Si fuera árbol, tal vez lo sea, no lo sé… Y tú caminaras con toda tu brutal sensualidad en la soledad y el desamparo de la fría noche, extendería mi impúdica rama preñada de deseo para atraparte, para llevarte a mi húmeda y desenfrenada oscuridad. Llenarte toda de mí en una blasfema comunión pagana. La hostia, mi semen humeante prendido como gotas de nácar en tu monte de Venus.
Y el agua del río formando un sereno canto de tragedia…
Cubrir toda tu piel, meterme en todo cuerpo por todos los huecos…
Un árbol-bestia rugiente, follándote carne y espíritu tan profundamente como el amor y su imposibilidad corren por mi savia.
Rasgarte vestiduras y lacerar tu piel hasta que tu gemido se convierta en suspiro y entre mis fuertes ramas, te vengas, te corras y maldigas mi pornográfico y terrible amor violento e impúdico. O tal vez, que mi corteza se abra sangrante con el rugiente acto de violarte.
Herirás hasta la sangre mis labios mordiéndolos con tanto deseo como puedo soñar… Ésta es mi voluntad, éste es mi sueño de humor espeso y blanquecino que mana de tu coño satisfecho en mi eterna oscuridad, con tu corazón latiendo entre mis ramas.
Y tu pensamiento, adueñándose de lo poco que queda del mío.
Al fin y al cabo, no tengo alma te la llevaste; la aspiraste con la primera mamada que me hiciste.
Y te necesito para tener algo de humanidad en esta soledad sin ti.
Tal vez sea un lobo, y tú una caperucita; pero te aseguro que no hay nada de infantil en ello.
Vamos a por una lección de aquel añorado Barrio Sésamo (Plaza Sésamo), sobre lo que hoy es correcto e incorrecto en estos tiempos de repugnante moralidad doctrinal festiva y pueril. Porque los idiotas celebran su propia imbecilidad con comuniones de tolerantes hostias con sabor a mierda.
Respecto a la censura, ahora se reaviva más que nunca, todos se sienten sacerdotes de la corrección de mierda, con sus cerebros repletos de heces.
Que mueran unos cuantos centenares de miles de seres humanos de la sociedad occidental es una depuración necesaria. En las endogámicas ciudades se han reproducido tantas veces los imbéciles que, ahora se encuentran en el poder, en todas las manifestaciones y en todas las fiestas de orgullos gays, de putas y de miedosos de leer violencia u oírla en canciones; tienen miedo los analfabetos que del libro salga un cuchillo que los hiera, o que el micro del cantante sea una pistola camuflada.
Le tienen un miedo enfermizo a la palabra.
Algunos “en su opinión” censuran con el afán de los puercos buscando trufas. Puedo comprender que, no se permita con dinero público mostrar arte de baja calidad, eso que no es arte, que es un engaño populista. Un timo como tantas formas de “arte” que buscan dinero fácil. (Hay grupos musicales tan artísticamente malos que no deberían cobrar por actuar, cosa que es muy diferente a censurar, aunque muchos no entiendan lo que escribo)
Pero censurar por “opinión” y “moralidad”, es una acto de fascismo tan repugnante como lo fue la existencia del Tercer Reich.
Menos mal que nací a tiempo de conocerlo, que tuvo tiempo de nacer Hannibal Lecter y no lo mataron estos hijos de puta.
Y mientras tanto, censores y “correctistas buenistas” educan a sus hijos en la imbecilidad y cobardía. Sin que nadie muera…
Es necesaria una matanza global.
Es necesario colgar en una plaza pública a los putos censores y correctores de todo tipo.
La lección que todo niño no educado por unos padres idiotas, comprendería:
Lo incorrecto.
Con violencia le arrancó las bragas dejando marcas rojas en su cintura y muslos, a esas alturas, su coño estaba húmedo y ansiaba que la penetrara. Retiró las copas del sujetador y se pellizcó los pezones erizados, él tenía aferrada con el puño su polla dura, el glande palpitaba húmedo y brillante, amoratado de sangre.
Escupió en su coño y se la metió. Teresa lo llamaba hijo de puta con cada embestida, se corrió abrazada a su cuello, con el cálido semen rebosando por su coño, regando deliciosamente el esfínter.
