Siempre que hay una crisis las sugerencias de amistad de las redes sociales se llenan de putas. No me molesta, me gusta ver a esas macizas guarras.😎 Me place asaz…🤤🤤🤤🤤 No son elegantes; pero sí efectivas y abundantes en masa tetal. 🥰 Solo filosofaba sobre algunas de las cosas buenas que trae una crisis, una crisis detrás de otra, y otra, y otra, y otra… (ya sabemos todos que son estafas, ¿eh, pringaos?).😛 Tampoco te puedes creer que las fotos sean de la usuaria real, detrás de cada foto de una guarrona hermosa suele haber un cardo borriquero que te cagas moragas.😬 O lo que es más terrorífico: un homo con un rabo kilométrico. 😬🤮😷🏳️🌈 Bueno, si no haces amistad con ellas, te haces una paja con la foto del perfil y te sale gratis. 😋 Y así descanso de esos videos pornos gratuitos de tortilleras más viejos que dios. 🤗 Es un sinvivir ir tan salido. 😰
Los problemas religiosos de fe, obediencia, pecado, castigo, etc… Tanto de religiosos como de feligreses crédulos o ingenuos, existen y existirán porque van contra la libertad de la especie humana y su inteligencia creativa, lo que la diferencia notablemente de los insectos y mamíferos de ganadería. Así fue antes del primer acto de fe de un primate hacia otro. La religión busca pudrir la esencia misma del ser humano. Denigrarla hasta la humillación disfrazada de buen ciudadano. Por ello, pecados, incultura, fe, oscurantismo y esclavitud moral (adicción a los charlatanes), son las herramientas con las que el poder, ya sea religioso o su evolución: político; rige o pastorea a la población. No todo el mundo es tan lerdo para dar su vida y voluntad al capricho de un dios, un mesías o un líder orador codicioso y ambicioso; pero siempre ha sido mayoría la chusma que precisa ser pastoreada para su mayor tranquilidad y descanso. Ahí reside la inmundicia, la suciedad e indignidad de toda democracia, en la masa ignorante o chusma otorgando el poder al estafador que es incapaz de ver. Y por ello no hay individuos suficientes para regenerar y enriquecer la genética de una masa humana sucia y endogámica. Es endogámica porque se ha creado en todos los asentamientos político-religiosos (ciudades o pueblos) una selección de machos y hembras reproductoras afines y creyentes en los regímenes de pastoreo humano o gobierno de toda época, eliminando así al humano libre autosuficiente por una cuestión de envidia por parte de los mansos y la eliminación de disidencia por parte del estamento político-religioso. La premisa del poder religioso/político es tan obvia que da risa su simplicidad ganadera: si pides (debido a tu ignorancia o pobreza intelectual o psicológica) que un pastor te guíe, te indique donde has de comer, beber y hasta donde puedes llegar; no es necesario pensar, los pastores lo hacen por ti. Y por otro lado para aplacar el sentimiento de humillación que pudiera desarrollarse, ahí está el político o el sacerdote subido al púlpito, para que lo critiques en alto ante el rebaño; sabiendo que dentro de ti reconoces tu incapacidad para conducirte y una patética obediencia vacuna, provinciana e ignorante. Luego gritarás para salvar una dignidad que no tienes: “Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Eso se llama cobardía en su esencia más condensada. Y el político o el sacerdote, sonreirá frotándose las manos satisfecho del buen rebaño que pastorea y la piel, carne, sangre y oro que saca de ellos. No es lo mismo obedecer con repulsión para sobrevivir en el estercolero social, que obedecer con fe. Es terrorífica y degradante la monstruosa plaga de obedientes fervorosos que conforma la mayoría votante en las venenosas democracias del planeta, convertidas al rancio fascismo o nazismo con el coronavirus o covid. Hay unos pocos libres de pensamiento y actos, no precisan cuentos ni dioses que los protejan o guíen su destino. De esas cosas se encarga el ser humano si no es deficiente en su genética. Saben que la religión es dominación y la política su evolución; pero la democracia los mata, los asfixia, los aplasta y les hace la vida amarga como el cianuro. El peso de la mayoría es letal para el individuo. La fe pudre el conocimiento racional y empírico. La obediencia ciega, pudre la dignidad. Hay que recordar con la promesa religiosa “solo los mansos heredarán la tierra” o la política “un futuro mejor para los hijos”; que haga lo que haga la chusma, por muy cabestras que sean las reses votantes, nunca son suficientemente mansas; ni viven lo suficiente para hacer un futuro mejor, según sus charlatanes o gurús religiosos o políticos. En la religiosidad y la política la pobreza es virtud porque das tu esfuerzo, tu dinero al estado, al poder. Y debilidad y pobreza son pasaporte al paraíso y un futuro mejor que nunca verás, ni tus hijos si los tuvieras. La moda actual es que los multimillonarios, las grandes fortunas; actúen como guías espirituales y ejemplarizantes del rebaño humano. Es éticamente pornográfica toda secta constituida por un millonario decadente y aburrido, denigrante y vergonzosa la atención que les presta tanta res mugiente y votante. Y en pleno dos mil veintidós tecnológico, es más obvia que nunca la imbecilidad de la población y la persecución y corrupción de la ética y la libertad por políticos y sacerdotes de cualquier secta religiosa o ideológica que, insultan sin descanso la inteligencia y ensucian la esencia humana. Quien inventó el primer pecado, obtuvo la ansiada obediencia de las vacas y bueyes humanos.
