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El nuevo fascismo se ha implantado con el coronavirus en el rebaño que forma la casta paria o trabajadora, como una doctrina cuyo dogma principal es: La libertad es enfermedad y catástrofe”. Dice el Estado de sí mismo que es él quien proporcionará la felicidad y protegerá la vida de las reses humanas, especialmente de sí mismas.
Nacer en cautividad, en la del Estado, es algo que no responsabiliza ni obliga al neonato a esclavizarse puesto que no ha sido su elección nacer; pero es inevitable porque si las reses progenitoras están amaestradas al Estado, el neonato debe ser propiedad del Estado.
Lo peor radica en que las reses humanas nacidas en las granjas (ciudades) del Estado, jamás serán libres, no podrían adaptarse a la libertad aunque la tuvieran. De niños les robaron la infancia y la juventud, el Estado les amputó una cuarta parte de su vida para domarlos y amaestrarlos en las escuelas y universidades como dóciles, serviles y silenciosos productores o trabajadores. Son como las bestias del zoo que ya no podrán volver a ser libres porque han perdido la capacidad y las habilidades innatas para sobrevivir con el encarcelamiento al que les han sometido las reses humanas.
Actualmente, la especie humana es un cruce entre insecto colonial y res domesticada donde, al igual que en una colmena, un millón de esclavos u obreras, alimentan y engordan a una sola reina para hacerla enorme. Luego mueren tan miserablemente como han vivido.
Las ilusiones en el mundo cautivo urbano son globos baratos e infantiles que se escapan de las torpes manos de los adultos.
La vida en cautividad, en sociedad, está formada por un cúmulo de transacciones y leyes de obligado cumplimiento que hace de las emociones un estado de cuentas bancario. En cautividad las ilusiones son efímeras como las ofertas de temporada.
Ofertas habituales como las de amores de mala calidad que durarán toda una larga e inacabable vida, con el arrepentimiento también eterno de haber comprado semejante cosa inservible.
Es ésta la razón, más que nunca, de que se haya impuesto un nazismo feroz instaurado con el coronavirus, intrusivo a nivel nuclear familiar e íntimo. Abanderado sobre todo por la Unión Europea y con España como modelo carcelario, policial y militar a seguir. Está fracasando la esperanza de una vida digna y libre entre las reses trabajadoras de los grandes rebaños humanos urbanos. Y el nazismo tiene la sagrada misión de reconducir la actitud cada vez más violenta y descontenta de las reses estabuladas en ciudades, a una mansedumbre que las haga más fáciles de pastorear y explotar.
Es ya tan habitual que pasa desapercibido, el hecho de que las reses humanas hacen periódicamente, según fechas decretadas por el nazismo, viajes de exploración y polinización lejos de su colmena asignada; pero en poco tiempo se estresan por volver a la seguridad de su colmena. Seguridad garantizada por el Estado Nazi Ganadero Pastoril.
Están tan castradas de libertad y humanidad que se angustian cuando permanecen demasiado tiempo libres; necesitan su colmena para relajarse y seguir con su cotidianidad de engordar a la reina (el Estado) diariamente.
La diferencia de los seres humanos de sesenta mil años atrás con los actuales está en la integridad. Los seres humanos antiguos eran completos y pura raza. Lo de hoy es una mutación, una selección ganadera que comenzó un hechicero miles de siglos atrás y hoy, culminan los Nazismos surgidos en la pseudo democracias del siglo XXI. La especie humana actual es una variedad castrada cerebralmente, domesticada para su explotación ganadera. El problema para el Estado es que no se ha podido erradicar ese primitivo instinto animal de territorialidad y lucha por la reproducción y supervivencia. En eso trabajan los líderes nazis del siglo XXI, en todas las naciones del planeta con las directrices de la Unión Europea como máximo órgano del Nazismo del Coronavirus.
Que sea Europa cuna y sede del nazismo del coronavirus tiene una explicación: es un continente viejo, ocupado por multitud de pequeños estados antiguos, decadentes, acomodados, infantilizados, banales, en plena curva de declive. El Nazismo que ha instaurado la Unión Europea, intenta evitar ese ocaso europeo.
Sin embargo, todo indica que volverá a ser Oriente (de allí surgió toda la cultura y conocimiento que se extendería por el planeta), en dominar el mundo.
Mientras tanto, en países como España, el banco de pruebas de la Unión Europea Nazi de la represión voraz; donde se cometen toda clase de aberrantes corrupciones políticas y biológicas de la sexualidad humana, absurdas y ostentosas prevaricaciones, violaciones de las necesidades biológicas humanas, como el respirar; así como constantes amenazas oscurantistas climáticas, tribales o bíblicas (basadas en el Antiguo Testamento) con el beneplácito, sumisión y voto de las reses humanas que forman los rebaños. El Estado trabaja afanosamente para llenar los cerebros de los grandes rebaños humanos con terror, por medio de un oscurantismo de índole infantil y represión continuada, decretada día a día como dogmas de grandes beneficios para las reses trabajadoras (estrategia ganadera conductual). Y sistemáticamente, acorralando y asesinando a los seres humanos íntegros (de pensamiento autónomo, ajeno al de la masa ganadera), los muy pocos que aún sobreviven en esa península aislada del conocimiento.
Sólo una gran devastación con sus millones de muertes y demolición de las ciudades, podría salvar a la especie humana de desaparecer del planeta como especie para convertirse en una clase más de termita.
Mientras el ser humano actual carezca de la nobleza y valor necesarios para ejecutar “in situ” a un fanático de cualquier índole, la humanidad continuará involucionando hacia la miseria. Mientras exista un fanático, existirá un fascismo y un asesino con cargo. Eso no se lo puede permitir el último reducto de la humanidad real, la que podría salvar a la especie humana de su suicida degradación a lo insectil.
Porque esta civilización no es la única posible, es sólo una estafa, un chantaje continuado. Una tosca chapuza creada por reses humanas dominantes con más fortuna y suerte que inteligencia y conocimiento, que atenta contra la real naturaleza humana.
Sería aterrador que un día naciera un bebé con antenas de queratina en el cráneo agitándose neuróticamente, decepcionado de haber nacido así.