La llamó puta y se rieron en la cama encendiendo un cigarrillo.
Lo correcto para los tarados.
Se bajó los calzoncillos con dificultad, su pene estaba erecto y su mente absolutamente enamorada. Ella se retiró el sujetador y sus enormes pechos al liberarse, parecían doblar su espalda, al respirar oscilaban voluptuosamente.
Se bajó el tanga y su pene de mujer apareció enorme, perfecto. Se acercó a Roberto, le invitó a darse la vuelta en la cama y le untó el ano con lubricante gel. Lo penetró. Al cabo de tres minutos el semen brotaba oscuro y ensangrentado de ese cráter de amor que era el ano de Juan.
Se besaron la boca enamorados, con ternura y en silencio para no despertar a su hija que, se escuchaba dormir tranquila en la cuna a través de la radio de vigilancia.
Lo incorrecto.
Se dirigió a la sala de hibernación. Tan solo se escuchaba el suave zumbido de los reactores. Con un láser decapitó a los cuatro bebés en sus cápsulas de mantenimiento vital, sin que llegaran a despertar. Casi dulcemente.
No limpió toda aquella sangre.
Volvió a su cápsula de hibernación, esperando con ilusión despertar tras cuatro años y admirar el dolor de los dos matrimonios, sus compañeros de tripulación, en su viaje a Demencia 10.
Lo correcto para los tarados.
“Días después, el 27 de diciembre y en el último pleno municipal del año, la concejal de Cultura, María Victoria Bermejo, reconoció como «un error» incluir un concierto del grupo en la programación de la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura y Saberes para el primer trimestre de 2020.
En su opinión, Los Chikos del Maíz hacen «apología de la violencia extrema» y en sus canciones «se da cabida a mensajes que invitan al puñetazo, a la patada en el vientre o al ahorcamiento». Ahora ya se ha decidido cancelar definitivamente el concierto, previsto para el día 10 de enero y que tenía las entradas agotadas”.
Y ahora niños, vamos a cantar la canción del cinco, que en el culo te la hinco.
“¿Eso te hace sudar?” (El Cuervo, 1994)
A la mierda, gilipollas.
Que os jodan.
(La película El Cuervo, en esta actualidad idiota, sería incorrecta a pesar de ser maravillosa, violenta y fascinante, sin titubeos ni concesiones a moralidades de degenerados cerebros inoperativos. El Cuervo ha dejado la más grande colección de divertidas, violentas y sarcásticas citas del cine y tal vez de la literatura)
Si fueras la primera mujer, Eva, lamería tu hoja de parra hasta deshacerla en baba para llegar a tu coño y erizar con mi lengua dura, violadora y hambrienta tu clítoris; convertirlo en gelatina temblona.
No pretendo ser Adán. Soy un montaraz diablo.
Y no será necesario que muerdas la fruta prohibida, bastará con que te lleves mi rabo a la boca para ser rescatada de ese repugnante paraíso en el que te encerraron, amor.
Eso de que incluso en las relaciones humanas los polos opuestos se atraen es una metáfora mentirosa y sin sentido lógico alguno.
Solo ocurre con
el magnetismo, en la física.
En las relaciones
animales, entre ellas las humanas, son los mismos polos, los de idéntica carga
o nombre los que se atraen.
Es por ello que existe el polo rico y el pobre y jamás se atraerán si no es porque un rico quiera pagar a un pobre por un acto sexual. Los pobres se juntan con los pobres y los ricos con los ricos, así de simple, sin ramplonas y elaboradas metáforas que intentan hacer la sociedad más preciosa.
El polo rico
siente asco, repulsión por el pobre. El polo pobre siente envidia por el polo
rico. ¡Y admiración! (es un efecto de la indignidad de ser pobre).
Los fascistas de
derechas se agrupan bajo las mismas ideologías y los de izquierda bajo las
suyas propias, repeliéndose siempre aunque usen idénticos totalitarismos y
ostenten sus imaginarias supremacías.
Follar no es una
atracción, es un instinto reproductor. Hembras y machos no son de signo
contrario, son la unidad reproductora sin la cual no existirían.
Su química
hormonal los engaña creando ilusiones de amor y devoción cuando en realidad
están más calientes que una castaña asada. El amor es un cortejo reproductor.
