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La balsa está podrida porque no hay agua limpia que la llene. Y la que le llueve es orina, orina enferma y vieja.

Iconoclasta

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Puto ruido que interfiere en el pensamiento…
Cuando llegas al bosque no es necesario luchar contra él, la mente se relaja, se libera y expande. Se acabó la constante lucha por permanecer íntegro ante la humanidad insectil.
Puedo entender a los que matan a otros sin comprender bien porque, sin comprenderse ellos. Atacan el origen del ruido, aunque no lo sepan porque no tienen la capacidad de analizar, de sintetizar. Carecen de voluntad y habilidad para aislarse entre la masa humana y luchar contra ese ruido que pretende imponerse al propio e íntimo pensamiento.
Engranajes chirriantes que te asoman a la locura…
Y luego desaparecer entre las termitas, ser nadie.
E inevitablemente, por cada humano que matan se hunden más: acaban para siempre en una jaula de hormigón o bien los cazan. Incluso se suicidan ellos porque han agotado todos los recursos por mantenerse a salvo.
Ignoran que las sociedades, sus ciudades, son termiteros de pensamiento único en el que si quieres mantener tu pensamiento puro e intacto de suciedad ambiental o interferencias, debes aprender a engañar a la chusma aparentando que piensas igual. Decir “buenos días” y pensar “ojalá te mueras, hijoputa”. Solo así puedes evitar que te destruyan y cuando tengas la oportunidad salir del termitero.
No puedes ser un cerdo negro en una pocilga de cerdos rosados; porque nunca se trató de ovejas blancas o negras, la humanidad no es tan limpia y necesita revolcarse en sus excrementos. Por ello no puedes vivir como un cerdo negro si tienes unas mínimas inquietudes intelectuales. Ideas propias no pervertidas y distorsionadas por las chirriantes mandíbulas del pensamiento social o insectil.
La única comunicación y pensamiento de los cerdos rosados es gruñir a sus criadores (elegidos democráticamente, con toda la risa del mundo) pidiendo atenciones, minutos para salir del fango de mierda y respirar una bocanada de aire no tan sucio.
Unos minutos en los cuales, no escuchar sus propios chirridos mandibulares y puedan llegar a la conclusión esperanzadora y errónea de que no son cerdos selectos para matadero.
Antes de que vuelvan a su ruido, algunos dando una calada al cigarrillo se preguntarán dónde quedó su humanidad; pero son muy pocos para mantener la esperanza de que el individuo pueda recuperar su silencioso pensamiento propio. Son tan pocos y tan raros, que no sobrevivirán muchos días más en el ruidoso termitero de la humana mezquindad.
Es verano, incluso al bosque llegan termitas con su música repugnante, destrozando el silencio. No el mío, siempre he tenido una facilidad casi preocupante de aislarme de todo, de escucharme en cuadrofonía. Pero aun así, es imposible ignorarlos y sentir que me están robando mi silencio.
Y también es inevitable que mi atávico instinto cazador y territorial se revuelva incómodo dentro de mí mismo. Podría ser un buen momento para cazar o luchar.
Al fin y al cabo soy macho territorial y asumo mi naturaleza hostil.
Si no son presas, son enemigos invasores a los que destruir, borrarlos de la puta faz del planeta. Y cuantos antes mejor, no fuera ser que se reprodujeran más y dejaran su mensaje genético de mierda en pequeñas crías.
No sé… Ya no los escucho. Ya no existen y mientras se han desintegrado un pequeño trepador azul desciende por el tronco del sauce, se detiene para observarme, pía y emprende el vuelo, muy pequeño él, hacia el río entre las arroyuelas.
Lo sigo hasta perderlo en la fronda de la orilla opuesta, con mi silencioso pensamiento íntegro.
Pasó el peligro.
Para todos.
Puedo seguir cortando con mi valiosa navaja cabecitas de hormigas y hacer un micro collar con ellas. O dejaré comida fácil para los pájaros, no sé. En silencio hay tantas ideas y sus versiones…

