Posts etiquetados ‘Reflexiones’

A pesar de los años que llevo rondando por el planeta, me sigue pareciendo fascinante cómo se embrutece la chusma con el Carnaval.
Yo porque soy valiente, hermoso y aguerrido; pero si los extraterrestres no llegan a la Tierra, se debe al Carnaval.
Sienten terror de los neuróticos terráqueos perdiendo el control de sí mismos y la elegancia en las famosas rúas y orgías correspondientes.
Cuando se aproximan estas fechas, cuando ya salen los panfletos anunciando los tres días de las super rebajas del Carnaval, niños y adultos padecen movimientos oculares erráticos, los giran de un lado a otro, en círculos excéntricos y muchas veces se les quedan en blanco como a la niña de El exorcista.
Y cuando los sueltan, que les dan libertad para desfilar, gritar y correr descoordinadamente, parecen feroces indígenas de tribus caníbales.
Como si esperar el dichoso Carnaval los hubiera dejado hambrientos y neuróticos, angustiados y neuróticos, histéricos y neuróticos. Incluso los que no asisten a las rúas, por empatía y solidaridad de mierda dan cabezazos en su confinamiento.
Muchos de estos seres tribales, se quejan en el día a día de los mínimos ruidos que provocan coches, motos, niños y borrachos gritando con los pantalones y las faldas meadas. Sin embargo, cuando lanzan sus furiosas carrozas con esas ondas sonoras que emiten rompiendo los cristales de las ventanas, son más felices que mierda en bote.
Nunca vendrán a vernos los extraterrestres y dejarnos su tecnología mágica.
La neurosis del Carnaval acojona al Universo infinito.
Y claro, todo lo empeora la música escogida para desatar la neurosis incontrolada; lo más granado y adocenado de las listas de éxitos hispanoamericanas, el cansino reguetón imposible de diferenciar uno de otro. Siempre parece la misma canción repetida que se oye hasta en Ganímedes.
Siempre me he sentido 100% antropólogo en estas celebraciones tribales.
¿No podrían tratar los estados (como cuando contagiaron de coronavirus a la ciudadanía) el agua de red para consumo humano con grandes dosis de tranquilizantes y ansiolíticos un par de meses antes de que salgan los carteles publicitarios del Carnaval en las distintas aldeas del planeta? Incluso en las pozas de agua podrida donde beben los pobres, que también tienen derecho a la serenidad.
Tanto cacarear sobre la tolerancia, bondad, fraternidad y dar dinero a los pobres para que los ricos se lo puedan robar; y nadie tiene en cuenta a los vecinos del infinito universo, los grandes olvidados y su hartazgo.

