritu. Y llegada la edad adulta el animal ha sido humillado y sepultado. Enquistado o encapsulado en algún rincón o callosidad del cerebro. Que surja cualquier anomalía o enfermedad mental por ello es más que razonable. Se debe a que ese enquistamiento no es algo muerto, es un instinto que aún pulsa. Precisaría operarse el cerebro del recién nacido con la precisión de un profundo conocimiento para conseguir erradicarlo definitivamente. Escribiendo el presente ensayo o reflexión, siento como mi cerebro se irrita; mi pensamiento íntimo se convulsiona físicamente creando un dolor de cabeza, en algunos momentos, demasiado intenso. Me parece lógico. Incluso que reventara algún vaso capilar. La educación que en principio, siglos atrás, se creó como una forma alevosa de eliminar la independencia y el instinto animal humano en pro de la autoridad tributaria; hoy se asume por un poder ignorante y también amaestrado, como un acto necesario y de perfeccionamiento del ser humano. Se lo creen de verdad, lo veo en sus ojos y ademanes, en su retórica manida y vulgar. Un esperpento de paternalismo y beatitud. Ha sido tan profundo el amaestramiento y mutilación intelectual de las generaciones humanas, que filósofos, políticos y religiosos son absolutamente ignorantes de lo que han hecho con ellos. Del producto que han resultado ser. Hay que evocar en este punto la mezquindad de estas castas y su conclusión: si la mutilación intelectual les ha proporcionado una vida cómoda, ante todo por haber nacido en la familia adecuada; vale la pena continuar con la mutilación en el resto de seres humanos porque es un bien para “esas pobres bestias”. Esto en el caso de que fueran conscientes de que son el resultado de un domador de bestias. Tal vez algún individuo de estas castas, pudiera ser consciente de su estatus de humano pervertido y roto; pero no de forma eficiente a juzgar por su fe en el sistema y desmedido ego; sino como una pequeña luz iluminando su cerebro sin acertar a identificar qué es. Más allá del conocimiento útil y habilidad lógica del lenguaje como comunicación eficiente y característica fundamental del ser humano; se ha infectado definitivamente la conducta humana y sus necesidades intelectuales con conocimientos inútiles a su naturaleza primordial, cuya finalidad es aplastar el instinto, enterrarlo profundamente ante la incapacidad de extirparlo quirúrgicamente. La evolución es un proceso de miles de años, el daño que se está haciendo hoy, si la humanidad sobrevive a su propia evolución, se verá en nuestros sucesores como los monstruos de ese lejano futuro. Imagino que serán seres de morfología antropoide con un insignificante cráneo, ya que el cerebro en aquel futuro sucesor del nuestro, se habrá reducido a una quinta parte. Tal vez luzcan, como los insectos, antenas formadas por cimbreantes tendones desnudos de piel para comunicarse, tras siglos de anular el instinto y la conducta humana lógica, innata. Y con ello, su lenguaje característico. Porque otra de las actuales imposiciones de la educación, para acabar, es el claro mensaje de “escucha y calla”. Un dogma que está actualmente en pleno auge con la implantación del audiolibro que inevitablemente llevará a la castración humana inyectada directamente en el cerebro. Evitando así, que ejerciten las crías humanas adiestradas por el estado, la importantísima actividad y capacidad de leer y descifrar; de visualizar la forma física de la palabra, su imagen en definitiva. El más valioso proceso nemotécnico que jamás la humanidad podrá superar con ninguna otra ciencia o disciplina y que fortalece y agiliza su inteligencia innata. RIP…
Ciudadanía tipo: ejemplo de selección ganadera nazi poscoronavirus.