Iconoclasta

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¿Alguna vez has sentido el frío filo de la navaja cortar el vello de tu monte de Venus?
¿Desearías tener una mano para poder desflorar tu coño y lo bese mientras el acero corre suave por tu piel?
¿Alguna vez te han follado con los ojos tapados?
¿Desearías que hundiera más profundamente mi rabo en ti en lugar de tan solo el hirviente glande?
¿Alguna vez te has agitado intentando hacer tu coño más grande para apresar esta polla que no entra profundamente?
¿Con los brazos en cruz y las muñecas atadas ofreciendo tus tetas erizadas impúdicamente?
¿Con las piernas abiertas y los tobillos atados mostrando el brillo denso y hambriento de tu coño y el clítoris erecto hasta el jadeo?
¿En tu oscuridad e inmovilidad te han metido un dedo en el culo mientras te aspiraban unos labios recios y crueles el clítoris, durante unos segundos desesperadamente cortos?
¿Alguna vez has escuchado, mi puta, los gemidos del macho masturbándose ante tu inmovilidad, ceguera y obscena indefensión?
¿Alguna vez has sentido con los ojos vendados la cercanía de algo en tus labios, su roce. Y has elevado tu cabeza para sentirlo más plenamente, lo que sea?
¿Has pedido alguna vez que te dejaran besar eso no que ves? ¿Has gritado que te follen la boca en tu oscuridad?
¿Lo has pedido jadeando? Porque ahora mismo tus labios entreabiertos azuzan mi bestialidad y las venas de la polla parecen gruesas telarañas.
¿Alguna vez te han pedido que te mearas y al mear una mano recia contiene tu chorro de orina acariciándote ardientemente?
¿Alguna vez atada y cegada, te han acariciado sutilmente los labios del coño sin hundir los dedos y has elevado desesperada la pelvis para que los dedos, por favor, se metieran dentro sin cuidado?
Porque lo estás haciendo, puta.
¿Alguna vez has sentido el roce de unos labios en los pezones y no ha sido suficiente, y has intentado romper las cuerdas para empujar la cabeza besadora hasta que mame de ti incluso dolorosamente, sin piedad?
“Por lo que más quieras…” jadeas entrecortadamente.
¿Qué sientes en la oscuridad cuando mi lengua se abre paso en tu coño y no puedes presionar contra mi boca y jadeas entre ansia, placer y exigencia?
¿Alguna vez te has corrido como ahora, sin que apenas te tocara, mientras mi semen cae en tus pechos y oscurece los pezones?
No sé mi amor, mi puta.
No sé si soy tu amante o tu tanque de aislamiento sensorial del mundo, tu alucinación que se derrama en ti y martiriza tus deseos.
¿Alguna vez te han dicho te amo, atada y ciega y has contestado con la respiración acelerada: solo fóllame, cabrón?
Volveré mi puta, esto no es un acto extraordinario o una casualidad, será tu condena. La misma adicción que creaste en mí con tu fastuosa sensualidad.
¿Alguna vez te han escupido en el coño y te lo han frotado hasta correrte de nuevo y cuando has sentido pies y manos libres, no había nadie ya?
Volveré mi puta.
Y mi voz será lo que te conduzca de nuevo a la animalidad más pura. Te quiero caliente, ardiendo, anegada.

