Archivos de la categoría ‘Maldito romanticismo’

Me gusta la fantasía que trae la niebla borradora de identidades y perfiles, difuminando la brusca y delineada realidad y su monolítica y sólida uniformidad.
Siento al respirar un jadeo sostenido que no llega a concluir porque los segundos se desdibujan y no acaban de formar el minuto. Es todo un acto de relatividad…
Soy un físico loco o lo fui.
No sé…
Toda magia está bien, aunque duela. Lo que importa es que cambie, que por unos minutos el mundo sea distinto.
Es el vapor de tantos muertos, que con el frío adquiere más cuerpo, incluso un pensamiento y su ilusión de descender arrasando las montañas para bajar a la ciudad y pasear y sentirse vivos.
Tal vez, se quieran llevar a algún conocido con ellos que añoran.
Es tan voraz la niebla que me pregunto si faltará un pedazo de la montaña cuando el sol acabe con ella.
¿Si entrara en ella me devoraría? No puede doler, se la ve suave y los árboles no tiemblan.
Sólo es un infantil arrebato de fantasía, el deseo de experimentar una magia que no existe.
Aunque no estoy seguro de ser un jirón evocando cuando una vez estuve vivo.
Lo peor que puede pasar es que me disipe con el sol.
Seguro que no duele.
No me gusta el dolor. Aunque si he de pagar con él un pasaje a un lugar mejor, tampoco estoy cerrado a un buen acuerdo.

Foto de Iconoclasta.

Todo textura… Un ser vivo que parece modelado con merengue o nata montada.
Me gusta lamer la nata entre los labios que esconden tus muslos…
Los gatos ejemplifican la vida más pura y eficiente, rondan el mundo de los humanos y no olvidan que son depredadores eficientes sin falsos escrúpulos de piedad, para ello nacieron y evolucionaron.
Como yo penetrándote, buscando tu alma que aparecerá entre los gemidos y las contracciones de tu orgasmo. Soy eficiente también follándote, vampirizando tu voluntad por el coño.
Los gatos no posan, son con independencia del decorado. Están tranquilos, no deben considerar su ser. Es un hecho que no se puede contemplar por lo absurdo. Porque sé que piensan y sueñan me lo dice la corteza del cerebro con un arrebato de ternura y cariño.
Como presiento tu hálito de vida en mi aire, sé que te respiro porque existes, porque tengo tus gemidos profundamente intrincados en el pensamiento.
Los animales no sienten carencias, no aspiran a ser más porque son perfectos. Hacen aquello que dicta su idiosincrasia, sin mirar, sin preguntar, sin esperar nada. Porque esperar y esperanza desarrollan el mal de la indolencia y la inmovilidad. De la cobardía y su depresión.
Por eso no espero a meter la mano dentro de tus bragas y acariciarte mirándote a los ojos esperando, el momento que se hagan líquidos y se derramen también entre mis dedos.
El ser humano es una especie fallida, paranoica en esencia. Es la prueba de que la naturaleza no es sabia, sólo aleatoria.
Tú eres la excepción, eres felina y la sensualidad te envuelve haciendo de mí tu presa. Me postra ante tus columnas carnales santiguándome erecto ante tu vértice sagrado. Es la única religiosidad que me permito.
Pretendía escribir de los gatos; pero cuando hablo de cariños, ternuras y amor, siempre sales y te pones al frente, en el horizonte de mi existencia.
Maldita felina, cómo no pensarte.

Foto de Iconoclasta.

Así será la noche en la casa cuando esté muerto.
No me parece trágico, tan sólo sereno, suave, suave, suave…
Irremediable.
Fue un buen lugar.
Unos besos a quien amo, antes de que la casa quede vacía, serena…
Antes de lo irremediable.
Aún que puedo.

Foto de Iconoclasta.

