Una vez hayas descubierto tu vida antes de conocer el amor; porque el amor quieras que no, te da cierta perspectiva de tu vida anterior de la que carecías. Y si tenías alguna, estaba equivocada. Pues eso, cuando sepas como eras antes de conocer el amor, echarás de menos aquella inocencia de sentirte felizmente ignorado. Y no habrá vuelta atrás, el oráculo habrá profetizado y mejor no pienses demasiado en los tiempos felices. Os pasa a casi todos.
La escena transcurre en Alemania, cerca del Berlín de 1931. Es cine en estado puro, un puñetazo de arte e historia directo al corazón. El director convertido en doctor en antropología social. Con qué aparente sencillez… Una de las escenas más terroríficas para cualquier persona con inquietudes de libertad y librepensamiento. En una película musical sorprende visceralmente esta inyección de crudo fanatismo que muestra con inteligencia y efectividad la miseria moral y asesina que una nación, sus gentes, puede llegar a alcanzar. En 1933, Hitler fue elegido jefe de estado por el pueblo alemán. Terror emocional puro. Con solo esta escena, Bob Fosse se elevó a genio del cine. Alguien debería enseñar esto a los jóvenes en las escuelas y universidades; no los evangelios de la globalidad oscurantista. Que sean capaces de identificar este escalofrío del caníbal fanatismo tan repetido y actual. Tan probable en todo tiempo de la historia. Aunque estoy seguro de que no entenderían, no sabrían lo que ven. La amorfa masa votante no entiende, no identifica lo obvio, mucho menos las sutilezas. Margaritas a los cerdos. Ningún camello ve su propia giba. Tan bucle en el tiempo… “¿Sigues creyendo que les pararéis los pies?”
Alguien divagó que bien podría (la humanidad) ser el sueño de un gigante. Está bien, es original; pero prefiero ser más preciso, ya puestos a rajar tonterías. En esta vida de mierda, mi lugar y tiempo; llena de prejuicios, censuras, prohibiciones, y admiración por el trabajo adocenado o en equipo; yo soy el sueño de un loco, de un tipo que tiene el cerebro enfermo, podrido. Y se pasa el día en su celda dando cabezazos contra la bisagra de la puerta que es lo único que no está acolchado. O tal vez sea un retrasado mental al que se le cae la baba haciendo rayas con una tiza en el suelo. Incluso, también un gigante; pero además, con mongolismo. Conviene proponer varias opciones por si un ignorante copia y pega alguna ocurrencia freudiana o jungiana. Sólo algo así explicaría esta mierda de vida cuyo caudal ya me ensucia los cojones. Un tarado soñando…
Llora perdida e irremediablemente ante el espejo del armario. Jaime se ha derrumbado en la cama aún vestido, el calor del verano y el dolor mudo de una hija ya definitivamente arrancada de sus vidas crean una atmósfera tan densa que los movimientos se dificultan y literalmente, sienten que respirar es una guerra. Silvia se desprende del suéter oscuro ante el espejo; pero realmente observa angustiada un ataúd pequeño y blanco empujado con una pala a lo profundo del nicho por el albañil sepulturero. Y su alma emparedada con su hija allá adentro. Está vacía de todo, lo dice su reflejo. Las lágrimas corren porque se está licuando toda ella, sus tripas son un aceite caliente. El dolor está allá dentro en la oscuridad del nicho que radia su mal a través del aire, como un cordón umbilical podrido. Su propio reflejo es una imagen subexpuesta, una mirada enferma de conjuntivitis. Cuando los sepultureros sellaron la losa con el cemento, también oscurecieron la vida. Se oscureció todo con un definitivo eclipse. Jaime observa su espalda trémula, los tirantes del sujetador negro asemejan un arnés de seguridad para no caer en el abismo de ese llanto venenoso y quedo, de baja frecuencia que lo rompe todo, el ánimo y la cordura; como un terremoto. Silvia es una mujer infinita, se enamoró de ella hace catorce años, ante su seguridad, su fortaleza de convicciones inquebrantables, de su infatigable lucha por vivir y disfrutar. De sus tacones que pisaban fuerte a pesar de ser agujas. Es infinita porque se rehace de los golpes que le da la vida, porque es hermosa y nada le roba su brillo. Es infinita porque se erige de nuevo, reconfigurada ante una nueva situación. Está lejos de la perfección, pero ambos se han reído siempre de la perfección. Él no es infinito, es un hombre con malas experiencias acumuladas, de un cultivado pesimismo surgido de más dolores que alegrías. De más luchas perdidas que ganadas. Se siente, de una forma sucia, mediocre. Y ella, su presencia, su voz suave y sin titubeos, y su mirada que lo ama, lo liberan de su maldición cada día, a cada momento. Evita era como su madre, con tan solo siete años pisaba fuerte con sus zapatillas de suela de lucecitas, jugando tan pequeña a ser coqueta. Evita sanaba su mediocridad, su existencia era la prueba misma de que no podía ser tan anodino si colaboró en crear esa hermosa criatura. Siente que es el momento de largarse de aquí, de dejar de vivir y respirar mierda. Hace cuatro días, que perdió lo que más quería, lo que más podía doler, lo que más amaba. Si hay un buen momento para que el corazón se rasgara, es ahora. Un simple traspiés bajando por una escalera del colegio, derivó en un cuello roto. En un milisegundo murió, y con ella también Silvia y Jaime. Y toda esa tragedia ocurrió hace apenas un segundo, solo cuatro días. Un jersey de cuello alto pretendía ocultar el obsceno bulto en el ataúd. No recuerda una imagen peor en su vida. Los hijos se quedan con todo el amor y hacen de los progenitores socios de un negocio. Saben, al observar el bebé en sus brazos, que ya no serán lo que fueron antes del nacimiento, ni tras la muerte. Ya no serán amantes, solo madre y padre. Y por ello, Silvia es la mujer infinita, su heroína, su diosa. Sonríe invicta a pesar de perder cuando él blasfema fracasado. Y se ríe de las