Iconoclasta

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Si el pensamiento de la masa humana fuera tan certero, noble e independiente como el del individuo no existiría más forma de gobierno que el de cada cual o núcleo familiar. Cada ser humano es un mundo, una nación.
Básicamente la especie humana es una aberración, algún cromosoma de más o de menos en una malograda especie: un espíritu de colmena y maneras vacunas a pesar de tener el lenguaje más elaborado que el de cualquier otra especie.
A la humanidad esa inteligencia no le sirve de gran cosa, tan solo a muy pocos individuos aislados que raramente nacen cada muchos años.
La humanidad como especie no ha creado ni inventado nada. Las creaciones surgieron de seres íntimos, solitarios con sus dotes creativas e intelectuales íntegras, sin pervertir por los dogmas de los jerarcas y religiosos. El individuo libre y autónomo, de pensamiento propio y único.
La chusma, la especie humana en bruto, se apropió de esas creaciones asumiendo que eran humanas.
No se puede decir que el creador, el artista o el inventor pertenezca a la especie humana. En el mejor de los casos cuando no una monstruosidad obscena, se le debe considerar como una anomalía.
Ahí radica el problema humano y su carácter de plaga en el planeta. No existe creación ni libre pensamiento en la masa humana, o chusma votante en no pocas sociedades o naciones.
Un ser humano marca un récord y la conciencia insectil se propaga electro-neuronalmente de individuo en individuo y esa chusma grita: “¡Hemos ganado!”, “Lo conseguimos”, “La humanidad ha llegado a la luna”. Pero esa masa insectil enfervorecida y jaleante no ha hecho nada, no ha movido el culo de su asiento, en las gradas o en su casa. No ha ganado nada, pobres diablos…
Tienen sus cerebros vacíos de ideas propias y han sido condicionados o programados bombardeándolos con consignas predicadas por sus pastores y maestros (políticos, religiosos, educadores adeptos a los regímenes y predicadores del poder fáctico). Es básica esta programación o adoctrinamiento para que toda esa chusma sin pensamiento no se deprima, no caiga en el hastío vital de ver que hay seres humanos capaces de realizar grandes hazañas o grandes descubrimientos, y ellos llevan la vida más triste y mezquina que ni siquiera pueden imaginar.
Es básico que la chusma crea en el espejismo de ser respetada por sus criadores (las ciudades son granjas de ganado humano) porque a cada hora, dada su reproducción acelerada, hay más insectos y el control de esos pocos poderosos que gobiernan miles de millones, ha tenido que cuadruplicarse llevando cada vez con más extremismo y a menores edades las doctrinas de obediencia y no ya de trabajo en equipo, sino en masa. Las crías humanas están sometidas a una presión brutal y sus cerebros vacíos llegan incluso a peligrar con colapsarse con la programación de que todo ser humano es un insecto sin conciencia y así debe ser siempre y a todas horas, todos los días, toda la vida hasta que mueran y su lugar lo ocupen otros. “Que nadie piense en lo que no se ordena, que nadie destaque libre e independientemente; porque sería abominación e inmoralidad. Y pecado mortal de vanidad, futuros insectos de un termitero global”.
“No cobras para pensar” le dicen al trabajador bestia y vacío con sofismas y dulces mentiras.
Y toda esa conciencia insectil no llegará a nada excepto a morir consolada por sus creencias religiosas o por el orgullo de haber sido unos ciudadanos ejemplares; esto es: obedientes, contribuyentes casi felices (dinero para sus criadores) y votantes que creen elegir con infantil ingenuidad a sus pastores o criadores. Sinceramente creen que el teatro de la votación o es real, o como en las películas, está basado en hechos reales.
Son absolutamente incapaces de ver la maldad, la absoluta ausencia de escrúpulos en los políticos, religiosos, militares y juristas que los controlan. No pueden imaginar que son seres con una desbordada y criminal ambición solo superada por su codicia. Y la regla básica del poder es que cuantos menos ambiciosos sean ellos, más riquezas se repartirán de las que surgen de la extorsión, esclavización, engaño y muerte de los que forman la masa humana, la chusma, la indecente y mezquina chusma gritona y quejumbrosa, borracha y de sonrisa idiota.
La masa humana, obedeció y seguirá obedeciendo consignas como dar la vida en una guerra por ellos, por sus amos, por sus explotadores, por esa estirpe de asesinos con sonrisas paternalistas que esconden colmillos venenosos como las serpientes en el paladar.
La chusma tiene un cerebro apenas funcional, incapaz de cualquier abstracción, de ver lo obvio, la enfermedad que pudre el cerebro de ambición y codicia de los líderes políticos, sociales y religiosos. Es vivir en un mundo de zombis si tienes un pensamiento propio y un mínimo de ética.
La obediencia, adoración y fe que se rinde a los grandes próceres de la humanidad, a los políticos y gurús economistas, millonarios y religiosos. Así como a superficiales atletas del entretenimiento que juegan con pelotitas en campos de hierba ganando el dinero que mil millones de humanos reses jamás podrían ganar mil veces que nacieran. Toda esa admiración y obediencia, es pura indignidad en su más alta expresión. Lo sórdido y lo mezquino que guardan dentro de sí, una ceguera absoluta. Un cerebro en blanco que los criadores de ganado humano, han sabido llenar.
Y lo han hecho bien los criadores de cerdos, han conseguido aniquilar al individuo, a cualquiera que pudiera nacer y descubrir algo nuevo en soledad, íntimamente, sin la ayuda de cientos de insectos a su alrededor.
Porque no puede nacer ninguno más así: libre y con pensamiento único. Son por ley y por doctrina, los criadores los únicos que pueden mostrarse como únicos creadores e inteligentes. Usurpando una inteligencia y un arte del que carecen; pero que envidian homicidamente. Genocidamente…
Solo unas decenas entre miles de millones a lo largo de la historia, descubrieron, inventaron, dieron bienestar y salud a la masa humana. Y lo hicieron en soledad, con un pensamiento íntimo y único no contaminado por el espíritu insectil y vacuno.
Aquellos creadores no eran humanos, eran rarezas, animales libres.
Llegados a este punto, lo beneficioso para el planeta y el resto de las especies; sería la completa extinción de la humanidad. Y mejor ahora que mañana.
Ya es insoportable, dan ganas de salir por la puerta de emergencia de una puta vez.

