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Parece ser que el pensamiento silencioso global humano es el de los ñus: mueren muy pocos humanos para los miles de millones que viven.
Cuando la cantidad de individuos de una especie alcanza la categoría de plaga, no importan los seres ajenos que mueren a tres o cuatro metros de ellos. La humana es otra especie animal, la premisa es adecuada e idéntica por convicción y experiencia, para ella.
Hasta tal punto se manifiesta la insensibilidad, que piensan acerca del cadáver “Bastante tengo yo con lo mío”.
Estoy seguro de que esa indiferencia hacia las muertes ajenas, es una cualidad instintiva, impresa en el cerebro de reptil del ser humano y todos los animales para preservar la especie de su masiva reproducción y la falta de depredadores para equilibrar el ecosistema.
Las manifestaciones que hace la sociedad, son por y para los políticos y personajes del poder que necesitan notoriedad y piden los llantos hipócritas de la masa humana en nombre de la paz, de la justicia y para un futuro mejor para los que no han nacido. Ante su amo o ídolo la masa humana ve en el acto de fingido duelo algo festivo con el que pasar el tiempo; pero no le interesa lo muerto; solo si hay buena música y cosas amenas que fotografiar para subir al perfil de feisbuc o tuiter.
Y cuanto más sometidas se encuentran las cabezas humanas a las restricciones, prohibiciones y robos del estado o gobierno, más se reduce el radio de indiferencia a los cadáveres.
Llegará un día que caminarán pisando muertos sin sentirse especialmente incómodos por ello.
Sólo en internet, en sus redes sociales, se dedican bendiciones y memes a algunos muertos porque hay que hacerse “oír” y usar el teléfono que ocupa sus manos y su mirada más tiempo del que su inteligencia puede funcionar.
Solo en internet y medios de comunicación (ya no son informativos, sino doctrinales) hacen gala las reses humanas superiores y esclavas de esa emotividad tan pía y bondadosa, que dan ganas de purgarse metiéndose los dedos en la boca.
La realidad es que los diversos rebaños de seres humanos repartidos por el planeta, se comportan como los de ñus en la sabana, que pastando con indiferencia en el mismo lugar donde también cagan, a escasos metros uno de los suyos joven, adulto, viejo, lisiado o gestante; es devorado aun mugiendo por los leones.
El número de reses humanas en los diferentes rebaños es tan numeroso que los individuos se insensibilizan a las muertes que ocurren ante sus ojos y en el fondo, algo les dice que es necesaria la muerte.
Y no en tan poca cuantía.
Esta indiferencia o trabajada insensibilidad (al menos la mía) a la muerte ajena explica el porqué las guerras se prolongan tanto tiempo.
La guerra es la máxima expresión de la libertad: matar a otro humano sin consecuencia alguna, como arte cinegético. Sin dar cuentas por ello.
Se desarrolla así cierto orgullo instintivo por conseguir la medalla de ser el mejor matando. Le llaman valor también; pero es solo el lógico embrutecimiento del esclavo al que se le ha dado libertad suprema. Sin mandamientos o leyes que pesen en su comportamiento condicionado por el estado mismo durante la infancia y adolescencia.
El trauma o psicosis de guerra llega cuando al lerdo le arrebatan su libertad de matar.
Hemingway dijo que no hay nada más apasionante que la caza del hombre y quien la prueba no la puede dejar.
Quiere decir esto, que una vez se acaba tu libertad de matar, cualquier otra actividad conduce al hastío.
En la guerra el humano desciende a su más primitivo instinto de caza de supervivencia y una muerte representa, tal vez, un minuto más de vida y más espacio a su alrededor.
Y cuanto más fuerte es la presión, la extorsión y las prohibiciones que el estado ejerce contra él, más humanos cazará o matará con ansia.
Es fácil comprender que sentirá también el honor de ser un medio de selección natural de la especie humana. Una especie de enviado para eliminar individuos que podrían denigrar la evolución de la especie con su mensaje genético defectuoso. Esto es a nivel instintivo, porque no abundan los mínimamente inteligentes para llegar al razonamiento de este ensayo.
Así pues, mejor muerto que volver de nuevo a la paz de la mediocridad y esclavitud de la moral tributaria del estado.
Y que deje de mugir el puto ñu que se están comiendo los leones desgarrando el ano y el vientre, les da dolor de cabeza su congénere mientras pastan aburridos en su ciudades o granjas.
Es como el “Algo habrá hecho”, de las reses humanas adaptadas a las dictaduras y sus crímenes y genocidios.

