Vivir en Cataluña es volver a los 50 y 60 del siglo pasado, donde en Berlín, circulaba la peligrosa Stasi, la policía política hermana de la KGB soviética. Por mucho que le quieras echar romanticismo no hay encanto alguno, con esa policía circulando lentamente, silenciosa y con perfidia buscando con avaricia ciudadanos sin el bozal (vulgarmente mascarilla) obligatorio del régimen fascista español y catalán. Es el juramento, la aceptación del Nuevo y Normal Estado Penitenciario Fascista Español del Coronavirus. Debes llevar bien visible el brazalete nazi de identificación (un certificado veterinario de vacunación) para entrar ya en muchos lugares. O mejor ni acercarse a ellos para no ser identificado y ser deportado a un campo de exterminio. Pero sobre todo, sus noches de prisión masiva, son las más grises del mundo. Cuando sales a pasear de madrugada, debes ser muy cauto con la Stasi: porque la noche es prohibida, la noche es del fascismo catalán; para que sin testigos, puedan cometer sus actos indignos de acoso y asfixia a la población. Debes ser muy cuidadoso con los balcones y ventanas, hay ciudadanos cooperando con el régimen para delatarte en nombre de la Sanidad Nazi que todo lo pervierte y todo lo prohíbe. De hecho, Cataluña ya es un lugar de destino turístico para gente que quiere emociones fuertes y vivir una dictadura como las de hace decenas de años que no se vivían. Unos van a Chernobil y otros se deciden por el Nuevo Berlín Este: Cataluña. Pero maldita la gracia cuando vives todos los días en la penitenciaria catalana, tener que pasear controlando a la pasma continuamente. Bueno, es lo que toca. Cuando algo se prohíbe, no se debe obedecer si tienes un mínimo de amor propio. Cueste lo que cueste, porque al final, podrías morir con esa sucia sensación de haber sido humillado y no hacer nada por quitarte la mierda de encima. Sería una mala forma de morir. Si obedeces te conviertes en esa cosa amorfa que mira temblorosa la ciudad desde una ventana, con una cortina mal ocultándola. Un roedor cobarde e inquieto…
Ciudadano -1 se despierta, consulta en el móvil la predicción del tiempo y cagando, da un repaso a las noticias. Es día de elecciones generales. No hay avisos de una mutación nueva del coronavirus. Y decide que irá al colegio electoral pronto, una vez haya desayunado. Y en efecto, tras elegir una mascarilla oscura estampada con copos de nieve (es invierno), sale de casa para dirigirse al colegio electoral. Durante el recorrido revisa que su brazalete nazi o certificado de vacunación veterinaria del coronavirus, luzca en verde el código QR. Porque para acceder a la sala de votación, primero debe presentar el brazalete nazi antes de cruzar las rejas del colegio y las alambradas de espinas de seguridad. Dos soldados con máscaras herméticas antigases y armados con subfusiles protegen la reja de entrada al colegio y tras ellos, se encuentra el presidente de la mesa electoral, que con su móvil en la mano, da el visto bueno o no a los ciudadanos que presentan su brazalete nazi y los soldados se separan o no para permitir o negar el paso al interior del colegio. En una zona de aparcamiento adyacente al colegio, hay una tienda de campaña militar con una cruz roja, es un centro de vacunación móvil rápida para los votantes cuyo brazalete nazi esté caducado o luzca rojo. El Ciudadano -1, tranquilo y orgulloso de que su brazalete esté en orden y su bozal sea el correcto según las especificaciones del Gobierno Penitenciario Autonómico de su Región Militar, se acerca hasta los dos soldados armados. El presidente de la mesa electoral asoma la cabeza entre los subfusiles que mantienen en alto los militares: –Muestre su brazalete nazi, por favor. Ciudadano -1 eleva el móvil hasta la altura del rostro del presidente electoral que con su propio teléfono móvil escanea el código QR. –Su brazalete nazi no está actualizado con la última pauta. Ciudadano -1 observa el código QR ahora en rojo. –Le aseguro que hace menos de tres minutos, estaba en verde. –Acaba de decretarse la 9ª revacunación de invierno –responde el presidente de la mesa electoral indicándole con la cabeza que se dirija al centro militar de