Iconoclasta

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No te ofreceré nada; pero intentaré hacer lo necesario para que no sientas que te he estafado tiempo de vida.
Lo que dure.
Lo digo porque hay gente muy paranoica que cree que su tiempo es oro y luego te quieren cobrar intereses, como si hubieras asistido de su mano a algún tipo de experiencia o cura milagrosa.
Mi cura milagrosa solo pueden ser tus labios, los cuatro.
Soy muy simple y fumo para parecer que pienso. Como te digo, mientras viva no tengo otra cosa que hacer más que amarte y no soy un beato como el joven Werther. De follar tengo mi experiencia, o sea que de adolescencias y cosas de esas, nasti de plasti. Quiero decir que tengo duricias en el alma y en la picha; pero no me siento especial, tienes tantas como yo en el alma, se te nota en esa mirada de mujer loba.
También tengo experiencias en fracasos, por viejo y por tonto, diría incluso que los colecciono. No aprendo nunca, a mí nadie me enseña nada ni me escarmienta. Y no hay nadie igual en el mundo y nada se repite. Me paso por el rabo lo que me predicaron para hacerme idiota que es justamente lo contrario.
Existe el pensamiento insectil en una masa humana; pero todas las reses huelen, apestan distinto; debe ser por sus hábitos alimenticios e higiénicos. Una cuestión ganadera.
Así que cuando pinte mal, me largo y no montamos dramas innecesarios. Si en la vida sobra algo, es pesar.
Y si te parece bien mi currículum, vamos a follar que tengo la garganta seca de tanta cháchara de amor.

Iconoclasta

Dios odia las cosas buenas, por envidia, por celos. Me las arrebata para ser el único a quien amar o desear se pueda.
Es un hijo de puta.
Así que piso con displicencia sobre las tumbas de cadáveres putrefactos o los secos, los que ya no tienen carne que roer. Y sin ser necesario meo en las lápidas marcando territorio para cuando muera, ser el cadáver más respetado del cementerio.
A ver si ese dios cabrón lo supera.
Y digo que amo el veneno porque no defrauda. Ni la bala certera, ni el filo quirúrgico.
Y el coño infectado de la puta y mi glande invadido por un chancro purulento que me envenena la sangre toda.
Amo el trozo de pulmón podrido que me sale de la boca como un animal muerto.
Dios no sabe que es un pobre mediocre previsible como sus cochinas creaciones. Por eso tanta vulgaridad y seres que no importa si viven o mueren, porque es todo a su imagen y semejanza.
Me cago en dios porque es la justa blasfemia que me libera y alivia la presión de su envidia podrida.
Así que amo lo pútrido para que se joda. Y me santiguo salpicando gruesos goterones de mi esperma en el pecho.
No creo en satanás porque es la cara de la esquizofrenia sagrada del mismo dios. Su rostro enloquecido y repugnante; falso como la madera podrida.
Amo lo sórdido, lo que duele, lo que rompe como un cristal la razón y la adoración de los imbéciles.
Así las cosas, digo que dios debería existir para poderlo envenenar y desangrar. Y ceñirle la corona de espinas de su hijo en esos ojos enfermos de envidia y demencia.

