«Más bien hace el pobre al rico aceptando caridad, que éste a aquél, cuando se la ofrece.» (El Talmud)*. ¿Qué cojones significa esto? No lo sé; pero me lleva a conjeturar con agudeza e ingenio. En el caso de que el pobre le pida limosna y el rico se la dé, es algo habitual. Cuando un mendigo se pone pesado y tienes unos céntimos, se los tiras y te lo sacas de encima; como con las gitanas que te quieren leer el porvenir en la puta mano. Aunque no veo el bien que le hace al rico, sino todo lo contrario. Tampoco hay que hacer de la miseria un dechado de virtudes, milagros y otras cosas parapsicológicas. No todo son ventajas con el hambre o la indigencia. En el sorprendente caso de que el rico ofrezca dinero al pobre: Estaríamos ante una forma astuta, enrevesada y pérfida de prostitución. Si el rico ofrece dinero al pobre será para que el mísero se prostituya para algún trabajo, sea laboral (esclavitud) o sea sexual (paja rápida, mamada, coito, anal, fetiche, etc…). La filantropía solo se da entre iguales, en casos de corrupción política o si hay prensa o redes sociales de por medio. En el dudoso, absurdo y rebuscado caso de que el pobre ofrezca dinero al rico (pura ciencia ficción, insisto): El pobre padece un grave trastorno psicológico que le lleva a creerse más rico que el rico. Y al rico no le hará bien ni mal, se partirá de risa. Se meará, más específicamente. Si pretendieron hacer apología de la pobreza, lo escribieron muy mal. Es de una espantosa y jocosa ambigüedad. Absolutamente confuso.
*(La Torá es la ley judía. El Talmud es el libro que discute y reflexiona sobre las leyes judías, tradiciones y costumbres; tratando de aclarar y explicar estas leyes mediante cuentos, proverbios y discusiones rabínicas.)
Soy un hierro viejo, herrumbroso, quemado… Al que las malas hierbas aferran por las patas y tiran para arrastrarlo a la madre fosa tierra. Susurran verdemente las hiedras que no me resista, es hora de morir. Duele menos dejarse arrastrar que resistir en la superficie, siempre es menos doliente la apatía y la rendición. Analgésicos naturales… Se debe a una sangre generacional ya vieja, pobre e insectil que empobrece los músculos y hace humanos lacios. Y medusas en su pensamiento. Pero no sé… No siento cansadas mis células, no veo porque se aferran a mí las malas hierbas. Tal vez sea el olor de unos trozos de carne podrida pegados a mí que excitan a la vegetación del infierno. La mente dice, vive y quémalas. Y la mente aún desea; me la quiero follar, la amo con todo mi óxido y aún me queda leche en los cojones, y fuerza para escupirla con un gruñido feroz en su monte de Venus terso y salado, cuasi sagrado. Y que extienda con sus dedos la crema pornógrafa con lujuria entre los muslos trémulos. En ese monte que he tatuado mis besos y marcado con los dientes la posesión de su alma y cuerpo… No me dejo convencer por ningún dios por mucho poder que tenga para elevar los sarmientos de las profundas cavernas de un infierno que no existe; pero me gustaría… Si al menos en la muerte existiera un poco de magia, compraría una entrada. Algo de magia en los cerebros para erradicar la mediocridad que asfixia como las plantas constrictor verticales como un rayo invertido. Soy un héroe misántropo, transparente, inexistente para nadie en medio de la nada. Es absurdo que los sarmientos me quieran arrastrar allá donde ellos viven, si nadie me quiere porque a nadie quiero; al menos, no en la cantidad suficiente para ser suficientemente humano. Soy el hermano que siempre quiso tener la vieja torre de hierro, herrumbrosa, retorcida por la hiedra, incinerada por el sol.
Si hay algo de lo que puedo alardear es de ser duro. Porque he cagado sangre y la he meado, escupido, vomitado, tosido, respirado y expulsado por agujeros que no tenía, que me hicieron. Me han reventado tres uñas, se han muerto seres que quería, se me ha podrido parte del cuerpo y mi mente no se acobarda para imaginar nuevos dolores. Ni para soñar y desear más salvajadas de amor. No aprendo ni de dios si existiera, solo acumulo conocimiento para no hacer lo que debiera según ley, según moral o según tradición secular apestosa. Y cuando muera, que sea un buen forense el que me haga la autopsia si fuera necesaria de mierda, porque no sabrá de cuantas cosas pude haber muerto. Porque el asco de muchas cosas vividas, así como el dolor, será lo primero que se evapore con la muerte del cerebro. Esos venenos no dejan huella en los cadáveres. Podría ser optimista; pero cuando un hierro te destripa una uña, simplemente te cagas en dios. Y cuando lo recuerdas, también. Así que borra esa estúpida sonrisa de la cara, tipo duro. Te van a joder otra vez. Y otra, y otra, y otra… También sé joderme yo mismo, duele lo mismo; pero el orgullo es un poderoso analgésico. Ahora me las piro que me ha dado jaqueca.