Algo debe romperse en esta civilización o sociedad ya planetaria de pensamiento insectil y servilismo sectario. La gran carga de docilidad humana y su indigno adocenamiento van contra la idiosincrasia primaria de la especie humana. Su presión debe liberarse y cuanto más se demore, más explosiva y cruel será la violencia. Porque la única forma de liberar la asfixiante presión del Nazismo Poscoronavirus implantado en todas las falsas democracias del planeta, es luchando. Se han acumulado muchos rencores contra los jerarcas nazis desde la pandemia del coronavirus o covid 19. Se deben vengar las humillaciones sufridas y las extorsiones cometidas por el Estado. Se siente la violencia pulsar como un corazón hipertrofiado en el tejido social por la gran cantidad de crímenes que, desde los grandes encarcelamientos de la clase trabajadora con el coronavirus, ha aumentado no solo en los lugares donde era habitual el asesinato indiscriminado contra grupos humanos en centros de educación, supermercados, parques públicos, calles, establecimientos comerciales, contra vecinos, etc… Se asesinan personas a puñaladas o tiroteadas en masa en países donde nunca se había visto semejante cosa. La violencia criminal contra la unidad familiar también se ha elevado marcando un antes y un después tras la humillación de la clase trabajadora con los encarcelamientos y extorsiones que le infligió el Estado. La violencia crece por semanas. Nunca antes la violencia familiar había sido tan homicida y la infancia se había suicidado con tanta frecuencia. Los asesinos de masas han pasado a convertirse en animales habituales de las noticias. En definitiva, los muertos claman venganza y con ella, más muertes y crueldad. Biológica y humanamente hablando, la venganza es el más elevado acto de justicia y libertad. Y ahí radica lo malo para el Estado y que no había previsto: la venganza hace innecesaria la existencia de jueces, su negligencia, dejación y corrupción. Es la razón por la que desde el primer contrato o pacto social de la historia, se adoctrinó a niños y adultos en poner la otra mejilla para recibir otra bofetada; deben esperar que el “sagrado juez” haga la justicia que crea conveniente, según le paguen, según su humor, según la disponibilidad de bellas prostitutas o prostitutos. Si crees en las leyes y sus ejecutores, crees en el Estado. El adoctrinamiento de las masas y su fe en el gobierno nazi poscoronavirus es absolutamente simple y efectivo con semejante corolario sectario. En torno a la legalidad (hipócritamente llamada “justicia” por el Estado) hay cientos de miles de funcionarios en todo el mundo viviendo con gran comodidad y riqueza de las prevaricaciones dictadas, condenadas y sentenciadas con corrupciones, trabas e incompetencias del sistema judicial. La venganza les quitaría su fácil sueldo y riqueza. Dejar de creer en la legalidad, provocaría también rechazar al Estado que la controla. El Estado para salvar su dinero y riquezas, responderá matando a muchos trabajadores y a sus hijos, y estos a su vez querrán la sangre de los jerarcas de nuevo. Cuando arranca la violencia, solo se detiene cuando uno de los contendientes destruye a su enemigo a nivel molecular. La imbecilidad congénita de carácter endogámico de los jerarcas y burócratas del Nazismo Poscoronavirus, no les deja ver la posibilidad de miles de millones de reses humanas enfurecidas usando su arma más primigenia, la violencia desbocada, contra los dogmas implantados por el Estado como sacrificios y mandamientos religiosos de estricta observancia, y sus sacerdotes. Dan por descontado los jerarcas y burócratas nazis, que volverán las masas a aplaudir al Estado alegremente encerradas en sus apartamentos-prisión. A la asfixia que provoca la legalidad del Nazismo Poscoronavirus que avala todo encarcelamiento, acoso, extorsión, discriminación y humillación cometidas contra la casta paria o clase trabajadora. Se suma la constante emisión audiovisual de índole sectaria del apocalipsis climático, con sus impuestos de usura, privaciones de libertad y negación de las mínimas necesidades biológicas; como la prohibición del acceso a los ámbitos naturales, una de las medidas estrella de represión del Nazismo Poscoronavirus, la que tendrá la más fuerte carga y daño psicológico en la población sojuzgada. O el constante lavado de cerebro para evitar el consumo de proteínas y glucosa en la masa trabajadora y así debilitarla física y mentalmente. Las castas parias, por el bien del planeta y de los que aún no han nacido, deben