En la década de los ochenta del siglo pasado arrancó a plena potencia el proceso de degradación, la imparable decadencia consumista que hoy infecta a todas las naciones o grupos humanos (sociedades) del planeta.
La primera patada a modo de arranque se dio a finales de los sesenta y durante los setenta. Cuando la paranoia musical mostró cómo grandes rebaños humanos se dirigían a aplaudir a sus superficiales ídolos musicales gozando de toda clase de penurias e incomodidades. De vivir entre barro, mierda y orines por cantar y bailar con sus dioses del amor libre y la paz.
Aquella muestra planetaria y multitudinaria de paz, amor y ante todo adocenamiento iluminó al estado/dios en cómo pastorear a los grandes rebaños humanos sin necesidad de grandes sumas de dinero en ejércitos e infraestructuras.
Todo era música y festivales sin pausa, discos, prensa, programas de televisión, películas…
Pero fue en los ochenta con la invasión de los videos musicales cuando el estado/dios colmó los cerebros de la masa humana asalariada o contribuyente de imágenes y música de tal modo que quedara ciega y sorda, ajena a la gran dictadura fascista-estalinista que en el 2020 se revelaría a la humanidad mediante la componenda que fueron los robos de libertades, dinero e inhibición de las necesidades biológicas por medio de la infestación del coronavirus o covid 19. Y así justificaron los líderes fascista-estalinistas de las pseudo democracias occidentales su terrorismo de estado: robos por impuestos de usura y extorsiones policiales y militares, sorprendentemente aplaudidas por esa gran masa cobarde y decadente asalariada y mayoría votante. Las propias víctimas del fascismo surgido con el coronavirus, ahora esclavas y acobardadas por el estado/dios con un simple catarro publicitado durante meses a todas horas todos los días, se arrodillaban quejumbrosas ante el estado/dios pidiendo no morir. Lloraban como críos a sus gobiernos extorsionadores como si fueran padres salvadores. La humanidad retrocedió a la oscura Edad Media.
Y el estado/dios sentenció con una sonrisa satisfecha: “La libertad es enfermedad”.
Los súbditos, aquellos que nacieron en cautividad musical, en el consumismo y el rechazo al esfuerzo, con una importantísima merma intelectual dijeron “Amén”. Y se encerraron sumisos en sus casas-establo, se calzaron un bozal en el hocico que pudría la respiración y la dignidad, en soledad, en sus viviendas y en plena naturaleza. Se apresuraron a meterse en la sangre una “vacuna” que no vacunaba; pero era una orden del estado/dios que, aunque los arruinó y arrebató sus necesidades biológicas como el simple desplazamiento para la supervivencia, obedecieron ciegamente y se vacunaron por miles de millones la falsa vacuna que aún no saben qué cura.
Al igual que los alemanes fueron programados para odiar a los judíos, en el 2021 el estado/dios globalizador adoctrinó mediante prensa, radio, televisión e internet a la masa humana asalariada y burguesa en el odio y el deseo de muerte hacia los que hacían uso de su libertad para no vacunarse.
El estado/dios les inculcó el odio aplicando las estrategias nazis fascistas del siglo pasado, un auténtico cúmulo de sabiduría genocida práctica que los “progresistas” líderes estalinistas, se apresuraron a imitar con una moderna tecnología.
Insisto, este triunfo del neonazismo actual, estalinismo buenista o poscomunismo woke; se debe a aquella gran invasión musical y visual de los ochenta a la que se sometió a la masa humana infantilizándola y deteniendo su crecimiento intelectual, ya que eso de pensar y decidir sólo le incumbe al estado/dios que él sabe lo que realmente le conviene a cada cual y de que sexo debe auto percibirse a pesar de sus genitales.
La invasión de música e imágenes idiotizó e incapacitó a una grandísima mayoría humana para observar e intuir los actos de fascismo veterinario-ganadero que llevaba a cabo el estado/dios. Lerdos y ajenos a todo en su universo músico-visual consumista con síndrome de Peter Pan y su cobardía e indolencia.
En EE. UU., en los ochenta, durante la era Reagan se creó una raza humana pintoresca que serviría de modelo y esperanza a la humanidad asalariada cada día más numerosa y más exigente, la que años más adelante, el estado/dios bautizó como globalidad. Aquella nueva especie rica y efímera fueron los yuppies, jóvenes que conseguían su primer millón de dólares apenas dejaban la teta de su madre y llevaban un tren de vida pletórico de lujo, sexo y drogas con el mínimo esfuerzo, auténticos patricios de la decadente Roma clásica. Los yuppies se crearon para dar una gran expectativa de bienestar e ilusión: todo aquel que se lo propusiera podría ser un millonario como ellos.
Pero a la entrada de los años noventa, aquellos yuppies maniquís conducirían con su torpeza e incapacidad a una gran crisis mundial que arruinó a millones y millones de asalariados.
Y el estado/asestó su dogma de gracia que asentaría el fascismo estalinista como la gran solución: “¿Veis como no es tan bueno ser ricos y vivir con lujos. Ni la libertad en exceso, sin control? Por vuestro bien, nosotros os enseñaremos en lo que debéis emplear vuestros sueldos”. El dogma, gracias a las grandes redes de comunicación construidas para la invasión musical de los ochenta y a internet, se propagó a escala planetaria e impregnó los cerebros mermados de inteligencia y conocimiento de las grandes masas humanas contribuyentes.
Hasta ahora, en el 2024, que se aproxima un “apocalipsis climático” que sólo gracias a la pobreza y esclavitud de la masa asalariada mundial o globalidad castrada de inteligencia y coraje, se podrá evitar.
Los retrasados intelectuales ya se preparan con resignación de mártires e infantiles esperanzas de no morir, para aplaudir de nuevo a aquellos nazis estalinistas que les salvaron de morir por el covid 19 y ahora los salvará del “apocalipsis climático” que aparece publicitado en la prensa y medios de comunicación de cualquier parte del planeta todos los días y todas las horas, exactamente igual que los videos musicales en los ochenta.
Todo se comenzó a pudrir vertiginosamente en los 80. Yo estaba allí, en medio de aquella mierda asfixiante de música y chusma ridículamente disfrazada.
Hoy el infantilismo y la vanidad sin razón han impregnado genéticamente a cada individuo votante y contribuyente de las sociedades o países del planeta. Y no se trata de una plaga, es una involución, una degradación inducida por el estado/dios por medio de la selección ganadera a una masa humana asalariada decadente y de pensamiento tan superficial como sus uñas.
La especie humana está desintegrándose, descomponiéndose velozmente. Ya no es compatible su vida con la del resto de animales y el planeta la rechaza porque ha perdido la gracia y el coraje que la llevó a evolucionar más allá de los monos.
No es el cambio climático lo que hace temer un apocalipsis, sino la corrupción del ADN humano.
Yo estuve en los 80, y ahora en los 20 del siglo XXI doy fe de ello por asco y asfixia.
Otra vez…