tonterías que se dicen del amor filial. Debe hacer algo por ella, se ha quedado perdida frente al espejo, ha sido expulsada del mundo. Se incorpora y se abraza a su espalda, ciñendo su cintura con los brazos, apoyando la frente en la oscura melena intenta dar consuelo al cuerpo que ha perdido el alma. Busca a la mujer infinita, la conjura con una pena oculta a traición, por la espalda. La frialdad de su silencio y su ausencia de ella misma contrasta con la calidez de la piel, su suavidad inalterable, sus hombros aterciopelados de un vello de melocotón. Extiende las manos en el vientre, porque muchas veces anida en él el dolor y el miedo, y siente una leve contracción en ella, como si empezara a surgir de la oscuridad. El pene se ha endurecido en el pantalón y presiona en sus nalgas buscando cobijo y roce en la liviana falda que cubre su más íntima belleza. Silvia responde con un pequeño espasmo agitando las nalgas levemente. Jaime siente que se rebela en su mente un ser primitivo combatiendo por ocupar su atávico lugar en la luz ajeno a toda tristeza. El cerebro es un llanto y el cuerpo se ha desprendido del alma. Con el dolor ha perdido el control de su humanidad. Sus manos se meten en el elástico de las bragas que encuentran el monte del Venus. Acariciando el vello rizado, sus dedos se acercan al vértice de los labios. Silvia entreabre la boca en un suspiro que no surge con la mirada aun fija en el ataúd. Y sus piernas también se separan aunque no quiera. El pene palpita presionado contra la ropa y las nalgas voluptuosas. Ella llora un dolor e inevitablemente su sexo se derrama cálidamente en las manos de lo que un día fue su amante y hoy es padre muerto de una hija muerta. El presiona el clítoris duro y resbaladizo, los dedos se deslizan vagina adentro sin obstáculo, con obsceno consentimiento sin sopesar amor, muerte, dolor o alegría. Y ella gime, por primera vez en todo el día su boca emite un sonido y siente los pezones contraídos. Tiene cuerpo… Jaime le arranca el sostén y sus pechos gravitan violentamente pesados, agitados por una respiración extrañamente agitada de ansia y tristeza. Las grandes areolas están coronadas por dos puntos duros. Y una mano los oprime al límite del dolor. –Eres mi amor infinito, ven conmigo. Sé mi amante, follemos esta puta tristeza. Sé infinita mi amor… Silvia cierra los ojos y su cabeza se ladea ofreciendo el cuello a Drácula. Y es besada. Los humores sexuales de su coño amalgaman ambas carnes, los dedos penetrándola ya no se distinguen de su propia carne y el placer animal irrumpe alejando el ataúd y la inmensa pena lejos de ellos. Lejos de su coño. Sus rodillas se doblan con el orgasmo, él la sujeta manteniendo la presión firme en su sexo para recibir cada espasmo, cada contracción. Ella gime y llora en un descontrolado caos que la hace sentirse loca. Jaime la conduce a la cama, acostándose a su lado. Siente el semen enfriarse en los calzoncillos, mojando el pantalón. Ha eyaculado no sabe en qué momento. Con un brazo le envuelve el hombro y el pecho. Se encuentra otra vez a su espalda. Le gustaría mirarla a los ojos y besarlos. Sus ojos infinitos… La horizontalidad parece apaciguar la gravedad y el dolor de la sangre rugiendo vida. Con el paso de los minutos sus respiraciones se tornan silenciosas y tranquilas. –Eres mi infinito, mi universo –le susurra como una nana. –Sé fuerte amor, no te rindas. –Eres un cerdo. Hijo de puta. Me has arrebatado mi pena, mi dolor. Me has obligado a traicionar a Evita follando, haciendo que me corriera. Cerdo, cerdo, cerdo… No se folla cuando entierras a tu hija. ¡Cerdo! ¡Cerdo! ¡Cerdo! Jaime retira el brazo de su hombro y se levanta de la cama. Es el fin. Es pura disciplina, lo que está mal no se debe prolongar. Porque cada día que pasa, la vida es más corta. Ya no es la mujer infinita, aquella cosa es una mediocridad, una sucia bola de prejuicios. La mujer infinita murió con el último “¡Cerdo!”. Ahora grita histérica en la cama “¡Mi niña, mi niña! Nos has ensuciado, cabrón.”. Evoca a Evita y concluye que esa mediocridad que llora en la cama con hipocresía tras haberse corrido, no enturbiará ni un instante de aquellos siete años de vida de su pequeña de zapatillas luminosas. No le daría la más mínima oportunidad de amargar o ensuciar aquellos años pasados. Recuerda el velatorio de su padre, durante la cena su tío (hermano de su padre) contó un chiste, ya no se acuerda cómo era. Jamás pudo olvidar aquella risa liberadora. Todos reían con el muerto aún en la habitación, incluso mamá. Cómo lloró de risa, creía no poder parar… ¡Qué falta le hacía! No lo supo hasta que lloró con histeria la gracia y el dolor. Todos entre risas, agradecieron silenciosamente a su tío el chiste que rompería aquella tristeza que estaba asfixiando a la vida misma. Fue mágico, fue el momento más bonito que vivió porque las risas eran para su padre, por su padre, por amor puro. Nadie pidió respeto o sintió ofensa. Jaime coge la cartera y el teléfono de la mesita de noche y tira las llaves de casa sobre la cama. Antes de marchar se lava en la fregadera de la cocina las manos que huelen a coño, mediocridad, orina y pegajosos humores sexuales. Y a desengaño… Siente los años perdidos embaucado por ese gran error de la mujer infinita, frotando las manos más de lo necesario. Cierra suavemente la puerta de casa enterrando una época de su vida. Descendiendo por las escaleras del bloque de apartamentos, imagina la posibilidad de que Silvia lo denuncie por violación o lo que quiera; porque ya no sabe qué es esa cosa que llora más que por su hija, por haberse corrido. Por haber faltado a alguna ley de mierda, a un puto mandamiento divino. A una piara de fariseos que obedecen como perros. Su llanto lejano lo encoleriza y apresura el paso para alejarse de ella. Para siempre, sin arrepentimientos, sin más palabras.