Tengo la indecente costumbre de ponerme caliente con solo saber de ti, con solo verte. Y ahora que el aire es frío no puedo dejar de pensar en tus pezones contraídos y darles consuelo con mis labios cálidos y babosos, encelados de ti. Tu coño, en cambio, siempre es cálido. Y ahora que te sueño, mi glande se muestra ardiente y resbaladizo. Cuando estoy solo conmigo mismo, mi pijo está seco y frío. Por ello pienso que te la metería sin cuidado, con cierta brutalidad encima de un altar. Clavando los dedos en tu carne, alzando tus piernas en alto hiriendo la piel, arañando los muslos y dejando mis huellas de deseo en ti. Dejo tu coño indefenso a mí… Un deseo desbocado. Cabalgas clavada en mi falo. Jadeando como el más hermoso animal con mi boca mamando tus pechos, creando obscenos filamentos de tus pezones a mis labios, que oscilan hipnóticamente con la violencia de tu monta. Eres una puta diosa amazona. Follarte y meterte profundamente todo este amor con cada embestida. Robarte el aire de los pulmones con cada penetración profunda y animal. Siempre es necesario follarte haga frío o calor. Haces hervir mis cojones y su leche. Despierto en las madrugadas hambriento de ti y con la leche a punto de brotar por un meato dilatado, como si fuera a parir. Y en la madrugadas me hago pajas jadeantes, aún ebrio de un sueño contigo. Despierto acariciando el espacio vacío de la cama, donde debieras yacer, a mi lado; si esta vida no fuera tan puta y tuviera algo de decencia. Y luego, con los dedos mojados de semen, acaricio tu cuerpo fantasma en la sábana mientras el sueño me lleva de nuevo a mundos desconocidos. Y a ti. No sé si es triste; pero sí sé que estoy caliente como animal en celo. Si al menos pudiera follar lo que no amo, mi vida sería más relajada; podría amarte y soñarte con más decencia y espiritualidad; según los cánones del romanticismo. Pero solo tú puedes ser mi puta, y la responsable de este continuo correrme en el frío y en el calor en mi indecente y pornográfica soledad. No imaginas el vacío que crea tu ausencia en torno a mí…
Vivir es absurdo, todo es lo que no parece. Y al final sí era lo que parecía. Te das cuenta demasiado tarde de que la envidia, la ambición y la falta de inteligencia son tan grandes, que no tienes esperanza de sobrevivir al enemigo: la humanidad. Es inabarcable, incuantificable la sordidez y mezquindad humanas. Por esto no me fío de la sequedad de los pies, aunque los sienta calientes. Será por infección, por fiebre. Es de una magnitud tal la vileza y cobardía que ni siquiera la imaginación podía prever semejante estercolero de humanos que se ha formado, cada escarabajo da vueltas a su bola de excrementos y son felices así. La única lógica que existe es vida-muerte. Afortunadamente todos mueren, aunque tarados y ambiciosos, mucho más tarde que la gente que sirve para algo y se le puede tener aprecio. Al menos un sincero respeto. La capa sólida que piso, la de La Tierra, flota sobre una compota formada por todos los cadáveres de la historia y excrementos amasada con agua y orina. Por eso hay terremotos, porque esa podredumbre se agita y rompe la tierra. Hay tantos cadáveres enterrados que empieza a rezumar el infecto veneno al exterior. Lo que está podrido en vida, es podrido al cuadrado como cadáver. Y así no hay quien mantenga los pies secos. De hecho, me da asco que las botas estén mojadas y envuelvan irremediablemente los pies. Existe