Iconoclasta

Tengo miedo de que mis ojos se rompan como cuentas de cristal y que no haya sangre. Solo el ruido del viento a través de las cuencas vacías.
Tengo miedo de que el río fluya a lo alto y los peces, pobrecitos, mueran en el frío cosmos.
Me horroriza que el aire se convierta en agua y mis lágrimas no caigan rostro abajo.
Y edulcorar el café con vidrio en polvo.
Y cagar sangre.
No quisiera que los cadáveres no se pudrieran y los vendieran como ceniceros.
Tengo pánico a que mis palabras manchen de gris mis encías y los dientes crezcan hacia dentro.
Y que el sol se aproxime y evapore mi reloj que jura que aún vivo.
Está todo tan roto que mi pene es una flor que ha hecho afiladas raíces que me cuelgan sangrantes de la nariz.
Y por los ojos si tuviera.
No quiero que mi padre resucite y llore por la carne que no tiene y que le decepcione porque mis ojos no le sirven; se rompieron en algún momento de mi pensamiento…
Y que vea el río perderse en la nada cósmica y aniquiladora y no pueda lavar cálidamente sus huesos macilentos.
Pobre padre…
Pobre madre que sonreía tanto como para contagiarme y no quiero pensar en ella porque es infinito mi dolor si le borrara una sonrisa. Sería un hijo de puta si lo hiciera.
Es terrible temer tanto.
No quiero que el papel se haga arenas movedizas que se traguen mi alma que escribo.
Temo al amor que se transforma en un susurro que coagula el corazón con sus imposibilidades y lo único posible es el tormento. No quiero el corazón de piedra y toser arena entre llantos.
Temo que mi gato se convierta en ratón y se devore a si mismo y yo no pueda dejar de llorar por ello desde mis cuencas negras.
Tengo miedo al imán que no sé porque, solo atrae la miseria.
Temo que los forenses vuelen como super héroes con capas de acero inoxidable haciendo su trabajo en los vivos.
El universo es material de derribo, un roto infinito y los agujeros negros regurgitan los años tragados. Y la demencia se extiende por la nada.
Y nada cubre a nada.
Y los pedazos de dios flotan quejumbrosos ignorando que un día soñaron crear algo y no se acuerdan bien el qué. Solo son piedras flotantes con Alzheimer, y hay en su superficie una tristeza vítrea por la ausencia de la mentira piadosa que cuentan las madres a sus bebés cuando creen solo en ellas.
Madre es lo único que existe cuando se inicia la vida.
Cómo me quería, no puedo entender tanto amor a lo que soy.
No puedo…
Qué desolación.
Siento la pena infinita y el espanto por los peces que nadan en el cosmos con sus grandes pupilas congeladas en la indiferencia a su propia muerte. No se inmutan cuando las piedras los rompen haciéndolos pedazos.
Pobrecitos, tanto nacer para eso…
No puedo soportar la inexistencia de los petirrojos que observan mis pedazos formarse en el papel piando canoros en una rama verde como un lagarto.
Es pánico irracional que las hojas no existan y mi pensamiento sea solo la pesadilla corriendo por la sangre sucia de un yonqui no vivo, de un podrido en vida.
No quisiera lavar los huesos de mi padre cuando llore.
Ni los de mi madre cuando sonría como un sol.
Por favor… Deja de escribir.
Ya. Ya pasó, tranquilo.
No lo vuelvas a hacer.
No.

Iconoclasta

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Cometer pequeños actos de rebeldía contra el evangelio del medio ambiente como no tirar (también conocido como “depositar” porque “tirar” suena muy duro para los oídos de una sociedad blandita y beata) las baterías en putos de recogida específicos, no hace daño al planeta y calma esa comezón anal que se hace tan irritante al no haber descanso día tras día de las homilías que predican lo urgente que es que te arruines y vendas a tus hijos desnudos por internet, para dar todo el dinero que puedas al estado y que salve el clima del planeta.
Pequeñas rebeldías inocuas que no molestan a nadie y sin embargo, te hacen sentir más humano y menos res de pastoreo y luego matadero. Pequeñas rebeldías que restauran tu nivel de dignidad; algo muy importante, tal vez lo más importante en el cómputo de satisfacciones que te pueda dar la vida.
Hay que cuidar la dignidad propia.
Los jerarcas y burócratas que gobiernan usan aviones para ir de putas o a la playa. ¿Qué son un par de pilas AAA y cuatro alcalinas AA tiradas en la papelera o la bolsa de la basura, comparadas con las toneladas de combustible que queman miles de aviones cada día en viajes oficiales de miles de burócratas y jerarcas, militares y turistas dejando esas preciosas estelas que duran densas en el cielo, incluso horas?
Por no hablar de los residuos químicos y nucleares, medidos en metros cúbicos de los que se despreocupan con una autorización aburrida sin sentirse especialmente delincuentes de nada?
No pierdas ni malgastes energía caminando hacia un punto de recogida, hace calor y te puede dar un golpe. Y por otra parte suelen estar lejos y te miran mal si entras y no compras. Tíralas allá donde te sea más cómodo. No pierdas un tiempo de vida que es más valioso que la de quienes forman el estado, el gobierno. Tú vivirás poco y mal y ellos mucho y exquisitamente, sin tener que bajar del avión con las pilas en el bolsillo para dejarlas en un punto de recogida. Por ello, porque tu vida es escasa, como ocurre con las cosas pocas, es también muy valiosa.
Y dejémonos de monsergas, tu vida es la más valiosa del mundo porque sencillamente es tuya, qué cojones.
No la gastes en gestiones de basuras, que además ya pagas por ellas con impuestos que son auténticos delitos de usura y extorsión. Impuestos que te roban el esfuerzo y la salud.
Que recojan mierda ellos con la boca si tanto les gusta, los jerarcas y burócratas.
Son ellos quienes lo estropean y ensucian todo, incluso tu vida.
Te creen imbécil, es inevitable; pero no te lo creas tú ni actúes como tal, pringao.
Y además, sabes muy bien que millones de obedientes y buenos ciudadanos, orgullosos y fervorosos creyentes de ese evangelio que los hace mortificados pecadores y culpables del cambio climático, se dedican a clasificar sus inmundicias laboriosamente y casi con primor se dirigen con sus mini bolsitas a los distintos contenedores de basura, jugando a hacer parejas con colores, o bien pareciera que archivan documentos importantes que depositan con cuidado.
Ergo el planeta está a salvo porque otros con fervor religioso, lo cuidan. Tómate un descanso con las putas pilas.
No emplees un tiempo de la poca y valiosa vida que tienes mientras el estado lo usa en meterse largas rayas y limpiarse por frotamiento los piños con los restos de farlopa.