Leo: “Si consideras hijo puta al árbol que te deja caer su rama podrida en la cabeza, es comprensible. Pero si votas o tratas con respeto al jerarca gobernante que te encarcela, empobrece y humilla, eres un pedazo de cosa indigna y servil. Te mereces que te caiga una rama pesada como un tronco en la cabeza y que tu líder se saque la polla y te rocíe una lluvia dorada en la jeta. No te preocupes por la poca cosa que eres. Simplemente nunca pudiste hacer nada por evitar semejante vida y actitud. Eres una consecuencia lógica de miles de generaciones indignas como tú. Por mucho cariño que insistas tener a tus progenitores (significa padre y madre, figura) y abuelos has de entender que también son cosas indignas, porque salieron de un mismo coño indigno. Por ejemplo: Yo soy únicamente feliz cuando le digo a mi puta: ¡Híncate y mama! Se arrodilla, con sus delicados finos dedos extrae mi rabo por la bragueta, se lo lleva a la boca y yo, la agarro por el cabello tirando hacia a mí para que no se le salga de la boca ni se derrame una gota de leche. Son cosas a las que presto más atención que a un árbol hijo puta o un hijo puta jerarca mandatario. ¿Entiendes la diferencia entre un servil como tú y un auténtico cabrón como yo? Yo tengo a una diosa hincada ante mí y tú llevas un cerdo subido en la chepa. Yo la llamo puta y tú algún formalismo como «señor» o «presidente».” Espero a que Jade opine. –Ico, estoy mojada. Mira mi chocho. Quiero arrodillarme ante ti –gime traviesa y fingidamente niña abriendo las piernas. Es cierto, está empapada una mancha de humedad se extiende y transparenta su coño difusa y eróticamente. Desesperadamente para ser más exacto. – ¿Qué es lo que más te ha gustado? Se mete una cucharada de yogur con miel en la boca, relame la cuchara meditando y responde: –Yo, tu diosa arrodillada con tu polla en la boca. Lo demás no lo he entendido. Y se ríe con una inteligencia que me acompleja. –Ya pensaba que no sería buena idea leerte mi texto, acabarías riéndote. –No es de risa, mira cómo me brilla el coño– dice separando las piernas y apartando a un lado la braguita para enseñarme su enloquecedora vagina de labios dilatados y abiertos, hambrienta. –Y quiero arrodillarme ante ti. –Ni hablar, yo me hinco primero. Jade toma el frasco de miel lo eleva y derrama un espeso y grueso filamento en su sexo, cubriendo el monte de Venus y los labios. Se asegura de que el clítoris se cubra separando más los labios con los dedos. Gime no solo para excitarme, es absolutamente carnal. Es la indecencia más bonita del universo. – ¡Ven, perrito! ¡Ven! –me dice palmeando sus muslos separados hasta hacer resaltar los abductores. Me arrodillo y deja reposar las pantorrillas en mis hombros. Cuando le empujo el clítoris con la lengua gruñe y se aferra a mi pelo. Presiona con fuerza mi boca contra su coño dulce, resbaladizo, viscoso y espeso. Respiro como puedo y ella está dispuesta a correrse, lo noto en como golpea con la vagina mi boca, jaleándome. – ¡Qué perrito más bueno! ¡Qué rico perrito! Si no estuviera tan atrapado entre sus manos y coño le diría puta, guarra, zorra…; como me gusta decirle delicada y dulcemente. Así que no puedo hacer otra cosa que correrme precozmente de lo mucho que me ha excitado. Maldita e inquieta Jade… Ante ella me mantengo siempre indigno, podría ser su perro, su gusano, su cerdo. Jade vale mi dignidad e indignidad. –Ico, ¿por qué me quieres tanto? –habla sin mirarme, atendiendo a su coño que aun se contrae por el orgasmo, jadeando y extendiendo la miel y mi baba por el sexo en un masaje que pretende calmar la lujuria detonada. –No lo sé, no puedo hacer otra cosa, cielo. Pero me la tienes que mamar. Me obliga a sentarme a su lado, en el sofá. Toma mi verga y deja caer una gran cantidad de miel especialmente en el pijo, que ya se asemeja una manzana por la pelota que se ha formado. Y chupa hasta casi despellejarme el rabo… Es el único gobierno, que acepto. Que necesito. –Jade, dedícate a la política. Y riendo me contesta: – ¡Mmmm glsf slurp slurp!