Hay quien tiene lagunas mentales.
No es por alardear; pero yo desciendo y habito con frecuencia en simas tan profundas de mi miseria que cuando emerjo fuera de mí, no puedo dejar de sentir la repugnante viscosidad de mi intestino. Y en el rincón más penumbroso de mi caverna me froto paranoicamente las manos una y otra vez en los muslos desnudos para limpiarlas.
Luego me pregunto qué habrá pasado durante mi ausencia. Tras encender el cigarro y toser con una risa torcida como el cuello de un ahorcado, me respondo: ¿Y qué cojones quieres que pase? Esto ya estaba muerto y detenido antes de bucear en tu mierda.
Y escupo el filtro del cigarrillo. Si no fumara me habría cortado la lengua hace años.
Muchos.
Es esta ira que me lleva a apretar los dientes hasta romperlos, mejor que sea el filtro que alguna parte de mí lo que partan.
No sé porque habito en mis abismos, ni es terapéutico, ni los perros mean a dos patas como yo.
Simplemente hago lo que puedo.
Un día esta acidez gangrenará mis tripas.
Algo no hicieron bien cuando me concibieron. Tal vez les dio la tos y se salió en el momento más lácteo.
No sé…
Yo no quiero que el mundo se detenga, eso ya lo sé hacer y lo hago perfecto.
Quiero que el mundo se hunda, se doble sobre sí mismo y se convierta en una enana blanca que, emitirá al cosmos millones de mezquinos convertidos en fotones de efímero y tísico brillo. Aunque yo los veo más como esa materia oscura que dicen los religiosos de la cuántica que hay en el espacio.
También quiero que a mi hijo le vaya mejor que a mí; esta es toda la piedad que soy capaz de desarrollar. Yo tuve mejor padre que él; pero no puedo hacer nada al respecto.
Me limito, en mis ratos de ocio, a descender es puro vicio de mortificación.
Aunque eso me salva de pudrirme ahí fuera.
Y como ocurre tan fácil, tan habitual; hay momentos que no puedo distinguir si navego en la mierda de mis intestinos o estoy ahí fuera, en el mundo mezquino.
Hay quien no entiende a los francotiradores… Como si fuera difícil, como si fuera el misterio de dios, su hijo lelo y su espíritu sucio como una paloma de ciudad comida por las pulgas.
Las trinidades suelen ser sucias, siempre usan la misma argamasa: vanidad y mezquindad para hacer altos y espesos muros de codicia, ambición y envidia. O, ignorancia, miedo y servilismo. O, adoración, humillación y sacrificio. O, hambre, sed y muerte. Toda la mierda de este mundo civilizado va de tres en tres, mínimo.
Yo no tengo trinidades de mierda, no soy una piojosa civilización.
He visto un bulto en el intestino y no me sorprende.
Tal vez esperaré aquí a que se haga grande y se extienda como los tentáculos de uno de esos pulpos que son la hostia puta de inteligentes por sus cantidades de cerebro (nos dicen los profesores y biólogos del estado para que comprendamos que un pulpo es más valioso que nosotros). Y no acudiré a morir a un hospital, sólo curan bien a los ricos, a los pobres les mueven el bulto a otro lugar y cierran rápidamente; incluso escatiman en anestesia para que te jodas. A veces el cáncer se lo meten al paciente por la nariz si el cirujano tiene prisa; pero no es efectivo, el bulto se muere sin un cerebro al que aferrarse y al paciente le darán el alta igual de vacío que como entró en quirófano.
Los mezquinos no son pulpos, ni yo los comería.
No sé porque cojones me he limpiado las manos si me he caído otra vez dentro de mí…
No estaré mucho ahí, me gusta fumar con o sin filtro, me la pela.

Foto de Iconoclasta.

No sé qué pensar y definir concretamente cuando de las selváticas montañas se elevan jirones de vapor hasta formar nubes que ascienden expandiéndose en una libertad celestial.
Haciéndose una…
El vapor envuelve las ruinas de una ermita y no puedo concluir si es un azar o las nubes buscando salvación.
¿Es el calor acumulado en la tierra el que forma el vapor? ¿O son almas que exhalan los cadáveres y la fronda seca del bosque que, al fin han aceptado la muerte al sentir sus restos ya siempre fríos?
No creo en las almas, creo en los cerebros y sus cualidades, si las tuvieran.
Como estilismo y retórica, volver a imaginar el vapor como alma y jugar con ella no puede hacer daño. El mundo humano está tan lleno de maldades que es inevitable que el pensamiento divague alejándose de la macabra realidad como las almas ascienden al cielo amando rasgadamente a sus montañas.
Almas arrastrándose por las nemorosas laderas, perezosas caricias ascendentes sin prisas. Susurrándoles sus últimas confidencias antes de llegar al cielo y fundirse.
Secretos…
No tengo secretos, sólo vergüenzas pasadas que no puedo olvidar. Errores, defectos, ignorancias…
Los secretos son cosas extraordinarias que por tu seguridad escondes escrupulosamente. Yo jamás he ostentado semejante poder.
El amor no es secreto, es dramático porque los ideales son efímeras mariposas que mueren aplastadas por la esclavitud humana y su multitudinaria mediocridad, los pecados originales con los que nacen los pobres bebés en la civilización.
Ahora estoy seguro de que el vapor son almas escapando de la esclavitud.
Todo encaja en la contemplación solitaria y silenciosa, en el íntimo frío desapacible.
El amor duele porque se define con las precisas palabras dolientes de esperas y ansias; si no se definiera sería un instinto.
Soy el dios ignorado de la simplicidad, del minimalismo filológico.
Del pensamiento rápido.
Y afilado si pudiera ser.
En una sola palabra cabe un universo.
Si fuera vapor ascendería por su cuerpo susurrándole confidencias como hacen las nubes a sus bosques… Emergiendo de su monte de Venus, dejaría parte de mí en su piel, como ella con sus uñas trazaba líneas quebradas en mi pecho cabalgándome.
Jadeando…
Extendería un rocío cálido en su vientre y difuminaría con mi niebla las endurecidas cimas de sus vibrantes montañas. Y al fin, me enfrentaría a su rostro e inundando de mi vapor su boca, le suspiraría lo mucho que la amo, a tan solo un instante de fusionarme con otras almas y ya no reconocerme, ser nada…

Foto de Iconoclasta.