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Epílogo de La vida agotada de un apátrida social (autobiografía de Jaime S. P.). Breves pensamientos, como luciérnagas titilando entre la fronda oscura que aún hoy al final de mis días, dan claridad y conclusión al fin de mis días. Y mueven mis manos para escribir de nuevo las mismas percepciones y certezas; con otras comas, con otros puntos. Con otra edad… Una palabra siempre es distinta, por igual que se escriba, en el tiempo. Pensamientos que quedaron vivos, porque estaban firmemente intrincados en el recuerdo de mi pequeña Evita. No puedo olvidar sus zapatillas luminosas y su aterrador jersey de cuello alto. Cuando aquella mujer era infinita pensaba: No pretendo vivir una vida feliz con ella, no soy un niño. Quiero vivirlo todo, todo lo malo con ella; porque es de lo que más hay. De una forma natural, por mi constante cercanía a la muerte, sabía por simple deducción que los orgasmos tristes trascienden más allá del dolor de la muerte y jamás olvidarás que abofeteaste a la parca con un acto obsceno de amor y piedad. Me encanta imaginar a un hipotético dios mirando con vergüenza nuestro acto sexual de muerte y dolor usando los medios que él creó para evitar los males que también creó. Un follar agónico hará del caos del dolor un instante de luz, de claridad en un túnel devorador. Follar es encontrarnos los dos en el mismo abismo insondable, follar precipitándonos a las fauces de la muerte… La he tenido entre mis brazos con indiferencia, como si no existiéramos ninguno de los dos frente al espejo. Y en un momento inconcreto sus muslos se han separado permitiendo que mi mano atenazara su coño hasta exprimir su humedad. Y sus pezones se han endurecido, mirándose ante el espejo incrédula y lejana. Parafraseando al cura, también prometí ser obsceno, tanto en la desdicha como en la alegría. Y pudo ser realmente una mujer infinita, no pudo negar sus deseos más profundos y atávicos, los que nos llevan a la animalidad (un privilegio embarazoso) y desdeñan dolores que van contra la vida misma. Somos dos seres atávicos, primigenios conjurando la oscuridad salvaje llena de horrores. A pesar de la muerte que hace ruidos a nuestros alrededor, sabemos que follar es luchar contra ella. Te juro ser obsceno en la felicidad y la aflicción. Los orgasmos tristes y suicidas son embates lentos que arrastran las cálidas lágrimas hacia las entrañas ateridas de frialdad. Se crean con el primer abrazo de la piedad y la compasión para dar paso al valor primitivo con el que no somos conscientes de que moriremos. He visto, en velatorios, a los deudos reír ante un chiste con una desoladora tristeza, intentando sacarse de encima ese cáncer de la pérdida que hace la piel gris; una ceniza fría. Yo reí, lloré de la risa con el cadáver de mi padre en la habitación. Fui tan libre en aquel momento, como jamás he vuelto a serlo. Es una cura, una terapia no escrita. Una obscenidad que va contra la moralidad de la humanidad como especie vacuna herbívora. El sexo triste es una lucha del ser humano sin amos ni dioses en la libertad absoluta. Si alguien supiera que hemos follado tristemente el mismo día de la sepultura de nuestra hija, se escandalizaría: ¿Cómo han sido capaces? Son como bestias. Somos bestias y no consideramos la muerte o los dioses como un cercado a nuestra existencia. Si la tristeza se come el placer, habremos perdido la gracia para siempre. El único placer verdadero que no consiste en poder y riqueza, en humillación y servilismo. Sin placer seremos siempre un patético fracaso humano. Y nos alejaremos el uno del otro. Los muertos y las enfermedades no prohíben el placer, ni las flores en las tumbas. Puedes correrte, debes hacerlo para no ser derrotados los dos. Ella lloraba mientras mi mano dentro de sus bragas acariciaba la vagina anegada de un deseo que su mente no sentía. Me gritó agresivamente que era asqueroso lo que habíamos hecho… Era asqueroso yo. Sintió asco de sí misma de estar mojada. Me llamó cerdo. Y también supe que no habría reído en aquel velatorio dejándose llevar por el deseo de erradicar la tristeza de su ánimo, como algo instintivo, como el arma más poderosa de supervivencia. No era una mujer infinita, es una mediocridad como yo; pero adoctrinada en sociedad. La comprendí en el acto. Y allí en aquel instante escapé de su ira y su tormento, para que se hundiera sola en su tristeza. En el metro, camino de un hotel, le lloré a mi pequeña Evita que habíamos fracasado, que papá y mamá habían dejado de existir con ella. No podía perder los bellos momentos de mi vida por un prejuicio, por una culpa inculcada. No pudriría la felicidad de haber sentido, durante siete años, la vida de Silvia crecer a mi alrededor, llenándome. Los cadáveres me han enseñado que es más fuerte la muerte que el amor. No puedo permitirme luchar sin esperanza y ella la había perdido, por un instante su deseo cedió pero su pudor inducido venció, nos venció a los dos. El amor no puede luchar contra la firme decisión de la tristeza de negar la propia vida por una cuestión moral. Y el amor tampoco sobrevive sin el sexo, el amor sin sexo es un amor paternal vacío y ridículo que jamás quisiera imitar con la mujer que amo. Tengo un hijo de treinta y cinco