comer grillos en lugar de carne y jugo de piedra amarga en lugar de bebidas refrescantes durante o tras la jornada de trabajo mal pagado. Sin embargo, el consumo multitudinario y narcótico de alcohol es buenamente tolerado por el Estado y su Veterinaria Sanidad en adolescentes y adultos. Los niños no deben comer golosinas, es la peor idea del mundo. La infancia no debe ser feliz, sino fervientemente crédula y dócil; tolerante con el acoso y extorsión de las “sagradas instituciones”, deben ser buenos esclavos de los Estados Nazis del Poscoronavirus. Es lógico que haya infancia suicidándose por causa del Estado ante la presión de la doctrina que reciben en el colegio y perciben en el desánimo y confusión de sus progenitores castrados mentalmente. La obligación doctrinal de que en toda producción audiovisual televisiva, de internet o cinematográfica, deba aparecer inevitablemente una idealizada e ingeniosa pareja homosexual besándose o follando, está tensando la cuerda del hastío hacia la intolerancia más agresiva. Una cosa es promover el respeto a toda persona como la más elemental regla de urbanidad. Otra muy distinta es que el Estado imponga por decreto el homosexualismo y sus derivados en todo medio informativo, lúdico y académico. Y que además, lo normalice como ejemplo a seguir porque ministros, presidentes, reyes y todo tipo de jerarcas y burócratas sean mayormente homosexuales. Al Estado (pseudo democrático) se le llena la boca de flores pregonando que los votos de la mayoría son los que dictan qué camino debe seguir: ¡El pueblo ha decidido! La minoría no cuenta. Y una mierda. El Estado pervierte su soflama democrática y humilla a la mayoría con una ínfima minoría homosexual a la cual se dirige todo favor y medio técnico, sanitario, privilegio social y económico. Es la más aberrante perversión de la ética y de la democracia si la hubiera. El resultado es que a quien antes no le importaba como y con quien follara cada cual, ahora empieza a asquearse de esta doctrina invasiva de homosexualidad, decadencia, abulia, cobardía y obediencia ciega en el Estado homosexual. Empieza a ver el homosexualismo como una agresión a su naturaleza humana. Eso sin contar con que los homosexuales más cultos, se ven a sí mismos expuestos y adocenados por unos pocos, ya que el secreto o discreción de sus relaciones sexuales formaban parte de la privacidad en sus vidas y tal vez, un íntimo y necesario acto de subversiva rebeldía contra la mayor parte de una sociedad imbécil e infantilizada. Por el analfabetismo de la clase política del Nazismo Poscoronavirus se está creando una gigantesca masa de gas que más pronto que tarde, va a explotar. Al final, todo indica que este Nazismo Poscoronavirus tiene su objetivo final, su botín; en los impuestos cargados a los trabajadores u obreros con la profecía del cambio climático y sus supuestas millones de muertes por las denominadas “olas de calor” que conducen, con toda probabilidad al inminente fin de la humanidad. Una profecía y sus impuestos que los Estados Nazis Poscoronavirus emiten y decretan ininterrumpidamente día tras día, impunemente tras la humillación a la que sometió a estos parias trabajadores con el coronavirus o covid 19, sus asesinatos masivos de viejos en los geriátricos y abandono de enfermos crónicos, encarcelamientos masivos de la casta trabajadora y extorsiones, etc… El cambio climático y su agenda, es el más grande robo jamás cometido en la historia de la humanidad. Se equivocan como subnormales los jerarcas nazis homosexuales, porque no es razonable pensar que alguien trabaje como esclavo durante doce horas al día para conseguir tan solo un miserable plato de verdura sin sal (“superalimento” lo llama la prensa prostituida al Nazismo Poscoronavirus) para comer y la educación homosexual gratuita de sus hijos. Para esa mierda no se necesita trabajar, basta con salir a pastar en familia. Sólo la violencia puede frenar el timo del sectarismo humillante y ruinoso para las castas parias o trabajadoras del planeta que, los Estados Nazis Poscoronavirus están llevando a cabo desde finales de los sesenta del siglo pasado, ilustrados e iluminados por aquellos grandes y multitudinarios rebaños de sucios y narcotizados jipis y su constatada facilidad para pastorearlos hacia el lugar que los jerarcas y burócratas creían que les rendirían beneficios. Se debe añadir que la narcosis es una eficaz herramienta de gobierno político-social que se ha convertido a su vez, ni más ni menos, en pura y simple ganadería humana. Una masa