Iconoclasta

Se debe jalear la memoria “histórica” porque pareciera que los españoles y sus jerarcas, además de desmemoriados, son gente de bien; auténticos santos mártires a los que beatificar.
Ser ciudadano nazi ejemplar no hace buena persona a nadie, por mucho que quieran convencer de lo contrario; hace de ese buen ciudadano un asesino o criminal por complicidad. El español es una raza dada a las dictaduras y al que la libertad le causa prurito genital y toda clase de síntomas alérgicos.
No se debe olvidar que durante las torturas y asesinatos franquistas de disidentes o críticos con el régimen fascista, una inmensa mayoría del pueblo español afirmaba muy digna y didácticamente, con una fe inquebrantable en el asesino dictador Franco y sus perros de presa: “Algo habrán hecho”, refiriéndose a los torturados, encarcelados o asesinados.
Aquí está el video y la noticia doctrinal y ejemplarizante de la prensa prostituida al entonces aquel, nuevo nazismo y dictadura española (de hace poco más de tres años), mostrando la ruindad de los vecinos nazis del coronavirus y sus carceleros policías, a tan solo una semana de haberse convertido España y sus cabestros habitantes en un land nazi criminal:
https://www.20minutos.es/videos/nacional/4195870-una-runner-histerica-se-resiste-a-ser-detenida-por-dos-agentes-ante-los-abucheos-de-sus-vecinos/
Una noticia que fue emitida y repetida hasta la saciedad ante las narices cobardes y mansas de los cabestros encarcelados en sus casas, asistiendo a una auténtica catequesis del Caudillo Español Nazi Penitenciario Homosexual Sanitario (el Gran Hermano de 1984, en la España que nació en el 14 de marzo del 2020).
Los vecinos que abuchean e insultan a la chica es la misma miseria subhumana que aquellos ciudadanos alemanes que escupían y golpeaban a los judíos por la calle obedeciendo a su führer. Una video-noticia-parábola del nazismo coronavirus español que no olvidaré jamás por lo nauseabundo: dos policías aplastando contra el suelo a una mujer que pide ayuda. Y la chusma como perros desde sus celdas, ladrando-insultando servil y cobardemente a la chica. Si hubieran podido esos mierdas rabiosos y fanáticos, la hubieran apedreado como putos moros hasta matarla. Los vidrios de sus ventanas debían estar sucios de sus babas perras.
La voz principal, la de vieja puta barriobajera que le grita: “¡Lo que no es justo es que salgas a correr, gilipollas! ¡Poniendo en riesgo la policía, boba! ¡Ayuda dice…! Todos aquí metidos…!”. Esa misma voz de puta vieja, sigue diciendo que como baje ella, verás si la mete pronto en el coche patrulla. Posteriormente se van sumando los gritos de otros repugnantes vecinos tarados increpando e insultando a la chica. Y se convierte así el video, en una sucia y denigrante orgía de fanatismo nazi. Todo ello me provocó tal subidón adrenalínico que si llego a estar cerca de esos vecinos nazis cobardes, reviento la puerta de la casa de la zorra y con una verga de toro le arranco la piel a tiras, como al puto Jesucristo.
Esta noticia y su video muestran en esencia el inicio y resumen de lo rápida, grotesca y fanáticamente que la población española se convierte al nazismo o fascismo. Cómo se transforma esa masa amorfa sin cerebro en una bestia mezquina a la que, sería un honor exterminar por fuego, por envenenamiento o simplemente por hambre; sin prejuicio o reparo alguno.
El quid de este video está en lo que dice la guarra: “¡Todos aquí metidos…!”. Es la voz de la envidia. La cochina envidia elevada a su más alto grado ponzoñoso y asesino.
No hay nada peor para la chusma borrega que una persona con valor luche por su libertad o la ejerza; porque esa sola persona pone en evidencia a decenas de miles de ratas humanas cobardes.
La envidia es el motor y alimento de toda dictadura, de todo nazismo en cualquier colonia de insectos humanos. La envidia que asesinó a seis millones de personas en campos de concentración alemanes. Y por un resfriado, violó las más básicas libertades y negó las necesidades biológicas a millones de reses humanas quejumbrosas, decadentes y acobardadas por “la covid 19”, convirtiendo el nazismo en un “padre bondadoso y salvador” de mierda que se quedó definitivamente como una pseudo democracia infantil-paternalista.
La noticia y su video debería emitirse en el Museo de la Vergüenza Humana, para que todos sepan cómo era la vida en la España del Coronavirus y en unas cuantas regiones del planeta, como China, Australia, Canadá, Nueva Zelanda… Por nombrar las más asesinas de la libertad y las necesidades biológicas humanas. Una anécdota: la cobarde Australia, por diez casos de coronavirus entre diez mil habitantes encarcelaba a millones.

MIerda…

Que nadie se sienta orgulloso de mierda de ser un nazi piojoso y servil.
Un asesino cobarde al fin y al cabo que se sopla las uñas cuando oye gritar a quien empalan.
Es todo un insulto a la dignidad y la inteligencia.