Nunca me he
engañado: amor sin sexo es un fraude, una fiebre infantil, pueril y sin
beneficio alguno.
Cualquier otra
consideración de atracción macho/macho, hembra/hembra, hembra/macho/hembra o
macho/hembra/macho, es pura deficiencia que solo tiene alguna trascendencia en
las endogámicas granjas humanas que son las grandes ciudades, donde el hastío y
una pésima diversidad genética (por una endogamia inevitable) lleva a estas
anomalías genéticas o psíquicas.
Las relaciones
animales están muy lejos, incluso metafóricamente de comportarse como el
magnetismo.
Es habitual que al
despertar de la siesta escuche un silbido, como el de una tubería dejando escapar
por un poro fluido a presión.
Con más precisión
se asemeja al chirrido de acoplamiento que hace un altavoz cuando se acerca
demasiado un micrófono.
Dicen que estos
ruidos, son acúfenos y suelen ser síntoma de sordera. Sin embargo, hacerse
viejo es hacerse sordo.
Y aún escucho con
aceptable calidad para entender, me refiero a que no es una de mis taras más
notables.
Ocurre solo
cuando duermo durante el día. En el sueño nocturno y silencioso, raramente escucho
en mis oídos ese silbido.
Mis oídos no
están excesivamente estropeados.
No son acúfenos.
Ocurre que el
mundo y yo nos rechazamos, más concretamente la humanidad y yo.
Y un otólogo no
puede curar estas cosas.
Algo extraño se
filtró entre la cópula de madre y padre, la que me concibió.
Y soy por tanto
una mutación, un extraño entre la humanidad.
En algún momento,
un espermatozoide y un óvulo se contaminaron y absorbieron algo ominoso, y el
resultado es la aberración que soy.
De pequeño le decía
a mi madre que oía crujidos en mis oídos. Mis dolores más frecuentes y temidos eran
los de oídos, y lo son. De hecho, cualquier malestar o daño, repercute siempre en
mis putas orejas. Una noche, muy adulto ya, dejé sangre en la almohada y no me
extrañó, solo quería que dejara de doler de una puta vez. Y aquel silbido que
no me dejaba escuchar mi propio pensamiento…
La humanidad
provoca un rugido molesto y caníbal. Solo cuando me oculto en mi madriguera, consigo
bajar el volumen a un agudo silbido.
Y loco no estoy
porque identifico con absoluta nitidez los que deberían morir y los que no
importa que sigan viviendo.
Solo la frecuencia
de su voz me da paz, cuando ella habla, yo callo para que no deje de decir.
No son acúfenos,
son ruidos reales que provocan los humanos en mí, es una infección.
Recuerdo el
molesto eco de la voz de un sacerdote en la iglesia, cuando hice la primera
comunión. A los sacerdotes les encanta la teatralidad de orar y demostrar que con
su potente eco resonando en las paredes, tienen un trato directo con dios. Un
par de veces que ya de mayor, inevitablemente he asistido a una misa, no han conseguido
rebajar esa incómoda sensación acústica que sentí de niño.
Temo que si fuera
sordo, serían mis ojos los que con aberraciones ópticas, pondrían de manifiesto
mi rechazo a los humanos y sus cosas.
Del constante olor
a mierda, ya reflexionaré en otro momento.
Y no estoy loco,
solo cuando la follo y el único sonido que escucho es el líquido chapoteo de
los sexos y los gemidos y jadeos; siento que pertenezco aquí a este lugar
poblado de humanos, abarrotado, atestado, asfixiante…
Gracias a esta
bella espécimen que amo sorda y únicamente, gozo de momentos de armonía. Lo que
dura un polvo. Y he de reconocer que no soy un gran follador que bombea durante
horas sin cesar. Es humillante confesar estas cosas, lo efímero que a veces
puedo ser para lo mejor.
Alguien
insistiría en que algo huele a podrido en Dinamarca cuando mira mi cerebro, está
bien; psiquiatras y psicólogos necesitan ganar dinero, es lógico.
Hay ocasiones que
imagino que ese silbido es la vida que se me está escapando por los poros de la
piel, y cada vez con más caudal y presión.
Temo que un día
la muerte haga sonar su trompeta pegada en mi oído para despertarme y sacarme de
aquí.