Estoy suscrito a una compra recurrente en Amazon de despertadores, ni siquiera separo las pilas del despertador que estampo contra la pared, van a la misma bolsa de basura. A ver si consigo que envenenando el planeta envenenarme al comer mejillones en conserva, ya que dado mi desmesurado amor por mí mismo, creo anticuerpos contra el suicidio.
O sea, soy una contradicción con patas: al despertar soy yo por lo único que vale la pena vivir.
No soy feliz y la verdad es que me suda la polla la felicidad.
Huele a lo mismo que ayer. El sonido del planeta es el mismo y mi mente cautiva no consigue encontrar una razón por la que hoy, pueda ser distinto de ayer.
Y todas por las que pueda ser peor, por ejemplo: absoluta y desoladoramente indistinguible.
Los hay que por menos se suicidan; pero yo fui maldecido con el super poder de respirar el hastío como el aire limpio. El asco no consigue deprimirme, sólo acelerarme el pulso hinchando las venas de las sienes. Supongo que también las del cerebro.
Las del nabo requieren acción manual o una gran y obscena imaginación.
Entiendo que la experiencia es como un vertedero de basura donde se amontona la mierda y no se sabe qué hacer con ella, más que formar dunas y pirámides que envenenan a gaviotas y mendigos.
La experiencia es como el aceite que cubre el mar asfixiando a los pescados.
A las buenas cosas les falta el ingrediente de la durabilidad. Como el orgasmo que tras un minuto, no recuerdas haberlo sentido y te preguntas porque la leche se enfría tan rápida.
El placer no deja ni una sola cicatriz para la posteridad. Por eso busco el placer continuamente, nunca sacia.
Además tiene la propiedad de la caducidad, caduca antes que el jamón cocido. Y si se repite con frecuencia, llegará convertirse en tóxico y puro aburrimiento también. Estoy seguro de que los actores porno sueñan con los minions durante el rodaje.
Por lo cual, para darle un asomo de sordidez al placer y sea más duradero, pagas a alguien que sin profilaxis te mal folle.
Y si se da el caso, tienes el divorcio sin demasiadas discusiones.
Y ya. Si me apetece, mañana miro la güiquipedia y cito a Nietzsche que es cantidad de intelectual.

Foto de Iconoclasta.

La narco dictadura española avanza legal, constitucional y moralmente con el cariño de su endogámica ciudadanía a una nueva España Feudal, donde la plebe pueda seguir comiendo desperdicios y mierda como antaño; las sobras que la aristocracia o clase política lance a la calle desde los balcones de sus palacios. Donde las noches en los hogares, serán la vuelta a despiojarse unos a otros frente a un televisor que emite mierda.
Donde los favoritos del Estado Español se llevarán a la boca la carroña con más magro. Sin embargo, los favoritos son tan pocos que la guerra será la única solución posible al problema de la segregación, humillación y miseria de la casta paria o asalariada no funcionaria. Era un lucha continua en los oscurantistas feudos medievales como lo sigue siendo hoy España.
Si un dictador decreta que sobornar, corromper, asesinar y torturar es constitucional y ajustado a pleno derecho, no hay duda alguna de que es legal porque está avalado además, por una caterva de jueces que cobran multimillonarios sobornos; como así ocurría en la España Franquista y ahora en la España del rey Sánchez I el Arribista.
Actualmente en España, toda mierda, humillación y crimen llevado a cabo por el Estado es constitucional, legal y avalado por sus corruptos jueces. Esto significa, ni más ni menos, que la constitución española es un documento podrido en su redacción, pergeñado para todo dictador o esquizofrénico que se hiciera con el poder. Una putrefacción ética en bucle sin fin que se alimenta de la sangre asalariada no funcionaria, eminentemente ignorante, cobarde y servil.
La constitución española se creó como un manual para dictadores genocidas, y liturgia y catequesis de la corrupción. Porque la constitución española permite la impunidad de todo político criminal y las perversiones legales que requieran para que el dictador permanezca en el poder.
La constitución española es el cheque en blanco para un asesino elegido “democráticamente”.
Esta revista pornográfica que es la constitución, un conjunto de leyes y “derechos” redactado por endogámicos y próceres de la oscura España en pro de la corrupción y el fascismo asesino, se le hizo votar al pueblo endogámico español como un dechado de ética y equidad de mierda.
Por eso hoy, un esquizofrénico atormentado por su homosexualismo, ha podido comprar su presidencia constitucional y legalmente.
Dejando de lado la constitución de mierda, lo que está claro es que no mueren con la necesaria cantidad y frecuencia los suficientes jerarcas para eliminar la peste fascista ibérica.
Estamos abandonados en un nicho de infecto fascismo, en una península milenariamente aislada del conocimiento y la ética.