vacunación. Ciudadano -1 se apresura como perro de ocho patas hacia el centro de vacunación veterinaria militar para evitar que entre alguien antes, tiene prisa para acabar el trámite del Buen Ciudadano. Al cabo de veintiocho segundos vuelve a la entrada del colegio con el móvil en alto. Por un momento los soldados le han apuntado el pecho hasta cerciorarse de que solo alzaba un teléfono. El presidente de la mesa, escanea de nuevo su brazalete nazi. –Perfecto, yasvotao. –Oiga, ni siquiera he entrado en el colegio –replica -1 sudando copiosamente por la reacción de la vacuna. –Sí que ha votado. La novena vacuna tiene efectos secundarios como breves lagunas mentales, amnesia. Nada grave. – ¿Y a quién he votado? –No lo sé, su voto ha sido secreto. – ¡Oh! Está bien. Adéu! –¡Eh, Ciudadano! ¿Acaso no quiere votar? –le increpa el presidente de la mesa electoral cuando -1 comienza a alejarse. – ¡Pero si ya he votado! Me lo acaba de decir. –Yo no –le responde el presidente con semblante serio. –Me acabo de pinchar la novena vacuna del invierno. –No señor, eso fue ayer, en las pre elecciones. La vacuna, con toda probabilidad, le provocó un fuerte shock. Ciudadano -1 respira agitadamente por ansiedad, y le muestra temblorosamente el brazalete nazi al presidente para que lea el código QR. –Está caducado –le responde malhumorado el presidente de la mesa electoral–. Vaya al puesto de vacunación y haga lo que cualquier ciudadano ejemplar del régimen haría. Ciudadano -1, de nuevo se encamina confuso hacia el centro de vacunación militar. Es un día soleado, aunque la periferia de su visión forma una zona oscura que parece hacerse más grande por momentos. Una vez pinchada la décima vacuna, se acerca de nuevo al acceso de entrada al colegio electoral. –Ya tengo la pauta completa de la vacuna –le dice al presidente de la mesa electoral mostrándole el brazalete nazi. El presidente escanea de nuevo. – Molt bé! ¡Yasvotao! – ¿De verdad? ¿A quién? –A nuestro Nuevo y Normal Caudillo Penitenciario Fascista del Coronavirus. –Yo pensaba votar a Unidas Jodemos… El presidente con displicencia le muestra en su móvil un video de una mujer votando al Nuevo Caudillo Fascista. –Esta era usted hace apenas quince minutos. – ¡Es una mujer! –Exacto, era usted con los efectos secundarios de la décima dosis. –¡Vale! –exclama con cansancio y desánimo Ciudadano -1– Adéu! Ciudadano -1, aturdido camina paralelo a la valla del colegio electoral, dirección a su casa. Cuando de repente tose. Los micrófonos unidireccionales instalados en la valla, recogen el sonido de su tos. De la tienda médica militar, emerge un soldado con un fusil de precisión con mira telescópica. Apunta cuidadosamente a la nuca del Ciudadano -1 y dispara. Al presidente de la mesa electoral se le escapa una risotada al ver el impacto de la bala en la nuca de -1. Cuando su rostro toca el suelo, no queda nada de conciencia en él. La mascarilla se ha rasgado con el impacto. Junto al tejido textil y cerebral, en el suelo, en forma de estela, se puede también observar restos de huesos, parte de la nariz, medio labio y varios dientes, algunos rotos. Hora de la muerte por coronavirus: 11:14. Las noticias de las 11:15 anuncian a través de mensajes a móviles, radio, televisión y boletines impresos con urgencia por los ayuntamientos que, en pleno día de elecciones generales en la Nueva y Normal España Penitenciaria Fascista del Coronavirus, se ha detectado la primera víctima mortal por coronavirus kappa (-1) -en honor al primer ciudadano que ha muerto infectado e intubado en un hospital militar con esta nueva variante o cepa del coronavirus-. Se decreta el uso indefinido de la triple mascarilla en exteriores y el encarcelamiento diurno y nocturno por estado de alarma en toda España y sus taifas autonómicas. Se prohíbe así mismo y se castigará severamente cualquier acto por procurarse el sustento vital mediante ejecución pública con un disparo en la cara. El Nuevo y Normal Tribunal Sanitario Penitenciario Fascista Español del Coronavirus, avala la destrucción de los mínimos derechos biológicos y sociales (año 13 de la Nueva y Normal Era de la Dictadura Penitenciaria Fascista Española del Coronavirus).