años con otra mujer. No sé qué fue de Silvia, ni en el trámite de divorcio nos encontramos. No he sentido jamás curiosidad por su vida, lo último que recuerdo de ella es su mirada agresiva y escandalizada. Y las bragas mojadas. Y con un fogonazo de certeza concluí que ya no podría amarla por mucho tiempo que pasara. Que nuestro follar sería siempre un acto ganadero. Renegó del sexo, maldijo el orgasmo a pesar de que su cuerpo y su instinto primitivo la arrastró a él. Su moral era superior a la necesidad y al amor mismo. Dejó que su coño se humedeciera con mi mano. Y también se llamó cerda a sí misma. No estaba en shock, su sexo se mojó. No impidió que metiera la mano en sus bragas. Y tuvo el peor pensamiento del mundo: yo estaba ensuciando y ofendiendo el recuerdo de su hija. No era la mujer infinita capaz de amar, sentir, llorar, disfrutar o reír el orgasmo en la dicha y en la tristeza. Me convertí en su monstruo por unos segundos. Los que tardé en escapar de aquel hogar que ya no era mío. Somos seres que unos se adaptan y otros conservamos celosamente nuestra esencia humana primitiva, la que pone las cosas en su lugar. A los muertos enterrados, a los vivos respirando y sufriendo de nuevo. Nunca me preocupó estar equivocado, sólo que mi pensamiento tuviera límites. A estas alturas, ya viejo, pocas muertes tendré que conocer excepto la mía. Y eso bien vale un cerrar de ojos esperanzado.
Este texto aparentemente novelado, bien podría ser el prólogo de la edición especial de un tratado histórico futuro que expondría la cronología y situación actual de la sociedad o ¿civilización? pre y poscoronavirus: durante las tres primeras décadas del siglo XXI y sus orígenes en el siglo XX. Por supuesto, en el hipotético y optimista caso de haber vencido a la actual Dictadura Global del Poscoronavirus y el Clima.
Prólogo del ensayo histórico Nazismo Homosexual Climático-sanitario del Poscoronavirus de inicios del Siglo XXI: una pandemia sanitaria, homosexual, climática y oscurantista.
Edición de mayo del 2060, mejorada, revisada y actualizada con un prólogo póstumo de Iconoclasta, por el luctuoso cuadragésimo aniversario de la plena instauración del Nazismo (pos) Coronavirus en marzo del 2020.
Tras la Tercera Gran Guerra del 2035 (inicio de la rebelión de las masas ante el asfixiante control nazi del poscoronavirus que llevó a la ruina y a la hambruna a miles de millones de personas) al 2042 que, marcó el final de la guerra y hundimiento del Nazismo Poscoronavirus globalmente instaurado en el 2020; los historiadores ya liberados de la brutal censura y oscurantismo, iniciaron la recopilación de documentación, investigación, filtrado y desarrollo de la cronología de implantación del Régimen Mundial Nazi del Poscoronavirus. Una involución político-social (de marcado carácter sectario) al fascismo destructor de las más básicas libertades e incluso de las necesidades biológicas humanas, cuyo germen, con el consenso de los historiadores actuales, data del siglo pasado: a mediados de los años sesenta, con los grandes rebaños humanos que trashumaban con cientos de miles de individuos hacia las grandes concentraciones musicales. Se trataba del movimiento jipi, máximo exponente revolucionario de libertad, sexo y drogas. Una corriente socio cultural que dio a aquellos políticos coetáneos la clave para gobernar eficientemente con pseudo democracias, cuya característica fundamental consistía en aplicar estrategias ganaderas a la organización y administración de sanidad, economía, alimentación, educación, ocio, sexo y hábitos íntimos a las masas humanas. El poderoso nazismo de Hitler que dejó a las siguientes generaciones de políticos un importante legado práctico del fascismo con su rapidez de propagación, se vio mejorado gracias a internet, la comunicación vía satélite y la velocidad de la informática aplicada a las redes sociales y consumo audiovisual. Ante todo, la prensa televisiva y en web, fue la auténtica evangelizadora y propagadora de aquel Nazismo Poscoronavirus. Ante la gran cantidad de noticias y bulos de carácter ideológico publicados y decretados por los Nazismos del Poscoronavirus, los historiadores han precisado de cinco años de trabajo de investigación filtrando los bulos, mentiras y publicidad de aquel régimen, decididamente genocida también. El presente ensayo histórico expone con documentación contrastada y validada por el Consejo Ético de la Historia Mundial, los principales dogmas y terrores que implantaron los líderes pseudo democráticos en la población globalizada planetariamente por los Estados del Nazismo del Poscoronavirus, para conseguir la completa erradicación de la libertad y necesidades biológicas de las clases trabajadoras con fines recaudatorios. Hay un acuerdo total entre los historiadores por designar aquellas democracias como Estados Nazis Poscoronavirus, ya que está constatado y documentado (a pesar de los grandes bulos y crónicas de la prensa de aquellos regímenes fascistas) en la actualidad, que fue el coronavirus el medio de instauración y golpe de estado a las democracias o lo que quedaba de ellas (precoronavirus). Más tarde, englobado bajo el mismo nazismo, llegaría la extorsión del Estado (a nivel planetario) a las clases pobres o trabajadoras por