Lleva varias semanas luciendo muy por encima de todas las flores y altas hierbas, rozando las ramas de un árbol.
Soportando las gélidas noches.
No he podido evitar admirar a la bella guerrera.
Temo el día que desfallezca mustia ante el impío invierno. Y luego muerta.
Seca.
¡Qué valentía y fortaleza!
Yo ya estaría muerto en la intemperie invernal de la primera noche de mi “floración”.
No adorna nada, es libre y salvaje. Y ese orgullo hemoglobínico y pasional que luce…
Ha subido majestuosa, tan alto por encima de todas las flores, que era difícil capturarla y así muriera tristemente en un florero.
Tal vez haya algún ser humano honesto que admire la vida y no la ha raptado para decorar su guarida vertical. Nunca ha sido necesaria la navidad para que surgiera la nobleza. Es una cuestión de ética personal e intransferible. Naces mal o naces bien.
Si naces bien, con la capacidad de sentir ternura y admiración por las vidas menudas tan valientes que mueren luchando, sin recostarse en nada ni nadie. En el silencio más triste que existe.
Pienso en la fuerza de los menudos seres, su determinación para vivir y me siento tan mediocre… Viven sin acumular posesiones, a piel y pelaje descubierto.
No sé si al cerrar la mano en su tallo y clavarme sus espinas, le daría más fuerza para resistir la embestida del frío.
Temo envenenarla con mi sangre insanamente caliente.
Luce tan soberbia en su extraordinaria altura que me evoca al buen Juan Salvador Gaviota, ya asesinado por una humanidad, una globalidad cobarde y adocenada. Encajonada en sus pocilgas-ciudades.
Mirarla en contraluz con el cielo, ofrece el espejismo de un ángel de terciopelo sangre.
Como las bravas águilas ofrecen sus vientres dorados a nosotros deslumbrados.
Y el rocío… La han comido a besos durante la fría y oscura noche, como un amor prohibido.

——

Esta noche ha caído la primera gran helada del otoño.
Y he pensado en ella.
He temido.

He encontrado a la pode-rosa un poco cansada, combada por su batalla contra la escarcha.
Gritaba en rojo su agotadora supervivencia contra el arrollador invierno.
No miraba directa al cielo como ayer. Pobre…

Y luce sanguíneamente hermosa, como si le dijera al invierno: ¿Eso es todo lo que puedes hacer?
Aún le queda agua en sus labios-pétalos.

Mi guerrera…
Pero la suerte está echada, el invierno ya no cesará hasta borrar el último color cálido.
Qué tragedias, qué brutal la batalla por la vida de los pequeños seres.
¡Cómo no admirarlos!
Cómo no llorar su gesta indómita, su muerte heroica.
Su vida desnuda.
Sin posesiones.
Sin legados.
Porque vivir es vivir, no se vive “para…”.
Se vive y punto.
La muerte cabe en todos los cuerpos, por muy pequeños que sean. Es una puta.
Y cuando estés vencida, no se lo diré a nadie que pueda sentenciar con hipócrita “sabiduría” de borracho: “Es ley de vida”.
Esa ley de la que huye y teme el humano mezquino.