En el mundo laboral, para cargos bajos o intermedios, al igual que en el ejército; se promociona a la peña en función de: Son baratos. Tienen escasas luces. Se adoctrinan con facilidad: con dos sardinas aprenden a dar palmadas. Normalmente la gente con valía realiza el trabajo. Todos sabemos que podría ser mucho generalizar; pero a mí me la pela. Yo siempre he sido generalizado junto con mi nómina de mierda. Y no pasa nada, ahí sigue el mundo incesante; uno trabajando y quince planificándolo. Esto se debe a esa ley cósmica que dice: que todo cuerpo que no hace absolutamente nada en el universo, acaba siendo astro principal por aburrimiento. Algo así como la virginidad por cicatrización.
La violenta represión contra el pueblo catalán, el encarcelamiento colectivo y acoso que ejerce su propio gobierno; tiene unas enormes posibilidades de que acabe en un estallido de violencia que, posiblemente cause los primeros muertos en la Nueva y Normal España Penitenciaria del Coronavirus. Esto es aplicable (y un hecho) al resto de las pseudodemocracias europeas y occidentales. De esos muertos a que se complique la situación hasta desembocar en una guerra civil, no hay mucho recorrido. Si durante décadas no se hubiera pervertido la educación, y naturalmente la historia, muchos lo sabrían. Y para mayor inri hay un error en la estrategia de instauración de la dictadura en los nuevos líderes neonazis de las pseudo democracias occidentales, tal como ha hecho el Gobierno Nazi Catalán y el Gobierno Penitenciario Español (el francés, el australiano, el italiano, el austríaco, etc… Una plaga de nazismo planetario apoyado en el resfriado del coronavirus). El error, el craso error radica en que han asaltado los derechos biológicos de la población: le han prohibido la respiración y el movimiento para el sustento vital por la fuerza, con policía, ejército y mediante chantaje económico y racial. Y no se sostendrá semejante nazismo, porque va directamente contra la naturaleza humana, su biología más básica y necesaria. El tiempo que se puede poner en jaque la biología, si no se ha sobrepasado, está a punto de llegar al límite. Y el límite lo marca el hambre y el instinto más básico de vivir. Los actuales líderes neonazis, son víctimas de la ignorancia u oscurantismo que se ha llevado a cabo durante décadas para convertir a las masas de personas en masas de herbívoros rumiantes. Su ignorancia llevará a un nuevo fracaso político social que costará muchas vidas y hambre. La biología se rige por los caminos de la supervivencia y la violencia, son cosas que van necesariamente de la mano e inevitables cuando se ataca la básica naturaleza humana y su mantenimiento. Toda retórica política se ha convertido en una patética liturgia y eucaristía digna del nazismo más pervertido fundado por Hitler. La segregación de los no vacunados (pensamiento libre) es exactamente la racial. Y ahí los líderes neonazis han cometido otro error: entre los no vacunados hay “puros arios” que no asumen conformismo o mansedumbre alguna. Se puede morir de muchas maneras; pero hoy día la que va tomando forma con más rapidez, es morir por los disparos de un policía adoctrinado (fanático) y acobardado por el resfriado del coronavirus narrado por la prensa del nuevo neonazismo y sus instituciones. Con lo cual, ese psicópata en potencia disparará contra cualquiera que no lleve mascarilla, no guarde una distancia de seguridad o tosa. Porque le han enseñado que si mata la persona, mata la infección y así ayudará a la especie humana a superar el resfriado. El lema del neonazismo planetario del coronavirus: “la libertad es enfermedad”, es el más dañino y religioso con el que se haya adoctrinado jamás a los jueces, ejércitos y policías. Ya es tarde, aunque desaparezca la enfermedad quedará el nazismo que seguirá atacando la biología, la naturaleza humana y contra eso, la única vacuna es la defensa, la violenta defensa de los acosados, encarcelados y asfixiados. Si una canción decía: “antes muerta que sencilla” que dirá la canción de los que están encarcelados en sus casas y además, no se les permite la respiración libre. Todo nazismo es una orgía de analfabetismo.