cambio climático, homosexualismo y un comunismo feroz cuyo fin era la destrucción del libre pensamiento y la independencia intelectual acosando y destruyendo al individuo inquisitorial y sistemáticamente. No se puede negar la formación de una confederación mundial y estructura dictatorial internacional de los Estados Pseudo Democráticos del siglo XXI surgidos e instaurados en la segunda década mediante un golpe de estado, de carácter carcelario infectando a la población mundial con una gripe o coronavirus: la famosa Covid 19. Una prensa prostituida y leal a aquel fascismo e internet ferozmente censurada y bajo control nazi total, fueron las grandes bazas que en el siglo pasado hubieran dado continuidad y larga vida a Hitler. Insisten historiadores y sociólogos con perspectiva histórica, que el legado de Hitler estaba presente en aquellos Estados Nazis Poscoronavirus. El adoctrinamiento, los cánticos y aplausos de la población al régimen, son incluso embarazosos de explicar, su indignidad. A finales del 2019 e inicios del 2020 las ya pseudo democracias se confederaron e implantaron el modelo de gobierno de la Alemania de 1933 que, elevó “democráticamente” a Hitler como aclamado jefe de estado y religioso líder de un país arruinado, con un gran déficit cultural e intelectual. Y todo el planeta se erigió así, en marzo del 2020, en un gran land actualizado de aquel Tercer Reich. El Nazismo Pre y Poscoronavirus se había implantado oficialmente a nivel planetario. Mediante el robo de libertades e incluso la prohibición de las necesidades biológicas de la población mundial, como la prohibición de respirar libremente, la forzada inoculación de un producto que pretendía vacunar; pero era absolutamente aleatoria su diana terapéutica, cuando no degeneraba en secuelas en los inoculados o muertes repentinas. Y el más grave y definitivamente acto fascista: negar el derecho al sustento vital. Se prohibió mediante encarcelamientos masivos domiciliarios el trabajo, base primordial de la subsistencia de la clase trabajadora. Y además, se prohibía o coaccionaba la libre compra de alimentos (policías y militares registraban las compras de los ciudadanos, en China y España principalmente) con un encarcelamiento domiciliario generalizado de la población y unas distancias del domicilio a los mercados que policía y ejército controlaba minuciosamente. Había países de un alto grado represor e incluso genocida (China, España, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Francia…) que prolongaron la humillación y la agonía de las básicas o mínimas libertades durante más de tres años en las clases bajas o trabajadoras. Se instauró una sanidad pública de carácter de veterinaria de producción: bozales, tomas de temperaturas policiales, identificación del ganado vacunado y sacrificio de los no vacunados (en China más que probable y España muy cerca estuvo de encerrar en campos de concentración o asesinar de hambre a no vacunados con el aplauso de una población marcadamente, de nuevo, hitleriana). Relajadas las medidas del coronavirus y con la población ya adaptada o condicionada al nuevo fascismo y sus continuos decretos de extorsión, terror y usura recaudatoria de los Estados; comenzó el condicionamiento mental y cultural de la población mediante el bombardeo diario de ideologías inmersivas neonazis, un fascismo abiertamente poscoronavirus aceptado y acatado por las sociedades consumistas industrializadas y aterrorizadas por el Estado que, adoptó una figura paternalista y protectora de la población. La prensa siguió en sus funciones como medio privilegiado para el adoctrinamiento y control conductual de las masas o rebaños humanos. Secundario aunque no menos importante, era internet con sus redes sociales e influencers (personajes sin formación intelectual o cultural pagados por el Estado para propagar el nazismo o mantener a la masa humana distraída de la extorsión de la que era víctima). Incluso el cine y streaming (contenidos audiovisuales por internet por suscripción) se infectaron de censura nazi para evangelizar a la audiencia, aún aterrada por la pasada gripe, en los dogmas de un fascismo que tomaba fuerza por días invadiendo los cerebros de las castas sociales más desfavorecidas cultural e intelectualmente. Telenoticieros y prensa publicaban sus mensajes ideológicos usando la estrategia bélica: mentira, desinformación y hagiografía de los líderes políticos neonazis (antes presidentes de Estados de derecho). Con un enfoque sectario sexual, el Estado pretendía contener la natalidad de la población y alentar la promiscuidad homosexual o parafílica. Se decretaron las bases para pervertir educacionalmente la reproducción biológica humana, ya desde la infancia, como dogma-asignatura. Un extraño y desalentador por lo confuso, catecismo; que se imponía con acusada virulencia en la enseñanza pública y los colegios o escuelas colaboracionistas con aquel régimen nazi actualizado y tecnificado. De hecho, entró con fuerza en las universidades para asegurar la continuidad del homosexualismo como conducta sexual privilegiada, que incluía el transexualismo y otras enfermedades mentales aceptadas como voluntades o sentimientos propios democráticos (auto apercibimiento del enfermo como macho, hembra o