Si pudiera no amarte, no podría vivir con la angustia de haber perdido la parte más importante de mi vida.
Como la niebla de las montañas es desgarrada por los primeros rayos de sol.
La solución al problema es no ser.
No es nuevo, soy mi propia evidencia.
Soy inexistencia a pesar de mi conciencia que cotorrea constantemente conmigo mismo.
Mi pensamiento está desgajado del planeta, soy ajeno a él.
Yo, mi pensamiento cruel y frío, soy como el cosmos que congela toda vida, toda sonrisa, toda lágrima y toda esperanza.
Tal vez sea que la gélida temperatura de mi conciencia me permite inexistir en este lugar de nada o muerte total.
No me parece mal, no me siento especialmente triste o turbado.
A veces divago que amé; pero es sólo un sueño. No es posible, nací tan frío que murió madre al parirme.
Acepto mi naturaleza, incluso con orgullo desmedido.
Aquí donde las almas que atraviesan la atmósfera terráquea, al entrar en el espacio se cristalizan. Desintegrándose en una muerte muda y desesperanzadora cuando se estrellan contra piedras nómadas o los planetas muertos que llenan el universo de nada y veneno.
Es un fenómeno cósmico de una bellísima tragedia.
Hermoso.
Tal vez soy Dios…

Foto de Iconoclasta

He evocado tus gemidos y espasmos al correrte.
Tu “me corro” como un suspiro agotado y los pezones endurecidos rozando mi pecho al desfallecerte sobre mí.
Y me he mordido el labio hasta herirlo.
Con la boca ensangrentada me he derramado en la tuya.
Y aunque nadie lo pudiera pensar, todo ello ha sido un acto de puro amor.
Porque nadie podía intuir cómo nuestras almas se escurrían por las pieles viscosas de la obscenidad hambrienta y voraz.
Nada es sencillo contigo, cielo.
Y las almas se confundieron la tuya con la mía.
Nos miramos confusos ante el caos que provocamos.
Luego llegó el dulce sopor de las pieles satisfechas.
No podría ahora decir te amo, sería una parquedad injusta.

Tengo el amor tan clavado en la carne que es imposible ignorarlo.
No hay día que esa astilla no se mueva y libere un doloroso placer enrojecido de una delirante esperanza, una ilusión cuasi infantil.
Y sin tocarme, se me derrama un semen como un lamento…
No hay día que cuando sangra al moverse, me libere de la carne haciéndome vapor hacia donde habita.
Soy nubes rectas como flechas, deshilachándose veloces para clavarme entre sus muslos.
Mi puño veloz como ellas fustiga hasta despellejar el deseo del cíclope amoratado y ciego. Mi bálano es un volcán incruento de bebés sin esperanza de nacer.
Amar es una acto de locura y un surrealismo impío que concilia el sueño y la realidad.
Y soy crema cálida desbordándose por su coño…
Mi amor que se hace jirones en el cielo indolora y majestuosamente liberando la energía que la urgencia tiene y haciendo por unos segundos, el pensamiento algodón.
Ser aire, al fin, en sus pulmones.
Porque adonde la carne no llega, el vapor lo inunda.
Si no fuera así ¿para qué existo?
Un semen desembocando a ninguna parte por las laderas de mi pene ardiente…
Solidificándose en frío sin sus dedos que lo templen.
Tengo el amor tan clavado que no comprendo cómo puede latir el corazón.
No entiendo porque quiere latir así…

Foto de Iconoclasta.