el arte y la literatura para crear mundos y situaciones, sino mejores, más intensas para combatir esta mezquindad estranguladora que pudre los pies y el alma, si existe semejante vapor. Soñé que una vagina me arrancaba la polla con sus dientes, luego quise meter la lengua porque estaba muy caliente y me arrancó la lengua y los labios… No olvidaré aquella intensidad que no existe en ningún lugar del universo más que en mí mismo. Soñé que mi padre muerto estaba cansado de verme en los sueños y me despreciaba con gesto evidente. Lo creí, y me esforcé en no soñar con los muertos por mucho que los amara. La podredumbre sobre la que flotamos no es intensa, es de una devastadora mediocridad y previsibilidad. El planeta es una fosa séptica llena de cadáveres y rebosa. Al mundo le faltará tiempo para convertir todos esos miasmas en combustible fósil; porque la especie humana si no ha muerto, agoniza. Está perdiendo la capacidad de ser individuo creador y el coraje para juzgar y equivocarse. Y por ello perderá el uso de la razón. Ya se puede afirmar que la masa humana es una cosa híbrida entre insecto y mamífero con la habilidad de votar al criminal o imbécil que más aparece en la televisión y en las pantallas de sus móviles. Por cerdo que sea. Es mentira, no tengo los pies secos, están tan mojados que siento el frío pudriéndome las arterias y el tuétano de los huesos, como una baba invasora. Y como eufemismo le llaman tumor, cáncer, condrosarcoma, osteosarcoma, mierda en bote… Todo es lo que parece, no hay sorpresa. Todo lo sabía, no ha habido suerte. Ni magia. Ni ilusión alguna. Las botas están tan mojadas como mis pies. Qué desolación de realidad…
Las violetas son flores otoñales, pequeñas y abundantes, tan fuertes como bellas. Los colores del otoño son sólidos y radiantes, tal vez como rebeldía a los grises que pronto traerá el invierno cubriendo la tierra y los seres. Las pequeñas lilas son inconformidad. Florecen cuando la savia de los árboles bombea la última sangre y más espesa a sus hojas tiñéndolas de rojos trágicos, marrones y dorados; para al final morir en una bella tragedia. Cuanto más muere el bosque, más lucen estas pequeñas sus aparatosos violetas. La desgracia de unos seres es el placer de otros. Y también de una dulce melancolía que propagan todos esos millones de muertes incruentas. Tal vez las margaritas áster saludan al frío, alegres de que se aleje ese sol abrasador omnipresente e inagotable que ha desecado la tierra y el pensamiento mismo. Cuando las lilas, violetas y cardos lucen su radiactivo color, las lagartijas dejan de cruzar los caminos y trepar por los muros. Como mini dinosaurios que vuelven a extinguirse. Es un poco triste el paseo sin ellas… Los cuervos no temen al frío o al calor, graznan malhumorados todo el año. Siempre tornasolados, metálicos. Inteligentes. Son la banda sonora del letal silencio del invierno. Y ocurrirá que las pequeñas flores de otoño morirán cuando llegue el riguroso frío. Se marchitarán bajo la grisentería que enferma el bosque todo; haciendo de los árboles esqueletos con los brazos elevados al cielo pidiendo piedad. Pisando hojas muertas me pregunto sin tristeza y con curiosidad si será el invierno o la primavera quien me marchite. Si pudiera elegir, quisiera caer muerto en el camino; preferiblemente en invierno. Hay menos gente, los cadáveres somos celosos de nuestra intimidad. Me parece un final feliz.
