Esto es un meme de los más viejos de internet y un dogma habitual de los gurús mediáticos que vendían libros inútiles y ahora audiolibros inútiles también, dando consejos inocuos de paz y felicidad para los consumistas decadentes. Dada la cantidad de bulos que se inventa por día la prensa prostituida al nazismo penitenciario español homosexual sanitario, debe recurrir a grandes clásicos de los noventa del siglo pasado, a la decadente y pasada de moda autoayuda. Porque si te crees que el gobierno penitenciario fascista español homosexual sanitario te va a ayudar, lo tienes más crudo que el carpacho. Lo muy gracioso es que dado que en España el cerebro es tan escaso, es sarcasmo que exista ese consejo español del cerebro. Digo yo que será del único cerebro que hay en España y lo deben adorar en un frasco de formol, como en El jovencito Frankenstein con su etiquetita de Anormal.
¿Qué mierda es esa de no desear, no follar a la mujer? Por supuesto que desearé a la mujer del prójimo. Me importa poco que la mujer hambrienta tenga prójimo. Importa que la mujer me pide que la joda, que la trate como a hembra en celo. Y me desea con las bragas manchadas de humedad. Su prójimo no le come el coño como yo, hambriento, sediento, animal, sin piedad, humillándose ante la diosa. A su macho le da asco su raja. Y se la mete para taponar ese sexo que le repugna. Convierte el follar en una paja mal hecha, solo para él. La mujer del prójimo abre sus piernas ante mí y separa los labios resbaladizos y brillantes de su coño exigiendo con mirada hambrienta y jadeando, mi lengua arrastrándose por su raja, hundiéndose en su vagina anegada. ¿Quién cojones dice que no desearé, que no se la meteré después de haberle arrancado obscenidades corriéndose en mi boca? Si la mujer me desea, yo jodo a la mujer. Le irritaré sus cuatro labios y los pezones de tanto besar, mamar y lamer. Y regaré sus gemidos con mi leche. Volverá a su prójimo con el coño irritado. Me importa poco un mandamiento o ley mierdosa, me suda la polla. Nada me puede impedir que joda a esa bella hambrienta mal follada. A la mujer del obediente prójimo y a su hija si también me desea. ¿Qué retrasado mental pudo dictar semejante prohibición mierdosa que busca con saña el hastío de la mujer? Ella desea y yo la jodo. Ésta es la ley.
Hay momentos en los que me permito subir a las nubes y desde ellas te busco. Sé que mirarás al cielo cuando me acerque altamente a ti.
Son cosas infantiles, lo sé; pero me canso de ser adulto y la desesperanza que conlleva la sabiduría de vivir. Necesito unas breves vacaciones de mí mismo, evadirme de mis nefastas certezas durante unos segundos. Soñar que te doy un simple beso, que tomamos un café con esa tranquilidad de saber que no hay tragedia de distancias e imposibilidades de la historia de cada cual.
Así que desde allá arriba te gritaré mi amor y tú con un gesto de la mano, me dirás que baje. Sin dejar de sonreírte, espiando tu escote, te diré que no puedo. He dejado mi cuerpo abandonado en el bosque y podría morir. Y si muere el cuerpo, muere toda esperanza, aunque de hecho, nunca hubo ninguna.
Solo unos segundos para descansar de la presión de la realidad, sentado en una nube de tinta y papel. Ilusionado como el crío que muerto dentro de mí, imaginaba momentos con ojos brillantes de ilusiones.
Lo maté porque no podía permitir que supiera la verdad de todo. No podía permitir su llanto de tristeza, miedo y frustración.
Cuando te haces adulto debes asesinar al niño que fuiste.
Una muerte piadosa…
Ningún niño tiene que sufrir la ausencia de magia e ilusión que hay en la vida de los adultos, en su madurez.
Porque si el pequeño llora de tristeza y decepción te contagiará el miedo y la pena.