humana adocenada, de conciencia insectil y embriagada es el unicornio dorado de todo político o religioso. La violencia con sus multitudinarias muertes rebajará la presión demográfica en las granjas humanas o ciudades. Y sacará de la ciénaga nazi a la sociedad asfixiada; pero sólo durante el tiempo en el que Estado tarde en crear otra, perfeccionada con lo aprendido en la anterior. Es pura praxis de la historia de la humanidad. Un ciclo sin fin hasta su extinción o cancelar el podrido contrato social de una vez por todas. El mal cosido al mal, cosido al mal, cosido a un Estado homosexual (parafraseando el Frankenstein de Mary Shelley, 1994 de Kenneth Branagh). Como epílogo y a modo de ilustración de este ensayo, sobre el poder de manipulación y la corrupción que reina en los Estados Nazis Poscoronavirus, en este caso España, reseño una noticia que es mera propaganda gubernamental. Una de tantas con las que el Nazismo Penitenciario Homosexual Español bombardea a la población con absoluto descaro e impunidad, a pesar de los poco más de tres años que han transcurrido desde la pandemia de la covid 19. Hoy a 15 de junio del 2023 en España (uno de los países junto con China que más acosos, extorsiones, discriminaciones ciudadanas de corte racial, asesinatos de ancianos y enfermos crónicos, e inútiles vacunaciones de covid 19 por medio de chantaje ha cometido), ha declarado un jerarca del Gobierno Nazi Poscoronavirus Penitenciario Homosexual Clima-sanitario, como delegado del gobierno (un tal Francisco Martín) que un partido nazionalista vasco proterrorista (llamado Bildu) ha hecho más por España que cualquier otra formación política o político al apoyar el Estado de Alarma de la Covid 19 prestándole sus votos (realmente un alquiler e intercambio de corruptelas) al Caudillo del Gobierno Español Nazi Poscoronavirus, el 13 de marzo del 2020. Proclamando además con gran sentimiento el jerarca nazi en cuestión que, con ello habían salvado innumerables vidas y evitado la ruina económica a millones de españolas, españoles y españolos. Como se puede ver, la hipocresía enfermiza y el complejo mesiánico de salvadores de la humanidad, es proverbial; ya todo un clásico en los políticos nazis poscoronavirus. En realidad, ese “Estado de Alarma por la covid 19” al que hace referencia el jerarca o burócrata nazi de la propaganda estatal citada, fue un acto de terrorismo de estado. Un golpe de estado a las más básicas libertades constitucionales, personales y privadas; así como a las necesidades biológicas de la casta paria o clase trabajadora. Cuyas bondades fueron: por decreto, cerrar las puertas de los geriátricos aislando dentro a los viejos, negándoles sus tratamientos médicos, sin cuidados, sin comida y prohibiendo el acceso a las familias para que pudieran sacarlos de la trampa mortal, hasta conseguir que murieran decenas de miles y con ellos sus pensiones. Por decreto a los enfermos crónicos de graves enfermedades se les dejó morir abandonados, se les negaba el tratamiento, porque solo existía atención médica para los enfermos de aquel resfriado llamado la covid 19. Por decreto se abocó a la población trabajadora al terror psicológico y a empobrecerse durante más de tres meses ininterrumpidos de prisión domiciliaria con un férreo control, acoso y extorsión militar, policial y judicial. Por decreto se obligó a respirar con bozal (mascarilla en jerga nazi) durante tres años, incluso a cielo abierto y en plena naturaleza, con el constante acoso policial, militar y judicial; una medida de humillación y una forma psicológica de acallar a las masas y que no solo se sintieran enfermas, sino que se resintiera su salud por medio de una constante respiración podrida. Los pobres tontos que obedecieron ciegamente al uso del bozal nazi, se infectaban de la covid 19 cada cuatro semanas a pesar de las tres dosis de vacuna. Por decreto se ordenó mediante los brazaletes nazis del coronavirus (pasaportes covid 19), prohibir el acceso a muchos lugares a aquellos que no se habían vacunado con una vacuna que no vacunaba; una discriminación de auténtico corte racial. Miente el jerarca de la noticia, miente más que habla, miente más que respira, miente más que caga. La violencia es la única esperanza para la supervivencia de la especie humana en este momento, en esta aciaga época. Y tal vez, cuando estalle, no sería extraño que se extinguiera a sí misma porque ha tardado demasiado en responder, en defenderse de un Nazismo Poscoronavirus venenoso, incluso para la imaginación y la ilusión.