Morir con el arrebato
de un sórdido solo de trompeta…
Es bonito; pero una
vergonzosa ingenuidad facilona y tonta por mi parte.
Todo son malas
noticias.
No se me puede
reprochar ser un odiador profesional.
No, no son
acúfenos y unos audífonos lo empeoraría amplificando el ruido del mundo hasta
lo insoportable.
Me pegaría un
tiro.
Estoy seguro, de
que si vivo lo suficiente para quedarme sordo, ese silbido lo seguiré
escuchando. Ese chirrido que me provoca la cercanía de la humanidad.
Y ella tiene que
hacer sus cosas, mi amor no puede estar ahí siempre protegiéndome y dándome
paz. Por otra parte, soy muy orgulloso. No necesito ni quiero cuidados de nadie.
Sé joderme con la boca cerrada, con cojones. Y si tiene que doler, que duela.
Necesito urgentemente
unas vacaciones, apagar ya el sonido de la vida; con su conclusión lógica.
Orina demasiado solo y con una molesta erección matinal. Observa con desagrado el vello rizado jaspeado de gris cubrir el pubis, los cojones, enredarse sucio y obsceno en sus dedos.
Y la recuerda, recuerda con precisión sus palabras. “Quiero que te duela cuando no estoy contigo, quiero que sangres cuando esté lejos de ti. Si me amas, debe dolerte, mi amor. Sangra, mi macho bruto…”.
Se desnuda y entra en la ducha con una cuchilla de afeitar ya vieja.
Dirige el chorro a los genitales, primero fría y luego ardiendo, hasta que siente que quema. Su erección se hace aparatosa.
Y dolorosa, como ella quiere que sea.
Tira del prepucio para observar su glande brillante, como recubierto de aceite, se le escapa hambriento de los dedos, sin control.
Piensa en masturbarse; pero no… Ella se merece algo más.
Comienza a rasurar el pubis manteniendo el pene alejado con la otra mano, sintiendo como palpita la sangre furiosa…
Y presiona fuerte la cuchilla, que penetra demasiado en la piel y la arrastra cortando vello y algo de epidermis. Y sangra.
Hace una segunda pasada con más fuerza. Pequeñas gotas de sangre han caído en los dedos de sus pies.
Gime excitado, estrangula el pene para evitar masturbarse casi furioso, para retrasar el momento, para ella, por ella.
Luego rasura el bálano dos veces. Está tan duro, tan insensible, que se excede en los cortes y la maquinilla parece el instrumento de un carnicero. Le duele con tanto placer… Y golpea el glande para que no escupa un semen que aún no debe salir.
Limpia los restos con agua tan caliente, que le arranca un gemido de dolor cuando penetra en las heridas abiertas.
Eleva los huevos, y pasa la cuchilla por la porosa piel. Los siente llenos, grandes, pesados. Están fabricando leche como una puta vaca. Rasura sin cuidado alguno provocando cortes en la porosa e irregular piel del escroto.
Otra pasada que irrita hasta casi el delirio la delicada y sensible piel. Ella se los metía en la boca chupándoselos como caramelos.
Tiene que acabar porque no aguantará más. Literalmente se le escapa el semen ya.
Toma el teléfono e inicia un video. Enfoca con la cámara a sus pies que están sucios de ese asqueroso y rizado vello y gotitas de sangre. No los limpia, ella ha de ver cuanto la ama. El teléfono tiembla con paranoia en su mano por tanta excitación, registrando sus jadeos animales que hacen eco en las paredes del baño.
Toma el pene con el puño y con un fuerte tirón descubre el glande ante la cámara.
Mueve el teléfono por su pubis herido, filma las heridas del pene y retrasando un pierna, filma las de sus cojones.
Se masturba, y la sangre mana suavemente con ese masaje, sus dedos tienen vellos pegados y se han untado con la sangre que ella pide.
La ama tanto, que la empalaría sin piedad hasta que su coño de amada puta también sangrara.
No consigue sobrepasar el minuto y poco, eyacula y lo hace manteniendo el pene vertical jadeando como un animal en celo. El semen se escurre hasta el pubis y los cojones mezclándose con la sangre que cae en sus pies como un amor de color rosa. De carne sajada y limpiada en el mostrador de una carnicería.