Adiós pode-rosa vuelvo a mi guarida cálida y protectora como un triste cobarde.
¡Bye, belleza!

Fotos de Iconoclasta.

Me fascina cómo las nubes y las montañas se aman, en silencio.
Como sueño amar.
Me conmueve la pasión serena con que se penetran y abrazan, se envuelven y se lloran.
Siento mío ese bello llanto del encuentro con un escalofrío de melancolía.
Me emociona mirar como unas se despiden desgarrándose la piel y las otras quedan abandonadas a sí mismas preguntándose cuándo volverán.
¡Pobre gente, qué tragedia!
Pobre de mí que pierdo un latido pensando en ella.
Las nubes podrían flotar alto si quisieran; pero descienden para cubrir a sus amantes. Se lanzan como las olas a la arena lamiendo la piel con hambre insaciable.
Yo no puedo flotar. Misericordia…
Soy una montaña y ella es líquida y cálida; una piel voluptuosa que me envuelve y, rozándome con los labios, me susurra sensualidades al oído arrastrándome a un plácido delirio.
Pero a veces el celoso viento la quiere para él y me la roba. Y al igual que la montaña abandonada, espero con melancolía mi otoño.
Nada dura tanto en la Tierra como este eterno romance de nubes y cielo.
Qué hermoso…
Y yo tan nada.

Foto de Iconoclasta.

Sólo la violenta y real brutalidad instintiva del ser humano puede resolver los problemas de fascismo y su esclavitud que padecen miles de millones de ilusos seres humanos ignorantes de ser mero ganado (la globalidad) a los que son sometidos por unos pocos de miles: el estado/dios.
Si no quedara nada de esa brutalidad, la especie humana debe considerarse extinta sin supersticiones de cambios climáticos, ella solita se ha extinguido por indolencia degenerativa.
La violencia es la fuerza que hizo inteligente al ser humano permitiéndole evolucionar en el hostil y competitivo planeta. Y es la única fuerza que puede salvarlo de la extinción total, antes de que los miles de millones de seres humanos se auto perciban convencidos de ser cucarachas o incluso amebas.
Y es fácil: unos miles de millones deben cazar y matar a unos pocos de miles que forman el estado/dios. Sería la batalla más corta y menos cruenta de la historia del planeta Tierra.
Porque hoy, en este instante, las pasarelas de reses de los mataderos del estado/dios no cesan de acarrear seres humanos hacia las salas de despiece, las que con sus ilusos votos “democráticos” han elegido, también ignorándolo por esa indolencia degenerativa en la que han caído.

Esperanzas impávidas, sin emociones visibles, son las que mantienen los rotos que conocen la frustración y las imposibilidades de las cosas, donde cosas = humanos.
Los humanos son cosas porque son ajenos a la esencia natural del resto de las especies animales.
El humano, mayoritaria y secularmente, es una especie animal de mente insectil y cuerpo de mamífero.
¿Qué animal se puede permitir unas vacaciones y no morir de hambre?
O peor aún ¿qué animal es capaz de vivir esclavo toda su vida? Excepto los de explotación ganadera que nacen muertos o temporalmente vivos.
Dios creó a los animales y ya harto y hastiado, al ser hombre y a la mujer como su esclava.
No me invento nada, está en las sagradas mamadas.
Datos, datos, datos….
Pero existen las cosas rotas, los humanos rotos que fuerzan la pasión más allá de lo que la lógica y mediocridad pueden entender. Se fragmentan, desgastan y agotan la vida con muy pocas esperanzas de ganar.