Iconoclasta

Iconoclasta

España es la capital mundial del arribismo político, social y religioso; pero sobre todo es un nicho sin cubrir donde se tiró el cadáver de la ética a modo ejemplarizante. La viva y palpable demostración de que ley y ética no son solo irreconciliables; son antónimos. No es novedad; pero siempre es llamativo de constatar.
La práctica demostración de que el arribismo, una forma de prostitución que incluye la traición, extorsión, corrupción, mentira e ineptitud; se encuentra en el estado y toda institución que de él depende.
El arribismo laboral es toda una filosofía de la prostitución que rápidamente se implantó con la revolución industrial en las empresas, hasta tal punto que a nadie llama la atención por su cotidianidad; pero cuando la ejerce un burócrata, funcionario, político o cualquier otro jerarca del estado, provoca muerte y ruina en millones de reses humanas.
El gobierno nazi español penitenciario homosexual sanitario, pacta con la mafia terrorista para que su Caudillo permanezca en su poltrona de forma vitalicia. Y es legal.
Con lo cual la ética es un cadáver pudriéndose al sol español.
Nunca los medios informativos y personajes populares como actores, deportistas y artistas han pertenecido y lamido tan podridamente a una dictadura y su caudillo.
Lo más pornográfico y que no se debe olvidar jamás, está en que todas las formaciones políticas, sociales e informativas; por lejanas que fueran en su ideario y estrategia política del gobierno que decretó el golpe de estado contra la libertad y la dignidad de la población trabajadora, hace poco más de tres años; cerraron filas para apoyar e integrarse en esa dictadura feroz, vejatoria y genocida instaurada con la componenda del coronavirus también conocido, sobre todo en España, como “la covid 19”.
Junto a China (o bajo sus órdenes) España se erigió en la dictadura más represiva del siglo XXI.
Hay que tener en cuenta que esta dictadura solo afectaba a la casta paria o clase trabajadora, ya que políticos y clase media y alta, tenían el suficiente dinero e impunidad corrupta para pagar su libertad. Y muchos metros cuadrados de espacio para pasar el día si era necesario.
Por supuesto, si un viejo no pertenecía a estas clases altas, estaba condenado a muerte en su geriátrico barato y pobre; prácticamente y a todos los efectos, una perrera con sus métodos de sacrificio.
España fue durante meses fue un campo de concentración celosamente vigilado por celadores policías y militares. Equipados con las armas más grandes y aparatosas, se apostaban en carreteras y lugares vistosos para hacer propaganda agresiva de lo que era el Nuevo Estado Español Nazi Coronavirus; que nadie creyera ni por un segundo que era una broma el golpe de estado cometido por el gobierno contra las mínimas libertades y necesidades biológicas. Telenoticieros y prensa no cesaban de publicar imágenes de militares y policías armados y con gesto hostil. Aquello no era una alarma por una epidemia, fue terrorismo de estado en toda regla. Todo medio informativo era una constante catequesis de orgullo de la nueva dictadura y loas al gobierno, sus policías y militares.
A excepción de China, ningún otro país cometió tantos actos de extorsión y acoso militar y policial, encarcelamientos masivos de la población y envenenó a tantos seres humanos con el bozal y las vacunas (el bozal era puro veneno para debilitar el organismo, deprimir, acobardar y mantener la boca de la clase baja cerrada). La que más crímenes cometió contra los viejos por abandono, por dejación programada o porque así lo creyó oportuno el gobierno español; y fueron decenas de miles de viejos sacrificados. No ha habido país tan cruento en su Nazismo-Coronavirus como España en ningún lugar de Europa, América o África.
También se debe reconocer que la casta política española es la caricatura aumentada de una población mezquina, decadente e indolente. Ya domada y habituada de una forma innata a las dictaduras, hasta tal punto que practica el olvido de semana en semana. Es razonable que voten siempre lo más sórdido y letal para la libertad.
La verdadera presidencia de España es la del Arribismo Exacerbado y Psicótico, y es capital mundial.

Iconoclasta

El Su(o)cialismo Español como representante supremo y fundador del Nazismo Poscoronavirus, pretende prohibir a la casta paria o trabajadora salir de la vivienda si hace calor.
No es ninguna exageración, está archi experimentado que así pretende someter a la población trabajadora española.
El Nazismo Español Poscoronavirus no cesará de abolir toda libertad, hasta la más insignificante e íntima, para arruinar con sus robos de usura a la casta paria o clase trabajadora. Se aplica a ello con paranoico y codicioso afán, con un gran aparato de difusión doctrinal nazi que funciona las veinticuatro horas del día en todos los medios.
El fin de este nazismo está en que si lo prohíbe todo y mantiene estabulada a la clase trabajadora en sus viviendas, ésta no necesitará más dinero que el necesario para comer. Y el resto irá a las cuentas personales de los jerarcas nazis en el gobierno. Se trata básicamente del mismo comunismo de la URSS que hundió a la población durante décadas en la vida más gris del planeta. La misma que miles de millones de chinos están condenados a vivir. El Nazismo Poscoronavirus Español ha adquirido en franquicia esa dictadura nazi-comunista jurando fidelidad al Régimen Chino, y ofreciéndole un porcentaje del botín; por supuesto.
Es el nacionalsocialismo de Hitler mejorado y aumentado.
El crimen perfecto, o al menos impune y “elegido democráticamente” por una pobre raza humana (la íbera o española) que no tuvo la fortuna genética de otras que habitan Europa.
El Nazismo Español Poscoronavirus tiene su nicho de crianza y engorde en una población ignorante, tan mansa como vacas seleccionadas y tan crédula en sus amos político-nazis como aquella bestia plebeya de la Edad Media en sus señores feudales.
No hay forma de que España sea un país libre y tenga un gobierno honrado. Lleva insertada inextricablemente la dictadura corrupta y la mansedumbre de sus habitantes en el ADN.
Es la indecencia ilustrada al mínimo concepto de libertad.
Una geografía que durante cientos de siglos ha aislado a España de la cultura y el intercambio racial y étnico, ha creado al dócil e indolente monstruo que es hoy su población en el siglo XXI, año 3 del Nazismo Poscoronavirus o 2023 (en formato universal, no sectario-ideológico).
Solo así se puede explicar que encadene dictadura tras dictadura sin que a su población indígena le importe demasiado: nacen con el estigma de la dictadura y su esclavitud mental.
Un monstruo que obedeciendo la orden, se tumba panza arriba para ser acariciado por sus amos dictadores y llora trémulo pidiendo piedad ante un estornudo o calor.