En España y sus taifas, antes de que se cometan nuevas elecciones, debería legislarse que los candidatos a cualquier cargo presenten un certificado médico psiquiátrico conforme están libres de enfermedades mentales como paranoia, esquizofrenia, complejo mesiánico, sadismo, fetichismo fascista (una parafilia que ha resurgido con fuerza con el coronavirus), ambición patológica o cualquier otra enfermedad que; como ha ocurrido con los actuales jerarcas y burócratas españoles (nos encontramos en diciembre 2021), han llevado a la población a la encarcelación, segregación racial, acoso, extorsión, represión, ruina y corrupción (de magnitud mexicana). Porque con el cuento de la epidemia de coronavirus se ha repetido lo que ocurrió en la Alemania de Hitler: él mismo y sus burócratas, formaron y eran una auténtica feria de monstruos con peligrosas (para la población, al menos la judía sobre todo) taras y enfermedades mentales. Ahora, aprovechando el 5G y las potentes herramientas informáticas, podrían fácilmente (como han hecho tan velozmente con el pasaporte del coronavirus o brazalete nazi) en unas semanas legislar la buena salud mental de políticos y burócratas españoles como requisito obligatorio; aunque sea para cargos tan insignificantes como diputados, senadores, alcaldes o regidores. Es inadmisible, no puede volver a ocurrir que unos pocos desequilibrados mentales vuelvan a condenar a millones de inocentes (y muchos enfermos) a la cárcel, la ruina, el acoso, el hostigamiento y la segregación racial. Y que además, hayan prohibido la correcta respiración (sin bozal), el acceso al sustento vital (alimento) y la libertad de movimiento para ejercerlo; mediante la fuerza y la coacción de personal sanitario, policías, ejército y la corrupción judicial. O eso, o volveremos a una guerra civil. Que posiblemente y dada la degradación de la “democracia 😃” española hacia los mínimos derechos biológicos de la población, sería la solución más rápida. Este trámite también deberían hacerlo el resto de pseudo “democracias 😀” europeas; pero me importan una mierda. Ya tengo bastantes problemas con los enfermos mentales españoles que gobiernan, legislan y administran actualmente.