Crimen, delito o pecado no existen. Son inventos de ganadería para el pastoreo humano. Convenciones como el color de los semáforos. Para implantar toda esta castración de pecado, culpa o delito en un ser humano es precisa la enseñanza. Los niños se deshumanizan en la escuela y pierden o malviven su infancia en ella. De quince a veinte años lleva la deshumanización de una cría humana. Luego le ocurrirá como a los animales del zoo, no pueden vivir en libertad; no la aceptan.
Y soñé que te besaba. De repente. En un mundo penumbroso. ¿O tal vez indefinido? ¿Qué importa el decorado si te tengo? Sabía que era sueño, como si una parte de mí estuviera despierta, observando con tristeza un amor que no traspasa la frontera hacia la realidad, hacia la carne táctil. A posteriori, cuando aún hierven las imágenes del sueño tras despertar; me preocupa, me desconcierta que no sea mi rostro, ni mi cuerpo en lo onírico. Me reconozco en sueños, sé que soy ese que te come de amor, no hay duda porque estoy tras sus ojos y pienso desde dentro de él; pero tampoco existe un mundo y una luz igual en la realidad. Cuando despierto, siento el peso de perderte. Temo ese momento. Me desconcierta la luz oscura de mis sueños y los paisajes indefinidos y grises. Calles y lugares desconocidos… ¿De dónde salen? Nunca sueño lo que conozco, salvo a ti. Me alarmas el corazón porque contigo traes luz a mi inconsciencia. Soy un ser oscuro. No lo digo con tristeza, solo afirmo. Y me confirmo. Soñándonos tenía miedo, una tristeza pegajosa en mis ojos cerrados, una desazón indescriptible ante el inminente amanecer que catapulta chorros de luz reales iluminando mi fracaso vital. La vigilia se convierte en una ventana con vidrios rotos y afilados. No podía distinguir mis labios de los tuyos de tan fundidos entre sí. Era perfecto. Presionaba mi pene duro contra tu vientre para que supieras la dura excitación que escondía mi ropa. Y tú apretaste la pelvis contra mí para sentirlo más. Se escapaban gemidos entre los hilos de baba de las bocas. Tampoco era capaz de distinguirlas. No sé en qué momento nos desnudamos y follamos, porque me dormí dentro de mí mismo. Desperté por la frialdad pegajosa del semen en mi vientre y la sábana. No me limpié, lo extendí por los testículos acariciándome, intentando volver al sueño. Cerré los ojos colocándome a un lado de la cama, dejándote un espacio para cuando llegaras al amanecer. Y eyaculé unas lágrimas por mi inusitada inocencia que me hacía inquietantemente loco. Amaneció, desperté y no estabas. Otra vez… Tu lado de la cama estaba vacío y no olía a ti. Estaba frío como el semen que me despertó en otro tiempo, aquellos minutos atrás que fuiste dueña de mi sueño todo. Ahora tomo un café y fumo mientas sisea el gas por los fogones apagados de la cocina. Amar agota. Lo agota todo. Los sueños son de una bella crueldad. Ojalá al morir me hiciera sueño. Si hubieras llegado, habrías cerrado los mandos de la cocina salvando mi vida. ¿A que soy un miserable? No sientas mi muerte.
Los problemas religiosos de fe, obediencia, pecado, castigo, etc… Tanto de religiosos como de feligreses crédulos o ingenuos, existen y existirán porque van contra la libertad de la especie humana y su inteligencia creativa, lo que la diferencia notablemente de los insectos y mamíferos de ganadería. Así fue antes del primer acto de fe de un primate hacia otro. La religión busca pudrir la esencia misma del ser humano. Denigrarla hasta la humillación disfrazada de buen ciudadano. Por ello, pecados, incultura, fe, oscurantismo y esclavitud moral (adicción a los charlatanes), son las herramientas con las que el poder, ya sea religioso o su evolución: político; rige o pastorea a la población. No todo el mundo es tan lerdo para dar su vida y voluntad al capricho de un dios, un mesías o un líder orador codicioso y ambicioso; pero siempre ha sido mayoría la chusma que precisa ser pastoreada para su mayor tranquilidad y descanso. Ahí reside la inmundicia, la suciedad e indignidad de toda democracia, en la masa ignorante o chusma otorgando el poder al estafador que es incapaz de ver. Y por ello no hay individuos suficientes para regenerar y enriquecer la genética de una masa humana sucia y endogámica. Es endogámica porque se ha creado en todos los asentamientos político-religiosos (ciudades o pueblos) una selección de machos y hembras reproductoras afines y creyentes en los regímenes de pastoreo humano o gobierno de toda época, eliminando así al humano libre autosuficiente por una cuestión de envidia por parte de los mansos y la eliminación de disidencia por parte del estamento político-religioso. La premisa del poder religioso/político es tan obvia que da risa su simplicidad ganadera: si pides (debido a tu ignorancia o pobreza intelectual o psicológica) que un pastor te guíe, te indique donde has de