Iconoclasta

Manada de elefantes en el campo

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Dicen que hay diversos métodos para tratar la angustia; pero en realidad no se puede tratar o gestionar. Solo puedes distraerte de ella hasta que pase la crisis.

Lo más habitual es el método del alcohol y las drogas; pero yo soy más de cagarme en dios y la puta que los parió a todos.

Y hablar poco, lo mínimo. Volcar mi pensamiento violento en el papel, esculpirlo y que adquiera el poder de las tridimensionalidad.

Se me da bien el silencio, paso horas sin decir ni una sola palabra; como el cazador que debería haber sido, acechando en silencio durante horas en el bosque la posible presa que muchas veces no conseguía y debía entonces recolectar y comer bayas antes de que oscureciera.

La angustia es un trance que nace de tu ignorancia. No sabes lo que te ocurre, no sabes quién te hace daño porque te han educado para creer en el poder de un jerarca y sus dioses. Por tanto ¿qué te hace sentir tan mal si estás protegido en los brazos del poder de los dioses y sus obispos (los políticos lo son, predican su palabra) codiciosos y enfermos de poder? Los que te educaron robándote la infancia para que creyeras en ellos.

Es muy sencillo, el ser humano es un animal triste. Al contrario que el resto de las especies salvajes nace en cautividad y crece para dar su vida al estado y a dios. Toda su existencia está destinada a engordar con oro y dinero a generaciones de poderosos y dioses, sin tiempo a mirar las nubes y si las mira, es porque le han dado un permiso especial para ello.

Como todo animal en una granja o zoo, los humanos se deprimen.

Tu instinto te grita que no naciste para vivir en una granja vertical. Que naciste como animal en el planeta y te tratan como gallina o cerdo en granja.

Eso es la angustia que sientes. El que hayas creído y asumido que alguna ley debe haber en este mundo sobre tu cabeza y que vivir esclavizado es la única forma de vida posible; a pesar de que la historia de esta civilización y sus cimientos no supera los veinte mil años, y el ser humano, la especie más evolucionada de homínidos, dicen que lleva trescientos mil años sobre el planeta.

La angustia es la tristeza instintiva que sientes por esos últimos veinte mil años de generaciones de codiciosos que, por falta de inteligencia y fuerza, eran incapaces de cazar o recolectar. Y comenzaron a parasitar tu esfuerzo, tu vida y tu tiempo. Esos que hace poco más de veinte mil años empezaron a clavarte en el cerebro un orden, una ley, un dios, una policía, un censo y un trabajo sucio a perpetuidad a través de un hechicero que se convertiría en rabino o sacerdote y luego, algunos crearían castas de políticos.

No sabes lo que sientes porque eres ignorante de tu propia especie. Eres un animal que nació para ser libre y lo convirtieron en esclavo. No es tristeza, es la alarma que lanza tu instinto de que esta sociedad o civilización te esclaviza, tu vida como ser vivo, es la más triste del planeta.

No hay falta de espiritualidad alguna, ni de altos valores en ti. Naciste en cautividad y te vendieron a un amo.

No tienes suficiente cultura ni formación propia gracias al oscurantismo del poder para reconocer lo que te ansía, porque tu pensamiento mismo es esclavitud y dependencia. Simplemente has oído que lo llaman angustia, ansiedad, depresión o ataque de pánico. Incluso trastorno bipolar.

Eres un pobre animal en una granja y tu instinto animal se rebela. El leopardo loco que da vueltas en la jaula rugiendo lastimosamente porque te asfixias. Porque no queda nada de tu especie en ti. Nada de lo que sentirse orgulloso cuando te metes con cientos de reses como tú en un vagón o en una carretera hacia tu centro de explotación.

Y la angustia la desencadena esa compleja química que se pone en marcha por orden de tu instinto para avisarte que algo huele mal en tu vida, que no es así como debieras vivir. Es justo la misma angustia o expectación del cazador frente a su presa en atávicos tiempos, la de urgencia, la de apremio.

Una angustia o tristeza existencial que surge periódicamente, y te roerá el ánimo hasta que consigas entender dónde te encuentras, con quién y en qué condiciones. Una enfermedad propia de una sociedad decadente, ya a punto de venirse abajo. Cuanto mayor es el nivel de opresión, más se rebelan los instintos y se impondrá la ley del más fuerte que no teme armas ni prisiones. Morir por morir, mejor eliges tú el cómo y el cuándo. O lo intentas.