Tengo dos lágrimas que no se derraman y empañan mi visión, la periférica y la interior. Emborronan el mundo, no me gusta mirarlo a través de la tristeza. Y ahogan mi entereza… Soy un mierda que llora un dolor negro como una gangrena. Estoy desesperado. ¿Qué pasa conmigo hoy? Una gran lágrima en el corazón impide que la sangre bombee y se atasca en mi pecho. Y gimo el dolor en el rincón más oscuro de la casa. Y el aire no es suficiente en mis pulmones. Y jadeo grandes bocanadas de tristeza entre llanto y mocos. No quiero que maten las cosas bellas como los seres pequeños que apenas han vivido, los seres grandes que esplenden belleza a través de su mirada y sus palabras doradas de amor y dulzura. Solo mueren las buenas cosas y me duele el cuerpo por dentro, donde no puedo curar la llaga. ¡Lo malo no muere nunca! A veces, sin ser necesario, mi memoria evoca las bellas cosas que murieron, seres por los que daría lo que me queda de vida por sentirlos de nuevo. Y me llevo las manos a la cara para que nadie me vea… Duele infinito. La memoria clava sin miramientos un puñal oxidado y tóxico. Duele y siento vergüenza de mi llanto. Y quisiera no ser más. Dejar de existir yo y mi tristeza que duele años luz. ¿Viaja el dolor por el espacio? Y mis cosas bellas ¿están allá? ¿adónde van? ¿Por qué me dejaron solo aquí? Fue ilegal… Lo malo no muere nunca y si no doliera tanto, si las putas lágrimas me dejaran, estaría furioso. Por favor, quiero irme ya de aquí. Ya es suficiente ¿no? No existir…
Notas previas, situación histórica y social de la aparición de la nueva biblia del Coronavirus. Una nueva biblia que se escribe sola a tiempo real gracias a la red 5G, el colaboracionismo de las llamadas redes sociales (sectas del pensamiento único) y los temibles y fuertes algoritmos de control censor, la prensa prostituida al nuevo régimen pandémico neonazi y los informativos televisados como pura catequesis. Obedecer nunca ha sido creer hasta que inventaron el coronavirus y los políticos se convirtieron en los sumos obispos de una Nueva y Normal Santa Inquisición Sanitaria. Y la multitud se arrodilló ante ellos, obedientes, con una ferviente fe. Tan ferviente era su fe en los líderes neonazis, que fascinaría a un antropólogo que no estuviera en esos momentos liando o fumando un porro de marihuana. O bien, esnifando los bastoncillos de algodón de los test de coronavirus. Se obedece por miedo y por coacción; pero por fe como empezó a ocurrir en marzo del 2020, solo tiene el parangón de la Alemania de Hitler. Hay que tener en cuenta que esta pandemia de nazismo, es planetaria; mucho más invasiva y extendida (por número de creyentes y naciones) que el Tercer Reich del pasado siglo. Aquellos judíos o israelitas de hace miles de años, los protagonistas del Viejo Testamento de la Biblia, obedecían por hambre y por ser esclavos en tierra ajena; no importaba creer, importaba comer y vivir. Matar en el nombre de Yahveh y ocupar. El concepto de fe en la actualidad, es mucho más psicológico, más profundo en el pensamiento emocional de una sociedad acomodada, infantilizada y decadente; necesitada de gurús que los guíen por el hastío que gobierna sus días en las ciudades granja donde sus angustias se reflejan en lo que necesitan consumir, donde la comida es cosa secundaria. Donde olvidaron que son mujeres y hombres para convertirse en seres estabulados y medicalizados para un control óptimo por parte del poder: la Nueva y Normal Santa Inquisición Sanitaria del Coronavirus (NNSISC)
Libro del Génesis del Neo Nazismo (Nueva y Normal Santa Inquisición Sanitaria del Coronavirus) en La Tierra. Periodo: marzo del 2020 a diciembre 2021)
Capítulo 1, versículos 1 al 19 (Genzi 1, 1-19):