Los hay que tienen un grave conflicto con el amor y sus imposibilidades.
Ocurre cuando existe el amor real y las posibilidades se escriben con el humo de un cigarrillo en día de viento.
Existen infinidad de formas para explicar y llorar las tragedias del amor; pero sólo son efectivas las crudas y precisas, sin eufemismos y circunloquios.
No existe forma alguna de conciliar el amor con la distancia y el tiempo cuando están desincronizados.
O arrancan juntos los dos latidos de los amantes o están condenados.
A la amistad, la fraternidad y el amor filial no sólo no les afecta la distancia y el tiempo; incluso con distancia y tiempo mejoran, se enaltecen. No son emociones carnales donde el sexo sella la unión del deseo y la ternura.
No te follas a los hijos para consagrar tu amor.
El amor de hombre y mujer es espíritu y carne. Y deben sincronizarse en el tiempo y las distancias: si estás en la vejez, debes ser consecuente, como si estuvieras a diez millones de años luz de distancia, en un planeta que explotó.
Si falla la espiritualidad, la carne sabe insípida y piensas en el precio cuando pagas.
Y si falta la carne, te quedas sólo con el cinco por ciento del total del espíritu. Que nadie piense que lo espiritual es vital, somos casi cien por cien animales, todo nuestro peso es carne; el espíritu es un pequeño porcentaje, ocupa un espacio mínimo entre los huesos, la carne y la piel.
Mientras intentas cuadrar ese amor por una vana y rebuscada esperanza imposible de materializar, las carnes se marchitan y los espíritus se desecan.
Es necesaria la madurez para reconocer la imposibilidad y acabar con el tormento que no conduce más que a la tristeza y desesperación.
Lo que ha de morir, debe morir.
Que el amor muera lenta e indoloramente, dependerá de cuánto deseo y tristeza has derrochado en cuadrar lo imposible. Aquel deseo y afán no satisfecho, al cabo del tiempo se convierte en un alivio al verlo muerto. Es una carga que te arrancas de los hombros y te lastraba en la tierra ardiente y doliente.
Es importante que a los amores que nacen muertos, a pesar de reconocerlo, darles un tiempo de expansión e ilusión para que se desengañen por sí mismos. Así evitas que espíritu y carne se desgarren con ese dolor de pesadilla que tanto tememos; el espíritu y la carne se acomodan a sus propios fracasos si les das tiempo.
Se debe hacer espacio, liberar ese cadáver de amor para otras posibilidades, el mundo no está lleno de amor; pero la soledad tampoco abunda, es una costosa gema.
Que cada cual haga lo que deba.
O lo que pueda.
Es fácil concluir que si llevas décadas viviendo en soledad, puedes morir solo sin ningún problema, puede que incluso tu muerte anónima sea grata.
Morir no requiere de explicaciones a nadie.
Tal vez caigas, ante la proximidad de la muerte, en la tentación de a quien amaste un día pedirle perdón por tu imposibilidad y torpeza; pero no sería bueno; pudiera estar viviendo un nuevo amor. Las palabras surgidas del pasado estropean y enturbian el presente. No necesitas humillarte y disgustar a nadie por un romanticismo que no existe más que para el egoísmo de darte importancia en el morir.
No importa cuán numerosos sean los amores fallidos, recuerda que consuelo de muchos es consuelo de tontos.
Ten clase, elegancia, llora lo que debas después de haber cumplido con tu deber.
Piensa en el soldadito de plomo y su bailarina: en la versión para adultos no quedó nada de ellos tras deshacerse en el fuego de la chimenea.
Cuando éramos pequeños la gente sabia nos preparaba para lo temible…
Y cambiaron a los sabios por idiotas y ahora engañan a los niños.
A lo mejor no fueron fallidos los amores.
Tal vez no es la palabra correcta o piadosa; pero qué más da el nombre del cadáver.