Y construirás castillos en el aire indignos de un hombre, cometiendo delito de infantilismo e ingenuidad.
El hombre solo debe soñar cuando duerme agotado de trabajo, errores y decepciones. O duerme sereno después de follar, cuando inopinadamente algo salió bien por el esfuerzo de bregar entre tanta mierda todos los días. Y si fue por azar, mejor así, menos cicatrices.
Cuando empieza la jornada rasgas todos los sueños y lanzas los jirones al viento que se desintegrarán en la luz antes de llegar a ningún lado.
Y así se crea y mantiene tu vida, palpable y firme. Tuya y solo tuya.
Cruel y salvaje con toda ilusión, con toda libertad que quieren arrancarte de tus dedos aún no muertos.
Vivir es un esfuerzo atroz para un niño. La vida cuesta millones de unidades de dolor en algunos momentos. Entiérralo, duérmelo para siempre si prefieres llamarlo así; si te hace sentir menos asesino. Que su infancia no se enturbie por la violencia y los jadeos de esclavitud y mezquindad de los adultos.
El niño ya hizo lo que debía, dale su descanso y tú, sé hombre.
Y lo hice, el cadáver del niño que fui flota en mi pensamiento, dulcemente. A salvo de todo lo malo que vivo y de la muerte que llega rápida, con adelanto sobre la hora establecida.
El pequeño está a salvo.
Sé que le hubiera gustado viajar conmigo en la nube y agitar la mano saludándote.
Cuando llegue mi fin, intentaremos ir juntos a saludarte desde lo alto; si la muerte fuera más dulce que la vida, nunca se sabe (otra esperanza sin fe desde mi nube).
Adoraba mi soledad; pero desde que conocí su existencia acostumbro a renegar de ella. Nunca pensé en la posibilidad de que fuera real. Debía tratarse de un ser mitológico para arrancarme de mi profunda sima de cultivada soledad. Si aun así existiera, no llegaría a conocerla porque los solitarios provocan desconfianza y dan grima, nadie quisiera verse como yo. Soy un apestado. Cuanto más solo estás, más deseas estarlo. Y la distancia hacia cualquier ser se hace abismal. Pero ya se sabe aquello de: cuando yo dije sí, mi caballo dijo no. Apareció dando una patada a mi dimensión solitaria e hizo mi triste paz añicos. Mi mente epatada ante la diosa, creyó oír: “Debes amarme”. Yo dije: “Es cierto, ahora no puedo dejar de amarte”. Fue fulminante. Obedecí su mandamiento único con la solidez de mi pensamiento aislado de toda humanidad. Sentí que me lo había cincelado en el pecho con sus dedos divinos. Pactamos con las lenguas enredadas un futuro incierto de encuentros y desesperos. Di templanza a sus pezones endurecidos de deseo con dedos incrédulos. Y besé la hostia entre sus muslos, la lamí hasta que profirió blasfemias. Ella una diosa… Me clavé a ella cayendo vertiginosamente en su esponjosa viscosidad. Sentía como su coño ardiente como un crisol fundía mi glande que goteaba un agresivo deseo. Y se desdibujaron los límites de las carnes; no supe cuál era la mía o la suya. Caí en su entrópica dimensión hasta correrme con un atávico grito de posesión. Era ella la que me poseía… El amor de la diosa es inescrutable, y yo me creí fuerte para afrontar una tragedia de amor. Dejé de sentir la soledad como amiga y don. Tornose una cruz astillada en mis hombros. ¡Oh mortificación! Y díjome: “Debes esperarme”. La esperaba con ansiedad animal frotándome la piel helada de soledad. Esperando otra oportunidad para fundirme de nuevo en ella; pero el tiempo de la divinidad aplasta y deja en el limbo al amante mortal. La cruz astillada empezó a pudrirme las venas, el caballo no conseguía aplacar la ansiedad ni la desproporcionada presión de la columna de soledad que caía sobre mí con implacable asfixia. El infierno acortó la distancia hasta mí comiéndose el rojo de mi sangre velozmente. Y por más jacos que chutara en vena, no conseguía dejarlo atrás. Hoy he pinchado la vena y ha dolido como nunca. He sentido con un chirrido de dientes la aguja raspar el hueso. La sangre ha salido blanca, el infierno me ha alcanzado. Fue un error obedecer el mandamiento de la diosa. ¡No! Fue un error nacer… Soy la enseñanza del fracaso.