Tras una larga jornada de miseria, monotonía y mediocridad cobrando una mierda, llega la hora del descanso y un sueño plagado de horrores y deprimentes mundos.
A la mañana suena el cochino hijoputa despertador, me rasco el culo y fumo, meo y fumo, cago y fumo, sorbo un café de mierda y fumo.
Salgo de la puta madriguera de pocos metros cuadrados donde vivo y me dirijo a un tren borreguero a mi granja de explotación.
Y así un día tras otro.
¿Cómo puede haber un futuro mejor si los hijos nacen condenados a mascar la misma mierda que sus padres?
Cada día se hace más necesaria y lógica la violencia y la muerte. Ellas sí que harán un futuro más esperanzador.
Un futuro mejor que el presente sólo puede existir con la extinción de los políticos gobernantes actuales y sus afines de repuesto. Incluida su descendencia.
Si no mueren, si nadie los asesina, el futuro es hoy.
Y los borregos mezquinos, aplaudidores de estafadores tiranos no se enteran de una mierda.
Son la puta mayoría votante. Es inaceptable a pesar de llevar tantos años en esta mierdosa sociedad de hijos de puta, no puedo asumirlo.
Ingenuos infantilizados y obedientes sectarios…
Pero acabarán asesinando sin saber porque ni a quién, no tienen cerebro; sólo un viejo instinto primitivo que surge cuando el oxígeno apenas llega a los pulmones. Cuando es tarde y son débiles.
Les ocurre como a las ovejas, que piensan beatas e ilusionadas ellas, que es lógico que los lobos las coman, nacieron para ser su alimento.
No es triste, es sórdida la presente realidad y su futuro próximo.
Sólo la ingenua esperanza de ver la violencia y el asesinato de los que deben morir para construir un futuro mejor es mi única ilusión, mi íntimo e indestructible paraíso de esclavo de la mierda nuestra de cada día.

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Una nota que me acompaña desde que nací.

Porque nací en el mismo instante que supe de tu existencia.

Cuando ya había consumido demasiada vida.

La escribiste rápida con una sonrisa pícara en la cama y la pegaste en una página en blanco de mi cuaderno. Estabas desnuda y al reír tus pechos oscilaban hipnóticamente como el mar respira sus olas. Y te besé hasta el orgasmo.

Asistí al primer amanecer de mi vida a tu lado.

Aquella nota nunca se separó de mi cuaderno.

Y así, cuando soñando me alejo del mundo.

Cuando blasfemo por el mal lugar y tiempo en los que nací.

Cuando miro absorto la vida no humana del bosque.

Cuando duele algo en lo profundo de un hueso o bajo la negra piel sin sangre parece que corren hormigas.

Cuando cierro los ojos al placer e intimidad del silencio humano en mi elaborada soledad; abro el cuaderno y leo tu nota con tristeza porque no son tus labios acercándose sensuales a mi oído, los que susurran lo innecesario.

Estás en todas partes y en todas las edades del universo.

No es una nota, es un papel impregnado de la esencia de tu alma. Acaricio el relieve de tus palabras y siento que es tu piel cálida y vibrante, de una vida contagiosa.

Conservo como salvavidas tu breve y tierno pensamiento, grabado como hacían antiguos escolares, rasgando y arrancando cuidadosa y silenciosamente la esquina de una hoja de la libreta, para escribir una hermosa ingenuidad. Y entregarla con la mano rápida y secretamente en clase de historia.

Como renacuajos traficantes de amor.

Este posit es lo único palpable de ti, me ancla a la tierra donde tú estás. Un breve pensamiento como una sonrisa traviesa eternizada en mi cuaderno de locuras.

Podrías haber escrito “te odio” y seguiría sintiendo la suave y húmeda tristeza de no ser tu voz la que susurrara la confidencia.

Toda palabra que escribes está impregnada de ti como polvo de hada.

No podría olvidar amarte, cielo.

———————–

El hombre, inclinándose más hacia la rodilla donde apoyaba el cuaderno, repasó las letras del posit con el bolígrafo. Y cuando cerró la desgastada tapa de la enésima bitácora de la soledad, la guardó en la mochila como si fuera algo importante. Se levantó con cierta dificultad de la roca donde se había sentado muy cerca del río.

Y no había ilusión o emoción alguna en su mirada, nadie excepto él había escrito aquella vieja nota.