“El contrato social es una hipótesis explicativa de la autoridad política y del orden social, basada en la idea de que los seres humanos acuerdan voluntariamente ceder parte de su libertad natural a cambio de protección y derechos bajo un Estado.”
–
Donde habitan las bestias el amor es un acto que solo puede impedir la hipocresía que allá no existe.
Solo entre animales puros se dan las altas emociones.
Se ama y se odia sin remilgos sin piedad para ningún sentimiento. A bocajarro el amor y la ternura, el odio y la muerte.
Solo donde habitan las bestias, la ternura brota en los campos y bosques, porque no hay interés que la pudra.
Y donde habitan las bestias los malos y los buenos son devorados sin atender a más razón que su debilidad y torpeza.
Las bestias no entienden de ropajes, posesiones y palabras vacías, inútiles.
Donde habitan las bestias, los humanos viajan según el frío, según la sed, según el hambre, según la ilusión.
No es turismo y su adocenamiento, solo es el descubrimiento y su conocimiento.
Donde habitan las bestias, no siempre entierran a los muertos, hay cosas urgentes que hacer en las que gastar esfuerzo y tiempo.
Y repentinamente un día, por una cobardía indeterminada, se alejaron de donde habitan las bestias y perdieron la gracia de su especie.
El amor se medía, compraba, intercambiaba y adjudicaba.
Los débiles y torpes no eran alimento de bestias y treparon a puestos de poder entre los humanos que se despojaron de su gracia innata. De su dignidad.
La ternura ya no brotaba en los campos y bosques; solo surgía una pestilente condescendencia que ensuciaba el aire.
Y aquellos viajes del conocimiento se convirtieron en trashumancia cronometrada y dirigida por los débiles y torpes. El adocenamiento borró de sus rostros la ilusión y el saber de donde habitan las bestias.
Así sucedió el fin de la humanidad y empezamos a nacer en este tiempo y lugar podridos donde no habitan las bestias ni la nobleza.
Y el adocenamiento es virtud remunerada.
No hay aliciente para el conocimiento y la superación, su tragedia, su alegría, su orgullo. A la humanidad la cubre una pátina de grisentería que hace las pieles del color de una ceniza triste y anodina.
Ahora solo brota entre sus patas la cobardía, abulia y servilismo.
Y hombre y mujeres no saben bien qué son. Ni siquiera para lo que sirven.
Y miran a sus hijos sin saber también, qué son, qué utilidad tendrán.
Malditos sean los muertos y los vivos que me vendieron a los débiles y torpes sin siquiera haber nacido.
Es fascinante cómo y con que facilidad, con el adecuado dinero, un ser humano se convierte en cerdo sin que sea necesario vender el alma al diablo. El hedonismo desatado en los ricos no es aplicable a los humildes o pobres; para llegar a ese grado de decadencia y banalidad que ostentan los pudientes, se debe mamar su mezquindad desde el nacimiento mismo. Henry, el íntimo amigo y maestro de vicios de Dorian, dice en una taberna: “La fealdad de los viejos no tiene límites”.
Fragmento de una novela de ciencia ficción, Amanecer rojo (bastante mediocre) de Pierce Brown, 2014. El personaje principal narra un breve resumen de historia que un educador expone a sus nuevos alumnos para aleccionarlos.
«Nos cuenta cómo fueron derribados los persas, y cómo los romanos se hundieron porque sus gobernantes se olvidaron de que sus padres les habían ganado un imperio. Parlotea sobre las dinastías musulmanas, el afeminamiento europeo, el provincialismo chino y el autodesprecio y la autocastración de los estadounidenses.”.
Bueno, las cuatro últimas alusiones son de rabiosa actualidad; dice lo mínimo de la realidad poscoronavirus actual, pero cierto.
La ciencia ficción tiene un buen filón con la actualidad para ofrecer una debacle de decadencia y paranoia fascista, que explique porque la civilización de aquel siglo XXI reventó desde dentro de sus tripas.
Vivimos un 1984 con un decorado distinto; pero en esencia, estamos sujetos a la perversión y manipulación de la historia y la cultura por el estado y el adoctrinamiento o lavado de cerebro respecto al “amor” y su sexualidad, en la que nada es lo que parece y necesitas un ministro para que te diga si eres hembra o macho.