Foto de Iconoclasta.

Cada año se me hace más difícil mantener mi sonrisa cínica durante la festividad del puto año nuevo del Estado, en el que en su primer día de mierda soltará sus cochinos decretos de las nuevas extorsiones que entran en vigor desde el uno de enero, nuevos robos, usuras, humillaciones, prohibiciones y prevaricaciones. Tal vez te digan, que tu padre tenía los cojones trasplantados, que no nació hombre. Y que tu madre llegó a tener una barba que le cubría los pezones y su leche era rancia.
Porque, de eso va celebrar el año nuevo administrativo del Estado. Festejar y brindar borregamente y en multitud los robos y la humillación del puto gobierno. La última noche y con la última campanada, lanzarán sus programaciones de robo y extorsión. Y con la tripa llena y la resaca, el primer día del año nuevo asqueroso lo pasarás imbécilmente anestesiado.
Y el día dos te pondrás a trabajar para esa caterva de ladrones impresores de decretos o puros excrementos que servirán para cebarlos otro año más; sin dejar de sentir difusamente que algo ha ido mal en la última noche del año y su primer día. Que en un momento de lucidez no entiendes por qué cojones tanta celebración para una mierda de noche vulgar como la puta de los viernes en la zona de discotecas del extrarradio.
A menos que hayas nacido en un uno de enero, no entiendo qué coño hay que celebrar.
Cada año nuevo es más asfixiante, más hipócrita, más imbécil… Más humillante.
Más asesino y eucarísticamente fascista totalitarista.
Doce campanadas y doce uvas envenenadas.
Doce balas.
Doce cuchilladas.
Doce robos a tu nómina (de cada cerdo ministerio).
No hay suficientes uvas del asco, del odio y la ira para celebrar otro nuevo y repugnante año administrativo del mierdoso Estado.
Antes de brindar, mucho antes del porro de maría o hachís, o de la rayita de coca. Antes de meter la mano en el coño de vuestra cuñada bajo la mesa, ya estabais ciegos.

Hay una grave psicosis, una demencia colectiva. La chusma cree, hoy más que nunca, en charlatanes sectarios políticos y religiosos. Como en el inicio de las sociedades humanas, cuando se hizo el primer pacto social por el que la especie humana se degradaría miserablemente hasta convertirse en la masa amorfa, quejumbrosa y cobarde que es hoy.
La chusma se queda encantada mirando a su líder ladrón que le dice cosas estúpidas, mentiras que quiere oír, sin asomo alguno de madurez intelectual, sólo genital; cree las mentiras de un político ladrón y asesino.
Y lo hace con los ojos muy abiertos y con las orejas tiesas prestando toda su atención al telepredicador. Leyendo infantiles mensajes en las redes sociales de sus dioses, que no superan las veinte palabras, el máximo entendimiento del humano tipo en la actualidad.
Esperan expectantes, esperanzados y boquiabiertos mirando al líder que raja desde el púlpito, que les eche en sus rostros ignorantes e imbéciles su caliente lluvia dorada.
Su sermón genital.
Como desde los inicios de los tiempos…
Para una especie animal, sesenta o treinta mil años son breves etapas en su evolución e historia.
La especie humana ha fallado en su inicio, la cobardía de aquellos que sellaron el primer pacto social, su legado, es el único y real pecado original con el que nacemos. Y ese pecado original, es la castración de la verdadera especie que fuimos, su aniquilación.
Y luego, acto seguido, se inventó la palabra magnicidio, como si asesinar al líder político o religioso fuera matar a un ser superior.
El magnicidio convirtió en vulgares cerdos nacidos para el sacrificio a los que no formaran parte del Estado.
Está tan sucia la especie humana que ya sólo sirve para combustible.