El poder de la civilización actual, quiere borrar de sus reses todo rastro de naturaleza humana y ahí radican los problemas: no puedes dar caza a quien te esclaviza porque pervirtieron durante toda tu infancia y adolescencia tu esencia, tienes una orden programada. Debes ser una res ejemplar, mansa, obediente y, ante todo productiva; es difícil romper la programación incrustada durante tantos años.

Si en Filipinas gritan por miedo al calor, todo el planeta grita al mismo tiempo. Como en las películas las vacas sedientas de un rebaño corren en estampida al agua que huelen. Son reses ya globales, en lugar de llevar etiquetadas las orejas, las han dotado de celulares, de teléfonos “inteligentes”.

El problema está que el animal que ha nacido en cautividad, no se adaptará o morirá en libertad. Tal vez eso es algo que sabes; pero gracias al adoctrinamiento recibido en tu infancia, vuelves a la línea de programación: que una vida sin leyes, sin poderosos y sin dioses, no es posible, sería el caos.

Te equivocas, el dogma que te implantaron es mentira. No se produjo ningún caos durante los cientos de miles de años (toda la historia real de la humanidad) en los que el ser humano nacía y vivía libre. Donde evolucionó en inteligencia.

Si eres consciente de ello, de tu naturaleza, pasará pronto la depresión y reconocerás que no es angustia, es simplemente rebeldía. Y entenderás que debes seguir el juego a los granjeros o dioses, porque te matan de hambre o a tiros si no lo haces; reconocer esto es importantísimo para tu salud mental. No tienes otra opción hasta que llegue el momento de reconquistar al ser humano como especie libre.

No te preocupes, cada vez son más los cerdos humanos de granja que no saben porque se deprimen o se sienten acosados por algo, o alguien. La sensación de que algo malo va a pasar no es un don adivinatorio o parapsicológico, es un aviso de lo más recóndito de tu cerebro: estás viviendo una mala vida, indigna.

No vayas a un psicólogo o psiquiatra, ellos se limitan a ajustarte de nuevo adormeciendo tu atávico instinto con meta drogas. Y colocando leyes, sacerdotes y políticos en el aparador principal de tu pensamiento.

Es todo una mierda, lo hicieron mal, te deformaron cuando destruyeron tu infancia y tu juventud en ser amaestrado.

A la fuerza tiene que pesarte. Es normal y lógica esa tristeza, ese ataque de pánico que no lo es. Porque se trata de puro arrebato, rebelión.

Hasta que un día enciendas un cigarrillo asqueado de trabajar para darte un respiro, solo para ti, sin dar explicaciones a nadie y en contra de lo establecido en las normas de la empresa y gobierno. Y en medio de ese humo que aspiras y exhalas pensativamente, puedas ver en una difusa y vaporosa pantalla en lo que te han convertido y en lo que te espera.

Pero tranquilo, puedes distraer la angustia durante el fin de semana: unos litros de ginebra, unos gramos de coca, unos porros de maría, un par de ácidos; una paliza a la parienta y el lunes estarás como nuevo para comenzar tu semana laboral esclava. Olvidado ya lo que pudieras haber razonado en un arrebato de claridad, lo que realmente eres y quienes son ellos, el poder.

Lo verdaderamente deprimente, es que por ti mismo seas incapaz de saber lo que ocurre en tu cabeza. En tu naturaleza.

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El cielo que nos robaron.

No somos lo que debemos.

Porque nos lo prohibieron, emplearon nuestra infancia y juventud en ello.

El recuerdo de tantos años de niñez y juventud bajo el adoctrinamiento de esta sociedad o civilización, nos dejó una cicatriz que huele rancia en el pensamiento, una suciedad que no podemos quitar. Una violación que nunca olvidas.

A unos destruyeron como humanos puros. Otros nos sentimos silenciosamente orgullosos de ser libres y no globalizados o infectados por el pensamiento insectil de un rebaño.

Nuestras certezas viajan invisibles entre las potentes frecuencias de la mediocridad y su uniformidad.

Ambos, los conversos y los libres pensadores, perdimos la infancia y la juventud (nos las robaron) en las escuelas de acondicionamiento a la esclavitud que eran todas: castigos, himnos, leyes, credos, normas, tradiciones, patriotismos, urbanidad (mezquindad de rebaño), sociales (historia amañada) y autoridades: obediencia y respeto.

Pero en la adultez unos nos desprendimos de ese pelaje piojoso con el que pretendieron uniformarnos. Imagino que nacimos con una corteza dura que protegía al cerebro de la doctrina de la esclavitud y la mansedumbre.

Caminamos relajadamente porque no nos preocupa la moralidad del rebaño ni la patria que dicen que tanto hay que amar. No es extraño que despreocupadamente marque con orina mi territorio o como decían en el colegio: “mi patria”.

Nuestro hogar es el planeta; pero si para tranquilidad de los mediocres hemos de gritar “¡Viva mi patria!”, lo hacemos, somos buenos actores, aprendimos cinismo en la escuela para sobrevivir. Y luego escupimos para limpiarnos del veneno de la mezquindad.