comer, beber y hasta donde puedes llegar; no es necesario pensar, los pastores lo hacen por ti. Y por otro lado para aplacar el sentimiento de humillación que pudiera desarrollarse, ahí está el político o el sacerdote subido al púlpito, para que lo critiques en alto ante el rebaño; sabiendo que dentro de ti reconoces tu incapacidad para conducirte y una patética obediencia vacuna, provinciana e ignorante. Luego gritarás para salvar una dignidad que no tienes: “Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Eso se llama cobardía en su esencia más condensada. Y el político o el sacerdote, sonreirá frotándose las manos satisfecho del buen rebaño que pastorea y la piel, carne, sangre y oro que saca de ellos. No es lo mismo obedecer con repulsión para sobrevivir en el estercolero social, que obedecer con fe. Es terrorífica y degradante la monstruosa plaga de obedientes fervorosos que conforma la mayoría votante en las venenosas democracias del planeta, convertidas al rancio fascismo o nazismo con el coronavirus o covid. Hay unos pocos libres de pensamiento y actos, no precisan cuentos ni dioses que los protejan o guíen su destino. De esas cosas se encarga el ser humano si no es deficiente en su genética. Saben que la religión es dominación y la política su evolución; pero la democracia los mata, los asfixia, los aplasta y les hace la vida amarga como el cianuro. El peso de la mayoría es letal para el individuo. La fe pudre el conocimiento racional y empírico. La obediencia ciega, pudre la dignidad. Hay que recordar con la promesa religiosa “solo los mansos heredarán la tierra” o la política “un futuro mejor para los hijos”; que haga lo que haga la chusma, por muy cabestras que sean las reses votantes, nunca son suficientemente mansas; ni viven lo suficiente para hacer un futuro mejor, según sus charlatanes o gurús religiosos o políticos. En la religiosidad y la política la pobreza es virtud porque das tu esfuerzo, tu dinero al estado, al poder. Y debilidad y pobreza son pasaporte al paraíso y un futuro mejor que nunca verás, ni tus hijos si los tuvieras. La moda actual es que los multimillonarios, las grandes fortunas; actúen como guías espirituales y ejemplarizantes del rebaño humano. Es éticamente pornográfica toda secta constituida por un millonario decadente y aburrido, denigrante y vergonzosa la atención que les presta tanta res mugiente y votante. Y en pleno dos mil veintidós tecnológico, es más obvia que nunca la imbecilidad de la población y la persecución y corrupción de la ética y la libertad por políticos y sacerdotes de cualquier secta religiosa o ideológica que, insultan sin descanso la inteligencia y ensucian la esencia humana. Quien inventó el primer pecado, obtuvo la ansiada obediencia de las vacas y bueyes humanos.
Hay una frase que se repite hasta la náusea en el cine y las series televisivas de los actuales nazismos sanitarios, homosexuales, climáticos, cobardes y analfabetos (ni más ni menos que las falsas democracias que a inicios del 2020, propagaron el coronavirus o covid y lo gestionaron o administraron como dictaduras). Y la repugnante frase que están metiendo en todos los cerebros castrados de los espectadores es: “Con el debido respeto…”. Se trata de una fórmula de servilismo que ha inundado las pantallas de cine, teléfono, ordenador y salón en todo el mundo, en todos los idiomas. Un auténtico mandamiento para que la chusma demuestre sumo respeto y temor al dictador de mierda (o presidente electo) que lo gobierna, a sus ministros, funcionarios y a tu puto jefe mismo. No hay película o serie donde no la digan al menos dos veces, se repite como el ajo. Se repite como los subnormales que no dejan de aparecer a tu alrededor todos los días en toda noticia, bulo o propaganda gubernamental. Un dogma que impregna miles de películas y series con esa pátina de cobardía, reverencia, sumisión e indignidad. Cuya traducción real es: “Habla a los superiores a ti con reverencia. Y si no estás de acuerdo con ellos, pide perdón sino puedes callar la puta boca.” No he escuchado aún a ningún subnormal en la vida real diciendo “Con el debido respeto…”; pero ante la gran difusión de este dogma del nazismo maricón sanitario climático; estoy seguro de que serán ya unos cuantos millones los que han usado esta fórmula de mamada de polla o coño para dirigirse a sus putos “superiores”. Nadie es superior a mí y en mi vida para expresar que algo no me gusta, jamás he pedido la venia, permiso o perdón. Digo y opino lo que debo, sin mamadas. Y que se joda al que no le gusta. Está claro que para obrar así es necesario tener cierto nivel cultural y no estar castrado por una ideología, religión o por los decretos de cualquier líder político salvador de la humanidad, hijo de puta, mesiánico y timador. Que le den por culo a sus respetos de mierda, hijoputas.