Desde que a finales del otoño caen las primeras heladas nocturnas, el hielo en algunos lugares no se derrite y se acumula noche tras noche, allá donde el débil sol invernal no puede llegar porque las montañas crean umbrías que se extienden por la tierra.
Sombras que el frío pinta de blanco cada noche y cuyos contornos observo con la curiosidad de mi pensamiento atávico e inquebrantablemente asombrado.
Los parajes son metáforas de uno mismo; es un ejercicio, a veces cruel, encontrarlas o formarlas o deformarlas. O pervertirlas para que todo cuadre en tu cabeza.
Metáforas y coincidencias del pensamiento necesitado y voraz de vida y muerte, calor y frío, hambre y comida, dolor y follar…
Los lugares son eternos, estuvieron allí en el nacimiento del primer humano y continuarán cuando muera el último. Al morar en ellos, la tierra y su hielo nos contamina de sí misma.
Unos, los más, buscan la luz y la calidez. Yo estoy bien entre la escarcha acumulada, vieja y agreste porque no hay nadie en ella.
He visto asaz de humanos, los conozco a todos.
Duele más un golpe en la carne fría que la caliente.
Sin embargo, necesitas profundizar más el filo en la carne fría para que sangre. Si has de cortarte las venas o tirarte por un precipicio, que sea en tierra cálida; todo son ventajas para los inquietos suicidas.
Frente al definido límite de lo templado y lo helado, es parecido a asomarse a un barranco, pero sin muerte. Un paso más y metes el pie en la frialdad. En ambos casos, inevitablemente, imaginas con inquietud la consecuencia de avanzar.
Caminando por el hielo los pies pierden temperatura gradualmente en un acto parecido al de la muerte, así se deben enfriar los cadáveres.
No importa, no soy forense.
Es por no callar, sufro verborrea aguda.
Pero si fuera forense, llenaría de ceniza la fría boca del cadáver al que no le molesta ya quien fuma.
Si das el paso al bando blanco sentirás el hielo crujir, la suela de la bota enfriarse y los dedos encogerse incómodos. Y un poco más tarde, babosas que trepan por tus piernas robando el calor la sangre.
Me gusta pisar con fuerza el hielo y el crujir de mis botas que hace los pasos potentes, lo que no son en la tierra templada…
Aún me quedan rastros de una injustificada vanidad.
Es un hielo bueno, que no parte los huesos haciéndolos salir astillados por la carne, como cuando caes al resbalar velozmente en el pavimento de la sucia ciudad.
Con cierto esfuerzo, habitamos donde debemos o elegimos.
Si podemos…
Porque nacemos en cautividad y es difícil escapar de los cochinos amos y sus mierdosas calles y ciudades.
Hay lugares a los que no llega la calidez de la luz en todo el día, en todo el invierno.
Permanecen mudos en la gélida luz, esperando el ansiado próximo equinoccio, como las ramas desnudas de los árboles pidiéndole al cielo algo de calor.
Tienen algo cruel y viejo las zonas heladas a pesar de su blancura que evoca bondad.
En el hielo la piel se llena de una escarcha que te come la energía y te detienes a menudo, más que cansado, harto al final del invierno.
Y te preguntas cosas absurdas al observar la luz detenerse ante la raya que separa blanco y tierra: ¿teme la luz congelarse? Es como un perro que furioso ladra, pero no da un paso más.
Afirmo también, en base a la experiencia, que la esperanza es lo primero que se pierde y se congela durante eones en ese paraje donde hay una luz insuficiente para templar los sueños.
No hay esperanza alguna para sentir la calidez de la piel amada; sin embargo, con el primer paso del día en el hielo, pienso en ella y su calidez.
Pareciera entonces que el hielo se deshace y chapoteo en agua.
Mi amada cálida puede más que el sol…
La esperanza está congelada; pero el amor y la fantasía de amarla es un fuego imparable que hace mis pasos líquidos como su lejana mirada que me diluye todo por dentro.
El humo del cigarrillo no sube con la frialdad del aire y su rostro se dibuja en la voluta de humo flotante.
Una comadreja, con su coqueta mancha blanca en el pecho me mira de lejos con curiosidad, se pregunta si estoy vivo o muerto en el páramo de nadie.
Bueno, puede que no esté muy vivo.

Foto de Iconoclasta.