Salió al camino con el fracaso colgando de un hombro otra vez.

Con su solitaria mentira y el eterno fraude de sí mismo.

Tal vez, cuando encontraran su cadáver y alguien leyera esas dos palabras de la nota en su cuaderno, nadie pensaría que su vida había sido tan árida como él se sintió siempre de seco y vacío.

Carta

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Si la humanidad fuera un organismo, un cuerpo; yo estoy alojado en su ponzoñoso corazón.
Un corazón que hace lo que debe; pero es infeliz y bombea la sangre enfadado, con presión excesiva por ser envidioso e ignorante. Y hace la sangre espesa como el engrudo.
Yo soy su infarto, el infarto de toda la humanidad; a la espera de hacer mi trabajo con rápida y entusiasta diligencia.

Pensó demasiado tiempo en el enigma del amor, sus consecuencias e imposibilidades.
Un día prestó atención al espejo y se vio viejo y débil. Humillado con un pañal.
Todo aquel desgaste para al final morir y dejar de importar…
Abrió el mando del gas de la cocina y aceleró el proceso de la agonía.
Pasados unos segundos nadie sabía que un día existió.
Yo lo sé porque soy Dios.
Y como él millones; pero muy pocos encuentran la solución al enigma, el suicidio, y mueren rabiando como ratas con el espinazo partido en una sucia calle.
Se siguen meando encima durante años y años, gastando indignamente sus ahorros en pañales.
No los creé a mi imagen y semejanza, el meteorito que mató a los dinosaurios provocó una nube radiactiva, mutó una manada de titís y el resultado fue la pérdida del pelo y un tumor en el cerebro con el que nace todo ejemplar de la raza humana. Con el tiempo algún figura afirmó que los animales humanos tienen el cerebro más desarrollado de todas las especies.
Y como no había gas, también murió babeando, como la gran mayoría votante.
Son como aquellos monos de mar que se vendían por correo en los setenta, simples amebas.
Han pasado tan solo mil millones de año y ya me aburro.

Si acudes a un puesto ambulante de mercado, por ejemplo a comprar queso, y vas acompañado de tu hijo (o un amigo sin interés sexual alguno por tu culo), el quesero simpaticote y cordial os saludará efusivamente:
¡Hola guapos!
Da por supuesto que sois una pareja de maricas.
A mí me importa una mierda lo que piense y tampoco lo voy a desengañar. Y menos tan cruelmente ante la alegría con la que nos saluda, no quisiera que se pusiera a llorar por una tontería.
Sin embargo, es muy llamativo que un padre y un hijo o dos amigos, sean ya por norma un par de maricas (o transexuales) en la conciencia infantil, cortita y accesible de la chusma, en ese pensamiento tan sectario y limitado del cabestro tipo de esta sociedad homosexual.
Por lo tanto, si una mujer compra sola, se la supone tortillera.
Si un hombre compra solo, es maricón.
Si compra una pareja de mujeres, o son tortilleras o transexuales.
Y si compra un menor de edad, el quesero sarasa se verá en un aprieto para no parecer pederasta o poco sensible a la sexualidad indefinida (porque por mucho que parezca hembra o macho, nunca se sabe) del joven cabestro que le pide los doscientos gramos de tierno cortado fino.
Tiene la chusma votante tal conciencia de homosexualidad, que no cabe otra opción más que ser maricón, tortillera o transexual. No existe ninguna otra relación social desde que definitivamente se implantó la dictadura nazi homosexual carcelaria española, mediante la infección por coronavirus o covid 19.
Han asimilado del catecismo nazi homosexual que entre dos hombres, dos mujeres o padres e hijos adultos, amistad es darse por culo o meterse cosas.
Sí, definitivamente en esta sociedad nazi homosexual, no está bien visto ser biológica y sexualmente sano o heterosexual, es una falta de educación imperdonable.
Cuando nos vendió el queso a precio de diamante puro, sí que comentamos lo muy pintoresco y frívolo que era el cordial y julandrón quesero; a pesar de la desinhibida estocada en el precio de las cuñas de queso.
Luego, caminando entre los diversos puestos no dejamos de oír el “holaguapos” como si fuera una canción de Rosalía por lo repetido. Y definitivamente nos sentimos transportados a Mariconiland City, ciudad feliz y julandrona donde las haya.
Hay que nacer para ello, a mí no me sale saludar a un par de tíos con un “holaguapos”. Me sentiría incómodo, me picarían las palmas de las manos nerviosamente.
No consigo sentirme maricón por muchos dogmas que me venda el Estado Fascista Maricón Carcelero Clima-sanitario Español.
Soy así de hermético. Llamadme puerco si queréis, que me suda la polla.