Algún semi hombre impotente frente a una hoguera prehistórica nocturna con un collar de abalorios modelados con excrementos secos, predicó a aquellos monos humanos de la tribu que, se folla con la misión de procrear. Gozar es pecado, promiscuidad. A medida que la civilización adquiría asentamientos fijos, los pecados, faltas y leyes se predicaban en templos construidos con el esfuerzo y la sangre de los creyentes para el brujo o sacerdote. Y más adelante, una casta de sacerdotes se hizo política. Pocos hicieron caso de este follar reproductivo y gozaban; pero por mansedumbre, por miedo a las leyes de los dioses inventados por brujos y sacerdotes, aceptaron con falso arrepentimiento el pecado. Y por ello el castigo por el placer. La humanidad es una especie imbécil y ha sobrevivido y evolucionado físicamente durante miles de años porque es plaga, como los insectos. Por muchos humanos que mueran, quintuplican sus nacimientos insectilmente. Esta prédica religiosa y política, sobre la obediencia y el pecado de gozar se graba en las mentes de los niños con ejemplos de virtud, como pueden ser las hormigas y las abejas que trabajan hasta morir y sin lamentarse (de ahí también el uso actual del bozal o mascarilla en jerga nazi o fascista), para engordar a la puta reina. Es un concepto llamado ahora “trabajo en equipo”, que se inculca desde tiempos inmemoriales en las mentes de los niños, para convertirse en la madurez en un mantra laboral siempre en boca del insecto u obrero productor humano. El trabajo en equipo consiste en anular la creatividad humana para evitar que ningún insecto sobresalga y usurpar el equipo de idiotas la inteligencia del individuo. Al final, el 99,99 % (la minoría restante son líderes políticos religiosos y millonarios) de los cerebros humanos útiles solo trabajan como receptores de timos, dogmas y mandamientos fascistas, todo entra y nada sale de ellos. Y como los líderes del panal u hormiguero son humanos, también son imbéciles; pero gracias a la enfermiza ambición genética y una paranoica codicia, han desarrollado instintos para convertirse en putas reinas del sucio termitero, con su imbecilidad intacta. Es la denominada suerte de los tontos, a los que se les aparece dios o la virgen y se consideran mesías de la mierda. En fin, este pequeño ensayo explica que la especie humana, a pesar de los miles de años que holla sobre La Tierra, no pueda evolucionar: su reproducción insectil irremediablemente eterniza el gen imbécil.
Desde el gélido norte llega un cielo como el cobalto, pesado, denso, hermoso. Monumental y devastador. Deseo ser un efímero rayo parido por las bajas nubes y conocer que esconden dentro, durante mi infinitesimal y cuántica existencia, esos peligrosos bloques de vapor de plomo que si los ha creado un dios, felicidades al artista aunque no exista. Tal vez no son nubes, es un planeta arrasando a La Tierra. Evoco aquella película, Melancolía. Y me fascina esta muerte a todo color… Lenta e inexorable llega desde el filo del mundo. Con un susurro triste le digo a nadie: “Aplastará a la montaña, nos aplastará a todos. Todo…”. Y mientras la oscuridad avanza engullendo la luz, el heroico sol intenta lucir desde el oeste a través de un pequeño claro de vida, lanzando sus últimos rayos del día sobre el valle; pero es como la hipócrita y burlona esperanza que le da el sacerdote al pobre que muere de hambre. No puede ganar. Si se acercara el sol, si pudiera acercarse a su majestad la tormenta, las preciosas y radiactivas nubes lo devorarían sin piedad, sin maldad; como el león a la gacela. Si es el fin de todo, me quedo. No quiero perderme el mayor espectáculo del mundo. ¿Sabes, cielo, que las pequeñas aves revolotean entre los últimos rayos del Sol y por algún mágico acto de última belleza parecen de oro? Se ofrecen con sus mejores plumajes en sacrificio a su inmisericorde diosa Oscuridad. Quisiera estar cerca de ti… No es un lamento, es un grito de rabia a la vida que por fin se aplasta, con todas sus tristezas y fracasos. ¿Cómo me voy a ir y dejar abandonada esta belleza de muerte y vida, de luz y oscuridad? Tengo el corazón de plomo, de alguna manera se lo robé al soldadito que no pudo besar a la bailarina. Los dos fallamos en lo importante de nuestra existencia. Fuimos plomo y a plomo morimos. De repente me siento tan solo… Siempre he pertenecido la oscuridad, la certeza llega con el primer trueno que quebranta mi pensamiento y la primera sangre que brota de mi oído. Nunca podría haber sido un ave dorada.