1/: He aquí que los sumos obispos de las sagradas y falsas urnas, insuflaron en las narices de la multitud el hálito de la peste del Coronavirus. Porque la humanidad era plaga difícil de controlar. 2/: Y les ordenaron con sacerdotes policías, sacerdotes soldados y armas: Quedaos en casa, no tendréis sustento, no tendréis libertad. Porque en verdad os decimos que la libertad es enfermedad (primer salmo de la NNSISC). 3/: Y se quedaron en casa. Y cantaron el salmo sagrado: Yo me quedo en casa, quédate en casa (segundo salmo de la NNSISC). 4/: Y les ordenaron: Aplaudid a vuestros carceleros y seréis benditos por siempre. 5/: Y encerrados en sus casas desde las ventanas y balcones aplaudían y cantaban al atardecer a los sacerdotes de patrullas de luces azules y a los de batas blancas. 6/: Y les ordenaron: Reveladnos a los que faltan a la ley. 7/: Y observaban pérfidos, sedientos de las caricias de sus amos, desde sus balcones y ventanas buscando a quien acusar ante los sumos inquisidores, a aquel que ejercía su enfermiza libertad. 8/: Y les ordenaron respirar a través de una máscara de obediencia. Y al toser y estornudar tragaban sus miasmas con la cabeza gacha y un caminar débil. 9/: Y las máscaras se convirtieron en su nuevo rostro. No se desprendieron de ella, aunque respiraban de nuevo sus propios fluidos de deshecho durante horas y horas, incluso a cielo abierto. En su intimidad. Un sacrificio que los llevaría al cielo. 10/: Y les ordenaron: Desconfiad entre amigos y amigas, padres e hijos, madres e hijas, abuelos y abuelas; pues ellos son portadores de la enfermedad. Porque prevalece el derecho a la vida sobre vuestra dignidad y libertad, mantendréis la distancia sagrada (tercer salmo, de los Jueces Avaladores de la NNSISC). 11/: Y desconfiaron con fe beata entre abuelos, padres, hijos y amigos. Separaron las mesas y compartieron el miedo con la distancia correcta, con la máscara de la obediencia en sus rostros cuando no comían o bebían. 12/: Y les imprecaron: La vacuna es vida (cuarto salmo de la NNSISC). 13/: Y se vacunaron en masa, en tropel, con miradas esperanzadas en los sacerdotes blancos y el bozal húmedo de baba. Ofreciendo sus brazos en sacrificio. 14/: Y odiaréis la aspirina, decretaron de nuevo los Sumos Obispos del Coronavirus. 15/: Y cantaron el salmo de la Nueva y Normal Santa Inquisición: La aspirina es mala, tiene más efectos secundarios que la vacuna de nuestros amos (quinto salmo de la NNSISC). 16/: Los sumos obispos decretaron de nuevo: Llevaréis un brazalete que diga quien sois y si sois merecedores del cielo. 17/: Y se lo ciñeron al brazo. Lo mostraban beatamente a los sacerdotes policías, a los inspectores camareros, a los sacerdotes médicos e inspectores monitores de gimnasia para acceder a los lugares de privilegio. 18/: Y los sumos obispos maldijeron: Malditos sean los de brazo incircunciso, los no vacunados. Serán desterrados de la faz de La Tierra (salmo sexto de la Nueva y Normal Santa Inquisición). 19/: Y los de brazo incircunciso fueron condenados al hambre, a la violencia y la caza.
Con la velocidad con que actualmente se escribe la historia (y también como se la pervierte y transforma para los usos políticos electores y económicos de cada etapa de agitación social); muchos aún vivos de este tiempo de la estafa del coronavirus, podrán leer en los anales que han sido los grandes protagonistas de la más mezquina época de la cobardía, el infantilismo adulto, la abulia, la ignorancia, la mansedumbre y la mezquindad como nunca antes y con tantos habitantes se había escrito jamás un momento histórico tan vergonzoso. Tendrán los cobardes su repugnante honor de figurar como protagonistas de la historia más mezquina, aún que estarán vivos. Por supuesto, ocurrirá que la ignorancia será más profunda de aquí a unos años, así que serán incapaces de entender lo que leen o les leen: que los miserables llorones que vivieron aquellos tiempos de bozal, obediencia, aplausos y cobardía suma, fueron ellos mismos que respiran vacunados y con cartilla veterinaria de mierda. Tal vez, en unos meses con un chip en el codo aprovechando el nuevo y normal saludo fascista global. Y yo habré sido (hará ya mucho que estaré muerto) un testigo de excepción, representando la inteligencia, el valor y la determinación que debería tener la especie humana si no hubiera degenerado tan repugnantemente (tractoristas con mascarillas en sus propios campos, por ejemplo, ilustrarán una de las grandes castas cobardes de la época del resfriado llamado coronavirus o lacovid19) en esas reses rezongonas de mirada vacía y andares de culo prieto. Habré sido un testigo insignificante y anónimo sin un ápice de cobardía y mezquindad. Un no vacunado, un no llorón. Yo Iconoclasta, el hombre.