“Me duele amarte, ¿lo ves, amor?”, dice enfocando la sordidez que cubre sus pies, antes de detener la filmación.
Luego se lo envía a su teléfono.
No puede más. Ese semen, esa sangre, ese jadeo. Esa puta animalidad de su macho… No deja de acariciar con brutalidad su vagina con una carda, un cepillo de púas metálicas para limpiar soldaduras de metal. Los labios de su vagina sangran irritados. En la cama de la habitación del hotel, se desgarra alma y piel también por él. El amor y el dolor es cosa de dos. Y deja correr su orina con obsceno descaro para que le duela más, y el teléfono capte sus gritos. “¿Ves, mi bruto macho? Yo también te amo con dolor”. Recita entre jadeos para después apagar la cámara con los dedos pringados de su propia gelatina sexual.
Un coche que circula lentamente por la zona industrial, se detiene frente a un chulo de putas que fuma un porro.
– ¿Cuánto por la puta sin bragas? -pregunta el cliente
señalando a la zorra desnuda por debajo de la cintura.
– Treinta la mamada, cincuenta si se la metes. No más de
quince minutos -recita con displicencia el chulo.
– ¿Se la puedo meter por el culo?
– Por cien euros, sí.
– ¿Y si le parto la cara?
– Seiscientos y gastos médicos aparte. Si le dejas
cicatrices, te haremos a ti también algunas. Mira, si quieres hacer con ella lo
que quieras la puedes comprar por siete mil.
– ¿Está enferma?
– Aún no.
– Tengo una hija de catorce. Te la doy por ella.
– ¿Tienes una foto?
El cliente le muestra una en el teléfono.
– ¿Es virgen?
– No. Ya me la he tirado algunas veces -responde con
irritada impaciencia el cliente.
– Hecho. Si me la traes ahora, te puedes llevar a la puta.
– Denunciaré la desaparición de la niña en un día, ya sabes
como va esto.
– Bien, ya estará embarcada cuando te pases por comisaría.
No tardes.
– No tardo. En media hora la traigo. Y que la puta esté lista para entonces.
Creo en la violencia como resolución de los conflictos y reafirmación de la dignidad. Creo en la épica del combate cruento. Creo que sangre con sangre se paga. Creo en el rencor más que en el amor. Creo en la única cópula: la de macho y hembra. Creo en la prostitución como alivio a la lujuria de la soledad y la narcosis. Creo en la envidia como motor de la sociedad. Creo en la compraventa de seres humanos con legales facturas y documentos de propiedad. Creo en la ofensa y la falta de respeto. Creo en la corrupción de jueces, ministros y sacerdotes. Creo en la tauromaquia, en toda esa sangre y el dolor de las dos bestias. La violencia, la sangre y el dolor son lo más efectivo contra la disfunción eréctil. Creo en la mentira, escudo contra la hipocresía; aunque parezcan lo mismo para un observador negligente. Creo en la voladura de la sociedad con explosivos para la creación de una nueva digna y limpia. Creo en la obstinada y obscena voluntad de mi rabo erecto ante una mujer hermosa con ropa ajustada. De tetas y culo rotundas. Creo en mi propia abominación. No creo en dios; pero amén.
No puedo evitar evocar mis dedos acariciando lo más profundo de tus muslos y esa magia que es caballo en mis venas: cuando los separas y tu coño se torna indefenso y lujurioso, cuando mis dedos extienden por tu piel la baba que dejas ir sintiéndote deseada y puta. Y mi cochino glande dentro de ti, buscando con violencia más profundidad, follarte la mente, y más adentro… Follarme a la diosa… Rendirle mi semen como sacrificio cruento, porque cada vez que escupo mi leche en tu piel, muero un poco. Cuando tu coño derrama mi semen siento deseos de asesinar furioso y violento. Desciendo hacia una animalidad desbocada aferrándome a mí mismo. No puedo evitar estrangular mi polla soñando que tu coño palpita hambriento ante mi boca. Evocarte es escupir mi semen sin control. Adoro la bestia que hiciste de mí. Un asomo de lujuria, un dolor de cojones, un infarto no definitivo. Amarte y follarte… Deberían estudiarme en los colegios, para que los hijos de mediocres no lo sean.