La sucia y decadente sociedad global del poscoronavirus o pos-covid-19, ha aprendido en masa a ser tan indigna, rastrera y represora como lo fueron con ella sus amos mesiánicos salvadores durante la pandemia del coronavirus. Que son ni más ni menos, los mismos amados, votados y aclamados líderes políticos de las hipócritas y falsas democracias mierdosas del nazismo, la cobardía, el servilismo y la mansedumbre. Esta cochina sociedad se ha convertido en la basura humana descrita en la novela Fahrenheit 451 (temperatura a la que arde el papel para más señas) de Ray Bradbury. Donde el trabajo de los bomberos era quemar todos los libros, cuantos encontraran por ellos mismos o por la población cerda que denunciaba a quien sospechara que tuviera uno en su casa o metido en el culo. La quema de libros era una ley, un decreto del estado subnormal. La repugnante y mezquina civilización o sociedad actual es prácticamente igual en todo el planeta. La realidad supera a la ficción, nunca mejor dicho. La chusma actual ha aprendido de sus jerarcas que el ciudadano ejemplar tipo, es un puerco censor que lloriquea a sus amos pidiendo más prohibiciones y censuras de todo tipo. Caminar por el planeta, entre la población humana, es como observar a miles de millones de retrasados mentales dando cabezazos contra las paredes del patio de recreo de una escuela porque no son capaces de ver la puerta para salir, sin el amo que les indique con una vara a donde ir. Es hora y urge, la extinción masiva de la población humana. Si esta mierda que se lee en la noticia y puedo atisbar en el día a día, se convierte en conductual globalmente, la especie humana debe morir, o se la debe extinguir. Y rápido porque se reproduce a una velocidad ratonil pavorosa. Es que no solo son dañinas para la inteligencia, la cultura y la ética las actuales sociedades; sino que es indigno, repugnante a la vista y a la ética más concretamente, observar al humano cerdo medio que tanto se da, deambular por las globalizadas calles del planeta, de cualquier país elegido al azar. La prueba está en que son tan numerosos los puercos como para retirar un libro en una escuela, en este caso la insípida y aburrida biblia que solo hiere la sensibilidad de los analfabetos que no acostumbran a leer más de cuatro o cinco palabras seguidas y además, con dificultad de comprensión. En cualquier libro de necesaria y didáctica historia se narran crónicas parecidas. Por lo cual, también deben ser quemados o retirados ¿no? Y borrar toda crónica y descripción del genocidio judío que cometieron los alemanes nazis porque también es feo ¿eh, hijos de puta analfabetos? Estáis jodiendo el valor, la inteligencia y la creatividad, pedazos de mierda. Debe estallar una gran guerra mundial o un desastre nuclear que reduzca la población humana subnormal a una cuarta parte de la actual. Pongamos unos ¿cinco o seis mil millones de almas? Con especial hincapié exterminador en los países más desarrollados como el que indica la noticia. En el que los cerdos de dos patas hacen el aire irrespirable con su porcina emanación de fluidos y aire viciado que regurgitan sus pulmones decadentes y degenerados. Se debe llevar a cabo ya, porque la especie humana a día de hoy es demasiado longeva y su reproducción de cariz roedor, augura de igual forma una aniquilación caníbal que tardaría mucho tiempo en ser efectiva. Por lo tanto, la solución está en que mueran miles de millones de reses humanas de una sola tacada. De una buena tacada. Sin agonías ni largos prolegómenos. Saber que no existirán ya cerdos (o al menos no en tal cantidad) como los de la presente noticia, nos daría en caso de no haber muerto, paz y esperanza de una vida y evolución dignas. Los libros no son imágenes pornográficas que saltan a la vista, pedazos de mierda, puritanos analfabetos de ano enfermo y herniado de degeneración y obediencia al amo. Quien censura un libro, censura la imaginación y la creatividad más básica; se caga en el ser humano que gracias a él, los cerdos actuales de dos patas han llegado a vivir tanto tiempo y tan decadentemente. Hijos de puta censores nazis… Si la palabra te ofende, clávate palillos chinos en las orejas. Profundamente, imbécil. Hasta llorar sangre, porque cagarla ya lo haces. Y no te creas que la sangre se debe a que estás de parto, ignorante. Palurdos analfabetos…