El amor es un ataque al corazón, así de intenso y fulminante. Fue repentino amar y pago ahora el precio de que mi vida dependa de ti. Tú eras la luz al final del túnel durante mi breve muerte de iluminación. No quiero ser dramático, no es una cuestión de coacción o chantaje emocional, sería mezquino. Solo refiero un hecho. Bastaron una mirada y una palabra tuyas suspendidas en el preciso instante, en el cuántico e infinitesimal lugar. Entre un parpadeo de reconocimiento y unos labios entreabiertos que se hicieron desesperadamente deseables. Supe que cuando sucediera el primer beso mi pensamiento sería tuyo. Y el beso fue ataque cardíaco, tan indoloro que no sentí inquietud por lo cerca que estaba de morir durante aquellos segundos de descubrimiento: existías, no eras sueño. En ese paro cardíaco, en esos segundos de muerte indolora se reconfiguró mi red neuronal y desde entonces, mis días empiezan y acaban contigo en mi mente o haciendo arder mi pene con la fuerza vectorial de tu cuerpo clavado verticalmente en mi horizontalidad cuasi mortuoria. Amarte es también presión gravitacional. Hay en mi cabeza un túnel cuyo final llenas. Y sus paredes son tan transparentes como mudas. Vierten la luz y filtran los graznidos de la humanidad. Y atrás dejo la oscuridad. La negritud me pisa los talones, por cada paso que doy hacia ti la oscuridad a mi espalda crece con idéntica velocidad. Es un túnel solo de ida, ya no podré volver. Mi historia se borra y empieza una vida nueva. Ocurre lo mismo con el tiempo, me arde el culo por su rápida combustión. Soy un personaje cómico en una vieja película muda. Da risa; pero no acabo de ver la gracia. Necesito un cubo de agua para sentarme y respirar aliviado. No hay opción, amarte fue inevitable como el respirar; pero aun así elegí. Un poco de ti, es mejor que nada. Un poco de ti justifica ignorar que la vida se acaba, que siempre he llegado tarde a lo hermoso y he aceptado la grisentería difusa de escoger lo menos malo. Soy un pésimo administrador de mi vida. Pues yo acepto lo único bello, aunque siempre es tarde por muy buena que sea la dicha. ¿Sabes que hay rostros que se pegan deformándose a la pared transparente del túnel y me piden que me detenga? “¿Adónde vas con tanta prisa y lujuria, viejo?” Me gritan mudamente “¿Te crees mejor que nosotros? Sal de ahí”. No me dan miedo, solo repulsión, son la mismísima faz de la mediocridad; así que camino más deprisa hacia ti y sus rostros envidiosos los devora la oscuridad que me sigue. El tiempo es otra dimensión oscura, es una cuenta atrás. Te descubrí tarde y ya casi he finalizado mis tareas en la tierra. Amarte no es un rumbo, es una dirección de marcha, un sentido único donde no hay bifurcación alguna. Algunos le llamarían agujero de gusano. No puedo evitar pensar que el gusano soy yo ahí dentro. Y no espero vivir más tiempo, sino el momento justo de llegar al fin. Una vez cumplido, puede llevarse el diablo el corazón traqueteante y fibrilado hasta casi partirse. Y también el alma que le vendí hace unos milenios escasos. Las posibilidades de morir en el túnel, son exactamente las mismas que las de morir fuera, entre ellos, lo vulgar, los ajenos a mí. Tú eres mi voluntad y lo demás meramente aleatorio y accidental: un accidente, una lentitud, una negligencia, una imprecisión en las coordenadas espacio temporales en el momento de nacer, un error con el billete de mi destino a ninguna parte y por