Realmente hemos pensado al gritar: “Ni amo ni dios”, sin entusiasmo, porque lo pensamos a un millón de revoluciones por minuto todos los días. Es algo congénito, un acto puramente instintivo como rascarse el culo al despertar.

En lugar de redacciones bobas de montaña y mar y vacaciones y familia y amigos; escribimos y describimos el mundo y lo que contiene de maneras que a nadie gusta, o les hace toser.

Y ahí está nuestro gran triunfo, en ser la minoría incorrupta.

Llevamos las de perder, en las falsas democracias, la mayoría sin cerebro gana.

Nos jodemos.

Nada nuevo bajo el sol.

No es extraño que sintamos esporádicos y breves ataques de una angustia surgida de vivir en un tiempo y lugar que no es nuestro, que no pedimos. Con la fatalidad de haber nacido en una civilización o sociedad esclavista y mezquina que devora al ser humano como individuo y le mete cosas en el culo para que se obsesione con el ano y no con la imaginación que, pudiera ser inadmisible e ilegalmente creadora.

Sabes que las ciudades son criaderos humanos, que el poder hace muchos siglos entendió que cuantas más reses humanas criara en sus tierras, más riquezas ganarían cobrándoles el impuesto por respirar, por vivir en su feudo o país. Se construyeron miles de grandes ciudades verticales.

La religión, la política y la economía, técnicas de pura industria ganadera, tal como el vacuno. Y se crearon razas humanas más mansas y obedientes por simple selección de crianza de forma espontánea.

Y ahora que son tantas las reses estabuladas y cuesta demasiado dinero alimentarlas, matan/sacrifican a las viejas que no rinden y prohíben el pastoreo al aire libre de las activas. Y así siempre encerradas para recaudar/robar el dinero que gastaban en ocio porque no lo necesitan ya. Tienen teléfonos y televisores para ver el mundo aposentadas sobre sus grasas y excrementos. Están aterrorizadas en su ignorancia por la superstición apocalíptica del clima predicada por el poder. Las vacas humanas darían a sus crías en holocausto a sus amos poderosos si así se lo pidieran/decretaran por evitar el apocalipsis que se avecina.

Así, conociendo la historia sin pasión, fríamente (si acaso asco) tranquilizamos al animal que llevamos dentro y está nervioso: “Tranquilo, bestia, desahógate. Ya ves como ha ido la historia, no te agobies, es irreparable. Son unos hijoputas y algunos morirán antes que nosotros, así que disfruta de ello, de lo que puedas; porque no hay tecnología para escapar de este planeta”.

Y mientras la angustia se apacigua y se forja un tonto orgullo, fumamos un relajante cigarrillo que nos llena los pulmones de todo aquello que en la escuela, catequesis y telediarios adoctrinaban que era malo.

Soñamos con cazar, comer y follar salvaje y libremente. Con morir…

Luego, dormiríamos agotados de cara al cielo que nos robaron los adultos cuando éramos niños.

Como debería haber sido, si no hubiéramos tenido tan mala suerte al nacer.

Carta

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Iconoclasta

No lo puedo negar, a veces tengo suerte. Buena, quiero decir, buena suerte.
Hoy ha sido el mejor día de Sant Jordi (San Jorge) o día del libro que he vivido.
Estoy harto de encontrar sólo literatura de consumo, automatizada, estereotipada, sin alma o simplemente infantil. Lo que las grandes editoriales publican como misioneras de un dogma que han de extender. El dogma de la globalización y el pensamiento insectil, banal y pueril. Fácil y sin sobresaltos, sin inquietud alguna; parábolas de tolerancias e inclusiones artificiosas y doctrinales de corte fascista. Lo que antes se conocía como simple educación y hoy elevan a pretenciosos decretos y preceptos pagano-religiosos. De esos que se convertirán en audiolibros para que aprendas lo que debes y pienses lo que quieren, sin entender siquiera como se escriben las palabras que tragas.
Hace años, desde inicios de los ochenta del siglo pasado, que no consigo encontrar literatura de verdad, limpia de la búsqueda de la fama o el “me gusta” o los refritos histórico-esotéricos. Sin adoctrinamientos para mentes simples.
Liturgias que insultan a la inteligencia.
Así que en una bonita tienda de antigüedades y ojeando en una vintage caja de madera (restaurada al efecto) he encontrado esta edición bilingüe (catalán-castellano) de Jacinto Verdaguer de ¡1909!

Además de mi económico, pequeño y pueril capricho de comprar un libro de ciento catorce años. Al abrirlo me he dado cuenta de que tras más de un siglo, no lo ha leído nadie.
Al llegar a casa, hemos sido mi hijo y yo los primeros en comenzar a leer sus páginas, cortando cuidadosamente con una afilada navaja los pliegues de las páginas aún unidas de cuatro en cuatro.
Me he sentido como un ingenuo y torpe explorador ante un descubrimiento. He vivido una sorprendente y gran odisea.
No está mal para un tullido.
Yo no sé escribir ni quiero, de la piedad y la bondad, de la amabilidad, la ingenuidad y ternura desenfadadas y humildes. De una fe o una aceptación a lo establecido.
Pero me gusta conocer aquellos estilos que jamás podría emplear. E intuir el fascinante proceso de aquellos autores, para construir instantes que contagiarían de su pasión o paz a los lectores.
Así que me fascina Lorca y su cuasi metafísica poesía. Y también me conmueve que escritores como Jacinto Verdaguer, dedicaran una parte de su ilusión a escribir poemas de instantes amables, bellos en su simplicidad. Donde se siente en cada verso el fruto de la experiencia mística de la soledad o recogimiento, y el contacto con la naturaleza.