ni una cosa ni la otra; independientemente de su genética sexual, de sus órganos genitales y procesos hormonales y metabólicos). Sin embargo, lo que más destacaba para los escasos individuos con una razonable capacidad intelectual o cultural, era la sistemática eliminación del individuo como creador y su independencia conductual de la masa humana globalizada y vacunada; una persecución muy agresiva en las sociedades más industrializadas y consumistas, dado su grado de decadencia e infantilismo en los adultos; algo que no ocurrió de un modo tan notorio en los países tercermundistas. El ser humano con capacidad intelectual y libre pensador, estaba siendo devorado por el oscurantismo del nazismo poscoronavirus. Llegó la censura a la literatura, cine, y arte en general. Las grandes empresas de entretenimiento audiovisual se convirtieron en una nueva Santa Inquisición de una Nueva y Oscura Edad Media en la historia de la humanidad. El audiolibro entró con gran fuerza en las sociedades consumistas para erradicar cualquier asomo de entrenamiento o ejercicio mental y nemotécnico en la población. El dogma, al igual que ocurría con la mascarilla o bozal nazi y la vacunación por extorsión era: “Escucha, calla y obedece”. La lectura es un ejercicio intelectual demasiado poderoso como para no censurarlo primero, y eliminarlo después con los audiolibros y la audio enseñanza. El oscurantismo del Nazismo Poscoronavirus marcó una nueva época recuperando la Edad Media en versión tecnológica. Escuelas, universidades, centros de formación profesional se convirtieron en mezquitas o iglesias que adoctrinaban en la aniquilación del libre pensamiento personificado en el individuo. El homosexualismo y transexualismo como una moral que aportaba toda clase de beneficios sociales, legales, fiscales y sanitarios. Y, ante todo, una perversión de la crónica histórica de la humanidad a la carta de aquel nuevo nazismo. Con la climatología hubo un acuerdo universal entre las nuevas pseudo democracias del planeta para perpetrar terrorismo de Estado recaudatorio contra la clase baja o trabajadora globalizada. Y al igual que ocurrió con la epidemia de la gripe, en la que durante tres años, todas las víctimas mortales eran causa de la covid 19; el aparato propagandístico del terror del nazismo poscoronavirus, lanzó una campaña apocalíptica de “olas de calor por cambio climático”, en la que de repente, morían miles y miles de personas por efectos de las altas temperaturas. De hecho, aquella población condicionada por el nazismo, se lanzaba en grandes bandadas a la playa y piscinas para escapar de aquel “calor abrasador” predicado por el Nazismo Poscoronavirus, por medio de coloridos y apocalípticos titulares de prensa (incondicional y universalmente colaboracionista del nazismo poscoronavirus); de tal modo, que incluso se quintuplicó el número de ahogamientos en el agua, sin duda alguna por la gran avalancha de “flamencos humanos” en los litorales. Realmente el planeta Tierra estaba en el punto de la elipse orbital más cercana al sol y el 2026 sería el año de más acercamiento a la estrella; a partir de ese momento, volvería a distanciarse de él; y por tanto bajar las altas temperaturas (entre cinco y siete grados por encima de la media en determinados momentos del año, no se trataba de un efecto calcinador, en absoluto). Un ciclo astronómico que oportunamente supo el Nazismo Mundial del Poscoronavirus disfrazar de cambio climático recaudatorio y represor. Posteriormente, al fin del ciclo orbital de máximo calor, el Nazismo Poscoronavirus “mostraría” triunfal al inmenso rebaño humano global que los Estados Nazis habían salvado a la humanidad de morir abrasada. El lema subliminal del Nazismo Poscoronavirus era: “La libertad es enfermedad y muerte”. Las siguientes generaciones de políticos fascistas, creyendo ya tener el poder absoluto, literalmente asfixiaron a la clase trabajadora hasta convertirla en esclava. Y surgió la necesidad de defender la vida y la dignidad de una forma natural e instintiva en la población. El inicio de la guerra, en el 2035, lo marcó el incendio del parlamento europeo por una gran manifestación de la clase pobre furibunda. Éste es un pequeño resumen a modo de prólogo para una obra magna que ha llevado más de quince años de investigación y debate. Si sirviera para que no se repitiera la historia… Sinceramente, no lo creo.
Padezco la extraña fiebre de meterte en todo pensamiento que escribo y describo. Es un acto irreprimible. Y cuando todo pensamiento se agota, cuando las ideas se han secado, quedas tú. Tú sola llenando mi universo, llenando todos los espacios en blanco. ¿Entiendes lo de “diosa”? Porque yo siempre lo supe.
Vivo como los gatos: entre los humanos y lo salvaje, sin merma de su condición de cazadores natos, sin dependencia humana alguna. Así, razono las posibilidades y las imposibilidades las sueño. Sólo que no soy gato y mis mundos son inconciliables y mi adaptabilidad gatuna es cada día más rígida. Jamás he deseado ser buen hombre o ciudadano. Cuando pierda el dominio de mi mente caeré en el mundo imposible. El de la razón me da jaqueca. Así que cuando enloquezca moriré en el acto, porque no seré de este planeta y su atmósfera irrespirable para mi naturaleza onírica.