(Como poseo un estilo literario fastuoso, fascinante, sabio, sarcástico, cómico, trágico, académico y realista que podría llevar a pensar que narro hechos reales o bien apologizo sobre cosas feas, he de decir que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia y no puedo parar de reír por una alergia casual que volaba por aquí.
Iconoclasta, el hombre definitivo)

Iconoclasta

Hay formas y estilos de escribir, multitud.
Yo uso la ausencia total de escrúpulos y ética, como la crueldad, la maldad y la sordidez.
La crueldad no siempre es representativa de la maldad. Y lo sórdido es una cuestión económica, de miseria. En algunos casos, de enfermedad mental.
La maldad es un requerimiento biológico para el control de la especie humana. Solo un humano puede matar a otro con eficacia cuantitativa. Es mi reflexión y método más gratificante para disfrutar de mi imaginación escribiendo.
Pero la maldad es un hecho, no solo una pose o creencia. Es biológica.
El ser humano necesita un cazador, y como no existe ninguna especie que se alimente de seres humanos, los humanos se deben cazar a si mismos. No hay otra especie que pueda depredar a la humanidad y controlar su reproducción conejil.
La maldad es el medio grabado en la cadena ADN de la especie humana que evita su autoextinción por agotamiento de recursos y espacio en el planeta.
Para asumir y comprender el concepto de maldad se ha de tratar a la especie humana como una especie animal más, sin considerarla romántica y filosóficamente una especie con un intelecto superior a otras y por lo tanto más importante. No lo es, porque incluso lo que cagan las vacas tiene un valor intrínseco en la cadena trófica y la vida del planeta.
A partir de esta condición todo encaja y el hombre se vislumbra como una especie más a tratar sin privilegios.
Y así, como las serpientes tienen veneno, la especie humana goza de la maldad.
Es por ello que en las zonas más civilizadas del planeta donde la religión y leyes castigan el asesinato con excesivo celo y rigor, es donde mayor tasa demográfica hay. Porque no existen suficientes cazadores que se alimenten de seres humanos y hay serias trabas moralistas, religiosas y legales para evitar los necesarios asesinatos, trabas que acaban desbocando los nacimientos y ralentizando la mortandad.
Las civilizaciones próximas a alcanzar el estado de plaga, de una forma u otra a lo largo de la historia, se han extinguido.
Y ha sido gracias al gen de la maldad.
Los religiosos han inventado un dios bueno y colérico para combatir la maldad y crear líneas genéticas humanas más dóciles; como se ha conseguido a través de los siglos con las vacas, ovejas, cerdos, etc… Seleccionando el ganado.
Fue gracias al gen de la maldad, por lo que los primeros humanos consiguieron fortalecer a su especie. La selección natural era ejercida más por los humanos que por otros especies cazadoras.
Sin la maldad, se agotarán los recursos y la humanidad se canibalizará a sí misma para alimentarse.
Si la maldad fuera aceptada, los poderosos y herederos de brutales y pornográficas riquezas, correrían peligro de perder su posición social elevada. Eso explica la implantación de las doctrinas de la bondad y la sumisión con la invención de los distintos mitos religiosos como Jesucristo, Mahoma, Buda y otras filosofías amables con el medio ambiente que llevan a hacer del ser humano un animal más débil y maleable por el poder.
Los poderes económicos, religiosos y políticos son los que determinan el momento en el que se ha de decretar una guerra que frene el desmesurado crecimiento demográfico de sus poblaciones, es una cuestión meramente ganadera. Las guerras aportan las muertes por combate; pero también las de la enfermedad, hambre y frío. Son perfectas; pero el fallo reside en que los representantes de estos poderes, también están sometidos a la misma decadencia que el pueblo del que se alimenta y enriquece, y sus decisiones se toman tarde, sin inteligencia, con negligencia y desidia. Cuando se dan cuenta de que es necesario crear una guerra que mate a millones de seres humanos, suele ser tarde incluso para ellos mismos; con lo cual las sociedades implosionan como estrellas densas que se colapsan en el universo.