ello, llegó tarde a mis manos la carta de navegación hacia ti. En el túnel solo preciso algo con lo que escribirte y definirte. Entiéndeme, eres inexplicable no hay retórica para expresar a la diosa; pero al escribirte te hago táctil, trasciende tu rostro hasta mis dedos y puedo acariciar el papel, ya tu piel. Te he transmutado de mi pensamiento a la tridimensionalidad, soy un alquimista en un túnel que se autodestruye cada cinco segundos tras de mí. El túnel es la metáfora de mi vida como una mecha. Y tú eres la dinamita. Es inevitable que piense en el coyote y que eres la más hermosa correcaminos. Si una sonrisa puede ser triste, es la mía ahora. Un doctor tuvo la piedad de recetarme sedantes pre mórtem antes de entrar en el túnel. Me dijo con el frasco de píldoras anti melancolía en la mano: “De morir no te libras, al menos que no duela”, aún debe pensar que soy idiota. Escribirte es mi terapia de choque. No describo lo que eres, porque eres una espléndida incógnita. Escribo lo que siento. No temo equivocarme con mis palabras, solo ser escaso. El túnel es tu perfecta metáfora también: eres el conducto al amor. Mierda, cielo, estoy cansado; pero no puedo detenerme, la negritud que me sigue es voraz, no se salva ni la luz de morir. No lo entiendo, nunca he valido tanto para que la vida pese tanto sobre mí. Algo se ensaña conmigo por ninguna razón. Ya está bien, en un momento estoy ahí, el café con mucho azúcar y tú sin ropa interior bajo el vestido. Bip-bip… (otra cómica tristeza de amor, son los nervios).
Porque consigues no sé de qué forma, desviar mi flujo sanguíneo que va al cerebro, hacia el pene. Tal vez sea esa la causa del mal de amores, de la locura de estar enamorado. Yo no recuerdo haber descendido tan profundamente a la primitiva lujuria desde que conocí tu existencia. O tal vez borraste mis recuerdos porque las cosas extraordinarias cubren las mediocridades, las abandonan en un desván enterrándose en polvo. ¿Y para qué quiero un cerebro si estás tú? Amar no requiere de intelecto. Tú sabrás qué hacer conmigo, qué hacer de mí. Confío en tu sabiduría como en tu piel. No quiero pensar cielo, estoy cansado de este humo que me sale de la cabeza. Pareciera que las tostadas se han quemado. Y los huevos hierven. Mi corazón late, mis brazos son operativos para abrazarte, mis labios se mantienen hidratados con los tuyos… Tengo lo necesario para vivir. Sé que amarte es duro (y debe serlo), que cuando me acerco a ti, debo hacer alarde de hombría quiera o no; pero me gusta ese sacrificio. Sobre todo cuando está en tu mano. ¿Ves? Soy un completo derroche de obscenidades. Podría decir que mi cerebro se ha secado. Y así, no sé cuál de tus dos pares de labios he de besar primero. Esta es la máxima inquietud intelectual que puedo desarrollar cuando iluminas mi día con tan solo una palabra. Y ahí está el secreto, no se lo digas a nadie porque tengo que conservar mi carisma de hombre zafio y tosco (de hecho me sudan copiosamente las cejas con este derroche de palabrería): tan solo necesitaría de ti una palabra y poder así asomarme al vertiginoso acantilado de tu mente. Asomarme a tu alma. Bueno, dejaré la metafísica para los inteligentes, estaba hablando de follarte y de la cremosidad de mi glande que fácilmente resbalará entre tus dedos sin ningún problema. Estoy en celo. Se podría decir que soy el resultado evolutivo de tu selección natural. Lo hombres no hablan de almas, solo de follar.