Pienso que con tantos millones de humanos presionando la corteza terrestre hasta la ruptura, no hay suficientes muertes.
No tardará en faltar espacio para expandir los pulmones y respirar.
Es necesario que la muerte haga su trabajo.
Que surja una especie animal cuyo alimento sea exclusivamente la carne humana.
O eso, o que en los transportes públicos, cines y edificios-colmena; en asientos, paredes y mamparas se instalen pantallas de Rayos X camufladas con publicidad, a la altura adecuada para que radien constantemente los genitales de los usuarios y vecinos. Sería una solución incruenta.
Pienso que hay demasiado amor en el mundo, amores infundados y fabricados según las circunstancias y que se confunden con reproducción por una cuestión de ignorancia y una vanidad injustificada.
Yo sólo quiero a dos o tres personas, no es por elitismo o ser celosamente selectivo. Es fisiología, mi cerebro tiene un estrecho canal afectuoso. Y el puto Amazonas como canal de libertad y fascinación por los espacios libres.
Llegan fechas institucionales de paz y mierda, con los arrebatos angelicales de bondad en todo su esplendor hipócrita y mezquino tan propios de la eufórica y alcohólica narcosis navideña. Y yo me retraigo hacia el negro tumor de mi cerebro, donde el exceso de azúcar no puede penetrar y sólo caben los muy pocos que quiero.
Aquel mendigo mitológico, Jesucristo, murió por “nosotros”.
Bien, tanto celebrarlo con lloriqueos de ternura y empatía; pero nadie toma ejemplo y se deja destripar y crucificar.
Se celebra paranoicamente la vida y se ofrecen los mejores deseos a los millones de desconocidos e indiferentes seres que hay en el mundo. Y la pragmática y sincera muerte se asfixia entre bisturís, vacunas, pastillas, oxígeno en lata y otros tratamientos médicos. Con los edictos fascistas de los “padres bondadosos” que velan por la salud y productividad de sus millones de reses contributivas. Que salmodian como villancicos lo mala que es la libertad para la salud y que un cigarrillo mata más que los asesinos que ellos dotan de armas y misiles, recompensan y aúpan a su nazista órbita de poder.
El amo nazi adoctrina a sus borregos que aquellos que degüellan, aplastan con coches y revientan con explosiones a seres humanos en el nombre de Alá, son ahora sus amigos del alma. Que el islam, a pesar de decir que hará de todas las naciones su reino mediante el terror y la muerte, es amigo navideño. Se les debe amor a los asesinos sectarios, dice su ilustrísima nazi del coronavirus.
Mágicamente, de la noche a la mañana, aquellos que odian a los que no rezan a su dios, se han convertido en seres de luz. ¿No es precioso, después de siglos de matanzas, que de repente se obre el milagro merced a un líder nazi de una falsa “democracia”?
Y los borregos decadentes y serviles del amo nazi se apresuran a salir a la calle con todo su amor y banderas que no son suyas, a dar el aleluya a sus nuevos y amados amigos.
Cada pueblo tiene el líder nazi que se merece, y por tanto la muerte que se merece también.
La propia conciencia insectil de la humanidad, pide a gritos su propia muerte porque se reconoce venenosa y plaga. Asqueada de sí misma a nivel instintivo.
Desde mi tumor, el que siempre protegí de curas y tratamientos, soy el megáfono del oculto y oscuro pensamiento del hombre sin doctrina y sin amo.
Hay tanto amor, que irremediablemente voy a ir a vomitar al cementerio, el mejor sitio para ello. Si no los amé en vida, mucho menos sus esqueletos.
Tal vez sean ellos, los asesinos sectarios, la nueva especie animal que se alimentará exclusivamente de seres humanos.
Me parece una buena idea que la chusma sea asesinada por la mano amiguísima de quien ama. Es una ternura que dejará espacio.
No importan los medios, importa el fin, generar espacio e higiene para mis pulmones.
No pueden hacer daño unas navidades oscuras como este tumor, este refugio anti hipocresía desde el que divago. No a mí, claro.
Más vale una docena viviendo dignamente que millones lloriqueando frente a sus móviles y sus mensajes de blanca imbecilidad.
Blanca pornografía de corridas níveas….
Desde el negro tumor de mi cerebro: feliz navidad y sus millones de muertes. Y el más kilotónico y aterrador fin de año.
Y si comienza otro, que sea el año uno garabateado con un pedazo de uranio en las paredes de una caverna gélida y oscura.
Hay quien discutirá que sería el año cero. Bien, me suda la polla, al fin y al cabo el cero es el símbolo de la nada, me parece genial también.
Siempre vi problemas cerebrales en mis profesores en sus salmos cuando intentaban castrarme y adoctrinarme en la escuela. Siempre veo problemas mentales de subnormalidad en los decretos de paz y amor del jerarca y su fascismo que no cesa, como un parásito que me amenaza desde mi nacimiento.
Y exhibo con orgullo ese fracaso “escolar” cuando me apetece acariciándome el rabo.
Soy humano, tengo mis vanidades.
No podían ellos saber de mi poderoso tumor y refugio anti amor gratuito e indiscriminado.
Lerdos…