Hoy ha sido un día bonito. Dos veces bien.
No puede hacer daño.
Y ahora a ver cuanto me cobra la usurera vida por el buen momento.

Iconoclasta

No es grande, no llega a tocar el cielo; pero al final logró ser dios y ahora rige solitario, en una bola de cristal invisible, su eterno y exclusivo mundo donde luce majestuoso, entre cielo y rocas. Y a su espalda, los miles de adocenados árboles del bosque hacinados, lo observan con desdén lucir su fronda de miles de pequeñas flores radiantes.

Si dios no ha castigado su vanidad partiéndolo con un rayo, se debe a que tenía razón en su vanidad: es tan bello como un dios.

Y bueno, aunque pedantes, ciertas perfecciones se agradecen en este sórdido mundo de fealdades banales e intrascendentes, a duras penas vivas.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Black Death (2010), es una película cuyo argumento transcurre sobre el 1300, durante una epidemia de peste. Correcta o medianamente ambientada, actuada y dirigida. Entretenida sin más.
Sin embargo, me ha sido inevitable no pensar, evocar, concluir, razonar.
La chusma idiota de viejos tiempos, hablo de estos de la peli y de anteriores, dejaron su huella genética que ha llegado hasta hoy. Ese rastro de miseria y mezquindad propio de la especie humana con escaso intelecto, con necesidad y deseo de ser gobernada y nulo concepto de la libertad, ética e individualismo que a cada ser humano da dignidad e identidad.
Desde los remotos tiempos en los que se creó la primera sociedad humana con un mono jerarca mandando a otros monos para vivir de ellos sin esfuerzo, hasta hoy; donde visten con ropajes coloridos, llevan un teléfono y piensan exactamente igual, ergo votan la misma mierda en grandes manadas. Con la diferencia de que hoy día hay otro decorado y el bozal es más agresivo en su perfil, bonito y colorido que el que usaban en la edad media para combatir, en su infinita ignorancia, la picada de una pulga, la peste. Desde aquellos tiempos hasta la actualidad no ha habido evolución. La inteligencia se ha estancado o atrofiado, solo se ha actualizado (v. X.x) la misma miseria humana o mezquindad. Prácticamente eternizada.
Una evolución lleva centenares de miles de años. Así que en veinte mil años, los monos humanos poco han podido evolucionar en su fisionomía e intelecto.
Siempre surgen rarezas humanas cada cien o doscientos años que han dado conocimientos a la especie humana, y longevidad por medios artificiales: higiénicos y médicos; pero la esencia es la misma.
Cada día que pasa estoy más convencido de que fue la religión la que hizo al ser humano esclavo de otros humanos.
Que la especie humana no se ha desarrollado como debía porque esos tipos que practicaron el timo de la religión, seleccionaron primorosamente a los humanos crédulos y obedientes y los dejaron vivir y reproducirse. Y éstos agrupados en catervas, asesinaban líneas genéticas más fuertes e inteligentes con el fanatismo que les fue inculcado por sus jerarcas religiosos.
Y así la humanidad actual y su comportamiento insectil (globalización) es el producto de aquella rústica selección ganadera que llevaron a cabo los monos jefes religiosos.
Mayoritariamente la sociedad actual está formada por líneas genéticas de humanos de pocas luces, dependientes y obedientes de los mafiosos o jerarcas que los gobernaban (no pueden entender una vida sin prohibiciones o leyes, sin amos que los protejan de su propia cobardía e incapacidad).
Y gobiernan.
Tal vez sea esa la razón por la que se busca pervertir hoy las crónicas históricas; no es una idea popular saber que tienes en la sangre el mensaje genético de la estulticia, la mansedumbre y la fe. Ese carácter gregario de los mamíferos domesticables y rumiantes, tan alejado del homo sapiens sapiens original. Eso, si lo entendieran, me los deprimiría; mejor borrarlo o adulterarlo.
La historia sin los trozos feos…
La política es tan solo una rama de la religión, con ideologías paralelas y convergentes al mismo fin: el cielo para los obedientes y el infierno para los no creyentes.
O lo que es lo mismo, riqueza en vida para los que mandan y un paraíso, tras la muerte, para los obedientes y crédulos.
La evolución consiste en que los más fuertes sobreviven y dejan un mensaje genético de esperanza de ser mejores y más eficientes a las futuras generaciones. Lo que ha ocurrido con la especie humana a lo largo de los últimos veinte mil años aproximadamente, es la injerencia y perversión de la especie humana con el exterminio de las genéticas más aptas y fuertes en pro del poder de los idiotas. El secreto de la victoria de los idiotas está en que son plaga. Por eso las hormigas devoran elefantes…
No lo digo yo, lo dice la historia. Y la biología. Y la ganadería.
Y la experiencia, conocimiento y deducción. Las mías y las de algún listillo también anónimo, de paso por el mundo en la actualidad; pero calla para que no lo asesinen también.
No pudieron acabar con todas las líneas genéticas válidas y decentes; pero eliminaron las suficientes para que las seleccionadas por el ganadero fueran una gran mayoría que en un futuro, votaría a esos monos idiotas prepotentes sin razón justificada.
No existe una “evolución” tan triste y sórdida como la humana en ninguna especie del planeta, salvo la de los insectos coloniales, que los pobres carecen de masa encefálica. Se les puede disculpar por ello.
Ante el temor de que mi sangre pertenezca a la misma mezquindad genética seleccionada a lo largo de veinte mil años de selección ganadera religioso-política, evoco de nuevo y razono estos argumentos para luchar contra mí mismo; como quien lucha contra una enfermedad mortal a pesar de saber que no puede ganar. Es triste, pero tengo ese épico romanticismo también heredado que me lleva a denigrarme fría y calculadamente.
Ver esta película que no tiene ningún viso de intelectualidad, me ha llevado a explorar mi sabiduría acumulada sobre la humanidad y su historia de nuevo. Mi cerebro se acelera ante todo asomo de imbecilidad, fanatismo, mezquindad y cobardía actuales o pasadas.
Es un asco la sabiduría que consume tanta glucosa.
Da jaqueca.
Actualmente, gracias a la tecnología aplicada al adoctrinamiento y amaestramiento de las reses humanas, la selección ganadera religioso-política consigue eliminar con más rapidez las líneas sanguíneas humanas dignas erradicando inteligencia, valor, libertad e individualismo (fuerza creadora) y dejar más espacio a las indignas que son las que dan votos (poder sin destrucción de las posesiones acumuladas por los ricos, es decir, pacíficamente y con aplausos), por ejemplo: la hazaña de una vacunación de maneras carcelarias, ruinosas y fascistas, tan global y veterinaria como la del coronavirus.
Los malos siempre ganan y se reproducen en progresión geométrica insectil, es el corolario o moraleja de la historia de la humanidad.
Porque se sigue hoy, a pesar de una mayor y teórica culturización, con fe ciega votando u obedeciendo a la misma casta de miles de años atrás (que también fue primorosamente seleccionada con artes ganaderas), con igual vehemencia.
Es muy deprimente, triste y monótona la historia cuando te das cuenta de que solo se trata de un cambio de atrezo. Y lo demás, la idiotez, se ha cronificado para siempre jamás. A menos que se produzca por algún azar un cataclismo que destruya la civilización y algunas líneas genéticas indeseables. Y puedan hacerse así bien las cosas de nuevo, sin usar los restos de lo malo o podrido. ¡Alabados sean los dioses todos! (en tal caso y sin que sirva de precedente).
Carita sonriente (que malditas las ganas de risa…).