No hay tragedia en el árbol tumbado por el viento. Incluso es motivo de alegría por su leña. Con los seres humanos anónimos ocurre lo mismo, por el espacio libre que dejan. Los árboles no lloran por sus muertos y los humanos se angustian porque el cadáver les recuerda cuál es su destino final. Los hay que lloran por perder a un ser amado; pero la práctica es que la indiferencia es una absoluta mayoría; la vida es corta y solo los estafadores y maníacos sienten dolor por cada humano muerto en el mundo. Son los únicos que tienen tiempo para las indiferentes muertes. Los antílopes no lloran por el que devoran los leones a pocos metros de donde pastan y no hay nada que reprochar. El mundo gira a la misma velocidad cuando muere un árbol, un humano o un amor. Los amores muertos no dejan residuos y sus vapores no afectan más que a los amantes, es una tragedia íntima que todo ajeno ignora y de poco alcance radiactivo, no más de tres o cuatro centímetros desde la piel. No hay responsos por los árboles, humanos y amores muertos, no para todos los cadáveres. Solo puedes sinceramente, observar los restos y las tristezas que evaporan y razonar que no es tu momento. Que ya lloraste a los que debías y que la vida es una mecha rápida e imprevisible. Podría ser amable y desearle buen viaje al árbol caído (como el ángel…); pero no pide ni necesita hipocresías. No puedo regalar un tiempo que se me escurre rápido entre los dedos. No pierdo el tiempo con los muertos porque son demasiados y no todos fueron buena gente cuando respiraban. Soy selectivo. Existentes ciertas insensibilidades que se desarrollan con la praxis vital, herramientas necesarias para que los forenses puedan hacer su trabajo relajadamente. Y para que yo la siga amando sobre todos los cadáveres de La Tierra. Así que cierro los ojos ante la repentina ráfaga de aire fresco que relaja mi piel y el tabaco templa mis pulmones rudos y experimentados. Buen viaje, arbolito. Tampoco cuesta tanto saludar a los muertos si te apetece cuando nadie te ve. Y podría sonar Spiegel im Spiegel es un buen momento; pero nada es perfecto.
Grandes escritores (¿o famosos simplemente?) han creado personajes inolvidables que en el imaginario de la humanidad, se han convertido en los más diversos paradigmas de la ética, la mezquindad y el crimen. Y maldita la gracia en algunos casos. Aquí tenemos a Uriah Heep, la personificación de la envidia, la codicia y el arribismo y su mezquindad, en la novela David Copperfield de Charles Dickens,1850. Y su actualización a 2023, el Caudillo Español. Sinceramente, prefiero una actualización de Barbarella y su potencial masturbatorio. Las dos versiones de Uriah Heep son deprimentes; pero la actual, además, es de un inquietante, delictivo y sórdido realismo.
El Caudillo Español Nazi Penitenciario Homosexual Clima-sanitario hace unas semanas decretó en una de sus homilías televisivas, que los españoles debían perder de nuevo el tiempo y arriesgar su salud (según los dogmas del nazismo poscoronavirus homosexual español): debían votar estropeando sus vacaciones, votar a pesar del terror que la población española siente por el calor de los veranos nazis españoles. Los distintos rebaños españoles obedecieron al amo sacrificando su tiempo, sus vacaciones, su dinero, bienestar e intimidad. Obedecieron en masa como si de calzarse en el hocico un bozal de nuevo se tratara. Votaron y obedecieron en una multitud que hacía tiempo que no se veía, angustiándose por obedecer al Caudillo, ejecutando trámites complicados o desplazándose largas distancias para cumplir los deseos de su amo. Lo hicieron porque nacieron para ello, porque pertenecen a una raza humana especial cuidadosamente seleccionada para la dictadura. Nacieron para obedecer a todo jerarca nazi o fascista, en toda época. A todo dictador “democráticamente elegido”. Hace poco más de tres años, bajo la dictadura del Caudillo Español Nazi Penitenciario Homosexual Clima-sanitario (el Sánchez), la población con la respiración prohibida mediante el bozal (mascarilla en jerga nazi española) del silencio, la humillación y la sumisión (incluso a cielo abierto) y tras meses de encarcelamiento policial y militar; tenía miedo de hablar o de expresar su opinión ante amigos o vecinos. Desde el primer momento, solo se atrevían a aplaudir a sus amos nazis del Estado. De idéntica forma a como se actuaba en el franquismo. Hace tres años atrás tenían un miedo atroz a que un vecino o amigo los denunciara por decir algo contra el régimen chino-español del coronavirus. –Yo no aguanto esta mierda–le dije a un conocido al salir de un estanco y quitarme aquella mierda de bozal en la calle. Los que escucharon en la cola de la entrada miraban al suelo con su bozal bien prieto, encogiendo mucho el cuello entre los hombros cobardemente para que mi aliento no les llegara a pesar del bozal que calzaban en los hocicos; pero sobre todo, distanciarse de aquella frase. Como sus padres y abuelos hicieron durante el franquismo. La gente estaba absolutamente convencida de que se encontraba frente a una dictadura asesina, que la podía meter impunemente en la trena durante el tiempo que el alcalde, policía o juez impusiera por puro capricho corrupto. De hecho, todo ciudadano hace menos de tres años, tenía tratamiento policial de delincuente, se nos presuponía la culpabilidad de un delito. Ser trabajador en España equivalía (aun hoy, porque el nazismo se instaló para las próximas cinco o seis décadas, o una próxima guerra civil) a ser un ladrón o criminal. Y aún hoy está convencida la población española de vivir en un nazismo; pero con la gracia de que es maricón y festivo. La chusma guarda embarazosamente silencio de aquellos tres años atrás, del asesinato de viejos y gente enferma crónica, la