Se debe definir la maldad como la capacidad de la especie humana para hacer daños graves e incluso provocar la muerte a otro ser humano por causa de envidia, ambición o puro placer. De aquí surgen otras causas más concretas, que se encuentran englobadas en las tres primeras: la frustración de la incapacidad del individuo por realizar algo que desea y la propia torpeza que justifica con “actos de sabotaje” de terceros.
La bondad no existe, es una creación que se remonta a los primeros hechiceros, parásitos humanos con ambición de vivir sin cazar, recolectar o trabajar a costa del resto de la manada humana. Y para ello inventaron un dios al que rezar y ser ellos portavoces de la divinidad. Quien no obedeciera, sería castigado y acusado de maldad. El dios de la maldad es el diablo, otro invento de la paranoia místico-religiosa.
Con el tiempo, se crearon mandamientos que a su vez crearon religiones firmes, con multitud de creyentes. Los mandamientos se hicieron leyes penales.
Cuando los poderosos adquirieron conocimiento de su medio ambiente y la capacidad para dejar constancia documentada en la historia: lenguaje y escritura; los mandamientos se convirtieron en códigos penales que los religiosos certificaron como sagrados.
Sin embargo, el progreso de la ciencia y la cultura, contradecía a la religiosidad y su bondad. Se ejerció entonces un fuerte adoctrinamiento por medio del terror y el castigo a las manadas humanas, para que además de obedecer la ley, acataran preceptos religiosos que a su muerte, tras una vida de penuria y sacrificios, les otorgaría el acceso al paraíso. Este método de adoctrinamiento o lavado de cerebro ha durado miles y miles de años, y es ya un proceso prácticamente evolutivo donde los poderes fácticos seleccionan los especímenes ideales para su reproducción, crianza y adoctrinamiento.
Pero las eras geológicas y la evolución de las especies, dicen que una especie mutará o evolucionará hacia una carencia o nueva habilidad durante cientos de miles de años.
Cuando el conocimiento se impuso sobre la religión en un tiempo en el que los religiosos declaraban quién era rey y creaban naciones conforme a sus intereses; se pactó entre religión y ciencia dividir la historia en antes y después de los mitos religiosos que personificaban la bondad que la población debía abrazar. Así, para que los científicos no fueran asesinados por herejía por los papas de la época y otros líderes religiosos, aceptó la ciencia que la historia de la humanidad se dividiera en dos periodos: antes y después del nacimiento del mito. Si das un carácter científico a una leyenda, la población, mayoritariamente analfabeta, debe asumir que personajes como Mahoma o Jesucristo existieron, junto a sus milagros de bondad y sus autosacrificios para ensalzar las leyes dictadas como mandamientos, las mismas del código penal.
A grandes y básicos rasgos esta es la razón y el proceso por la que la maldad se trata como algo sucio y que castigar; cuando realmente es la salvación de la especie humana y su auténtica idiosincrasia.
En la actualidad no se puede erradicar la maldad de la especie humana no hay tiempo para que la evolución haga su trabajo; no sobrevivirá tanto tiempo como especie.
Así que requiere una mutación artificial destruyendo su ADN, pervirtiéndolo por medios quirúrgicos o medicinales, durante la formación del feto o un tratamiento en la edad infantil.
Es justo que se le llame maldad a esta característica biológica humana que nada tiene que ver con el instinto del resto de las especies animales.
Ninguna otra especie sufre por la ambición de cosas artificiales y superfluas.
Se puede afirmar que la inteligencia humana, es sinónimo de maldad.