Iconoclasta

La bondad no es una virtud, sino la reflexión y el acto que surge de la inteligencia y la búsqueda o intuición de la justicia.
Esa justicia que degradaron y humillaron en códigos de leyes los gobiernos de las naciones del planeta Tierra, hasta convertirla en un puré corrupto de hipocresía para protección de la riqueza y sus poseedores.
Esa inteligencia que ha pervertido la sociedad hasta reducirla a un único mensaje electroquímico insectil; millones de veces chirriado por los millones de humanos-orugas.
La bondad es un acto medido, una emoción razonada.
Y no persigue recompensa.
Ser bondadoso indiscriminadamente es el mayor acto de injusticia para los que se la merecen; traicionarlos está muy lejos de la bondad, de la justicia y de la ética.
Sin embargo la superchería o ideología o religión, prostituye la bondad como método para alcanzar una santidad, un paraíso, un premio. Y exige ante todo, bondad hacia los líderes, amos y ricos (el perdón, respeto y obediencia a pesar de sus delitos y negligencias). Luego, hacia todos los seres humanos; excepto a los infieles cuando un gobierno decreta guerra.
No todo ser humano merece un acto de bondad.
En algún momento las grandes supercherías o ideologías o religiones del mundo pervirtieron la bondad amasando mansedumbre y fanatismo. Esta “bondad” es conocida como moral, un libro sagrado del buen ciudadano según los dogmas escritos a lo largo de la historia de la especie humana.
La bondad predicada por las más importantes supersticiones o religiones o ideologías del mundo es un mero trámite que da ciertos privilegios ante los dioses inventados por los líderes salvadores y redentores.
Una cartilla de cupones.
La bondad solo se da en anónimos seres humanos que viven el día a día sin mirar a nadie y hacen lo que deben cuando deben. Lo hacen según la razón y la justicia, sin exigir dinero, votos o fama. Sin exigir la fe en ellos.
Sin exigir el paraíso.
Luego se encienden un cigarrillo paseando a donde quiera que vayan hasta diluirse en el paisaje.

Iconoclasta