humillación y la prohibición de las necesidades biológicas humanas como el respirar y el sustento con las que el Estado los extorsionó y humilló. Guarda el silencio del acto más vergonzoso y humillante que han vivido en muchos años como si no hubiera ocurrido. Con sus ademanes del silencio y la cobardía, sin mentar los abusos del Estado, sus crímenes y vejaciones; aún hoy día reconocen vivir en una dictadura con absoluta normalidad. El nazismo español penitenciario homosexual clima-sanitario es ese policía sentado a la mesa en los hogares para vigilar que lo que comen sea legal al régimen y que follan como está prescrito. Tal vez el policía se folle a la mujer para que el marido aprenda. El silencio mafioso es una losa indigna sobre las cabezas de los cabestros españoles. Se trata de la omertá que en las últimas campañas electorales los partidos políticos nazis todos, han pactado para no sacar el tema a debate o atacarse con él. Hay tanta corrupción y delito en el Estado, la casta política nazi ha ganado tanto dinero con la dictadura que todo político está sucio de mierda nazi y corren un velo sucio ante la dictadura de un “Estado de derecho”. No es broma ni sarcasmo cuando afirmo que la población española es el resultado de una selección ganadera del fascismo o dictadura. Una raza escogida mediante el cruce de hembras y machos de carácter servil, maleable, manso; en una tierra aislada del conocimiento y la ética durante siglos. Un ganado incapaz de cuestionar o expresar opinión, gracias a esa mansedumbre o cobardía genética. Exactamente como desde hace cientos de años se ha hecho con vacas, cerdos y perros. Mientras el pueblo español tenga pasto que rumiar, qué más da lo demás. Como animales, sin inquietudes intelectuales, de libertad y ética. Sin una cultura eficiente y honrada. Hace tres años, durante aquellos encarcelamientos del coronavirus, los aplausos a los jerarcas nazis, el hocico tan mezquinamente cubierto a todas horas con el bozal, las vacunaciones masivas del “si te lo mandan debes vacunarte” y el odio a los no vacunados y su deseo de matarlos de hambre por no ser obedientes como ellos. En la población española surgió lo más mezquino y reptil del ser humano. El gen recesivo de la dictadura se activó y así el nazismo o el fascismo infectó su organismo como un cáncer pudre la sangre y se desarrolló el silencio temeroso de la sumisión; salvo por los aplausos que la policía, con las sirenas de sus patrullas, exigía todas las tardes en los barrios de todas las ciudades, a pesar de los miles de muertos diarios decretados por el nazismo español. Se impuso la trashumancia masiva hacia los puestos veterinarios de vacunación que no vacunaba o compra de bozales. La exhibición del brazalete nazi segregador o pasaporte covid con orgullo nacionalsocialista o hitleriano y la atención religiosa a las homilías o partes nazis del resultado de muertos y contagios. Desarrollaron devoción por aquellos nazis que aparecían cada día en su televisor. Y una indigna y vergonzosa dependencia. Toda aquella inmundicia de hace tres años ha votado con fe religiosa a aquellos nazis como si no hubiera existido aquella historia negra y humillante. Votaron a los mismos, a todos ellos con esa desidia tan propia de los borregos que carecen de memoria, de inteligencia suficiente para gestionarla. Hará poco más de una semana, votó la población ganadera española más de lo mismo eternizando su cobardía y humillación con su indolencia. Han votado de nuevo incluso festivamente, a aquellos que con la policía y ejército los trataron como criminales y animales prohibiéndoles respirar decentemente o trabajar para ganar el sustento. Es una cuestión de raza, las hay aptas para la crianza libre y las hay más específicas para corrales. Cada cual adaptada por selección ganadera a los distintos tipos de pastoreo y prohibiciones. España es sanguínea y sangrientamente fascista y ladrona. Hace apenas una semana votaron todos sin memoria reciente, votaron más que nunca. Pareciera que cuanto más pega el amo al perro, más le quiere y le obedece. Perdieron hace una semana la oportunidad de despreciar a los amos, a los nazis, a los fascistas carceleros, penitenciarios. Perdieron la oportunidad de no votar a ninguno de los nazis mierdosos y criminales de izquierdas y derechas que los mataron, humillaron, extorsionaron, acosaron, arruinaron y enfermaron. Perdieron la oportunidad de mostrar un mínimo rechazo a la dictadura indigna y maricona. Perdieron la oportunidad de dejar de ser esas vacas seleccionadas y criadas en una tierra aislada de Europa y del mundo, tanto que no llega la cultura, el conocimiento y la ética. Una tierra enferma y oscura de fascismo y fascistas que surgen a la menor oportunidad como las pulgas de las ratas propagando la peste. Les votaron de nuevo con la memoria en blanco a uno y a otro bando, iguales de nazis, iguales de ladrones, iguales de extorsionadores, iguales de asesinos. Perdieron de nuevo la dignidad vejándose ante los carceleros y ladrones. Ahora cada rebaño muge miedosa y lastimeramente la “derrota” de sus nazis amados. Mugidos de ganado genéticamente seleccionado, frustradas las reses de los rebaños porque no ha ganado el dictador que reverencian, el que los molía a palos y latigazos y humillación y ruina… Cualquiera de tantos que había tres años atrás. Pudieron no votar y mostrar determinación, valor y decencia; pero sobre todo, desprecio a los fascistas del coronavirus que les golpearon y violaron con mano que no tiembla. Y han perdido la gracia del ser humano si alguna les quedaba. Han demostrado de nuevo, con naturalidad innata, sin pretenderlo; ser un ganado de buena crianza nazi. No es su culpa, no pueden evitarlo. Es un problema de raza, de genética. De sangre sucia.