Escritores y filósofos apadrinados por el poder, son los que se preocupan de maquillar o solapar la maldad con esa sobrevalorada espiritualidad de amar, exclusiva del ser humano.
Es otra mentira, cualquiera que esté en contacto con la naturaleza, verá que todos los animales crean vínculos afectivos.
Al final, tal como ha evolucionado el ser humano hasta hoy, digo que el amor es tan solo un ritual reproductivo, sin ninguna trascendencia metafísica o espiritual.
Y digo que el amor es un sentimiento que nace directamente en los cojones.
También se dice que lo cortés no quita lo valiente; pero no he conseguido ver valentía ni cortesía en ningún rincón del planeta. Además de malo, el ser humano tiende a ser indecentemente onanista en todo momento con su naturaleza desaforadamente amorosa y espiritual.
Algo no marchó bien con la selección de las especies viendo y conociendo a la especie humana.
Alguna mutación por un accidente nuclear y su radiación estropeó a la humanidad definitivamente y ocupó un espacio que no se merecía gracias a la maldad. Un desastre como el que acabó con los dinosaurios.
Algo así.
Por último, se debe puntualizar que la venganza no es maldad. Es la reacción lógica a una ofensa.
El sadismo es una maldad improductiva; una aberración que no conduce a nada, matar a un sádico no es maldad, es selección natural.
La locura y su asesinato, aunque enfermedad mental, nunca podrá ser usada como atenuante ante el juicio humano individual y biológico; al igual que el sádico, para el agredido o su familia, será causa de venganza y su muerte. Los locos de una forma natural deben pagar por su locura y los borrachos por su borrachera, etc…
Estas son las únicas leyes biológicas y justicias intelectuales, sencillas y comprensibles, adecuadas a la morfología y química del cerebro, con las que nace la especie humana antes de ser castrados los especímenes por el adoctrinamiento o educación social.
No hay que olvidar que con la maldad no se va a extinguir la especie humana; porque para ejercerla, debes estar dispuesto a padecerla. Y no hay mayor equilibrio en ello y mayor obstáculo para usar la maldad como forma de vida para medrar por encima de otros animales humanos.
La maldad es una libertad salvaje que tiene consecuencias, exactamente las mismas que tus actos. Y esto la hace equilibrada, hermosa y temiblemente justa.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Si tuviera que suicidarme antes de padecer un dolor inenarrable llegaría tarde, moriría sin mi propia intervención. Tengo tan alto umbral del dolor que mis órganos se colapsarían sin que comprendiera cuan grave es la situación por ahí dentro.
Además, cuando algo duele tanto ¿por qué prolongar la agonía? Es mejor morir libremente en tu casa o en el bosque, a la sombra de un árbol; puedes fumar sin que nadie te toque los huevos.
Y nada me parece más humillante como que me vean morir. Incluso los animales se esconden cuando saben que van a morir.
Pobrecitos…
Que mi cadáver apeste no me importará lo más mínimo, y si lo viera un niño… Bueno, los pequeños deben aprender que los seres mueren, es tan habitual como follar o nacer. Es ley de vida, no pasa nada por ver un muerto y además, adquirirán una buena y necesaria madurez.
Todo son ventajas muriendo en soledad, sin patéticas escenas.
Has de morir como se debería vivir: oculto y secreto.
Si vieras la luz al final de un túnel, no seas gili, es el chispazo final, el cortocircuito de tu cerebro por falta de sangre y oxígeno.
Es bueno también no morir engañándose.
No te despidas de nadie si tuvieras tiempo para ello; más adelante encontrarían una razón para reírse de ti, sobre todo los que te odian. Porque todos somos odiados, la vida es un catálogo de envidias y mezquindad. Sé oculto, secreto y desconfiado; que nadie estropee tu muerte.
Lo digo porque quien más o quien menos hemos tenido alguna aproximación a la muerte y conocemos el negocio.
Un elefante viejo en el oficio con la trompa se tapa el orificio.

Iconoclasta

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