Al “concebido no nacido” hay que protegerlo para que sea un ciudadano al cual colocar un bozal, segregar, encarcelar, extorsionar y arruinar. Se trata de eso ¿no? El ex cacique no es mujer, ni sabe de lo más elemental que es una mujer, no sabe de su biología ni de sus aptitudes características, es un simple ganadero. Biológica e intelectualmente, la madurez mental y física de una mujer de dieciséis años corresponde a la de un macho de veinticinco. Aunque no sea representativo de la actual sociedad aniñada y decadente, sigue prevaleciendo quieran o no, la genética y la biología. El hecho de que a una mujer joven se la califique de niña, corresponde a un acto de degeneración y humillación del poder contra la población. Es necesario para el estado hacer idiota a la gente para guiarla y educarla a su conveniencia. Idéntico a lo que ocurre con los curas y todo pelaje de religiosos: se ha de estigmatizar cualquier aspecto de la vida para que todo sea pecado y ellos, los religiosos, erigirse en guías y autoridad. La política es tan solo una evolución de la religión. Los políticos aportan además, la prostitución de la razón. Lo del aborto ya es viejo como la vida misma, nadie desconoce las brutalidades cometidas por las mujeres, sobre todo las más pobres, en toda época de la humanidad para interrumpir el embarazo. Y ahora quiere decir este cacique autoritario surgido como un protector de la humanidad con el coronavirus, un prócer de la bondad y la pureza; que las mujeres de dieciséis años no tienen cerebro ni razón para tomar decisiones en su vida. Todo el mundo se equivoca en algún momento, quien impide la reparación del error convirtiéndose en juez de la vida es simplemente un hijo de puta. Si una mujer de dieciséis quiere abortar, que lo haga. Porque lo hará por las malas y si no, parirá un hijo que no será bien amado. Y tendrá una vida perra como ocurre con todos los nacidos no deseados. La mayoría de edad es solo una convención, como lo es la existencia de Jesucristo y el color rojo de los semáforos. Es un invento religioso para rebajar la autoestima de las personas que el estado pastorea. Las mujeres jóvenes o mayores, deben hacer lo que crean conveniente, y si no ayuda el estado, que lo hagan ellas. Con su valor, con su pena, con su dolor, con su miedo, con sus dudas; pero que hagan lo que deban. Y lo que deben hacer es lo que en el momento de sus vidas es preciso. Incluso equivocarse, porque es el derecho básico de la vida, el de la experiencia, hijos de puta. Convertir a una mujer en una idiota incapaz de decidir lo que le afecta directamente, es la monstruosidad primera de cualquier dictadura, fascismo o degeneración de la razón. Por otra parte, que nadie se olvide que la infancia en los inicios de la era industrial, moría en las fábricas y minas trabajando a partir de los seis años. Así que hay que proteger; pero en modo alguno negar la supervivencia de las personas y su gran capacidad de superar situaciones límite sin la ayuda de un apestoso político de cualquier ideología mierdosa, que lo son todas.
Tenía dieciséis años y no recuerdo sentirme especialmente imbécil, sino todo un hombre.
No se conforman con volar, tienen que trepar arriba y abajo por los árboles. Volar es demasiado fácil, demasiado vulgar. Son buenos escaladores… Y yo solo hago lo fácil. Mierda… Verticalmente, cabeza abajo avanzan tan veloces como hacia arriba. En la ribera del río, donde escribo a menudo, se me queda suspendida la pluma a unos milímetros del papel observándolos. Y me doy cuenta de que no es necesario escribir, solo ser. Al final, carezco de importancia. Soy menos que ellos. Escribir es una patética vanidad, un intento por trascender a nada. Cuando el silencio es largo y sin roturas, se acercan y me miran desde el árbol girando la cabeza con curiosidad, me arrancan una sonrisa secreta. Y al cabo de un instante, se acercan a mis pies sin timidez. Pero cuando se acercan las estridentes voces humanas o sus horribles músicas ajenas a ellos; se van. Y me dejan solo con los que no quiero. Quisiera trepar y volar tan veloz como ellos, para alejarme con rapidez de los otros, los invasores. Y no puedo, soy de una torpeza que me da vergüenza escribir. Nací estropeado, o algo pasó que no fue bien en mi concepción. Si fuera un trepador, no me acercaría a alguien como yo, tan anodino… Pero son buenos tipos. Demasiado buenos.
Cuando me estiro en la cama, aún no tengo claro si tengo aspecto de genio o de cortesana (puta, hablando en plata). Al despertar no tengo duda, me siento puta y muy trabajada.