Hay una voluntad de trágico romanticismo en romperse una y otra y otra vez.
¡Qué valientes son los seres que se dejan rasgar el alma y la piel por la pasión de amar!
Por deseo.
Por trascender.
Por sentir.
Por existir.
Por un amanecer con su amante.
Porque se equivocaron una vez e insisten en volver a equivocarse.
Se parten en dos mentes, una es para quien desean y la otra sobrevive en la realidad en la que son presos.
No existe el amor perfecto y eterno; pero no se rinden acunando su fragilidad, protegiéndolo incluso de la propia química de sus biologías.
Y temen lo peor: que cuando el amor se haga tangible se infecte de mediocridad, de la realidad.
La realidad es un lugar hostil para algo tan etéreo como el amor. Lo saben y por eso han partido su mente en dos pedazos, en dos dimensiones, en dos universos: en un sueño de acceso restringido que los hace únicos y abandonados. Y una praxis que les permite las elementales tareas de supervivencia.
El sueño al que asisten cuando la realidad los aplasta y les roba la alegría tan poca.
No dan consejos de amor y pasión aunque son ingenieros doctorados en arquitecturas oníricas del amor y la pasión.
Seres que escriben metáforas arcanas, indescifrables para los intrusos y otros hongos.
Se abrieron el pecho con sensualidades y construyeron dentro una cámara acorazada de seguridad contra la vulgaridad para su tesoro de amor.
A veces divago… Me gustaría ser un superhéroe del amor; pero es tarde. Mis fracturas no se regeneran ya no cicatrizan.
Un día con una tos, se me escapó el amor de mis pulmones rasgados.
No puedes romperte continuamente y pretender salir ileso.
Quedan secuelas.
Al final de la fortaleza, sólo queda un eco de amor que podría derivar en locura.
El amor nos degasta porque es su función, se alimenta de ilusiones de nuestro pensamiento, del cerebro, del alimento, de nuestro tiempo…
El amor es frágil, pero exige fortaleza para resistir sus embestidas.
Os veo sangrar por dentro y llorar quedamente por fuera con una sonrisa que no engaña.
¡Cómo os admiro, mis apreciados quebrados!
El amor debe ser violento en su pasión y demoledora exclusividad; pero al igual que con una tormenta, no se puede luchar contra él. Sólo soportarlo y que su viento no te arrebate de la realidad y te precipites a un purgatorio donde nadie tiene la posibilidad de hacer tangibles los deseos mínimos.
Donde no es posible dar o recibir y colapsa la mente.
Una vez experimentado el amor, no sólo se pierde el miedo a la muerte. Hay momentos de angustia que te preguntas dónde está esa hija de puta para llevarte lejos de tu tragedia de amor.
Lo peor de un tiempo sin amor es la visión de un horizonte vacío.
Los rotos sois unos privilegiados de la tragedia.
Puedo escuchar vuestros corazones forzados y buscar el aire del amor dibujando sus labios en el aire con un dedo que gotea la esperanzas muertas.
Vuestra agonía es la más hermosa, fascinantes vuestras fracturas y la determinación de no curarlas.
Y lo más increíble es que toda esa épica, un día la volveréis a vivir.
¡Qué locos mis rotos!
Qué generosidad derrochadora de vida.
Alguien os aconsejó prudencia y dijisteis: Y una mierda.
¡Bravo, mis ensangrentados seres admirados!
Mujeres y hombres rotos derrochándose, dándose a sí mismos como materia combustible.
Regalándose a pesar de la realidad que los somete con su vulgaridad, cotidianidad y banalidad. Un cártel de mafias que como la banca, siempre nos vence.
La cuestión es cuánto tiempo aguantar.
Por ella o por él, bien vale una fractura ¿verdad?
Y otra más…
Qué delirio y privilegio ser uno de los pocos rotos que habitan en la Tierra.
Nadie contará vuestra historia porque el amor no es un libro, es un vapor, una emotividad, un padecimiento y placer que escapa a toda lógica, mesura, planificación y voluntad.
Si el amor dotara de una visión superior a los amantes se verían como hermosos zombis con rosas clavadas profundamente en el pecho y los sexos palpitantes porque no hay pasión sin una carne que la contenga.
No en esta dimensión.
Guardáis silencio porque no os fiais de mí, que sólo soy una gris realidad.
Tan solo ejerzo de notario, sin afán de lucro.
Gracias por mostraros abiertos, sólo pretendo admirar lo que ya no puedo sufrir porque ya no hay tiempo y un ataúd es el aislante perfecto del amor y su desproporcionado voltaje.
Cortocircuitos neuronales, fisuras entre el tejido muscular, roturas óseas, hernias y corazones al límite del fallo cardíaco; son las patologías de los rotos por amor y la pasión en un lugar donde un liquen mezquino lo cubre todo.
Los puedes distinguir porque sus miradas están saturadas de curiosidad y determinación, como si miraran a tus espaldas cosas invisibles.
Captan las invisibles e inaudibles frecuencias del amor.
Yo mismo soy un roto; pero ya desgastado, apenas tengo una poca carne para el amor y ningún hueso que ofrecer. La pasión es una droga degenerativa para el organismo.
Soy un yonqui con las venas podridas.

Pocos tienen la fortuna de morir en un lugar distinto al que nacieron. Los que nacen en cautividad, suelen morir en cautividad.
Y cuando pienso distinto lugar, es al escogido; no al que se ha sido enviado por hambre o fascismo.
Morir lejos de donde se nació es una de las mayores expresiones de la libertad.

Foto de Iconoclasta.